GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LA CONDOMINA
MURCIA

Tarde del martes, 12 de septiembre del 2000
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA

GanaderíaToros de Alcurrucén, desiguales y mal presentados, terciados, sin raza ni clase, flojos; el 4º, que manseó en los primeros tercios, acabó embistiendo y humillando con codicia, siendo aplaudido en el arrastre, como el anovillado 2º, que mostró movilidad; al 1º, muy parado, se le pitó, y al silleto 3º, muy mal picado, devino en reservón. Un pésimo encierro. 

Diestros:

  • Pepín Liria, pinchazo hondo, descabello, aviso y dos descabellos (silencio); dos pinchazos, estocada, aviso, tres descabellos, aviso y dos descabellos (saludos). 

  • Enrique Ponce, pinchazo bajo, pinchazo, media estocada caída, insistente rueda de peones y dos descabellos (silencio); metisaca, pinchazo, aviso, pinchazo, estocada honda (saludos desde los medios).  

  • Rivera Ordóñez, pinchazo sin soltar, estocada desprendida y perpendicular (pitos); pinchazo sin soltar, estocada y descabello (leve petición y saludos).

Entrada: tres cuartos de plaza.

Crónicas de la prensa: La Verdad de Murcia


La Verdad de Murcia, JOSE MARÍA GALIANA. Días de mucho, vísperas de nada

El hierro de Alcurrucén, ganadería que regenta Pablo Lozano, una de las personas más experimentadas y sabias del orbe taurino, nos devolvió a la cruel realidad: toros muy terciados y desiguales, feos de hechuras, flojos hasta rozar la invalidez, sin clase ni raza, es decir, nada que se pareciera, ni remotamente, a un toro, un toro con un mínimo de trapío, fuerza, nervio, brío: el sentido noble, abierto / que, con la boca cerrada, / aguanta en pie la estocada / y respeto inspira, muerto, tal y como lo entendía el poeta Gerardo Diego.

Los únicos toros con trapío, fuerza, y nervio que han salido estos días al albero de La Condomina, lucían en el morrillo la divisa de Victorino Martín, divisa que, felizmente, Ángel Bernal ya tiene apalabrada para la próxima feria. El problema fundamental del toreo es la falta de casta y de fuerza del ganado, pero no hay que perder de vista el tercio de varas; a lo largo de este ciclo septembrino se han cobrado puyazos infames por lo muy traseros y bajos. El lector ha de saber que el sitio más apropiado para clavar la puya es el morrillo, donde los toros sangran sin que les afecte ningún músculo vital. Sin embargo, habitualmente, se aplica la puya trasera o baja, incluso en el pico de la paletilla, que también es un punto muy vulnerable de los toros. Dos piqueros, Saavedra, de la cuadrilla de Ponce, y Diego Ortiz, de la de Rivera, masacraron al primero y tercero de la tarde.Otro tanto cabe decir del tercio de banderillas. Una cosa es que a los matadores les favorezca el rehilete trasero para clavar la espada con mayor comodidad, y otra que, como sucedió ayer, Curro Molina, de la cuadrilla de Rivera Ordóñez, prendiera los palos a dos palmos de la culata del último toro del encierro que, desde ese instante, dio claras muestras de invalidez.Dicho esto, reseñar que la noticia de ayer fue la salida de Pepín Liria por el patio de caballos, al no cortar ningún apéndice, y lo mismo sucedió con Enrique Ponce y Rivera Ordóñez, sus compañeros de terna, que pese a las ganas de agradar, precisaron de 26 intentos para que doblasen sus toros, unas veces porque no humillaban, otras por continuos desaciertos de los espadas.El primer astado de Alcurrucén no humillaba y carecía de casta. Ponce, contagiado, lo trasteó a media altura, despegado y sin ligazón. El cuarto salió suelto en los capotazos de recibo y en el inicio de la faena; no obstante, Enrique porfió en los terrenos del tres, volvió amostrarse renuente, lo llevó a los medios, bajó la mano, le echó la muleta al hocico y el noble animal, repentinamente, embistió boyante y franco, haciendo el avión y trazando surcos en la arena. Con la muleta en la izquierda cuajó dos series con el toro prendido en el engaño, se adornó con molinetes, un circular y el característico abaniqueo que ha creado escuela. La faena era merecedora de trofeos, pero al diestro de Chiva se le fue la mano con el estoque, se eternizó y escuchó un aviso. No se encuentra en su mejor momento, pero conserva una vocación, un instinto y una técnica admirables.Liria tuvo tres orejas en la mano y se fue de vacío. Cosa insólita, pero fue el más remiso con los aceros, especialmente en el uso del verduguillo, si bien, el quinto de la tarde, castaño, tampoco humillaba. De salida renqueó de los cuartos traseros, distraído, topón, sin raza ni clase. Pepín se había ido a toriles, alboreó una larga cambiada de rodillas y el toro, suelto, buscó otros terrenos. Brindó al público, buscó el calor de los tendidos de sol, volvió a postrarse y trató de sacar agua de un pozo vacío. El primero de su lote, anovillado, ofreció cierta movilidad, y la faena tuvo más vibración que quietud y templanza.A Rivera le correspondió un toro ensillado, serio y reservón, que topaba y no humillaba; lo peor es que el respetable lo abroncó inmerecidamente; en el sexto puso voluntad y se reconcilió con el público; mató mal y salió a saludar. El saludo fue el mayor trofeo registrado en una tarde anodina. Días de mucho vísperas de nada.

 

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