Canal 4TV
Programa taurino Sol y sombra
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Dirige: Carlos Martín Santoyo

GANADERÍAS DE
España

PLAZAS TAURINAS CASTILLA-LEÓN

 

Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE SALAMANCA
Tarde del miércoles, 13 de septiembre del 2000
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Valdefresno, correctamente presentados, mansurrones y descastados. Los tres últimos manejables. Uno (2º) de Hermanos Fraile Mazas, correcto en la presentación y también descastado, a la muleta llegó quedándose. 1º un mulo, 3º sin fijeza por no ser sometido, 4º interesante por complicado, 5º aplaudido en el arrastre, el toro de la corrida, 6º pudo romper.

Diestros:

Bandillero que saludó: Curro Molina saludó tras banderillear al 2º.

Entrada: 

Crónicas de la prensa: ABC, Tribuna de Salamanca


ABC. SUÁREZ Regulares toreros y peores matadores 

Siguen las sustituciones. Se confirma la baja de Javier Castaño para sus compromisos de hoy y de mañana. En la primera ocasión será suplido por el salmantino Guillermo Marín y en la segunda por Víctor Puerto. Una suplencia justificada.

Juan José Padilla demostró en su primero que lo suyo es la guerra. No le van las comodidades. Tuvo ante sí un toro noble pero con las fuerzas justas aun antes de entrar al piquero, que simplemente le señaló sin hacer sangre. Padilla cambió el tercio para andar mal con las banderillas. Mecánico y frío con la derecha, se dejó marchar los quince pases que podía tener el toro.

El cuarto tomó con buen estilo y entrega una de las varas. Padilla no pareció el mismo que en otras ocasiones: apático en vez de entusiasta; resignado en vez de batallador; sin largas cambiadas; ni siquiera intentó banderillear. Se dobló bien por bajo y, al ver que se colaba la res, optó por el aliño. Mató con demora.

Templado

El primer toro de Rivera Ordóñez también flojeó desde su salida. Por ese motivo se defendió al principio de la faena de muleta para luego mejorar. Rivera lo toreó con la derecha de forma voluntariosa y perdió el engaño cuando parecía que estaba toreando mejor. Alargó mucho el trasteo. En el quinto anduvo mucho mejor de lo que acostumbra. Cumplidor con el percal, fue de menos a más cuando manejó la mano derecha en tres tandas consecutivas. Hubo temple, sosiego y calma. Menos calidad aunque la misma entrega en los naturales subsiguientes. Hubiera cortado una oreja de fijo de haber acertado con la espada, pero anduvo fatal con las armas toricidas.

Julián Guerra no se amoldó en absoluto en el tercero. Se le vio inseguro y desbordado. El toro, que había tomado una vara con estilo, fue a por él. Lanceó con rapidez al sexto y puso voluntad en un quite. Toreó con la derecha un punto encorvado, y mejoró con la izquierda, para superarse al volver a hacerlo indistintamente con las dos manos en un hacer más que digno pero demasiado largo. Como sus compañeros, falló en el trance final.


Tribuna de Salamanca. NAVALON. Como una plaza de pueblo

Salieron dos toros corrientes, aunque al segundo se le podría haber hecho algo más que los trapacillos del inquieto duquesillo. Y luego, seguiditos, el tercero y el cuarto devolvieron al público la sensación de peligro y la necesidad de los toreros con oficio para poder dominar y matar con aseo sin hacer el ridículo de perder los papeles o asustarse. Pudo ser una corrida completa si el yerno de la duquesa hubiera toreado con el sosiego y el mando que exigía la clase del quinto. Será muy difícil que salga en la feria otro toro más noble, más suavón y más inocente para cuajar la faena del gran triunfador. El yerno de la duquesa toreó con menos precipitación de la acostumbrada, pero sin ponerse a la altura de la clase del toro, al que para mayor recochineo mató alevosamente de infinidad de agresiones perdiendo los avíos y la compostura. Toro de puerta grande que en cualquier otra plaza con un mínimo de seriedad y conocimiento hubiera sido de escándalo y escarnio para este ejemplo de mal torero. Y aquí encima le aplaudieron después del petardo y el fracaso. «Arte, saber y toros». Ayer, en la plaza, la mayoría del público no sabía de arte ni de toros. Ayer, ni en una plaza turística ni un villorrio hartos de sangría se hubieran comportado con mayor zafiedad que en esta capital ganadera y universitaria. Se aplaudió casi todo lo malo. Se portaron con una ridícula seriedad ante los toreros modestos y perdieron el culo en cuanto el yerno de la duquesa medio componía la figurita en esas ordinarieces que hace con las telas coloradas. Ayer daba vergüenza estar en esta plaza tan seria, ¡qué nivel!, como dicen los chavales. Algunas veces cuando ando dando coloquios por esos mundos y señalo las equivocaciones del público, nunca falta algún contestón que me tapa la boca: «Todavía no se hacen aquí las cosas que pasan en Salamanca». Y tengo que darle la razón, porque si algún público y alguna plaza pueden ponerse como mal ejemplo de lo que debe ser una corrida de toros y del comportamiento del público, esa plaza es la nuestra. Donde habría más motivos que en ningún otro sitio para saber estar con autoridad en el tendido y sin embargo se protagonizan los mayores ridículos. Ayer se notaron los vaivenes de la gente a lo largo de la tarde según el torero que estuviera en el ruedo. Los entendidos y la masa se comportaban con manías muy marcadas. Por ejemplo, como Padilla tiene sello de torero pueblerino, lo recibieron con una gran frialdad y se le trató con desprecio en su primera faena que no fue ni buena ni mala. O sea, daban la sensación de un público entendido y serio. Pero en el cuarto, que efectivamente tenía peligro y emoción, ahí es donde esperaba yo ver los redaños del valeroso legionario y gladiador. Ante un toro brusco y con sentido hacía falta un torero poderoso y ganándole la batalla en cada pase. Una sobria lidia de dominio y en paz. Pero Padilla se asustó y anduvo desconfiado y a la deriva, perdiendo terreno cada vez que citaba en vez de ganarlo, dejándose avasallar en vez de arrollar y asustar al toro. Anduvo a la defensiva. Y entonces es cuando deberían haberlo pitado. Pero este público tan cambiante estaba también asustado de lo asustado que estaba el torero. Y después de un sablazo infame ¡le aplaudieron! La sensación de ridículo era tremenda. Ya digo, si llenas una plaza de guardas forestales de León o de una piara de turistas hartos de vino de Jerez, es imposible que se portaran peor que este público tenido por enterado, conocedor del toro que el que más y el que menos lo ha visto en el campo y hasta se han puesto delante en las capeas. Para colmo, al toro le pitaron por duro. El toro no había hecho más que cumplir su obligación con lo malo que se debe ser cuando un toro sale malo. El público quiere todas las tardes el toro imbécil y babosón que se deje dar cien pases sin mirar al torero. El público no sabe que en esta fiesta, una de las cosas más importantes es la emoción. Y para que haya emoción se tiene que palpar el peligro. Cada tarde tendría que salir algún toro así para examinar a los toreros. Para que los que aspiran o son figuras demuestren que conocen los secretos del oficio, que tienen recursos y valor para dominar a un toro malo. Porque para perder la muleta, asustarse y pasarlas moradas, para matarlo de puñaladas traperas, no hace falta presumir de torero. O es que ayer la gente quiso ser dura con Padilla y le aplaudieron en el toro donde estuvo realmente mal. En cambio, este público tan benigno se puso mucho más exigente con Julián Guerra, que venía a sustituir a El Califa. Le tocó otro barrabás que fue el tercero, de nombre 'Cartuchero' para más indicios de terrorista. Sin poderse confiar, aguantó las tarascadas mucho más que Padilla en el cuarto. El toro le tiró a Guerra varias tarascadas al pasar y el torero aguantó impávido. Porfió con la derecha aunque el toro se quedara corto tirando hachazos. Desiste y le pitan. ¡Qué afición!, tengo puesto en las notas. Después agarró una estocada de mucho mérito por el riesgo que venció y no se lo tomaron en cuenta. A Padilla lo ovacionaron después de un espadazo infame. El marujeo estúpido Lo inconcebible fue lo del quinto, que casualmente se llamaba 'Marquesito' y tuvo la desgracia de tocarle torearlo al duquesito consorte de la 'Bajita plateá'. Tuvo la peor suerte que puede tener un toro dulce, suavón y noble, ¡pero de nacimiento!, el tal Rivera Ordóñez, que lleva apellidos de toreros ilustres sin serlo él. Salió el toro haciendo las cosas feas que habían hecho sus hermanos. Como es habitual en este encaste. Ni siquiera quiso ir al caballo. El tal Fran lo tumba de un capotazo artero y se lo lleva a la misma puerta de chiqueros para que lo asesine el picador. Algo que casi se consuma. Salió el toro dejando charcos de sangre, asesinado, entre levísimas protestas del público marujón. Y ya en la lidia de banderillas demostró su enorme clase. Fue entonces cuando el tal Fran se decidió a torearlo como sabe. Es decir, con discretas maneras pero con exagerado abuso de la trampa. Cuanto más resaltaba la bondad del Marquesito, más se notaba el abuso del pico de la muleta del duquesito y trampas de toda índole. Luego, entre una serie y otra se iba a dar largos paseos entre la admiración del vasallaje. Suena la música y crecen las ovaciones. Ya tiene las dos orejas en la mano. Por lo menos. Por si había alguna duda de la calidad del animalito, le da dos circulares completos y en medio del fervor del populacho entra a matar. Mejor dicho, a pinchar. Se lía a pinchar saliendo despavorido ante el asombro del toro que no ha hecho nada por molestarlo. Suena un aviso y podrían haber sonado dos. ¡Siete pinchazos, siete!, y luego acierta al último descabello. Pues en vez de pitarlo por estropear a un toro tan bueno, le dedicaron una ovación y tuvo la caradura de salir a saludar desde el tercio. Alguna ventaja tendrá salir tanto en los programas rosas de la tele y tener que acostarse de vez en cuando con la hija de una duquesa, ¡cómo está el toreo! En cambio, este mismo público, cuando Julián Guerra había remontado una buena faena con el sexto que tenía más picante y más emoción, tuvo la infeliz idea de tirar la espada y la muleta en un desplante. Que digo yo que si le sentó tan mal al público, no será tan grave como arrearle un sin fin de puñaladas al toro anterior. Pero Julián no es duque ni sale en las revistas del corazón. Y ya no se lo perdonaron. Una vez más el público de Salamanca se ha comportado con esa insensatez que inexplicablemente caracteriza una plaza que tenía motivos para ser seria. Al salir me preguntaba asustada la ganadera: «¿Pero es que la corrida ha sido tan mala?», Yo he visto dos o tres toros que se le podrían haber cortado las orejas». Sí señora, tú y los pocos que tengan algo de sentido común han visto lo mismo. Pero ayer el público no tenía lidia...

 

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