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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE SALAMANCA
Tarde del jueves, 14 de septiembre del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Puerto de San Lorenzo,
el 6º como sobrero, 1º y 4º aplaudidos y 2º premiado con la vuelta
al ruedo.
Diestros:
Entrada: poco más de media entrada. Crónicas de la prensa:
ABC, El
País
ABC. SUÁREZ
Noble corrida de Puerto de San Lorenzo, con un toro para el
recuerdo
Lo más importante de la tarde ocurrió en el segundo de la corrida. Salió
un toro «de vacas», de nombre «Embajador», con el que Miguel Abellán hizo
una faena larga y entusiasta pero muy por debajo de las condiciones de la res.
Con el capote se empeñó en dar unas chicuelinas de manos bajas. No hay que
olvidar —ahora que se dan tantas en esta modalidad— que las de Pepe Luis
eran de manos altas y las de Manolo Vázquez, Puerta o Camino de altura
intermedia. Muchos muletazos de Abellán con la derecha, tardanza en decidirse a
torear con la zurda para encontrarse con dos incomprensibles orejas, la segunda
devaluada, por la excepcional clase de su rival. Fue un verdadero espectáculo
verse arrancar a «Embajador» de extremo a extremo de la plaza.
El quinto era otra cosa, aunque tuvo buen son especialmente por el izquierdo.
Abellán realizó una faena garbosa pero con poco contenido, excepto unos
derechazos de mayor profundidad. Sufrió una aparatosa voltereta que le ocasionó
contusiones en cara y muslo, previsiblemente sin importancia. Salió de la
enfermería para traspasar la puerta grande.
El primer toro de Enrique Ponce, muy noble, fue asesinado en varas por el
picador. La sangre caía hasta la pezuña, hasta formar un charco en la arena.
Ponce, que había lanceado con discreción, realizó una faena larguísima. En
la primera parte tuvo que ver cómo su rival se caía un par de veces. A base de
oficio, el valenciano mantuvo a la res en pie, toreando sobre ambas manos con
decoro y hasta con gusto, pero sin encontrar la ligazón.
En el cuarto estuvo en una línea fría y académica en los albores de su
labor, en que no encontró la ligazón.Con una mayor hondura en el segundo
tramo, en el que cuajó unos naturales y unos derechazos de sabor y profundidad,
así como unos pases por bajo que absolvieron a la faena de anteriores pecados.
Guillermo Marín llevó bien a su primer astado al caballo. Empezó su hacer
con las dos rodillas en tierra, mostrándose siempre voluntarioso e ilusionado.
Prevaleció el estilo campero y cierta electricidad. Mató con desahogo.
El sexto toro era un sobrero de la misma divisa. Guillermo Marín instrumentó
unas verónicas muy «amanzaneradas». Bien por bajo y embarcando de verdad. Con
la derecha se le vio muy «arroblesado». Con gusto siempre, en una actuación
digna, con cosas de tener en cuenta que le deben ser merecedor a una nueva ocasión.
Nadie le quita que en su haber estén los mejores muletazos de la tarde.
El País . PERELÉTEGUI. Triunfo
de Abellán
Miguel Abellán salió en volandas de La Glorieta a saludar a El Viti que para
eso está desde hace unos días junto a la Puerta del Toro. Un poco maltrecho
porque su segundo le pegó un tantarantán pero más contento que unas castañuelas.
Si iba alegre se debía en gran parte a la alegría del segundo toro. No sé
cuánto tiempo hace que no escribo esto de la alegría de un toro. La bravura es
alegre. La mansedumbre, triste. De manera que el segundo toro, de nombre Embajador,
fue bravo. No el disloque, porque en una única vara empujo sólo con un cuerno
y en banderillas se dolió; pero en la muleta, era cosa de ver cómo galopaba
cuando Abellán le citaba de lejos, bebiendo los vientos, con ritmo de toro de
lidia. No llegó el torero a estar a la altura necesaria, pero compuso un
trasteo que decayó en los naturales pero que obtuvo como nota media casi un
notable. Abellán tuvo en su segundo la versión moderna del toro: soso y
escarbador, y la faena fue a la moda: pegapasista y monótona.
Ponce estuvo en plan pelmazo en su primero. Una verdadera torrija.
Inacabable. Y ante un toro que se derrumbó y desmerecía cualquier cosa que se
hiciera, el pino incluido. En el cuarto redujo las distancias siderales que
suele mantener en su toreo y tuvo momentos de suave templanza.
Marín no paró de correr entre pase y pase en su primero. Comenzó con
cuatro por alto de rodillas y el toro le imitó arrodillándose también. Donde
mejor anduvo fue en el sexto, en el que pudo haber cortado una oreja de no haber
organizado un mitin con el estoque de cruceta. Además hizo una faena breve, que
es un detalle digno de ser tenido en cuenta. Comenzó decidido por bajo y, ya
erguido, mostró una encomiable decisión y la lícita ambición de triunfar.
Hubo incluso cadencia en algunos pasajes de su muleteo.
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