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TOROS EN LIMA

Toros en Lima

CRÓNICAS DE LA PRENSA

TEMPORADA 2001

El Comercio. Lunes, 26 de noviembre. PABLO JAVIER GOMEZ DEBARBIERI. La tarde fue buena, pero la decepción marcaba los rostros

Durante toda la semana se venía comentando. El Juli, la reaparición de Paco Ojeda y –por último– la presencia del rey Juan Carlos, convertían al festejo de ayer en el más esperado de la temporada.
El festival del sábado, resaltado por los bravos novillos de Roberto Puga y refrendado por siete orejas y un indulto, realzaba la expectativa.
La plaza estaba llena, o casi. El Rey, instalado en una barrera del tendido 3, justo sobre la divisa y el hierro de Salamanca –la ganadería peruana de nombre más castizo– estaba acompañado por Josep Piqué, su ministro de Relaciones Exteriores (¿será una buena compañía en toros éste hábil político catalán?), Mario Vargas Llosa y Diego García Sayán (él sí, habitualmente abonado al tendido 15).
El ambiente de Acho cuando la plaza está repleta, es diferente. Como apabullante. Sin embargo, a pesar de ello, los silencios respetuosos y apropiados, le dieron a la tarde un tono elevado que reflejó la calidad de nuestra afición.
Los caballos de paso se lucieron y fueron muy ovacionados. Un orgullo nacional, digno de ser mostrado al visitante.
Qué no hubiese dado el Virrey Amat por ver a su monarca, el eficiente pero duro Carlos III –hijo del primer rey borbónico–, sentado en Acho. Tras doscientos veinticinco años, un descendiente de aquél, escuchó y agradeció las fuertes ovaciones que los brindis de Ojeda y El Juli levantaron.
Veinte años después. Si de reyes se trata, el título de Dumas resulta apropiado para la curiosidad que despertaba un torero a quien hace casi dos décadas no veíamos.
Grueso y por momentos algo inseguro estuvo el de Sanlúcar. Sin embargo, la personalidad es algo que los años no borran. Esa fue, antaño, la clave de los triunfos de Ojeda y es obvio que sigue patente, pues logró meterse al público de Lima en el bolsillo.
Su primer toro tenía un recorrido justo. Quizás algo corto en su embestida, pero para el peculiar estilo del gaditano, que gusta de torear muy cerca de su enemigo, tenía el estilo apropiado. Un toro codicioso y muy encastado lo habría puesto en aprietos. Los minipitones –no precisamente agudos– del de De la Mora, ayudaban.
Ojeda lo toreó haciendo uso excesivo del pico, abriendo mucho el compás y por lo tanto, con ventaja. Pero nadie tuvo intención de exigirle como a los jóvenes. Templó y corrió la mano, logrando derechazos, redondos y naturales lentos y muy largos, “marca de la casa”. Las palmas y ovaciones fueron las que uno espera cuando un viejo catedrático da una clase magistral. En esos casos, nadie pretende incordiarlo con preguntas rebuscadas o difíciles. Le hubieran dado una oreja, pero al entrar a matar, la mano cayó muy baja y el metisaca no logró disimular el bajonazo. Se le ovacionó con fuerza, pero él, muy digno, casi ni salió del callejón.
El cuarto era bonito de tipo, pero también excesivamente pobre de cara. Resulta imposible que un toro de cuatro años tenga semejante subdesarrollo de pitones. ¿Usted lo cree posible? Yo no. Sus embestidas fueron siempre muy cortas y complicadas. Con la capa, poco pudo hacer Ojeda ante la dificultad del toro para embestir. Llegó al último tercio mirón, pensándoselo mucho para acometer y siempre buscando lo que dejaba detrás después de cada muletazo. Se refugió en tablas y allí Ojeda, partiendo con fe y muchas ganas, dejó una gran estocada poco valorada por el público. De nuevo, otra ovación y a esperar hasta el próximo domingo.
No pretendo aburrirlos más con el tema de los pitones. Aunque no lo mencione, denlo por entendido al leer las características del ganado.
Rafael Gastañeta se jugaba mucho en ésta, su última corrida. En su primer toro, quizás abrumado por la responsabilidad, se dejó intimidar por las dificultades del morlaco. Al burel le costaba humillar y calamocheaba. Rafael debió cruzarse y someterlo con muleta poderosa, para poder luego bajarle la mano. Sin embargo, prefirió torearlo al hilo del pitón, en series tan breves que no entusiasmaban. Con la izquierda estuvo mejor, pero las series no pasaron de tres muletazos. Hacia el final de la faena, algunos pases fueron buenos, pero la gente lo notó frío y ello no ayudó al éxito. El toro no fue bueno, pero la responsabilidad del peruano era doble o triple. Por él y para él. Otros espadas podrán darse el lujo de taparse cuando el toro no se presta al lucimiento, pero en su caso no es posible tal privilegio. Suena duro, pero es la realidad.
El quinto no mostró mayores cualidades en los dos primeros tercios y sí, más bien, complicaciones y reticencia para acometer. Sin embargo, en el último tercio rompió a embestir con cierta cadencia y prontitud. Ese desarrollo del toro se debió, en mucho, al temple y buena colocación del peruano. Gastañeta le instrumentó derechazos y naturales meritorios. Bajando mucho la mano, sin dejarse enganchar la muleta, levantó fuertes y merecidas ovaciones. Continuó la faena con circulares ligados haciendo girar al toro alrededor de su cuerpo. Los gritos de “Perú, Perú, Perú” en medio de una marinera, nos hicieron vibrar. ¡Por fin! Ese era el Gastañeta que todos queremos. Cuando de pronto, algunos pocos desorientados en los tendidos sacaron pañuelos pidiendo ¿el indulto? De no creerse. A continuación, Juan Manuel Roca Rey, gerente de la empresa, en un gesto censurable, aunque –estoy seguro– sin mala intención, salió al ruedo a pedir –pañuelo en mano– también el indulto. ¿Para qué? Obvio: para obtener un triunfo publicitario que sólo podía beneficiar a la empresa. Cuando se indulta un toro, rara vez el éxito es del torero. Lo celebranel ganadero y la empresa. El diestro empezó a dudar, confundido. Por un momento pareció gustarle la idea. La división de opiniones que se generó, lo perjudicó. La gran mayoría, que pensaba que no era merecido el premio al toro, vociferaba contra el resto y viceversa. Luego, el presidente sacó un inapropiado pañuelo verde (¿lo quiso indultar?). Por último, nuestro compatriota montó apresuradamente la espada. Pinchó antes de dejar una estocada aguantando, contraria y trasera, para tras muchos descabellos fallidos, entrar de nuevo a matar hasta por dos veces. Escuchó un aviso y un posible gran triunfo se diluyó en forma lamentable.
El esperado. El ansiado. ¡Por fin! decían muchos. Salió al ruedo el tercero y el joven torero inició su obra con unas verónicas. Luego de un pésimo puyazo, intentó quitar por chicuelinas alternadas con espaldinas. Pero ese lance, que es apropiado para toros con muchos pies que recién salen al ruedo, no se presta para un toro ya picado que empieza a aplomarse. Finalmente, se limitó a las chicuelinas que resultaron intrascendentes.
En el segundo tercio, tras el numerito de “que tomen los garapullos los banderilleros – pitos del público que quiere ver a El Juli con rehiletes – denme los palos”, sólo fue notable el tercer par. Sin embargo, las ovaciones ensordecedoras llegaron antes de ver cómo quedaban sobre el toro.
Con la muleta El Juli ha madurado. Ha desengañado a aquellos que hace dos años pronosticaban a un futuro torero muy técnico, pero basto. Los naturales con que inició la faena fueron enormes. Los silencios expectantes, impresionantes. El inicio de “Nerva”, bello pasodoble que empieza con un largo y vibrante solo de trompeta, impactante. Los derechazos, impecables en técnica, ejecución, colocación y temple. Naturales hondos y emocionantes. Luego, circulares invertidos, templados y serios. Los olés salían del alma de la gente. Una gran faena. Muy bien estructurada, con muletazos de mucha clase. Este Juli es un torero, que a pesar de su juventud, está ya cuajado. Imagínense lo que queda para los próximos treinta años.
A la hora de matar se apresuró. El toro estaba con la cara muy baja y así es difícil que humille al entrar con la espada. Dejó un pinchazo hondo que al torero le parecía bastar. Sin embargo, el toro demoró en doblar, enfriando al público.
Algunos pedían la oreja y Majano con El Tata, ambos de la cuadrilla de El Juli, parados junto al toro impedían su arrastre para forzar el corte de la oreja. El presidente, en vez de censurar semejante actitud pueblerina, se la concedió. El público de Acho, demostrando una vez más su gran clase, le obligó a devolverla, por lo que la vuelta al ruedo fue sin oreja. Desaire para el espada. ¿Habrá aprendido la lección su papá?
En el sexto, el de más pobre presencia, salvo las banderillas, poco más hizo El Juli. Con la muleta, la embestida descompuesta del ¿astado? le impidió acoplarse. El público protestó al toro e hizo poco caso del torero.
Así se cerró una tarde variada e interesante. Sin embargo, las caras de la gente a la salida parecían indicar que esperaban bastante más. No les había bastado poder ver a cada uno de los espadas en, al menos, un toro. Ese debe ser, supongo, el precio de una plaza llena.

Resumen de la corrida

Plaza de Acho, domingo 25 de noviembre del 2001, 3:30 p.m.
Tarde ligeramente nublada y algo fría. Iniciada con un espectacular barrido a cargo de caballos de paso. Con la asistencia del Rey de España.
Toros mexicanos de la ganadería de Fernando de la Mora. Con edad, pero con los pitones impresentables; todos con, por lo menos, cinco centímetros menos en cada asta (salvo que sufran de alguna tara genética que los hace groseramente astigordos). Ninguno realmente bravo. Todos reservones y algunos con peligro. El primero, el segundo y el quinto rompieron en el último tercio y sirvieron para la muleta.
Paco Ojeda (España), de azul marino y oro: ovación y ovación.
Rafael Gastañeta (Perú), de sangre de toro y oro: silencio y ovación tras aviso.
Julián López “El Juli” (España), de morado y oro: oreja (que se vio precisado a devolver) y palmas.
Duración del festejo: 2 horas cuarenta minutos.
Presidencia: Muy mal, por dar pase a toros con semejantes “defensas”; por otorgar una oreja a El Juli, forzado por su banderillero y sin petición mayoritaria y, por último, por “conceder un indulto” al quinto toro, a petición de la empresa, utilizando el pañuelo verde (el de devolver toros), para que finalmente el matador de turno lo estoquease.
La banda municipal: muy bien. No tocó cuplés (como el sábado) que en los toros, están demás.


El Comercio. Lunes, 19 de noviembre. BARTOLOMÉ PUIGROS. Finito cortó una oreja

La corrida de este domingo en la plaza de Acho no fue buena. Y es que cuando no hay ganado aparente en una corrida hasta la mejor figura del toreo decepcionará.

No fue buena la corrida de ayer en Acho. Además el tiempo frío, ventoso y nublado no acompañó el desarrollo del espectáculo que, dicen los antiguos aficionados, debe tener sol y moscas. Aunque ahora las plazas modernas tienen butacas y están cubiertas para proteger de estos elementos.

Y cuando no hay ganado aparente no puede haber buen resultado. El mejor torero decepcionará si no tiene género qué cortar y eso fue lo sucedido ayer. Se dice que los toros de San Martín llegaron recién ayer de México, por lo que tendrían una excusa que no tienen los de Javier Garfias, llegados hace un tiempo al Perú. Esta ganadería lidió ayer también en la plaza México sin éxito, como en la de Lima.

A la hora señalada hacían el paseíllo Juan Serrano Pineda Finito de Córdoba, de azul pavo y oro; José Pacheco Rodríguez El Califa, también de azul pavo y oro, y Rafael Rodríguez Escribano, que se anuncia en los carteles como Rafael de Julia -que es el nombre de su madre, como sucede con el famoso "tocaor" de guitarra Paco de Lucía- de blanco y plata, que salió desmonterado por presentarse en Lima como matador de toros. La ovación los obligó a salir al tercio a saludar.

Una de cal y otra de arena

Eso le pasó ayer a Finito de Córdoba. Su primero se emplazó de salida y no repitió a los lances que son todos con el paso atrás. El astado, sosote, rebrinca en el puyazo y queda gazapón. Luego del tanteo no hay acople en los derechazos, también con el paso atrás entre gañafones. Ya el público protesta la poca quietud del coleta. En los naturales tampoco se apoderarse del manso, que al final termina de rajarse yéndose a tablas, donde, después de media estocada, Finito se eterniza descabellando, mientras van sonando los avisos y escucha la bronca del respetable. Al final, al sonar el tercero, el espada se retira a la barrera.

Pero el desquite vino en el cuarto, un toro chico, playerote y feo de tipo, que fue muy protestado de salida, que barbea las tablas intentando saltar la barrera. Nada hace con el capote y arrecia la bronca cuando salen los picadores. Con un picotazo pide el cambio. Empieza la faena tanteando la embestida y como el bicho se va a las tablas de allí lo saca. Y empieza la sinfonía de derechazos largos, templados y ligados, la mayoría en un palmo de terreno. Son varias series acopladísimas que acaban cambiándose de mano la muleta para rematar cada serie siempre por el pitón derecho con el pase de pecho, larguísimo cada vez. Se cuela el morito en los naturales, pero al final lo mete en la canasta y también son estupendos los naturales; hay molinetes para colocarse, remates con trincherillas o pases del desprecio, en fin un trasteo fenomenal a un toro que escarba y echa la cara al suelo reservándose. Coge una estocada trasera de la que rueda el bicho y tras una petición no muy mayoritaria le conceden la oreja. Como se la protestan algunos desiste de dar la vuelta al ruedo. Muy cicatero el público, que no se rindió ante una gran actuación teniendo en cuenta las condiciones del astado.

Un valiente

Un valiente es El Califa. El valenciano se jugó el pellejo ante unos animales mansos, violentos, que desarrollaron sentido, a los que hizo frente con más honradez y decisión que recursos. Su primero era chico, feo y veleto y cornivuelto. Un toro abanto que luego se emplaza. Las verónicas son a pies juntos y, luego de un parón del cornúpeta, una media y una revolera. Con chicuelinas galleando lo lleva al caballo. No va el manso de largo y tampoco con el cite en corto, pero al fin toma un picotazo. Citando en corto empieza con muletazos por alto muy quieto y saliéndose a los medios, como hacía su padrino de alternativa, El Cordobés. Los derechazos son con el toro con la cara a media altura. Con mucha voluntad receta unos naturales de los que dos son buenos. Luego intenta los redondos y circulares de espaldas, que no salen tan limpios. Hay un arrimón en el que el toro cae a la arena. De una estocada caída acaba y se guarda silencio.

El quinto también es feo de tipo y veleto. Barbea las tablas, puntea y se frena a los lances, ya que de salida escarba y echa la cara al suelo y así no puede haber lucimiento. Rebrinca en banderillas y con solo dos palos cambian el tercio. Esto se suele hacer cuando en el toro cuelgan por los menos cuatro palos, aunque los banderilleros pasen varias veces. En la muleta tantea por bajo para medir la embestida del animal que puntea y calamochea. Y entre achuchones y un trompicón, con el manso que voltea contrario, acaba metiéndose con él por bajo y pudiéndole. No hay quinto malo, dice el refrán, pero el de ayer era pésimo.

Novedad interesante

Una novedad interesante fue ayer Rafael de Julia. El madrileño se presentaba en Lima y ha dejado en alto su pabellón. A su primero lo recibe con tres verónicas acompasadas. El astado se va suelto y el remate es una media achuchada y una revolera. Casi derriba al varilarguero, a pesar de que muestra poca fuerza al dejar las patas traseras. Espera en banderillas al toro escarbón y que echa la cara al suelo. Muy embarcados son los primeros muletazos por alto, pero luego, como el toro se frena y queda corto, la cosa sigue entre achuchones y muletazos con poca limpieza, ya que se cuela descaradamente y el torero tiene que tragar paquete. Con mucho sentido el toro está muy peligroso, por lo que se dobla con torería y valor en largos muletazos. El marrajo no iguala, varios pinchazos y dos descabellos acaban con el manso.

El sexto, de bello pelaje que describimos en el ganado de ayer, está abanto y corretón, siendo las verónicas de recibo movidillas. Caro pasa las rayas para intentar picar y el público protesta. Si así se siguieran las reglas en el Perú, otro gallo nos cantara. Los doblones con que empieza el trasteo son estupendos y luego liga tandas de derechazos y se estira en los naturales, aunque perdiendo pasos entre los pases. La banda toca un chotis en vez de un pasodoble, pues quizá le dijeron que era "gato", es decir madrileño. Cierra la faena con ceñidas manoletinas y falla con la tizona pinchando repetidamente.


El Comercio. Lunes, 12 de noviembre´2001. BARTOLOMÉ PUIGROS. Puerta Grande para Finito y Garibay

Fue una tarde de cuatro orejas y dos triunfadores que salieron en hombros por la Puerta Grande de la Plaza de Acho. Los tres matadores estuvieron muy por encima de los toros mexicanos. El público abandonó satisfecho el coso rimense

Una corrida que levanta la feria ha sido esta cuarta del abono. Con tiempo soleado -ya dicen que el sol es el mejor aficionado- y más de media plaza se ha realizado esta cuarta de abono, que tenía muchos alicientes. La reaparición en Lima de Juan Serrano 'Finito de Córdoba', después de encabezar el escalafón con 103 corridas toreadas y, en el plano personal, su primera corrida en el equipo de los casados, pues le ha resultado triunfal. Además llevaba un traje berenjena y oro, igual al del año pasado, cuando también triunfó en Acho, traje que ahora adorna el Museo de Acho. Está visto que el color le trae suerte, pues cortó una oreja de cada toro, estando por encima de sus enemigos.

También reaparecía en Acho José Tomás después de tres años. Vestía el de Galapagar de malva y oro y dejó sentado su toreo señorial y parsimonioso. Lo llaman 'La Estatua' y de verdad lo es. Sin suerte en su lote se llevó lo menos bueno del ganado mexicano. Y se presentaba en Lima -por eso hizo el paseíllo descubierto- Ignacio Garibay, de grana y oro, que era una verdadera incógnita para el aficionado y después de ayer lo ha convertido en uno de sus preferidos.

Los toros mexicanos estuvieron muy bien presentados, alguno muy cornicorto, pero solo dos tuvieron posibilidades reales de lucimiento -primero y sexto-, los demás extremaron las dificultades, 'agarrados al piso', como dicen los mexicanos. Escarbaron, echaron la cara al suelo y retrocedieron a los cites. No cabe duda que los tres toreros estuvieron muy por encima de ellos.

Un maestro en sazón
Así está en la cara de los toros Finito de Córdoba, resolviendo, creemos, cualquier papeleta. Está puestísimo y, como tiene una clase excepcional, cuando medio se deja el toro, lo borda. Su primero trota y se sale suelto, lo recoge meciendo el capote en unos lances a la verónica muy ceñidos, media y la primera ovación. Toma bien un puyazo el morito y en banderillas el presidente se 'despista' y demora en cambiar el tercio, pues hay tres pasadas de los banderilleros que dejan cuatro palos y así se puede cambiar el tercio. Al empezar la faena hay uno de los famosos silencios de Lima, solo roto por el toro berreón. Con pases de tanteo lo saca al tercio y recién en el tercer muletazo se acopla y empieza la sinfonía. Liga tres y el de pecho, enormes. Otra serie superior 'con las muñecas rotas'. Ha ligado en un palmo, templando y mandado además con arte. También los naturales son formidables, aunque perdiendo pasos entre los muletazos. Los pases de pecho son larguísimos y la faena tiene una cadencia especial. Va a menos el toro, hay molinetes y otros pases, pero el astado demora en igualar, la estocada al final es contraria y hay rueda de peones, que está prohibida, sin que la autoridad diga nada. Le conceden una oreja pedida por unanimidad.

Nada hay de particular con la capichuela en el cuarto al principio, pero lo fija y le enjarreta una buena serie de lances. Otro toro 'agarrado al piso', que pega hachazos. Derriba al final a 'Yaco' Reyes, que marró en el encuentro al volver al caballo el toro rebotado del penco. Se dobla con decisión entre olés y aquí el bicho repite con raza. Hay dos series de derechazos, una ligada y mandando y la segunda con algún enganchón. Liga un trincherazo con un derechazo y levanta un clamor. Hay largos pases de pecho, cambios de mano la muleta, termina con estatuarios y uno del desprecio. Agarra una estocada trasera que es suficiente y piden y se concede otra oreja.

Fuera de serie
No cabe duda que José Tomás Román Martín es un torero fuera de serie. Los olés más fuertes y seguidos fueron para seguir su labor toda la tarde. Estuvo muy por encima de sus dos enemigos, que tuvieron similares características de lidia. Reservones, muy parados, cuando no retrocedían escarbaban y echaban la cara al suelo. Su primero, abanto, echa las manos por delante. Las verónicas son a pies juntos sin moverse y dos revoleras. César Caro receta un magnífico puyazo a un toro que volvió al caballo. Gran par de Mendiola a un toro que parece burriciego, pues atiende más a los objetos más lejanos. En la muleta lo saca a los medios, pero retrocede echando la cara al suelo por lo menos media plaza. Así los cites son largos, pero cuando lo engancha le puede y las series son ligadísimas y en un palmo de terreno sin perder pasos. Hay insistencia en los cites y sonoros olés a los muletazos, le saca un insospechado partido. Hay ahora derechazos a pies juntos y manoletinas de frente, demora en igualar y luego de media hay un aviso. Sale al tercio a agradecer la ovación.

El que hizo quinto tuvo una condición igual. Se emplaza de salida y no se entrega en el capote el burel. Rebrinca y se duele en banderillas. Cruzándose mucho liga derechazos en un palmo y como el toro retrocede él siempre va hacia adelante atacando al bicho, que echa la cara al suelo, escarba y retrocede. Hay largos cites a los que no acude el toro y al final se dobla toreramente. En la estocada, que provoca derrame, también rebrinca el manso.

Una sorpresa
Fue una sorpresa el mexicano Garibay, quien estuvo aperreado en su primero, que hasta lo cogió y recogió del suelo, y al que lanceó, según nuestro parecer, adelantando la suerte y con el que se lució en un quite por tafalleras. Este animal lo cogió al principio de la faena al instrumentar varios pases cambiados por la espalda, y su labor fue entre achuchones, desarmes y ayes del público que veía al torero cogido.

Pero el desquite vino en el sexto, que se emplaza de salida y rebrinca cada vez que embiste. Hay verónicas y recorte. Pero lo ahorma el puyazo y aun en las chicuelinas sale suelto de cada lance. Empieza por derechazos, pero la faena toma vuelo con los naturales, que son largos, mandones y ligados. Sorprende el 'manito' con un trasteo en el que empieza con un muletazo distinto cada serie. Ahora son excelentes los derechazos, más series con ambas manos, luego circulares invertidos, redondos completos, manoletinas y gran estocada y, entre el beneplácito del respetable, le conceden las dos orejas merecidamente y la salida por la Puerta Grande en unión de Finito de Cordoba. Fueron los triunfadores de la tarde.


El Comercio de Perú. Lunes, 5 de noviembre´2001. Mala tarde en Acho

 El hombre propone, Dios dispone y sale el toro y lo descompone. El ganado de Corazón de Oro lidiado ayer echó al traste las ilusiones del público y de los toreros. Demostró clara falta de las condiciones de una ganadería bien seleccionada. Se notó que la empresa lo tuvo un tiempo largo por que la presentación fue, eso sí, irreprochable.

Sobresalió la reaparición en Lima de Rafael Gastañeta. Sobrado de facultades, se justificó ampliamente, como lo había demostrado a lo largo de la semana en que estuvo tentando en la ganadería de San Pedro la que, además de tener magníficas instalaciones, le sale el ganado muy bueno. No se notó para nada, salvo por la venda en la muñeca izquierda, que estaba lesionado por un golpe al matar al novillo devuelto la semana pasada. Vistió de morado y oro.

Lo acompañaron en el paseíllo José Pacheco 'El Califa', de fucsia y oro, y Alfonso Romero, de uva y azabache, que se presentaba en Acho como matador de toros, por lo que hizo desmonterado el paseíllo. La tarde estaba soleada pero ventosa y los tendidos se llenaron a medias.

Un buen torero
Fue Rafael Gastañeta quien pudo ayer con los 'esaboríos' toros de Corazón de Oro. A su primero lo recibe con buenas verónicas. Ya escarba y en el capote echa la cara al suelo el cornúpeta. La faena es casi toda por el pitón derecho, aguantando mucho en los naturales. Logra media que tira a la res sin puntilla.

A su segundo lo lancea a pies juntos que remata con una revolera. César Caro receta un buen puyazo y 'El Pirri' se desmontera al parear. Con la pañosa al principio no hay mucho acople porque el astado lleva la cara a media altura y se reserva. Valentísimo, aguanta los parones en medio del viaje del toro; la res se rompe el menudillo de la mano derecha, por lo que abrevia y mata de una estocada desprendida. Lo ovacionan.

Valentía
Ante unos enemigos que no se prestaron a ningún lucimiento, al torero de Játiva sólo le quedó estar muy valiente. Su primero fue protestado por cojo y le costó una gran bronca al presidente no devolverlo a los corrales. Rebrinca en varios picotazos y no se deja picar. La pelea en la muleta es entre enganchones, coladas y buenos muletazos, arriesgando mucho el coleta José Pacheco 'El Califa'. Terminó el bicho aquerenciado en las tablas.

El que hizo quinto tuvo una lidia parecida, aunque en el capote se dejó dar algunas de las mejores verónicas de la tarde. Lo lleva al caballo por chicuelinas al paso que se ovacionan al remate. Brinda al público y también muletea entre achuchones y pases muy buenos que se jalean. Es cogido y recogido del suelo muy espectacularmente antes de rajarse en las tablas el cornúpeta. Pinchó varias veces con la espada.

Difícil papeleta
Alfonso Romero la tuvo difícil al volver a Lima. Su primero, al que lancea bien, se rompió el pitón izquierdo de salida. El animal se aploma pronto y pronto también desarrolla mucho sentido, por lo que acorta la faena con muy pocos pases y se lo quita pronto de encima.

En el sexto no se acopla con el capote y ya sale muy quebrantado del tercio de varas. Brinda a Gisella Valcárcel, que estaba en una barrera de sombra, y en el primer muletazo hay una gran colada que condiciona el trasteo. Con oficio, incitando la embestida con zapatillazos, logra algún muletazo lucido, pero el toro desluce cualquier intento. Gran estocada cierra esta corrida para el olvido


El Comercio de Perú. Lunes, 29 de octubre´2001. Bartolomé Puiggrós. Acho no vibró en la segunda de la feria

Salvo el primero que fue muy bueno los demás dejaron mucho que desear, sosos, escarbando y echando al cara al suelo, fueron noblotes pero sin transmisión. El esmero del ganadero es la presentación del ganado y en esto cumplió don Roberto Puga.

Leandro Marcos de tabaco y oro, pecho con Tabernero, negro, número 65 con 431 kilos, y Granadino, negro, número 70, con 441 kilos. El primero fue un astado excelente con el que se lució con el capote en unos lances finísimos, con la pañosa los muletazos son garbosos y muy ralentizados, son varias series de derechazos con empaque y cadencia que termina con unas manoletinas de frente ceñidísimas. Recogió una ovación en el tercio. Al que hizo cuarto se le partió el pitón al rematar en un burladero. La faena es aseada pero sin llegar al público por la poca transmisión del astado. Así alargó la faena y se silenció su gran labor.

Fabián Barba, de celeste y oro, mató a Discreto, colorado, número 58, con 395 kilos y a Superior , negro, número 69, con 464 kilos. El primero tenía poca fuerza y rodó por los suelos en más de una ocasión pero con buen son, hay caleserinas en el quite, tardó en acoplarse con la muleta pero logró estimables pases con ambas manos. Entre enganchones veroniquea al quinto. Mendiola se desmontera al lucirse en banderillas. El novillo soso no le permite lucimiento alargando el trasteo.

Matías Tejela de grana y oro tuvo en suerte a Pagano, negro, número 67, con 455 kilos y Caramelo, burraco, número 51 , con 485 kilos. Lo recibe con tafalleras movidillas en vez de verónicas, el astado desluce los muletazos y el valentísimo se lo pasa muy ceñido, un trasteo de valiente aunque se suelte el chaleco, detalle feo.

En un cambio lo coge sin consecuencias y termina con bernardinas ceñidísimas. Al sexto, un toro, lo recibió con una verónica de rodillas, y los lances fueron uno a uno. El Pato también fue ovacionado al banderillear, después todo fue también de uno en uno por la condición del bicho muy aplomado.

Entre Barreras

Leandro Marcos: "Realmente he disfrutado mucho con mi primero, quedó un poquito molestito después de la pica, y una pena que no lo haya matado como al segundo".

Rabian Barba: "Acho es un coso con personas muy entendidas, me llevo una muy grata impresión de la gran afición limeña".

Matías Tejela: "Qué importante es torear en esta plaza de Lima, aquí saben de toros".


El Comercio de Perú. Lunes, 22 de octubre´2001. Bartolomé Puiggrós. Novillero Marín cortó una oreja

En la novillada que forma parte del Encuentro Mundial de Novilleros, que abrió ayer la Feria del Señor de los Milagros de 2001, el novillero barcelonés Serafín Marín cortó la primera oreja del ciclo. Pero el protagonista fue esta vez el juez de la corrida por sus continuos errores, que empezaron por dar pase a una novillada muy bonita de tipo pero muy chica. Lima debe dar novilladas con más presencia para que se equiparen a las corridas de toros y la gente no las tome como espectáculos menores.

Los tres espadas -eso sí, los primeros del escalafón español- acostumbrados a lidiar reses con más de 500 kilos, se notaron sobrados con estas. El otro gran error del juez fue permitir que los picadores de reserva actuaran en tanda. Esas puebas no pueden hacerse en una feria de la categoría que queremos y creemos tiene Lima y, claro, los muchachos no acertaron y las reses se fueron sin picar. Cambió el segundo tercio en varias ocasiones con dos pares. No tuvo, pues, una tarde afortunada.

Juan Manuel Roca Rey envió un lote bonito y parejo de tipo, pero muy chico y con poca fuerza. Los novillos cumplieron sin mayores estridencias y acabaron rajados, incluido el sexto que, con diferencia, fue el mejor. El cuarto fue devuelto porque, estando cojo, dejaba los cuartos traseros.

Antón Cortés, de turquesa y azabache, manejó el percal con finura y clase y con la pañosa hizo dos trasteos muy parecidos. Estuvo por encima de sus enemigos y fueroncortas las series en su primero, Descarado, castaño, número 92, con 355 kilos, porque el astado se quedaba corto después del segundo muletazo. Eso sí, alargó la faena y lo mató de pinchazo y estocada honda que produjo derrame. Con el cuarto (bis), Favorito, negro, número 98, con 342 kilos, el más chico de los lidiados, logró algunos redondos y otros muletazos con mucha cadencia, también alguna bilbaína y airosos recortes. Larga faena que cierra con una estocada atracándose. Se silenció su labor en ambos.

El portugués Procuna, de azul rey y oro, pechó con Afamado, castaño, número 91, con 362 kilos, y con Sublevado, negro, número 83, con 351 kilos. En los dos estuvo bullidor. Con el capote instrumentó verónicas, caleserinas y revoleras a su primero y lances a pies juntos y navarras al quinto. Pero estuvo fenomenal con los palos, en especial con el que cerró el tercio del segundo de la tarde, que fue al quiebro en los medios. En el otro hizo alarde de facultades, galleando por toda la plaza al codicioso hasta entonces novillo. Con la muleta se le notó muy dispuesto, pero la condición de los cornúpetas, que se acabaron pronto, no le permitió mayor lucimiento. Así y todo dio la vuelta al ruedo en su primero.

Serafín Marín, de azul pavo y oro, lidió primero a Barba Larga, negro, número 89, con 355 kilos, y a Vencedor, negro número 95, con 372 kilos. Recibió a su primero con una larga de rodillas y luego con dos cambios más de rodillas en muy poco terreno, que fueron emocionantes. Luego, el alto y desgarbado torero instrumentó lances muy mecidos y con lentitud. Se oye una ovación a las medias verónicas, que fueron un cartel de toros. Hay estatuarios, derechazos y pases de pecho larguísmos en varias series, hasta que el bicho desarrolla sentido. Estocada y el puntillero levanta al astado dos veces. Ovación.

Lo bueno vino en el sexto. Los lances fueron a pies juntos y muy ceñidos. Otra media estupenda. En el quite hay chicuelinas ligadas con tafalleras que resultan un poco embarulladas de tanto apretarse. Con la muleta logra un gran trasteo por el pitón derecho. Las series son largas pero, además, mandonas, con temple y en un palmo de terreno y muy ceñidas, que fueron jaleadas y ovacionadas. Luego hay varios muletazos de rodillas, incluidas unas treboleras. Resulta cogido -felizmente sin consecuencias-, logra una estocada entera y corta así la primera oreja de la feria.

 

 

 

 
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