GANADERÍAS DE AMÉRICA

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TOROS EN LA MONUMENTAL DE MÉXICO

Toros en La Monumental

Temporada 98-99
El Juli, triunfador de la temporada
La Misión, ganadería triunfadora
Enrique Ponce, mejor faena

Domingo, 7 de marzo. Penúltima corrida de la temporada. Rese de Santiago (bien presentados, sin raza), para Rafael Ortega (tres orejas), Humberto Flores (saludó) y Manolo Sánchez (saludos y dos avisos).

Domingo, 28 de febrero. Jorge Gutierrez (palmas, pitos y palmas, en el último, que regaló), Alejandro Silveti (división y silencio) y Manolo Sanchez (saludos desde el tercio y oreja). Saludó el banderillero Alfredo Acosta por su actuación en el de regalo. 25 mil espectadores.

Domingo, 21 de febrero. Plaza de toros México. Ganado de Montecristo (regalo de sobrero. Justos y debiles), para Guillermo Capetillo (silencio, oreja con protestas, silencio), David Lugillano, que confirmaba alternativa (oreja, resultó cogido al matar el 2º, menos grave: pequeño puntazo  arriba de la rodilla derecha), y Miguel Lahoz (oreja con protestas, ovación y salida al tercio).

Domingo, 14 de febrero. Ganado de La Misión (con trapío, casta y bravura. El 5º dió la vuelta al ruedo), para Humberto Flores (oreja y oreja, salió a hombros), Carlos Rondero (abucheos y abucheos), y José María Luévano (dos avisos y abucheos, aviso y silencio). Incidencias: El matador de toros Carlos Rondero cedió los trastos en plena lidia a un expontáneo, por lo que fue suspendido por el periodo de un año por la Asociacion de Matadores de Toros y Novillos y Similares de Mexico A.C.

Domingo, 7 de febrero. Toros de Vicky de la Mora (justos, excepto el 6º, débiles y sospechosos;descastados, flojos y mansos; piados en el arrastre, excepto el 2º que mereció arrastre lento), para Zotoluco (oreja, ovación y aplausos) y Enrique Ponce (ovación con viso, ovación y aplausos).

Viernes,  5 de febrero. 53º Aniversario de la inauguración de la plaza. Toros de Xajay, para Enrique Ponce  (2 orejas, protestadas), El Juli (4 orejas), Armillita (pitos) y Oscar San Román (oreja).

Domingo, 31 de enero. Reses de Reyes Huertas, para Manuel Mejía (saludos y aplausos, resultó arrollado en el primero), Manuel Caballero (silencio y vuelta), y Alfredo Gutiérrez (avisos y palmas, avisos y palmas).

Domingo, 24 de febrero. Reses de Teófilo Gómez (descastados, mansos, pitados todos en el arrastre. Los 2º y 4º resultaron ser novillos, tras denuncia veterinaria), para Armillita (división y abucheo), Enrique Ponce (aplusos y oreja) y Mario del Olmo (aviso y silencio, aviso y ovación).

Domingo, 17 de enero. Reses de Fernando de la Mora (descastados y mansos),   para   los espadas Alfredo Lomelí /palmas y salida al tercio), Federico Pizarro (ovación ysalida al tercio) y José Tomás (ovación y aplausos). Al final del festejo uno de regalo para   Federico Pizarro (Marco Garfias). Lomelí saludó desde el tercio en su   segundo al igual que Pizarro. A Tomás, se le agradecieron con aplausos  unas chicuelinas en el centro del albero. Media entrada.

Domingo, 10 de enero. Toros de De Santiago y Marco Garfias.  Los alternantes fueron Eduardo López "El Zotoluco" (vino Burdeos y oro. Dos orejas),  Enrique Ponce (Sangre de pichón y oro. Dos orejas) y el diestro tlaxcalteca Rafael  Ortega. Sin suerte. Crónica del festejo

Domingo 3 de Enero de 1999. Manolo Mejía (Mexicano), (cumplió en su primero y triunfó con "Enlace", su  segundo. Oreja) Alfredo Lomelí. Un toro muy problemático su primero y su segundo de  gran clase lo bordó como solamente él sabe hacerlo, refrendando el  triunfo de la semana anterior. Tras dejar un estoconazo recibiendo, fue  premiado con las dos orejas del burel. Lomelí había decidido entrar en  sustitución del venezolano herido, Leonardo Benitez, apenas a las diez  de la noche del sábado.  Pizarro Realizó buena faena, estocada y división de opiniones para oreja.   Con ganado: uno de Rancho Seco y cinco de San Marcos.


Crónica de la prensa

La Jornada. José Cueli. Edición del 11 enero´99    ¡Qué torero! Enrique Ponce
Rafael Alberti cantaba en la Plaza México llena hasta el reloj, en el capote y en la muleta de Enrique Ponce ¡venga el ritmo valenciano, venga mar, mucho mar, más ritmo y más verso torero! Dale Enrique a mi verso torero, el mar, la   ligereza, y la gracia de tu ritmo renovado. Tu mariposeo de muleta que es mar y ambos somos, bien lo sabes; tus discípulos. No cualquier mar: mar Mediterráneo  ¡que nunca digan que no fuiste nuestro maestro! Sí, el mar, la mar, sólo la mar, es el toreo del torero de la Valencia  mediterránea, Enrique Ponce. Volvían como las olas del mar sus pases naturales de medio pecho en la perpendicular del testuz, en la distancia adecuada, del  rebrincón torillo de Garfias, de adentro afuera y de afuera adentro, rematados debajo de la cadera, en versos antiguos que eran toreo de siempre, pero diferente.

Pases naturales que eran olas maestras, vueltas de la playa al mar y del mar a  la playa en circular delirio, unidas y mezcladas. Pases que daban voz a la Plaza México enloquecida, alucinada por el espíritu del torero de Chiva, que fue toda la tarde, el ritmo, la gracia, el verso, en su caminarle a los toros toreándolos y dejándolos en la cadera, rematados en la arena quieta al compás del kikirikí,  que silenció a los reventadores que iban dispuestos a hacerlo fracasar. Es mucho  torero Enrique Ponce.

El toreo marino del diestro valenciano se iba en el aire, desvanecido, en   lánguida dejadez en la brisa invernal mexicana ¡El aire que le lleva el aire! Le   daba al verso torero, la ligereza del mar descompuesto, y la gracia del ritmo   renovado, pase a pase. ¡Aire que el aire le lleva! Vaivenes inconfundibles   fueron sus improvisados pases a su primer enemigo. Al iniciar la faena se le   arrancó tomándolo fuera de centro y resolviendo con doblones rodilla en tierra,   que se mecieron al compás de los olés del coso y voltearon la plaza de cabeza. La belleza mediterránea del toreo de Enrique Ponce fue un sueño maravillosamente   dúctil por la voluptuosidad de los arreboles que le imprimía a sus pases,   caricias que se tendían marinas en hondas y olas concéntricas que abarcaban lo   infinito y dejaban un segundo aroma a sal marinera, belleza valenciana vuelta   mexicana.

Desmadejamiento convaleciente de la caída y el arrastrar por el ruedo  la muleta. Junto al ritmo de las olas, la gracia del torero; desnuda, y perceptible, fugaz,   asimilada al juego de las olas de la playa. Las medias verónicas juego de   palmeras y quiebros de luces al rebrincado galopar de los sosos y descastados   torillos de Garfias -al igual que todos sus hermanos-. La gracia radicaba en el   ligue de lazos y cintura para que el verso en la muleta sonara libre. Enrique Ponce, discípulo de Rafael Alberti, el de Cádiz, vivió la acción de la  tragedia torera en dos achuchones al llevar clásicamente los cuatro tiempos del  toreo: embarcar, templar, mandar y recoger a los novillones, al juego de la  alada brisa salada en el primor, la gracia de los primores y la mar quebrada.

Ante esto, El Zotoluco se la jugó de verdad, y, a falta del arte de Ponce realizó dos mandonas y valerosas faenas, pero, forzadas y muy encimistas, que le valieron triunfar frente al valenciano que no cree en nadie

¡Y es que es mucho torero, Ponce!

 

 

 

 

 
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