La afición de Madrid y el Consejo de Asuntos Taurinos de la
Comunidad rindieron ayer homenaje a Manuel Vidrié, uno de los
principales artífices del arte de Marialva. Las más importantes
figuras del rejoneo del pasado siglo se dieron cita en el Aula Cultural
de Las Ventas -que se llenó hasta la bandera- para acompañar al
caballero madrileño, que aseguró que era «el día más grande» de su
vida. Para que permanezca por siempre plasmado, en las paredes de la
Monumental se descubrió un azulejo que reza: «La Comunidad de Madrid,
en homenaje a Manuel Vidrié, maestro del rejoneo, ejemplo para futuras
generaciones del toreo a caballo». El festival que completaba por la
tarde el justo tributo a Vidrié tuvo que aplazarse a causa del mal
tiempo. Probablemente se celebre el próximo sábado día 9 de marzo.
El acto cultural, moderado por el periodista Miguel
Ángel Moncholi -profundo conocedor de la materia-, tuvo un cartel
de lujo: don Álvaro Domecq, Álvaro
Domecq Romero, Ángel Peralta, Joao
Moura, Pío García-Escudero y el protagonista, Manolo Vidrié.
Abrió cartel el portugués Moura, quien se refirió a la amistad que
le ha unido al homenajeado tanto dentro como fuera de la plaza. «Fuese
en Madrid o en China, ahí iba a estar yo para torear en el festival»,
comentó.
Las palabras de don Álvaro
Sin duda, uno de los momentos más emotivos se vivió cuando
intervino Álvaro Domecq y Díez, pausado y en torero. «Ya no tengo ni
palabras, tan sólo un bastón que me trae y lleva». Pero sí que las
tuvo, y tres bastaron para expresar lo que sentía: «Te felicito,
Manolo», que también ayer estuvo a la verita de su maestro, ese que un
día le acogió en su casa como a un hijo más y le enseñó los
entresijos de la profesión. Don Álvaro recordó también al progenitor
del agasajado -«mi más fiel seguidor»- y definió a Vidrié como un
jinete sensible, cuya academia ha sido el campo. Otro miembro de la
famosa dinastía: Alvarito Domecq, quien agradeció «poder estar bajo
estos muros y tendidos donde tantos miedos y alegrías hemos pasado».
El jerezano, que ha compartido numerosas vivencias con Vidrié, habló
de las «discusiones toreras» que ambos han mantenido y puso de
manifiesto, sobre todas las cosas, la «fantástica amistad» que les
une.
Un maestro de maestros: Ángel Peralta. En sus rotundas frases se
vislumbraron sus tres vertientes: poeta, caballero y torero. «El hombre
hace al caballo, y el caballo, al caballero, y los caballos han hecho a
Vidrié un señor». Un caballero, como matizó Moncholi, «de mirada al
frente, que no altiva».
Nostalgias de otros tiempos. Para completar el monumento a lo más
granado del rejoneo español de los últimos sesenta años en que ayer
se convirtió la mesa del Aula venteña sólo faltaba, como advirtió Pío
García-Escudero, Antonio Cañero. Fue el prólogo de una temporada que
iba a comenzar ayer, con el propósito «de que sea todavía mejor que
las pasadas», según el vicepresidente del Consejo de Asuntos Taurinos.
García-Escudero se refirió a Vidrié como «un torero a caballo de
Madrid». No en vano, siete Puertas Grandes avalan su trayectoria. «La
sala se nos ha quedado pequeña», señaló el presidente del PP de
Madrid, a la vez que hacía un breve repaso a la historia del rejoneo.
«Gracias a todos»
Indiscutiblemente, el protagonista del acto ocupa un lugar
privilegiado en los anales de la Tauromaquia. Y fue Vidrié el encargado
de poner el rejón final al acto. «Muchas gracias a todos, porque hoy
es uno de esos días en que los nervios me van a traicionar. Bueno, ya
me han traicionado», dijo, casi ahogada la voz en lágrimas. Con la
humildad y humanidad que le caracterizan, señaló: «Se han dicho
tantos elogios, creo que inmerecidos, que este día se ha convertido en
el más grande que voy a vivir». Y los «tendidos» en pie, rotas las
manos de tanto aplauso bien ganado. Tuvo palabras de especial
agradecimiento hacia, probablemente, su segundo padre. «Tener a don Álvaro
a mi lado, dado su estado, es un sueño. Gracias a todos».
«Sólo ha faltado sacar a Manuel Vidrié a hombros», comentaban
varios asistentes, entre los que se encontraban, además de numerosos
aficionados y familiares, el profesor Serrano Carvajal, el matador de
toros retirado Andrés Hernando, Zabala de la Serna, Julio Stuyck, el
torero Ángel Gómez Escorial, el rejoneador Leonardo Hernández, el
empresario José Luis Lozano, el escultor y apoderado Pablo Lozano y
Rosa Basante.