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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LA CONDOMINA
MURCIA
Tarde del lunes, 11 de septiembre del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Victorino
Martín,
de interesante juego. Bueno el tercero y excepcional el sexto al que se le dio
la vuelta al ruedo.
Diestros:
Entrada: tres cuartos de plaza.
Crónicas de la prensa:
El Mundo, La Verdad
de Murcia
El Mundo.
GONZÁLEZ BARNES. Buena corrida de Vitorino
Con la corrida de Victorino Martín se acabó el monopuyazo en la Feria de
Murcia. Los seis toros entraron dos veces al caballo. Se vio en el tercero la
pureza del tercio de varas, y la gran calidad y fijeza del sexto le valió la
vuelta al ruedo.
Pepín Liria fue el triunfador de la tarde y también de la Feria al cortar
en dos tardes, seis orejas y un rabo. El murciano tuvo un interesante primer
toro con el que estuvo bien, aunque no terminó de acoplarse. Con el excepcional
sexto estuvo a la altura de su oponente. Bien con ambas manos, sabiendo los
terrenos que pisaba. Acabó la faena de estocada y descabello, de ahí que el
rabo que le otorgó el presidente nos parezca un tanto excesivo, y más de la
forma en que se concedió, sin esperar ni siquiera la petición del público y
sacando los tres pañuelos a la vez.
Esplá estuvo toda la tarde en profesional. Banderilleó con poderío a su
segundo, pero le correspondió el peor lote.
Caballero también abrió la Puerta Grande gracias a su inteligencia y técnica.
Al primero lo lidió prácticamente por el pitón izquierdo, sin ningún tipo de
concesión y arrancando naturales casi inverosímiles. El quinto de la tarde tenía
muchos problemas por el pitón derecho y basó la faena en la mano zurda. Volvió
a cortar una oreja y a dejar un excelente sabor de boca a la afición murciana.
La Verdad de Murcia,
JOSE MARÍA GALIANA. Larga vida a un vitorino
Pese a los agoreros de turno, los toros de Victorino
Martín reunieron en La Condomina a más de 11.000 aficionados, mayor número
que en los festejos precedentes, si exceptuamos el mano a mano entre Liria y El
Juli; en consecuencia, el sentido común aconseja que el nombre del ganadero de
Galapagar figure en los carteles del próximo año, aunque el encierro, hasta el
sexto toro, no respondiese a lo esperado.
Se hacían presentes los vitorinos en la plaza,
finos de hechuras, negros y entrepelados de capa, mirada vivaz y agresiva,
hocico afilado, lomo recto y escasa papada, patas enjutas y pezuña pequeña,
cornivueltos, y el temperamento y la codicia propia de este hierro ponía en
apuros a los toreros, pues pronto desarrollaron sentido, se quedaban en la
suerte, buscaban las ingles, hacían honor a su condición de tobilleros;
complicados en distinto grado, pero sin llegar a la condición de alimañas. Es
más, salvo el tercero, muy bien picado por José Bernal, que le recetó una
segunda vara viniéndose de largo, los demás apenas se emplearon en el peto,
aunque todos acudieron dos veces al caballo y murieron con la boca cerrada.
La explosión llegó en el sexto, por nombre Milagroso.
Boyante, persiguió los vuelos del capote de Liria, y manseó en varas, haciendo
sonar los estribos. Cuando todo hacía presagiar una mala tarde, Liria le ofreció
la muleta y el toro sacó una fijeza y boyantía admirable. Dos series de
derechazos, con la muleta a ras del albero y trayéndoselo toreado levantaron un
clamor en la plaza; después ligó, ceñido y vibrante, una tanda de naturales
rematados atrás y abajo, y otra a pies juntos, de frente, con el toro
entregado. Para que nada faltara, alguna voz pidió el indulto, y Pepín renunció
a seguir toreando ante la sorpresa de muchos espectadores. Hasta la manguera le
llevaron el estoque, cuadró a Milagroso y cobró una estocada que precisó
de descabello. El usía, sorpresivamente, sacó tres pañuelos al tiempo que
suponían las dos orejas y el rabo, y a continuación, sin que nadie lo
demandara, premió a Milagroso con la vuelta al ruedo.
En su toro anterior, Liria había puesto en vilo los
corazones porque el vitorino se revolvía en un palmo de terreno.
Justo es resaltar las actuaciones de Luis Francisco
Esplá, muy entregado toda la tarde, que pechó con el peor lote y sacó a
relucir su técnica y arrojo, especialmente en los dos pares de banderillas por
los adentros. Caballero, igualmente, se inventó a sus dos vitorinos; al
primero, que se quedaba en la suerte, lo enseñó a embestir, y al quinto, un
toro cárdeno, muy largo, en el tipo de la casa, le bajó la mano lo
indecible,lo metió en la muleta con ambas manos jugándose una cornada.
Trofeos al margen, los tres diestros y el ganadero se
han ganado repetir en la próxima Feria de Murcia.
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