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TOROS EN LA MONUMENTAL DE MÉXICO
TEMPORADA 99-2000

Toros en La Monumental

CRÓNICAS DE LOS FESTEJOS

Caballero y los mansos
Rabo para Pablo Hermoso de Mendoza

Emotivo toreo de Marie Sara

Cavazos cortó su octavo rabo

Eloy Cavazos corta un rabo en la México y Ponce suma una oreja

Importante triunfo de Manuel Caballero, que salió en hombros del coso

Arte puro de Manuel Caballero

 Los toros de la bronca a El Juli en México eran para una novillada

Escoltas de El Juli tras su fracaso en México atacan a tres reporteros

Fenomenal bronca a El Juli

Jorge Gutiérrez salió a hombros y El Juli recibió una gran bronca

Rafael Ortega, conmocionado

 Manuel Caballero bordó el toreo

Triunfal y emotivo adiós del español "Litri" en la Plaza México

Emotivo adiós de Litri

Emotiva despedida de Litri

Se lució Hermoso de Mendoza

El Juli exigió toros impresentables

Los moruchos no permitieron el éxito a Espartaco


El País, 30 de mayo de 2000.  R. VÁZQUEZ VILLALOBOS. Insulso cierre de temporada

Aunque el festejo debería haber tenido mayor lucimiento por la bravura del quinto toro y el gran recorrido y nobleza del primero, el cierre de la temporada de la primavera 2000 resultó insulso. Manuel Martínez estuvo insípido con su lote; Judas Tadeo tuvo detalles interesantes pero falló con el acero, y El Coyo, con un lote malo, pasó sin pena ni gloria.

La pujanza y emotividad del toro Rompe Puertas , que hizo quinto, desconcertó a Manuel Martínez y su que hacer en toda la lidia fue de dudas. En su muleteo tuvo un momento de decisión y trazó tres derechazos mandones, pero prevalecieron los trapazos. Al claro tercero ya lo había desaprovechado con un desempeño de altibajos. Martínez tiene clase pero le falta espíritu.

Judas Tadeo torea con buen sabor, pero Azucarito, el excepcional astado de su confirmación de alternativa, lo trasteó sin plan alguno. Ante el manso sexto, un galafate de 636 kilogramos, no se amilanó y se desenvolvió con serenidad y soltura. Al intentar su primer descabello, el estoque de cruceta voló por los aires hasta el tendido y, milagrosamente, no hirió a nadie. Judas Tadeo regaló el sobrero y, aunque el viento le molestaba, en su muleteo apuntó detalles.

Arturo Días, El Coyo, batalló con el segundo de la tarde, un huidizo manso que trajo por la calle de la amargura a la cuadrilla en el primer tercio. Aquello parecía una capea, y el picador Julio Brazofuerte Sánchez fue amonestado públicamente por el juez de plaza por volver a picar cuando el tercio había sido cambiado. El Coyo terminó dándole al toro una lidia de castigo con pases de pitón a pitón.

El cuarto salió barbeando y saltó al callejón, pero en el último tercio, aunque regateaba las embestidas, realizó innumerables recorridos. En su desordenado muleteo El Coyo abusó del pico descargando las suertes.

Terminada la temporada de primavera, comienza en la Monumental Plaza México la de las novilladas, la primera de las cuales se celebrará el próximo domingo. En ellas participarán algunos toreros españoles.


Domingo, 21 de mayo´2000. Televisa.

El español Rafael de La Viña recibió palmas al confirmar su alternativa en el penúltimo festejo de la temporada de la Plaza México, en la que alternó con Iñaki Elías y Rogelio Treviño, ante una buena entrada y con un encierro de la ganadería de Guanamé, que resultaron muy desiguales, De la Viña se mostró voluntarioso con el capote ante el toro de la alternativa al que despachó de estocada para salir entre aplausos.

Con su segundo, el diestro español logró una buena faena mató de estocada y descabello para ser aplaudido mientras que el burel mereció arrastre lento.

Rogelio Treviño, mexicano, tuvo una faena regular en el capote y la muleta en su primer enemigo al que despachó de un pinchazo y estocada para también ser aplaudido, en su segundo toro, el mexicano exhibió un mejor oficio y con una labor de mucha voluntad, mató de tres pinchazos con estocada además de recibir un aviso.

Iñaki Elías se vio fuera de sitio en el primero y sólo su voluntad le hizo mejorar ante un toro al que mató de pinchazo y estocada para salir al tercio con palmas, en el que cerró plaza, Elías realizó una buena labor con la muleta con pases naturales que le gustaron al respetable y lo mató de una buena estocada con petición de oreja no concedida.


Domingo, 14 de mayo´2000. Crónica de Antonio Casanueva Fernández.  Dos conceptos diferentes, dos sentimientos del arte. En la final del III encuentro Mundial de Novilleros

La excepcional novillada de Real de Saltillo nos permitió deleitar dos conceptos distintos del toreo, dos formas de expresar su misterio: el toreo cambiado de José Rubén Arroyo y el toreo natural de Sebastián Castella.

Pepe Alameda explica en su libro “El Hilo del Toreo” que hay dos formas, dos tendencias, dos intenciones que vienen desde Paquiro y Pedro Romero: de la línea de Paquiro es el toreo cambiado o contrario, toreo de expulsión; la técnica del que torea sesgado, yendo con el toro hacia adelante, sobre la base de muletazos de trinchera, de la firma, de pecho y sus derivados. De la herencia de Pedro Romero es el toreo natural, de reunión,  que no manda al toro hacia afuera, que no lo expulsa; la técnica del que torea en rectitud del toro y liga el toreo en redondo.

Para entender el contraste de estilos, de estética entre Arroyo y Castella me voy a remitir a la época de Joselito y Belmonte y para ello utilizo el lenguaje hiperbólico del maestro Alameda:

“…podría considerarse a Belmonte como un torero “mágico” —cerrado, misterioso—y a Joselito como un torero “fáustico”—abierto, expansivo.

La aparición de Joselito —rey de la luz—, produjo júbilo.
La de Belmonte —señor de las tinieblas—, asombro.¡
José aparece como una superación —“Maravilla”, le dijeron.
Juan, como un fenómeno —“Terremoto”, lo llamaron.

En medio está el toro, que determina el primer acto del drama. El toro, ya evolucionado, que permite a Belmonte disputarle su terreno. Y que permitirá a Gallito encontrar nuevos desarrollos hacia el futuro. (Fáustico y que, como tal, empieza por vender su alma al diablo —por aceptar el  terreno de Belmonte y bajar, como Orfeo, hasta los infiernos.)”

No pretendemos comparar a los novilleros del III encuentro mundial con Joselillo y Belmonte, únicamente pretendemos explicar el contraste de las dos personalidades y de los dos estilos de interpretar el arte del toreo; Arroyo y Castella son tan distintos uno del otro como Juan lo fue de José.  Sebastián es un bonito niño europeo, de escuela, que torea con técnica, que domina el oficio y que pega unos maravillosos redondos “de aquí hasta allá”.  José Rubén, en cambio, es un mexicano moreno, feo, tuerto, al que se le ve frágil y no sólo por lo escurrido de carnes producto de la miseria que ha padecido por generaciones el pueblo mexicano, sino por su escasa técnica que lo deja, en muchas ocasiones, a merced del toro

Sebastián Castella es un muchacho francés que ha crecido en la prospera comunidad europea. Hoy estrenaba un terno hermoso bordado por uno de los mejores sastres taurinos y que seguramente tienen un valor en metálico con el que se podría alimentar a muchas familias en los paupérrimos barrios poblanos donde vive José Rubén. El contraste entre los dos novilleros no es únicamente en conceptos taurinos, las diferencias eran visibles desde que hicieron el paseíllo: el bonito contra el feo; el rico contra el pobre; el europeo contra el mestizo…

El toreo de Arroyo es cerrado, oscuro, casi místico. Su personalidad es tenebrosa. Su rostro refleja piedad, dolor. Y un misterio mágico traduce todo el sufrimiento de la vida de su vida en un  toreo de ritmo lánguido, templado, que mueve los sentimientos más íntimos de los aficionados.

En la final del tercer encuentro mundial de novilleros Arroyo estuvo sublime, sobre todo con su segundo enemigo. Inició con dos verónicas ajustadas y una media que fue una pintura. En el quite dibujó tres chicuelinas barrocas rematadas con otra media de antología.  Con la muleta nos ofreció un toreo de manos bajas siguiendo la línea de Paquiro, el toreo cambiado por excelencia.  Perdió las orejas por pinchar y se tuvo que conformar con una vuelta al ruedo en la que el pueblo mexicano se le entregó como hace sesenta años lo hacía con Silverio Pérez.

Sebastián Castella se enfrentó a “Pensador” de la ganadería guanajuatense Real de Saltillo. Un toro negro girón, bonito de estampa, bravo, noble, de largo recorrido. Castella lo entendió a la perfección y lo bordó. Me atrevería a decir que es la mejor faena de un francés en ruedos mexicanos.

Manuel Capetillo, el mejor muletero del mundo, decía que la verdadera profundidad se lograba después de ligar el quinto muletazo. En su primera tanda, Castella ligó al menos diez derechazos todos largos, hondos, templados, “de aquí hasta allá”. Siguió toreando por el lado derecho aprovechado las nobles embestidas de “Pensador” siempre con una gran profundidad, toreando hacia adentro. Se cambió la muleta de mano y con la izquierda estuvo igualmente grandioso. Una faena cumbre.

El público pedía el indulto que el juez de plaza —presidente, lo llaman en España— no concedió. Sebastián, para culminar su obra de arte citó a matar recibiendo. Ejecutó muy bien la suerte, pero caló al toro. Una faena de orejas y rabo que, desafortunadamente, perdió por fallar en el descabello.

José Orozco “El Jalisco” y Javier Castaño, quienes completaban el cartel, estuvieron valientes y esforzados. Hay que seguirlos de cerca pues se les vio cosas interesantes.


Domingo, 16 de abril´2000. Crónica de Antonio CasanuevaEntrañable el toreo barroco de El Pana

El toreo de El Pana el domingo en la plaza México --como diría Carlos Septién-- no fue alegre, ni gracioso, ni perfecto: fue profundo, hondo, entrañable, como profundas son también las mezclas milenarias de la raza. En su primer enemigo de la ganadería de los Encinos Rodolfo Rodríguez "El Pana" elevó su toreo al mundo libre y poético de la fantasía. El Pana pertenece a los heterodoxos del toreo. Polémico. Distinto. Genial. Posee una personalidad misteriosa de duende gitano que hizo vibrar en su más profundo el corazón de la plaza más grande del mundo.

Como en aquella temporada de novilladas de 1978 los taurinos de la capital mexicana se entregaron al misterioso arte del taxcalteca y volvió a resonar el grito auténtico de "arriiiiiiba el Pana". Recibió al toro ajustándose y templando por tafalleras. Sus lances a la verónica fueron barrocos, con ritmo y languidez. Posteriormente estrenó un quite que según parece bautizó como apizaqueñas: una especie de chicuelinas sin dar el giro completo, o mas bien, medias verónicas ligadas en forma lenta, agobiante que tuvieron atisbos de indudable genialidad. Luego vino el par de Calafia dejándose llegar al toro y haciendo el quiebro a la perfección para que la gente emocionada le hiciera dar una vuelta al ruedo.

Lo mejor vino con la muleta: un trincherazo que quedará gravado en la memoria de los que lo presenciamos; al puro estilo de Silverio, expresando todo su misterio, su drama creador, con ritmo, con suavidad; bien pudiéramos decir como dijo Néstor Luján del maestro de Texcoco "espasmo abrumador y sonámbulo de su alma". También estuvo inspirado en los redondos y muy valiente y firme en las sanjuaneras. Pinchazo en todo lo alto y estocada desprendida. Fuerte petición de oreja que el juez no concedió. A su segundo lo recibió a porta gayola por mariposas y luego presentó otro quite que parece llamarse la cachanilla. Con la muleta poco podo hacer pues el toro se vino a menos. Hubo un grito en el tendido solicitándole al empresario repetir al Pana en mano a mano con Antoñete. Sería un sueño. Un cartel que derramaría solera y buen gusto.

Desafortunadamente los empresarios mexicanos no tienen la visión de quienes han programado durante tantas ferias de abril a Curro Romero. El Pana, como el Faraón de Camas o el Faraón de Texcoco, nunca ha tenido términos medios y sus fracasos han tenido mayor eco que sus grandes faenas; quizá por eso siempre ha vivido al margen de las empresas. Completaron el cartel Arturo Velázquez "Talín" quien estuvo valiente y torero y Mari Paz Vega que sorprendió gratamente haciendo las cosas con oficio y jugándose la vida. Una tarde que quedará marcada en la historia de la fiesta taurina mexicana.   


El País. R. VÁZQUEZ VILLALOBOS. Edición del 8 de febrero´2000.  Caballero y los mansos

Y aún hay figuras que dicen que no pudieron triunfar porque sus toros eran descastados y mansos. Estos diestros deberían haber observado el domingo pasado a Manuel Caballero enfrentarse a dos peligrosos mansos de solemnidad con los que dio una cátedra de lidiador y a los que les cortó las orejas. Con señorío recibió al bravo segundo, aplaudido en el arrastre, y le engarzó limpias verónicas. Convertido en poste se enrolló al adversario en aterciopeladas chicuelinas que calentaron el ambiente.

Garboso inició su trasteo con ayudados por bajos y prosiguió con doblones con la mano izquierda. En un mismo sitio corrió la mano en naturales que acompasaba al ritmo de la embestida del astado cargando la suerte. Hubo petición mayoritaria pero, inexplicablemente, el juez de plaza negó el trofeo. Al esperar al descompasado y rabioso cuarto, pitado en el arrastre, éste se le coló y lo achuchó. Sin inmutarse, el albaceteño lo bregó y terminó desengañando al bicho, que en el segundo tercio desarrolló mucho sentido.

Persiguió a Carmelo Sánchez, que colocó el primer par y que se libró de un percance por el oportuno quite que le hizo Gonzalo González y, al sentir el tercer par, arrolló a Alfredo Acosta, que salió ileso. Caballero lo lidió sin quitarle la muleta de la cara, dándole la distancia adecuada y reponiéndose oportunamente. El resultado fue que le corrigió los bichos y el burel terminó obedeciendo al engaño. En estas condiciones armó una faena con tres series de armoniosos naturales que motivó que la banda tocara la diana y, andándole, al final le adornó con la vitolina.

Al manso y también peligroso sexto, consintiéndolo y aguantándolo, lo lidió y terminó corrigiéndole sus defectos. Caballero disfrutó su faena, en la que ligó series de tersos derechazos y se metió en cristalinos naturales que hilvanó en varias tandas.

El cabeceo de chico que abrió plaza no lo pudo recoger el Zotoluco y hasta el final del muleteo, bajando la mano, logró dos templadas y artísticas series de redondos. Con el áspero tercero alargó su trasteo y aburrió al público.

Tuvo la oportunidad de triunfar con el bravo, pronto y emotivo quinto, pero no aprovechó la ocasión por no estructurar su labor. El problema de Zotoluco no es ni la falta de valor ni la falta de entrega, sino que no define su estilo. Esto es una lástima pues merece triunfar por su dedicación

 


Nada más adecuado para celebrar el 54º aniversario de la inauguración de la Monumental de México que cortar un rabo. Y esto lo hizo Pablo Hermoso de Mendoza por su magnífico toreo a caballo, que ejecutó con preciosismo y precisión en la faena a su segundo enemigo, el noble y bravo toro Preferido , que mereció arrastre lento. Este rabo es el segundo logrado por un rejoneador en este ruedo, pues el primero lo cortó Carlos Arruza el 3 de febrero de 1952. También es el 12º obtenido en una corrida de aniversario y el 113 en la historia del coso. Montando a Chicuelo , al salir por los adentros tras colocar una banderilla, resbaló frente a toriles y el codicioso burel alcanzó a cabalgadura y jinete, pero el torero navarro, una vez más dio una demostración de su seguridad al levantar al tordillo lusitano, saliendo ambos no sólo ilesos, sino airosos. Esta faena se caracterizó por su pureza y señorío. Dio muestras de sus recursos al batallear con el manso y trotón primero, que no hacía el embroque.

Al aplomado pero noble primero a la usanza española, Ignacio Garibay, a base de valor y quietud, lo toreó relajado y con gusto hizo una suave faena. Con el abanto sexto, pitado en el arrastre, usó técnica para trastearlo en un palmo de terreno.

Últimamente, Enrique Ponce sigue sin poder redondear una faena en este ruedo. Al mansurrón tercero, pitado en el arrastre, lo enseñó a acudir a la pañosa. Con su peculiar estilo pegapasista hizo su labor, que terminó con dos rancheras, el triple muletazo, creación del inolvidable Jorge Ranchero Aguilar. Emocionó a sus seguidores, pero, como sigue sin afinar la puntería con el estoque, no hubo trofeo. Al quinto, aplaudido al salir por su lámina y pitado en el arrastre por haberse venido a menos, sólo le pudo sacar algunos detalles.

Jorge Gutiérrez, al tardo pero claro segundo le hizo su trabajo muleteril tan retirado del astado que motivó la protesta de sus simpatizadores, y al fijo cuarto, aplaudido en el arrastre, lo desaprovechó. Al abandonar el ruedo fue largamente abucheado.


El País. R. VÁZQUEZ VILLALOBOS. Edición del 1 de febrero´2000. Emotivo toreo de Marie Sara

El toreo a caballo de Marie Sara fue emotivo por el valor y la tenacidad con que batalló ante la defectuosa agresividad del sobrero que a veces no hacía el embroque y entonces la amazona tenía que salir en falso.

Elegantemente la rejoneadora francesa hizo el paseíllo con Irak y montando a Maradona galopó por los adentros para diestramente colocar en todo lo alto los tres rejones de castigo al bravo Popito que abrió plaza. Pero por un desafortunado capotazo del peón Laureano Monzón, el toro resbaló y se rompió de la cepa el cuerno derecho y el juez de plaza, atinadamente devolvió al corral al codicioso ejemplar.

El sobrero que lo sustituyó empezó pronto y arrollando para terminar abanto, distraído y reservón. Arriba otra vez de Maradona, acertadamente Marie Sara puso los rejones de castigo. Con Falcón jugó con el cornúpeta haciendo uso de su sombrero. Sobre Camarón, de través recorrió medio redondel y luego magistralmente colocó banderillas a una mano. Perdió el trofeo por su desacierto con el rejón de muerte.

El Zapata fue el triunfador. Echándole mucho valor al segundo corrido a la usanza española, que fue el menos bueno del encierro, pues se detenía a mitad del pase, hizo una riñonuda labor en los tres tercios, coronada con un extraordinario estoconazo hasta la bola.

Al quinto, escaso de fuerzas, pero que transmitía, le enjaretó un vistoso quite por faroles invertidos y en el tercer par de palitroques que ejecutó por los adentros hubo destreza y mucha exposición. Con conocimiento muleteó demostrando sus dotes de lidiador.

Chilolo y El Cuate dejaron pasar unas reses bravas, que además de haber sido aplaudidos en el arrastre debieron irse al destazadero sin orejas.

Con cinco años de alternativa y 280 corridas en su haber, la afición esperaba más de Chilolo. Al noble ejemplar de la confirmación lo toreó retirado y sólo se acopló en una serie de naturales. Al cuarto, que fue el mejor toro de la corrida, le hizo su quehacer con la pañosa encorvado por lo que su trasteo resultó insulso.

El Cuate aún no encuentra la brújula que le indique el camino para torear con oficio y sobre todo, reposado. Al noble tercero, no le encontró la distancia y al que cerró plaza, que punteaba, lo ahogó.

Qué lástima que cuando salen toros bravos escasean los toreros que los sepan torear.

El festejo fue largo pues duró tres horas y cuarto.


El País. R. VÁZQUEZ VILLALOBOS. Edición del 25 de enero´2000. Cavazos cortó su octavo rabo

Eloy Cavazos, a sus 50 años y con 33 de alternativa, cortó su rabo número ocho en este coso a Serranito, una res que mereció el arrastre lento por su extraordinaria nobleza. Saludó al pastueño astado, que hizo cuarto, con limpios mandiles y en su quite entrelazó ajustadas chicuelinas con pintureras navarras. Su faena a Serranito, que nunca tiró el más mínimo derrote y que en su recorrido tras la sarga parecía una carretilla de entrenar, la inició de rodillas.

Estructuró su muleteo corriendo la mano con suavidad en tandas de redondos, que iniciaba con vistosos molinetes, garbosas trincherillas o la espectacular dosantina y los abrochaba con capetillinas o el de pecho. También ligó tersos naturales en varias series y, al final, dándole las tablas, ejecutó muletazos en los que jugaba con el ejemplar. Enseñando el pecho hizo la cruz y dejó un estoconazo en todo lo alto.

Sus partidarios, que dan mayoría en el coso, emocionados hasta la exageración, le pidieron al juez de plaza, Jesús Dávila, el máximo trofeo y éste bondadosamente lo concedió. Este rabo es el número 112 que se corta en la historia de la plaza.

A Río Dulce, que salió en primer lugar a la usanza española, aplaudido en el arrastre por su nobleza, Cavazos le hizo su labor en el refugio de las tablas. Toreó en línea recta abusando a veces del pico y cuando el burel le presentaba alguna dificultad se agarraba a los lomos del adversario.

El juez le regaló el trofeo, pero como buena parte de la concurrencia lo protestó el diestro se metió al burladero y se abstuvo de dar la vuelta al ruedo. Aunque al quinto valientemente lo esperó de hinojos y le dio una larga cambiada, no lo pudo trastear a gusto pues el noble morlaco acabó desarrollando genio.

Enrique Ponce no se dejó ganar la pelea en este mano a mano y por su gran oficio logró sacarle partido a su intoreable lote. Insistiéndole al soso y bobo segundo hizo que acudiera a la bayeta. Aunque algo retirado del adversario, trazó bellos e increíbles muletazos, así como giros completos de templados y mandones pases por ambos lados que arrancaron la ovación de sus seguidores.

Al cuarto lo recibió con elegantes verónicas rodilla en tierra y en su quite bajó las manos en apretadas chicuelinas. Con la pañosa se impuso al tardo burel que nunca bajó la cabeza y volvió con sus detalles que deleitaron a los tendidos. Al entrar a matar el toro le dio un palotazo en la mano izquierda y pasó a la enfermería, donde lo atendieron de un esguince.

Al sexto, pitado en el arrastre, no se le podía trastear porque era un inválido. Como deseaba triunfar, inexplicablemente regaló el segundo sobrero, un bicho corraleado, resabioso y muy peligroso con el cual se jugó la vida.

Con el que abrió plaza, aplaudido en el arrastre, el rejoneador Giovanni Aloi montando a Chícharo, previos quiebros colocó tres rejones de castigo, pero sólo el último en buen sitio. Arriba de Cónsul banderilleó a una mano, primero tres largas y después tres cortas y, en ambos casos, sólo las últimas en todo lo alto.


La Razón. Felipe Jiménez. Edición del 25 de enero´2000. Eloy Cavazos corta un rabo en la México y Ponce suma una oreja

Eloy Cavazos se convirtió el domingo en el triunfador absoluto de la «Temporada Grande» de la plaza México, al cortar tres orejas y un rabo por centésimo decimosegunda ocasión en la historia del coso de Insurgentes. El valenciano Enrique Ponce, en mano a mano con el diestro regiomontano, cortó una oreja al que hizo segundo astado de su lote. Ocurrió en la decimosegunda corrida de la temporada, última con derecho de apartado para los abonados al Monumental coso del Distrito Federal.

Los aficionados que acudieron a la plaza México el domingo vieron algo digno de grabar en la memoria. «Serranito», cuarto toro del encierro de Fernando de la Mora, resultó noble y de mucho recorrido. El veterano Eloy Cavazos logró sacarle una emocionante faena que comenzó con mucha variedad en el capote.De hinojos tomó la muleta, y al ponerse de pie comenzó a acortar distancia, poniendo también la plaza en pie por su mucha entrega y valor.

Toreó despacio. Cuajó cuatro muletazos por alto de antología, que pusieron al respetable de cabeza. Mató de una estocada hasta la bola. Los tendidos eran un océano de pañuelos blancos. El juez, Jesús Dávila, concedió entonces las dos orejas del burel.

Pero Cavazos se plantó en los medios, los brazos caídos, la mirada desafiante puesta en el palco de la Autoridad... Y el juez no pudo hacer otra cosa más que conceder el rabo, el número ocho que corta el veterano diestro regiomontano en el coso de Insurgentes.

Antes, con su primero, Eloy Cavazos logró una buena faena, pero corta, aunque le valió una oreja. Con su tercero, débil y soso, aunque empezó animoso y con deseos de redondear su labor, terminó por abreviar. ¿Para qué más?

El diestro valenciano Enrique Ponce, que volvía a la México tras actuar por última vez la tarde del 12 de diciembre pasado, destiló arte y causó emoción con la muleta. Cortó una oreja protestada a su primero, un toro que no tenía ninguna transmisión y siempre iba con la cara arriba. Ponce lo toreó muy bien haciéndole las cosas con mucha torería. Salió a saludar al tercio en su segundo, tras una faena en la que logró momentos de vibración en los tendidos, pero que, desgraciadamente, vino a menos al empezar a blandear el burel.

En su tercero, Ponce oyó palmas. Fue ése un animal con escasas fuerzas, que nunca se empleó. Lo mató de tres pinchazos y una estocada, y tuvo que saludar desde el tercio.

Por si fuera poco, el valenciano regaló un sobrero de la ganadería de José Garfias, de nombre «Jilguero», que saltaba como una cabra, y con el que el diestro fue silenciado. Pese al empeño del diestro, el toro no fue bueno y pareció tener algún defecto visual. Esta vez sí mató de una estocada.

Al entrar a matar a su segundo, Enrique Ponce recibió un fuerte golpe, por lo que fue necesario vendarle la mano izquierda. Ninguno de sus cuatro toros le permitieron hacer la faena que él mismo y los 45.000 espectadores que llenaban la plaza esperaban.

Abrió plaza el rejoneador Giovanni Aloi, que tuvo una digna actuación con certeros rejones de castigo y un buen tercio de banderillas largas y algún par de las cortas. Mató de dos rejones de muerte y escuchó una cerrada ovación de sus paisanos.

En este decimosegundo festejo se corrieron ocho astados, uno para rejones de la divisa de Rancho Seco, que resultó bueno; otro como sobrero de Pepe Garfias; y seis de Fernando de la Mora, de justa presentación y entre los que destacaron para la lidia los corridos en primer y tercer lugares, éste último siendo premiado con arrastre lento de sus despojos.


La Razón. Felipe Jiménez. Edición del 18 de enero´2000. Importante triunfo de Manuel Caballero, que salió en hombros del coso.
El albaceteño le cortó las dos orejas a un buen toro de Reyes Huerta.


Manuel Caballero se convirtió el domingo en el triunfador absoluto de la llamada Temporada Grande de la plaza México,al realizar a su segundo una faena que alcanzó momentos verdaderamente excelsos, tanto con el capote como con la muleta.

Tras la gran decepción del domingo anterior, el coso más grande del mundo, lucía apenas media entrada. Caballero, de azul y oro, poco pudo hacerle a su primero, un novillote de Montecristo, aunque salió a saludar al tercio. Pero con su segundo, del hierro de Reyes Huerta, todo fue diferente.

El toro embestía franca y limpiamente por el pitón derecho. Tras la suerte de varas, el matador lo citó de largo con el capote y lo embarcó en una suave chicuelina de ensayo. Repuso el terreno corriendo hacia atrás, para darle aire al bicho, y repitió la suerte, otra vez por el lado bueno, el derecho. Y volvió a pegar la carrerilla y cuajó la tercera chicuelina, larga como un día sin pan, antes de rematar con una también lenta media cordobesa para adueñarse por completo del respetable.

En el tercer tercio, el diestro manchego ensayó con la muleta a media altura, con la diestra. Contento con el resultado corrió a los medios y citó con la derecha, arrastrando la tela despacio, muy despacio. Tras una segunda serie, cambió a la izquierda, sin bajar demasiado la muñeca, pero mandando, mientras se escuchaba los gritos de «Torero, torero». Reincidió con la zurda y vinieron más naturales después de un cambio de manos por la espalda. Agotada la vida útil del astado, Caballero entró a matar. Una estocada en todo lo alto hizo que la plaza se llenara de pañuelos blancos. El toro tardó poco en exhalar su último aliento, caminó hasta las tablas para doblar allí. El juez concedió las orejas y Caballero salió en hombros.

Con todo, tras su gran actuación, el respetable pidió a gritos a la empresa la reaparición de Caballero el 5 y el 6 de febrero próximos. 

Manolo Mejías tuvo palmas en su primero, abucheos en su segundo, y división en el de regalo. Fernando Ochoa oyó palmas en su primero y abucheos y aviso en su segundo.


El País. R. VÁZQUEZ VILLALOBOS, México. Edición del martes, 18 de enero´2000Arte puro de Manuel Caballero

¡Qué pena que sólo unos 15.000 aficionados hayan podido disfrutar y emocionarse con el extraordinario temple y lentitud con que toreó Manuel Caballero a Milenario ! Sus lances y pases fueron obra de arte puro y parecía que el diestro albaceteño pintaba en lugar de torear.

La exquisita faena que Caballero le cuajó al noble quinto fue a base de trazos perfectos por su simetría. Y tuvo simetría porque el diestro adecuaba la lentitud de su toreo a la pastueña embestida.

Al recibir con verónicas a Milenario pintó su primer cuadro en una media con que las abrochó y los siguientes cuadros fueron las señoriales y ajustadas chicuelinas que calentaron el frío ambiente. Como el astado tenía poca fuerza, con inteligencia Caballero inició el trasteo con delicados ayudados por bajo para fijarlo. A partir de ese momento y dándole el espacio adecuado, adelantando la muleta lo citaba y meciéndose barría la arena con la franela al correr la mano en cámara lenta. La res brava seguía la panza de la bayeta en la mínima distancia sin tocarla. Al rematar cada pase Caballero dejaba al cornúpeta a su espalda y con precisión giraba para ligar el siguiente muletazo. Con esmero pintó cuatro series de redondos y tres de naturales, concluyendo esta obra de arte ejecutando con verdad la suerte suprema con la que dejó un soberbio estoconazo.

La magistral lidia al impresentable y soso segundo, pitado en el arrastre, tuvo doble mérito. Primero porque dominó a un bicho que concluía el viaje con la cabeza arriba y segundo porque batalleó con el viento que le ondeaba la sarga. Acabó pudiéndole y le recetó varias tandas de mandones derechazos y naturales.

Manolo Mejía trajo el santo de espaldas. Al distraído primero no le encontró el ritmo. El cuarto, que dobló cuatro veces las manos y fue pitado, hacía medio recorrido y luego levantaba la cabeza para ver al tendido. Regaló al corraliado sobrero, que punteaba y no lo pudo dominar.

Fernando Ochoa con el tercero, que se terciaba y pegaba arriones, perdió la serenidad y no le dio la lidia de aliño que merecía. Desaprovechó al noble sexto, el mejor de la tarde.


El País. R. VÁZQUEZ VILLALOBOS, México. Edición del viernes, 14 de enero´2000.  Los toros de la bronca a El Juli en México eran para una novillada

Con relación a la bronca suscitada el pasado del domingo en la Monumental Plaza México por la poca presencia de algunos toros, el ganadero José Antonio Garfías declaró a este diario que el tercero y el sexto, hierro José Garfias, lidiados por El Juli, los vendió para novillada -nunca para corrida de toros- en noviembre de 1998 dentro de un lote de 10 reses, tanto por su nota de tienta como por su poca presencia. Y añadió que a partir de esa fecha perdió el control sobre estos novillos que salieron de su ganadería.

Al enterarse de que serían incluidos en la corrida del pasado día 9, se opuso, pero el empresario de la Monumental, Rafael Herrerías, le contestó que como el ganado era suyo se lidiaría.

El viernes 7, ya reseñados los citados toros, viendo lo flacos que estaban y previendo que en el reconocimiento rechazarían alguno, envió dos toros más, que quedaron en primer lugar y de segundo sobrero, respectivamente.

Garfias precisó no ser responsable de la bronca a El Juli por la poca presencia de sus toros y reiteró que los vendió de buena fe para novillada.


El País. R. VÁZQUEZ VILLALOBOS, México. Edición del miércoles, 12 de enero´2000Escoltas de El Juli tras su fracaso en México atacan a tres reporteros

El periódico Ovaciones publica la noticia de que, al finalizar la corrida del domingo pasado en la Monumental de México (ver EL PAÍS del día 11), en la que fracasó El Juli y salió bajo una fenomenal bronca, personal acreditado con el logotipo de la plaza que custodiaba su paso por el patio de cuadrillas agredió a tres reporteros. Son Omar Bolaños, de Televisa, quien sufrió fisura de clavícula, contusiones y rotura de gafas; José Luis Valiente, de Multivisión, y Gabriela Fernández, de Radiópolis.

El Heraldo de México informa de que José Manuel Álvarez, gerente del coso, prometió investigar para verificar si los agresores son guardas de seguridad de la plaza. Asimismo, el citado diario publica que el ganadero José Antonio Garfias aseguró que los astados de la corrida del domingo se los había vendido a la empresa hace un año para ser lidiados como novillos y no como toros. El empresario de la plaza, Rafael Herrerías, manifestó: "Garfias se enojó porque echaron un reserva [sobrero] de Xajay; eso es todo".

El diario Esto publica la contestación que dio El Juli a la pregunta de los animales lidiados por él: "Ni chicos ni grandes; eran toros como los que ya he matado en la Plaza México". "Yo toreo lo que me echen y no escojo mis corridas. Los que aprobaron los toros fueron los veterinarios y el juez".


El País. R. VÁZQUEZ VILLALOBOS, México. Edición del 11 de enero´2000 Fenomenal bronca a El Juli

Si a El Juli lo anuncian como matador de toros y cobra como tal, pero torea animales que parecen utreros, no es de extrañar que se produzcan fenomenales broncas como las del domingo pasado.

Al salir el feo y sospechoso ratón que hizo tercero se generó una protesta que prevaleció durante la lidia. Los únicos momentos en que se calmaron los ánimos fueron el extraordinario segundo tercio, en el que El Juli fue ovacionado. Pero luego su desempeño muleteril se vio desangelado y los gritos de "novillero, novillero" eran constantes.

Hacía tiempo que en este coso no se escenificaba una bronca como la que motivó la largartija corrida en sexto lugar. El ruedo se llenó de almohadillas y el público, puesto de pie y mirando al palco de la autoridad, pedía a gritos la devolución del burel, que parecía un becerro. Ciertos sectores de los tendidos se dedicaron a insultar al juez de plaza, Heriberto Lampranchi, con recuerdos familiares, y al diestro madrileño le seguían gritando "novillero, novillero".

Para paliar esta bronca, El Juli regaló el sobrero, de Xajay, pero, para su mala suerte resultó abanto, distraído y suelto. Volvió a lucirse con los palitroques, sobre todo en el temerario último par por los adentros, y su trasteo fue voluntarioso, pero atrabancado y desesperado.

La afición de México espera que su nuevo apoderado, Manolo Lozano, corrija estas anomalías de su veedor, pues el público ya está harto de que le quieran tomar el pelo.

Jorge Gutiérrez, en su muleteo al que abrió plaza, logró acoplarse con el largo recorrido del cornúpeta, que humillaba y a cuyos restos le dieron arrastre lento. Cuajó una faena en la que esculpió tres series de lentos naturales y dos de redondos. Hizo la cruz a la hora de la verdad y mató de soberbia estocada. Con el soso cuarto continuaron los pitos por la poca presencia de la res. El hidalguense hizo su tarea entre las protestas de la concurrencia y volvieron a escucharse los insultos al juez de plaza.

Zotoluco mostró una nueva faceta en su toreo con la pañosa: el bello acompasamiento al correr la mano y la exquisitez del trazo de su pase. Saludó de hinojos con dos faroles al codicioso segundo, que fue aplaudido en el arrastre. Caminándole inició su faena, en la que cargó la suerte en tres tandas de emotivos naturales y sus dos series de redondo tuvieron autenticidad. A pesar de la mayoritaria petición, el juez le negó el segundo trofeo. Con tenacidad, valor y oficio, Zotoluco le sacó pases que no tenía al tardo quinto. Su magnífica labor se vio empañada por fallar con el acero, pues el trasteo merecía trofeos.


ABC. MÉXICO D. F. Guillermo Leal. Edición del 11 de enero´2000Jorge Gutiérrez salió a hombros y El Juli recibió una gran bronca

El Juli recibió una bronca monumental en La México, en donde el público le cobró la factura de haber cambiado un encierro la tarde de su presentación, lo que hizo pensar al público que no había querido matar toros grandes.No obstante, lo de El Juli fue injusto, porque el público no le dejó hacer nada con su lote, es más, en el sexto le tiraron almohadillas. Regaló un toro para acallar la bronca, y el torero, enrazado, se entregó como pocos. El mismo público que le había silbado terminó por reconocer su entrega. Se lidiaron toros de José Garfias.

Mientras abroncaban a El Juli, Jorge Gutiérrez, después de tres años, realizaba una de las faenas de más temple que hemos visto en las últimas temporadas, que le valió dos merecidas orejas. Con su segundo casi nada pudo hacer.

El Zotoluco dio muestras de ser un torero de los pies a la cabeza,mantuvo la emoción siempre y cortó una oreja.


Información de la Oficina de comunicación y prensa de Julián López “El Juli. 10/1/00.10:30. CRÓNICA DEL 9 DE ENERO DE 1999 EN LA PLAZA MÉXICO. EL JULI LLENÓ LA MÉXICO Y REVENTÓ A LOS REVENTADORES. 

Al final ni los comprados reventadores pudieron con El Juli, que acabó por convencer a los verdaderos aficionados mexicanos que hicieron callar a tan nutrido grupo de mercenarios. Dichos reventadores protestaron con primitivas maneras la notable presentación de los toros de Pepe Garfias. De momento, días antes, se había promovido una campaña de un sector de la prensa en contra de los intereses de El Juli incitados por el mismo personaje, Dios sabe quién que compró a los citados reventadores. Pero al final El Juli acabó con todos en el toro de regalo de Xajay al que cuajó un faenón. 

El cenit de la pasión llegó con un tercio de banderillas que ésta vez pobló la arena de sombreros. Perdió las orejas con la espada lo cual no fue óbice para recoger una fuerte ovación desde los medios de la auténtica afición de México que llenó hasta la bandera la plaza más grande del mundo. Lo cierto que dichos mercenarios salieron con la cabeza baja por dos motivos. El primero porque se notó mucho que venían a lo que venían y el segundo, sobre todo éste, porque El Juli acabó con ellos. 

También buenas actuaciones de su  compañeros de terna Jorge Gutiérrez y El Zotoluco con dos y una oreja respectivamente. Gutiérrez toreando al natural como en sus mejores tiempos. Y El Zotoluco rebosando una gran entrega. El día anterior Julián arrolló en la localidad azteca de Puebla, con “no hay billetes” llevándose las tres orejas de la tarde de una corrida de Garfias. Tarde de alternativa para Alberto Huerta otorgada por Jorge Gutiérrez.


TV. Azteca, LEOPOLDO DE LA ROSA. México, edición del 3 de enero del 2000.

La clase y buen estilo de tres de los siete astados, enviados por don Sergio Hernández de "Rancho Seco", para el noveno festejo de la temporada grande en la Plaza México, han permitido ver a dos toreros mexicanos alcanzar importantes momentos que de no ser por fallas con la espada hubieran resultado en corte de dos orejas. Sus nombres: Manolo Mejía y Oscar Sanromán.

Lo inadmisible fue la actuación de Emilio Muñoz, torero sevillano, quien se presentó en la Plaza México para confirmar su alternativa española, que tomó hace 20 años de manos de Francsico Rivera "Paquírri", diestro caracterizado por la honestidad y verdad como torero, caso opuesto a lo mostrado por Muñoz, este inicio de año en el ruedo capitalino.

Correspondieron a Mejía "Jubileo" y "Cartujo". Al primero, Manolo le realizó una faena caracterizada por el oficio y conocimiento de la lidia del diestro capitalino.

Supo esperar Mejía y provocar embestidas de calidad en un toro que aparentemente no las tenía. Fue por ello que al dar el tiempo necesario a "Jubileo" realizó dos notables tandas de naturales que entusiasmaron al escazo público, unos cinco mil aficionados, que asistió a la Monumental. Pinchó en el primer intento, para dejar una estocada entera. Salió al tercio.

Ante "Cartujo" destacó la colocación de Mejía y su disposición para hacer el toreo. Tandas por ambos lados, dibujando también naturales que etusiasmaron al público. El astado, incierto y tardo, no colaboró más y por ello la faena perdio interés. Realizó un gran volapié que hizo doblar.

Oscar Sanromán lidió a "Siglo Nuevo" y a "Trovador", astados que fueron aplaudidos al saltar al ruedo por su presencia. El torero de Querétaro dibujó verónicas con las que recibió al primero de su lote para rematar con media verónica con las manos muy bajas. Clavó banderillas espectacularmente, al cuarteo, sesgo y por dentro, en cada caso.

Después realizó tandas por ambos lados, al inicio templando y mandando. Sin embargo, quizá por los deseos de triunfar, perdió el rumbo y sus pases fueron atropellados y sin orden. Pinchó en dos ocasiones para dejar media estocada tendida. Acertó al primer intento con la espada corta. Ante el sexto de la tarde sólo tuvo detalles. Muchos problemas para banderillarlo, siendo lo mejor, la estocada con la que concluyó.

Emilio Muñoz, torero sevillano, viajó a México para confirmar su alternativa. Sólo algunos detalles mostró con el capote, toreando muy lejos y con inumerables precauciones.
Desaprovechó al primero de la tarde llamado "Milenio", toro cuya calidad seguramente hubiera permitido mucho más a un diestro con deseos y voluntad. En Muñoz, esto no apareció.

Desde que saltó a la arena "Monaguillo", el diestro de Triana dejo muy claro que nada quería saber de él. Siempre sobre piernas nunca paró al astado tlaxcalteca. Con la muleta "enfrentó" al bien presentado cornúpeta, sin sacarlo de las tablas, en donde inició y terminó una fugaz mascarada. Doblones sin ton ni son.

Se dirigó al público el "torero", tratando de justificar lo injustificable. Caminó a la barrera para cambiar de espada y tirarse a matar dejando media estocada trasera, para dejar el ruedo en medio de la reprobación general. Debút y despedida,sin duda.


El País, R. VÁZQUEZ VILLALOBOS. México, edición del 28 de diciembre '99.    Rafael Ortega, conmocionado.

En la última corrida del año, del siglo y del milenio (para quienes afirman que estos dos últimos terminan el 31 de diciembre 1999) en la Monumental Plaza México, Rafael Ortega sufrió una aparatosa y peligrosa voltereta que lo conmocionó. Además de la pérdida de la memoria, sufrió la fractura del tobillo izquierdo que ameritó una intervención quirúrgica para colocarle un tornillo. Respecto a la amnesia, los médicos opinan que en tres días aproximadamente recobrará la memoria.

El percance ocurrió cuando al rematar Rafael Ortega con una revolera un comprometido quite por chicuelinas al pegajoso segundo, pitado en el arrastre, éste se lo echó a los lomos. El diestro dio una vuelta de campana y al caer se golpeó en la nuca y quedó conmocionado en la arena. Fue conducido a la enfermería, donde tardó en volver en sí, pero sin saber en dónde se encontraba y, tras ser estabilizado, fue conducido al hospital Mocel.

El Zapata continuó la lidia y despachó a la alimaña, que desarrolló mucho sentido; se quedaba a la mitad del pase y buscaba al torero.

Con el aleonado que abrió plaza y que tenía cuajo, El Zapata dibujó con quietud cuatro bellas gaoneras en su quite. Su trasteo lo inició con el muletazo del imposible , pero como el anim al se rompió el frontal al rematar en tablas y cambió de lidia, el matador sólo logró detalles.

Al complicado quinto, pitado en el arrastre, El Zapata se fajó con el morlaco en su desempeño muleteril y al ejecutar un derechazo el bicho le pegó un derrote en la comisura del labio derecho que le aflojó varios molares. Terminó su lidia de aliño macheteando al oponente con pases por la cara.

Con el abanto tercero, también pitado en el arrastre, Uceda Leal no paró de zapatillear. Primero con chicotazos de recibo y después con trapazos en los que intentaba esposar el natural.

Uceda Leal sustituyó a Ortega en la lidia del que hizo cuarto. Meciéndose saludó a Príncipe con tersa s verónicas. Pero con la bayeta desaprovechó lamentablemente el único ejemplar encastado del encierro que debería haberse ido desorejado al desolladero y al cual destoreó en el último tercio. La afición le empezó a pitar, pues se daba cuenta del buen son del ejmplar y de la carencia de técnica y entrega del espada madrileño. Con el suelto sexto las galerías le abuchearon.


El País, R. VÁZQUEZ VILLALOBOS. México, edición del 21 de diciembre '99.    Manuel Caballero bordó el toreo

El pasado domingo hubo un caballero en la plaza y éste se llamaba Manuel. Y Manuel le cortó una oreja, que debieron haber sido dos, a uno de los toros que la administración de El Juli rechazó hace tres semanas. Toros auténticos de Rodrigo Aguirre, con edad, leña, peso, trapío y, sobre todo, casta, con los que Manuel Caballero, en su lote, bordó el toreo y que Miguel Lahoz y Alfredo Gutiérrez desperdiciaron lastimosamente.

Mostró su gran oficio Caballero al enseñar a embestir con claridad al tardo y probón cornúpeta primero, que calamocheaba y era incierto. Consintiendo al astado estructuró un armonioso muleteo y, aguantando horrores lo fue acariciando en el temple y terminó corriendo la mano con asombrosa lentitud. Lo arrebatador de su faena a Clio fueron cuatro tandas en las que ligó acompasados derechazos que abrochó con auténticos y largos forzados de pecho. Aunque batalleó por el lado izquierdo, se meció en unos naturales que ni pintados por Ruano Llopis hubieran superado su belleza. Al dar la vuelta al ruedo los gritos de "torero, torero" con que la afición reconocía su toreo macizo fueron el mejor desagravio a la injustificada acción del juez de plaza, José A. Ballesteros, que no le otorgó la bien merecida segunda oreja.

Al codicioso cuarto, de nombre Quiscorrón, aplaudido al salir por su trapío y en el arrastre por su nobleza, el albaceteño en su quite lo lanceó con elegancia pero la emoción volvió a la hora de su faena. Por el derecho toreó en sincronizados redondos que realizó en círculo y a un ritmo tan suave que motivó que la banda tocara la Diana en su honor. Perdió los trofeos por fallar con la toledana pero la concurrencia lo despidió con prolongados aplausos al abandonar el ruedo.

Lástima de Nito, que hizo segundo, aplaudido al salir por su trapío y sus despojos en el arrastre por su nobleza, pues fue desaprovechado por Miguel Lahoz quien se vio falto de sitio. Y al incierto Pingüico corrido en quinto lugar y también aplaudido en el arrastre, el aguascalentense no pudo dominarlo.

Alfredo Gutiérrez, que sustituía a Federico Pizarro, corneado en Guadalajara (Jalisco), sólo tuvo detalles con el percal y con la pañosa tampoco pudo con el áspero tercero. Y con el huidizo que cerró plaza volvió a los detalles en sus verónicas de saludo, pero con la sarga no sólo estuvo dubitativo sino que exhibió sus torpezas en una larga y aburrida labor.


Notimex. México, 12 de diciembre '99.    Triunfal y emotivo adiós del español "Litri" en la Plaza México

Una triunfal y emotiva despedida de los ruedos tuvo este domingo el diestro español Miguel Báez "Litri", al cortar la única oreja durante el sexto festejo de la Temporada Grande de la Plaza de Toros México.

En esta tarde, en la que también actuaron el rejoneador Enrique Fraga, el español Enrique Ponce y Jerónimo, quien confirmó su alternativa, se lidiaron astados de las ganaderías de Manuel Martínez y Xajay, bien presentados y de los cuales destacó el corrido en tercer lugar.

El matador español Miguel Báez "Litri" logró cuajar una buena faena al tercero de la corrida, llamado "Pescador", un burel que mostró nobleza y recorrido.

"Litri" toreó con temple a ese astado, ligó buenas tandas de derechazos que alborotaron a los aficionados reunidos en el coso más grande del mundo, para presenciar la despedida de este matador ibérico.

El hispano estuvo acertado a la hora de matar al dar una estocada en todo lo alto, por lo cual los tendidos de la Plaza México se tiñeron de blanco por la petición de los trofeos y el juez Heriberto Lanfranchi concedió una oreja.

En el de su despedida, "Guateles", Miguel Báez se topó con un astado difícil, al que le dio derechazos de buena manufactura que fueron reconocidos por los aficionados del coso capitalino.

Enmedio de la tradicional canción de adiós, "Las golondrinas", el diestro lidió a este toro de la gandería de Xajay, al cual mató al tercer viaje para dejar los ruedos en definitiva.

Miguel Báez "Litri" reicibió nutridos aplausos del público capitalino, dio una vuelta al ruedo y entre una gran ovación salieron los pañuelos blancos en los tendidos dándole el adiós definitivo.

El español Enrique Ponce dio muestra de su calidad con el cuarto de la tarde, "Santos", un astado falto de fuerza, con el que se dio gusto toreando a la verónica.

Enrique Ponce dio un quite por chicuelinas que remató con una revolera y con la muleta se le dificultó la labor con este burel que poco a poco vino a menos, pero ligó buenas tandas de derechazos que levantaron el ánimo de los aficionados.

El valenciano despachó a su enemigo de estocada entera en buen sitio, por lo que el público hizo una nutrida petición de oreja, que fue negada por la autoridad de la Plaza México y el diestro saludó en el tercio.

Ponce, en su segundo de la corrida llamado "Palomito", mostró su valentía al pegarse un arrimón con este complicado toro que en todo momento echaba la cara hacia arriba.

Tuvo una labor torera, se dio gusto toreando a la verónica que remató con una revolera y de muleta se mostró voluntarioso, lo cual fue reconocido por el público, mató de media caída, por lo que hubo una nutrida petición de trofeos que tampoco fue condedida por el juez, para únicamente saludar en el tercio.

El diestro capitalino Jerónimo, con el que confirmó su alternativa de manos de Miguel Báez, de nombre "Mario Polo", tuvo poca fortuna, pues fue un astado manso que le complicó la labor en todo momento.

Jerónimo buscó responder a las expectativas en este festejo, toreó bien a la verónica, pero con la muleta nada pudo hacer; se puso pesado con el acero, escuchó un aviso y despachó a su enemigo al séptimo viaje.

En su segundo, llamado "Oscarín", el matador mexicano estuvo bien con el capote al torear a la verónica, pero en su turno de muleta no consiguió cuajar una buena faena y estuvo desatinado con la toledana, para irse en blanco.

El rejoneador Enrique Fraga también buscó responder a las expectativas en este festejo del coso de Insurgentes, pero poco pudo hacer con su primero, "Guadalupano", procedente de la dehesa de Manuel Martínez.

Fraga logró el mejor momento de su faena montando a "Caporal" y "Gabirú", con los que colocó bien banderillas a una mano y, luego de dos pinchazos, mató de estocada caída.

En el quinto de la corrida, "Mexicano", el matador de a caballo capitalino nada pudo hacer, se saltó el segundo tercio, tardó en matar y se retiró entre abucheos.


ABC, GUILLERMO LEAL. México, edición del 14 de diciembre '99.    Emotivo adiós de Litri 

Una gran expectación había levantado la presencia en la Monumental Plaza México de Enrique Ponce, torero consentido del público capitalino; sólo que, en esta ocasión, no venía solo, pues El Litri había decidido que la tarde del domingo fuera la última en su vida taurina.

A la postre, sería una tarde española, pues la actuación de los dos mexicanos, el rejoneador Enrique Fraga y el joven matador Jerónimo, dejó mucho que desear. Se lidiaron toros de Xajay y dos de Manolo Martín para rejones, de juego desigual. Hubo una magnífica entrada con más de tres cuartos del aforo.

Litri terminó cortando una oreja. Fue en el primero de su lote, un astado noble y con recorrido al que comenzó toreando muy bien. De pronto, la faena se vino abajo, pero Litri supo volverla a sacar a flote toreando con algunos adornos, que el público le ovacionó. La estocada fue de una gran ejecución y eficacia, y por ello le fue concedido el único apéndice de la tarde. En otras circunstancias, la faena de su segundo, el de la despedida, hubiera sido una labor merecedora de algunas protestas, pues, si bien es cierto que el toro fue áspero e incierto, también lo es que Miguel Báez no terminó de confiarse y pocas veces hizo el toreo de reposo. Sin embargo, en el ambiente, el público estaba dándole a Litri su retirada, acompañando las notas musicales de «Las golondrinas» (canción mexicana de despedida), y le perdonaba su falta de confianza. Mató rápido, y la afición le hizo dar una vuelta al ruedo.

APASIONADA ENTREGA

Ponce volvió a confirmar por qué es el torero español que en la actualidad más quiere y consiente el público de La México. Su primero fue complicado, aunque al final terminó por entregarse. Muletazos muy buenos de Ponce, que no pudo continuar debido al viento; lo mató pronto y saludó desde el tercio. Con su segundo, un toro de imponente cornamenta, Ponce literalmente se jugó la vida; el toro, con genio, y el torero, con su apasionada entrega, convirtieron aquello en momentos dramáticos, en los que el diestro se pasó cerca del cuerpo en infinidad de ocasiones los astifinos pitones. El público le pidió a Ponce que matara el toro, pero éste insistía en no hacerlo. Finalmente, de tres cuartos de estocada hizo doblar al astado, y la petición de oreja, aunque no fue concedida, se hizo presente. Salió al tercio; fue la actuación de un gran torero.


El País, R. VÁZQUEZ VILLALOBOS. México, edición del 14 de diciembre '99.    Emotiva despedida de Litri

¡Vaya diferencia entre la despedida de Litri en Sevilla el pasado 26 de septiembre y la de esta tarde en la Monumental Plaza México! En la Maestranza, donde figuró en numerosos carteles, el público estuvo muy frío con él y lo sacó a los medios, y aquí, donde únicamente ha actuado en seis ocasiones, recibió el calor y el reconocimiento de la afición mexicana en una emotiva despedida.

A su primero, de nombre Pescador, que fue aplaudido en el arrastre, Litri le cuajó una faena a base de aguante y temple, en la que ligó artísticos redondos en tres series. Dominando lo codicioso de la res brava, le obligó a humillar y sintonizó su noble recorrido con el trazo que la muleta hacía al barrer la arena.

El astado Guateles, con el que se despidió, pitado en el arrastre, fue un animal de viaje corto y que no humillaba. Pero, a pesar de esto, el onubense parecía que debutaba como novillero sacando la casta, y se la jugó. La concurrencia le tributó una merecida ovación y le obligó a dar la vuelta al ruedo. Con emoción y humildad, Litri hizo el recorrido por el anillo al compás de las clásicas golondrinas acompañado de su cuadrilla.

Los deseos de Enrique Ponce de torear mejor los realizó con el capote al lancear con elegantes verónicas y ajustadas chicuelinas al brusco primero, pitado en el arrastre. Pero con la pañosa no pudo con el genio del adversario, aunque al final de un largo y atropellado muleteo logró enjaretarle una tanda de derechazos.

Con gran serenidad y valor se enfrentó a su segundo, una fiera probona que desarrolló mucho sentido y fue abucheada en el arrastre. Le hizo una labor riñonuda, sorteando los gañafonazos que la alimaña le tiraba a diestra y siniestra.

A Jerónimo sólo se le vieron muchos deseos, un par de detalles y carencia total de técnica. Su primero fue un manso pitado en el arrastre, y con el abanto que cerró plaza nada pudo hacer. Tiene que olvidarse de su concepto de que el toreo sólo es inspiración y debe aprender la base del oficio, que es la técnica. Si no, le será muy difícil llegar a figura.

La falta de destreza del rejoneador Enrique Fraga propició las cornadas al alazán cuarto de milla Sedayín en su primero y al tordillo porcelana Caporal en su segundo. Al soso primero, que fue protestado por chico, le colocó los rejones de castigo en el pescuezo y las banderillas largas las dejó contrarias. Ante la hostilidad del respetable, en su segundo suprimió la colocación de los palitroques. En ambos se echó pie a tierra para poderlos despachar después de darles unos trapazos.


El País, R. VÁZQUEZ VILLALOBOS, México. Edición del 7 de diciembre '99     Se lució Hermoso de Mendoza

¡Vaya diferencia del ganado! Para los lidiadores de a pie, toros de verdad, hechos y descarados. Pero para el torero a caballo, unos novillos flacos, indignos del bien ganado prestigio del rejoneador. ¿Tendrá el caballero navarro el mismo veedor que El Juli?

Aunque Pablo Hermoso de Mendoza hizo el paseíllo arriba del castaño-oscuro Albaicín, recibió a su primero montando al tordillo luso-árabe Labrid. Saludó a Yiyo -un ratón pitado al salir, durante la lidia y en el arrastre- colocándole, previos rítmicos quiebros, los rejones de castigo. Sobre el lusitano-tordillo Chicuelo, en tres ocasiones citó de frente y, burlando al novillo, lo banderilleó realizando al salir de la suerte dos vistosos giros inverosímiles. Con Mazzantini puso una banderilla corta y al salir de la colocación eludió a la res por los adentros a dos pistas. Pese a que algunos aficionados le gritaron constantemente becerrista, el público pasó por alto el engaño y valoró la técnica del navarro.

Al cuarto, que al salir también fue pitado por chico, le clavó los rejones de castigo arriba de Quechua. Pero lo emotivo vino montando al negro portugués Cagancho, que reapareció después de su tercera cornada. De través, o sea, de costado, galopó en cuatro ocasiones el círculo del redondel llevando magistralmente templado a la grupa al novillo y la concurrencia lo ovacionó puesta en pie. Sacó de nuevo a Chicuelo y, en corto, apoyándose en el estribo, banderilleó a una mano. Después, con el prieto Mazzantini repitió el viaje por los adentros a dos bandas. Si el lucimiento de Hermoso de Mendoza con Yiyo y Ronaldo lo hubiera hecho con toros, esta tarde se hubiera consagrado en México. Lástima.

A Alfredo Lomelí se le vio dubitativo ante sus dos ejemplares, aplaudidos al salir en el arrastre. Al agresivo que hizo segundo no lo pudo dominar y con el quinto desaprovechó la fijeza que tenía por el lado izquierdo.

Rafael Ortega volvió a demostrar por qué es un triunfador. Realizó una faena reposada y completa al bravo tercero, aplaudido al salir y en el arrastre. Su capoteo fue armonioso y su banderilleo fue escalofriante. Como el burel vino a menos, su muleteo por el derecho fue meritorio y soberbiamente lo mató al encuentro, por lo que se llevó un merecido apéndice. Al reservón que cerró el festejo le peleó y lo sometió, pero se eternizó con el acero.

Al bregar al segundo, el peón Pablo Miramontes resbaló en la cara del toro y fue levantado por las afiladas astas de Tobi, que le infirió una grave cornada en el muslo izquierdo con dos trayectorias: una de 25 centímetros y otra de 18.


El País, R. VÁZQUEZ VILLALOBOS, México. Edición del 30 de noviembre '99    El Juli exigió toros impresentables

En la programación de la temporada el ganado de la cuarta corrida que estaba anunciado era de la dehesa de Rodrigo Aguirre. Pero como los toros de este hierro son serios y tienen la edad reglamentaria, la administración de El Juli los rechazó e ipso facto salieron del cartel. Lo malo fue que la ganadería sustituta fue contraproducente para el éxito del diestro madrileño, ya que la pequeña bueyada que se corrió decepcionó totalmente a la concurrencia y motivó que ésta le impidiera a El Juli dar la vuelta al ruedo por la labor que con mucho oficio le realizó a su segundo. Y, para colmo de males, fue largamente abucheado al abandonar el coso.

Con el áspero tercero, pitado en el arrastre y que daba la impresión de ser un utrero, El Juli se salvó del fracaso por su valiente quite por chicuelinas y su arriesgada acción en la colocación por los adentros del tercer par de palitroques.

Al abanto que hizo quinto, pitado también en el arrastre, le expuso por partida doble. Primero en los dos últimos pares de banderillas que volvió a poner por los adentros con gran riesgo y después en un trasteo en el que citó al rajado bicho colocado en la cuna de los pitones. Consintiéndolo le echaba la muleta al hocico y aguantándole conseguía que el animal siguiera el engaño, pero como en ocasiones se detenía a medio viaje, el diestro, sin moverse, le obligaba a terminar la seudoembestida. Fernando Ochoa, con aptitudes riñonudas, inició su desempeño con la pañosa al resabioso primer sobrero que sustituyó al segundo de la tarde, al que el peón Raúl Bacelis lo estrelló en un burladero y se despitorró. Aunque el cornúpeta recibió un magnífico puyazo que le propinó Nacho Meléndez, no corrigió lo abanto y lo espión y el matador moreliano no pudo domeñarlo.

Qué complicado es trazarle pases con belleza a un buey, pero las ganas de triunfar de Fernando Ochoa fueron un acicate y lo logró con el cuarto. Inexplicablemente regaló el segundo sobrero y lástima de su entrega, pues el morlaco no valía un duro.

El Cuate confirmó su doctorado con una res bronca que le dio una aparatosa voltereta y le dejó al desnudo la parte derecha de la taleguilla. Su actuación fue de grandes contrastes. A ratos dibujaba el toreo y en otros ratos enseñaba carencia de idea del toreo. Con el sexto, que tenía larga movilidad y humillaba, tuvo detalles de clase, pero necesita aprender los principios elementales de la técnica


El País, R. VÁZQUEZ VILLALOBOS, México. Edición del 23 de noviembre '99.Edición del 23 de noviembre '99.  Los moruchos no permitieron el éxito a Espartaco

Espartaco tenía una gran ilusión de confirmar su alternativa en la Monumental Plaza México y esperó 20 años para realizarla. Desafortunadamente, esa gran ilusión se estrelló contra unos moruchos que no le permitieron tener el éxito deseado. Y si no tuvo éxito no fue por culpa de él, sino por culpa de quien no se ocupó de cerciorarse del trapío y de la adecuada presencia que debía tener el encierro de De Santiago. El astado de su confirmación tenía cara de novillo, pero su segundo adversario fue el colmo. Parecía un utrero y esto ya no lo aceptó el público, quien provocó la primera gran bronca de la temporada gritándole soeces recuerdos familiares al juez de plaza, José A. Ballesteros: primero por aprobar este animal y después por no devolverlo.

A Garrafón, medido de fuerzas pero que se dejó torear, que abrió plaza, Espartaco con buen gusto lo veroniqueó y lo muleteó por el derecho acompasado a la calidad del ritmo de la embestida. Con el quinto, protestado por toda la concurrencia desde su salida hasta su arrastre, no debió haber prolongado su trasteo, pues ya había manifestado que regalaría el sobrero para aplacar el enfado de las galerías. Pero lo malo fue que el sobrero también era de De Santiago.

Con este antagonista se jugó la vida pues se enfrentó a un morlaco incierto, probón, suelto, receloso y que además arrollaba. Su pundonor y valor le ganaron el reconocimiento de la afición pero a costa de un tremendo riesgo.

El violento segundo, pitado en el arrastre, hizo que Eloy Cavazos se viera fuera de sitio. Al fijo y dócil cuarto, el diestro de Villa de Guadalupe (Nuevo León) lo destoreó con su peculiar estilo, citándole con el pico de la muleta y aprovechando el largo recorrido del burel. Sus seguidores enloquecieron pero otro sector de los tendidos protestó. Al entrar a matar, Cavazos sufrió un golpe del pitón en el bajo vientre sin mayores consecuencias.

Con el áspero tercero, que se ponía por delante y también pitado en el arrastre, Alfredo Gutiérrez tuvo tres desaciertos: al capotearlo, al tratar de banderillearlo y al darle trapazos. Pero como se sacó la lotería con Canónigo, un noble ejemplar que tenía un son extraordinario, pudo dibujarle una emotiva faena con pinceladas de arte pero con muchos defectos. Se entregó sin importarle la zarandeada que le pegó la res brava por estar atravesado en su recorrido. Si no fuera por su bisoñez, a este toro de bandera le pudo haber cortado el rabo. Pero esperamos que algún día aprenderá a estructurar sus faenas.

 

 

 

 

 
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