Lo más destacado sucedió en el quinto toro de esta corrida de
banderilleros, en la que los toreros estuvieron mejor como capotistas o
muleteros que como rehileteros. Ese quinto era un manso redomado. Se coló
dos veces al capote de Antonio Ferrera e hizo ascos a los caballos.
Ferrera lo banderilleó con riesgo, especialmente en un par al quiebro, y
le hizo una gran faena en la que se conjugó la hondura con la belleza,
junto a un hacer profundo y rematado atrás. Al adelantar la muleta,
esperar y despedir. La tauromaquia de Rafael Ortega, de Antoñete, de César
Rincón. Los naturales tuvieron usía y, al entregarse en la estocada
final, nadie dudó, a pesar del pinchazo previo, de que las dos orejas
eran merecidísimas.
Fue una lástima que el mismo Ferrera necesitara cinco envites
toricidas para terminar con su primer enemigo. Tres verónicas de recibo
-dos excepcionales-y media de remate. Banderillearon los tres espadas: con
desahogo, Fandi y Esplá, y ligeramente alcanzado en una nalga, Ferrera.
La faena de muleta tuvo clasicismo y autenticidad, pinturería y
barroquismo. Mejor todavía al torear al natural que en los muchos
derechazos brillantes. ¡Qué pena de espada!
El Fandi era nuevo en Salamanca como su compañero. Su primer oponente
fue un nobilísimo toro de Montalvo. Desde que se abrió de capa, dio a
conocer al público la gama de su variedad con el capote: la media rodilla
en tierra, tras ovacionadas verónicas, la serpentina de remate y el farol
como prólogo a las rogerinas. Consumió el mejor turno del terceto
banderillero al colocar su par del violín. Labor serena en la que se le
vieron sus progresos, día a día, con la franela. Derechazos conseguidísimos,
naturales aislados sin un pero, aguante sumo. Prolongó el trasteo, tardó
en cuadrar la res, la estocada -contundente- cayó en mal sitio y eso, a
pesar de la oreja, restó ánimos al respetable.
El valor de El Fandi
David Fandila consiguió en el sexto otra con más quórum.
Tanto fue éste que hasta le pidieron, con intensidad, la segunda. Pienso
que era demasiado. Formó un auténtico alboroto con el capote en tres
largas cambiadas y las subsiguientes verónicas. Al instrumentar unas
zapopinas resbaló, pero volvió a las andadas y terminó con brillantez
el quite. Un par al quiebro y comienzo de faena genuflexo hasta unos
derechazos. Trasteo de valor, de arranque, de ganas de ser figura del
toreo.
Luis Francisco Esplá anduvo bien con el capote y con las banderillas
en sus dos toros. Se llevó una oreja en su primera intervención por una
faena comenzada muy bien y con menor intensidad después. Su papel de
lidiador salió a relucir en el cuarto astado.
El Fandi y Ferrera llegaron picándose uno con otro y ansiosos por
conseguir el triunfo. A esto se le llama competencia. Primeramente Esplá,
pausado, dándole tiempo al tiempo y dejando detalles de gusto torerísimo,
le había cortado una oreja al primero de la tarde. Luego llegaron dos
toreros desbocados, que no reparan en gastos y, sin tantos miramientos,
ni, desde luego, la solemne y sabrosa torería de Esplá, echaron toda la
carne en el asador y demostrando un valor a prueba de bombas, dejaron
claro que saben aprovechar las oportunidades del momento. Ferrera y El
Fandicontaron con la pródiga actitud de una plaza blanda y la colaboración
del palco pero así y todo, no es cosa de restar mérito a su arrojo. La
corrida de Montalbo resultó buena en conjunto. Hubo además un par de
toros encastados, codiciosos y repetidores.