GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE PAMPLONA
NAVARRA

Tarde del sábado, 13 de julio de 2002
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Torrestrella, desigualmente presentados. Sobresalieron por su seriedad, 1º y 5º, y bajaron de trapío los lidiados en 2º y 3º lugares. Destacaron por su comportamiento, 2º, 3º y 5º. 

Diestros:

  • Puerto, silencio y silencio. 

  • Ferrera, oreja, con petición de la segunda y dos vueltas y oreja.  

  • Fandi, oreja y dos orejas

Entrada:  Lleno.

Crónicas de la prensa: El País, ABC


El País. JOSÉ LUIS MERINO. El Fandi y Ferrera salen a hombros

Decimos que salieron a hombros El Fandi y Ferrera, poniendo a El Fandi en primer lugar porque, aún siendo el tercero de la terna, cortó tres orejas en tanto que Ferrera, que iba en segundo lugar, sólo cortó dos. Ambos jóvenes se han convertido en la pareja ideal para cualquier empresario inteligente. Cada uno de ellos hace del tercio de banderillas todo un espectáculo de masas. Como además son muy variados con el capote, se puede decir que son como ríos que siguen juntos el mismo itinerario de verano. Es cierto que cada uno de ellos creerá que el cielo sólo existe para él.

Como quiera que los dos son banderilleros, fueron ofreciéndose los pares uno a otro en los dos primeros toros. Luego cada uno, como es norma, fue por su cuenta. Excepto en el sexto y último de la tarde, que El Fandi colocó un cuarto par de propina, en la modalidad del violín, que fue esplendoroso. Ese par sirvió para rematar la suerte de banderillas a ese toro. Fue tan espectacular el tercio que puso en pie a toda la plaza. Tan inevitable como gozosamente, el torero tuvo que dar la vuelta al ruedo como premio a esos cuatro pares que dejó prendidos no solamente en el morrillo del toro sino en la retina de un público enfervorizado.

No le anduvo a la zaga Antonio Ferrera en los pares de banderillas que le tocaron en suerte. El torero citaba de rodillas y después quebraba. O bien saltaba espectacular delante de la cara del toro para clavar a continuación en todo lo alto los rehiletes.

La crónica de esa tarde anunciada tenía su punto culminante en el tercio de banderillas. Precediendo a ese tercio, los capotes de Ferrera y El Fandi repartieron su enorme variedad. Unas veces El Fandi se fue a porta gayola y recibía al toro, para después lancear y rematar con chicuelinas, además de pasar a fabricar otra larga cambiada. O después hacía un quite por lopecinas y remataba con una media muy ajustada. Por otro lado, Ferrera quitaba por chicuelinas, y a continuación le replicaba El Fandi con unas chicuelinas rodilla en tierra. Otra vez Ferrera se inventaba una larga cambiada y remataba después a pie con dos medias verónicas excelentes. Pues bien, todo eso en un vaivén de vorágine era lo que uno y otro torero derramaron sobre el albero pamplonés.

Sus faenas no tuvieron la majeza que esperábamos. Evidentemente hubo pases redondos, algunos de calidad, más bien por el lado de Ferrera que por El Fandi. Cabe argüir que, con la labor muleteril de ayer en sus cuatros toros, no llegaron a culminar una de esas faenas de las que quedan en la memoria. Esas faenas macizas, erradas como puertas góticas, bastaron para acompañar la labor capotera y banderillera de estos dos espadas.

A Víctor Puerto, torero que tiene calidad como para competir con cualquiera, ayer le encontramos ausente de sí mismo. Apático. Un estar sin estar. Como si estuviera esperando que alguien le lea el porvenir en los posos de su último café.


ABC. ZABALA DE LA SERNA.  Inolvidable corrida de toros, cumbre de un Fandi pletórico

Esta crónica, crítica o lo que sea, carecería de sentido sin una dedicatoria como un brindis a don Álvaro Domecq. Los toros de Torrestrella, variados de hechuras, propiciaron una corrida inolvidable, con un maravilla bautizada como «Sonajero» que se erigió sobre sus hermanos, por su bravura, por su bella estampa, por ser un torrestrella de los que engrandecieron a lo largo de la historia el apellido Domecq.

El otro protagonista responde al apodo de El Fandi, que revolucionó el coso de la Misericordia como no se recordaba hacía mucho tiempo. Ferrera, a quien correspondieron los dos grandes ejemplares del sobresaliente conjunto, también salió a hombros, pero la velocidad de sus interpretaciones, sin duda impulsada por el afán de triunfar, marcó sus faenas. Creíamos que Antonio Ferrera, después de Madrid, seguiría en esa línea de hacer el toreo más pausado, con un toque de calidad que atisba y que dejó de lado por la conquista más facilona de Pamplona. Vale como excusa que ahora es el momento de arrear y no perder el tren.

Material hubo para que el gozo de hacer las cosas con gusto y bien, mas predominó la ligereza, el lío para conectar rápido con los tendidos. Era una oportunidad de verdad para demostrar que aquel apelativo de Ferrari había pasado al baúl de los recuerdos. Valiente con los palos más que acertado, variado con el percal y clásico a la verónica, se reivindicó en dos pares al quinto en los mismos medios. Fue una lástima que no se reposara, pues ya el pitón izquierdo del buen segundo lo merecía. Tan sólo una serie al natural supo a poco.

Fandi arrasó, literalmente. Un huracán de facultades, toreó de rodillas a la verónica, por chicuelinas, con la muleta; tiró largas cambiadas, a portagayola en el sexto; quitó por navarras, tafalleras y zapopinas. Y en pie lanceó también con gusto. El tercio último de banderillas hizo callar a las peñas. El tercer par, al violín, y el cuarto, al quiebro citando de rodillas, enloquecieron la plaza hasta tal punto que tuvo que pasear el anillo. El toro, crudito en el caballo, se vino arriba con alegría, con más entrega a izquierdas. Además, Fandila progresa día a día con la muleta. Busca la autenticidad, a base de asentamiento y ligazón. Y con todo suple la tosquedad de sus formas o al menos la esconde. Así irá a más. Con la espada fue un cañón. La estocada que pasaportó al noble tercero resultó perfecta. Ni un pero al Fandi, espectáculo en estado puro.

Ante semejante vendaval, Víctor Puerto pareció una sombra triste, aunque cierto es que tanto el imponente primero como el cuarto revistireron sus embestidas de mayores complicaciones.

 

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