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Morante de la Puebla,
autor de la mejor faena de la feria de Osuna´98 |
Morante, triunfador de la Fertia de Abril en la
Real Maestranza 1998
Alternativa de Morante de la Puebla
Morante de la Puebla no tuvo toros
en Madrid para su confimación
ABC. Sevilla
El diestro sevillano Morante de la Puebla ha sido proclamado
autor de la mejor faena de la pasada feria de mayo en Osuna, después de su actuación en
el coso ursaonés el pasado 16 de mayo. El Círculo Taurino, entidad que concede los
galardones, decidió también conceder el premio destinado al mejor par de banderillas al
torero de plata Carlos Casanova, de la cuadrilla de El Tato. El premio al mejor caballero
rejoneador ha recaido en Antonio Domecq, quien actuó el 17 de mayo.
El País. JOAQUÍN
VIDAL, Madrid. Edición del 15 de mayo´98. Ficha técnica de la corrida
en Las Ventas
¿Dónde hay un toro?
Siguen saliendo los toros inválidos y amodorrados. Es decir, que sigue saliendo el toro
que no es toro. Oiga ¿y dónde hay un toro?.
La pregunta requiere respuesta; la afición la exige. No puede ser que, de repente, la
ganadería de bravo entera haya perdido su bravura y su fortaleza. No puede ser que la
ganadería de bravo entera se haya quedado paralítica.
Que dónde hay un toro, oiga.
Se quejaban los habituales -y conspicuos- de que estas mal llamadas corridas de toros
hacen perder la afición. Pero no sólo eso: es la fiesta la que está perdiendo a la
afición. Muchos aficionados hace ya tiempo que dejaron de ir a los toros. Y sigue el
desfile, porque el espectáculo que están empeñados en imponer los taurinos no es
aquella fiesta del arte y del valor que ganó satisfacía sus inquietudes y arrebató sus
corazones. De la fiesta del arte y el valor a la sórdida peripecia carnicera en que
la han convertido hay un trecho. Esta sórdida peripecia, a poco que se piense y con
un mínimo sentido común que se tenga, es una brutalidad intolerable, es la vergüenza
nacional.
Salían los toros y a las pocas carreras ruedo a través quedaban convertidos en borregos.
Luego aparecían los individuos del castoreño y les daban leña. Unos sujetos montados
sobre enorme percherón forrado de guatas, ellos protegidas ambas piernas con la moña y
la gregoriana -que son hierros-, empuñando larga vara de acerada puya... Y todo eso para
apiolar borregos; qué barbaridad.
Los toros de Sepúlveda, flojuchos y claudicantes, deambulaban por allí sin asomo alguno
de bravura ni ganas de pelea. Sólo querían que les dejaran en paz. Sólo volverse por
donde habían venido y dormir al arrimo de una encina. Sobre todo dormir. Ninguno podía
sacudirse la modorra, y si los toreros les presentaban el engaño se quedaban aletargados
o lo tomaban de mala gana.
Para su bien hubo torero que no les presentaba ni los engaños ni nada. Ése fue Julio
Aparicio. Al parecer traía Julio Aparicio el propósito de no dejar pasar cerca de su
aflamencada figura toro alguno, y a fe que lo consiguió. No dio ni un pase, se dice
pronto. En vez de dar pases manteaba la cornamenta de los aborregados toros y no le
valieron de acicate ni las broncas ni las rechiflas del respetable. Un caso de desfachatez
digno de estudio.
Morante de la Puebla tuvo en cambio el decoro de intentar el toreo, buscarles las vueltas
a los impresentables especímenes. Sin resultado alguno con el de la confirmación, un
anovillado ejemplar que roncaba. Al sobrero de Cortijoliva le construyó una faena a base
de derechazos y naturales bien ligados y además tiró de repertorio para enlazar las
tandas con torería mediante trincherillas, cambios de mano, molinetes, el kikirikí,
ayudados de diverso estilo. Claro que apenas se le dio importancia pues tal sobrero no
tenía trapío, ni fuerza, ni bravura; únicamente docilidad y somnolencia.
El Cordobés, que empezó de rodillas su primera faena y estuvo pundonoroso, suplió con
actitudes bullidoras, gestos para la galería y amplias sonrisas, su incapacidad para
torear con arte. Y le resultó rentable: le aplaudían mucho.
El segundo toro de El Cordobés lo devolvieron al corral por inválido, compareció la
parada de cabestros y el rijoso del día anterior se le arrimó raudo. Lo hizo por
detrás, naturalmente, y no perdió el tiempo: lo montó de un salto. No pudo consumar sus
libidinosas intenciones, sin embargo, pues el toro debía de estar inapetente y se lo
quitó de encima.
El sobrero, cárdeno arromerado, un tanto albahío, armonioso de lámina y guapo de cara,
era una preciosidad. Si llega a verlo el cabestro rijoso, lo desbarata. Pero se le han
debido acabar estas alegrías. Cuando devolvieron al corral al sexto no salió con la
parada de cabestros: lo habían dejado dentro, castigado por malo.
Vaya toros, los de ahora. Cómo serán que hasta los cabestros les dan por bullen.
Ficha Técnica (El País)
Sepúlveda / Aparicio, Cordobés, Morante
Toros de Sepúlveda, de aceptable presentación excepto 1º, flojos,
descastados,adormilados; dos devueltos por inválidos. Sobreros: 5º de Cetrina,
bonito, inválido. 6º de Cortijoliva, de escaso trapío, dócil. Julio Aparicio: media
atravesada caída a paso banderillas y tres descabellos (bronca); pinchazo, estocada corta
trasera contraria y rueda de peones (bronca). El Cordobés: pinchazo y estocada (ovación
y salida al tercio); estocada tirando la muleta (ovación y salida al tercio). Morante de
la Puebla, que confirmó la alternativa: pinchazo, media escandalosamente atravesada,
cuatro descabellos -aviso- , descabello yse sienta el toro (silencio) ; cuatro pinchazos y
dos descabellos (palmas). Plaza de Las Ventas, 14 de mayo. 9ª corrida de abono.
Lleno.
El Correo de Andalucía
El diestro sevillano Morante
de la Puebla tomó su alternativa en la tarde del domingo, 29 de junio de 1997,
cortándo dos horejas y saliendo a hombros de la plaza de toros de Burgos, donde se
celebró la tercera de abono de la feria de San Pedro y San Pablo. Se lidiaron seis toros
de Juan Pedro Domecq, bien presentados, nobles y
algunos escasos de fuerza. Morante de la Puebla, oreja y oreja. César Rincón, silencio y oreja. Fernando Cepeda, silencio y oreja. El
banderillero José Ibáñez, de la cuadrilla de Morante, sufrió una cogida en el sexto de
la tarde. Fue intervenido quirúrgicamente en la enderemería de la plaza de una cogida
que, en principio, no reviste gravedad. Tres cuartos.
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