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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE PAMPLONA
NAVARRA
Tarde del viernes, 5 de julio de 2002
Novillada
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de Miranda
de Pericalvo, buen juego todos, en especial 1º y 2º; con movilidad y
con fuerza.
Diestros:
Entrada: tres cuartos de entrada.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC
El País.
JOSÉ LUIS MERINO. Novillos de gas
Los novillos de piel nocturna fueron el prólogo
del alboroto matinal de próximos días. La novillada de Miranda de
Pericalvo dio un espectáculo poco común en la fiesta de los toros.
Tuvieron mucho gas, fueron prestos al caballo, tomaron algunos hasta tres
varas, y casi en todo momento no dejaron de comerse los engaños. Sin duda
estuvieron, en general, por encima de los novilleros.
Matías Tejela, en su esplendoroso primer
novillo le faltó torear con temple y mando. Dio muchos pases, algunos con
cierta corrección, mas a falta de poner sobre la arena el hondo
sentimiento que estaba pidiendo aquel novillo. En su segundo es cierto que
dio algunas tandas de muletazos que estaban ligados, sin embargo no acabó
de acoplarse con ese ejemplar. Gracias a que entró a matar volcándose
sobre el morrillo y lo hizo de ley. La oreja se la ganó por esa estocada.
Salvador Vega fue quien atesoró los pases
más templados y ligados de todo lo que pasó por la tarde pamplonica.
Hubo suavidad en su toreo y temple, como está dicho, no obstante a ese
novillo tuvo que haberlo matado bien para ganarse una oreja, porque el
novillo era de oreja o dos orejas.
David Galán hizo recordar a su
progenitor, también matador de toros. Al final del festejo, en su segundo
novillo, entró a matar sin muleta. Ese gesto tuvo la virtud de ser un
espoleo entre los espectadores. En especial en aquellos que no sabían que
el padre del torero también conservaba esa costumbre tan heterodoxa de
entrar a matar. En cuanto a lo que es propiamente toreo, el joven David
Galán dio con el capote una antología de lances, todos muy variados,
pero demasiado movidos. Era como si 30 mariposas locas estuvieran
revoloteando unas veces hacia el cielo y otras hacia la tierra y algunas
de ellas a no se sabe qué planeta distinto. Con la muleta el joven Galán
se movió demasiado, siempre forzando mucho los pases, y forzando su
cuerpo, de tal suerte que parecía recordar a un torero contorsionista que
basara toda su energía en la intimidación exagerada de la cintura. Pero
todo hay que decirlo que encandiló a la parroquia con ese cimbreo tan
caricatural y forzado. Si además de ese cimbreamiento el novillo hubiera
caído después de esa media buena estocada tirándose sin muleta, es
posible que le hubieran otorgado la oreja.
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. Solitaria oreja
para Matías Tejela
Prólogo de San Fermín. Ambiente tranquilo ante la
aparición masiva del turismo mochilero. A escasas horas del chupinazo, se
respira paz. Ya veremos. Raro será que los vándalos proetarras
desaprovechen el escaparate mundial para hacer de las suyas, esta vez con
la excusa de las últimas medidas de Garzón.
En la plaza había la misma tranquilidad que en las calles. Sin peñas
ni ruidos, sin estruendos, los pasodobles se disfrutaban. A mitad de la
novillada continuaba la calma, que a estas alturas se nos antojaba como
circunstancia más preocupante: tres novillos de Miranda de Pericalvo habían
sido arrastrados con las orejas puestas. Tres buenos ejemplares con sus
matices, pero con el denominador común de la nobleza.
Al que rompió plaza, Matías Tejela lo saludó con una larga cambiada
y un conjunto de verónicas hilvanadas. Siguió fácil en el manejo del
capote, galleando por chicuelinas y quitando por faroles. Principió faena
con un lío mental que por poco le cuesta una voltereta. Dudó entre un
pase cambiado y el de las flores o así, que todavía no se sabe qué
pretendía. Después tomó la izquierda, y en dos tandas el utrero se le
desmandó en idéntico número de coladas. Novillo y novillero se
centraron más y mejor a derechas. Sobresaliente torete y notable faena,
estrellada por el mal manejo del descabello tras media estocada pasada.
Una pena.
El siguiente desmejoró la línea de su hermano cornúpeta con blandura
en los tercios iniciales. Pero después se creció y fue a más
constantemente. Salvador Vega interpretó el toreo con largura y se reunió
con más autenticidad y clase al natural. Aderezó la labor, arrancada por
hieráticos estatuarios, con adornos floridos. El acero se convirtió de
nuevo en impedimento para redondear el triunfo. Y, como en el caso de
Tejela, la demora acarreó un aviso.
David Galán, hijo del inolvidable Antonio José Galán, se mueve con
las lógicas verdes maneras, y a la vez se mueve demasiado. En las suertes
fundamentales no dice mucho. Abrió con un movido cambio y cerró con
inquietas manoletinas. Pronto es para juzgarle.
Curiosamente, Matías Tejela sí consiguió el trofeo del cuarto, que
era bastante más parado e inferior al anterior de su lote. Y es que la
espada resulta fundamental. El estoconazo final le aupó con la oreja,
hizo olvidar no pocos enganchones y elevó su tesón y voluntad. Si no
marra con el estoque en los albores de la tarde, no hubiese volado de sus
manos la salida a hombros.
El quinto sacó mansedumbre a espuertas, como se comprobó en los
arreones con que acometía para huir del caballo. En la muleta se movió
sin clase pero sin maldad. Vega muleteó con oficio, aunque no encontró
material para la inspiración.
Galán se animó más con el bondadoso último desde que lo saludó con
un cóctel de largas, verónicas, chicuelinas y alguna caleserina, y se
decantó por la línea efectista en el tercio definitivo, que al menos le
define mejor. Fue la viva imagen de su progenitor cuando se tiró a matar
sin muleta. Media estocada no bastó, y el descabello le privó de un
reconocimiento mayor que unas tenues palmas.
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