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Canal 4TV
Programa taurino Sol y sombra
Emisión: Jueves a las 00.30 horas. Redifusión: sábados a las 17
horas y domingos a las11.30 horas
Programación
de esta semana
Dirige: Carlos Martín Santoyo
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Toros en Salamanca
PLAZA DE LA GLORIETA
Feria de San Mateo'99
Otros festejos
Crónicas de la prensa
Domingo, 12 de septiembre.
Novillos de Santos Alcalde (bien presentados, justos de fuerza), para José Luis Barrero
(ovación y oreja), Antonio Lerma (silencio tras aviso y dos orejas) y Javier Castaño
(oreja y dos orejas).
Lunes, 13 de septiembre. Toros de Loreto
Charro (de pésimo estilo, pitados más o menos en el arrastre), para Cesar Rincón (estocada corta atravesada
- aviso- y tres descabellos -silencio-; pinchazo bajo y estocada desprendida
-silencio-), Manuel Caballero (estocada
con desarme -ovación y saludos-; pinchazo y media con desarme -división y saluda-) y Abellán.(pinchazo y estocada
tendida -silencio-; estocada corta y descabello -algunas palmas-). Crónica de El
País.
Martes, 14 de
septiembre. Toros de El Pilar (bravos, nobles y blandos). 5º, sobrero, de José Miguel Arroyo (manejable), para José Mari Manzanares (estocada corta
delantera con desarme -pitos-; pinchazo y estocada corta -ovación y saludos-), Andrés Sánchez (pinchazo, media atravesada tendida -aviso- y descabello
-silencio-; estocada corta delantera baja, pinchazo pescuecero, rueda de peones, tres
descabellos -primer aviso- , 11 descabellos -segundo aviso-
y seis descabellos -bronca-) y José
Tomás (pinchazo con desarme y estocada -dos orejas-; estocada pasada -dos
orejas- ; salió a hombros por la Puerta del Toro). Crónica de El
País.
Miércoles, 15 de septiembre. Cuatro toros
de Capea y dos, 3º y 4ºde Herederos de Pablo
Martínez Elizondo (bien presentados y de muy buen juego), para Litri (dos pinchazos, media tendida y descabello
-ovación y saludos-; pinchazo, estocada desprendida -aviso- y tres descabellos -aplausos
y saludos-), Ponce (estocada -dos orejas-;
dos pinchazos, media desprendida -aviso- y descabello -ovación y saludos-) y Juan Diego
que tomó la alternativa (pinchazo y estocada -oreja-; estocada desprendida -dos orejas-;
salió a hombros, junto a Enrique Ponce). Crónica de El
País.
Jueves, 16 de septiembre. Toros de Criado Olgado (mansos y flojos), para El Cordobés (media desprendida y descabello
-pitos-; media y dos descabellos -aplausos y saludos-), Rivera Ordoñez (bajonazo -algunos pitos-;
bajonazo y dos descabellos -pitos-) y José
Tomás (pinchazo y estocada corta tendida -silencio-; pinchazo, media -aviso- y dos
descabellos -aplausos y saludos-). Crónica de El
País.
Viernes, 17 de septiembre. Toros de Puerto de San Lorenzo (bien presentados,
blandos y sosos), para Espartaco
(pinchazo y estocada con desarme -ovación y saludos-), Ponce (estocada corta -aviso-
y dobla el toro -oreja-; bajonazo -petición y vuelta-) y López Chaves (media perpendicular,
estocada desprendida -aviso- y dobla el toro -silencio-; tres pinchazos y descabello
-silencio-). Crónica de El
País.
Sábado, 18 de septiembre. Toros de Valdefresno (-2º, devuelto-, blandos y
descastados; sobrero de Branco Nuncio,
vareado y con temperamento), para El Cordobés
(estocada -petición, ovación y saludos-; estocada y descabello -oreja-), Vicente Barrera (pinchazo, otro hondo,
estocada corta desprendida y dos descabellos; se le perdonó un aviso -silencio-; estocada
tendida, pinchazo, otro con desarme -aviso- y estocada baja -silencio-) y Juan
Diego (estocada corta -oreja-; pinchazo, media y descabello -aplausos-). Crónica de El
País.
Domingo, 19 de septiembre. Toros de Montalvo (descastados y sosos; 5º y 6º,
además, con peligro), para Juan
Mora (cinco pinchazos, bajonazo y descabello -silencio-; espadazo chalequero,
cuatro pinchazos bajos y estocada chalequera -algunos pitos-), Pepín Liria (pinchazo, media -
aviso- y descabello -silencio-; dos pinchazos, media atravesada y dos descabellos
-silencio-).y Dávila
Miura (pinchazo con desarme, otro bajo y estocada -aplausos y saludos-; dos
pinchazos, estocada y descabello -silencio-). Crónica de El
País.
Lunes, 20 de septiembre. Descanso
tradicional
Martes, 21 de septiembre. Toros de Juan Luis Fraile (desiguales de presentación y con
guasa). Dos para rejones de Salvador
Guardiola (bueno el 1º y cobarde el 2º), para Hermoso de Mendoza (rejón caído y
pasado -oreja-) y Paco Ojeda (rejón
perpendicular y descabello -oreja-) y a pie Rui
Bento Vasques (estocada pasada, descabello -palmas y saludos-; pinchazo, media
tendida, descabello -silencio-), José Luis Gallego (media desprendida que escupe, media
pasada, pinchazo hondo -aviso-, corta atravesada, descabello -silencio-;
pinchazo, media, hondo atravesado, pinchazo -aviso-, descabello -bronca-) y
Julian Guerra (pinchazo, corta pasada y atravesada -silencio-; pinchazo, estocada,
descabello -aplausos-). Crónica de El
País.
Festejos celebrados
Lunes, 12 de junio. Festival. Novillos de La Glorieta, para el
rejoneador Juan Luis Montero Perita (oreja), Dámaso González (ovación),
Curro Vázquez (palmas), Armillita Chico (oreja con petición de la 2ª), y
para el novillero José Manuel Sánchez (ovación).
Sábado, 10 de octubre. Festejo taurino a beneficio de la
familia del mayoral de los Bayones. Toros de Los
Bayones y Gabriel Hernández, para José Luis Ramos (ovación), José Ramos Martín (oreja),
Javier Clemares (ovación), Guillermo Marín (ovación), Juan Diego (ovación tras aviso)
y el novillero Abrahám Barragán (ovación).
Crónicas de la prensa
El
País. Salamanca, edición del 22 de septiembre '99. PERELÉTEGUI.
Todo patas arriba.
Los tres eran de Salamanca. La corrida, del ganadero recientemente fallecido, en cuya
memoria se guardó silencio tras el paseíllo y los toros sacaron la divisa negra.
Había motivos sentimentales para esperar (desear más bien) que la corrida resultase
triunfal, pero sólo los rejoneadores lograron cortar orejas, una por sombrero, luciendo
la belleza de sus cabalgaduras y lo espectacular de su trajín.
Pero, por lo demás, todo patas arriba. Ni la corrida embistió, ni hubo un toro
siquiera que rompiese como se esperaba, ni los toreros lograron salir en volandas como sin
duda soñaron.
A los del 21, o sea, a quienes se encarga de cerrar esta feria, generalmente les toca
bailar con la más fea. Sería bonito, o curioso al menos, que, por probar, aunque sólo
sea un año por estas fechas y con toros acordes con lo que viene siendo tradicional,
organizase la empresa un mano a mano José Tomás-El Juli, o bien esos dos con Ponce como
director de lidia, a ver qué tal.
Faltos de ánimo
Con esto no eximo de culpa a los toreros, que anduvieron faltos de ánimo tanto Rui
como Gallego, siendo Guerra el que más voluntad puso en pasar el trago.
Lo que quiero decir es que resulta macabro casi que se les brinde una oportunidad (así
la llaman) a quienes menos torean, con la corrida a priori más difícil.
Si tiene alguna gracia, francamente, no se la veo con facilidad. Por si fuera poco, el
presidente se empeñó en el quinto toro en que se volviese a entrar en banderillas cuando
el toro ya tenía los cuatro palos reglamentarios. En otras ocasiones, cuando se trata de
figuras, más que a paso tira de pañuelo.
Y, mire usted por dónde, ayer, pasando todo el mundo las de Caín, le dio por ponerse
riguroso. La decisión no hay por dónde cogerla. Si trataba de quebrantar más al toro,
ya me contarán qué quebranto le podían suponer dos arpones más. Por el contrario,
según iba el asunto, capotazo va, capotazo viene, el toro podía aprender sánscrito. Y
parece que incluso sacó nota.
Lo que digo. Todo patas arriba. ¡Con la falta que hubiera hecho triunfar!
El
País. Salamanca, edición del 20 de septiembre '99. PERELÉTEGUI.
Un
tostón y un torero chalequero
De rositas se iba a haber ido Juan Mora en otros tiempos después de su mitin con la
espada buscándole los bajos al toro con inequívocas intenciones. El broncazo podía
haber sido más que mediano pero en estos tiempos light suenan unos pititos y la
gente cambia impresiones sobre cualquier otra cosa pasando olímpicamente del torero, de
sus fechorías y de las pirámides de Egipto.
A buenas horas, cuando en los tendidos predominaban los aficionados, se hubiera ido
Juan Mora tan serrano, como si no hubiera pasado nada. Suerte tienen ahora los toreros con
la indiferencia de los públicos. La cosa es ir a los toros y luego comentar que los han
visto.
Algún chungo hay que por su cuenta suelta los gatitos pertinentes al caso. Como uno
que anunció: "Chalecos Mora; se atiende sobre la marcha". Si esto ocurrió en
el cuarto, en el primero tampoco fue la cosa como para romperse la camisa. Templó Juan
Mora al bobalicón de turno y acabó persiguiéndolo por toda la plaza a ver si podía
cubrir el cupo de muletazos previstos.
La corrida fue otro tostón más en la feria. En el descaste general de la tarde, hubo
un par de descastados, quinto y sexto, que tiraban a maleantes. Dos toros de esos que se
fijan atentamente en los muslos de los toreros, los miden escrupulosamente, echan el
hocico a la arena y cuando menos se espera sueltan una cornada que por fortuna suele hacer
agua pero que si acierta descuajeringa al más pintado.
A Liria le tiró uno de sus toros un viaje avieso a la yugular que puso carne de
gallina. No sé si a Liria también, que es aguerrido lidiador. Con ese toro Pepín anduvo
tenso. Se quedaba el animal debajo de la muleta y sus intentos no fructificaron. Realmente
con no perder la compostura bastaba. En su primero, no tuvo tampoco Liria el material que
le va. Un toro descastado y que recula le sienta tan bien a Pepín Liria como a un San
Luis un sable de caballería.
Dávila Miura se presentó en Salamanca y bien pudo comentar al volver al hotel:
"Si lo sé, no vengo". Su primero le volteó en un pase de pecho. Embestía
destemplado y pegando botes el toro como en los rodeos americanos, y me surgió una duda
que me atormenta siempre que se da el caso. Me explico: cuando la voltereta, la gente
aplaudió. Y digo yo: ¿al toro por acertar o al torero por salir indemne? No se crea que
es baladí el asunto. En el último de la tarde, otro maleante de la misma catadura que el
anterior Dávila Miura ni estuvo confiado ni encontró razones para estarlo.
Menuda feria. Por si fuera poco, como nota verdaderamente trágica, hay que reseñar la
de la muerte a cornadas del mayoral de Los Bayones, por el que se guardó un minuto de
silencio. Fue un silencio absoluto.
El País. Salamanca, edición del 19 de septiembre '99.
PERELÉTEGUI.
Tarde de estornudos
Tarde heladora, de estornudos, con viento, lluvia y todo cuanto se necesita para estar
en cualquier parte menos en una plaza de toros. Un paraguas voló de un tendido a otro,
los papelillos que tiran los toreros en la arena para orientarse del viento sólo servían
para volverle loco a uno porque no paraban quietos y la corrida se hizo eterna más que
nada por la incomodidad de andar mirando entre paraguas, o escalar posiciones y cobijarse
en una grada.
Por lo demás, poco que contar. El Cordobés endilgó un par de toscas faenas,
valentonas en algunos episodios, sin privarse de rechazar airadamente el estoque que le
ofrecía un peón con la teatralidad de quien aparenta estar en la gloria y dispuesto a
todo. Esos gestos se agradecen la mar por buena parte del público, así como que el
torero devuelva prendas después de enjugarse el sudor. En el segundo, parte de la plaza
pedía "toro, toro", porque lo que andaba por allí era una birria destartalada
hasta derrumbarse.
Barrera se vio desairadísimo por su primero. El torero, erguido y majestuoso, levantó
la muleta para que pasara el toro; éste pasó pero se fue a hacer un recado. Cuando
volvió, andarín y soso, apuntaba lo que podría llamarse rajadura mental. En el quinto,
anduvo a trapazo limpios, sin dar una a derechas a un toro que pasaba por allí yendo,
como dicen los chavales "a su bola".
Juan Diego, que sustituía a Morante de la Puebla, paseó con el capote a la rastra,
como los toreros, la oreja del toro portugués ante el que anduvo decidido y compuesto y
en el sexto, estuvo breve, con un toro desagradable, blando y cabeceante.
El
País. Salamanca, edición del 18 de septiembre '99.
PERELÉTEGUI.
Ni fu ni fa, más bien fu
De los toros se puede salir de muchas maneras: echando pestes, toreando de salón
(¡qué pocas veces!), bostezando... pero cuando se sale sin ganas de bostezar siquiera,
teniendo que hacer esfuerzos sobrehumanos para recordar algo de lo que se ha visto, puede
uno llegar a tropezarse con las farolas o saludar a alguien que no se conoce ni de vista.
La corrida fue de esas que dejan absolutamente frío porque en conciencia nada es
recordable. Todo soso; todo monótono; todo gris.
Toros sosones, cansinos, sin chispa, blandos para más inri. Y ¿los toreros? Pues qué
quiere usted que le cuente. Espartaco no pareció ni su sombra. Anduvo cuidando a su
primero, sufriendo una colada por estar fuera de cacho. Aquello tenía toda la emoción
del mundo, ya se pueden figurar, porque el noble y soso animal perdía las manos con
cierto estilo y el torero, pobrecito mío, llevaba la muleta a media altura tratando de no
molestar. En el cuarto estuvo intercambiando opiniones con su padre y su apoderado pero el
resultado no fue exactamente brillante, porque hubo enganchones y la desconfianza se hizo
presente. No era claro el toro, rebrincado y molesto y el trasteo se hizo azaroso.
Ponce toreó despegado, sobre el pico y aceleradillo. Tampoco se escapó de los
enganchones de vez en cuando. Fases templadas y pulcras y episodios anodinos y de una
frialdad sepulcral. En el quinto, blandísimo y noble, volvió a estar fácil como quien
se sabe la asignatura y encima le sale en el examen lo más tirado. La emoción era
imposible, no hace falta que lo jure, aunque al final se organizó un jaleíto la mar de
aparente porque hubo pañuelos, desde luego no en mayoría, y el consiguiente griterío
dentro del cual ninguna presidencia del mundo puede distinguir qué gritos son a favor y
cuáles en contra. ¿Solución?, no dar la oreja. Se llevó un broncazo el usía pero
estuvo como las propias rosas. Fue digna de ver la cara de consternación de la cuadrilla
de Ponce.
López Chaves pasó con más pena que gloria. Algunos argumentaron que no estaba
repuesto del último percance, pero eso no vale. Si no se está en forma, cuidarse es lo
que procede. No tuvo sitio, anduvo desorientado y menudearon los desarmes; hasta cuatro.
Demasiados.
El
País. Salamanca, edición del 17 de septiembre '99.
PERELÉTEGUI.
Despiérteme en el sexto, por favor
Cuando en los toros no se escucha a nadie decir "olé", o bien
"ay", o en su caso "huy", mal asunto. Hay que recurrir a soluciones
heroicas porque el panorama difícilmente se puede aguantar a palo seco. La siesta es lo
que se impone, naturalmente, pero no todo el mundo vive cerca de la plaza y es un engorro
andar molestando a los vecinos de localidad para irse. Pero hay siestas mentales, como las
liebres, ojo cerrado y ojo abierto. De las siestas mentales conozco unas pocas. La corrida
de ayer, gracias a los mulos de la divisa debutante, fue una tarde idónea para su
práctica. Y a ella me abandoné, lo confieso sin rubor, para que vean. Ya era demasiado
para el cuerpo esa cuadrilla de borricos que salían por los chiqueros sin que nada
alentase la más mínima esperanza de enmienda. Un acomodador que me conoce me dirigió
una mirada: "¿Le despierto en el sexto?". Y asentí. Los de alrededor ni se
enteraron porque seguí escribiendo. Es cosa de práctica, ya digo.
Como en estos casos se junta el hambre con las ganas de comer, los toreros no
estuvieron sublimes. El Cordobés estuvo vulgar y cumplidor, a enganchones y zapatillazos,
montando en el cuarto el numerito de pundonor teatral de hacer como que iba a por la
espada y volver hacia el toro como empujado por una súbita decisión de descubrir el
Mediterráneo. Un detalle emotivo de su labor fue el sucedido en el primero: hincó una
rodilla en tierra el espada y fue el toro y se arrodilló a la vez y a su lado. No se
ovacionó. Creo que falta sensibilidad.
Rivera, que se piró a cada lance que dio, fue sorprendido varias veces por su primero,
metió pico a mansalva y lució con soltura en el arte del bajonazo discreto. "El
rincón de su abuelo", dijeron algunos, pero el dichoso rincón aquél, comparado con
esto, eran estocadas en los rubios.
Tampoco José Tomás, aunque en éste hubo momentos de evidente compostura.
Predominaron las constantes búsquedas de la distancia adecuada y menudearon los
enganchones. Y es que, como suele decirse, cuando a la vaca le da por dar leche, hasta por
los cuernos.
El
País. Salamanca, edición del 16 de septiembre '99. PERELÉTEGUI.
Triunfal alternativa de Juan Diego
Esperanzadora alternativa la de Juan Diego venida de la noche a la mañana para
sustituir con ella la segunda tarde que tenía en Salamanca El Juli. Todo un compromiso.
Para quitar el sueño.
Que a un torero que no ha actuado apenas este año le digan de buenas a primeras si
quiere hacerse matador de toros en su tierra es para que se le pegue al más pintado la
lengua al paladar.
Juan Diego, que ése es el hombre, dijo: "P'alante", y así se mantuvo
en tarde de tanto compromiso para él. Si tuvo nervios se los aguantó sobreponiéndose a
la natural tensión de la efemérides. La ocasión la pintaban calva y no está el
panorama para andar con remilgos y medias tintas. Tiró de lo que tira generalmente: de
buen gusto, de plasticidad y de inspiración, si para ello daba, que sí dio, porque
cuando uno pone cuanto tiene y posee buenas maneras, todo acaba discurriendo con
sorprendente fluidez.
No tendrá, ésa es la pena, el cartel anunciador de su alternativa. Pero hoy todos los
periódicos de Salamanca le sacarán en volandas, y esas páginas constituirán para él,
indudablemente, la prueba de que no sonó la flauta por casualidad; la constancia de que
su responsable y torera decisión acabaron poniendo en sus manos un triunfo que ojalá le
sirva para encauzar su carrera como su buen corte de torero merece.
Litri cumplió una vez más con su cometido, con arreglo a su leal saber y entender;
dando la sensación de que el toreo es su trabajo, pero no regateando nada de cuanto sus
posibilidades sugiere. Lo que pasa es que, en su afán de cortar una oreja, se llega a
poner pesadito.
Decía al toro a gritos "¡Vámonos!", y alentábamos una esperanza, aunque,
a las pruebas me remito, no pasaba de ser una muletilla muy extendida. Alguna vez
deberían los toreros poner en práctica cuanto dicen, y en el caso del
"¡vámonos!", hacerlo.
Ponce anduvo sobrado y fácil con su primero, pasándoselo con limpieza; tanta, que ni
gota de sangre le ensució las medias. En el quinto, muy protestado por cojo, o bien se le
pasó la cojera, o su habilidad logró disimularla a lo largo de una interminable, pesada,
monótona faena que hubiera firmado sin ningún escrúpulo el Litri.
El
País. Salamanca, edición del 15 de septiembre '99. PERELÉTEGUI.
José Tomás reventó la plaza.
José Tomás dijo héteme aquí; la gente dijo, encantada de conocerle, y a partir de
ese momento, todo fue coser y cantar. Bueno, más coser que cantar, que el toreo del
madrileño no es que sea jaranero exactamente. Mas como rezuma autenticidad, rebosa
quietud, no escatima apreturas, exhibe precisa colocación (que le evita esas horrorosas y
epidémicas carreritas de pase a pase), pues la verdad es que la gracia hasta podemos
dejarla para otro día, que pedirlo todo junto gollería podría ser.
Fue pena que los toros no tuviesen fornidas patas -que parecían de plastilina en
ocasiones- para que todo aquello hubiera resultado todo lo emotivo que por otros conductos
fue: los de un torero entregado, suficiente y segurísimo. El personal se hacía lenguas a
costa de José Tomás, que, ahora que lo pienso un poco, si tuviera una chispa de ángel
ya no sería él; sería el sursum corda.
José Mari Manzanares, sustituto de El Juli en esta corrida, anduvo suave, fácil y con
cierto empaque en ocasiones. La gente, que le recibió de uñas, acabó ovacionándole. El
torero estuvo más que aseado.
Andrés Sánchez parecía realmente de vuelta, millonario perdido y desengañado de
todo. Estuvo muy por debajo de su primer toro, y en el quinto le inundó el desánimo a
las primeras de cambio.
Mal sistema ése cuando se tiene por hacer. Le contrariaría que le devolvieran uno de
los suyos, cojo, pero esas debilidades de ánimo se entienden mal cuando lo previsible en
quien se supone que quiere abrirse paso es que se descare con el mismísimo lucero del
alba. Pero sí, sí..., como para luceros anduvo el salmantino
El
País. PERELÉTEGUI. Salamanca, edición del 14 de septiembre '99.
División de opiniones.
A la salida discutían en un grupo. Unos decían que los toros habían sido un tostón.
Otros, que un rollo. Que un petardo, otros. El más viejo aseguró que un coñazo y uno
más decidió que habían sido la leche. Fue la mar de bonito ver cómo ciudadanos ponían
tanto empeño en encontrar el adjetivo calificativo que definiera los toros de Loreto
Charro, que por fortuna acababan de morir.
Es lo que tienen corridas plomo como la de ayer: que estimulan actividades humanas que
habitualmente no se ejercitan. El que dijo la leche pareció llevarse el gato al agua. No
me quedé a comprobarlo por las prisas, pero escuché que uno apostilló: "Leche,
pero putrefacta", y deduje que con aquello habrían dado por finalizada la
improvisada sesión académica.
La corridita tuvo guasaja. Los toros hicieron de todo lo malo que figura en los
escritos. Bueno, no todo. Por ejemplo, no saltaron la barrera, pero del resto del
repertorio escogieron lo más florido y lo interpretaron con esmerada precisión:
rajaduras, escarbaduras, aflicciones en banderillas, huidas de los capotes, regates,
frenazos... ¡la repera!
Con este material no se acababa de ver demasiado claro cómo estuvieron los toreros,
aunque la verdad es que los síntomas fueron de que no muy allá. Que no se corte una sola
oreja en Salamanca ya da qué pensar, pero lo cierto es que nadie osó pedir nada como no
fuese auxilio o santa paciencia, ya que cuando la corrida iba mediada, aquello pesaba como
una losa, la gente miraba a todos lados buscando algo con que animarse.
No era para menos. Rincón parece absolutamente ido después de haber vivido sus años
de gloria y haber llevado en el bolsillo la llave de la puerta grande de Madrid. Todo
acaba. En su primero, no precisamente confiado, recorrió toda la plaza. Uno le gritó:
"Adelanta la pierna", y el torero se molestó. A los toreros sólo se les puedes
decir que son altos, guapos y con los ojos verdes. Todo lo que no sea eso, lo toman muy a
mal. "Estírate", le recomendaron a Caballero más tarde y también hizo gestos
como dando a entender: "Qué sabrás tú, chalao". Rincón, en el cuarto, no
adelantaba sino el pico y trataba de disimular dándole mucha conversación al toro.
Caballero consiguió enganchar en la muleta a su primero, destemplado y rabioso,
mostrándose tesonero y cumplidor. En el quinto vio cómo el toro se le iba de la muleta
hasta seis veces.
Abellán, pico, enganchones y constantes enmiendas de terrenos para citar. En el sexto
comenzó bien por bajo, pero luego todo fueron pases sin ton ni son, tirones, idas y
venidas.
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