GANADERÍAS DE AMÉRICA

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PLAZA MONUMENTAL DE MÉXICO
TEMPORADA GRANDE

Tarde del domingo, 17 de diciembre de 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Carranco, chicos, inválidos, pitados por descastados, mansos e insípidos.

Diestros: 

Entrada: menos de media entrada.


Crónicas de la prensa: El País, ABC


El País. R. VÁZQUEZ VILLALOBOS. Costalazo tras costalazo

Durante toda la tarde, costalazo tras costalazo. Eso fue la característica de la bueyada de Carranco por más esfuerzo que hicieron los diestros para que las inválidas reses, de las cuales el tercero y sexto parecían novillos y el resto utreros, se sostuvieran en pie.

Finito de Córdoba rítmicamente veroniqueó al que abrió plaza. A pesar de que en su trasteo le presentó la muleta a buena altura para que el adversario no se echara, no lo consiguió, pues el animal dobló las manos cinco veces. Aunque el antagonista, además de calamochear, punteaba, después de mucho batallear, Finito le enjaretó una bella serie de acompasados naturales.

El cuarto era un ratón que, por lo escuálido y feo, provocó una protesta general que duró toda la lidia. A la falta de presencia se sumaba su falta de vigor, pues también dobló las manos cinco veces. Por todo lo anterior, el público no prestó atención a la labor de Finito, al que la galería le gritó "novillero, novillero". Aunque al final trazó una tanda de cadenciosos naturales, esto no fue suficiente para acallar las protestas.

Con decisión, Óscar Sanromán veroniqueó al segundo y se arrimó en su quite por escalofriantes gaoneras. El mérito de su faena fue que, a pesar del cabeceo del distraído bovino y de la interrupción por sus dos caídas, consintiéndolo, le enjaretó una serie de limpios derechazos en los que corrió la mano con temple y dominio. Coronó su esmerado toreo haciendo la cruz a la hora de la verdad.

Con el quinto, que de salida saltó al callejón hiriendo en la cara al puntillero José Luna, Sanromán se embarulló con la capichuela. Cubrió el tercio de banderillas, ahora sí, con acierto, pues en su primero sólo un par le quedó en buen sitio. Su trasteo al gazapón cornúpeta que dobló dos veces las manos lo inició con pases rápidos y sin estética, pero al final realizó una tanda de derechazos con aguante. Dejó el acero hasta la bola.

Jerónimo, meciéndose, dibujó las verónicas con que saludó al fijo tercero y su toreo barroco prevaleció a lo largo de su artístico trasteo. En los redondos llevó metido en la franela al aplomado ejemplar que visitó la arena tres veces, al que le enjaretó una serie de sentidos naturales.

Cargando la suerte veroniqueó al sexto, que no infundía respeto y, en el último tercio, luchó para sacarle recorridos al marmolillo, que se echó dos veces. Cuando logró que la res acometiera, sus muletazos fueron de gran intensidad.

La afición no se explica cómo el juez de plaza, Heriberto Lanfranchi, autorizó el encierro, indigno de cualquier plaza y, sobre todo, de la Monumental de México.


ABC. GUILLERMO LEAL. Otra pobre entrada y éxito de San Román en La México 

El domingo en la Monumental de México reapareció, después de un largo periodo sin torear en ella, Juan Serrano «Finito de Córdoba». El diestro español dio una de cal y otra de arena, pues en su primero el público le aplaudió los detalles de clase y de buen gusto que mostró, sobre todo con el capote, ejecutando una media verónica que resultó una pintura. Con la muleta, logró algunos magistrales muletazos sobre ambas manos. Sobradamente bien estuvo Finito para salir al tercio.

La de arena vino en el cuarto de la tarde, un toro chico que al público molestó, y por consiguiente comenzó a protestar todo lo que hacía el torero. Hubo quienes se dedicaron a silbarle e incluso a gritarle novillero.

El mexicano Óscar San Román fue el triunfador del festejo al cortarle una oreja a cada uno de sus enemigos. Faenas variadas desde el principio, con capote, banderillas y muleta. Pero sobre todo bien rematadas con la espada. Sólo la estocada del quinto de la tarde le valió tan la oreja.

En una tarde en que el público no acudió a la plaza —había seis mil espectadores como mucho—, con toros de Carranco, desiguales en presentación —dos de ellos con muy poco trapío—, y, peor aún, sin nada de fuerza, se presentó en la actual campaña Jerónimo, un joven torero de gran sentimiento, pero que no termina por cuajar, que no redondea sus faenas y se basa solamente en los detalles finos, pero finalmente detalles. De todas formas el público le ovacionó.


 

 

 

 

 
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