GANADERÍAS DE AMÉRICA

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PLAZA MONUMENTAL DE MÉXICO
TEMPORADA GRANDE

Tarde del domingo, 30 de enero de 2005

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Un toro para rejones de Espíritu Santo (correcto), seis de Arroyo Zarco y uno de regalo de San Martín (bien presentados, flojos en general).

Diestros:

 

Entrada: un cuarto de entrada.

Crónicas de la prensa: ABC, El País, La Jornada, Diario México, La Crónica de Hoy



ABC
. GUILLERMO LEAL.
 El temple de El Capea convence en La México
Pedro Gutiérrez «El Capea» se convirtió en el único de los cuatro alternantes del domingo en la Plaza México que pudo estructurar una faena con calidad y temple, aprovechando las buenas condiciones de un toro de Arroyo Zarco. Junto con ese astado, tercero de lidia ordinaria, sobresalió el primero de José María Luévano, que protagonizó un momento vibrante cuando el picador Víctor Ortega, después de haber sido derribado, ejecutó la suerte de varas como mandan los cánones, llevándose una merecidísima ovación cuando se retiró al patio de caballos.

El resto del encierro no funcionó: fueron toros débiles y sosos. Así, Matías Tejela no pudo reafirmar su triunfo ante su incierto primero. Tampoco con su segundo, burriciego, y menos aún con el de regalo, de San Martín, muy mermado de fuerzas. Tejela buscó realizar el toreo suave, pero no había nada que hacer. Oyó algunas palmas y en su primero recibió un aviso.

El Capea hijo, quien llegó a La México precedido de aquella tarde de toros chicos, logró ejecutar una faena templada, de muletazos largos, pero sobre todo deletreados. Convenció el temple del nuevo Capea. Su padre, quien desde el callejón le observaba, aseguraba que él en su segunda tarde en la Monumental capitalina, allá por los años 70, no toreaba tan despacio. Y es que ése fue un mérito del joven salmantino, que aprovechó la calidad del toro, lo entendió a la perfección y se lo pasó muy cerca del cuerpo. Aunque la ejecución de la estocada fue muy buena, la colocación no, pues quedó trasera. Por ello, y pese a la fuerte petición de oreja, ésta no le fue concedida. Salió al tercio en su primero y escuchó un aviso en su segundo.

José María Luévano realizó una emocionante labor con el bravo primero, pero no pudo redondear del todo. Saludó en ambos.

Abrió la tarde el rejoneador Jorge Hernández, con un toro de Espíritu Santo, con el que cosechó una destacada actuación y fue aplaudido.

A la plaza acudieron alrededor de 10.000 espectadores.

El País.  Ejemplar puyazo

Acudió de largo Soñador, el emotivo y bravo primero, a la cabagaldura de Víctor Ortega quien le colocó un ejemplar puyazo con mucha verdad. Como empujó fuertemente el astado, caballo y picador acabaron en la arena. Lo mejor de esta fría y lluviosa tarde fue este puyazo y la afición le tributó de pie larga ovación, repitiéndola al abandonar el ruedo. A este burel, José María Luévano lo veroniqueó con señorío y se ajustó en la réplica al quite de sobrias chicuelinas de Matías Tejela. En medio del aguacero lo trasteó con temple y ante el aplomado cuarto logró limpios unipases.

Mala suerte la de Matías Tejela pues sus tres ejemplares salieron imposibles de lidiar. Al incierto segundo lo toreó bajo copiosa granizada; ante el burriciego quinto expuso y, pese a lo inválido del manso que regaló, mostró su estilo.

El Capea dibujó su muleteo a Serranito, el noble tercero. Cruzándose cargó la suerte y en su toreo hubo cadencia. Lástima que lo despachara con una estocada desprendida. Con el rajado sexto anduvo desconfiado.

El rejoneador Jorge Hernández Garate cabalgó con destreza pero estuvo desacertado en la colocación de rejones y banderillas largas.


La Jornada.  Bravos, hermosos y fuertes, triunfan en la México los toros de Arroyo Zarco

Decimotercera pachanga de la temporada alta 2004-2005, tarde de lluvia y de estampitas. Casi tres horas después del paseíllo, en punto de las seis de la tarde con 48 minutos, encima de una caja de botellas de refrescos vacías, apoyada sobre los descanzabrazos metálicos de una barrera de sombra, unos claveles churidos por el abandono reciben las últimas gotas de la llovizna, mientras la gente empieza a levantarse de sus asientos porque la octava res de la fecha en curso se ha derrumbado en la arena por enésima vez, y el prometedor matador madrileño Matías Tejela acaba de apostar a su última carta y sabe que, por lo tocante a este año que apenas comienza, en este embudo nada ganará.

Casi tres horas antes, pletórico el cielo de manchas azules y rayos de sol, unas 5 mil personas se aglomeran en los túneles del coso de Insurgentes, atraídas por las discutibles "emociones" que ofrece el cartel. Actuarán, nos guste o no, el caballisto mexicano Jorge Hernández III -nadie sabe quién fue Jorge Hernández II o Jorge Hernández I, pero no importa: es lo que hay-, y los coletudos José María Luévano, Tejela y Pedro Gutiérrez Lorenzo, el orgullo del nepotismo del ex Niño de la Capea. El ganado proviene de las dehesas de Espíritu Santo y Arroyo Zarco, empresas que participarán en la fiesta con uno y seis ejemplares, respectivamente.

Para cubrir su deuda histórica con Televisa, el "empresario" Rafael Herrerías vende espacios publicitarios entre toro y toro a la firma de televisión por cable que transmite sus dominicales esperpentos, y para contar con más anuncios susceptibles de comercialización, alfombra el ruedo como todos los domingos con un tapete de flores que dice "Suerte para todos" y "Bienvenida la afición", cuyo único cometido es que, después del desfile de matadores y cuadrillas, los monosabios pierdan 20 minutos en levantar el adorno, para que las pausas de la tediosa tarea sean aprovechadas por los patrocinadores y la caja registradora marque nuevas ganancias que irán, ya se dijo, al rubro de pérdidas en favor de Televisa.

Cumplido el mercantil requisito, Hernández III ocupa la atención de los espectadores con tres caballos de lujo y un novillo soporífero al que le encaja en los lomos toda clase de fierros hasta desangrarlo y conducirlo a la parálisis por anemia perniciosa, mientras los locutores y "cronistas" describen el procedimiento como expresión del "arte" de Marialva, lo que por fortuna dura poco. Entonces comienza la corrida de toros de verdad.

Y por esta insólita vez los toros parecen "de verdad". Sobre todo cuando salta a la arena Soñador, de 514 kilogramos, negro con bragas en el bajo vientre, guapísimo con su morrillo enchinado, arrogante y fuerte, que le embiste a Luévano metiendo la cabeza con dramatismo en un quite por verónicas del tercio a los medios, y que después pelea con bravura bajo el peto del picador, empujando con los cuartos traseros, y se sale de la suerte para volver a arrancarse desde lejos, todo enjundia y casta, y derribar aparatosamente a la cabalgadura, en una imagen que llena al público de emoción.

Esta puede ser una tarde memorable, se dice el público, y Tejela no sólo lo advierte sino que en pleno uso de sus derechos escénicos se planta en los medios, cita de largo y cuaja un quite por estrechas y emotivas chicuelinas, ante lo cual, picado en su orgullo, Luévano también se coloca en los medios, cita de largo y pega tres chicuelinas despegadas y sobre piernas, nomás por no dejar. El toro es un dije, de esos que salen cada muerte de Papa, pero entonces la lluvia surge con granizo desde el fondo del calor de enero y la gente abandona los tendidos para no regresar jamás. El resto del "festejo" transcurre bajo el chipichipi, con extrañas coincidencias. Malagueño, otro ejemplar precioso, de 483, y Gordito, un negro adelantado de 568, ambos correspondientes al lote de Tejela, tienen en común el hecho de ser ciegos y por lo tanto inmanejables, ante lo cual el ibérico regala un séptimo cajón, éste de San Martín, Juanito, de 555, que resulta un inválido.

El Capeíta confirma que carece de talento frente a Serranito, de 474, un bombón al que desperdicia y mata arteramente de un bajonazo en el pulmón derecho, y luego se hunde ante Conde, de 565, que lo reprueba de principio a fin. Luévano se esfuerza ante Hilandero, de 485, castaño resabioso, contribuyendo a que salvo la raza y las hermosas estampas o estampitas de los rumiantes de Arroyo Zarco, la tarde se pierda para siempre en el olvido.


Diario MéxicoToros pasados por agua en la México

Tarde de lluvia en la Plaza México, en la que no hubo triunfadores en lo que fue la décimo tercera corrida de la temporada grande, en la que no respondieron los toros de la ganadería de Arroyo Zarco, 5 de ellos descastados, sólo el primero de la lidia de pie respondió, pero José María Luévano dejó escapar la oreja, al fallar con la espada.

La repetición de Matías Tejela no fue la esperada, porque no le rodaron los dos primeros de Arroyo Zarco y llegó muy débil el que regaló de San Martín. Mientras que Pedro Gutiérrez Lorenzo, “El Capea”, mostró algo con la muleta, pero también le faltó juego a sus dos rivales.

El rejoneador Jorge Hernández III, quien abrió el festejo con un astado de Espíritu Santo, estuvo bien con la lidia a caballo, toreando a la grupo, pero falló con los rejones de castigo y las banderillas. Dejó una buena estocada, pero no fue suficiente, recibió aviso y pasaportó con golpe de descabello.

A Luévano le tocó el mejor astado de Arroyo Zarco, el que salió primero para la lidia de a pie, al que metió bien por der4echa, con largos muletazos, pero al momento de matar pinchó en dos ocasiones, hasta el tercer viaje mató, se llevó aplausos. Su otro toro fue malo, sin recorrido ni fuerza. En ambos recibió aplausos.

Tejela se esforzó con sus dos rivales de Arroyo Zarco, al primero lo metió por derecha, que fue su mejor lado, pero la sosería del toro no le permitió una mejor actuación, dejó media estocada trasera, recibió un aviso y hasta el octavo golpe de descabello lo pasaportó. Recibió rechifla.

Su segundo fue burriciego, poco le sacó y le dio muerte rápidamente, lo que le agradeció el público. Con el de regalo, de San Martín, se esperaba una mejor lidia con la muleta, pero llegó si fuerza por lo que no hubo triunfo.

El Capea hizo buena faena con su primero, al que toreó mejor por derecha, pero sin arrimarse, a pesar de ello el público lo apoyó. Dejó una estocada defectuosa, por lo que no le otorgaron la oreja y hubo división de opiniones, en su salida al tercio. Con el segundo estuvo mal, recibió aviso y mató hasta el quinto golpe de descabello.


La Crónica de Hoy.  El picador Víctor Ortega se lleva la tarde tras gran puyazo

Un bravo ejemplar de Arroyo Zarco que le tocó en suerte a José María Luévano mereció arrastre lento y fue ovacionado el ganadero. Luévano redondeó una lidia muy decente y sólo hubo palmas para él, como de teatro.
Le falta calor y garra a este diestro hidrocálido para echarse al público a la espuerta y, por lo visto ayer, es un torero más que debe sacudirse el ánimo y ponerle color a sus actuaciones.
De su faena perduran los derechazos largos y bien templados que ligó a este morito, Soñador de nombre. Su lidia fue adecuada pero sin gran transmisión. Luego de pinchar, salió al tercio. El toro se llevó otra ovación en el arrastre lento reconociéndosele su bravura y buen estilo.
A su segundo lo recibió con una larga cambiada de hinojos e inició su trasteo con buenos muletazos altos y tres derechazos en redondo de calidad. La faena careció de ligazón y el burel se tornó difícil. Luévano estuvo machacón y redobló esfuerzos a un toro parado. Atizó una buena estocada.
Bajo una lluvia pertinaz que cayó de manera intermitente, Matías Tejela sufrió ante la debilidad de sus enemigos y optó por abreviar. Su segundo toro era burriciego y la lidia se complicó. Regaló un toro de San Martín al que poco partido pudo sacarle por la manifiesta debilidad del astado y sólo su voluntad y sus esfuerzos lo pusieron a flote.
Pedro Gutiérrez El Capea, tampoco pudo cubrir su actuación de manera brillante por las condiciones del ruedo y por la debilidad de sus bureles. Logró momentos de gran torerismo con su primer astado que le permitieron salir al tercio a agradecer el entusiasmo general.
Abrió plaza el rejoneador Jorge Hernández Gárate, que montó su cuadra de caballos aztecas y aunque no tuvo una actuación destacada con los rejones de castigo y con las banderillas, se le reconoció su buena disposición y fue constantemente aplaudido.


Toros en México

 

 

 

 
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