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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE PAMPLONA
NAVARRA
Tarde del miércoles, 9 de julio de 2002
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Juan
Pedro Domecq, desiguales de presencia y juego.
Diestros:
Entrada: Lleno.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC, El
Mundo
El País.
JOSÉ LUIS MERINO. Pamplona
se sale del mapa
Pamplona está en el mapa mundial por los encierros. Esos minutos
fulgurantes de las ocho de la mañana, cuando el bárbaro arrojo de las
vidas de cientos y cientos de hombres y mujeres a cambio de nada, en
fugaces carreras de miedo y sinsentido, ahí está Pamplona y ahí seguirá
por mucho tiempo mientras siga la viva pasión de los sanfermines.
Sin embargo, Pamplona ayer por la tarde se salió sola del mapa
taurino. Fue inconcebible que le dieran una oreja a El Juli en su primer
toro, otra oreja a Tejela en su primer toro y, para colmo, dos orejas en
el último de la tarde. Así, el público de Pamplona ha perdido todo crédito.
Las rebajas de julio en el surtido de orejas suscitan en la mirada del
espectador objetivo una auténtica afrenta a la verdad de la fiesta.
A Enrique Ponce la fragilidad y blandura de su primer toro le puso en
condiciones de cobrar la mitad de sus honorarios de un soplo. No hizo nada
porque el toro era una ruina de fuerza y de bravura. En realidad, si Ponce
pide los toros de Juan Pedro Domecq, espera que uno de los toros que le
tocan en suerte se caiga. Luego entonces no le echemos la culpa al toro,
sino al matador, que es el que pide esos toros. ¡Ay si los toros
hablaran! Para zurcir el desarreglo, en su segundo toreó con ambas manos
de manera suave, ajustadita, con cierto gusto, buscando la variación de
torear de frente, con la dulzura que suele tener acostumbrado al público.
No obstante, habrá que subrayar que ya de ese yunque salen poquitas
chispas.
El Juli invirtió los papeles con Ponce. En su primero estuvo apañadito,
en una faena sin demasiado relieve, con derechazos vulgares y naturales
del montón. Digamos que su repertorio fue bastante mentiroso. Se le fue
la faena como arena entre los dedos. Su muleta no era la de la verdad,
sino la del cojo. Y en su segundo, un inválido de tomo y lomo, estuvo
vulgarísimo. Vulgarísimo con la mano derecha, y con la izquierda parece
que inventó una especie de series al natural que se pueden llamar
"los naturales al paripé". O sea, trampa por aquí y a cobrar.
Su toreo está pidiendo un poco de aceite para engrasar los ejes de la
vulgaridad.
En ciertos momentos creímos ver, tanto en Ponce como en El Juli, a dos
engatusadores que tratan de ofrecer su canasta de frutas a los árboles.
El que quiera entender que entienda.
Matías Tejela dio bastante el pego. En su primer toro fabricó una
faena de derechazos cimbreantes, esculturales, de pronto con un pase
bueno, otro menos bueno, todo con cuentagotas. Soltaba naturales gota a
gota, pero sin apurar la copa. Dejó la factura de tres trincherazos
garbosos, un circular moviéndose, molinetes de rodillas y manoletinas. En
su segundo, pese a torear con las dos manos componiendo la figura, tenemos
que decir que no se entregó como debiera. Para dos pases largos, luego
instrumentaba uno de pecho infame. Todo muy contorsionado, pero con falta
de profundidad.
La trampa imperó en ese su sexto toro. Constatemos que eran sombras de
pases buenos, como si estuviera buscando que las hojas del almendro
repartieran almendras en el tendido.
Ya es lamentable que, cuando llegan las figuras, de pronto el público
se vuelve tarumba y empieza a regalar orejas para gusto de los taurinos,
esos que están a favor de que se regalen orejas a tutiplén para así
demostrar que la fiesta está en auge. Y eso es mentira, estamos en
momentos sumamente decadentes. La trampa de la fiesta está a la orden del
día, los toreros, por lo general, no se arriman como debieran, pocas
veces se ve a un diestro que se cruce delante de los toros, que ponga la
muleta adelante y muestre el medio pecho al toro y lo vacíe por atrás.
Eso es raro de ver. Sobra la trampa y el elogio de la trampa.
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. Apoteosis
del toreo y el toro modernos
Cuatro orejas, cuatro. Cualquiera que lea el marcador traduce: ¡coño,
una gran tarde de toros! Ni mucho, ni tanto, ni como para volverse loco.
Quizá lo más ilusionante sea la proyección que se intuye en Matías
Tejela, izado en hombros con tres de los cuatro trofeos, en una apoteosis
del toreo moderno como derivación del toro ídem. ¿Recuerdos? Ninguno,
gracias. La corrida de Juan Pedro Domecq, manejable, noble, dócil, a
veces incluso mejor que los toreros, pero sin excelencias.
A Tejela se le presiente, que otra cosa es que esté ya sazonado,
imposible todavía por el número de tardes que lleva como matador. Cumplió
con lo que se espera de su juventud chispeante, dinámica, ligera... El
lote mejor le correspondió en suerte, sin duda. Al largo tercero lo
recogió a la verónica y lo lanceó con las rodillas por tierra. Se soltó
el juampedro del caballo y espabiló con pies a la cuadrilla en
banderillas, un petardo del peonaje. Matías tejió una faena que se
prologó a derechas, colada incluida, y continuó con la mano baja por el
mismo pitón, en muletazos de buen corte pero ayunos de reposo; al
natural, todavía menos, porque marcó el toro velocidad y pauta. O faltó
un puyazo en condiciones o mando. El caso es que todo fue limpio, también
la cadena de molinetes final, el circular y el molinete zurdo y otros
cuantos de hinojos, un empacho de molinetes. Este muletazo nació para
broche, a izquierdas a poder ser, belmontino, en plan aquellos de Emilio
Muñoz, Emilio «Temple» Muñoz, que aquí en Pamplona se le recuerda con
especial cariño, por mucho que le escueza a Navalón. La oreja, camp,
como la música.
Las dos del sexto fueron de coña, de pueblo, catetas, provincianas, de
tercera. ¿Qué dejaremos para una faena en la que broten una docena de
naturales puros, profundos, ligados por la esencia? Matías Tejela arrancó
faena con un pase cambiado por la espalda, y siguió correcto, educado,
pulcro, sin ofender ni asediar a un enemigo noblote, de idas y venidas. El
caso es que no se recuerda un muletazo. Se critica, ojo, básicamente, la
generosidad de palco y público por encima de la acústica de sintetizador
de siglo XXI del novel espada, que remató por bernadinas y con una
estocada caída.
La que obtuvo El Juli no pasó de ramplona. Pero este argumento no se
sostiene más que, como dice papá Julián a diestro y siniestro, porque
existe una campaña orquestada contra su hijo desde ámbitos
empresariales, en la cual participa la Prensa. Los hay zotes, bobos y
tontos del culo. Lo que hay que estar es menos vulgar, desde las
banderillas a la muleta pasando por el capote. ¡Vaya segundo tercio de un
matador de toros! Si levanta la cabeza Pepe Dominguín... La faena,
ligada, fundamentalmente diestra, sin sabor ni color, el postre de
rodillas y un espadazo desprendido le otorgaron un premio de fe.
El quinto resultó un inválido con trapío, bastante más que el
anterior, de pitones buidos y patas febles, que se tumbó a la bartola en
mitad de obra.
Ponce no ligó uno con el cuarto, aunque igual era técnica para no
obligarlo, vaya usted a saber. Pero el caso es que con un toro ni mucho
menos malo pajareó todo y más, sin perder la compostura, que nunca le
abandona, como Rexona, y con algún que otro pase por bajo de clase, que
eso le sobra más que a sus dos compañeros juntos. Fue faena extensa (un
aviso antes de matar) y en la línea de la tarde. Eso unido a que abrevió
con el primero, pobre de culata y sin cuello, que no valió un real,
ofrece un balance triste para una figura de su categoría.
El Mundo. JAVIER
VILLÁN. Cuatro orejas... ¿por qué?
No sé, o no quiero saberlo, quién estaba ayer en el palco de la plaza
de La Misericordia; ni presidente ni asesores.Pero cualesquiera que
fuesen, merecen un serio correctivo. Mismamente, que no vuelvan a presidir
una corrida. Las orejas que se dieron ayer en Pamplona, con todos los
respetos a la progresión de Matías Tejela, desacreditan a una plaza se
supone que de primera; y no desacreditan a un palco porque éste está ya
suficientemente desacreditado. ¿A cuento de qué esas dos orejas en el
sexto?
Antiguamente, a los que lidiaban por dinero se les llamaba «enfamados»,
o sea fenicios mercantilistas. Mala prensa tenía entonces entre los
aficionados esta gente, pero peor la tendría hoy, entre la grey taurina,
Alfonso X el Sabio, que descomulgó a todo hombre que se aventurara a «lidiar
por precio con bestia brava». Tranquilos, que aquí no vamos a
descomulgar a nadie: ni a El Juli que, dicen, lidia por el precio más
alto del escalafón; ni a Matías Tejela, que cortó tres orejas y abrió
la Puerta Grande; ni al ganadero Juan Pedro Domecq, cuyos toros han
heredado, según voz popular, las virtudes filosóficas y poéticas de su
criador. Dividido su comportamiento entre un corazón lírico y una
inteligencia cartesiana, los juampedros andaban ayer atribulados y peripatéticos
por el ruedo. Pero algunos de ellos fueron desorejados y eso compensa casi
todo. Bien es cierto que las orejas cortadas no fueron de mucho peso.
Pero tranquilos, que aquí no vamos a excomulgar a nadie, ni por cobrar
mucho ni por cortar orejas; primero, porque es ley sagrada del mercado
que, cuanto más precio se ponga al paseíllo, más fama recibe el
matatoros; y, segundo, porque los toros serán bestias cuadrúpedas, pero
no bravas. Al menos los toros de Juan Pedro Domecq. Además, una cosa era
el vilipendio que derivaba de la condición villana y asalariada de los «enfamados»
y otra muy distinta lidiar por probar la propia fuerza y acrecentar la
fama.
¿Lidiaron ayer Enrique Ponce, Julián López y Matías Tejela por
precio o por acrecentar la fama? El precio no lo sé ni me interesa,
aunque fama, el único que la acrecentó ayer fue Matías Tejela.Justo es
lidiar por dinero y no hay reproche en ello. Acaso El Juli y Ponce no
necesitan ese acrecentamiento, pues su cupo de gloria está colmado. Mas
Matías Tejela sí que lo necesita. Y en honor a esa necesidad estoy
dispuesto a reconocer que su primera faena, sin ser nada del otro mundo,
tuvo consistencia y entramado de tal. Y que la segunda, más atropellada,
hasta el exceso tremendista, un poco menos.
Respecto a Enrique Ponce, absolutamente descentrado en el primero, se
centró un poquito más en su segundo. No hay razón para suponer que
perdiera la oreja por la espada, mas el propio Ponce y sus partidarios se
hicieron esa ilusión. Música de viento, que decían los viejos
revisteros, escuchó Ponce durante la lidia del primer astado; música de
viento, o sea silbidos. Y, ¿por qué? Pues porque el juampedro se caía.
Y ¿qué iba a hacer el pobre animal si estaba lisiado? Nadie entiende a
los cojos.
El Juli perdió el capote en el primer lance y una banderilla en el
segundo par. Pese a todo, con unos cuantos derechazos vulgares se ganó el
fervor del público y una oreja. Faena tan ratonera la firmó con un
bajonazo. La postrada invalidez del quinto fue indecorosa y atroz. ¿No
quieren ustedes juampedros? Pues toma juampedros.
Tejela, florido con el capote y periférico con la muleta, ante un
toro, el tercero, que embestía por derecho aunque se arrodillara,
penitencial y doliente, más de la cuenta. Se adornó Tejela con molinetes
de pie y de rodillas y, en las ceñidísimas manoletinas, los pitones les
sacaron chispas a los alamares. Tras el premio a El Juli, no darle la
oreja a Tejela hubiera sido agravio manifiesto.Mas eso no justifica el
despilfarro orejil del sexto. Y, sobre todo, no justifica una segunda
oreja innecesaria de un presidente taurinamente analfabeto.
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