|
Acto por el cual un
matador de toros eleva a su misma categoría a un novillero. Para
ello, el aspirante tendrá que acreditar 25 novilladas picadas en
las dos últimas temporadas.
Ceremonia
|
|
NOVILLADA
|
|
En las novilladas
sin picadores se
juegan reses de 2 a 3 años. En las que actúa el varilarguero son
de 3 a 4 años. Pueden lidiarse novillos "limpios", o
procedentes de desecho de tientas, y defectuosos.
|
|
REGISTRO
GRAL. DE
PROFESIONALES TAURINOS
|
|
Los novilleros que
actúen con picadores deben estar inscritos en la Sección II del
Registro. Aquellos que lo hagan en festejos sin caballos deben
estar inscritos en la Sección III. |
|
|

DIEGO LUQUE
Granada, 1987
Nombre completo: Diego Ogáyar Luque.
Otros datos: es arquitecto técnico. Fue alumno de la Escuela Taurina
de Granada.
ABC, 13/02/2008. EUGENIO CAMACHO.
Más cornás da la vida
«Tú respira sin pensar, y yo... ya no pienso más que en respirar». Es la frase que mejor resume la vida de las personas que padecen fibrosis quística, enfermedad hereditaria sin cura que afecta sobre todo a la respiración y a la digestión. La causa un gen defectuoso que le indica al cuerpo que produzca un fluido anormalmente espeso y pegajoso llamado moco que se acumula en las vías respiratorias de los pulmones y en el páncreas. lo que ocasiona infecciones pulmonares potencialmente mortales y serios problemas digestivos.
La mayoría de las personas afectadas vive hasta pasados los 30 años, aunque algunas mueren durante la niñez y otras logran llegar hasta los 40 años o incluso más. En Andalucía, uno de cada 2.500 niños nace con la enfermedad.
Diego Ogáyar es un granadino de 21 años cuya gran pasión son los toros. La afición le viene desde muy joven. Con sólo 14 años, «Dieguillo» ingresó en la Escuela de Tauromaquia de Granada. Como la palabra «imposible» no cabe en su vocabulario, es novillero desde 2006.
Al nacer le diagnosticaron fibrosis quística. Desde entonces, su familia le ha prestado un cuidado muy especial. No hace mucho, la esperanza de vida apenas era de cinco años, pero ahora, gracias a los avances médicos, algunos han creado su familia, pero queda camino por recorrer.
A pesar de su enfermedad, Diego lleva una vida normal. Hace un año terminó la carrera de Arquitecto Técnico en la Universidad de Granada y tiene una novia con la que espera formar una familia algún día.
Diego Luque, como quiere que le conozcan en el mundo taurino, toma el apellido materno «porque Ogáyar no lo suelen escribir bien», pero sobre todo porque a su madre, Encarnación, le debe la mentalidad luchadora y el afán de superación: «Me enseñó a no rendirme ante las dificultades y a no ver la enfermedad como una carga, sino como un regalo de Dios, que te hace ver la vida de otro modo y a valorarla más». La idea de ser torero no es algo que agrade mucho a Encarnación, quien le recuerda que no le haría ninguna gracia que un toro se lo llevara por delante. «Yo le digo, medio en broma y medio en serio, que prefiero morir delante de un toro que en una cama de viejecito».
Y es que desde muy pequeño se ha visto obligado a superar muchas enfermedades. Nació con una parte del intestino separada -artresia yeyunal congénita, pero gracias a un médico amigo de su padre, que se arriesgó a intervenirle cuando nadie se atrevía a hacerlo, hoy puede contarlo.
Es su fe inquebrantable el principal sustento de este joven, que reconoce que «una persona con mi enfermedad sólo le encuentra sentido a la vida si cree, de lo contrario esto es un sinsentido». Y hasta tal punto la siente que asegura no concebir su vida sin la enfermedad: «Es como un regalo muy especial que me ha hecho Dios. Me ayuda a ser valiente, y a ponerme delante de un toro bravo, capaz de quitarte la vida. En mi caso, además, sé que llevo dentro otro animal bravo que me puede empitonar en cualquier momento».
El toreo le ha servido para olvidarse de la enfermedad en los momentos bajos, a hacer deporte y a torear en el campo, en «Las Cobatillas», la finca donde pastan las reses de la ganadería de Ana Romero, que es donde disfruta con más plenitud de su verdadera pasión.
Inmerso en el proyecto de final de carrera, Diego no pierde de vista su compromiso con la Asociación Andaluza de Fibrosis Quística. Así, está tratando de recabar apoyos para celebrar un festival taurino con fines benéficos, «ya que la ayuda económica que tenemos es muy limitada», además de un almuerzo, igualmente benéfico, el 8 de marzo en el Palacio del Capricho, en Granada. El fin es lograr recaudar los fondos para poder contar con una unidad en Granada, similar a la que existe en Málaga, para tratar esta enfermedad.

Diego Luque
|
|