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PARTES
DE UNA PLAZA DE TOROS
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largo de la Edad Media y Edad Moderna los festejos se celebraron
en las plazas mayores de las ciudades. A partir del siglo XVIII es
cuando se empiezan a construir lugares destinados únicamente a la
lidia de toros. |
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PLAZA
DE TOROS DE CALAÑAS |
Plazas de toros de Huelva
Aforo de 4.000
espectadores.
Inaugurada en abril de 1894, coincidiendo este acontecimiento taurino con
la festividad de Nuestra Señora de Coronada, Patrona de los calañeses.
Por Antonio Reverte y Bonarillo. En años suscesivos actuaron El
Espartero, Algabeño, Emilio Bomba, etc., hasta que la celebración de las
corridas de toros se hizo coincidir con la Feria de la Villa, en cuyo
primer año (1887) tuvo lugar una corrida y una novillada, actuando en la
corrida Litri , Jarama y Parrao, y en la novillada Capita y otro.
Desfilaron, además, por el coso taurino calañes "Camisero",
"El Sochantre", "Peguero", "El Pino",
"Los Gallos", "Moreno de Alcala", "Pazos",
"Machaquito de Sevilla", "Vela", "Algabeño
Chico", Revertito", "Alvaradito" y otros muchos más
entre matadores con alternativa y novilleros.
La última corrida que se dio en la plaza de Calañas fue en 1912 y
actuaron en ella, como novilleros, "Limeño" y "Gallito
III" (Joselito). Las reses anunciadas para esta novillada eran de
Concha y Sierra, aunque se lidiaron luego de López Plata. Esta novillada
se celebró exactamente el día 23 de Agosto de 1912, último día de
feria, ya que las fechas anteriores las tenían comprometidas los toreros
con otras empresas. Y esto fue causa de que la corrida no tuviera el
lucimiento o éxito económico que era de esperar, si bien los espadas,
Joselito sobre todo, hizo galas de su arte insuperable. De ese arte que
habría de consagrarlo al correr del tiempo como maestro indiscutible de
la tauromaquia. Tenía entonces Joselito 17 años y los honorarios que
cobró, justamente con Limeño, ascendieron en total a 7.000 reales. El
foro de la plaza de toros de Calañas era de 4.500 espectadores y en ella
se lidiaron reses de las ganaderías de Garrido Santa María, Carvajal,
Saltillo, Nandín Conradi, además de otras andaluzas y portuguesas.
Se cuenta que la novillada en la que participaron Limeño y Joselito el 23
de Agosto de 1912 en la plaza de Calañas y que había de ser el último
de los festejos taurinos celebrados en ella, no estuvo exenta de algunos
lamentables incidentes que le restaron brillantez y éxito económico. La
fecha 23 de Agosto, último día de feria, no la juzgaban los entendidos
en esta materia como la más propicia para la celebración de la corrida.
Y sí, por el contrario, la del domingo día 21, primer día de feria.
Pero esta última fecha la tenían ya comprometida los toreros en otras
plazas. Ante el temido fracaso económico, el empresario de la plaza,
apellidado Palomares, huyó de incógnito del pueblo. Y sobre las cuatro
de la tarde de ese mismo día 23 de Agosto llegaron los novillos-toros y
también los toreros. Estos acompañados por Don José Tejero González y
por Don Luis Carvajal. Antes la llegada de toros y toreros se fue animando
el público que llenó unos tres cuartos de plaza. Y a las cinco y media,
cuando todo parecía estar dispuesto para empezar, los toreros se negaron
a salir al ruedo porque, naturalmente, no se les había abonado la
cantidad de 7.000 reales estipulada en el contrato, la cual debería
percibir antes de dar comienzo la lidia. Los diestros fueron llamados al
palco presidencial y allí expusieron las razones de su actitud
incomprendida. Y, gracias a la intervención de José Tejero, gran amigo
de Limeño y Gallito, se pudo arreglar aquel conflicto que parecía no
tener solución. Otro tanto ocurrió con los caballos, cuyo dueño, un tal
Vizcaíno, se negaba a que éstos salieran a picar si no se les hacía
efectivo el importe o precio fijado por ellos. Pero como decíamos
anteriormente, el señor Tejero González supo ser árbitro de la
contienda. Y merced a él, todo fue solucionado al fin.
Actuaron también en Calañas, en un festival, las llamadas "niñas
toreras" que derrocharon en sus faenas gracia y valor sin límites. Y
en honor a este singular y simpático acontecimiento se dice que el
conocido vecino del pueblo, Francisco "El Alosnero" puso el
nombre de Torera a un denuncio minero de su propiedad que más tarde y por
un error de documentos había de aparecer como Torera.
Era costumbre, asimismo, el llevar a hombros hasta el Real de la Feria a
los toreros triunfadores en las tardes de corridas. Y en la caseta del
Ayuntamiento se les agasajaba con esplendidez, vestidos aún con sus
trajes de luces. Fueron muchos los toreros que pasaron por la plaza de
Calañas. Y hasta se afirma que uno de ellos, el gran Rafael "El
Gallo" tuvo una novia calañesa a la que con frecuencia iba a visitar
y de la que el pueblo guarda todavía su recuerdo. Su hermano Joselito y
Limeño puede decirse que cerraron definitivamente la plaza de toros de
Calañas en la inolvidable corrida del 23 de Agosto de 1912, la última
allí celebrada. Esta novillada en la que los matadores pusieron todo su
entusiasmo y valor convenció a los aficionados, Gallito III había nacido
para triunfar y para morir triunfando, como en su memorable jornada de
Talavera de la Reina. A las muchas felicitaciones y saludos recibidos, ya
en la estación y acompañados por una multitud de aficionados recibe
también Joselito el homenaje de cariño y simpatía de sus "hermanos
de raza" los gitanos de Calañas, quien le despidieron entre palmas,
cantes y bailes. No cabe duda de que este torero valiente había triunfado
y se había ganado el corazón de Calañas.
Dado el excelente sistema de comunicaciones con la capital y demás
pueblos de la Sierra, dicen testigos de aquella época que las corridas de
toros de Calañas constituían un espectáculo único e impresionante,
desplazándose hasta aquí una legión de aficionados de todas las partes
para presenciar los festejos que tenían lugar en el pueblo, y que, sin
duda, contribuían a su auge y prosperidad.
Hoy, de lo que fue una bonita y bien situada plaza de toros, junto a la
estación antigua de ferrocarril, donde se dieron cita las glorias de una
fiesta españolísima, sólo quedan algunos restos, mudos testigos en el
tiempo, que están dando fe de un pasado cuya evocación llena de
nostalgias el alma de cuantas personas conocieron en Calañas la
existencia de su plaza de toros.
Sería deseable, pues, el resurgimiento en Calañas de una nueva plaza
donde volvieran a celebrase corridas de toros. Estoy seguro, de que sus
buenas gentes sabrían agradecerlo y acudirían gozosas a ellas. Por lo
que las autoridades que rigen el destino del pueblo deberían tenerlo muy
en cuenta. ¿Tendrá Calañas, como antaño, su plaza de toros? Ojalá que
así sea, por el bien de la fiesta y por el bien de la villa.
Texto
de Castabrava |
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