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Toros en
Lima
CRÓNICAS DE LA
PRENSA
TEMPORADA 2001
El Comercio.
Lunes, 26 de noviembre. PABLO JAVIER
GOMEZ DEBARBIERI. La tarde fue buena, pero la
decepción marcaba los rostros
Durante toda la semana se venía comentando. El Juli, la reaparición de
Paco Ojeda y –por último– la presencia del rey Juan Carlos, convertían
al festejo de ayer en el más esperado de la temporada.
El festival del sábado, resaltado por los bravos novillos de Roberto Puga
y refrendado por siete orejas y un indulto, realzaba la expectativa.
La plaza estaba llena, o casi. El Rey, instalado en una barrera del
tendido 3, justo sobre la divisa y el hierro de Salamanca –la ganadería
peruana de nombre más castizo– estaba acompañado por Josep Piqué, su
ministro de Relaciones Exteriores (¿será una buena compañía en toros
éste hábil político catalán?), Mario Vargas Llosa y Diego García Sayán
(él sí, habitualmente abonado al tendido 15).
El ambiente de Acho cuando la plaza está repleta, es diferente. Como
apabullante. Sin embargo, a pesar de ello, los silencios respetuosos y
apropiados, le dieron a la tarde un tono elevado que reflejó la calidad
de nuestra afición.
Los caballos de paso se lucieron y fueron muy ovacionados. Un orgullo
nacional, digno de ser mostrado al visitante.
Qué no hubiese dado el Virrey Amat por ver a su monarca, el eficiente
pero duro Carlos III –hijo del primer rey borbónico–, sentado en
Acho. Tras doscientos veinticinco años, un descendiente de aquél, escuchó
y agradeció las fuertes ovaciones que los brindis de Ojeda y El Juli
levantaron.
Veinte años después. Si de reyes se trata, el título de Dumas resulta
apropiado para la curiosidad que despertaba un torero a quien hace casi
dos décadas no veíamos.
Grueso y por momentos algo inseguro estuvo el de Sanlúcar. Sin embargo,
la personalidad es algo que los años no borran. Esa fue, antaño, la
clave de los triunfos de Ojeda y es obvio que sigue patente, pues logró
meterse al público de Lima en el bolsillo.
Su primer toro tenía un recorrido justo. Quizás algo corto en su
embestida, pero para el peculiar estilo del gaditano, que gusta de torear
muy cerca de su enemigo, tenía el estilo apropiado. Un toro codicioso y
muy encastado lo habría puesto en aprietos. Los minipitones –no
precisamente agudos– del de De la Mora, ayudaban.
Ojeda lo toreó haciendo uso excesivo del pico, abriendo mucho el compás
y por lo tanto, con ventaja. Pero nadie tuvo intención de exigirle como a
los jóvenes. Templó y corrió la mano, logrando derechazos, redondos y
naturales lentos y muy largos, “marca de la casa”. Las palmas y
ovaciones fueron las que uno espera cuando un viejo catedrático da una
clase magistral. En esos casos, nadie pretende incordiarlo con preguntas
rebuscadas o difíciles. Le hubieran dado una oreja, pero al entrar a
matar, la mano cayó muy baja y el metisaca no logró disimular el
bajonazo. Se le ovacionó con fuerza, pero él, muy digno, casi ni salió
del callejón.
El cuarto era bonito de tipo, pero también excesivamente pobre de cara.
Resulta imposible que un toro de cuatro años tenga semejante
subdesarrollo de pitones. ¿Usted lo cree posible? Yo no. Sus embestidas
fueron siempre muy cortas y complicadas. Con la capa, poco pudo hacer
Ojeda ante la dificultad del toro para embestir. Llegó al último tercio
mirón, pensándoselo mucho para acometer y siempre buscando lo que dejaba
detrás después de cada muletazo. Se refugió en tablas y allí Ojeda,
partiendo con fe y muchas ganas, dejó una gran estocada poco valorada por
el público. De nuevo, otra ovación y a esperar hasta el próximo
domingo.
No pretendo aburrirlos más con el tema de los pitones. Aunque no lo
mencione, denlo por entendido al leer las características del ganado.
Rafael Gastañeta se jugaba mucho en ésta, su última corrida. En su
primer toro, quizás abrumado por la responsabilidad, se dejó intimidar
por las dificultades del morlaco. Al burel le costaba humillar y
calamocheaba. Rafael debió cruzarse y someterlo con muleta poderosa, para
poder luego bajarle la mano. Sin embargo, prefirió torearlo al hilo del
pitón, en series tan breves que no entusiasmaban. Con la izquierda estuvo
mejor, pero las series no pasaron de tres muletazos. Hacia el final de la
faena, algunos pases fueron buenos, pero la gente lo notó frío y ello no
ayudó al éxito. El toro no fue bueno, pero la responsabilidad del
peruano era doble o triple. Por él y para él. Otros espadas podrán
darse el lujo de taparse cuando el toro no se presta al lucimiento, pero
en su caso no es posible tal privilegio. Suena duro, pero es la realidad.
El quinto no mostró mayores cualidades en los dos primeros tercios y sí,
más bien, complicaciones y reticencia para acometer. Sin embargo, en el
último tercio rompió a embestir con cierta cadencia y prontitud. Ese
desarrollo del toro se debió, en mucho, al temple y buena colocación del
peruano. Gastañeta le instrumentó derechazos y naturales meritorios.
Bajando mucho la mano, sin dejarse enganchar la muleta, levantó fuertes y
merecidas ovaciones. Continuó la faena con circulares ligados haciendo
girar al toro alrededor de su cuerpo. Los gritos de “Perú, Perú, Perú”
en medio de una marinera, nos hicieron vibrar. ¡Por fin! Ese era el Gastañeta
que todos queremos. Cuando de pronto, algunos pocos desorientados en los
tendidos sacaron pañuelos pidiendo ¿el indulto? De no creerse. A
continuación, Juan Manuel Roca Rey, gerente de la empresa, en un gesto
censurable, aunque –estoy seguro– sin mala intención, salió al ruedo
a pedir –pañuelo en mano– también el indulto. ¿Para qué? Obvio:
para obtener un triunfo publicitario que sólo podía beneficiar a la
empresa. Cuando se indulta un toro, rara vez el éxito es del torero. Lo
celebranel ganadero y la empresa. El diestro empezó a dudar, confundido.
Por un momento pareció gustarle la idea. La división de opiniones que se
generó, lo perjudicó. La gran mayoría, que pensaba que no era merecido
el premio al toro, vociferaba contra el resto y viceversa. Luego, el
presidente sacó un inapropiado pañuelo verde (¿lo quiso indultar?). Por
último, nuestro compatriota montó apresuradamente la espada. Pinchó
antes de dejar una estocada aguantando, contraria y trasera, para tras
muchos descabellos fallidos, entrar de nuevo a matar hasta por dos veces.
Escuchó un aviso y un posible gran triunfo se diluyó en forma
lamentable.
El esperado. El ansiado. ¡Por fin! decían muchos. Salió al ruedo el
tercero y el joven torero inició su obra con unas verónicas. Luego de un
pésimo puyazo, intentó quitar por chicuelinas alternadas con espaldinas.
Pero ese lance, que es apropiado para toros con muchos pies que recién
salen al ruedo, no se presta para un toro ya picado que empieza a
aplomarse. Finalmente, se limitó a las chicuelinas que resultaron
intrascendentes.
En el segundo tercio, tras el numerito de “que tomen los garapullos los
banderilleros – pitos del público que quiere ver a El Juli con
rehiletes – denme los palos”, sólo fue notable el tercer par. Sin
embargo, las ovaciones ensordecedoras llegaron antes de ver cómo quedaban
sobre el toro.
Con la muleta El Juli ha madurado. Ha desengañado a aquellos que hace dos
años pronosticaban a un futuro torero muy técnico, pero basto. Los
naturales con que inició la faena fueron enormes. Los silencios
expectantes, impresionantes. El inicio de “Nerva”, bello pasodoble que
empieza con un largo y vibrante solo de trompeta, impactante. Los
derechazos, impecables en técnica, ejecución, colocación y temple.
Naturales hondos y emocionantes. Luego, circulares invertidos, templados y
serios. Los olés salían del alma de la gente. Una gran faena. Muy bien
estructurada, con muletazos de mucha clase. Este Juli es un torero, que a
pesar de su juventud, está ya cuajado. Imagínense lo que queda para los
próximos treinta años.
A la hora de matar se apresuró. El toro estaba con la cara muy baja y así
es difícil que humille al entrar con la espada. Dejó un pinchazo hondo
que al torero le parecía bastar. Sin embargo, el toro demoró en doblar,
enfriando al público.
Algunos pedían la oreja y Majano con El Tata, ambos de la cuadrilla de El
Juli, parados junto al toro impedían su arrastre para forzar el corte de
la oreja. El presidente, en vez de censurar semejante actitud pueblerina,
se la concedió. El público de Acho, demostrando una vez más su gran
clase, le obligó a devolverla, por lo que la vuelta al ruedo fue sin
oreja. Desaire para el espada. ¿Habrá aprendido la lección su papá?
En el sexto, el de más pobre presencia, salvo las banderillas, poco más
hizo El Juli. Con la muleta, la embestida descompuesta del ¿astado? le
impidió acoplarse. El público protestó al toro e hizo poco caso del
torero.
Así se cerró una tarde variada e interesante. Sin embargo, las caras de
la gente a la salida parecían indicar que esperaban bastante más. No les
había bastado poder ver a cada uno de los espadas en, al menos, un toro.
Ese debe ser, supongo, el precio de una plaza llena.
Resumen de la corrida
Plaza de Acho, domingo 25 de noviembre del 2001, 3:30 p.m.
Tarde ligeramente nublada y algo fría. Iniciada con un espectacular
barrido a cargo de caballos de paso. Con la asistencia del Rey de España.
Toros mexicanos de la ganadería de Fernando de la Mora. Con edad, pero
con los pitones impresentables; todos con, por lo menos, cinco centímetros
menos en cada asta (salvo que sufran de alguna tara genética que los hace
groseramente astigordos). Ninguno realmente bravo. Todos reservones y
algunos con peligro. El primero, el segundo y el quinto rompieron en el último
tercio y sirvieron para la muleta.
Paco Ojeda (España), de azul marino y oro: ovación y ovación.
Rafael Gastañeta (Perú), de sangre de toro y oro: silencio y ovación
tras aviso.
Julián López “El Juli” (España), de morado y oro: oreja (que se vio
precisado a devolver) y palmas.
Duración del festejo: 2 horas cuarenta minutos.
Presidencia: Muy mal, por dar pase a toros con semejantes “defensas”;
por otorgar una oreja a El Juli, forzado por su banderillero y sin petición
mayoritaria y, por último, por “conceder un indulto” al quinto toro,
a petición de la empresa, utilizando el pañuelo verde (el de devolver
toros), para que finalmente el matador de turno lo estoquease.
La banda municipal: muy bien. No tocó cuplés (como el sábado) que en
los toros, están demás.
El Comercio.
Lunes, 19 de noviembre. BARTOLOMÉ PUIGROS. Finito
cortó una oreja
La corrida de este domingo en la plaza de Acho no
fue buena. Y es que cuando no hay ganado aparente en una corrida hasta la
mejor figura del toreo decepcionará.
No fue buena la corrida de ayer en Acho. Además el
tiempo frío, ventoso y nublado no acompañó el desarrollo del espectáculo
que, dicen los antiguos aficionados, debe tener sol y moscas. Aunque ahora
las plazas modernas tienen butacas y están cubiertas para proteger de
estos elementos.
Y cuando no hay ganado aparente no puede haber buen
resultado. El mejor torero decepcionará si no tiene género qué cortar y
eso fue lo sucedido ayer. Se dice que los toros de San Martín llegaron
recién ayer de México, por lo que tendrían una excusa que no tienen los
de Javier Garfias, llegados hace un tiempo al Perú. Esta ganadería lidió
ayer también en la plaza México sin éxito, como en la de Lima.
A la hora señalada hacían el paseíllo Juan
Serrano Pineda Finito de Córdoba, de azul pavo y oro; José Pacheco Rodríguez
El Califa, también de azul pavo y oro, y Rafael Rodríguez Escribano, que
se anuncia en los carteles como Rafael de Julia -que es el nombre de su
madre, como sucede con el famoso "tocaor" de guitarra Paco de
Lucía- de blanco y plata, que salió desmonterado por presentarse en Lima
como matador de toros. La ovación los obligó a salir al tercio a
saludar.
Una de cal y otra de arena
Eso le pasó ayer a Finito de Córdoba. Su primero
se emplazó de salida y no repitió a los lances que son todos con el paso
atrás. El astado, sosote, rebrinca en el puyazo y queda gazapón. Luego
del tanteo no hay acople en los derechazos, también con el paso atrás
entre gañafones. Ya el público protesta la poca quietud del coleta. En
los naturales tampoco se apoderarse del manso, que al final termina de
rajarse yéndose a tablas, donde, después de media estocada, Finito se
eterniza descabellando, mientras van sonando los avisos y escucha la
bronca del respetable. Al final, al sonar el tercero, el espada se retira
a la barrera.
Pero el desquite vino en el cuarto, un toro chico,
playerote y feo de tipo, que fue muy protestado de salida, que barbea las
tablas intentando saltar la barrera. Nada hace con el capote y arrecia la
bronca cuando salen los picadores. Con un picotazo pide el cambio. Empieza
la faena tanteando la embestida y como el bicho se va a las tablas de allí
lo saca. Y empieza la sinfonía de derechazos largos, templados y ligados,
la mayoría en un palmo de terreno. Son varias series acopladísimas que
acaban cambiándose de mano la muleta para rematar cada serie siempre por
el pitón derecho con el pase de pecho, larguísimo cada vez. Se cuela el
morito en los naturales, pero al final lo mete en la canasta y también
son estupendos los naturales; hay molinetes para colocarse, remates con
trincherillas o pases del desprecio, en fin un trasteo fenomenal a un toro
que escarba y echa la cara al suelo reservándose. Coge una estocada
trasera de la que rueda el bicho y tras una petición no muy mayoritaria
le conceden la oreja. Como se la protestan algunos desiste de dar la
vuelta al ruedo. Muy cicatero el público, que no se rindió ante una gran
actuación teniendo en cuenta las condiciones del astado.
Un valiente
Un valiente es El Califa. El valenciano se jugó el
pellejo ante unos animales mansos, violentos, que desarrollaron sentido, a
los que hizo frente con más honradez y decisión que recursos. Su primero
era chico, feo y veleto y cornivuelto. Un toro abanto que luego se
emplaza. Las verónicas son a pies juntos y, luego de un parón del cornúpeta,
una media y una revolera. Con chicuelinas galleando lo lleva al caballo.
No va el manso de largo y tampoco con el cite en corto, pero al fin toma
un picotazo. Citando en corto empieza con muletazos por alto muy quieto y
saliéndose a los medios, como hacía su padrino de alternativa, El Cordobés.
Los derechazos son con el toro con la cara a media altura. Con mucha
voluntad receta unos naturales de los que dos son buenos. Luego intenta
los redondos y circulares de espaldas, que no salen tan limpios. Hay un
arrimón en el que el toro cae a la arena. De una estocada caída acaba y
se guarda silencio.
El quinto también es feo de tipo y veleto. Barbea
las tablas, puntea y se frena a los lances, ya que de salida escarba y
echa la cara al suelo y así no puede haber lucimiento. Rebrinca en
banderillas y con solo dos palos cambian el tercio. Esto se suele hacer
cuando en el toro cuelgan por los menos cuatro palos, aunque los
banderilleros pasen varias veces. En la muleta tantea por bajo para medir
la embestida del animal que puntea y calamochea. Y entre achuchones y un
trompicón, con el manso que voltea contrario, acaba metiéndose con él
por bajo y pudiéndole. No hay quinto malo, dice el refrán, pero el de
ayer era pésimo.
Novedad interesante
Una novedad interesante fue ayer Rafael de Julia.
El madrileño se presentaba en Lima y ha dejado en alto su pabellón. A su
primero lo recibe con tres verónicas acompasadas. El astado se va suelto
y el remate es una media achuchada y una revolera. Casi derriba al
varilarguero, a pesar de que muestra poca fuerza al dejar las patas
traseras. Espera en banderillas al toro escarbón y que echa la cara al
suelo. Muy embarcados son los primeros muletazos por alto, pero luego,
como el toro se frena y queda corto, la cosa sigue entre achuchones y
muletazos con poca limpieza, ya que se cuela descaradamente y el torero
tiene que tragar paquete. Con mucho sentido el toro está muy peligroso,
por lo que se dobla con torería y valor en largos muletazos. El marrajo
no iguala, varios pinchazos y dos descabellos acaban con el manso.
El sexto, de bello pelaje que describimos en el
ganado de ayer, está abanto y corretón, siendo las verónicas de recibo
movidillas. Caro pasa las rayas para intentar picar y el público
protesta. Si así se siguieran las reglas en el Perú, otro gallo nos
cantara. Los doblones con que empieza el trasteo son estupendos y luego
liga tandas de derechazos y se estira en los naturales, aunque perdiendo
pasos entre los pases. La banda toca un chotis en vez de un pasodoble,
pues quizá le dijeron que era "gato", es decir madrileño.
Cierra la faena con ceñidas manoletinas y falla con la tizona pinchando
repetidamente.
El Comercio. Lunes,
12 de noviembre´2001. BARTOLOMÉ PUIGROS. Puerta
Grande para Finito y Garibay
Fue una tarde de cuatro orejas y dos triunfadores
que salieron en hombros por la Puerta Grande de la Plaza de Acho. Los tres
matadores estuvieron muy por encima de los toros mexicanos. El público
abandonó satisfecho el coso rimense
Una corrida que levanta la feria ha sido esta
cuarta del abono. Con tiempo soleado -ya dicen que el sol es el mejor
aficionado- y más de media plaza se ha realizado esta cuarta de abono,
que tenía muchos alicientes. La reaparición en Lima de Juan Serrano
'Finito de Córdoba', después de encabezar el escalafón con 103 corridas
toreadas y, en el plano personal, su primera corrida en el equipo de los
casados, pues le ha resultado triunfal. Además llevaba un traje berenjena
y oro, igual al del año pasado, cuando también triunfó en Acho, traje
que ahora adorna el Museo de Acho. Está visto que el color le trae
suerte, pues cortó una oreja de cada toro, estando por encima de sus
enemigos.
También reaparecía en Acho José Tomás después
de tres años. Vestía el de Galapagar de malva y oro y dejó sentado su
toreo señorial y parsimonioso. Lo llaman 'La Estatua' y de verdad lo es.
Sin suerte en su lote se llevó lo menos bueno del ganado mexicano. Y se
presentaba en Lima -por eso hizo el paseíllo descubierto- Ignacio Garibay,
de grana y oro, que era una verdadera incógnita para el aficionado y
después de ayer lo ha convertido en uno de sus preferidos.
Los toros mexicanos estuvieron muy bien
presentados, alguno muy cornicorto, pero solo dos tuvieron posibilidades
reales de lucimiento -primero y sexto-, los demás extremaron las
dificultades, 'agarrados al piso', como dicen los mexicanos. Escarbaron,
echaron la cara al suelo y retrocedieron a los cites. No cabe duda que los
tres toreros estuvieron muy por encima de ellos.
Un maestro en sazón
Así está en la cara de los toros Finito de Córdoba, resolviendo,
creemos, cualquier papeleta. Está puestísimo y, como tiene una clase
excepcional, cuando medio se deja el toro, lo borda. Su primero trota y se
sale suelto, lo recoge meciendo el capote en unos lances a la verónica
muy ceñidos, media y la primera ovación. Toma bien un puyazo el morito y
en banderillas el presidente se 'despista' y demora en cambiar el tercio,
pues hay tres pasadas de los banderilleros que dejan cuatro palos y así
se puede cambiar el tercio. Al empezar la faena hay uno de los famosos
silencios de Lima, solo roto por el toro berreón. Con pases de tanteo lo
saca al tercio y recién en el tercer muletazo se acopla y empieza la
sinfonía. Liga tres y el de pecho, enormes. Otra serie superior 'con las
muñecas rotas'. Ha ligado en un palmo, templando y mandado además con
arte. También los naturales son formidables, aunque perdiendo pasos entre
los muletazos. Los pases de pecho son larguísimos y la faena tiene una
cadencia especial. Va a menos el toro, hay molinetes y otros pases, pero
el astado demora en igualar, la estocada al final es contraria y hay rueda
de peones, que está prohibida, sin que la autoridad diga nada. Le
conceden una oreja pedida por unanimidad.
Nada hay de particular con la capichuela en el
cuarto al principio, pero lo fija y le enjarreta una buena serie de
lances. Otro toro 'agarrado al piso', que pega hachazos. Derriba al final
a 'Yaco' Reyes, que marró en el encuentro al volver al caballo el toro
rebotado del penco. Se dobla con decisión entre olés y aquí el bicho
repite con raza. Hay dos series de derechazos, una ligada y mandando y la
segunda con algún enganchón. Liga un trincherazo con un derechazo y
levanta un clamor. Hay largos pases de pecho, cambios de mano la muleta,
termina con estatuarios y uno del desprecio. Agarra una estocada trasera
que es suficiente y piden y se concede otra oreja.
Fuera de serie
No cabe duda que José Tomás Román Martín es un torero fuera de serie.
Los olés más fuertes y seguidos fueron para seguir su labor toda la
tarde. Estuvo muy por encima de sus dos enemigos, que tuvieron similares
características de lidia. Reservones, muy parados, cuando no retrocedían
escarbaban y echaban la cara al suelo. Su primero, abanto, echa las manos
por delante. Las verónicas son a pies juntos sin moverse y dos revoleras.
César Caro receta un magnífico puyazo a un toro que volvió al caballo.
Gran par de Mendiola a un toro que parece burriciego, pues atiende más a
los objetos más lejanos. En la muleta lo saca a los medios, pero
retrocede echando la cara al suelo por lo menos media plaza. Así los
cites son largos, pero cuando lo engancha le puede y las series son ligadísimas
y en un palmo de terreno sin perder pasos. Hay insistencia en los cites y
sonoros olés a los muletazos, le saca un insospechado partido. Hay ahora
derechazos a pies juntos y manoletinas de frente, demora en igualar y
luego de media hay un aviso. Sale al tercio a agradecer la ovación.
El que hizo quinto tuvo una condición igual. Se
emplaza de salida y no se entrega en el capote el burel. Rebrinca y se
duele en banderillas. Cruzándose mucho liga derechazos en un palmo y como
el toro retrocede él siempre va hacia adelante atacando al bicho, que
echa la cara al suelo, escarba y retrocede. Hay largos cites a los que no
acude el toro y al final se dobla toreramente. En la estocada, que provoca
derrame, también rebrinca el manso.
Una sorpresa
Fue una sorpresa el mexicano Garibay, quien estuvo aperreado en su
primero, que hasta lo cogió y recogió del suelo, y al que lanceó, según
nuestro parecer, adelantando la suerte y con el que se lució en un quite
por tafalleras. Este animal lo cogió al principio de la faena al
instrumentar varios pases cambiados por la espalda, y su labor fue entre
achuchones, desarmes y ayes del público que veía al torero cogido.
Pero el desquite vino en el sexto, que se emplaza
de salida y rebrinca cada vez que embiste. Hay verónicas y recorte. Pero
lo ahorma el puyazo y aun en las chicuelinas sale suelto de cada lance.
Empieza por derechazos, pero la faena toma vuelo con los naturales, que
son largos, mandones y ligados. Sorprende el 'manito' con un trasteo en el
que empieza con un muletazo distinto cada serie. Ahora son excelentes los
derechazos, más series con ambas manos, luego circulares invertidos,
redondos completos, manoletinas y gran estocada y, entre el beneplácito
del respetable, le conceden las dos orejas merecidamente y la salida por
la Puerta Grande en unión de Finito de Cordoba. Fueron los triunfadores
de la tarde.
El Comercio de
Perú. Lunes, 5 de noviembre´2001. Mala
tarde en Acho
El hombre propone, Dios dispone y sale el
toro y lo descompone. El ganado de Corazón de Oro lidiado ayer echó al
traste las ilusiones del público y de los toreros. Demostró clara falta
de las condiciones de una ganadería bien seleccionada. Se notó que la
empresa lo tuvo un tiempo largo por que la presentación fue, eso sí,
irreprochable.
Sobresalió la reaparición en Lima de Rafael Gastañeta.
Sobrado de facultades, se justificó ampliamente, como lo había
demostrado a lo largo de la semana en que estuvo tentando en la ganadería
de San Pedro la que, además de tener magníficas instalaciones, le sale
el ganado muy bueno. No se notó para nada, salvo por la venda en la muñeca
izquierda, que estaba lesionado por un golpe al matar al novillo devuelto
la semana pasada. Vistió de morado y oro.
Lo acompañaron en el paseíllo José Pacheco 'El
Califa', de fucsia y oro, y Alfonso Romero, de uva y azabache, que se
presentaba en Acho como matador de toros, por lo que hizo desmonterado el
paseíllo. La tarde estaba soleada pero ventosa y los tendidos se llenaron
a medias.
Un buen torero
Fue Rafael Gastañeta quien pudo ayer con los 'esaboríos' toros de Corazón
de Oro. A su primero lo recibe con buenas verónicas. Ya escarba y en el
capote echa la cara al suelo el cornúpeta. La faena es casi toda por el
pitón derecho, aguantando mucho en los naturales. Logra media que tira a
la res sin puntilla.
A su segundo lo lancea a pies juntos que remata con
una revolera. César Caro receta un buen puyazo y 'El Pirri' se desmontera
al parear. Con la pañosa al principio no hay mucho acople porque el
astado lleva la cara a media altura y se reserva. Valentísimo, aguanta
los parones en medio del viaje del toro; la res se rompe el menudillo de
la mano derecha, por lo que abrevia y mata de una estocada desprendida. Lo
ovacionan.
Valentía
Ante unos enemigos que no se prestaron a ningún lucimiento, al torero de
Játiva sólo le quedó estar muy valiente. Su primero fue protestado por
cojo y le costó una gran bronca al presidente no devolverlo a los
corrales. Rebrinca en varios picotazos y no se deja picar. La pelea en la
muleta es entre enganchones, coladas y buenos muletazos, arriesgando mucho
el coleta José Pacheco 'El Califa'. Terminó el bicho aquerenciado en las
tablas.
El que hizo quinto tuvo una lidia parecida, aunque
en el capote se dejó dar algunas de las mejores verónicas de la tarde.
Lo lleva al caballo por chicuelinas al paso que se ovacionan al remate.
Brinda al público y también muletea entre achuchones y pases muy buenos
que se jalean. Es cogido y recogido del suelo muy espectacularmente antes
de rajarse en las tablas el cornúpeta. Pinchó varias veces con la
espada.
Difícil papeleta
Alfonso Romero la tuvo difícil al volver a Lima. Su primero, al que
lancea bien, se rompió el pitón izquierdo de salida. El animal se aploma
pronto y pronto también desarrolla mucho sentido, por lo que acorta la
faena con muy pocos pases y se lo quita pronto de encima.
En el sexto no se acopla con el capote y ya sale
muy quebrantado del tercio de varas. Brinda a Gisella Valcárcel, que
estaba en una barrera de sombra, y en el primer muletazo hay una gran
colada que condiciona el trasteo. Con oficio, incitando la embestida con
zapatillazos, logra algún muletazo lucido, pero el toro desluce cualquier
intento. Gran estocada cierra esta corrida para el olvido
El Comercio de
Perú. Lunes, 29 de octubre´2001. Bartolomé Puiggrós. Acho
no vibró en la segunda de la feria
Salvo el primero que fue muy bueno los demás dejaron mucho que desear,
sosos, escarbando y echando al cara al suelo, fueron noblotes pero sin
transmisión. El esmero del ganadero es la presentación del ganado y en
esto cumplió don Roberto Puga.
Leandro Marcos de tabaco y oro, pecho con
Tabernero, negro, número 65 con 431 kilos, y Granadino, negro, número
70, con 441 kilos. El primero fue un astado excelente con el que se lució
con el capote en unos lances finísimos, con la pañosa los muletazos son
garbosos y muy ralentizados, son varias series de derechazos con empaque y
cadencia que termina con unas manoletinas de frente ceñidísimas. Recogió
una ovación en el tercio. Al que hizo cuarto se le partió el pitón al
rematar en un burladero. La faena es aseada pero sin llegar al público
por la poca transmisión del astado. Así alargó la faena y se silenció
su gran labor.
Fabián Barba, de celeste y oro, mató a Discreto,
colorado, número 58, con 395 kilos y a Superior , negro, número 69, con
464 kilos. El primero tenía poca fuerza y rodó por los suelos en más de
una ocasión pero con buen son, hay caleserinas en el quite, tardó en
acoplarse con la muleta pero logró estimables pases con ambas manos.
Entre enganchones veroniquea al quinto. Mendiola se desmontera al lucirse
en banderillas. El novillo soso no le permite lucimiento alargando el
trasteo.
Matías Tejela de grana y oro tuvo en suerte a
Pagano, negro, número 67, con 455 kilos y Caramelo, burraco, número 51 ,
con 485 kilos. Lo recibe con tafalleras movidillas en vez de verónicas,
el astado desluce los muletazos y el valentísimo se lo pasa muy ceñido,
un trasteo de valiente aunque se suelte el chaleco, detalle feo.
En un cambio lo coge sin consecuencias y termina
con bernardinas ceñidísimas. Al sexto, un toro, lo recibió con una verónica
de rodillas, y los lances fueron uno a uno. El Pato también fue
ovacionado al banderillear, después todo fue también de uno en uno por
la condición del bicho muy aplomado.
Entre Barreras
Leandro Marcos: "Realmente he disfrutado mucho
con mi primero, quedó un poquito molestito después de la pica, y una
pena que no lo haya matado como al segundo".
Rabian Barba: "Acho es un coso con personas
muy entendidas, me llevo una muy grata impresión de la gran afición limeña".
Matías Tejela: "Qué importante es torear en
esta plaza de Lima, aquí saben de toros".
El Comercio de
Perú. Lunes, 22 de octubre´2001. Bartolomé Puiggrós. Novillero
Marín cortó una oreja
En la novillada que forma parte del Encuentro
Mundial de Novilleros, que abrió ayer la Feria del Señor de los Milagros
de 2001, el novillero barcelonés Serafín Marín cortó la primera oreja
del ciclo. Pero el protagonista fue esta vez el juez de la corrida por sus
continuos errores, que empezaron por dar pase a una novillada muy bonita
de tipo pero muy chica. Lima debe dar novilladas con más presencia para
que se equiparen a las corridas de toros y la gente no las tome como
espectáculos menores.
Los tres espadas -eso sí, los primeros del escalafón
español- acostumbrados a lidiar reses con más de 500 kilos, se notaron
sobrados con estas. El otro gran error del juez fue permitir que los
picadores de reserva actuaran en tanda. Esas puebas no pueden hacerse en
una feria de la categoría que queremos y creemos tiene Lima y, claro, los
muchachos no acertaron y las reses se fueron sin picar. Cambió el segundo
tercio en varias ocasiones con dos pares. No tuvo, pues, una tarde
afortunada.
Juan Manuel Roca Rey envió un lote bonito y parejo
de tipo, pero muy chico y con poca fuerza. Los novillos cumplieron sin
mayores estridencias y acabaron rajados, incluido el sexto que, con
diferencia, fue el mejor. El cuarto fue devuelto porque, estando cojo,
dejaba los cuartos traseros.
Antón Cortés, de turquesa y azabache, manejó el
percal con finura y clase y con la pañosa hizo dos trasteos muy
parecidos. Estuvo por encima de sus enemigos y fueroncortas las series en
su primero, Descarado, castaño, número 92, con 355 kilos, porque el
astado se quedaba corto después del segundo muletazo. Eso sí, alargó la
faena y lo mató de pinchazo y estocada honda que produjo derrame. Con el
cuarto (bis), Favorito, negro, número 98, con 342 kilos, el más chico de
los lidiados, logró algunos redondos y otros muletazos con mucha
cadencia, también alguna bilbaína y airosos recortes. Larga faena que
cierra con una estocada atracándose. Se silenció su labor en ambos.
El portugués Procuna, de azul rey y oro, pechó
con Afamado, castaño, número 91, con 362 kilos, y con Sublevado, negro,
número 83, con 351 kilos. En los dos estuvo bullidor. Con el capote
instrumentó verónicas, caleserinas y revoleras a su primero y lances a
pies juntos y navarras al quinto. Pero estuvo fenomenal con los palos, en
especial con el que cerró el tercio del segundo de la tarde, que fue al
quiebro en los medios. En el otro hizo alarde de facultades, galleando por
toda la plaza al codicioso hasta entonces novillo. Con la muleta se le notó
muy dispuesto, pero la condición de los cornúpetas, que se acabaron
pronto, no le permitió mayor lucimiento. Así y todo dio la vuelta al
ruedo en su primero.
Serafín Marín, de azul pavo y oro, lidió primero
a Barba Larga, negro, número 89, con 355 kilos, y a Vencedor, negro número
95, con 372 kilos. Recibió a su primero con una larga de rodillas y luego
con dos cambios más de rodillas en muy poco terreno, que fueron
emocionantes. Luego, el alto y desgarbado torero instrumentó lances muy
mecidos y con lentitud. Se oye una ovación a las medias verónicas, que
fueron un cartel de toros. Hay estatuarios, derechazos y pases de pecho
larguísmos en varias series, hasta que el bicho desarrolla sentido.
Estocada y el puntillero levanta al astado dos veces. Ovación.
Lo bueno vino en el sexto. Los lances fueron a pies
juntos y muy ceñidos. Otra media estupenda. En el quite hay chicuelinas
ligadas con tafalleras que resultan un poco embarulladas de tanto
apretarse. Con la muleta logra un gran trasteo por el pitón derecho. Las
series son largas pero, además, mandonas, con temple y en un palmo de
terreno y muy ceñidas, que fueron jaleadas y ovacionadas. Luego hay
varios muletazos de rodillas, incluidas unas treboleras. Resulta cogido -felizmente
sin consecuencias-, logra una estocada entera y corta así la primera
oreja de la feria.
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