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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE SANTANDER
Tarde del sábado, 27 de julio de 2002
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Victorino
Martín, desiguales de presentación.
Diestros:
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC
El País.
TOMAS BLANCO. La victorinomanía
La afición abrigaba la esperanza de ver como fin de ciclo un
encierro dignamente presentado. Otra vez será.
A Victorino Martín le bastó con facturar seis toros, justos de
presencia, descastados, fuera de tipo y mansos para ganar la batalla
ganadera de una feria vulgar. Ante la mediocridad, la victorinomanía.
Claro, que el señor Martín contó con unas colaboraciones
inestimables. La primera no estaba en el cartel, pero sí en el palco
presidencial. El señor presidente, sin venir a cuento y por el artículo
de marras, concedió sin que nadie pidiera o solicitara una vuelta al
ruedo al cuarto, un manso pregonado y rajado. No se pueden dar pistas.
Cuánto personal hay que mira pero no sabe ver. También se puede pensar
mal.
La otra carta llegó por la vía de la sustitución. El rey del
oficio, Luis Francisco Esplá, sustituyó al anunciado Antonio Ferrera.
El alicantino manejó tercios, tiempos y tendidos a la perfección.
Luciendo los defectos del primero de la tarde se hizo aplaudir con
fuerza. Al cuarto, tras ejemplar lidia, dejó al manso listo para
brindar. Faena sobria, con sitio, distancia y torería. Sin
ostentaciones. Magnífico.
Juan José Padilla se dejó la garganta jaleando a su primero. Quedó
la duda si el animal era sordo o el diestro estaba mal colocado. Tan
voluntarioso y entregado como torpe en el que hizo quinto.
Luis Miguel Encabo se estrelló contra la sosería del tercero. Quiso
y no pudo con el que cerró festejo y feria. Tras sainete con las
banderillas, faena sin transmisión, enganchada en exceso. No fue su
tarde.
Fin de feria
Fin de feria. Las figuras fracasaron y sólo los toreros que quieren
abrirse camino justificaron, a veces con entrega otras con calidad, su
presencia en el circuito.
Cabe destacar, un año más, la floja presencia del ganado. En
particular en las tardes en las que las denominadas figuras del escalafón
hicieron acto de presencia. La afición, desvalida y sin protección, y
la fiesta en manos de una presidencia sin personalidad fueron el
contraste.
ABC.
JL SUAREZ GUANES. Un
toro de lujo de Victorino Martín al que Esplá no apuró lo suficiente
Una corrida de Victorino Martín
siempre tiene interés. Lo que pasa es que, en esta ocasión, se hizo
muy larga debido a los tercios de banderillas de un festejo de tres
especialistas de los rehiletes. Hubo un toro de lujo, el cuarto de la
tarde, que le correspondió a Luis Francisco Esplá. El resto tuvo de
todo: unos con son, algunos bruscos y un punto violentos, pero todos
enteros, con movilidad, que es el mínimo que se puede pedir a una
corrida de toros.
Abrió la terna Luis Francisco Esplá, que sustituía al herido
Antonio Ferrera. Hizo uso de su parafernalia en el primer tercio del que
abrió plaza, tanto en verónicas, como en un quite, como al llevar al
toro al caballo. Hasta tres varas tomó el victorino. Banderillearon los
tres espadas y destacó el par de Encabo, sin olvidar el de Esplá. El
de Alicante sacó a su rival al centro del ruedo y realizó una labor
pictórica, sin asentar los pies en el suelo y salvando alguna colada
que otra. Como aguantó la encastada embestida de su oponente y mató,
en segunda instancia, de una eficaz estocada, le ovacionaron con mucha
fuerza. Cortó una oreja del nobilísimo cuarto. Era un toro que no se
cansaba de embestir. Esplá, que se volvió a lucir en verónicas y,
luego, en un precioso quite por chicuelinas rematado con una serpentina,
banderilleó con su habitual facilidad. La faena de muleta empezó a muy
buen ritmo y con muy buen tono, casi siempre sobre la mano derecha, pero
enseguida pasó a un camino fácil y no estuvo a la altura del excelente
ejemplar que le había tocado en suerte. Unos adornos -entre ellos, unas
sanjuaneras- y la escenografía que sacó a colación para ver caer a la
res con espectacularidad le hicieron acreedor a una oreja.
La pudo cortar Juan José Padilla al segundo de no haber caído el
estoque muy trasero. El torero de Jerez se lució con el capote en todo
momento, ganó la partida a sus compañeros al banderillear y aguantó
el ímpetu inicial de su rival en los tanteos previos. El toro se empezó
a quedar, pero Padilla encontró la ligazón y pudo empalmar un muletazo
con otro. No se acopló igual con la izquierda, pero rectificó al
final, para lucirse con ambas manos y en el toreo accesorio. No se acopló,
nada más que con el capote, con el segundo de su lote.
Luis Miguel Encabo tuvo ante sí, primero, el toro más difícil, con
el que salió del paso. Le rebasó el sexto, con el que se mostró eléctrico
y voluntarioso.
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