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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE PAMPLONA
NAVARRA
Tarde del viernes, 12 de julio de 2002
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de Dolores
Aguirre, con pitones, con fuerza, con peligro; dos de ellos con mucha
calidad, dieron un gran espectáculo.
Diestros:
-
Padilla,
pinchazo, pinchazo hondo -aviso- y descabello (aplausos); pinchazo,
estocada caída -aviso- y descabello (vuelta al ruedo).
-
Ferrera,
media estocada, cuatro descabellos, pinchazo y estocada (silencio);
media estocada, descabello -aviso-, siete descabellos -segundo aviso-
y cinco descabellos (silencio).
-
Fandi,
media estocada (aplausos); estocada baja (silencio).
Entrada: Lleno.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC
El País.
JOSÉ LUIS MERINO. La
dama de hierro
Dolores Aguirre se ha convertido en la dama de hierro. Sus toros
se han erigido en lo más espectacular que se ha visto hasta el momento en
la plaza de toros de Pamplona. Sus toros han otorgado seriedad a la Feria
del Toro. La corrida enviada por la dama de hierro tuvo en vilo a
los espectadores, porque a sus toros los pegaron muy fuerte en varas,
sobre todo al segundo y al sexto. Es verdad que después del primer puyazo
muchos de ellos salían huidos, y más todavía después de recibir el
segundo puyazo. Sin embargo, la muerte de todos ellos fue todo un espectáculo.
Se resistían a morir. No importaba que tuvieran medio espadazo entre las
agujas, porque seguían embistiendo a todo aquello que se moviera y lo hacían
casi con el galope que dibujaron de salida. Sus astas, por lo general,
cazaban mosquitos al vuelo.
Viendo como transcurría la corrida enviada por Dolores Aguirre, y en
comparación con lo que hemos visto hasta ahora, cabía trazar un axioma
irrefutable: no existe peor prisión para la fiesta de los toros que la
libérrima facultad que se toman los públicos fáciles de regalar orejas
sin ton ni son. Creemos que en este sentido Dolores Aguirre les ha hecho
hincar las rodillas a los ganaderos que le han precedido hasta el día de
ayer.
Por encima de los tres matadores Antonio Ferrera tuvo la facultad de
izarse como una llama ardiendo. Su labor en los dos toros que le tocaron
tiene una nota muy alta. Las dos faenas estuvieron llenas de intensidad,
de largura, de aguante y de dominio. Se le vio en todo momento muy
centrado como torero, con mucho oficio, con una técnica extraordinaria no
exenta de arte, y con lo fundamental: con un valor a prueba de neutrones.
Se notaba desde los tendidos que su corazón estaba dominado por su
inteligencia, aunque la sangre le hiciese trotar como un caballo
desbocado. Ayer Antonio Ferrera dijo imaginariamente en Pamplona que
vengan a competir con él cuantas primeras figuras del escalafón quieran.
De Juan José Padilla se puede decir que pone todo el interés del
mundo en lo que hace. Sin embargo, hay un azar rústico que no le ayuda
demasiado en sus faenas. Las dos faenas de ayer estuvieron fabricadas con
demasiados enganchones, excesivos pases que no fijaban bien a los toros, y
en ocasiones parecía como si estuviéramos frente a la imagen siguiente:
el tejado verde, el árbol negro, el gato rubio y el trigo gris. Este caos
de metáforas dan la clave de cómo estuvo Padilla ayer. En su segundo
recibió dos volteretas impresionantes, una detrás de otra, que parecía
que iban a llevarle a que le dieran la extremaución. Por fortuna no pasó
de dos palizas descomunales.
El Fandi estuvo ayuno de suerte con su lote. Lo intentó todo, con el
capote, con las banderillas y con la muleta. Sin embargo, no redondeó sus
faenas dentro de lo que entendemos como cánones del toreo. Estuvo
voluntarioso y bullidor. Mas no atisbamos que diera lo mejor de sí, tal
vez porque sus toros llevaban mucho picante dentro.
Los tres matadores dieron banderillas y se las intercambiaron.
Destacaron dos pares de Ferrera, uno de ellos de afuera a dentro, apretadísimo,
y el otro citando de rodillas y quebrando. También otro al quiebro suyo
tuvo enjundia.
Concluimos en que es ocioso asignarse la atribución de tener alma de
misionero para explicar al gran público que mucho mejor que acabar siendo
manirrotos, concediendo orejas a tutiplén, tanto mejor sería volver a pensar
la corrida que vieron ayer. Ése fue un espectáculo de los de siempre en
la historia del toreo.
Aventuramos a anticipar que la corrida que vieron ayer los buenos
aficionados les habrá dado motivo para discutir y analizar cada uno de
los toros que salió por los chiqueros.
El ponerle el título a Dolores Aguirre como la dama de hierro, eso no
quita para que con toda probabilidad pueda colegirse que lleva en su
interior un tigre de ternura. Quién lo diría, ¿verdad?
El Mundo. I
CAJITAN. Toros extraños, brillos opcaos
El bulle bulle de la plaza calienta motores bajo un sol soñoliento.
Y a las 18.30 horas un delirio regado de esa música de enjambre metálico
que desatan las peñas: entre el ruido infernal y el Aserejé, ese otro
ruido dulce. Nada mejor para la chapa de estaño caliente de algunos
corazones, que el toreo de fanfarria que destila a bocajarro Juan José
Padilla, que sufrió dos revolcones feroces e inquisidores en el segundo
de su lote.Afortunadamente sin consecuencias, aunque pasó por la enfermería.
Su primer toro, el doloresaguirre que abría plaza, se fue al
matadero soportando el peso inefable de los mejores capotazos sin sentido
de la feria.
En estas andaba el animal, con su equilibrio frágil, cuando los tres
diestros entraron a banderillas -por cortesía de Padilla, y de Ferrera
después-. Engañosa vibración que recorrió los tendidos, pues sólo El
Fandi colocó un par en la cara misma del toro.
Pero vinimos a ver torear. Padilla estuvo en su primero disimulando que
pensaba una faena que no llegó -aunque quizá no llegó ni a pensarla-.
El doloresaguirre le dejó, le mostró el camino y, al final, optó por
ese suicidio por el que apuestan algunos toros incomprendidos: rajarse.
Padilla se jugó la vida, es cierto, y ante esa actitud cualquier respeto
es escaso.
Iba la plaza en aumento, en aumento de ruido se entiende. Por momentos
era estadio carioca; por ráfagas, avispero de metales.Antonio Ferrera,
que también pasó por la enfermería por un varetazo, dejó pespuntes de
su toreo, vagos apuntes de atardecida en este buen torero, que abrochó
dos de los mejores pares de banderillas de la tarde en el que hacía
quinto. Por lo adentros, ceñidísimo a tablas y en lo alto, uno; citando
de rodillas en los medios y ejecutando al quiebro, otro.
Decíamos que Ferrera dibujó ribetes de buen hacer. Venía con la
estela de las dos orejas en San Isidro. Y supo confirmar, sobre todo en su
segundo, con una labor bien delineada, con tiralíneas preciso, que se
reveló en muletazos templados a un manso con querencia.
Baja la muleta, soportó gañafones y fue ahormando la embestida con un
único arma, con el secreto elemental del toreo: la autenticidad.Pases de
pecho ajustados, trincherillas, pases por detrás...pisando los terrenos
que pedía el astado como un pacto tácito.
El diestro extremeño anduvo en este lindero invisible que marca
frontera entre el toreo de inspiración y el toreo de profesión.Se
oscurecía la claridad de su tarde con el opaco uso de los aceros.
Pinchazos y descabellos a discreción en su lote. Ominoso colofón que sumó
en el quinto, por ejemplo, 13 descabellos.
Poco importa, cuando el espíritu etéreo de los alcoholes -que decía
Apollinaire- empañaban las pupilas del respetable. El Fandi recibió su
primero con verónicas a pies juntos y marcó un par al violín,
especialidad de la casa. Pero el genio que tocó ayer como un dedo deífico
a los de Dolores Aguirre se olvidó de este toro, que después de una
tanda limpia de ayudados por bajo quedó vagando sin alma por la niebla y
El Fandi resolvió con una estocada tendida y algo delantera.
En el que cerraba plaza, tan mal picado como los otros cinco -¿nadie
dice nada?- el torero de granada volvió a mostrar sus virtudes con los
palos y... ¡sorpresa! Otro par al violín.
Se dobló por bajo ante la embestida bronca, perdió los trastos y
soportó, estoico, la sorda rebelión del bicho, asaeteado de querencias,
manso de carné. Otra estocada caída para una tarde de brillos opacos.
Tarde de toros extraños al compás del Aserejé.
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