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“CONOCER Y
SELECCIONAR EL
GANADO
BRAVO DE LIDIA” |

Por Juan Mª Padró Simarro
En primer lugar y como no podría ser de otra forma, quiero dar las gracias a los presentes, al autor del libro, D. José Rufino Martín, por brindarme el reto y el honor de participar en la presentación de esta obra fruto de su inquietud, de su ilusión, de su inteligencia, de su sabiduría y de su valentía, y a la Cátedra Ignacio Sánchez Mejías de la Universidad de Sevilla, representada por su Director D. Juan Carlos Gil, como ilustre entidad organizadora de este acto.
Cuándo me lo propuso lo primero que pensé fue ¿Y por qué yo?, un veterinario, aficionado a los toros, pero desconocido en la mayor parte de los círculos taurinos, poco aficionado a tertulias y a eventos sociales relacionados con este mundo. Por que no un prestigioso periodista, o alguno de los eruditos en la materia que por sus conocimientos y prestigio probablemente darían mas realce a esta presentación. Y además para presentar un libro de un ganadero que esta en la cresta de la ola (como acreditan sus sonados triunfos y con perspectivas inmejorables para la presente campaña) y en Sevilla, ciudad mítica en esta materia y en la que cualquiera es un entendido. Lógicamente intenté convencerle de que no lo hiciera, que buscase gente más importante ya que la ocasión lo merecía, no hubo forma, así que aquí me tienen ustedes, un aficionado a los toros que ni siquiera nací aquí, en esta tierra a la que tanto quiero y a la que debo casi todo. Espero no decepcionarles.
Que decir del autor, D. José Rufino Martín, hombre perteneciente a una familia de larga tradición ganadera, que ha echado los dientes entre toros y que solamente con lo que oía en su casa, atesora mas conocimientos sobre esta materia que la mayor parte de los estudiosos, ya que su sabiduría está basada y compuesta por sensaciones vividas en propia persona mientras se criaba y mientras se hacía hombre, por palabras de sus mayores, en definitiva por aquellas cosas imposibles de aprender en los libros. Pero es que los libros también los conoce y los estudia, no se conforma con lo que ya sabe, es curioso e inconformista, no le basta con lo que ha conseguido, siempre quiere más para nuestra fiesta. No se acomoda en el momento dulce que vive su ganadería, sigue investigando, pide a los aficionados (también a los del tendido del 7 de Las Ventas) que le exijan más ya que ahora su responsabilidad es mayor, que no se conformen con cualquier toro que les pongan por delante. Él explica muchas veces que en su familia siempre le enseñaron que en los toros hay que buscar tres cosas, fijeza, duración y recorrido, y si conocemos en algo al autor, esos rasgos se reflejan ampliamente en él. Fijeza: porque cuando se impone un objetivo, lo persigue y lo lucha por encima de todo, con gran tesón y empleando todos los medios que tiene a su disposición. Duración: es inagotable, un torrente de energía que además sabe implicar a los que le rodean y forman su equipo. Sabe aguantar con firmeza las embestidas de la vida. Recorrido: Él sabe que su misión es a largo plazo, que los triunfos rápidos son efímeros y que su labor no se reduce a un tiempo breve sino que ocupará toda su vida y probablemente la de las siguientes generaciones que recojan su legado.
Cualquier aficionado de hoy en día, y cuando digo aficionado, me refiero a aquellos que van a los toros esperando recibir un montón de sensaciones de emoción, de dominio, de lucha, de arte, sabe que lo más probable es que reciba aburrimiento, tedio y bostezos. ¡Es sorprendente que siga yendo a los toros tanto público!, dadas las expectativas que la razón te sugiere y los altos precios de las entradas. Lo que pasa es que cuando se tiene la suerte de contemplar una corrida en la que se lidian toros encastados y bravos, todo se transforma e independientemente del discurrir de la lidia, aparece la emoción, todo cobra sentido, la lucha se equilibra y se ponen las condiciones para que en su caso surja el arte de los matadores, esto es lo que crea afición. Lo que echa a la gente de los ruedos son los toros sin sustancia, sin transmisión, sin casta, aquellos a los que aunque se les den muchos pases, éstos, no emocionan, no dicen casi nada. Cuantas veces esta la gente comentando distraídamente diversos asuntos mientras los toreros torean. Existe un evidente hartazgo entre la afición a ver ganaderías sin personalidad propia, y que aburren hasta la saciedad.
Yo diría que este es uno de los motivos que ha empujado al autor a escribir el presente libro. El no quiere ese toro de antes, que únicamente producía corridas de poder, de fuerza, en las que la única y complicadísima misión del torero y probablemente lo único que podía hacer, era dominar al toro hasta doblegarlo y dejarlo preparado para estoquearlo. Él lucha por un toro importante en el ruedo, exigente con los toreros, que de sensación de igualdad en la lucha, con fijeza, transmisión y recorrido, que por su bravura después de pasar por el tercio de varas y por el de banderillas, llegue con fuerza al tercio de muleta (para el autor el principal), y que además (que difícil) permita crear arte en cada lance y en cada pase. Un maravilloso pase a un carretón no es arte, porque cualquier arte para serlo tiene necesariamente que producir y transmitir emociones.
España como decía el “eslogan” de antaño “es diferente”, aunque sea solamente en algunas cosas. Hemos sido capaces de crear, al contrario de lo ocurrido en otros países europeos, razas de animales que no sirven para nada desde el punto de vista productivo, no son las que producen mas carne o más leche o las más fuertes o rápidos, nosotros creamos razas de animales que generan en las personas sensaciones difíciles de valorar porque transmiten emociones, por ello, por ejemplo, hemos criado gallos que no producen carne, solo son agresivos (gallos de pelea), el caballo español, que no es ni el mas rápido ni el mas fuerte, ni el mas resistente, pero es el mas bello, el mas armónico y el que bracea mas bonito, dentro de esas características esta la raza de ganado bovino bravo para la lidia, como le gusta denominarla con razón al autor.
Estamos ante un reto casi utópico, ya que la selección de las características que conforman la bravura para la lidia (el autor distingue la bravura de la bravura para la lidia) son muy difíciles de definir y además no hay un acuerdo entre los ganaderos, ya que cada uno tiene un concepto de bravura diferente (el lo llama el “son” de cada ganadería), cada uno busca cosas diferentes. La selección en las ganaderías de toros bravos para la lidia, no es para nada fiable. Al contrario de lo que ocurre por ejemplo con otras razas de bovino seleccionadas para producir carne o leche, y en las que tenemos absoluta seguridad de que de una línea pura de cualquier raza obtendremos animales con una conformación determinada, y que producirán cantidades previstas de carne o en su caso leche, en el ganado para la lidia solamente tenemos la incertidumbre de que cuando un toro sale al ruedo, no sabemos como se va a comportar y suele ser mas habitual que no cubra las expectativas de bravura a que si las cumpla. Se ha conseguido para cada encaste un tipo mas o menos definido, pero que no lleva aparejados necesariamente los genes de bravura deseados. Por lo que a la postre, podemos tener un toro de gran trapío y que sea perfectamente inservible para la lidia. Todos vemos continuamente toros de preciosas hechuras, de perfecto trapío, que no quieren salir al ruedo, que escarban, que se asustan de todo, con malas intenciones, que no acuden al caballo, que cuesta una vida banderillearlos, que se quedan parados en el ruedo, que se aculan contra el burladero y que no hay quien los mueva, es decir que no han reproducido los caracteres que se les suponen a sus progenitores, que habían sido previamente elegidos por los habituales sistemas de selección de las ganaderías bravas.
El método tradicional de selección, según dice el autor y a lo que yo me sumo, no garantiza la fijación de los caracteres que nos interesan relacionados con la bravura. No somos capaces, en definitiva, de fijar la bravura de una forma fiable, permanente y segura.
El título del libro que hoy se presenta “CONOCER Y SELECCIONAR EL GANADO VACUNO BRAVO DE LIDIA”, resulta de apasionante lectura, y podemos decir que es toda una declaración de intenciones y a través de sus páginas vamos descubriendo sus valientes opiniones y sus inquietudes sobre la Fiesta. El autor nos propone cambios en las formas de actuar en la selección de los animales que conforman las ganaderías de toros bravos de lidia, nos aporta nuevos conceptos y términos para definir algunos aspectos. Nos habla del carácter de los españoles que han creado esta fiesta, considera con gran razón a estos animales como parte de una raza “rara”. Rara no por escasa, sino porque no es una raza pura, son animales producto de cruzamiento entre los encastes originarios y de muchas ganaderías entre sí. A excepción de la raza de ganado vacuno bravo de lidia, cualquier otra raza se puede crear de forma artificial y metódica por la mano humana.
Porque una raza pura es aquella que independientemente de su origen está constituida por animales de la misma especie con características comunes y bien definidas, que se transmiten con fiabilidad de generación en generación.
Básicamente para crear una raza, lo primero que se hace es definir teóricamente las características que perseguimos
(standard racial). Una vez definidas (capa, altura, peso, conformación, uso o destino de la misma, etc...)
elegimos un grupo de animales que entre todos las reúnan en su totalidad, a continuación, por cruzamiento obtenemos unos animales que las reflejan en su conjunto (estos animales evidentemente son híbridos). Una vez conseguidos los híbridos que reúnen las características buscadas, se procede a cruzarlos entre sí y después con su descendencia para así mediante cruces consanguíneos conseguir una variabilidad en los caracteres casi nula. Esto evidentemente no se hace en el ganado de lidia ya que entre otras cosas falta lo más importante, que es definir con exactitud y precisión que es lo que buscamos. Para complicar mas aun la cosa, desconocemos que genes son los que trasmiten la bravura y tampoco sabemos si se reflejan en algún carácter visible.
El libro genealógico de la raza de vacuno de lidia es distinto a los demás libros genealógicos empleados para otras razas bovinas. En este libro se inscriben como si se tratase de una sola raza, todas las “subrazas” o encastes que componen el mundo taurino. Si cruzamos dos animales de diferentes encastes, los productos de estos cruces se podrían inscribir en el libro y serían a todos los efectos considerados animales puros. Esto sería imposible de asumir en cualquier libro genealógico de razas por ejemplo de vacuno de carne. Si cruzásemos un toro charoles con una vaca limousina, el producto nunca sería inscribible en el libro.
Propone la creación de un organismo que sin olvidarse de la tradición, pero sin seguirla aporte o facilite a los ganaderos la tecnología y los medios necesarios para avanzar de una forma científica hacia los objetivos señalados que no son otros que los de mejorar sustancialmente la bravura particular de cada ganadería.
También propone que se formen profesionales en la Universidad para que asuman funciones bien definidas, que sin desplazar la labor del ganadero la completen y ayuden a conseguir transmitir de una forma fiable y segura las características de la bravura de cada ganadería. La selección se debe de realizar de forma objetiva y no subjetiva como se hace actualmente.
Nos describe los orígenes del toro de lidia, que hasta el siglo XVII era una fiera salvaje, animal símbolo de fortaleza, bravura y acometividad, pero absolutamente inadecuado para la demanda actual, hasta este actual que permite una buena lidia en la que el torero puede desarrollar todo lo que sabe y en su caso producir ese tan difícil arte de la tauromaquia. En este caso se ha realizado con mayor o menor fortuna una domesticación de parte de los caracteres originarios para conseguir este toro de hoy en día. La propia evolución de la lidia ha sido la que ha ido modificando al toro, por lo que nada tiene que ver el toro bravo clásico del toro bravo de lidia. De la misma forma se podría distinguir fácilmente el toro manso de antaño, del toro manso actual. En definitiva hemos pasado del toro de fuerza, al mal llamado toro de arte, porque los toros –como dice bien el autor- no hacen arte, el arte solamente lo hacen las personas. El toro además de ser bravo, debe ser lidiable. Él sugiere la creación de una
subrraza derivada de la de toro bravo denominada “toro bravo de lidia”.
Todos conocemos la diferencia entre corridas toristas, corridas toreristas y corridas fuera de tipo, en este tema el autor también nos da su opinión inclinándose, creo yo, por las corridas toristas, ya que aunque son las que puedan poner en mas dificultades a los toreros, si estos están a la altura, obtendrán éxitos de gran importancia ya que todo lo realizado en el ruedo es importante. Asimismo indica que los toros llamados fuera de tipo –siempre que su nacimiento no se haya producido por cruzamientos extraños y se trate de animales pertenecientes a ganaderías con una línea consolidada- en general son animales que debido a su buena crianza han desarrollado en su plenitud toda la carga genética que atesoran y que eso no debe de ser un inconveniente para su lidia, no por tener un mayor volumen van a estar faltos de fuerza. Se pregunta si seguir mejorando y progresando técnica y científicamente en el desarrollo de esta raza va a llevar a la perdida de las características que tienen para la lidia. La respuesta en rotundamente “no”.
El autor diferencia entre el tipo de toro que se lidia en Madrid y en general en el norte de España, del que se lidia en Andalucía. En esta tierra, se lidian en general toros con menos presencia, y esto va en detrimento de la fiesta, de los ganaderos y de los toreros aunque sean a veces corridas que propicien muchos triunfos.
Afirma literalmente, que Madrid no admite una mojiganga como corrida de toros, quiere autenticidad en las corridas que se celebren en ese coso, no quiere el toro bobo, quiere el “toro-toro” y no se casa con nadie que le impida exigir lo que quiere y demanda. Por eso cuando los espectadores de esta plaza no ven ese espectáculo que desean y exigen, protestan con ahínco y piden lo que no se les ha dado. Esta es la causa de que un triunfo en esa plaza tenga mucho mas valor que en ninguna otra y de que sea la plaza más importante del mundo. El nivel de exigencia de los espectadores de corridas de toros, aunque cada grupo con sus características, debería de tener la exigencia ejemplar del público de Madrid.
Cuando hablamos del trapío del toro, se concluye que la bravura no está ligada de una forma evidente al trapío, cuantas veces vemos toros de impecable trapío (absolutamente encajados en las hechuras o en la imagen correspondientes a su encaste) que han sido un autentico desastre por falta de condiciones para la lidia. La bravura esta evidentemente ligada a los genes o mejor aun a la combinación de varios.
Se propone por parte del autor, la creación de una serie de términos que definan con precisión todos los aspectos relacionados con este mundo y en particular con los relacionados con la selección, que permitan el entendimiento entre todos y facilite el progreso de las tecnologías que ayuden el desarrollo de esta raza. Evitar frases del tipo “en esta ganadería los toros colorados son los bravos”. Por supuesto que ni el que las pronuncia se las cree, por que si estuviera seguro de su afirmación solamente dejaría animales de este color en su ganadería.
Una parte importante del libro, la dedica el ganadero a las asociaciones de criadores y al Libro Genealógico. Explica que existen socios de las mismas que no son ganaderos aunque si lo fueron en el pasado, y que es difícil de justificar su presencia en entidades de este tipo, o de igual modo porque posean algún hierro sin tener ganado.
El Libro Genealógico debe ser una herramienta de control no solo de los nacimientos, sino de la aptitud para la lidia de los animales inscritos. Para no bajar la bravura de las reses de lidia, solo deberían de alcanzar la inscripción en el Registro Definitivo de Libro, aquellas reses que cada ganadero considere aptas para la lidia después de las pruebas pertinentes. Las reses no aprobadas deberían de formar parte de un Registro Especial (no del Definitivo) que las incluyera solamente como pertenecientes a una ganadería, pero no como bravas para la lidia, por lo que si alguien las compra con intención de registrar la descendencia de las mismas en el Libro Definitivo, estas deberían de ser probadas en su bravura antes de su inscripción.
El fin del Libro Genealógico, debe ser garantizar la pureza y la existencia en el tiempo de una raza “rara”, cuyo único nexo de unión es la bravura, aunque esta sea diferente en cada ganadería. La inscripción de reses no aptas, caso de que se realicen, va contra los principios del Libro, contra la bravura que deseamos y en definitiva contra la lidia.
El comportamiento de los toros ante una agresión o un estímulo está propiciado en primer lugar por su carga genética y en segundo lugar por el aprendizaje que desarrolla a lo largo de su vida, bien por la influencia del medio o por la mano del hombre. Este comportamiento en lo concerniente al tema que nos ocupa es decir la lidia, lo expresa y desarrolla en gran manera en el ruedo o en su caso en el tentadero. En el tentadero implantamos en los animales aptos para la lidia vicios no buscados.
En teoría un animal con bravura para la lidia, no debería de demostrar defectos antes de que se los introduzcamos durante el tentadero. Si los demuestra, será bravo por origen pero no bravo para la lidia y por lo tanto será rechazado como reproductor. Este comportamiento ya no se repetirá mas y convertirá al animal tentado en inservible para la lidia, pero si pasa correctamente la prueba entrará a formar parte de los reproductores de la ganadería y por lo tanto al Libro Definitivo. El autor se pregunta con cierta preocupación si este comportamiento adquirido en los tentaderos pudiera ser transmisible en alguna medida a la descendencia, en mi opinión no.
Una de las conclusiones fundamentales del autor, es mi opinión cuanto menos discutible. Piensa que como probablemente se herede el comportamiento inducido en la tienta, y este es desfavorable, si cambiamos los métodos de selección por otros que induzcan a un comportamiento deseable, y este será asimismo transmisible, conseguiremos grandes resultados.
Sobre los objetivos de la selección de esta raza dice literalmente: “La selección que nos interesa, es la de seleccionar para reproducir con evolución lo que hemos seleccionado, seleccionamos o escogemos (no para usar, sino para una evolución y una transmisión) para efectuar una evolución de la bravura que buscamos en nuestras reses de lidia de forma que la bravura seleccionada evolucione y se trasmita de padres a hijos en función de lo que demanden los espectadores en cada época.
Para cada ganadero, las necesidades de la lidia de hoy son diferentes. En algunas ganaderías, esta adaptación a las necesidades de la lidia actual, ha destrozado la bravura que atesoraban. En este punto, en mi opinión, es de vital importancia saber interpretar lo que dicen los aficionados, dando también audiencia pero en su justa medida a lo que dicen los empresarios, los veedores, los apoderados, incluso los toreros, para no perder nunca de vista que el que manda aquí es el publico y es al que hay darle lo que pide. Si esto no se hace con rigor, es fácil perder el objetivo y caer en la selección de unos caracteres que solamente interesan a gentes que manejan la fiesta de forma interesada.
A pesar de algunas de las cosas dichas antes, para el ganadero autor del libro, el tentadero, sobre todo al tener pocas herramientas de selección, sigue siendo la herramienta fundamental para la selección, dentro de las ganaderías bravas para la lidia, y por ello nos explica de forma sincera (es difícil que un ganadero cuente de verdad lo que hace en un tentadero, en ocasiones esta actividad es como si fuera todo un secreto de Estado) y magnífica por su concreción y método para su realización.
En definitiva, nos da una lección magistral de cómo se debe desarrollar un tentadero.
Como resumen del libro, diré que en el mismo se aboga por algunas de las siguientes cosas:
· Por cambiar algunas actitudes en los ganaderos.
· Por usar mas las tecnologías y los profesionales disponibles hoy en día.
· Por apoyar la creación de estructuras que elaboren planes de selección científicos y que se utilicen criterios medibles y uniformes.
· Por definir con claridad los parámetros de esta raza o razas.
· Por elaborar un lenguaje entendible por todo el mundo y que defina los conceptos de forma única y fiable.
· Por pedirle al público que sea exigente
· Por utilizar en los sistemas de selección tradicionales, métodos o criterios técnicos a ser posible medibles, que eviten influencias distorsionadoras de la verdad.
· Por modificar aspectos del Libro Genealógico de la raza bovina de Lidia.
· Por evitar los cruces entre ganaderías o encastes para obtener triunfos rápidos pero efímeros.
· Por conservar al máximo lo que queda de las castas fundacionales, ya que su perdida sería irreparable y conllevaría la desaparición de genes que seguramente alguna vez necesitaremos, ya que son como la caja de seguridad que contiene la esencia de esta raza rara.
Por último, quiero decir que para mi este no es el libro escrito por un técnico ni por un literato, sino una obra escrita por un ganadero sabio, honrado, valiente y comprometido con su tiempo y con su gente, y que recomiendo encarecidamente su pausada y meditada lectura.
Enhorabuena y éxito.
Gracias.
Juan Mª Padró Simarro
>Director de la O.C.A. del Poniente de Sevilla
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