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PLAZA MONUMENTAL DE MÉXICO
TEMPORADA GRANDE
Tarde del domingo, 21 de enero de 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Teófilo
Gómez, faltos de raza, clase y fuerza Diestros:
Entrada: media entrada.
Crónicas de la prensa: El País,
ABC
El
País. R. VÁZQUEZ
VILLALOBOS.
Toros y toreros serios
Esta tarde hubo toros serios para toreros serios y la
peligrosidad del encierro no fue impedimento para que los cuatro alternantes se
la jugaran dando muestras de pundonor y sapiencia.
Manuel Caballero, con señorío, veroniqueó al tercero y en su quite por
chicuelinas se apretó. Disfrutó de sus soberbias tandas de naturales y en un
redondo resultó prendido por la entrepierna y en la voltereta recibió un rayón
en el glúteo izquierdo. Al mulo séptimo, pitado en el arrastre, con la flámula
a media altura, le sacó algunos pases pero no los pudo hilvanar.
Haciendo gala de un gran oficio y de sus dotes de lidiador, Mariano Ramos
hizo que le embistieran los dos inválidos que le correspondieron. Sin cansar al
adversario, lo lidió con reposo e inteligencia. Al quinto le estructuró una
artística labor. Sus series de templados naturales y redondos fueron una
muestra del arte de su poderosa muleta.
Al fiero segundo Rafael Ortega lo recibió de hinojos con una larga cambiada
y luego, de pie, se ajustó en tersos lances. En el vibrante segundo tercio,
cuadrando los palitroques al asomarse al balcón, los colocó en todo lo alto.
En el último escalofriante par el burel le alcanzó poniéndole el pitón en el
pecho, le lanzó al aire y al caer le hirió. Aguantándole efectuó una
templada y mandona faena. Culminó su valiente actuación matando al encuentro,
y aunque la afición demandó el trofeo, el juez de plaza, Salvador Ochoa,
inexplicablemente no lo otorgó. En su capoteo al pujante sexto no se acopló,
pero volvió a demostrar sus grandes dotes de rehiletero.
A Eugenio de Mora le tocó el lote más complicado. Con el soso y áspero
cuarto batalleó para ligar sus pases. El que cerró plaza fue una bestia
pegajosa que se salía de la suerte y el toledano sólo logró sacarle algunos
pases aislados.
ABC. MÉXICO,
D.F. GUILLERMO LEAL. Gran actuación
de Manuel Caballero, que se hizo con un trofeo
Cada tarde que Manuel Caballero torea en la Monumental de
México se va ganando el respeto, la admiración y la pasión del público
aficionado, pues cada tarde demuestra cualidades para afirmar sin prejuicios que
es un magnífico torero.
El domingo actuó por segunda ocasión en la temporada de La México, que
registró menos de media entrada —unos veinte mil espectadores—, y se jugó
la vida con un astado difícil que se quedaba corto y lo buscaba para prenderlo.
Sin embargo, Caballero lo aguantó, lo sometió, muy cerca de los pitones, hasta
que en un momento el toro le cogió por la entrepierna y le lanzó hacia los
aires de forma aparatosa; aunque traía la taleguilla rota, afortunadamente la
piel estaba intacta. Se levantó Caballero para ejecutar una serie más de
muletazos en los que ahora sí desmayó el cuerpo, bajó la mano y la corrió,
mostrando que no solamente el valor y la técnica son su bandera, sino también
el buen gusto para ejecutar el toreo.
Mató de un pinchazo y una estocada y el público, unánimemente, hizo que le
concedieran la oreja. Con su segundo, parado y con mal genio, el diestro
albaceteño se vio obligado a abreviar. El público lo espera con gusto en su
repetición el 4 de febrero, dentro de los festejos de aniversario de la
Monumental mexicana, que cumple 55 años.
Con Caballero actuó también su paisano Eugenio de Mora, quien anduvo frío
y diciendo poco. Cabe destacar que su primero perdía las manos continuamente y
su segundo resultó soso y deslucido. Con éste, logró algunos muletazos que el
público coreó. Sin embargo, sólo saludó desde el tercio en el octavo de la
tarde.
Rafael Ortega venía de haber indultado un toro el sábado en Pachuca,
alternando con Hermoso de Mendoza, El Juli y El Zotoluco, en una tarde triunfal.
En La México anduvo muy variado, colocando banderillas con gran exposición y
después toreando por momentos muy largo, como se lo permitía uno de los toros
menos malos del encierro de Teófilo Gómez. Mató recibiendo y aunque el astado
tardó en doblar, el público pidió la oreja, pero no se la concedieron. Con su
segundo, volvió a estar variado. Sin embargo, el toro, muy poco colaborador, le
obligó a que terminara pronto con él.
Mariano Ramos estuvo en lo que es, maestro, sometiendo a sus dos
antagonistas, difíciles, reservones y con genio. Sin embargo, la experiencia de
uno de los toreros de más técnica en México afloró para que Mariano lograra
muletazos de buen gusto en sus dos enemigos. Sin embargo, sus faenas, por las
condiciones de los toros, no terminaron de romper; además, falló con la espada
y todo quedó en sendas salidas al tercio.
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