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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LA CONDOMINA
MURCIA
Tarde del viernes, 8 de septiembre del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros Victoriano
del Río, desiguales de presentación.
Diestros:
Entrada: Lleno.
Crónicas de la prensa:
El Mundo, La Verdad
de Murcia
El Mundo.
GONZÁLEZ BARNES. Triunfal reaparición de
José Tomás
José Tomás no ha estado cogido, simplemente de descanso durante unos días,
al menos eso pareció ayer en el coso murciano, que abría sus puertas en el
primer festejo de abono de su feria. El torero de Galapagar «paró el tiempo»
con el capote en sus dos toros y la faena de muleta al primero alcanzó
instantes de sublime belleza, sólo similar a las notas del pasodoble de Nerva
que acompañó su faena.
La reaparición de José Tomás en Murcia ha significado un punto y seguido
en esta gran temporada que lleva. El valor, la casta, la afición y las ganas de
ser figura no se han ido ni un ápice por la herida que hace unas semanas le
abrió el pitón de un toro. Ayer cortó las dos orejas de su primero, abrió la
Puerta Grande de la plaza de toros de Murcia, levantó al público de sus
asientos y su toreo, tuvo ese pasmo de quietud, de pisar inverosímiles
terrenos, tan sólo al alcance de los llamados a ser figuras del toreo.
Habrá que decir que la corrida de Victoriano del Río no fue buena, pero
tampoco mala. Se dejaron tres toros y otros tantos estuvieron faltos de fuerza y
raza. La presencia, escasa, y la cara también.
Joselito, estuvo ausente en su primero aunque, bien es cierto que el toro no
era un prodigio de fuerza, pero es que José pasó demasiado y encima lo mató
de manera infame.
No entendimos que brindara su segundo al público, aunque el inicio de faena
sentado en el estribo hizo albergar la esperanza de un reencuentro con el éxito,
pero fue el sueño de una tarde de verano porque José aburrió.
El toro de la reaparición de José Tomás fue un gran toro. Respondía por
Flor de gamón y había dado en la báscula 501 kilos. José Tomás lo entendió
a la perfección e inició la faena de muleta con cuatro estatuarios en los
medios a los que ligó tandas de derechazos y naturales con aroma de torería,
todo ello, en el centro del albero. Terminó adornándose con ajustadas
manoletinas.
En el segundo no pudo sacar agua de un pozo vacío. La poca fuerza del toro y
la consiguiente falta de transmisión tuvieron como recompensa tras andar
regular con los aceros una ovación que escuchó desde el tercio.
Morante de la Puebla se presentaba en Murcia y el sevillano pasó con notable
el examen. En su segundo estuvo magnífico ante un toro que hacía albergar
pocas esperanzas. Mató recibiendo y esto fue lo más llamativo de la tarde de
su debut en Murcia.
La Verdad de
Murcia. JOSÉ MARÍA GALIANA MURCIA. José
Tomás no es de este mundo
A la hora anunciada, bajo el sol amarillo de
septiembre, el usía, Gabriel Osete, sacó el pañuelo blanco, se escucharon
clarines y timbales, despejaron plaza los alguacilillos, recabaron del palco la
llave de toriles, volvieron grupas, salieron por la puerta de arrastre los
toreros con sus correspondientes cuadrillas y echó a andar la última Feria de
Murcia del milenio, feria que ayer puso cara José Tomás tras una faena
imperecedera como el toreo que despliega este joven diestro de Galapagar que
ayer, precisamente, reaparecía tras una cornada en el escroto, lugar que, de sólo
nombrarlo, da grima y mueve a determinadas precauciones.
Eso para cualquier ciudadano común, incluídos
matadores de toros y practicantes de puenting, mas José Tomás no es de este
mundo, y lo más probable es que el torero, recién salido del hule, quisiera
medir su valor, saber a ciencia cierta si la cornada en sus partes más íntimas
había disminuido su arrojo. La duda se despejó pronto, apenas alboreó las verónicas
de recibo, y protagonizó un quite por chicuelinas ceñidísimo que caló en el
corazón de los espectadores provocando los primeros y unánimes olés.
Cuando brindó al público ya se olía a faena grande,
a faena construida desde la quietud y la serenidad. Para abrir boca, impávido,
dibujó cinco estatuarios a pies juntos sin mover un alamar, erguida la planta,
heróico, y abrochó la tanda con un lance de desprecio, desmayado el trazo. Le
siguieron varios naturales arrobadores, adelantada la muleta, parando, templando
y rematando atrás y abajo, dejando al toro en el lugar exacto para ligar el
siguiente muletazos en perfecta conjunción, perfumando las tandas con
trincheras poderosas y larguísimos pases de pecho.
La emoción se había adueñado de La Condomina; tras
un ajustadísimo pase de las flores alumbró series de ensueño con la mano
derecha, muletazos de gran pureza y dominio que, en ocasiones, parecían de seda
no exentos de ritmo y cadencia. Debía tener el corazón desbocado José Tomás
mas no su rostro no mostraba la menor alteración. La faena alcanzó una
especial intensidad cuando, en las tandas postreras, el toro, noble y repetidor,
bravo, se rebozaba en el engaño y José Tomás vaciaba las embestidas amoroso y
se adornaba con empaque y donaire.La estocada, a cámara lenta, rubricó la que,
para muchos aficionado, ya es la faena de la Feria. Cuando los tendidos se
poblaron de pañuelos, Juan Posada, matador de toros y crítico taurino,
expresaba en el burladero: ¿Quién dice que el buen toreo no lo entiende todo
el mundo? Tratándose de una plaza tan generosa, las dos orejas con que
premiaron al torero sólo es un dato anecdótico, pero en la memoria de La
Condomina ha quedado la faena que José Tomás hizo al toro Flor de Gamón, la
tarde que echaba a andar la ultima feria del segundo milenio.La invalidez del
quinto toro, segundo de su lote, frustró las expectativas creadas en los lances
de recibo, que provocaron voces de incredulidad y admiración por su pureza y
estoicismo.
Morante de la Puebla es otra de las esperanzas del
toreo actual, y cabe señalar que parece estar recuperado del cornalón sufrido
en abril, en La Maestranza, al iniciar su segunda faena con el cartucho del
pescao, inspirado lance de Pepe Luis Vázquez. Su primero toro, tercero de la
tarde, salió suelto, manseó de salida, se repuchó en el caballo y se dolió
en banderillas. Cuando algunas voces pedían su devolución, Morante le presentó
la muleta y lo metió en el canasto. La receta era bajarle la mano y lo hizo de
manera irreprochable, a base de muletazos largos y templados, con su proverbial
apostura. El mal uso de los aceros devino en una petición insuficiente.
El que cerraba salió de toriles abanto y corretón,
recibió un puyazo muy largo y rompió a bueno en la muleta que le ofreció
Morante en el platillo de la plaza. También se rompió el torero de la Puebla
en los primeros muletazos, largos y poderosos, templados, rematados en la
cadera. Luego dibujó algunos carteles de toros, especialmente una serie al
natural, de frente y a pies juntos, rematada con un trincherazo muy arrebujado.
Entró a matar recibiendo y metió el estoque al segundo intento, lo que valió
una oreja. ¡Qué aroma a nardo hay en la muleta de Morante! La intensidad con
que se vivieron las faenas de José Tomás y de Morante de la Puebla, contrastan
con la abulia y desencanto de Joselito, que en tarde tan gozosa encarnó el
papel de convidado de piedra. Salvo las verónicas de manos bajas que peinaron
el albero, su comportamiento no admite excusas.
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