GANADERÍAS DE ESPAÑA


 

MIGUEL CRIADO BARRAGÁN, EL POTRA

Obituarios

EL MONUMENTO NAVIDEÑO A EL POTRA
Por ANTONIO BURGOS/ 
 
A todos los santos me gusta llamarlos a la sevillana: Omnium Sanctorum.
 
-Pero eso no es a la sevillana, eso es en latín... 
¿Y qué es el latín de la calle Feria, sino raíz del habla sevillana? Omnium Sanctoruim no son solamente unos señores antiguos y lejanos, como los santos que nombraban a las parroquias viejas que igualaban en número a las campanas de la Giralda. Entre todos los santos hay algunos cercanísimos, como los sevillanos. Cómo será de cercana Sor Angela, que no nos sale llamarla Santa Angela de la Cruz. Y hay santos que no están en los altares y no lo estarán nunca. Santos de andar por casa. Santos como romanos penates y lares del Omnium Sanctorum, que conocimos en vida y cuyas virtudes todavía se comentan.
 
Es lo que me ha pasado con un personaje queridísimo, con el veedor de toros bravos don Miguel Criado Barragán, a quien la Universidad de la Puerta Larená de la guasa nombró catedrático de Gramática Parda. Sevilla entera y el mundo del toro lo conocían por el apodo que heredó de su padre, barbero de la calle Valdés Leal: El Potra. Del Potra conocían su labia, su gracia, pero no la parte seria del espectáculo, su toreo al natural de la vida, hondo, cristiano, de principios: su sistema de valores. ¡La cantidad de gente que socorría! Con sus canas de senador romano, tenía Miguel algo de Piyayo, y a chufla lo tomaba la gente. Los que lo queríamos sabíamos sus hondas convicciones de fe, la adecuación de su vida al pensamiento, socorriendo sin que nadie se enterase a los gitanitos, a los que estaban tiesos, a los desheredados. Cada año, por estas fechas de Pascuas, El Potra le mandaba al Padre Leonardo Castillo cajas y más cajas de cosas buenas, gloria navideña, para los gitanos, los hijos de presos, los inmigrantes. Hombre de honda fe, todos desconocían esta faceta cristiana, caritativa y solidaria de El Potra todo el año, que se hacía ONG unipersonal en las Pascuas. No lo supe hasta que ya ido Miguel, el año pasado, por estas fechas, me encontré con el Padre Leonardo y me dijo:
 
-No sabes cómo los hijos de los presos y los gitanitos van a echar este año de menos las cajas que les mandaba nuestro amigo El Potra...
 
Y me contó entonces el Padre Leonardo la verdad de aquella ONG del cristianísimo Potra que todos desconocíamos. Y para que los niños de los inmigrantes y de los presos no se quedaran sin las cajas y sin las ayudas navideñas de El Potra, hice un llamamiento a sus amigos. La gente del toro, los ganaderos, los toreros, los aficionados, sus amigos, se volcaron para ayudar al Padre Leonardo en memoria de El Potra. Ni gitanos ni presos ni inmigrantes se quedaron sin sus cajas de gloria bendita. El Padre Leonardo me llamó y me dijo:
 
-Tú no te lo querrás creer, pero Miguel Criado era un santo. Esto de que los amigos le hayáis hecho este monumento de continuar sus famosas cajas de Navidad es como un milagro suyo.
 
-El milagro de un santo con tan poca vergüenza como gran corazón, padre Leonardo...
 
Un santo varón de caridad callada, al que un año más podemos seguir recordando, al repetir en su memoria lo que hacía. Así que, un año más, transmito a los que fuimos amigos de Miguel Criado la petición del Padre Leonardo. Pueden mandar donaciones en especie o en dinero: calle Manuel Arellano, 12. Y si quieren contactar con Don Leonardo, sus teléfonos son (954) 34 70 23 o (670) 62 12 83. Y si quieren mandar dinero, háganlo a La Caixa, cuenta número 2100-21041-1020-0245260. Así, unas Pascuas más, levantaremos el mejor monumento a Miguel El Potra, aquel sevillano de tanta gracia, tanta hondura y tanto callado hacer por los demás.

ABC, 14/12/2004

Obituarios de Carlos Crivell, Carlos Herrera, José Enrique Moreno.

PortalTaurino.com. 14 de agoto´2003. Los restos mortales de El Potra descansan en el cementerio sevillano de San Fernando.

Los restos mortales de Miguel Criado Barragán, conocido cariñosamente en el mundo taurino por El Potra, descansan ya, para siempre, en el cementerio sevillano de San Fernando, a la sombra de los mausoleos de Juan Belmonte, Joselito, Rafael Gallo, Paquirri... Ganaderos como D. Álvaro Domecq y Díez, toreros como Emilio Muñoz, políticos como José Antonio Viera  (Consejero de Trabajo de la Junta de Andalucía), son solo una muestra de la gran cantidad de personas, amigos, aficionados y profesionales del mundo taurino que han querido acompañar al decano de los veedores taurinos hasta el lugar de su último descanso. El funeral tuvo lugar a las 11 horas de esta mañana en el tanatorio de la S-30, y posteriormente la comitiva se trasladó al cementerio.

Miguel Criado Barragán, falleció en la mañana del miércoles de una insuficiencia cardíaca. Fue intervenido el lunes en el Hospital Virgen Macarena de Sevilla a causa de una aneurosis en la vena aorta que sufrió en la noche anterior, tras presenciar una novillada en la Real Maestranza. Aquél día, por la mañana, El Potra  había visto dos corridas en el campo. En el hospital se le colocó una «bypass», que sus 85 años no han soportado. Quizá el más prestigioso veedor de toros de todos los tiempos (Sevilla, Pamplona...), Miguel Criado ha muerto haciendo lo que le gustaba: ver y entender de toros bravos. 

Miguel Criado acudió el pasado domingo a la plaza de toros de la Real Maestranza a presenciar la novillada anunciada, cuando en un momento dado se sintió indispuesto, por lo que fue examinado por el doctor Ramón Vila en la misma enfermería del coso, para posteriormente trasladarse al hospital. Por la mañana había visto toros en el campo.

Nació en Almonte (Huelva) hace 86 años, comenzó a trabajar en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla a los 16 años. Ahijado en casa de Juan Belmonte, fue mozo de espadas de Manolete en México. Durante 20 años fue mozo de espadas de Álvaro Domecq y Díez, padrino de su hijo Miguel, actualmente veterinario de la plaza de Sevilla. Profesional respetado y admirado en el planeta de los toros. Ya antes de 1936 había embarcado decenas de corridas en Miura y en 1959 era, por su competencia, un hombre de confianza para las principales plazas. Muchos le han señalado como la persona que mejor sabe ver los toros en el campo. 

Los miembros de la comisión taurina pamplonesa, a cuyos intereses ha dedicado buena parte de sus últimas actividades profesionales, coincidían en que en él tenían a un representante activo y eficaz. Su agenda , se ha escrito, puede ser uno de los tesoros más codiciados del mundo de los toros, porque conoce las ganaderías y sus camadas desde el herraje. 

El Potra, junto a Juan Belmonte. EFE

"Pero aún son más importantes sus recuerdos, el mundinovi abigarrado y fiel de su memoria, que abre de cuando en vez para la gente del toro. Porque Miguel Criado nunca concede entrevistas hace declaraciones, maravilla de la discreción bética en unos días en que tantos se dejan ver y manotean, y hablan por hablar, con tal de salir en los papeles, y en la tele, porque eso significa, piensan, tontilocos, que están en el chiquero inaccesible de la fiesta. 
Miguel se dice un mandado que obedece, que va donde le indican y ve si el ganado vale o no para Pamplona, informa selecciona, visita cada cierto tiempo el hato reseñado y comprueba si se hace, lo embarca, viene y no tiene nada más que contar mas que a su poderdante.
A la hora del encierro está en la plaza y se va el primero a corrales y, cuando suena el primer cohete, Miguel , bajo el tupido nogal, besa en silencio su simpecado del Rocío, coge la soga del pestillo, desgrana, desgrana los segundos, espera a que lleguen toros y bueyes y, cuando entran grita dos o tres ordenes y no quita ojo a los seis bravos. Y vive el día entero en función de su trabajo con los toros."

 


MIGUEL «EL POTRA»
 
EL planeta de los toros ha perdido intensidad, entre otras cosas, porque no genera personajes de leyenda. No sabemos lo que ocurrirá dentro de cincuenta años, pero pocos o ninguno de los actores de este arte podrá igualarse en dimensión, misterio, grandiosidad a los grandes que han desaparecido. Quizá José Tomás, no sé. Miguel Criado Barragán -«hijo de legítima madre», añadía él- era uno de los últimos de aquellas filipinas taurinas en las que paseaban seres como Manolete, Camará, Belmonte o El Pipo. Miguel «El Potra», que acaba de morir en Sevilla en un visto y no visto, sin avisos, sin antesala, sin anuncio de enfermedad a sus ochenta y seis años, formaba parte de ese carro de pioneros que anda en la nebulosa de la memoria colectiva y en la mitología de la Fiesta. Con su desaparición, añadida a la reciente muerte del doctor Ríos Mozo, caballero de la plaza y el quirófano, el patio de cuadrillas de los fantásticos queda mucho más vacío. Era «veedor», que es una maravillosa expresión más de esas que el léxico taurino ha regalado al idioma, y desarrollaba su tarea entre el campo, la plaza y los despachos, viendo toros, viendo toreros, viendo la vida en el leve tránsito de un pase de pecho, cerrando ferias y festejos y sembrando el campo de sentencias inalcanzables.
 
En su archivo de recuerdos paseaban los nombres de todos los que han sido algo en los toros e, incluso, quienes no lo han sido, pero raramente hacía público uso de su conocimiento. Jamás se dejó entrevistar, quiero decir. Lo intenté durante años, al igual que contaba ayer en estas páginas Manuel Ramírez, maestro de periodistas -que ni siquiera Manuel consiguiera arrancarle sus memorias ya me hacía desistir de la idea-, y aunque en ocasiones pareciera que estuviera a punto de decir que sí, se zafaba siempre del engaño: parecía que iba a meter la cabeza, pero poco antes de llegar a la seda tiraba un derrote y no había faena. Todo lo más se limitaba a regalarte el apasionante relato de su vida alrededor de unos cuantos amigos en una buena comida, lo cual no era poco (cuando era él quien pagaba, acostumbraba a decir: «no os preocupéis, muero yo»). Socarrón conversador, Miguel ilustraba su plática con un descomunal sentido del humor y un pícaro guiño de permanente tunante, como un aire de golfo adorable que desdecía sus muchos años. Era imbatible. Podía acabar contigo cuando quisiera. De hecho, nunca aminoró el paso: seguía trabajando sin descanso, yendo de aquí para allá, organizando los sanfermines -que tanto le deben y donde tanto le querían- o asesorando a los empresarios de plazas como la Maestranza o El Puerto. Había comenzado como botones de la plaza de Sevilla y había sido mozo de espadas de Belmonte primero y de don Álvaro Domecq después. Y «veedor» de Manolete, entre otros. Es decir, conocía los entresijos de los mejores, de las leyendas de este arte que languidece en medianías y del que parecen ausentarse poco a poco los románticos.
 
Hay quien asegura que la fiesta de los toros acabará desapareciendo a más tardar dentro de unos cuarenta años. Y no porque los necios políticos catalanes la prohíban o porque los europeos nos frían a normas restrictivas o porque los artículos de los antitaurinos disparen las falsas alarmas sensiblonas de la población: lo hará por la falta de emoción y grandeza, por la ausencia de figuras de leyenda, por el aburrimiento continuado del público y por el desastre y engaño manifiesto en que se está convirtiendo este espectáculo inusitadamente bello. Precisamente la muerte de sujetos como Miguel es la crónica anunciada de la desaparición lenta de esa descomunal obra de arte que llamamos el toreo.
 
Que Dios te tenga en su Gloria, querido amigo.
 


Declaraciones de taurinos ante la muerte de El Potra:

José Antonio Martínez Uranga: "Era como un miembro de la familia, mucho más que un amigo. Ha sido un golpe tremendo, sobre todo después de ver y escuchar ayer que se estaba recuperando. Ayer mismo hablamos con su hijo, que nos confirmó que parecía que había superado el problema. Ha sido un auténtico mazazo".

José Antonio Chopera: "Nuestra amistad se remonta cincuenta años atrás. Dada nuestra relación con Pamplona, siempre convivíamos con él durante San Fermín. Una feria tan intensa como ésa la pasábamos siempre juntos y, claro, es lógico pensar la estrecha relación que teníamos. Se nos ha ido la propia Historia del Toreo del siglo XX, un superviviente de todas las grandes épocas del toreo".

Manuel Martínez Erice: "le conocía desde que tenía cuatro años. Como dice mi padre, pasábamos todos los sanfermines juntos y, desde pequeño, me encantaban sus historias que eran, en el fondo, la propia Historia del Toreo. Pero, con su simpatía, su bondad, su carisma y su sentido del humor, todo lo que contaba tenía una gracia especial. El último San Fermín estuvimos con él, desayunando, comiendo y cenando muchos días. Y es que la relación era estrechísima". 

Pedro Balañá Mombrú  ha mostrado su dolor profundo y el de su padre, Pedro Balañá Forts, gran amigo del finado y coetáneo suyo. Ambos empresarios han expresado su intención de sufrir esta pérdida en silencio, por lo que prefieren no realizar declaraciones.

Conde de la Corte: "Sabía los gustos por el toro de cada afición; es decir, la conocía como nadie la personalidad de cada plaza y en función de ello elegía las corridas. Como todo el mundo sabe, veía muy bien el toro en el campo, un gran veedor que sabía elegir en función del tipo de cada ganadería".

Núñez del Cuvillo: "Un gran conocimiento en todo lo que se refería a su profesión, la de veedor, en la que ha sido excepcional. Y por otro lado, como persona destacaba por su gracia, su buen humor, con la que contaba historias extraordinarias. Además hay que destacar su bondad".

Luis Algarra (presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia de Andalucía): "la gran obra de Miguel Criado ha sido crear, fijar el trapío del toro de Pamplona, que se lidia en los Sanfermines. Miguel ha sido uno de los hombres más importantes que he visto en el campo, era un gran trabajador, un gran aficionado y tenía una memoria prodigiosa".

Espartaco: "Su desaparición supone una tristeza grande, ya que ha sido un personaje clave en la historia reciente del toreo. Tenía un ansia especial por saber y enseñar de toros. Te contaba anécdotas, iba al campo y te mostraba todos los secretos de las reses. Los taurinos lo echaremos siempre de menos".

Casa Lozano (empresarios, ganaderos y apoderados): "ha sido un profesional infatigable. Con nosotros, como representante, trabajó en la década de los noventa. Viendo el toro en el campo ha sido un auténtico especialista".


Miguel Criado, hijo y sucesor de El Potra. Veterinario en la Real Maestranza de Sevilla, es coautor de la obra “El Toro de Lidia. Encastes y ganaderías”, y responsable en la selección de toros de importantes ferias españolas, como la de San Fermín en Pamplona.

 

Jose Enrique Moreno. El Correo de Andalucia. Fallece el famoso veedor El Potra

Una parte de la historia del toreo se va con Miguel Criado El Potra, fallecido en Sevilla a los 86 años. Se va esa parte que no está escrita en ningún libro, pero que permanecerá en la memoria de quienes conocieron a este veterano veedor de toros que ha muerto a consecuencia de un aneurisma en la vena aorta. Miguel, que el viernes presenció la última corrida de su vida en el callejón de la plaza de El Puerto de Santa María, se empezó a encontrar mal después de embarcar la corrida de Santiago Domecq que se lidiaría el domingo en El Puerto y una novillada de Fuente Ymbro para Dax. Ha muerto, por tanto, en pleno ejercicio de su profesión y ante el asombro de los médicos que apenas daban un dos por ciento de posibilidades de que saliera de la operación de cuatro horas a la que fue sometido el pasado lunes en el Hospital Virgen Macarena de Sevilla.

Miguel Criado Barragán, conocido en el toreo con el sobrenombre de El Potra, nació el 17 de junio de 1917 en Almonte (Huelva), siendo sus padrinos de pila el mismísimo matador de toros Juan Belmonte y Consuelo Campoy. El propio Belmonte fue uno de sus protectores y, con apenas 16 años, lo colocó en la empresa de la plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla como ayudante de Manolo Belmonte, por entonces gerente del coso. Junto a él aprendió el oficio del campo, la difícil tarea de veedor (persona que selecciona el ganado que luego se lidiará).

La amistad de Juan Belmonte con Álvaro Domecq y Díez, fomentada por la afición que ambos compartían por el acoso y derribo, llevó al matador a recomendar a Miguel Criado como mozo de espadas y administrador del incipiente rejoneador. Desde entonces se fraguó una amistad fraternal entre don Álvaro y El Potra, que mantuvieron hasta la muerte de éste. Prueba de ello es que, pese su deteriorado estado físico, Álvaro Domecq estuvo el martes en la UCI viendo a su migo, con quien compartió una vida dentro y fuera de los ruedos, ya que incluso fue padrino de su boda y bautizó a los sus dos hijos, Miguel -actualmente veterinario de la Maestranza- y Tere Criado Garrido.

En un viaje a México conoció a Manolete, con quien también entabló amistad y cuyo apoderado, José Flores Camará, fue otro hombre clave en su trayecoria profesional al encomendarle en los primeros años de la década de los 50 la tarea de embarcar para empresas tan importantes como las de Madrid, Pamplona o Dax. También hizo sus pinitos como apoderado con los diestros Antonio Gallardo, Rafael Chicuelo y Marcelino, aunque su pasión era el campo como prueba que, a sus 86 años, siguiera viendo corridas para Pamplona, Madrid, Dax, El Puerto y Huesca.

EL ADIÓS DE LA GENTE DEL CAMPO

José Enrique Moreno

Fue el adiós de la gente del campo, los que más de cerca trataron a Miguel Criado El Potra, dedicado durante décadas a la difícil tarea de ver y seleccionar toros en las fincas de bravo. La lista de ganaderos se hace interminable, empezando por su inseparable amigo Álvaro Domecq y Díez, que le acompañó hasta el último momento en su silla de ruedas, flanqueado por su hijo Alvaro Domecq Romero y sus sobrinos, los rejoneadores Luis y Antonio Domecq. Estuvieron también Luis Algarra, Eduardo y Antonio Miura, Fernando Cuadri, Joaquín Núñez del Cuvillo y su hijo Álvaro, Borja Domecq, Fernando Domecq Solís, Luis Valdenebro, los hermanos Jaime, Javier, Alfonso y Luis Guardiola, José Murube, Fernando Domecq López de Carrizosa, Jerónimo y Luis Astolfi, José Benítez Cubero, Jaime de Pablo Romero, Tomás Prieto de la Cal, Martín Berrocal, Cebada Gago, Manuel y Antonio Tornay, Silvia Camacho, Leopoldo de la Maza y su madre Victoria Ybarra, el marqués de Albaserrada, Manuel Ángel Millares, Antonio Gavira y Gabriel Rojas, entre otros, y muchos de ellos acompañados por mayorales, como Cárdenas, de Juan Pedro Domecq, Reyes, de Jandilla o Fuentes de Manolo González.

Tampoco le fue a la zaga la representación de matadores de toros, habida cuenta de que la fecha, en pleno mes de agosto, es de mucha actividad y la mayoría está toreando. No faltaron los sevillanos Pepe Luis Vázquez, padre e hijo, Rafael Chicuelo, Julio Pérez Vito, Manolo Carmona, Emilio Muñoz, Espartaco Chico, Joaquín Díaz y Tomás Campuzano, los gaditanos Marismeño, Currillo y Pepe Limeño. De Despeñaperros para arriba llegaron, entre otros, Pablo Lozano, Pedro Gutiérrez Niño de la Capea y Pedrito de Portugal. Curro Romero, Rivera Ordóñez y Espartaco expresaron sus condolencias a la familia por teléfono, Ortega Cano y Dávila Miura se acercaron al tanatorio el miércoles y los Chopera enviaron una corona.

La familia del toro que se reunió en torno a la figura de El Potra, tanto en el tanatorio de la SE 30, donde el padre Leonardo Castillo ofició la misa, como en el cementerio de San Fernando, se completa con nombres como los de Fermín Bohórquez Domecq, Susoni, Juan de Triana, Andrés Luque Gago, Manolón, Santi Ellauri, Juan de Triana, los gerentes de la empresa Pagés Eduardo Canorea y Ramón Valencia,así como muchos empleados de la casa como José Bermejo y Eugenio Gil. Tampoco faltaron Manolo Luque, César Girón, Víctor Ruiz Román, José Rodríguez El Pío, Antonio Donaire, Miguelete, Rabioso, Alfonso Ordóñez, Luis Arenas, Manolo Vázquez Gago, Fermín Vioque, Teresa y José Miguel Ojeda, Guerrero, así como numerosos miembros de los equipos gubernativos de la plaza de Sevilla y veterinaros compañeros del hijo del fallecido. 

El Potra era un personaje tan popular que igual se codeaba con políticos, artistas o taurinos de mayor o menor talla. A todos les hablaba igual, con su desparpajo y una simpática insolencia que todos le aguantaban de buen agrado. De ahí que ayer, en su entierro, estuviera representada la Junta de Andalucía en la persona del consejero José AntonioViera; la Real Maestranza de Caballería en la figura de su teniente de Hermano Mayor, Manuel Roca de Togores, y hasta la CasadeMisericordia, de Pamplona, para la que tantos años trabajo, con su director Ignacio Cía.

También se unieron artistas a este último adiós al taurino desaparecido: el humorista César Cadaval, el guitarrista Niño de Pura, el cantante El Mani y la cantaora Mercedes Cubero.

Hasta uno de los dobladores más famosos de Pamplona, Lalo Moreno, viajaron para la despedida, así como la familia Daspa Sabalsa, propietaria del hotel Yoldi de esta ciudad navarra, donde paraba habitualmente El Potra.

 

Miguel Criado, El Potra: Historia viva del toreo del siglo XX
 
Fue apoderado de Manolete, al lado de quien estuvo el día de su muerte en Linares
 
El Mundo. CARLOS CRIVELL
 
Ha muerto en Sevilla El Potra, uno de los personajes más singulares que ha dado la fiesta de los toros. Catedrático de la Universidad de la Vida, Miguel Criado Barragán fue un filósofo pegado a la tierra con una amplia experiencia en asuntos taurinos. Fue, en suma, un personaje irrepetible que conoció como nadie el toro en el campo.
El Potra sabía todo de la fiesta. Su personalidad era arrolladora, envuelta en una figura de apariencia anticuada, algo lúgubre, pero con una gran lucidez mental, que alimentaba con su fina ironía y que usaba para contar sus 86 años de vida, plagada de hechos insólitos.
 
Nació en Almonte (Huelva), la tierra de la Virgen del Rocío, en 1917. Era costumbre entonces que las mujeres fueran a parir a la tierra en la que habían nacido y vivían sus madres. Sus padres residían en Sevilla donde recaló a los pocos días. Su padre era barbero en el barrio del Arenal y le arreglaba la barba a Juan Belmonte. Así, El Pasmo de Triana fue su padrino de bautizo, mientras que la madrina fue la que entonces era su novia, Consuelo Campoy, con quien Juan nunca llegó a casarse, pero que fue la madre de Juanito Belmonte, el hijo de Juan y torero de los años 40 y 50. Consuelo Campoy fue también la madrina de bautismo del banderillero Alfonso Ordóñez, hermano de Antonio Ordóñez.
 
El padrino protegió al ahijado y le colocó en la empresa de la plaza de Sevilla, donde ya trabajaba Manolo Belmonte, hermano de Juan, que fue empresario de la plaza. En esos años previos a la guerra comenzó El Potra a ver toros en el campo. Cuando Alvaro Domecq y Díez comenzó su andadura como rejoneador, Camará, que ya conocía al joven Criado, le puso a su lado en labores de administrador y mozo de espadas. Juntos estuvieron 20 años.Más adelante, trabajando con Camará, apoderado de Manolete, El Potra viajó con el torero cordobés hasta su muerte en Linares, de la cual fue testigo. Estuvo con él en México en labores de mozo de espadas. Luego también trabajó con Litri y Aparicio, los novilleros que revolucionaron los años 50.
 
Siempre al lado de Pepe Camará, comenzó a trabajar como veedor en las plazas de Sevilla, Dax y Madrid, con la empresa Jardón, aunque su mayor notoriedad la alcanzó en la Casa de Misericordia de Pamplona, en la confección del cartel de toros de los Sanfermines, una tarea que ha desempeñado durante 46 años.
 
También fue apoderado de algunos toreros, como hizo con Rafaelito Chicuelo y con Marcelino, pero no fue una de sus tareas preferidas.
 
Ha muerto como me contó alguna vez que quería morir: casi en una plaza de toros o en un cerrado de toros. Su resistencia era admirable: trabajaba más que los jóvenes que le acompañaban y no ha dejado nunca de hacerlo. El sábado embarcó la corrida de Santiago Domecq, que se lidió en El Puerto y una becerrada para Dax. El domingo se sintió indispuesto en su casa del barrio de la Macarena, pero en lugar de quedarse allí se fue a la Maestranza, como un Juncal que quisiera rendirle una postrera visita. Se fue a la enfermería porque el mal era muy fuerte y allí le obligaron a irse al hospital. El equipo médico del Virgen Macarena le operó de un aneurisma de aorta el lunes y, aunque parecía que mejoraba, ayer miércoles falleció por complicaciones circulatorias. El Potra se va y deja detrás una filosofía única y un fondo de calidad personal fuera de lo normal. Y se ha marchado con la prudencia de no contar lo que tantas veces le pidieron que contara. Sabía demasiado y no quería dañar a nadie. Era un caballero. 

 

 

ABC. F. CARRASCO. Fallece Miguel Criado, un personaje irrepetible del mundo de los toros 

 

El mundo del toro perdió ayer a un personaje irrepetible. Miguel Criado Barragán, «El Potra» para todos, falleció por la mañana en el Hospital Virgen Macarena de Sevilla, al no superar el postoperatorio de la intervención de una aneurosis en la vena aorta realizada el pasado lunes. Miguel Criado, de 86 años de edad, se encontraba ingresado en la UCI del citado hospital y si bien en las primeras horas había soportado dicha intervención, en la tarde del martes empeoró y fue a primera hora de la mañana de ayer cuando se produjo su fallecimiento.

Miguel Criado, nacido en la localidad onubense de Almonte el 17 de junio de 1917, estaba casado con Teresa Garrido García y era padre de dos hijos, Teresa y Miguel. Precisamente este último es asesor veterinario de la plaza de toros de la Real Maestranza.

Desde muy joven El Potra comenzó a trabajar en distintos oficios -botones en tiendas de tejidos, aprendiz de herrero, aprendiz en un taller metalúrgico-, pero en 1925 y sobre todo a partir de 1931 su vida se encauzaría dentro de la Fiesta Nacional. Entró como botones en la plaza de toros de la Maestranza y, desde allí, fue escalando posiciones y ocupando distintos cargos. En 1939 entra como mozo de espadas de Juan Belmonte para los festivales. Un año más tarde lo haría con Álvaro Domecq y Díez, con quien permaneció hasta 1946. Al año siguiente es reclamado por la empresa de la plaza de toros de Madrid para seleccionar y comprar las corridas de toros. Compagina esta labor con la de veedor de figuras del toreo de la talla de Antonio Ordóñez, Julio Aparicio, Miguel Báez «Litri»... Y llega el año 1956. La Casa de Misericordia de Pamplona lo nombra asesor de su Junta para la organización de los Sanfermines. Desde entonces, Miguel Criado Barragán era considerado una institución en esta ciudad .

Ha sido también veedor de Manuel Rodríguez «Manolete», Manolo Vázquez, Paco Ojeda, Espartaco, además de haber apoderado, entre otros, a Antonio Gallardo, Chicuelo hijo y El Marcelino. Hombre querido y admirado por todos los componentes del mundo del toro, es una de las páginas más importantes de la Fiesta a lo largo de todo el siglo XX. Considerado como uno de los últimos románticos del toreo, Miguel Criado Barragán supo granjearse el respeto de los profesionales. Maestro de maestros en el campo y en las plazas de toros, su sapiencia y conocimientos del toro y de la Fiesta los supo transmitir a generaciones enteras.

La conmoción en el mundo del toro era ayer grande. Los restos mortales de Miguel Criado Barragán fueron trasladados al Tanatorio de la SE-30 de Sevilla, por donde pasaron para dar el pésame a su familia multitud de profesionales del toreo. Hoy, a las 11 horas, tendrá lugar la misa de corpore insepulto en la capilla del Tanatorio. Posteriormente, sus restos mortales recibirán cristiana sepultura en el cementerio de San Fernando.

 

Diario de Sevilla. LUIS NIETO. Miguel Criado 'El Potra' fallece a los 86 años en Sevilla

  
UN PERSONAJE IRREPETIBLE. Miguel Criado vivió como nadie los entrebastidores de la Fiesta. Se codeó con la flor y nata de los toreros, ganaderos y empresarios.   

El popular veedor de toros Miguel Criado Barragán El Potra -sin duda, uno de los mejores de todos los tiempos- falleció ayer por la mañana en el Hospital Virgen Macarena de Sevilla, a la edad de 86 años, aquejado de un aneurisma de la vena aorta, siendo intervenido el pasado lunes. El conocido taurino soportó bien la operación en las primeras horas, aunque finalmente no pudo superar la gravedad de su dolencia cardíaca. Miguel Criado se sintió indispuesto el pasado domingo cuando veía la novillada que tuvo lugar en la Real Maestranza de Sevilla. El día anterior a la operación había estado embarcando una corrida de toros.

 El Potra -como era conocido en el mundillo taurino- ha sido un testigo de excepción de la historia del toreo del siglo XX y se codeó con la mayoría de sus protagonistas. Nació en Almonte (Huelva) y estuvo ligado desde su juventud a la plaza de la Maestranza. En su callejón, su figura estuvo presente durante varias décadas. Ya en su juventud, pisó este mismo callejón como mozo de espadas de Manolete, al que sirvió los estoques en su periplo por México. También trató a Juan Belmonte. Durante más de dos décadas fue mozo de espadas de Álvaro Domecq y Díez.

 Veedor de toros de las empresas de Sevilla y de la Casa de la Misericordia de Pamplona, organizadora de los Sanfermines, también ejerció esta labor para muchas otras empresas; entre ellas, la de Madrid durante la década de los noventa.

 Su hijo, del mismo nombre, ha continuado de alguna manera las enseñanzas de su padre sobre el toro en el campo y, como veterinario especialista, desarrolla su labor en la Maestranza sevillana.

 Miguel Criado Barragán El Potra, el último gran taurino a la vieja usanza nos ha dicho adiós en Sevilla. Se marcha uno de esos profesionales de olfato especial, buen humor inteligencia innata y sabiduría popular. Un protagonista de excepción que conoció como nadie los entresijos de la Fiesta durante el siglo XX.

Miguel Criado, 84 años y... trabajando (artículo de Manuel Ramírez)

 

 

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