TOROS
EN LA MONUMENTAL DE MÉXICO
TEMPORADA 99-2000 |
Toros en La
Monumental
CRÓNICAS DE LOS FESTEJOS
Caballero y los
mansos
Rabo
para Pablo Hermoso de Mendoza
Emotivo toreo de Marie Sara
Cavazos cortó su octavo rabo
Eloy
Cavazos corta un rabo en la México y Ponce suma una oreja
Importante
triunfo de Manuel Caballero, que salió en hombros del coso
Arte puro de Manuel
Caballero
Los
toros de la bronca a El Juli en México eran para una novillada
Escoltas de El Juli tras su
fracaso en México atacan a tres reporteros
Fenomenal
bronca a El Juli
Jorge
Gutiérrez salió a hombros y El Juli recibió una gran bronca
Rafael Ortega, conmocionado
Manuel Caballero bordó el toreo
Triunfal y emotivo
adiós del español "Litri" en la Plaza México
Emotivo adiós de Litri
Emotiva despedida de Litri
Se lució
Hermoso de Mendoza
El
Juli exigió toros impresentables
Los moruchos no permitieron el éxito a
Espartaco
El País, 30 de mayo
de 2000. R. VÁZQUEZ VILLALOBOS. Insulso
cierre de temporada
Aunque el festejo debería haber tenido mayor lucimiento por la bravura del
quinto toro y el gran recorrido y nobleza del primero, el cierre de la temporada
de la primavera 2000 resultó insulso. Manuel Martínez estuvo insípido con su
lote; Judas Tadeo tuvo detalles interesantes pero falló con el acero, y El Coyo,
con un lote malo, pasó sin pena ni gloria.
La pujanza y emotividad del toro Rompe Puertas , que hizo quinto,
desconcertó a Manuel Martínez y su que hacer en toda la lidia fue de dudas. En
su muleteo tuvo un momento de decisión y trazó tres derechazos mandones, pero
prevalecieron los trapazos. Al claro tercero ya lo había desaprovechado con un
desempeño de altibajos. Martínez tiene clase pero le falta espíritu.
Judas Tadeo torea con buen sabor, pero Azucarito, el excepcional
astado de su confirmación de alternativa, lo trasteó sin plan alguno. Ante el
manso sexto, un galafate de 636 kilogramos, no se amilanó y se desenvolvió con
serenidad y soltura. Al intentar su primer descabello, el estoque de cruceta voló
por los aires hasta el tendido y, milagrosamente, no hirió a nadie. Judas Tadeo
regaló el sobrero y, aunque el viento le molestaba, en su muleteo apuntó
detalles.
Arturo Días, El Coyo, batalló con el segundo de la tarde, un huidizo
manso que trajo por la calle de la amargura a la cuadrilla en el primer tercio.
Aquello parecía una capea, y el picador Julio Brazofuerte Sánchez fue
amonestado públicamente por el juez de plaza por volver a picar cuando el
tercio había sido cambiado. El Coyo terminó dándole al toro una lidia de
castigo con pases de pitón a pitón.
El cuarto salió barbeando y saltó al callejón, pero en el último tercio,
aunque regateaba las embestidas, realizó innumerables recorridos. En su
desordenado muleteo El Coyo abusó del pico descargando las suertes.
Terminada la temporada de primavera, comienza en la Monumental Plaza México
la de las novilladas, la primera de las cuales se celebrará el próximo
domingo. En ellas participarán algunos toreros españoles.
El español Rafael de La Viña recibió palmas al confirmar su alternativa en
el penúltimo festejo de la temporada de la Plaza México, en la que alternó
con Iñaki Elías y Rogelio Treviño, ante una buena entrada y con un encierro
de la ganadería de Guanamé, que resultaron muy desiguales, De la Viña se
mostró voluntarioso con el capote ante el toro de la alternativa al que despachó
de estocada para salir entre aplausos.
Con su segundo, el diestro español logró una buena faena mató de estocada
y descabello para ser aplaudido mientras que el burel mereció arrastre lento.
Rogelio Treviño, mexicano, tuvo una faena regular en el capote y la muleta
en su primer enemigo al que despachó de un pinchazo y estocada para también
ser aplaudido, en su segundo toro, el mexicano exhibió un mejor oficio y con
una labor de mucha voluntad, mató de tres pinchazos con estocada además de
recibir un aviso.
Iñaki Elías se vio fuera de sitio en el primero y sólo su voluntad le hizo
mejorar ante un toro al que mató de pinchazo y estocada para salir al tercio
con palmas, en el que cerró plaza, Elías realizó una buena labor con la
muleta con pases naturales que le gustaron al respetable y lo mató de una buena
estocada con petición de oreja no concedida.
Domingo,
14 de mayo´2000. Crónica de Antonio
Casanueva Fernández. Dos
conceptos diferentes, dos sentimientos del arte. En
la final del III encuentro Mundial de Novilleros
La excepcional novillada de Real de Saltillo nos permitió deleitar dos
conceptos distintos del toreo, dos formas de expresar su misterio: el toreo
cambiado de José Rubén Arroyo y el toreo natural de Sebastián Castella.
Pepe
Alameda explica en su libro El Hilo del Toreo que hay dos formas, dos
tendencias, dos intenciones que vienen desde Paquiro y Pedro Romero: de la línea
de Paquiro es el toreo cambiado o contrario, toreo de expulsión; la técnica
del que torea sesgado, yendo con el toro hacia adelante, sobre la base de
muletazos de trinchera, de la firma, de pecho y sus derivados. De la herencia de
Pedro Romero es el toreo natural, de reunión,
que no manda al toro hacia afuera, que no lo expulsa; la técnica del que
torea en rectitud del toro y liga el toreo en redondo.
Para entender
el contraste de estilos, de estética entre Arroyo y Castella me voy a remitir a
la época de Joselito y Belmonte y para ello utilizo el lenguaje hiperbólico
del maestro Alameda:
podría
considerarse a Belmonte como un torero mágico cerrado, misteriosoy
a Joselito como un torero fáusticoabierto, expansivo.
La
aparición de Joselito rey de la luz, produjo júbilo.
La de Belmonte señor de las tinieblas, asombro.¡
José aparece como una superación Maravilla, le dijeron.
Juan, como un fenómeno Terremoto, lo llamaron.
En
medio está el toro, que determina el primer acto del drama. El toro, ya
evolucionado, que permite a Belmonte disputarle su terreno. Y que permitirá a
Gallito encontrar nuevos desarrollos hacia el futuro. (Fáustico y que, como
tal, empieza por vender su alma al diablo por aceptar el
terreno de Belmonte y bajar, como Orfeo, hasta los infiernos.)
No
pretendemos comparar a los novilleros del III encuentro mundial con Joselillo y
Belmonte, únicamente pretendemos explicar el contraste de las dos
personalidades y de los dos estilos de interpretar el arte del toreo; Arroyo y
Castella son tan distintos uno del otro como Juan lo fue de José.
Sebastián es un bonito niño europeo, de escuela, que torea con técnica,
que domina el oficio y que pega unos maravillosos redondos de aquí hasta allá.
José Rubén, en cambio, es un mexicano moreno, feo, tuerto, al que se le
ve frágil y no sólo por lo escurrido de carnes producto de la miseria que ha
padecido por generaciones el pueblo mexicano, sino por su escasa técnica que lo
deja, en muchas ocasiones, a merced del toro
Sebastián
Castella es un muchacho francés que ha crecido en la prospera comunidad
europea. Hoy estrenaba un terno hermoso bordado por uno de los mejores sastres
taurinos y que seguramente tienen un valor en metálico con el que se podría
alimentar a muchas familias en los paupérrimos barrios poblanos donde vive José
Rubén. El contraste entre los dos novilleros no es únicamente en conceptos
taurinos, las diferencias eran visibles desde que hicieron el paseíllo: el
bonito contra el feo; el rico contra el pobre; el europeo contra el mestizo
El
toreo de Arroyo es cerrado, oscuro, casi místico. Su personalidad es tenebrosa.
Su rostro refleja piedad, dolor. Y un misterio mágico traduce todo el
sufrimiento de la vida de su vida en un toreo
de ritmo lánguido, templado, que mueve los sentimientos más íntimos de los
aficionados.
En
la final del tercer encuentro mundial de novilleros Arroyo estuvo sublime, sobre
todo con su segundo enemigo. Inició con dos verónicas ajustadas y una media
que fue una pintura. En el quite dibujó tres chicuelinas barrocas rematadas con
otra media de antología. Con la
muleta nos ofreció un toreo de manos bajas siguiendo la línea de Paquiro, el
toreo cambiado por excelencia. Perdió
las orejas por pinchar y se tuvo que conformar con una vuelta al ruedo en la que
el pueblo mexicano se le entregó como hace sesenta años lo hacía con Silverio
Pérez.
Sebastián
Castella se enfrentó a Pensador de la ganadería guanajuatense Real de
Saltillo. Un toro negro girón, bonito de estampa, bravo, noble, de largo
recorrido. Castella lo entendió a la perfección y lo bordó. Me atrevería a
decir que es la mejor faena de un francés en ruedos mexicanos.
Manuel
Capetillo, el mejor muletero del mundo, decía que la verdadera profundidad se
lograba después de ligar el quinto muletazo. En su primera tanda, Castella ligó
al menos diez derechazos todos largos, hondos, templados, de aquí hasta allá.
Siguió toreando por el lado derecho aprovechado las nobles embestidas de
Pensador siempre con una gran profundidad, toreando hacia adentro. Se
cambió la muleta de mano y con la izquierda estuvo igualmente grandioso. Una
faena cumbre.
El
público pedía el indulto que el juez de plaza presidente, lo llaman en España
no concedió. Sebastián, para culminar su obra de arte citó a matar
recibiendo. Ejecutó muy bien la suerte, pero caló al toro. Una faena de orejas
y rabo que, desafortunadamente, perdió por fallar en el descabello.
José
Orozco El Jalisco y Javier Castaño, quienes completaban el cartel,
estuvieron valientes y esforzados. Hay que seguirlos de cerca pues se les vio
cosas interesantes.
Domingo, 16 de
abril´2000. Crónica de Antonio
Casanueva. Entrañable el toreo barroco de El
Pana
El toreo de El Pana el domingo en la plaza México --como
diría Carlos Septién-- no fue alegre, ni gracioso, ni
perfecto: fue profundo, hondo, entrañable, como profundas
son también las mezclas milenarias de la raza. En su
primer enemigo de la ganadería de los Encinos Rodolfo Rodríguez "El
Pana" elevó su toreo al mundo libre y poético de la
fantasía. El Pana pertenece a los heterodoxos del toreo.
Polémico. Distinto. Genial. Posee una personalidad
misteriosa de duende gitano que hizo vibrar en su más profundo
el corazón de la plaza más grande del mundo.
Como en aquella temporada de novilladas
de 1978 los taurinos de la capital mexicana se entregaron
al misterioso arte del taxcalteca y volvió a resonar el grito auténtico
de "arriiiiiiba el Pana". Recibió al toro
ajustándose y templando por tafalleras. Sus lances a la verónica
fueron barrocos, con ritmo y languidez. Posteriormente estrenó un quite
que según parece bautizó como apizaqueñas: una especie de chicuelinas sin
dar el giro completo, o mas bien, medias verónicas ligadas en forma lenta,
agobiante que tuvieron atisbos de indudable genialidad. Luego vino el par
de Calafia dejándose llegar al toro y haciendo el quiebro a la perfección
para que la gente emocionada le hiciera dar una vuelta al ruedo.
Lo mejor vino con la muleta: un trincherazo que quedará
gravado en la memoria de los que lo presenciamos; al puro
estilo de Silverio, expresando todo su misterio, su drama
creador, con ritmo, con suavidad; bien pudiéramos decir
como dijo Néstor Luján del maestro de Texcoco "espasmo abrumador y
sonámbulo de su alma". También
estuvo inspirado en los redondos y muy valiente y firme en las sanjuaneras.
Pinchazo en todo lo alto y estocada desprendida. Fuerte petición
de oreja que el juez no concedió. A su segundo lo
recibió a porta gayola por mariposas y luego presentó otro quite
que parece llamarse la cachanilla. Con la muleta poco podo hacer pues el
toro se vino a menos. Hubo un grito en el tendido
solicitándole al empresario repetir al Pana en mano a
mano con Antoñete. Sería un sueño. Un cartel que derramaría solera y buen
gusto.
Desafortunadamente los empresarios mexicanos no tienen la
visión de quienes han programado durante tantas ferias de
abril a Curro Romero. El Pana, como el Faraón de Camas o
el Faraón de Texcoco, nunca ha tenido términos medios y
sus fracasos han tenido mayor eco que sus grandes faenas; quizá
por eso siempre ha vivido al margen de las empresas. Completaron
el cartel Arturo Velázquez "Talín" quien estuvo valiente y torero
y Mari Paz Vega que sorprendió gratamente haciendo las cosas con oficio
y jugándose la vida. Una tarde que quedará marcada en la
historia de la fiesta taurina mexicana.
El
País.
R.
VÁZQUEZ VILLALOBOS. Edición del 8 de febrero´2000.
Caballero y los mansos
Y aún hay figuras que dicen que no pudieron triunfar porque
sus toros eran descastados y mansos. Estos diestros deberían haber observado
el domingo pasado a Manuel Caballero enfrentarse a dos peligrosos mansos de
solemnidad con los que dio una cátedra de lidiador y a los que les cortó las
orejas. Con señorío recibió al bravo segundo, aplaudido en el arrastre, y
le engarzó limpias verónicas. Convertido en poste se enrolló al adversario
en aterciopeladas chicuelinas que calentaron el ambiente.
Garboso inició su trasteo con ayudados por bajos y prosiguió
con doblones con la mano izquierda. En un mismo sitio corrió la mano en
naturales que acompasaba al ritmo de la embestida del astado cargando la
suerte. Hubo petición mayoritaria pero, inexplicablemente, el juez de plaza
negó el trofeo. Al esperar al descompasado y rabioso cuarto, pitado en el
arrastre, éste se le coló y lo achuchó. Sin inmutarse, el albaceteño lo
bregó y terminó desengañando al bicho, que en el segundo tercio desarrolló
mucho sentido.
Persiguió a Carmelo Sánchez, que colocó el primer par y que
se libró de un percance por el oportuno quite que le hizo Gonzalo González
y, al sentir el tercer par, arrolló a Alfredo Acosta, que salió ileso.
Caballero lo lidió sin quitarle la muleta de la cara, dándole la distancia
adecuada y reponiéndose oportunamente. El resultado fue que le corrigió los
bichos y el burel terminó obedeciendo al engaño. En estas condiciones armó
una faena con tres series de armoniosos naturales que motivó que la banda
tocara la diana y, andándole, al final le adornó con la vitolina.
Al manso y también peligroso sexto, consintiéndolo y aguantándolo,
lo lidió y terminó corrigiéndole sus defectos. Caballero disfrutó su
faena, en la que ligó series de tersos derechazos y se metió en cristalinos
naturales que hilvanó en varias tandas.
El cabeceo de chico que abrió plaza no lo pudo recoger el
Zotoluco y hasta el final del muleteo, bajando la mano, logró dos templadas y
artísticas series de redondos. Con el áspero tercero alargó su trasteo y
aburrió al público.
Tuvo la oportunidad de triunfar con el bravo, pronto y emotivo
quinto, pero no aprovechó la ocasión por no estructurar su labor. El
problema de Zotoluco no es ni la falta de valor ni la falta de entrega, sino
que no define su estilo. Esto es una lástima pues merece triunfar por su
dedicación
Nada más adecuado para celebrar el 54º aniversario de la inauguración de
la Monumental de México que cortar un rabo. Y esto lo hizo Pablo Hermoso de
Mendoza por su magnífico toreo a caballo, que ejecutó con preciosismo y
precisión en la faena a su segundo enemigo, el noble y bravo toro Preferido
, que mereció arrastre lento. Este rabo es el segundo logrado por un rejoneador
en este ruedo, pues el primero lo cortó Carlos Arruza el 3 de febrero de 1952.
También es el 12º obtenido en una corrida de aniversario y el 113 en la
historia del coso. Montando a Chicuelo , al salir por los adentros tras
colocar una banderilla, resbaló frente a toriles y el codicioso burel alcanzó
a cabalgadura y jinete, pero el torero navarro, una vez más dio una demostración
de su seguridad al levantar al tordillo lusitano, saliendo ambos no sólo
ilesos, sino airosos. Esta faena se caracterizó por su pureza y señorío. Dio
muestras de sus recursos al batallear con el manso y trotón primero, que no hacía
el embroque.
Al aplomado pero noble primero a la usanza española, Ignacio Garibay, a base
de valor y quietud, lo toreó relajado y con gusto hizo una suave faena. Con el
abanto sexto, pitado en el arrastre, usó técnica para trastearlo en un palmo
de terreno.
Últimamente, Enrique Ponce sigue sin poder redondear una faena en este
ruedo. Al mansurrón tercero, pitado en el arrastre, lo enseñó a acudir a la
pañosa. Con su peculiar estilo pegapasista hizo su labor, que terminó
con dos rancheras, el triple muletazo, creación del inolvidable Jorge Ranchero
Aguilar. Emocionó a sus seguidores, pero, como sigue sin afinar la puntería
con el estoque, no hubo trofeo. Al quinto, aplaudido al salir por su lámina y
pitado en el arrastre por haberse venido a menos, sólo le pudo sacar algunos
detalles.
Jorge Gutiérrez, al tardo pero claro segundo le hizo su trabajo muleteril
tan retirado del astado que motivó la protesta de sus simpatizadores, y al fijo
cuarto, aplaudido en el arrastre, lo desaprovechó. Al abandonar el ruedo fue
largamente abucheado.
El
País.
R.
VÁZQUEZ VILLALOBOS. Edición del 1 de febrero´2000.
Emotivo toreo de Marie Sara
El toreo a caballo de Marie Sara fue emotivo por el valor y la tenacidad con
que batalló ante la defectuosa agresividad del sobrero que a veces no hacía el
embroque y entonces la amazona tenía que salir en falso.
Elegantemente la rejoneadora francesa hizo el paseíllo con Irak y
montando a Maradona galopó por los adentros para diestramente colocar en
todo lo alto los tres rejones de castigo al bravo Popito que abrió
plaza. Pero por un desafortunado capotazo del peón Laureano Monzón, el toro
resbaló y se rompió de la cepa el cuerno derecho y el juez de plaza,
atinadamente devolvió al corral al codicioso ejemplar.
El sobrero que lo sustituyó empezó pronto y arrollando para terminar
abanto, distraído y reservón. Arriba otra vez de Maradona,
acertadamente Marie Sara puso los rejones de castigo. Con Falcón jugó
con el cornúpeta haciendo uso de su sombrero. Sobre Camarón, de través
recorrió medio redondel y luego magistralmente colocó banderillas a una mano.
Perdió el trofeo por su desacierto con el rejón de muerte.
El Zapata fue el triunfador. Echándole mucho valor al segundo corrido a la
usanza española, que fue el menos bueno del encierro, pues se detenía a mitad
del pase, hizo una riñonuda labor en los tres tercios, coronada con un
extraordinario estoconazo hasta la bola.
Al quinto, escaso de fuerzas, pero que transmitía, le enjaretó un vistoso
quite por faroles invertidos y en el tercer par de palitroques que ejecutó por
los adentros hubo destreza y mucha exposición. Con conocimiento muleteó
demostrando sus dotes de lidiador.
Chilolo y El Cuate dejaron pasar unas reses bravas, que además de haber sido
aplaudidos en el arrastre debieron irse al destazadero sin orejas.
Con cinco años de alternativa y 280 corridas en su haber, la afición
esperaba más de Chilolo. Al noble ejemplar de la confirmación lo toreó
retirado y sólo se acopló en una serie de naturales. Al cuarto, que fue el
mejor toro de la corrida, le hizo su quehacer con la pañosa encorvado por lo
que su trasteo resultó insulso.
El Cuate aún no encuentra la brújula que le indique el camino para torear
con oficio y sobre todo, reposado. Al noble tercero, no le encontró la
distancia y al que cerró plaza, que punteaba, lo ahogó.
Qué lástima que cuando salen toros bravos escasean los toreros que los
sepan torear.
El festejo fue largo pues duró tres horas y cuarto.
El País. R.
VÁZQUEZ VILLALOBOS. Edición del 25 de enero´2000.
Cavazos cortó su octavo rabo
Eloy Cavazos, a sus 50 años y con 33 de alternativa, cortó su rabo número
ocho en este coso a Serranito, una res que mereció el arrastre lento por
su extraordinaria nobleza. Saludó al pastueño astado, que hizo cuarto, con
limpios mandiles y en su quite entrelazó ajustadas chicuelinas con pintureras
navarras. Su faena a Serranito, que nunca tiró el más mínimo derrote y
que en su recorrido tras la sarga parecía una carretilla de entrenar, la inició
de rodillas.
Estructuró su muleteo corriendo la mano con suavidad en tandas de redondos,
que iniciaba con vistosos molinetes, garbosas trincherillas o la espectacular
dosantina y los abrochaba con capetillinas o el de pecho. También ligó tersos
naturales en varias series y, al final, dándole las tablas, ejecutó muletazos
en los que jugaba con el ejemplar. Enseñando el pecho hizo la cruz y dejó un
estoconazo en todo lo alto.
Sus partidarios, que dan mayoría en el coso, emocionados hasta la exageración,
le pidieron al juez de plaza, Jesús Dávila, el máximo trofeo y éste
bondadosamente lo concedió. Este rabo es el número 112 que se corta en la
historia de la plaza.
A Río Dulce, que salió en primer lugar a la usanza española,
aplaudido en el arrastre por su nobleza, Cavazos le hizo su labor en el refugio
de las tablas. Toreó en línea recta abusando a veces del pico y cuando el
burel le presentaba alguna dificultad se agarraba a los lomos del adversario.
El juez le regaló el trofeo, pero como buena parte de la concurrencia lo
protestó el diestro se metió al burladero y se abstuvo de dar la vuelta al
ruedo. Aunque al quinto valientemente lo esperó de hinojos y le dio una larga
cambiada, no lo pudo trastear a gusto pues el noble morlaco acabó desarrollando
genio.
Enrique Ponce no se dejó ganar la pelea en este mano a mano y por su gran
oficio logró sacarle partido a su intoreable lote. Insistiéndole al soso y
bobo segundo hizo que acudiera a la bayeta. Aunque algo retirado del adversario,
trazó bellos e increíbles muletazos, así como giros completos de templados y
mandones pases por ambos lados que arrancaron la ovación de sus seguidores.
Al cuarto lo recibió con elegantes verónicas rodilla en tierra y en su
quite bajó las manos en apretadas chicuelinas. Con la pañosa se impuso al
tardo burel que nunca bajó la cabeza y volvió con sus detalles que deleitaron
a los tendidos. Al entrar a matar el toro le dio un palotazo en la mano
izquierda y pasó a la enfermería, donde lo atendieron de un esguince.
Al sexto, pitado en el arrastre, no se le podía trastear porque era un inválido.
Como deseaba triunfar, inexplicablemente regaló el segundo sobrero, un bicho
corraleado, resabioso y muy peligroso con el cual se jugó la vida.
Con el que abrió plaza, aplaudido en el arrastre, el rejoneador Giovanni
Aloi montando a Chícharo, previos quiebros colocó tres rejones de
castigo, pero sólo el último en buen sitio. Arriba de Cónsul
banderilleó a una mano, primero tres largas y después tres cortas y, en ambos
casos, sólo las últimas en todo lo alto.
La Razón.
Felipe Jiménez. Edición del 25 de enero´2000. Eloy
Cavazos corta un rabo en la México y Ponce suma una oreja
Eloy Cavazos se convirtió el domingo en el
triunfador absoluto de la «Temporada Grande» de la plaza México, al cortar
tres orejas y un rabo por centésimo decimosegunda ocasión en la historia del
coso de Insurgentes. El valenciano Enrique Ponce, en mano a mano con el diestro
regiomontano, cortó una oreja al que hizo segundo astado de su lote. Ocurrió
en la decimosegunda corrida de la temporada, última con derecho de apartado
para los abonados al Monumental coso del Distrito Federal.
Los aficionados que acudieron a la plaza México
el domingo vieron algo digno de grabar en la memoria. «Serranito», cuarto toro
del encierro de Fernando de la Mora, resultó noble y de mucho recorrido. El
veterano Eloy Cavazos logró sacarle una emocionante faena que comenzó con
mucha variedad en el capote.De hinojos tomó la muleta, y al ponerse de pie
comenzó a acortar distancia, poniendo también la plaza en pie por su mucha
entrega y valor.
Toreó despacio. Cuajó cuatro muletazos por
alto de antología, que pusieron al respetable de cabeza. Mató de una estocada
hasta la bola. Los tendidos eran un océano de pañuelos blancos. El juez, Jesús
Dávila, concedió entonces las dos orejas del burel.
Pero Cavazos se plantó en los medios, los
brazos caídos, la mirada desafiante puesta en el palco de la Autoridad... Y el
juez no pudo hacer otra cosa más que conceder el rabo, el número ocho que
corta el veterano diestro regiomontano en el coso de Insurgentes.
Antes, con su primero, Eloy Cavazos logró una
buena faena, pero corta, aunque le valió una oreja. Con su tercero, débil y
soso, aunque empezó animoso y con deseos de redondear su labor, terminó por
abreviar. ¿Para qué más?
El diestro valenciano Enrique Ponce, que volvía
a la México tras actuar por última vez la tarde del 12 de diciembre pasado,
destiló arte y causó emoción con la muleta. Cortó una oreja protestada a su
primero, un toro que no tenía ninguna transmisión y siempre iba con la cara
arriba. Ponce lo toreó muy bien haciéndole las cosas con mucha torería. Salió
a saludar al tercio en su segundo, tras una faena en la que logró momentos de
vibración en los tendidos, pero que, desgraciadamente, vino a menos al empezar
a blandear el burel.
En su tercero, Ponce oyó palmas. Fue ése un
animal con escasas fuerzas, que nunca se empleó. Lo mató de tres pinchazos y
una estocada, y tuvo que saludar desde el tercio.
Por si fuera poco, el valenciano regaló un
sobrero de la ganadería de José Garfias, de nombre «Jilguero», que saltaba
como una cabra, y con el que el diestro fue silenciado. Pese al empeño del
diestro, el toro no fue bueno y pareció tener algún defecto visual. Esta vez sí
mató de una estocada.
Al entrar a matar a su segundo, Enrique Ponce
recibió un fuerte golpe, por lo que fue necesario vendarle la mano izquierda.
Ninguno de sus cuatro toros le permitieron hacer la faena que él mismo y los
45.000 espectadores que llenaban la plaza esperaban.
Abrió plaza el rejoneador Giovanni Aloi, que tuvo una digna actuación con
certeros rejones de castigo y un buen tercio de banderillas largas y algún par
de las cortas. Mató de dos rejones de muerte y escuchó una cerrada ovación de
sus paisanos.
En este decimosegundo festejo se corrieron ocho astados, uno para rejones de la
divisa de Rancho Seco, que resultó bueno; otro como sobrero de Pepe Garfias; y
seis de Fernando de la Mora, de justa presentación y entre los que destacaron
para la lidia los corridos en primer y tercer lugares, éste último siendo
premiado con arrastre lento de sus despojos.
La
Razón. Felipe
Jiménez. Edición del 18 de enero´2000. Importante
triunfo de Manuel Caballero, que salió en hombros del coso.
El
albaceteño le cortó las dos orejas a un buen toro de Reyes Huerta.
Manuel Caballero se convirtió el domingo en el triunfador
absoluto de la llamada Temporada Grande de la plaza México,al realizar a su
segundo una faena que alcanzó momentos verdaderamente excelsos, tanto con el
capote como con la muleta.
Tras la gran decepción del domingo anterior, el coso más grande del mundo, lucía
apenas media entrada. Caballero, de azul y oro, poco pudo hacerle a su primero,
un novillote de Montecristo, aunque salió a saludar al tercio. Pero con su
segundo, del hierro de Reyes Huerta, todo fue diferente.
El toro embestía franca y limpiamente por el pitón derecho. Tras la suerte de
varas, el matador lo citó de largo con el capote y lo embarcó en una suave
chicuelina de ensayo. Repuso el terreno corriendo hacia atrás, para darle aire
al bicho, y repitió la suerte, otra vez por el lado bueno, el derecho. Y volvió
a pegar la carrerilla y cuajó la tercera chicuelina, larga como un día sin
pan, antes de rematar con una también lenta media cordobesa para adueñarse por
completo del respetable.
En el tercer tercio, el diestro manchego ensayó con la muleta a media altura,
con la diestra. Contento con el resultado corrió a los medios y citó con la
derecha, arrastrando la tela despacio, muy despacio. Tras una segunda serie,
cambió a la izquierda, sin bajar demasiado la muñeca, pero mandando, mientras
se escuchaba los gritos de «Torero, torero». Reincidió con la zurda y
vinieron más naturales después de un cambio de manos por la espalda. Agotada
la vida útil del astado, Caballero entró a matar. Una estocada en todo lo alto
hizo que la plaza se llenara de pañuelos blancos. El toro tardó poco en
exhalar su último aliento, caminó hasta las tablas para doblar allí. El juez
concedió las orejas y Caballero salió en hombros.
Con todo, tras su gran actuación, el respetable pidió a gritos a la empresa la
reaparición de Caballero el 5 y el 6 de febrero próximos.
Manolo Mejías tuvo palmas en su primero, abucheos en su segundo, y división en
el de regalo. Fernando Ochoa oyó palmas en su primero y abucheos y aviso en su
segundo.
El País.
R. VÁZQUEZ
VILLALOBOS, México. Edición del
martes, 18 de enero´2000. Arte puro de Manuel
Caballero
¡Qué pena que sólo unos 15.000 aficionados hayan podido disfrutar y
emocionarse con el extraordinario temple y lentitud con que toreó Manuel
Caballero a Milenario ! Sus lances y pases fueron obra de arte puro y
parecía que el diestro albaceteño pintaba en lugar de torear.
La exquisita faena que Caballero le cuajó al noble quinto fue a base de
trazos perfectos por su simetría. Y tuvo simetría porque el diestro adecuaba
la lentitud de su toreo a la pastueña embestida.
Al recibir con verónicas a Milenario pintó su primer cuadro en una
media con que las abrochó y los siguientes cuadros fueron las señoriales y
ajustadas chicuelinas que calentaron el frío ambiente. Como el astado tenía
poca fuerza, con inteligencia Caballero inició el trasteo con delicados
ayudados por bajo para fijarlo. A partir de ese momento y dándole el espacio
adecuado, adelantando la muleta lo citaba y meciéndose barría la arena con la
franela al correr la mano en cámara lenta. La res brava seguía la panza de la
bayeta en la mínima distancia sin tocarla. Al rematar cada pase Caballero
dejaba al cornúpeta a su espalda y con precisión giraba para ligar el
siguiente muletazo. Con esmero pintó cuatro series de redondos y tres de
naturales, concluyendo esta obra de arte ejecutando con verdad la suerte suprema
con la que dejó un soberbio estoconazo.
La magistral lidia al impresentable y soso segundo, pitado en el arrastre,
tuvo doble mérito. Primero porque dominó a un bicho que concluía el viaje con
la cabeza arriba y segundo porque batalleó con el viento que le ondeaba la
sarga. Acabó pudiéndole y le recetó varias tandas de mandones derechazos y
naturales.
Manolo Mejía trajo el santo de espaldas. Al distraído primero no le encontró
el ritmo. El cuarto, que dobló cuatro veces las manos y fue pitado, hacía
medio recorrido y luego levantaba la cabeza para ver al tendido. Regaló al
corraliado sobrero, que punteaba y no lo pudo dominar.
Fernando Ochoa con el tercero, que se terciaba y pegaba arriones, perdió la
serenidad y no le dio la lidia de aliño que merecía. Desaprovechó al noble
sexto, el mejor de la tarde.
El País.
R. VÁZQUEZ
VILLALOBOS, México. Edición del viernes,
14 de enero´2000. Los
toros de la bronca a El Juli en México eran para una novillada
Con relación a la bronca suscitada el pasado
del domingo en la Monumental Plaza México por la poca presencia de algunos
toros, el ganadero José Antonio Garfías declaró a este diario que el tercero
y el sexto, hierro José Garfias, lidiados por El Juli, los vendió para
novillada -nunca para corrida de toros- en noviembre de 1998 dentro de un lote
de 10 reses, tanto por su nota de tienta como por su poca presencia. Y añadió
que a partir de esa fecha perdió el control sobre estos novillos que salieron
de su ganadería.
Al enterarse de que serían incluidos en la corrida del pasado día 9, se
opuso, pero el empresario de la Monumental, Rafael Herrerías, le contestó que
como el ganado era suyo se lidiaría.
El viernes 7, ya reseñados los citados toros, viendo lo flacos que estaban y
previendo que en el reconocimiento rechazarían alguno, envió dos toros más,
que quedaron en primer lugar y de segundo sobrero, respectivamente.
Garfias precisó no ser responsable de la bronca a El Juli por la poca
presencia de sus toros y reiteró que los vendió de buena fe para novillada.
El País. R. VÁZQUEZ
VILLALOBOS, México. Edición del miércoles,
12 de enero´2000. Escoltas de El Juli tras su
fracaso en México atacan a tres reporteros
El periódico Ovaciones publica la noticia de que, al finalizar la corrida
del domingo pasado en la Monumental de México (ver
EL PAÍS del día 11), en la que fracasó El Juli y salió bajo una
fenomenal bronca, personal acreditado con el logotipo de la plaza que custodiaba
su paso por el patio de cuadrillas agredió a tres reporteros. Son Omar Bolaños,
de Televisa, quien sufrió fisura de clavícula, contusiones y rotura de gafas;
José Luis Valiente, de Multivisión, y Gabriela Fernández, de Radiópolis.
El Heraldo de México informa de que José Manuel Álvarez, gerente
del coso, prometió investigar para verificar si los agresores son guardas de
seguridad de la plaza. Asimismo, el citado diario publica que el ganadero José
Antonio Garfias aseguró que los astados de la corrida del domingo se los había
vendido a la empresa hace un año para ser lidiados como novillos y no como
toros. El empresario de la plaza, Rafael Herrerías, manifestó: "Garfias
se enojó porque echaron un reserva [sobrero] de Xajay; eso es todo".
El diario Esto publica la contestación que dio El Juli a la pregunta
de los animales lidiados por él: "Ni chicos ni grandes; eran toros como
los que ya he matado en la Plaza México". "Yo toreo lo que me echen y
no escojo mis corridas. Los que aprobaron los toros fueron los veterinarios y el
juez".
El
País. R.
VÁZQUEZ VILLALOBOS, México.
Edición del 11 de enero´2000. Fenomenal
bronca a El Juli
Si a El Juli lo anuncian como matador de toros y cobra como tal, pero torea
animales que parecen utreros, no es de extrañar que se produzcan fenomenales
broncas como las del domingo pasado.
Al salir el feo y sospechoso ratón que hizo tercero se generó una protesta
que prevaleció durante la lidia. Los únicos momentos en que se calmaron los ánimos
fueron el extraordinario segundo tercio, en el que El Juli fue ovacionado. Pero
luego su desempeño muleteril se vio desangelado y los gritos de
"novillero, novillero" eran constantes.
Hacía tiempo que en este coso no se escenificaba una bronca como la que
motivó la largartija corrida en sexto lugar. El ruedo se llenó de almohadillas
y el público, puesto de pie y mirando al palco de la autoridad, pedía a gritos
la devolución del burel, que parecía un becerro. Ciertos sectores de los
tendidos se dedicaron a insultar al juez de plaza, Heriberto Lampranchi, con
recuerdos familiares, y al diestro madrileño le seguían gritando
"novillero, novillero".
Para paliar esta bronca, El Juli regaló el sobrero, de Xajay, pero, para su
mala suerte resultó abanto, distraído y suelto. Volvió a lucirse con los
palitroques, sobre todo en el temerario último par por los adentros, y su
trasteo fue voluntarioso, pero atrabancado y desesperado.
La afición de México espera que su nuevo apoderado, Manolo Lozano, corrija
estas anomalías de su veedor, pues el público ya está harto de que le quieran
tomar el pelo.
Jorge Gutiérrez, en su muleteo al que abrió plaza, logró acoplarse con el
largo recorrido del cornúpeta, que humillaba y a cuyos restos le dieron
arrastre lento. Cuajó una faena en la que esculpió tres series de lentos
naturales y dos de redondos. Hizo la cruz a la hora de la verdad y mató de
soberbia estocada. Con el soso cuarto continuaron los pitos por la poca
presencia de la res. El hidalguense hizo su tarea entre las protestas de la
concurrencia y volvieron a escucharse los insultos al juez de plaza.
Zotoluco mostró una nueva faceta en su toreo con la pañosa: el bello
acompasamiento al correr la mano y la exquisitez del trazo de su pase. Saludó
de hinojos con dos faroles al codicioso segundo, que fue aplaudido en el
arrastre. Caminándole inició su faena, en la que cargó la suerte en tres
tandas de emotivos naturales y sus dos series de redondo tuvieron autenticidad.
A pesar de la mayoritaria petición, el juez le negó el segundo trofeo. Con
tenacidad, valor y oficio, Zotoluco le sacó pases que no tenía al tardo
quinto. Su magnífica labor se vio empañada por fallar con el acero, pues el
trasteo merecía trofeos.
ABC. MÉXICO
D. F. Guillermo Leal. Edición del 11 de enero´2000. Jorge
Gutiérrez salió a hombros y El Juli recibió una gran bronca
El Juli recibió una bronca monumental en La México, en donde
el público le cobró la factura de haber cambiado un encierro la tarde de su
presentación, lo que hizo pensar al público que no había querido matar toros
grandes.No obstante, lo de El Juli fue injusto, porque el público no le dejó
hacer nada con su lote, es más, en el sexto le tiraron almohadillas. Regaló un
toro para acallar la bronca, y el torero, enrazado, se entregó como pocos. El
mismo público que le había silbado terminó por reconocer su entrega. Se
lidiaron toros de José Garfias.
Mientras abroncaban a El Juli, Jorge Gutiérrez, después de
tres años, realizaba una de las faenas de más temple que hemos visto en las últimas
temporadas, que le valió dos merecidas orejas. Con su segundo casi nada pudo
hacer.
El Zotoluco dio muestras de ser un torero de los pies a la
cabeza,mantuvo la emoción siempre y cortó una oreja.
Información de la Oficina
de comunicación y prensa de Julián López El Juli. 10/1/00.10:30.
CRÓNICA DEL 9 DE ENERO DE 1999 EN LA PLAZA MÉXICO. EL JULI LLENÓ LA MÉXICO Y
REVENTÓ A LOS REVENTADORES.
Al final ni los comprados reventadores pudieron con El Juli,
que acabó por convencer a los verdaderos aficionados
mexicanos que hicieron callar a tan nutrido grupo de
mercenarios. Dichos reventadores protestaron con primitivas maneras
la notable presentación de los toros de Pepe Garfias. De momento, días
antes, se había promovido una campaña de un sector de la prensa en contra
de los intereses de El Juli incitados por el mismo personaje, Dios sabe
quién que compró a los citados reventadores. Pero al final El Juli acabó
con todos en el toro de regalo de Xajay al que cuajó un faenón.
El cenit de la pasión llegó con un
tercio de banderillas que ésta vez pobló la arena de
sombreros. Perdió las orejas con la espada lo cual no fue óbice para
recoger una fuerte ovación desde los medios de la auténtica afición de
México que llenó hasta la bandera la plaza más grande del
mundo. Lo cierto que dichos mercenarios salieron con la
cabeza baja por dos motivos. El primero porque se notó
mucho que venían a lo que venían y el segundo, sobre todo
éste, porque El Juli acabó con ellos.
También buenas actuaciones de su compañeros
de terna Jorge Gutiérrez y El Zotoluco con dos y una oreja respectivamente.
Gutiérrez toreando al natural como en sus mejores tiempos. Y
El Zotoluco rebosando una gran entrega. El día anterior
Julián arrolló en la localidad azteca de Puebla, con no hay
billetes llevándose las tres orejas de la tarde de una corrida de Garfias.
Tarde de alternativa para Alberto Huerta otorgada por Jorge Gutiérrez.
TV.
Azteca,
LEOPOLDO DE LA ROSA. México, edición del 3 de enero del 2000.
La clase y buen estilo de tres de los siete astados, enviados
por don Sergio Hernández de "Rancho Seco", para el noveno festejo de
la temporada grande en la Plaza México, han permitido ver a dos toreros
mexicanos alcanzar importantes momentos que de no ser por fallas con la espada
hubieran resultado en corte de dos orejas. Sus nombres: Manolo Mejía y Oscar
Sanromán.
Lo inadmisible fue la actuación de Emilio Muñoz, torero
sevillano, quien se presentó en la Plaza México para confirmar su alternativa
española, que tomó hace 20 años de manos de Francsico Rivera "Paquírri",
diestro caracterizado por la honestidad y verdad como torero, caso opuesto a lo
mostrado por Muñoz, este inicio de año en el ruedo capitalino.
Correspondieron a Mejía "Jubileo" y
"Cartujo". Al primero, Manolo le realizó una faena caracterizada por
el oficio y conocimiento de la lidia del diestro capitalino.
Supo esperar Mejía y provocar embestidas de calidad en un toro
que aparentemente no las tenía. Fue por ello que al dar el tiempo necesario a
"Jubileo" realizó dos notables tandas de naturales que entusiasmaron
al escazo público, unos cinco mil aficionados, que asistió a la Monumental.
Pinchó en el primer intento, para dejar una estocada entera. Salió al tercio.
Ante "Cartujo" destacó la colocación de Mejía y su
disposición para hacer el toreo. Tandas por ambos lados, dibujando también
naturales que etusiasmaron al público. El astado, incierto y tardo, no colaboró
más y por ello la faena perdio interés. Realizó un gran volapié que hizo
doblar.
Oscar Sanromán lidió a "Siglo Nuevo" y a
"Trovador", astados que fueron aplaudidos al saltar al ruedo por su
presencia. El torero de Querétaro dibujó verónicas con las que recibió al
primero de su lote para rematar con media verónica con las manos muy bajas.
Clavó banderillas espectacularmente, al cuarteo, sesgo y por dentro, en cada
caso.
Después realizó tandas por ambos lados, al inicio templando y
mandando. Sin embargo, quizá por los deseos de triunfar, perdió el rumbo y sus
pases fueron atropellados y sin orden. Pinchó en dos ocasiones para dejar media
estocada tendida. Acertó al primer intento con la espada corta. Ante el sexto
de la tarde sólo tuvo detalles. Muchos problemas para banderillarlo, siendo lo
mejor, la estocada con la que concluyó.
Emilio Muñoz, torero sevillano, viajó a México para confirmar
su alternativa. Sólo algunos detalles mostró con el capote, toreando muy lejos
y con inumerables precauciones.
Desaprovechó al primero de la tarde llamado "Milenio", toro cuya
calidad seguramente hubiera permitido mucho más a un diestro con deseos y
voluntad. En Muñoz, esto no apareció.
Desde que saltó a la arena "Monaguillo", el diestro
de Triana dejo muy claro que nada quería saber de él. Siempre sobre piernas
nunca paró al astado tlaxcalteca. Con la muleta "enfrentó" al bien
presentado cornúpeta, sin sacarlo de las tablas, en donde inició y terminó
una fugaz mascarada. Doblones sin ton ni son.
Se dirigó al público el "torero", tratando de
justificar lo injustificable. Caminó a la barrera para cambiar de espada y
tirarse a matar dejando media estocada trasera, para dejar el ruedo en medio de
la reprobación general. Debút y despedida,sin duda.
El
País,
R. VÁZQUEZ VILLALOBOS. México, edición del 28 de diciembre '99.
Rafael Ortega, conmocionado.
En la última corrida del año, del siglo y del milenio (para quienes afirman
que estos dos últimos terminan el 31 de diciembre 1999) en la Monumental Plaza
México, Rafael Ortega sufrió una aparatosa y peligrosa voltereta que lo
conmocionó. Además de la pérdida de la memoria, sufrió la fractura del
tobillo izquierdo que ameritó una intervención quirúrgica para colocarle un
tornillo. Respecto a la amnesia, los médicos opinan que en tres días
aproximadamente recobrará la memoria.
El percance ocurrió cuando al rematar Rafael Ortega con una revolera un
comprometido quite por chicuelinas al pegajoso segundo, pitado en el arrastre,
éste se lo echó a los lomos. El diestro dio una vuelta de campana y al caer se
golpeó en la nuca y quedó conmocionado en la arena. Fue conducido a la
enfermería, donde tardó en volver en sí, pero sin saber en dónde se
encontraba y, tras ser estabilizado, fue conducido al hospital Mocel.
El Zapata continuó la lidia y despachó a la alimaña, que desarrolló mucho
sentido; se quedaba a la mitad del pase y buscaba al torero.
Con el aleonado que abrió plaza y que tenía cuajo, El Zapata dibujó con
quietud cuatro bellas gaoneras en su quite. Su trasteo lo inició con el
muletazo del imposible , pero como el anim al se rompió el frontal al
rematar en tablas y cambió de lidia, el matador sólo logró detalles.
Al complicado quinto, pitado en el arrastre, El Zapata se fajó con el
morlaco en su desempeño muleteril y al ejecutar un derechazo el bicho le pegó
un derrote en la comisura del labio derecho que le aflojó varios molares.
Terminó su lidia de aliño macheteando al oponente con pases por la cara.
Con el abanto tercero, también pitado en el arrastre, Uceda Leal no paró de
zapatillear. Primero con chicotazos de recibo y después con trapazos en los que
intentaba esposar el natural.
Uceda Leal sustituyó a Ortega en la lidia del que hizo cuarto. Meciéndose
saludó a Príncipe con tersa s verónicas. Pero con la bayeta
desaprovechó lamentablemente el único ejemplar encastado del encierro que
debería haberse ido desorejado al desolladero y al cual destoreó en el último
tercio. La afición le empezó a pitar, pues se daba cuenta del buen son del
ejmplar y de la carencia de técnica y entrega del espada madrileño. Con el
suelto sexto las galerías le abuchearon.
El
País, R.
VÁZQUEZ VILLALOBOS. México, edición del 21 de diciembre '99.
Manuel Caballero bordó el toreo
El pasado domingo hubo un caballero en la plaza y éste se llamaba Manuel. Y
Manuel le cortó una oreja, que debieron haber sido dos, a uno de los toros que
la administración de El Juli rechazó hace tres semanas. Toros auténticos de
Rodrigo Aguirre, con edad, leña, peso, trapío y, sobre todo, casta, con los
que Manuel Caballero, en su lote, bordó el toreo y que Miguel Lahoz y Alfredo
Gutiérrez desperdiciaron lastimosamente.
Mostró su gran oficio Caballero al enseñar a embestir con claridad al tardo
y probón cornúpeta primero, que calamocheaba y era incierto. Consintiendo al
astado estructuró un armonioso muleteo y, aguantando horrores lo fue
acariciando en el temple y terminó corriendo la mano con asombrosa lentitud. Lo
arrebatador de su faena a Clio fueron cuatro tandas en las que ligó
acompasados derechazos que abrochó con auténticos y largos forzados de pecho.
Aunque batalleó por el lado izquierdo, se meció en unos naturales que ni
pintados por Ruano Llopis hubieran superado su belleza. Al dar la vuelta al
ruedo los gritos de "torero, torero" con que la afición reconocía su
toreo macizo fueron el mejor desagravio a la injustificada acción del juez de
plaza, José A. Ballesteros, que no le otorgó la bien merecida segunda oreja.
Al codicioso cuarto, de nombre Quiscorrón, aplaudido al salir por su
trapío y en el arrastre por su nobleza, el albaceteño en su quite lo lanceó
con elegancia pero la emoción volvió a la hora de su faena. Por el derecho
toreó en sincronizados redondos que realizó en círculo y a un ritmo tan suave
que motivó que la banda tocara la Diana en su honor. Perdió los trofeos
por fallar con la toledana pero la concurrencia lo despidió con prolongados
aplausos al abandonar el ruedo.
Lástima de Nito, que hizo segundo, aplaudido al salir por su trapío
y sus despojos en el arrastre por su nobleza, pues fue desaprovechado por Miguel
Lahoz quien se vio falto de sitio. Y al incierto Pingüico corrido en
quinto lugar y también aplaudido en el arrastre, el aguascalentense no pudo
dominarlo.
Alfredo Gutiérrez, que sustituía a Federico Pizarro, corneado en
Guadalajara (Jalisco), sólo tuvo detalles con el percal y con la pañosa
tampoco pudo con el áspero tercero. Y con el huidizo que cerró plaza volvió a
los detalles en sus verónicas de saludo, pero con la sarga no sólo estuvo
dubitativo sino que exhibió sus torpezas en una larga y aburrida labor.
Notimex.
México, 12 de
diciembre '99. Triunfal y emotivo
adiós del español "Litri" en la Plaza México
Una triunfal y emotiva despedida de los ruedos tuvo este domingo
el diestro español Miguel Báez "Litri", al cortar la única oreja
durante el sexto festejo de la Temporada Grande de la Plaza de Toros México.
En esta tarde, en la que también actuaron el rejoneador Enrique
Fraga, el español Enrique Ponce y Jerónimo, quien confirmó su alternativa, se
lidiaron astados de las ganaderías de Manuel Martínez y Xajay, bien
presentados y de los cuales destacó el corrido en tercer lugar.
El matador español Miguel Báez "Litri" logró cuajar
una buena faena al tercero de la corrida, llamado "Pescador", un burel
que mostró nobleza y recorrido.
"Litri" toreó con temple a ese astado, ligó buenas
tandas de derechazos que alborotaron a los aficionados reunidos en el coso más
grande del mundo, para presenciar la despedida de este matador ibérico.
El hispano estuvo acertado a la hora de matar al dar una
estocada en todo lo alto, por lo cual los tendidos de la Plaza México se tiñeron
de blanco por la petición de los trofeos y el juez Heriberto Lanfranchi concedió
una oreja.
En el de su despedida, "Guateles", Miguel Báez se topó
con un astado difícil, al que le dio derechazos de buena manufactura que fueron
reconocidos por los aficionados del coso capitalino.
Enmedio de la tradicional canción de adiós, "Las
golondrinas", el diestro lidió a este toro de la gandería de Xajay, al
cual mató al tercer viaje para dejar los ruedos en definitiva.
Miguel Báez "Litri" reicibió nutridos aplausos del público
capitalino, dio una vuelta al ruedo y entre una gran ovación salieron los pañuelos
blancos en los tendidos dándole el adiós definitivo.
El español Enrique Ponce dio muestra de su calidad con el
cuarto de la tarde, "Santos", un astado falto de fuerza, con el que se
dio gusto toreando a la verónica.
Enrique Ponce dio un quite por chicuelinas que remató con una
revolera y con la muleta se le dificultó la labor con este burel que poco a
poco vino a menos, pero ligó buenas tandas de derechazos que levantaron el ánimo
de los aficionados.
El valenciano despachó a su enemigo de estocada entera en buen
sitio, por lo que el público hizo una nutrida petición de oreja, que fue
negada por la autoridad de la Plaza México y el diestro saludó en el tercio.
Ponce, en su segundo de la corrida llamado "Palomito",
mostró su valentía al pegarse un arrimón con este complicado toro que en todo
momento echaba la cara hacia arriba.
Tuvo una labor torera, se dio gusto toreando a la verónica que
remató con una revolera y de muleta se mostró voluntarioso, lo cual fue
reconocido por el público, mató de media caída, por lo que hubo una nutrida
petición de trofeos que tampoco fue condedida por el juez, para únicamente
saludar en el tercio.
El diestro capitalino Jerónimo, con el que confirmó su
alternativa de manos de Miguel Báez, de nombre "Mario Polo", tuvo
poca fortuna, pues fue un astado manso que le complicó la labor en todo
momento.
Jerónimo buscó responder a las expectativas en este festejo,
toreó bien a la verónica, pero con la muleta nada pudo hacer; se puso pesado
con el acero, escuchó un aviso y despachó a su enemigo al séptimo viaje.
En su segundo, llamado "Oscarín", el matador mexicano
estuvo bien con el capote al torear a la verónica, pero en su turno de muleta
no consiguió cuajar una buena faena y estuvo desatinado con la toledana, para
irse en blanco.
El rejoneador Enrique Fraga también buscó responder a las
expectativas en este festejo del coso de Insurgentes, pero poco pudo hacer con
su primero, "Guadalupano", procedente de la dehesa de Manuel Martínez.
Fraga logró el mejor momento de su faena montando a
"Caporal" y "Gabirú", con los que colocó bien banderillas
a una mano y, luego de dos pinchazos, mató de estocada caída.
En el quinto de la corrida, "Mexicano", el matador de
a caballo capitalino nada pudo hacer, se saltó el segundo tercio, tardó en
matar y se retiró entre abucheos.
ABC, GUILLERMO
LEAL. México, edición del 14 de diciembre '99.
Emotivo adiós de Litri
Una gran expectación había levantado la presencia en la Monumental Plaza México
de Enrique Ponce, torero consentido del público capitalino; sólo que, en esta
ocasión, no venía solo, pues El Litri había decidido que la tarde del domingo
fuera la última en su vida taurina.
A la postre, sería una tarde española, pues la actuación de los dos
mexicanos, el rejoneador Enrique Fraga y el joven matador Jerónimo, dejó mucho
que desear. Se lidiaron toros de Xajay y dos de Manolo Martín para rejones, de
juego desigual. Hubo una magnífica entrada con más de tres cuartos del aforo.
Litri terminó cortando una oreja. Fue en el primero de su lote, un astado
noble y con recorrido al que comenzó toreando muy bien. De pronto, la faena se
vino abajo, pero Litri supo volverla a sacar a flote toreando con algunos
adornos, que el público le ovacionó. La estocada fue de una gran ejecución y
eficacia, y por ello le fue concedido el único apéndice de la tarde. En otras
circunstancias, la faena de su segundo, el de la despedida, hubiera sido una
labor merecedora de algunas protestas, pues, si bien es cierto que el toro fue
áspero e incierto, también lo es que Miguel Báez no terminó de confiarse y
pocas veces hizo el toreo de reposo. Sin embargo, en el ambiente, el público
estaba dándole a Litri su retirada, acompañando las notas musicales de «Las
golondrinas» (canción mexicana de despedida), y le perdonaba su falta de
confianza. Mató rápido, y la afición le hizo dar una vuelta al ruedo.
APASIONADA ENTREGA
Ponce volvió a confirmar por qué es el torero español que en la
actualidad más quiere y consiente el público de La México. Su primero fue
complicado, aunque al final terminó por entregarse. Muletazos muy buenos de
Ponce, que no pudo continuar debido al viento; lo mató pronto y saludó desde
el tercio. Con su segundo, un toro de imponente cornamenta, Ponce literalmente
se jugó la vida; el toro, con genio, y el torero, con su apasionada entrega,
convirtieron aquello en momentos dramáticos, en los que el diestro se pasó
cerca del cuerpo en infinidad de ocasiones los astifinos pitones. El público le
pidió a Ponce que matara el toro, pero éste insistía en no hacerlo.
Finalmente, de tres cuartos de estocada hizo doblar al astado, y la petición de
oreja, aunque no fue concedida, se hizo presente. Salió al tercio; fue la
actuación de un gran torero.
El
País, R.
VÁZQUEZ VILLALOBOS. México, edición del 14 de diciembre '99.
Emotiva despedida de Litri
¡Vaya diferencia entre la despedida de Litri en Sevilla el pasado 26 de
septiembre y la de esta tarde en la Monumental Plaza México! En la Maestranza,
donde figuró en numerosos carteles, el público estuvo muy frío con él y lo
sacó a los medios, y aquí, donde únicamente ha actuado en seis ocasiones,
recibió el calor y el reconocimiento de la afición mexicana en una emotiva
despedida.
A su primero, de nombre Pescador, que fue aplaudido en el arrastre,
Litri le cuajó una faena a base de aguante y temple, en la que ligó artísticos
redondos en tres series. Dominando lo codicioso de la res brava, le obligó a
humillar y sintonizó su noble recorrido con el trazo que la muleta hacía al
barrer la arena.
El astado Guateles, con el que se despidió, pitado en el arrastre,
fue un animal de viaje corto y que no humillaba. Pero, a pesar de esto, el
onubense parecía que debutaba como novillero sacando la casta, y se la jugó.
La concurrencia le tributó una merecida ovación y le obligó a dar la vuelta
al ruedo. Con emoción y humildad, Litri hizo el recorrido por el anillo al compás
de las clásicas golondrinas acompañado de su cuadrilla.
Los deseos de Enrique Ponce de torear mejor los realizó con el capote al
lancear con elegantes verónicas y ajustadas chicuelinas al brusco primero,
pitado en el arrastre. Pero con la pañosa no pudo con el genio del adversario,
aunque al final de un largo y atropellado muleteo logró enjaretarle una tanda
de derechazos.
Con gran serenidad y valor se enfrentó a su segundo, una fiera probona que
desarrolló mucho sentido y fue abucheada en el arrastre. Le hizo una labor riñonuda,
sorteando los gañafonazos que la alimaña le tiraba a diestra y siniestra.
A Jerónimo sólo se le vieron muchos deseos, un par de detalles y carencia
total de técnica. Su primero fue un manso pitado en el arrastre, y con el
abanto que cerró plaza nada pudo hacer. Tiene que olvidarse de su concepto de
que el toreo sólo es inspiración y debe aprender la base del oficio, que es la
técnica. Si no, le será muy difícil llegar a figura.
La falta de destreza del rejoneador Enrique Fraga propició las cornadas al
alazán cuarto de milla Sedayín en su primero y al tordillo porcelana Caporal
en su segundo. Al soso primero, que fue protestado por chico, le colocó los
rejones de castigo en el pescuezo y las banderillas largas las dejó contrarias.
Ante la hostilidad del respetable, en su segundo suprimió la colocación de los
palitroques. En ambos se echó pie a tierra para poderlos despachar después de
darles unos trapazos.
El
País,
R. VÁZQUEZ VILLALOBOS, México. Edición del
7 de diciembre '99 Se lució
Hermoso de Mendoza
¡Vaya diferencia del ganado! Para los lidiadores de a pie, toros de verdad,
hechos y descarados. Pero para el torero a caballo, unos novillos flacos,
indignos del bien ganado prestigio del rejoneador. ¿Tendrá el caballero
navarro el mismo veedor que El Juli?
Aunque Pablo Hermoso de Mendoza hizo el paseíllo arriba del castaño-oscuro Albaicín,
recibió a su primero montando al tordillo luso-árabe Labrid. Saludó a Yiyo
-un ratón pitado al salir, durante la lidia y en el arrastre- colocándole,
previos rítmicos quiebros, los rejones de castigo. Sobre el lusitano-tordillo Chicuelo,
en tres ocasiones citó de frente y, burlando al novillo, lo banderilleó
realizando al salir de la suerte dos vistosos giros inverosímiles. Con Mazzantini
puso una banderilla corta y al salir de la colocación eludió a la res por los
adentros a dos pistas. Pese a que algunos aficionados le gritaron constantemente
becerrista, el público pasó por alto el engaño y valoró la técnica del
navarro.
Al cuarto, que al salir también fue pitado por chico, le clavó los rejones
de castigo arriba de Quechua. Pero lo emotivo vino montando al negro
portugués Cagancho, que reapareció después de su tercera cornada. De
través, o sea, de costado, galopó en cuatro ocasiones el círculo del redondel
llevando magistralmente templado a la grupa al novillo y la concurrencia lo
ovacionó puesta en pie. Sacó de nuevo a Chicuelo y, en corto, apoyándose
en el estribo, banderilleó a una mano. Después, con el prieto Mazzantini
repitió el viaje por los adentros a dos bandas. Si el lucimiento de Hermoso de
Mendoza con Yiyo y Ronaldo lo hubiera hecho con toros, esta tarde
se hubiera consagrado en México. Lástima.
A Alfredo Lomelí se le vio dubitativo ante sus dos ejemplares, aplaudidos al
salir en el arrastre. Al agresivo que hizo segundo no lo pudo dominar y con el
quinto desaprovechó la fijeza que tenía por el lado izquierdo.
Rafael Ortega volvió a demostrar por qué es un triunfador. Realizó una
faena reposada y completa al bravo tercero, aplaudido al salir y en el arrastre.
Su capoteo fue armonioso y su banderilleo fue escalofriante. Como el burel vino
a menos, su muleteo por el derecho fue meritorio y soberbiamente lo mató al
encuentro, por lo que se llevó un merecido apéndice. Al reservón que cerró
el festejo le peleó y lo sometió, pero se eternizó con el acero.
Al bregar al segundo, el peón Pablo Miramontes resbaló en la cara del toro
y fue levantado por las afiladas astas de Tobi, que le infirió una grave
cornada en el muslo izquierdo con dos trayectorias: una de 25 centímetros y
otra de 18.
El
País,
R. VÁZQUEZ VILLALOBOS, México. Edición del
30 de noviembre '99 El
Juli exigió toros impresentables
En la programación de la temporada el ganado de la cuarta corrida que estaba
anunciado era de la dehesa de Rodrigo Aguirre. Pero como los toros de este
hierro son serios y tienen la edad reglamentaria, la administración de El Juli
los rechazó e ipso facto salieron del cartel. Lo malo fue que la ganadería
sustituta fue contraproducente para el éxito del diestro madrileño, ya que la
pequeña bueyada que se corrió decepcionó totalmente a la concurrencia y motivó
que ésta le impidiera a El Juli dar la vuelta al ruedo por la labor que con
mucho oficio le realizó a su segundo. Y, para colmo de males, fue largamente
abucheado al abandonar el coso.
Con el áspero tercero, pitado en el arrastre y que daba la impresión de ser
un utrero, El Juli se salvó del fracaso por su valiente quite por chicuelinas y
su arriesgada acción en la colocación por los adentros del tercer par de
palitroques.
Al abanto que hizo quinto, pitado también en el arrastre, le expuso por
partida doble. Primero en los dos últimos pares de banderillas que volvió a
poner por los adentros con gran riesgo y después en un trasteo en el que citó
al rajado bicho colocado en la cuna de los pitones. Consintiéndolo le echaba la
muleta al hocico y aguantándole conseguía que el animal siguiera el engaño,
pero como en ocasiones se detenía a medio viaje, el diestro, sin moverse, le
obligaba a terminar la seudoembestida. Fernando Ochoa, con aptitudes riñonudas,
inició su desempeño con la pañosa al resabioso primer sobrero que sustituyó
al segundo de la tarde, al que el peón Raúl Bacelis lo estrelló en un
burladero y se despitorró. Aunque el cornúpeta recibió un magnífico puyazo
que le propinó Nacho Meléndez, no corrigió lo abanto y lo espión y el
matador moreliano no pudo domeñarlo.
Qué complicado es trazarle pases con belleza a un buey, pero las ganas de
triunfar de Fernando Ochoa fueron un acicate y lo logró con el cuarto.
Inexplicablemente regaló el segundo sobrero y lástima de su entrega, pues el
morlaco no valía un duro.
El Cuate confirmó su doctorado con una res bronca que le dio una aparatosa
voltereta y le dejó al desnudo la parte derecha de la taleguilla. Su actuación
fue de grandes contrastes. A ratos dibujaba el toreo y en otros ratos enseñaba
carencia de idea del toreo. Con el sexto, que tenía larga movilidad y
humillaba, tuvo detalles de clase, pero necesita aprender los principios
elementales de la técnica
El
País, R. VÁZQUEZ VILLALOBOS, México. Edición del 23 de noviembre '99.Edición del 23 de noviembre '99.
Los moruchos no permitieron el éxito a
Espartaco
Espartaco tenía una gran ilusión de confirmar su alternativa en la Monumental Plaza
México y esperó 20 años para realizarla. Desafortunadamente, esa gran ilusión se
estrelló contra unos moruchos que no le permitieron tener el éxito deseado. Y si no tuvo
éxito no fue por culpa de él, sino por culpa de quien no se ocupó de cerciorarse del
trapío y de la adecuada presencia que debía tener el encierro de De Santiago. El astado
de su confirmación tenía cara de novillo, pero su segundo adversario fue el colmo.
Parecía un utrero y esto ya no lo aceptó el público, quien provocó la primera gran
bronca de la temporada gritándole soeces recuerdos familiares al juez de plaza, José A.
Ballesteros: primero por aprobar este animal y después por no devolverlo.
A Garrafón, medido de fuerzas pero que se dejó torear, que abrió plaza,
Espartaco con buen gusto lo veroniqueó y lo muleteó por el derecho acompasado a la
calidad del ritmo de la embestida. Con el quinto, protestado por toda la concurrencia
desde su salida hasta su arrastre, no debió haber prolongado su trasteo, pues ya había
manifestado que regalaría el sobrero para aplacar el enfado de las galerías. Pero lo
malo fue que el sobrero también era de De Santiago.
Con este antagonista se jugó la vida pues se enfrentó a un morlaco incierto, probón,
suelto, receloso y que además arrollaba. Su pundonor y valor le ganaron el reconocimiento
de la afición pero a costa de un tremendo riesgo.
El violento segundo, pitado en el arrastre, hizo que Eloy Cavazos se viera fuera de
sitio. Al fijo y dócil cuarto, el diestro de Villa de Guadalupe (Nuevo León) lo
destoreó con su peculiar estilo, citándole con el pico de la muleta y aprovechando el
largo recorrido del burel. Sus seguidores enloquecieron pero otro sector de los tendidos
protestó. Al entrar a matar, Cavazos sufrió un golpe del pitón en el bajo vientre sin
mayores consecuencias.
Con el áspero tercero, que se ponía por delante y también pitado en el
arrastre, Alfredo Gutiérrez tuvo tres desaciertos: al capotearlo, al tratar de
banderillearlo y al darle trapazos. Pero como se sacó la lotería con Canónigo,
un noble ejemplar que tenía un son extraordinario, pudo dibujarle una emotiva
faena con pinceladas de arte pero con muchos defectos. Se entregó sin
importarle la zarandeada que le pegó la res brava por estar atravesado en su
recorrido. Si no fuera por su bisoñez, a este toro de bandera le pudo haber
cortado el rabo. Pero esperamos que algún día aprenderá a estructurar sus
faenas.
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