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Corrida
de la Hispanidad en Sevilla : Triunfo de Jesulín de Ubrique en mansa corrida de Moura
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Real Maestranza de Sevilla
Corrida de la Cruz Roja. Tarde del 12 de octubre de
1997. Última de temporada
Crónica de Antonio
Lorca (El País)
Ficha Técnica
Ganadería: Romao Moura,
excepto el sobrero, de Hermanos San Pedro.
Todos mansos, excepto el sobrero, muy noble.
Diestros:
- Curro Romero (media
estocada contraria, silencio; pinchazo y media estocada baja, silencio)
- Emilio Muñoz
(bajísimo meteysaca, silencio; media estocada tendida, silencio)
- Jesulín de Ubrique
(pinchazo en su sitio y descabello, oreja y vuelta; pinchazo desprendido y descabello,
aplausos y petición insuficiente de oreja)
Incidencias:
- El tercero de la tarde, de Romao Moura, fué accidentado al salir y derrotar contra el
burladero, y murió en el ruedo al instante. Fue sustituido por el 1er sobrero, de la
ganadería de Hermanos San Pedro.
- La autoridad realiza propuesta de sanción al banderillero de la cuadrilla de Curro
Romero, Emilio Fernández Morales, por hacer derrotar innecesariamente al tercer toro
contra el burladero. Ello podría contravenir lo dispuesto en el artículo 71.3 del
Reglamento Taurino.
Presidente: Gabriel Fernández Rey
Tiempo: soleado y calor en los primeros
Poco más de media plaza
El País. Antonio
Lorca
Jesulín, un torero completo.- Lo que son las cosas: estaba entre
el Faraón de Camas y el torero de la trianera calle Pureza, y el artista fue él,
Jesulín de Ubrique, un diestro de masas, criticado por los aficionados y vituperado por
su sentido moderno del toreo. Lo cierto es que Jesulín toreó en La Maestranza como un
artista consumado. Su faena con la muleta
fue una lección de temple por ambas manos, de lentitud y de parsimonia torera. Pases
largos y ligados en una perfecta recreación de cada uno de ellos. Le faltó toro, que se
caía de bueno, y le sobró facilidad. Por lo demás, impecable en su condición de torero
artista. Y en el otro, valiente y lidiador, que es su faceta más conocida. El animal era
soso y descastado, pero Jesulín , valiente y confiado, le obligó a embestir, y aunque la
faena no pudo ser artística, sí fue la demostración de cómo se deben superar las
dificultades de un toro. Sólo un pinchazo le privó de la oreja.
Curro Romero no pudo cerrar la temporada sevillana con la misma vistosidad que lució
en la Feria de Abril. Lo intentó en todo momento, pero su lote, absolutamente inservible,
se lo impidió. En su primero, hizo lo posible por justificarse y, en vista de que no era
posible faena alguna, puso cara de desesperación y mató con rapidez. El cuarto le
permitió aún menos, pero no por ello se desanimó.
Y Muñoz tampoco tuvo toros. Se estiró en unas aceptables verónicas a su primero,
rápidas, de poca profundidad. Después, la expectación se tornó en desilusión: el toro
se refugió en tablas, y allí lo mató Muñoz de un metisaca casi en la barriga tan
vergonzoso como fulminante. El quinto, además de parado, con malas ideas, y Muñoz, que
no tiene madera de héroe, se mostró precavido y acabó de media estocada baja.
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