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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE PAMPLONA
NAVARRA
Tarde del sábado, 14 de julio del 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Hijos
de Eduardo Miura, grandes, todos rebasaron los 600 kilos, zancudos,
cornalones; descastados; broncos con peligro.
Diestros:
-
Eulalio López
El Zotoluco, estocada ladeada (oreja); en el 2º, de Padilla, seis
descabellos -aviso- y cuatro descabellos (pitos); pinchazo a toro
arrancado, otro en la barriga, estocada ladeada -aviso con retraso- y
dobla el toro tras larga agonía (silencio); estocada caída, rueda de
peones -aviso- y dos descabellos (oreja); salió a hombros por la
puerta grande.
-
Juan José Padilla,
pinchazo saliendo cogido.
-
Antonio Pérez El
Renco, pinchazo en los bajos perdiendo la muleta, nuevo
pinchazo en los bajos, dos pinchazos, rueda de peones, pinchazo, otro
hondo muy tendido y muy bajo, y descabello (pitos); dos pinchazos,
media muy tendida -aviso- y descabello (silencio).
Entrada: lleno.
Tiempo: calor.
Incidencias: intervenido Padilla de cornada grande en el
cuello, que lo atraviesa, muy grave. Se guardaron dos minutos de silencio en
memoria de José Javier Múgica, el concejal de UPN asesinado en Leitza por ETA;
uno antes de empezar la corrida, otro al término del paseíllo. Los toreros
también brindaron a su memoria sus primeros toros.
Crónicas de la prensa:
El País, Diario
de Navarra, El Mundo, ABC,
Diario de Sevilla
El País.
JOAQUÍN VIDAL. Ambiente de tragedia
El final de los sanfermines estuvo rodeado por la tragedia: el
asesinato de Múgica, el cornadón que sufrió Juan José Padilla, el
guadañazo de un miura que de poco decapita a Zotoluco.
Lo de Padilla fue terrible. Entró a matar y el miura le atravesó
el cuello. Así, como suena. Una cornada seca, a toma y daca, que tiró al
torero al suelo y lo dejó allí exánime. Las cuadrillas se apresuraron a
llevarlo a la enfermería y era tal el nerviosismo que ni acertaban el
camino.
Hasta la climatología se sumó a la trágica tarde sanferminera. De
repente hacía frío, se levantaba el viento, venían nubes renegridas
cubriendo los tejadillos.
Un crimen de ETA había apesadumbrado a las buenas gentes. Pamplona, la
verdad, después del atentado contra José Javier Múgica, concejal de UPN
en la población navarra de Leitza, no estaba precisamente para fiestas.
La corrida de toros, última de la feria, se celebró porque los
sanfermines son más un rito y un símbolo que una fiesta.
Antes de empezar se guardó un minuto de silencio en memoria de la víctima
de la banda asesina. No hubo exactamente silencio porque salieron algunos
pitos estúpidos y el público reaccionó con una ovación cerrada. La
estupidez no acabó aquí. Volvería corrida adelante cuando sacaron en
tendido de sol una pancarta referida a la amnistía, y los espectadores,
prácticamente la plaza entera, mandaron a esos estúpidos a la mierda.
Al terminar el paseíllo las cuadrillas se sumaron al minuto de
silencio que había precedido a su comparecencia. 'Nosotros también y en
primera línea', debieron decir. Y ahora la ovación que estalló abarcaba
al noble gesto de los toreros.
La torería se demuestra de muchas maneras y esa no era la de menor
fuste. Después los toreros la volvieron a demostrar en cuanto salió el
toro. Se trataba de un zancudo y destartalado miura con
impresionante arboladura y fea estampa, cuyas intenciones no le iban a la
zaga. Zotoluco lo saludó mediante una larga cambiada de rodillas, el toro
la tomó tirándole un derrote terrible al cuello y por unos centímetros
no lo dejó allí decapitado.
Todas las acciones de Zotoluco que siguieron fueron valentísimas. Lidió,
muleteó arrojado, desplegó alardes temerarios, mató certero y se llevó
una oreja. Al toro que hirió a Padilla lo descabelló sin acierto y
entonces oyó pitos. Al cuarto, poderoso y bronco, volvió a pisarle
terrenos comprometidos, libró tarascadas, el toro le regateaba con el
sentido propio de los pregonaos, y tardó en matarlo.
Al sexto -con cuatro miuras hubo de medirse Zotoluco a causa del
percance de Padilla- lo lidió aportando pundonor y maestría, se fajó en
tandas muleteras de inverosimil ejecución por la bronquedad del animal, y
le cortó una oreja que le valía para salir por la puerta grande con todo
merecimiento. Visto el acíbar que se pasó, los amargos trances que
provocaron los miuras, la generosa entrega del espada mexicano, esa
salida a hombros por la puerta grande es la mejor ganada de la feria.
El Renco pasó parecidos apuros. El joven diestro derrochó asimismo
pundonor para sacarles a los miuras un partido que no tenían y
hasta incurrió en inútiles temeridades como ejecutar molinetes de
rodillas o darse a las manoletinas que, naturalmente, acababan en
horribles enganchones.
Pero quien se empeñó en hacer de su actuación proeza fue Juan José
Padilla, que banderilleó atlético, procuró prender el par del violín
sin lograrlo, toreó de muleta en los medios con evidente afán, recurrió
también a las manoletinas, y al realizar el volapié en corto y por
derecho se llevó una cornada espantosa, muy grave, de inciertas
consecuencias.
Mal fin de los sanfermines fue ese. El Pobre de mí, que siempre
trae aires nostálgicos, esta vez vino teñido de tragedia.
Diario
de Navarra. BARQUERITO. Padilla,
herido muy grave
Muda y secamente, la miurada fue una
brutal batalla. Con una víctima y un héroe impensados. La víctima, Juan
José Padilla, que en el embroque de la estocada con que intentó tumbar
al segundo de corrida, fue alcanzado de pleno en el cuello. Salió de la
cogida ya casi inconsciente y con dos vértebras cervicales rotas. En el
suelo lo buscó el toro y le molió el vientre a golpes con la pala de un
pitón. A ese toro Padilla lo manejó con soltura y sitio, lo banderilleó
con valor y altísimo riesgo y hasta se adornó con él antes de buscar la
igualada. Terrible la cogida y una impresión durísima en la plaza, donde
tardó en recobrarse el aliento lo que tarda en pasar eso en Pamplona: sólo
un toro más.
El héroe, El Zotoluco, que, oficio, recursos y entrega a un lado,
cortó gracias a espléndidos méritos con la espada dos orejas. Una, al
primero de los seis miuras, que fue, dentro de su género, el que menos
problemas planteó. Toro bien manejado de principio a fin: larga cambiada
de rodillas en el saludo, lances de vuelo y correa sobre los pies y a la
manera antigua y toreo a la distancia y en la única altura que admitió
el toro, que fue por arriba. Una faena de notable continuidad e imponente
entereza, y, sobre todo, muy certera en propósitos, planteamiento y
resolución. Zotoluco había venido a Pamplona a cortar una oreja como
fuera, gesto que le honró y distinguió, y cuando el toro dejó de
venirse, optó por un cálido, rugiente desplante de rodillas y de frente,
de fuera los trastos y de aquí estoy yo. En los momentos de apuro -cuando
el toro tiró por el pitón izquierdo violentos testarazos-, Zotoluco hizo
esgrima o se metió bajó el pitón, como fuera, pero capeó el temporal.
Y otra oreja al sexto, que hizo cosas prometedoras de salida -mejor
tranco, más alegría que cualquiera de los otros cincopero que en la
muleta fue una especie de tren a punto de descarrilar. Cosas de buen peso
hizo Zotoluco con el toro. Darle el pecho, tratar de engañarlo y de
engancharlo, no volverle la cara, no arrugarse y, en fin, atacar muy a lo
macho, sin exceso de alardes, pero siempre en dueño de la situación.
Cuando la gente empezaba a respirar -porque con este torero se sintieron
seguros casi todos los presentes-, un desplante final a pecho descubierto,
desafiante e inspirado, provocó una de las más cerradas ovaciones de
Sanfermines. Tras igualar al toro, que una y otra vez se le había venido
a la cabeza, Zotoluco enganchó una estocada soberbia de ejecución y
levemente trasera de colocación, pero suficiente como para que, con los
seis miuras al fin puestos en manos de los laceros, la gente agradeciera a
ley el gesto.
Gesto fue la manera toda de estar con los dos toros que había
sorteado, lidiados en orden cambiado tras el percance de Padilla, y gesto
realmente importante y de excelente profesional fue el limitarse a
descabellar al toro que provocó la tragedia de la tarde y de la feria. Si
Zotoluco hubiera entrado entonces con la espada, no habría tenido que
lidiar y matar el que iba a haber sido segundo de lote de Padilla y que,
jugado al fin en cuarto lugar, resultó al cabo, y junto al tercero, el de
peor condición de esta bestial corrida jurásica de Miura que pareció de
otro mundo por todo. Cuatro de los miuras rindieron la vida de mano de
Zotoluco; los otros dos, de la de El Renco, que toreaba por primera vez en
Pamplona y miuras también por primera vez. Como pudo, lo mató. El que se
corrió de quinto, que era el sorteado de sexto, fue el más imponente de
los seis miuras. Cárdeno, muy playero, hondo, temible. Fue toro sin
fuerzas y cobardón que sólo se empleó a testarazos. Digno papel de El
Renco que, resuelto, sin venirse abajo, encontró la igualada y decidió
acabar con la pesadilla.
El
Mundo. JAVIER VILLAN. Juan
José Padilla en estado muy grave al ser corneado en el cuello
La tarde ha tenido de todo, bueno y menos bueno. La
miurada, impresionante de tipo. Toros altos y agalgados, con muchos kilos
y pitones descomunales. Unos se han dejado más que otros, pero todos han
dado juego muy emocionante. Los toreros, según los casos, lo han
intentado a base de valor, aunque sólo ha resuelto en triunfo el mexicano
Zotoluco, y de qué manera. Padilla ha sufrido una impresionante cogida,
con cornada muy grave. También el público ha pasado lo suyo, mojándose
en lo que ha durado la faena al tercero.
Zotoluco ha reivindicado un puesto para este tipo de corridas, mitad
habilidoso, mitad muy valiente, se ha descarado en su primero, el toro del
triunfo, en una larga de rodillas pegado a tablas, prodigándose a
continuación con muchos lances. Ha mezclado verónicas con chicuelinas,
ha puesto en suerte con galleo también por chicuelinas y ha terminado con
un quite por navarras.
La apertura de faena, de rodillas en el mismo platillo de la plaza,
citando al toro en tablas, ha tenido especial vibración. Y a partir de ahí
series cortas puesto que al tercer muletazo se negaba el astado. Y cambios
contínuos de mano para evitar que se orientara. Muy bien el torero
azteca, capaz y resuelto, que al final se ha desplantado incluso de
rodillas. La estocada, en el mismo hoyo de las agujas, ha dado paso a una
de las orejas de más mérito de esta feria.
Zotoluco, que ha salido a descabellar al toro que hirió a Padilla, ha
matado también el segundo de éste, un Miura que ha estado siempre a la
defensiva, frenándose antes de llegar a la jurisdicción y poniéndose
por delante. El mexicano no se ha arrugado en ningún momento, todo lo
contrario, ha intentado buscarle las vueltas aunque era prácticamente
imposible.
Pero su suerte estaba también en el otro toro, el segundo de su lote, que
hacía sexto en la corrida. Toro manso con el que el mexicano ha estado
otra vez con mucha entrega y oficio, atacando en todo momento. Brillante
con el capote y muy emocionante en el último tercio. El Zotoluco se ha
metido mucho con el toro en todo momento, en una faena incansable, de
pases y pases, la mayoría rematados por alto ante la imposibilidad de
engañar al burel.
Muy importante actuación, que ha tenido el remate de una estocada que
todavía el Miura se ha querido tragar como si tal. Aunque al segundo
golpe de descabello se ha materializado en triunfo: otra oreja y la salida
a hombros por la Puerta Grande.
Padilla ha estado valeroso con el toro que le ha herido. Ha puesto
banderillas con más voluntad que acierto, y en la muleta ha pasado mucho
tiempo entre atragantones, sin poder entrar del todo en faena. El toro le
ha cogido en el primer viaje con la espada, hiriéndole en el cuello. Ha
sido espeluznante verlo después inerte en el suelo y demudado en brazos
de las asistencias.
El Renco, debutante en Pamplona, no ha tenido suerte con los toros, ni ánimo
suficiente para contrarrestar lo anterior. Su primero repartía gañafones
a diestro y siniestro, con la cara por las nubes y quedándose corto. El
alicantino ha abreviado antes de complicarse la vida. En el segundo de su
lote ha hecho El Renco un notable esfuerzo prologado con larga de rodillas
en el tercio. Embarullado en el quite, pese a los alardes que ha tenido en
la muleta, con simulacro de toreo sobre las piernas, ha podido más la
violencia del toro, descompuesto y pegando arreones. .
No ha sido corrida de ver y contar por sus pasajes artísticos, ha sido más
bien el gozo de vivirla por la pasión y la entrega del triunfador, el
mexicano Zotoluco.
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. Un Miura atraviesa el cuello a Juan José
Padilla
A Padilla se la tenían jurada esta temporada los toros en el cuello,
y, al final, ha sido un miura quien ha materializado la confabulación.
Digo «quien» porque a veces los miuras alargan la gaita como si fuera el
brazo de una persona pendenciera. Y hablo de conspiraciones animales para
quebrar la traquea del jerezano porque un victorino en San Sebastián y
otro miura en Sevilla ya lo habían intentado.
La tarde venía precedida de una mañana sangrienta, con olor a goma-2
y muerte canalla. Un minuto de silencio, sesenta segundos de aplausos
acallaron las voces cobardes que comulgan con los asesinos
bastardos.Realmente fueron dos minutos de exaltación de la memoria del
concejal de UPN, antes y durante el paseíllo. Un enorme crespón luctuoso
colgaba del palco presidencial, y los tres matadores levantaron sus
monteras hacia el oscuro cielo en busca de la vida rota de Múgica, un
navarro noble como la mayoría de las gentes de esta tierra.
Después, Padilla por poco sigue el camino del político de Leitza. Se
perfiló para matar, arrancó el volapié y el miura le esperó a la
contra, cual Tyson. El golpe seco a la yugular derribó al torero como un
pelele, que inerte y K.O. quedó tendido en el ruedo. El doctor Héctor
Ortiz, que tocaba madera para acabar la feria sin trabajo, se empleó a
fondo: «Si llega a moverse el pitón dentro del cuello en zig-zag...»
Los puntos suspensivos dicen más que las palabras; la violencia de la
imagen les aseguro que también explica más y mejor el suceso que estas líneas.
Zotoluco se empeñó en descabellar al toro hiriente, que aún permanecía
muy entero. Y así, en el noveno intento, lo consiguió. Semejante
obcecación no correspondió con el resto de la actuación del mexicano,
valiente, dispuesto, clarividente profesional que se impuso a las
adversidades, a los malos vientos y a las hermosas bestias de Zahariche,
de anatomías largas, agalgadas, musculadas y flexibles.
Eulalio López se batió el cobre. Al primero lo recibió con una larga
cambiada de rodillas. También de hinojos lo esperó con la muleta en los
medios, con un par. Zotoluco parecía hecho a una escala distinta. Ni
siquiera se arredró a la hora de tirarse con la espada entre los pitones,
que le afeitaron la cara como una Gillette. Ante los cabezazos y topetones
del cuarto, que derribó con poder, anduvo decoroso, para volver a
crecerse con el sexto, mansurrón y huidizo de los caballos.
El torero de nuestro México hermano buscó el triunfo con ahínco, de
rodillas, sobre la derecha y la izquierda, hasta acabar en un desplante a
cuerpo limpio y una estocada de fe. Dos descabellos no impidieron que
conquistara una oreja que le abría la puerta grande.
A El Renco le vino la corrida, propia de principios de siglo, demasiado
grande. Al margen, su lote resultó el más complicado. Careció de la
habilidad para encontrar un hueco con el estoque entre los cabezazos
defensivos de los miuras y protagonizó un mitin. A estas alturas, al
hablar de Padilla, de nuevo hay que mencionar la palabra milagro.
Parte facultativo: Padilla sufrió «una cornada que atraviesa el
cuello por la cara anterior, diseca el esófago y probablemente fractura
la segunda y tercera vértebras cervicales, aunque queda pendiente de
examen radiológico. No afecta a otras estructuras. Pronóstico muy grave».
Firmado: doctor Héctor Ortiz.
Diario de
Sevilla. LUIS NIETO. Un miura atraviesa
el cuello de lado a lado a Juan José Padilla
Un minuto de silencio -con griterío de algunos
indeseables-, paseíllo sin música, crespón negro en el palco
presidencial y negro el cielo, que rompió a llorar al poco. Luto por la
barbarie. Y los toreros, dos de ellos, a punto de perder la vida en el
ruedo, brindaron sus primeras faenas a José Javier Múgica, montera en
mano y mirando al cielo.
Si a estas horas lo cuenta Padilla es por el capotillo de San Fermín y
los capotillos del santoral entero. Porque un pitón le atravesó el
cuello de lado a lado y, milagrosamente, no le rozó la yugular. De lo
contrario… El jerezano cayó herido cuando entraba a matar al segundo.
El toro le esperó cuando el diestro le metía la espada y, en un derrote
seco y certero, le golpeó secamente en el cuello con el pitón derecho.
Le atravesó con su gigantesco cuchillo el cuello de lado a lado. Padilla
cayó y quedo yerto en la arena, hasta que sus compañeros se lo llevaron
inconsciente a la enfermería. El torero, desacertado en banderillas, se
había empleado con anterioridad en una faena peleona.
Zotoluco vivió la cara de la jornada. Se jugó la vida
desesperadamente. El torero mexicano cobró las dos orejas más caras de
estos sanfermines y ganó a ley la Puerta Grande. El cornalón y noble
primero estuvo a punto de arrancarle la cabeza cuando el torero, pegado a
tablas, lo recibió con una larga cambiada de rodillas. El animal acudió
cruzado y le lanzó un hachazo del que salió ileso milagrosamente.
Animoso, el mexicano quiso lucir variedad con la capa, como en un quite
por navarras. El inicio de faena, en los medios, de rodillas, del pequeño
torero en estatura -gigante en agallas- contrastó mucho con lo voluminoso
que era el miura. El mexicano buscó la distancia, en una faena vibrante,
con emoción- La labor terminó casi de infarto, en la suerte suprema,
cuando, a cambio de una habilidosa estocada, el toro le propinó una
cuchillada en la mejilla izquierda con el pitón derecho. Como la cogida
de Padilla, pudo acabar en tragedia.
Con el cuarto, sin opción al lucimiento, Zotoluco se limitó a un
trasteo y lo pasó mal para matarlo.
El colorado sexto, por la cogida de Padilla, fue para el mexicano.
Zotuluco derrochó la bravura que le faltó a su oponente, un toro
gigante, colorao, bravucón, que se defendió. El torero lo recibió con
una larga, junto a tablas con una larga de rodillas. Con la franela se
peleó por ambos toros con un toro que se quedaba cortísimo. El
desplante, ante el avispado y descomunal toro, rodillas en tierra y a
cuerpo limpio, sintetizó su máxima entrega. Mató de estocada y una casi
entera arriba para cobrar una oreja.
El Renco, con el agalgado tercero, muy playero y difícil, cumplió. El
toro derribó y puso de nuevo en pie a la cabalgadura con facilidad
supina. En la muleta buscó descaradamente el cuerpo del diestro. El
torero pasó las de Caín en la suerte suprema.
Con el quinto, un cárdeno de 600 kilitos pasó un mal trago El Renco.
El torero recibió a la prenda con una larga cambiada de rodillas en el
tercio. El picador, Juan Charco, fue descabalgado de un cabezazo. El tal
Avión, como los pilotos de Iberia en la pasada semana, y como sus
hermanos de camada, se puso en huelga. No embistió. Y entre hachazos y
tornillazos discurrió una labor para un torero escasamente placeado,
serio y con valor. Con la espada volvió a sudar la gota gorda.
Los gritos de “¡Zotoluco, Zotoluco!” retumbaban en la plaza,
mientras salía a hombros. Segundos antes, el ulular de una ambulancia
trasladaba al hospital a Juan José Padilla, a punto de morir en el ruedo
de Pamplona, en una jornada terrorista cruel y horrible en tierras
navarras. |
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