|
Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LA CONDOMINA
MURCIA
Tarde del sábado, 15 de septiembre del 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de Fuente
Ymbro, muy bien presentados, encastados y con movilidad.
Diestros:
-
Antón Cortés,
ovación y silencio tras aviso.
-
El Rubio, ovación y oreja.
-
El Maera, que debutaba con picadores, palmas tras
aviso y ovación.
Entrada: un cuarto de entrada.
Crónicas de la prensa:
El Mundo, La Verdad
de Murcia
El Mundo.
GONZÁLEZ BARNES. Los novillos por
encima de los novilleros
Alguno de los novilleros de ayer soñarán durante su carrera con que
le salga algún novillo como los que tuvieron ante sí y que se fueron al
crematorio con las orejas y el rabo. El quinto de la tarde era de vuelta
al ruedo y el sexto para abrir la Puerta Grande, al igual que el tercero;
pero en una ocasión la falta de recursos de sus matadores y en otra la
espada, privaron al ganadero Ricardo Gallardo de un triunfo en Murcia.
Abría cartel Antón Cortés y aunque le correspondió el peor lote,
dijo muy poco. Salvo algún muletazo aislado pasó con más sombras que
luces por Murcia. El Rubio es un torero de valor, con muchas ganas y
bullidor, pero le falta la experiencia. Ante su segundo pudo haber tocado
el cielo, pero se paró a la altura de las andanadas de la plaza. No supo
darle la distancia ni el temple necesario, acortó las tandas y sólo le
salvó la estocada. Lo de Juan Orenes, Maera, tiene un mérito enorme. Ha
toreado no más de una docena de novilladas sin caballos y ayer en su
presentación con los del castoreño salió airoso, pero lógicamente se
le vio falto de sitio y recursos, aunque no de valor y ganas de ser
torero.
La Verdad de
Murcia. JOSÉ MARÍA GALIANA MURCIA. De
toros no saben ni las vacas
Sobresalió El Rubio en la novillada de Fuente Ymbro, bien presentada y
con las intemperancias de la casta
«De toros no saben ni las vacas», suelen decir los taurinos para
zanjar cualquier controversia, y lo que algunos defienden como aserto
precisa de matizaciones. Hace unos días disfruté de una novillada
encastada en Calasparra y otros opinan que no fue tal; ayer creí ver de
nuevo la casta y otros dirán que el ganado careció de ella. La casta,
esa condición tan subjetiva, necesaria e infrecuente, puede ser buena o
mala, y aún en el primer supuesto, genera muchos inconvenientes si no se
aplica la lidia adecuada.
|