GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE PAMPLONA
NAVARRA

Tarde del domingo, 6 de julio de 2002
Corrida de rejones
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Murube (bien presentados). 

Caballeros rejoneadores:

Entrada:  Lleno.

Crónicas de la prensa: El País, ABC, El Mundo


El País. JOSÉ LUIS MERINO. Hermoso y su clonación

La clonación de Hermoso de Mendoza se llama Sergio Galán. Nació en Madrid y tiene 23 años. Es verdad que aún está lejos el día que a Hermoso le llegue la oxidación de las espuelas.

Como tantos otros admiradores del caballo Cagancho, retirado hace un año por el rejoneador navarro, todos pensábamos en ese portento de equino como el cojo sueña con la pierda perdida. Sin embargo, los nuevos caballos que trae Hermoso de Mendoza son tan soberbios casi casi como el propio Ca gancho. Y así fue que en el segundo de la tarde su dueño pudo dar un recital de lo que es toreo a caballo: siempre de cerca, toreándole con la cola y ejecutando las suertes tanto de rejones primeros como las banderillas, como la rosa de remate de forma impecable. Frente a su segundo toro, un ejemplar sin fuerzas hecho un marmolillo, ahí no estuvo demasiado afortunado el rejoneador. En especial en las banderillas, cuya colocación fue muy desigual. Ni siquiera las cabriolas de Chicuelo fueron suficientes para suplir los fallos. Mató rematadamente mal.

Sergio Galán, en la suma de los dos toros, superó a quien, al parecer, tanto le admira. A su primer ejemplar, de no haber estado tan desacertado con los aceros de rejoneo y de descabellar, posiblemente le hubiera cortado las dos orejas. Esas dos orejas no premiadas llegó a tomarlas en su mano cuando acabó de matar a su segundo toro, sexto y último de la tarde.

¿Que cuáles son las diferencias que hay entre Hermoso y Galán? Quizá que Hermoso consigue torear con la cola del caballo en tanto que Galán más que torear lo que hace es llegar a que el toro se embeba con las ancas, sin que haya deseo de torear, sino de imantar, o sea, de tener cerca y fijo al toro.

Por fin, después de mucho tiempo en el que Hermoso de Mendoza no ha tenido competidores, ahora este joven jinete empieza a darle la réplica que los aficionados al rejoneo estaban esperando. En uno y otro caballista se palpa como si sus rejones, banderillas y rosas fueran de plata en vez de acero.

Quiero creer que en los galopes de sus caballos hay un aire nuevo, seco y sonoro. Cierto es que el rejoneo últimamente se había vuelto demasiado reiterativo, circense y amorfo, salvo cuando actuaba Pablo Hermoso de Mendoza. De ahí que este aire fresco que trae Diego Galán vuelva a hacer que nuestra mirada se llene de gozo y de expectativas. La suerte del rejoneo, por lo tanto, parece ser que retorna con mucha fuerza. Es posible que la madre de esos buenos caballos que atesoran las cuadras de los dos rejoneadores hubieran comido hierba blanca para darles la hermosa leche que tomaron.

Hablando de clonaciones, digamos que Luis Domecq se clonó a sí mismo. Con el acero de muerte y el descabello estuvo exactamente igual en un toro que en otro. Sólo mejoró en cuanto a ejecuciones y alegría de estar frente al toro en el cuarto de la tarde. Daba la impresión de que en el primer toro quiso aliviarse (estar poco entregado) para lucirse en su segundo. Ni así llegó a calentar a los aficionados.

Aficionados que, tras los caballos, esperan con sumo interés la actuación de los toreros que a partir de hoy harán el paseíllo sanferminero.

El chupinazo oficial fue seguido por decenas de cohetes disparados a partir de las doce del mediodía por los pueblos de los alrededores de Pamplona. Pedían con la cohetería que fueran todos hacia la ciudad. A partir de esa señal, el resto está en manos de toros y toreros.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Sergio Galán brilló con luz propia a la sombra del efecto Pablo

Principió la corrida con un minuto de silencio por Pepe Dominguín, con quien se muere, como ya está escrito, la penúltima gran dinastía.

Pasó Luis Domecq como una ola por la playa, sin dejar la menor huella. Aplomó al murube inicial con tres hierros, excesivos luego a todas luces, uno de ellos en el mismísimo número. Como excesivo parecía el afeitado de la res, que una cosa es el despunte y otra el desmoche generoso. Tampoco halló el éxito con el zambombo cuarto. Se juntó todo, la hora de la merienda y una actitud escasamente ambiciosa.

La plaza vivió el efecto Pablo desde el paseíllo. Todo fueron palmas. Calentó motores con los rejones y montó la mundial a lomos de «Gayarre», con quien rememoró aquellas apoteósicas vueltas al ruedo a dos pistas de «Cagancho». Expuso una enormidad, en corto y por derecho, con un temple que se evaporó con «Labrit», sobre el que arriesgó una barbaridad en terrenos comprometidos, lo que disculpa sólo en parte los repetidos tropiezos de la cabalgadura en esta parte de la faena. Es lo que tiene apurar tanto las suertes con la responsabilidad de responder a un público volcado: «¡Mucho Pablo, mucho Pablo, es!», coreaban los tendidos. Los «enganchones» de la última fase, incluso el atragantón a la hora de matar, sembraron algunas dudas, mínimas, en la concesión del segundo trofeo.

Saltó el quinto al callejón como una flecha. Hermoso de Mendoza sólo alcanzó su nivel con «Chicuelo» y sus piruetas. Repartió con pobre puntería el castigo y los palos por la extensa columna vertebral del enemigo. Los rejones toricidas enfriaron un ambiente que aún seguía a favor.

A la sombra del efecto Pablo brilló Sergio Galán con luz propia. Elegante, ortodoxo, fino en los embroques y en las salidas, fundamentalmente templado, libró una faena limpia, sin tirones ni brusquedades, con un murube todo calidad en el galope y en la forma de meter la cara abajo. Clavó reunido los arpones, con exactitud matemática, en su sitio, y elevó la temperatura en un segundo quiebro milimétrico, asombroso de pureza y suavidad. La obra bajó levemente con los ímpetus y la fortaleza física del toro, aunque alcanzó altas cotas con un par a dos manos soberano. Si pecó de algo, fue de alargar un tanto su labor. Perdió los trofeos con el acero final, pero gustó mucho y encontró eco en el público. No era fácil al lado del ídolo navarro. Galán sigue, claramente, en un camino de ascensión hacia la cumbre del rejoneo.

La faena al sexto -por cierto, qué buena corrida de Murube- se desarrolló «in crescendo», majestuosa sobre un caballo «albino» que se deslizaba sobre la arena. Cayó de pie Galán en Pamplona, que quiso que arropara en la salida a hombros a su dios centauro.


El Mundo. JAVIER VILLÁN. Dos triunfos en memoria de Dominguín

Antes de que se produjera el triunfo incontestable de Hermoso de Mendoza y de que Sergio Galán, crecido e irreverente le diese audaz réplica al navarro en su propio feudo, el luminoso de La Misericordia anunció un minuto de silencio por la muerte de Pepe Dominguín, el último de la estirpe de los dominguines.Minuto de tristeza. A quienes conocimos a Pepe Dominguín el triunfo de Hermoso y el triunfo de Sergio Galán tiene un sabor agridulce de fracaso: el fracaso de la muerte.

Antes de que me invada la melancolía, ¡loor a Hermoso de Mendoza!, y ¡loor a Sergio Galán!, que toreó como los ángeles toda la tarde y descabelló como un matarife vulgar en su primero. Si yo fuese su apoderado le ponía a pan y agua hasta que aprendiese a matar.Pero, sin ser su apoderado, celebro que rectificara en el sexto y se llevara dos orejas de ley. Después de clavar y torear como lo hizo es lo menos que se puede hacer en el centro mundial del rejoneo, Pamplona, y con el emperador, Hermoso de Mendoza, en su sitio y en su casa. Por lo que venimos viendo últimamente y por lo visto ayer, Sergio Galán está llamado a ser el sucesor natural de Hermoso de Mendoza a poco que espabile.

Pero es inevitable o, al menos lo es para mí, volver al minuto de silencio en memoria de Pepe Dominguín, dicen que el mejor banderillero de la historia. Y para mí algo más: un amigo admirado.Malditos Sanfermines que, a pesar de la lección de rejoneo de ayer de Hermoso de Mendoza y de Sergio Galán -con el convidado de piedra Luis Domecq- últimamente, cada año, me quitan un amigo.De los dominguines, Domingo era el rojo y el comunista; Luis Miguel el seductor mundano y franquista cínico. Pepe Dominguín fue, sin duda, tan rojo como Domingo y tan seductor como Luis Miguel. Le tocó la parte más oscura de la dinastía: el matador banderillero. Mas quienes lo conocimos sabemos que era, además, un buen escritor, un acuarelista y un creador que logró sobrevivir a la fama aplastante de sus hermanos.

Bajo este síndrome funeral y melancólico, por lo menos para mí, discurrió una tarde de rejoneo de altura; y de triunfos que pudieron ser aún más contundentes, de no ser por los fallos con el rejón de muerte o con el descabello: reconciliación con el noble arte del rejoneo.

Luis Domecq, el menos afortunado, le cogió manía a la panza y a la paletilla del murube y, con extraña precisión, colocó allí sus arpones. No estuvo mejor en el cuarto.

Bordó el toreo a caballo Hermoso de Mendoza, sobre todo con Gayarre: ha nacido una estrella. Aunque yo creo que Hermoso de Mendoza tiene una cuadra de estrellas insuperables gracias a sus manos.Lo bordó, literalmente, igual con Gayarre que con Labrit, o Chacal o con las piruetas espectaculares de Chicuelo, el astro eterno de su vieja cuadra. Inconmensurable Hermoso en uno y otro toro.

Y lo bordó también, incluso con mayores cotas de excelencia, el joven Sergio Galán: temple, quiebros, dobles quiebros en corto y por derecho; y una extraña magia para clavar al estribo sin utilizar el recurso de la grupa que, en el toreo a caballo, viene a ser algo así como torear con el pico. Sergio Galán, con perdón y con todas las cautelas del mundo, El Sucesor. Para bien de la Fiesta para bien del rejoneo. Marcada ya la deriva tremendista del sevillano Ventura y el academicismo del también sevillano Alvaro Montes, Sergio Galán está llamado a ocupar el trono de Hermoso de Mendoza. En el supuesto de que Hermoso de Mendoza deje el trono. Lo cual, por lo visto ayer, puede ser un suceso lejano y distante.

 

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