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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LA CONDOMINA
MURCIA
Tarde del sábado, 9 de septiembre del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros Nuñez
del Cuvillo, de buen juego, excepto el primero y al quinto se le dio
la vuelta al ruedo.
Diestros:
-
Pepín
Liria, silencio, una oreja y dos orejas.
-
El Juli,
una oreja, dos orejas y una oreja.
Entrada: lleno que «No hay billetes».
Crónicas de la prensa:
El Mundo, La Verdad
de Murcia
El Mundo.
GONZÁLEZ BARNES. Liria y El Juli, la bella
rivalidad
Tiene Cehegín una virgen que llaman de Las Maravillas y así, de maravilla
estuvo el ceheginero Pepín Liria en su segundo toro, en el mano a mano que ayer
mantuvo en Murcia con El Juli. Un toro de Núñez del Cuvillo para quien un
sector de público pidió el indulto y que acertadamente el presidente, Herrero
Romón, premió con la vuelta al ruedo.
En la segunda corrida del abono murciano volvió a escenificarse esa
competencia que siempre ha sido necesaria en el toreo, la rivalidad en los
tercios, el poner los matadores todos sus recursos para ganar la pelea al compañero,
la lucha por el triunfo... Y a fe que el más agradecido es el público, tan
acostumbrado en los últimos tiempos a la rutina y la monotonía de quienes
hacen el paseíllo y no compiten.
Liria, profeta en su tierra, triunfador en las tres últimas temporadas de la
Feria de Murcia, se medía en un mano a mano con el número uno del escalafón,
con una corrida de Núñez del Cuvillo que dio buen juego y colaboró para el
triunfo de los matadores.
El Juli, que había cortado una oreja a su primero, salió a por todas en el
segundo. Excelente con el capote y magistral en banderillas, estremeció a los
tendidos al iniciar la faena de muleta con las dos rodillas en tierra y citando
desde los medios. Profundos derechazos, armoniosos naturales y abrochados pases
de pecho precedieron a un estoconazo y al premio de las orejas.
Así las cosas, Liria no se dejó ganar la partida en su feudo. Se fue por
segunda vez a porta gayola, hizo vibrar a los espectadores con el capote, tomó
las banderillas (no lo había hecho desde su época de novillero), invitó a El
Juli a compartir el tercio y salió airoso de la suerte, pese a ser cogido de
manera aparatosa al intentar colocar un par al quiebro. El torero de Cehegín lo
bordó con el trapo rojo en tandas por ambas manos. Un sector de público pidió
el indulto, que acertadamente no concedió el usía, y tras matar de pinchazo,
estocada y descabello, se llevó las dos orejas de un toro que fue premiado con
la vuelta al ruedo.
Al final los dos toreros salieron a hombros y en el recuerdo de los 16.000
aficionados que llenaban el coso de La Condomina, y que habían colocado el
cartel de «No hay billetes» en las taquillas, quedará que la pugna, la
rivalidad, la competencia... como antaño, había vuelto al centenario coso
murciano. Qué maravilla.
La Verdad de Murcia,
JOSE MARÍA GALIANA. Cuando manda el corazón
A las cuatro de la tarde se puso en La Condomina el
anhelado cartel de no hay billetes, hito reseñable por ser la primera
vez que se produce desde que Ángel Bernal ejerce como empresario. Se veía
venir cuando abrieron las taquillas, y el interés por ver la corrida aumentaba
porque El Cordobés, todavía convaleciente, se caía del cartel y el festejo
quedaba en un mano a mano entre Liria y El Juli. Esta fórmula, que algunos
aficionados rechazan, ha deparado tardes muy apasionadas, susceptibles de
excesos, pero pródigas en emociones. Y siempre es bueno emocionarse. Quitarse
la caspa de las apariencias y dejar que mande el corazón, como este Pepín
Liria que ayer, además de fajarse con la verdad y el arrojo que le caracteriza,
tuvo un gesto que le honra, y a la vez honra a los aficionados y a este coso
centenario. Acaeció en el quinto toro de la tarde, un castaño chorreao en
verdugo de 504 kilogramos, por nombre Poca ropa. Liria, por segunda vez,
se iba, cabizbajo, al portón de toriles, echaba las rodillas en tierra y recibía
a porta gayola a Poca ropa, que al tercer lance abandonó la pelea y se
fue a los terrenos del uno. Nadie imaginaba que el toro de Núñez del Cuvillo
fuera a más, viniéndose de lejos, embistiendo con fijeza y largura, encelado
en la muleta hasta morir con la boca cerrada.Pepín lo había lanceado a la verónica
en los tendidos de sol y dibujado un quite por gaoneras. A muchos sorprendió
que tomara las banderillas y compartiera un par con El Juli, evocando sus
tiempos de novillero. La plaza estaba en ascuas cuando Liria puso el tercer par
al quiebro y Poca ropa le daba con la pala del pitón en el muslo,
desequilibrándolo. El torero rodó por la arena, el burel lo buscó y, tras
unos segundos de angustia, los subalternos se lo llevaron a punta de capote
mientras Liria se levantaba con la taleguilla rota y una mancha de sangre en el
cuello.No se arredró Pepín. Brindó la faena a la familia Hernández, se
dirigió al corazón de la plaza, flameó la muleta para atraer al toro que
aguardaba en el burladero del tendido uno, Poca ropa galopó 30 metros, y
al llegar a la jurisdicción del torero se tragó un pase cambiado y cuatro
muletazos sin enmendarse que pusieron la plaza boca abajo. Atronaban las voces
de Pe-pín, Pe-pín cuando el torero instrumentó dos primeras series con la
mano derecha que rezumaron verdad y quietud. Pepín toreó para los adentros,
con ajuste, temple y ligazón, y el público, enardecido, prorrumpió en olés.El
toro, encelado en los vuelos de la muleta, ya había proclamado su condición de
bravo; Liria se echó la muleta a la izquierda, adelantó el engaño y dibujó
dos tandas de naturales plenos de temple, ritmo y cadencia. Volvió al toreo en
redondo, unas veces mirando al tendido, otras arrebujado con el noble animal; el
molinete, la trinchera, un circular rubricado dos pases de pecho muy largos,
muletazos rodilla en tierra y el toro que no se acababa. Algún interesado
vislumbró la posibilidad de indultarlo y la voz se corrió por los tendidos;
habría sido el cuarto que se indulta en La Condomina en los últimos años, y
los aficionados empezaban a ruborizarse. No así el público, ajeno a la
pantomima. La ocasión la pintaban calva para el torero de Cehegín, que así se
aseguraba los máximos trofeos, pero cuando manda el corazón no hay intereses y
Pepín optó por lo honrado y despenó al toro, desaprovechando la oportunidad
de pasear dos orejas y un rabo pero ganándose la estima del buen aficionado.
Eso sí, a Poca ropa le dieron la vuelta al ruedo.El Juli también tuvo
un gesto muy revelador, al brindar su primer toro a Liria. Era una declaración
de intenciones, un modo de decirle que no se amilanaba por hallarse en corral
ajeno, y lo demostró en algunos momentos. Luego se alivió en otros, como al
entrar a matar al segundo de la tarde, pero dejó impronta de torero con casta;
al cuarto, que empezó manseando y al final mostró calidad, le hizo un vistoso
quite por caleserinas, y en banderillas anduvo valiente y certero. Inició la
faena de rodillas, en los medios, y se vio comprometido en algunos lances. el
palco le regaló la segunda oreja, pero, en líneas generales, El Juli se ganó
el sueldo. Al sexto, un jabonero con muy pocas fuerzas, lo muleteó sin convicción
y con oficio, y es que el ganado, a excepción de Poca ropa, no dio para
mucho.
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