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(Cajamaraca)
Jueves, 12. de agosto´99. Toros de Vista Alegre (terciados y complicados) Michel
Lagravere, frances (aplausos y oreja) Manuel Laveaga, mexicano (oreja y aplausos) Alvarito
Camara, peruano-mexicano (dos orejas en el que resulto herido) El novillero
mexicano-peruano Alvaro Camara, fue herido gravemente por un novillo de la ganaderia de
Vista Alegre, propiedad de don Adolfo Amorin en la corrida inaugural de la feria de
Matara; fue inmediatamente trasladado al Hospital General de Cajamarca, en donde se le
intervino durante mas de seis horas. Tenía partidas la safena y la femoral; esta en
shock. Pronostico: Gravisimo. Crónica de Cambio.
Crónicas de la prensa
Diario
Cambio, de Lima Perú. Angel
Parra Guzmán. Lunes 16 de Agosto de 1999. LA
TRAGEDIA DEL NOVILLERO PERUANO-MEXICANO ALVARO CAMARA
El miércoles 11 de Agosto
se iniciaba la Feria de Matara, un modesto pueblo de las serranías peruanas ubicado a
noventa minutos de la ciudad de Cajamarca. Figuraban en el cartel el veterano y modesto
torero francés Michel Legravere y el mexicano Manuel Laveaga. En medio de ambos el
novillero Alvaro Cámara, hijo del famoso matador de toros mexicano del mismo nombre,
nacido hace veintiséis años de madre peruana en el Distrito del Rímac.
Esta corrida sí que era modesta. Se
trataba de la celebración de las fiestas patronales. La pequeña plaza tiene capacidad
para unas mil quinientas personas que repletaban sus tendidos dispuestas a aplaudir al
más valiente de los tres, y como sucede en algunos pueblos: al que mate más rápido, y
sin importar cómo.
Paradójicamente se lidiaba un precioso
encierro nacional de pura casta de propiedad del Congresista de la República Don Adolfo
Amorín, de la ganadería de Vista Alegre -el mismo nombre de la plaza de toros de
Bilbao-
con encaste de Juan Pedro Domecq. Por supuesto, como ocurre en muchas plazas de toros de
provincias en el Perú y en el mundo, no había quirófano ni enfermería
ni
médico.
Los toros fueron complicados. Un encierro
difícil. El francés Legravere que vestía de blanco y oro logró cortar una oreja. Le
echó valor y "puso toda la carne en el azador" ante su primer enemigo. Donde no
pudo torear terminó haciendo su conocido toreo de relumbrón. Ante su segundo enemigo se
justificó, ¿no es éste el término que se usa ahora?. El mexicano Laveaga, de grana y
azabache, aplausos ante su primer ejemplar y una oreja en el segundo.
Eran las cuatro y cuarenta y cinco de la
tarde cuando sonó el clarín y apareció "Burbujito", un novillo de preciosa
estampa, que además, estaba en puntas. Correspondía al novillero Alvaro Cámara que
vestía de palo rosa y oro.
Lo lanceó apretadamente ovacionándosele
luego al quitar por tapatías. Con las banderillas estuvo extraordinario. Con la muleta se
hizo aplaudir con fuerza pegándose un arrimón porque según dijo "había que
cortarle las orejas" ya que no podía ser el único que esa tarde se marchara sin
trofeos.
La faena fue sobre todo vibrante logrando
calar en los tendidos. El público y el torero estaban felices. Faltaba solamente una
buena estocada para tumbar al toro patas arriba y sin puntilla y lograr las codiciadas
orejas. Eran las cinco en punto de la tarde, la hora terrible de Ignacio Sánchez Mejía y
"La Sangre Derramada" de Federico García Lorca cuando Alvaro se perfila, va por
uvas, le envasa la espada hasta los gavilanes, pero
a la salida de la suerte el toro
hace por él, le busca la pierna derecha y le clava el pitón hasta la cepa.
El cuadro es terrible.
"Burbujito" levanta al torero y le introduce el pitón completo en la pierna
derecha. La sangre brota a borbotones. Parecía que se hubiese abierto un caño de sangre.
Los pitones, la cara del toro y la arena de la plaza se mojaban durante segundos
interminables con la sangre del torero. "Paco Chino" el buen subalterno peruano
de la cuadrilla de Alvaro Cámara intentaba el quite infructuosamente. Fueron segundos que
parecieron eternos. Finalmente "Burbujito" se hartó de sangre y el cuerpo del
torero cayó, inerte, al ruedo de la plaza.
Alvaro tenía el muslo partido en dos,
igual que Paquirri en Pozoblanco, la cornada le había destrozado la arteria y la vena
femoral, ingresando el pitón del toro hasta el vientre.
¡Lo ha matado!, ¡Lo ha matado!, ¡Un
médico!
¡Que venga un médico!
era el clamor que se escuchaba en los
tendidos.
El médico no apareció jamás, porque no
lo había. El banderillero Rafael Montenegro a quien le dicen "El Diablo" se
convirtió esta vez en el Angel Guardián del novillero herido. Se arrancó la camisa y
con ella le realizó un torniquete para taponar las heridas, así como años atrás lo
había hecho con el torero peruano Freddy Villafuerte. Aún respiraba Alvaro Cámara.
Sobre el pecho del torero depositó el alguacil las dos orejas de "Burbujito".
Alvaro salió en hombros de la plaza,
pero
cargado por sus compañeros y las ambulancias.
Fuera del coso esperaba con el motor
encendido un vehículo. Recién allí apareció un médico. Y a semejanza de Pozoblanco se
inició un viaje desesperado rumbo a Cajamarca. Unos minutos antes, en la localidad de
"La Mora" avistaron una posta médica donde se detuvo la ambulancia para poner
gasas en la herida ya que el torero deliraba por la infección y la fiebre.
A las seis y cuarenta y cinco de la tarde
el coche se detuvo ante el Hospital Regional de Cajamarca y todos bajaron como una tromba
corriendo desesperados con el torero a hombros hasta el tópico de emergencia. Quince
minutos después el Doctor Glenn Díaz Gutiérrez inició la operación, la misma que se
prolongó más de seis horas, hasta más allá de la media noche.
El torero había perdido cuatro litros de
sangre entre la plaza y el trayecto. Cuando llegó al quirófano en sus venas solamente
había un litro de sangre. Es decir, se encontraba al borde del infarto y el paro
cardiaco. "Le ha salvado usted la vida" -le dijo el cirujano al Diablo
Montenegro al concluir la operación- "sin ese torniquete que usted le hizo nó
hubiese llegado vivo".
El rostro curtido de Rafael Montenegro se
bañó de lágrimas. La experiencia de este veterano torero, ahora promotor de corridas en
provincias, ésta vez logró salvarle la vida al novillero Cámara a quien tres días
después trasladaron a Lima. ¿Tendrá la misma suerte en el futuro?.
Ayer Domingo Alvaro Cámara ha sido
reoperado por el Doctor César Baltazar en el Hospital de Collique, ésta vez la
intervención ha sido al estómago, órgano que también fue afectado por la cornada. La
operación concluyó a las tres de la tarde con todo éxito.
El Doctor Andrés León Martínez,
Presidente del Capítulo de Cirugía Taurina del Perú ha calificado esta tragedia como
"La cornada más grave de toda la historia taurina contemporánea del Perú".
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