Domingo López Chaves es de Salamanca. Mingo, a secas, le llaman aquí.
Tiene nombre de coplas medievales y un valor a tener en cuenta. Torea muy
poco porque no está en el sistema de «tú me pones al mío, yo te pongo
al tuyo». En el coso de la Glorieta siempre se justifica. Y así ha
ocurrido esta vez. Su primero fue devuelto a los corrales por flojo, tras
haberlo recibido Mingo con la larga cambiada de turno. En el sobrero, de
Marca, se lució en unas verónicas francamente buenas, aunque quizá largó
un poco de tela de más. El toro llegó a la muleta dando algún hachazo
que otro, y el salmantino le aguantó de verdad. Lo mejor: cuando su rival
se quedó en el centro de la suerte y aguantó lo indecible para un pase
de pecho. Al final unos buenos derechazos, muy mexicanos, es decir, con la
cabeza ligeramente inclinada, que denota la estancia de López Chaves en
aquellas tierras. Se entregó en una espectacular estocada y llegó una
oreja.
Hasta tres largas dio Mingo al quinto. Dos verónicas de rodillas, «fandistas»,
y otras conseguidas tras una pérdida del percal. Rogerinas para llevar el
toro al caballo y caleserinas. Aquí mi recuerdo a su creador muerto
recientemente. Fue un amplio repertorio de capa. Con la muleta, a lo
mejor, no aguantó el ritmo clamoroso de los principios con un pase del péndulo
y una serie de naturales de lo más acabados. Sufrió un bache la faena
hacia la mitad, pero la rehizo con las sendas del valor y el estoicismo al
torear con la derecha. Encima llegó el espadazo final de una nueva oreja.
Un trofeo se llevó Javier Castaño, otro salmantino que ha llegado a
la hora actual con el respaldo de una casa fuerte, lo que le ha supuesto
que no haya sucumbido en el bache pos-alternativa. Castaño sí ha estado
con los panes prestados o cambio de cromistas, pero, gracias a eso, está
a punto de recuperar el buen cartel que tuvo cuando era novillero. Hay que
darle sitio. Su primer oponente no tenía mucha fuerza y se cayó un par
de veces cuando se le sometió. Javier toreó sobre ambas manos, jugando
con la cintura, y bordó las manoletinas finales, así como algún pase de
pecho.
Hasta cuatro largas ejecutó en el sexto. Se lució al veroniquear y,
luego, un quite por chicuelinas le resultó fallido. Tras algunas dudas se
centró con la derecha en un par de series, realmente temerarias. Después
llegó el embarullamiento, pero no se le terminó el valor. Resultó
cogido de forma espectacular y, de haber acertado a la primera, hubiera
conseguido otro trofeo. Vislumbré esta recuperación en León y en
Santander, y ahora le hemos visto ratificar su ascensión en su tierra.
Buena corrida de Garcigrande
Miguel Abellán cumplió con el más desrazado de la buena
corrida de Garcigrande. Ejecutó muchos muletazos al que abrió plaza, de
los que algunos tuvieron buen sello. Lo malo es que no transmitió
suficientemente la faena.
En el cuarto estuvo francamente bien. Larga de rodillas de recibo,
delantales y mucho entusiasmo. A este entusiasmo unió, a la hora de
muletear, un amplio sentido del toreo con ambas manos, con muletazos
rematados siempre atrás y sin concesiones lineales. Fue una lástima que
la espada le privara de un trofeo, después de una buena faena en una
tarde en que los salmantinos estuvieron a la altura de una ciudad que es
docta en arte, saber y toros.