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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE PAMPLONA
NAVARRA
Tarde del lunes, 14 de julio de 2002
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de Torrestrella,
desiguales de presencia y juego. Destacaron el cuarto y el sexto
Diestros:
Entrada: Lleno.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC, El
Mundo
El País.
JOSÉ LUIS MERINO. Nobilísimos
torrestrellas
La corrida de Torrestrella tuvo un carácter general de gran nobleza.
El cuarto y el sexto toros atesoraron calidad de la buena. El cuarto puede
competir con los mejores de las ganaderías de Jandilla, Dolores Aguirre y
Miura a la hora de serle otorgado el galardón de mejor toro de la
presente feria pamplonica.
Con ese toro, Antonio Ferrera no estuvo a la altura de la calidad
exhibida por el animal de Torrestrella. Es verdad que facturó algunos
buenos muletazos, varios muy buenos, mas dejó que se le marchara un
triunfo sonado. Para colmo lo remató tremendamente mal. En banderillas se
apuntó un estrepitoso fracaso. En cuanto a su primero su labor no pasó
de discreta, exhibiendo un cierto miedo, cosa que en un torero, es de muy
poco recibo.
El torero de la tierra, Francisco Marcos, dejó la impronta de diestro
voluntarioso en su primero; y mostró valentía en su segundo.
El Fandi actuó con decoro en banderillas en su primero y dejó el buen
crédito de espectacular banderillero en su segundo. Ahí se metió al público
en el bolsillo, sobre todo cuando después de prender el par corría
delante de la cara del toro con su mano puesta en el testuz, hasta
conseguir que el toro parara por agotamiento, y el torero entonces
saludaba con orgullo de "recortador" navarro.
Convencer al público
El público pamplonés además de pedir una oreja en el sexto de la tarde,
quiso que la presidenta, Amaya Otamendi, le concediera a El Fandi la
segunda oreja. Y no se la concedió, con sobrada razón. Nadie puede negar
que El Fandi no trabajara para convencer al público. Anotamos en su
primer toro tres largas cambiadas, unos lances a pies juntos y dos
chicuelinas, además de un quite por faroles. También hay que decir que
toreó por estatuarios en su primer toro y que después de no estar
demasiado ajustado con naturales y derechazos tiró por molinetes de
rodillas. En su sexto toro se ajustó en chicuelinas y que empezó la
faena con las dos rodillas en tierra, además de un cambio de mano y un
pase por alto. Después toreó con las dos manos pases largos, aunque sin
rematar demasiado la faena. Tuvo el inconveniente de dejar que le
enganchara demasiadas veces la muleta el toro. Sin duda, ese último
ejemplar era para haberle cortado las dos orejas y se valora la manera de
tirarse a matar.
De todos modos, esa imagen generosa y de pasión del público puede ser
todo un símbolo que lo relaciona con las gentes que hemos tratado durante
esta feria. Algunos de ellos, amigos de nuestro inolvidable Joaquín
Vidal. La mayoría de ellos, ahora, gracias a su buen nombre, han pasado a
ser amigos de quien esto escribe. La lista es muy grande, entran Masito,
Elu, Tasio, Nico, Benjamín, Serapio, Juan Miguel y tantos otros. En
nuestro encuentro con ellos evocamos a nuestro querido y muy llorado Joaquín
Vidal...
Otros más podían entrar en la lista, si no fuera porque, como diría
Borges, de las listas lo que más se nota son las omisiones. Pero ahí están
Mari Carmen y Javier, Begoña y Martín, Teodoro y María Jesús, entre
otros.
Todos ellos conforman esa pasión navarra que tan felices nos hace a
quienes vamos a visitarles. Para ellos y para todo lo que supone el símbolo
de la pasión sanferminera, digamos, Kierkegaard aducía aquello tan
hermoso: "Quien se pierde por su pasión, pierde menos que quien
pierde la pasión".
Al balance de la Feria de Pamplona se le puede poner una buena nota.
Creemos que ha sido superior a la del año pasado. En este sentido, la
tradición por contratar corridas de prestigio sigue siendo uno de los
puntos fuertes de la Casa de Misericordia. "Nada que no sea
tradicional puede ser verdaderamente nuevo", decía T. S. Elliot.
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. Un
torrestrella de ensueño y la garra de El Fandi, broches de una buena
feria
Un gran toro de Torrestrella, «Calendario»,
puso el broche de oro a una feria buena, ganaderamente hablando. Lo
cantaban sus hechuras armónicas, un dibujo de musculatura reunida en 501
kilos, sin excesos pero con su trapío, arrebujado, precioso, lejos del
torazo de Pamplona. En manos de Antonio Ferrera cayó, que hizo un
esfuerzo con las banderillas y quiso con impotencia con la muleta, por un
pitón y por la joya del izquierdo. Pero Ferrera vive horas bajas, acusa
todas las cornadas del último año, cuatro o cinco, y la memoria de la
carne, las cicatrices del valor, le lastran como pesadas anclas. No es el
momento de hacer leña del árbol caído. El torrestrella perseguía la
muleta, al natural, hasta el fondo, con clase, entregado en los vuelos,
templado y abriéndose con lujuria, un sueño; no desmerecía más que un
grado a derechas.
El torero extremeño sólo se reunió en una tanda zurda; el resto fue
deslavazado, con toques exteriores, desfigurado. El caso se ha repetido en
esta semana: muchos toros han elevado la temperatura de San Fermín por
encima de sus matadores. Salvo los pinchazos de Alcurrucén y Adolfo Martín,
la media ha sido alta, por lo menos han salido un par de ellos clarísimos
cada tarde, y otros que, sin excelencias, ofrecieron posibilidades
mayores. Marra de nuevo el escalafón de la torería y se redime de
pecados el ganadero, sin que nadie eche las campanas al vuelo, ojo.
Señal inequívoca
Las discusiones proliferaron en el jurado de la Casa de
Misericordia, con un abanico amplio donde debatir y elegir entre las
corridas -Jandilla, Miura, Aguirre- o entre los toros -más jandillas,
miuras, doloresaguirres, torrestrella...-. Para todos los gustos y
colores. Y eso es señal inequívoca de que las cosas han marchado. Otros
años había propuestas de desiertos o desiertos de propuestas.
Ferrera, por cierto, se estrelló en todas las fases de la lidia con el
grandón, montado y paradote primero -muerto a la cuarta intentona- de la
demasiado desigual corrida de don Álvaro.
Que no pase una línea más sin hablar del tercio de banderillas de El
Fandi al sexto, cuellilargo, armado, franco. La plaza ardió, en pie, a más
en cada par -segundo y terceros soberbios-, incendiario el violín. Como
chispas desprendió la estocada, cumbre y a tumba abierta, encastada por
el triunfo, que fue el son de garra que se marcó el granadino. Rebotó
maltrecho del embroque, con la taleguilla partida y la espada hundida en
la cruz, hasta los gavilanes, el espadazo de la Feria. Entre los rehiletes
y el estoque, una faena voluntariosa, de ataque, quizá excesivo, porque
el torrestrella pedía un poco más de aire y distancia, además de los
medios en lugar de tan adentro de la raya. Resto ese tanto para la segunda
oreja que se guardó el palco. Pero la conseguida obtuvo una categoría de
ley.
Valiente
Mucho tiempo estuvo Fandila en la cara del alto, largo y sardo
tercero, banderilleado con desigualdad en collera con Ferrera. Incómodo
en su embestida arriba, por dentro, rebañando por las axilas, mucho
aguantó el torero, obsesionado con alargar, aun valiente.
Francisco Marco se ha estancado. No progresa, aunque resuelve para lo
poco que torea. El feo quinto sacó guasa y complicaciones; el segundo,
muy escurrido de atrás y con una cornadita en el anca izquierda, sostuvo
sus flacas fuerzas sobre los andamios de la casta, que no duró demasiado,
pero sí lo suficiente.
El Mundo. JAVIER
VILLÁN. Un gran torrestrella... o dos
Volvió ayer a estar en su sitio el palco presidencial.En su sitio, doña
Amaya Otamendi y la asesoría del señor Useci, al negar la segunda oreja
del sexto a El Fandi. Por más que hubiera desarrollado un espectacular y
medido tercio de banderillas y por más que la estocada fuera espléndida,
el enrazado torrestrella se le fue. No de una forma tan clamorosa e
irritante como se le había marchado el bravo cuarto a Antonio Ferrera,
pero se le fue. Es decir, se le fue sin torear. O, al menos, en la medida
que las condiciones del toro lo exigían.
Pese a estos dos toros y pese a la nobleza clara y pastueña del
tercero y cierta raza del segundo, no parece que Torrestrella vaya a
repetir este año los legítimos y apabullantes triunfos del año pasado.
Por razones que apenas me resultan comprensibles, a estas alturas, recién
concluida la corrida, y antes de que los jurados emitan su veredicto,
parece que todas las papeletas de la rifa las lleva el encierro de
Jandilla: una corrida blandita y llena de moderneces muy propias del
actual concepto del toro de lidia.
Recordaba hace unos días Spengler por boca de Canela Fina de Luis María
Ansón, que una cultura marcha hacia su ocaso cuando pierde su espíritu
guerrero y religioso, cuando no tiene ya «la fuerza de la sangre y del
honor».
Esta teoría de la decadencia que, aplicada a los pueblos, puede ser
inquietante, aplicada a las corridas de toros es irrefutable.La mayoría
de los toros que hemos visto en esta Feria no responden a ese concepto
heroico y guerrero que Spengler atribuye a las civilizaciones
florecientes. Acaso ese sentido radical de la épica sólo se dio
cabalmente, en el sexto toro de Miura que le cayó en desgracia a Angel Gómez
Escorial. Y en algunos momentos de los Torrestrella de ayer. Dicen que a Gómez
Escorial, el rosario de revolcones y en especial la escalofriante machada
que hizo al matar al sexto, le va a valer, casi seguro, la entrada en los
próximos sanfermines y algunas de las ferias que quedan esta temporada.
Sería terrorífico que le exigieran esa especie de inmolación en
todas las plazas; pues siendo consustancial a las corridas de toros esa
especie de aguerrida militarización del riesgo, es preocupante e inhumano
que un torero, Gómez Escorial, tenga que tirarse contra las astas de un
Miura de 700 kilos y pitones de pedernal, para sobrevivir en este mundo
taurino. Ojalá sea cierto que Pamplona, conmovida, esté forzando ya con
el corazón la vuelta de Gómez Escorial. Mas ojalá que este torero no
tenga necesidad de repetir tan truculenta hazaña.
La machada que se esperaba ayer era, fundamentalmente, una machada de
Francisco Marco; si fallaba en su segunda tarde sanferminera, se le iba la
Feria y acaso, pese a su indudable calidad, uno de los últimos trenes.
Marco falló, si bien en su descargo hay que apuntar que le tocó el lote
menos lucido.
También se esperaba una machada de Antonio Ferrera que no es ni
parecido al Ferrera del año pasado. Tampoco la hizo aunque mejoró
sensiblemente en el cuarto. En el primero, no se puede banderillear peor,
aunque recuperó parte de su carisma en el cuarto. Lo que de verdad se
recuperó, creo yo, mediada la corrida, fue la idea cabal del toro bravo
ejemplificada en el bellísimo sardo del que Ferrera sólo se enteró en
muy pequeña parte. Al gordo y blando primero no supo por dónde meterle
mano. Y, salvo algunos naturales, tampoco al bravo cuarto que los jurados
habrían de considerar muy seriamente como el toro de la Feria.
Por lo que respecta a El Fandi, salió a romper la plaza en ambos
toros. En su primero se embarulló y rebozó sin entenderlo y con el que
cerrazaba plaza pudo haber organizado el escándalo. La faena fue de tono
descendente y claramente muy por debajo del torrestrella: otro toro
importante aunque le pese al Fandi.
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