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PLAZA MONUMENTAL DE MÉXICO
TEMPORADA GRANDE

Tarde del domingo, 27 de febrero de 2005

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Cuatro Caminos (de buena presentación y juego difícil).

Diestros:

  • César Castañeda (ovación y silencio tras aviso, confirmó alternativa).
  • Leopoldo Casasola (palmas y silencio tras aviso).
  • Christian Ortega (oreja y silencio).

Entrada: pobre entrada (3.000 espectadores aproximadamente).

Crónicas de la prensa: El País, El Universal, La Crónica de Hoy, La Jornada, Diario de México



El País.  

El UniversalResponde Ortega a las exigencias

El matador Christian Ortega se llevó la única oreja del decimoctavo festejo de la Temporada Grande 2004-2005 de la Plaza México, en donde Leopoldo Casasola y César Castañeda se fueron con las manos vacías a causa del peligroso juego que dieron los de Cuatro Caminos.

Ante unos 4 mil aficionados y con ráfagas de viento que molestaron a la tercia, fueron corridos seis toros de la ganadería de Cuatro Caminos, bien presentados, pero ásperos y broncos de comportamiento, lo que puso la tarde cuesta arriba para los toreros, quienes literalmente se jugaron la vida ante los constantes derrotes y malas ideas de sus enemigos.

Castañeda confirmó con el toro Vida Nueva , que le cedió Casasola. Cubrió con alegría el segundo tercio y con la muleta, porfió ante un astado soso que pasaba a media altura rebrincando y que terminó refugiado en tablas. Mató de buena estocada, al tercio.

El segundo también fue deslucido. Con los palitroques quiso agradar, pero el toro no lo permitió del todo. En el tercio de muerte, el burel fue incierto y el de Tijuana porfió sin lograr aprovechar el pitón derecho de su enemigo, que fue el menos malo de la tarde. Un aviso y palmas tras entera tendida y tres golpes de descabello. Palmas.

Casasola le instrumentó un arriesgado quite por gaoneras a su primero, que se vencía por pitón derecho. Áspero y bronco de embestida, el burel se defendió en el tercio de muleta hasta achuchar a su valiente lidiador, quien porfió hasta donde pudo. Mató de entera baja y un descabello. Al tercio.

El subalterno Gustavo Campos se desmonteró tras banderillear con exposición al segundo toro de Casasola. El matador se dobló con su enemigo que embestía descompuesto; cuando toreaba por derecho de nueva cuenta sufrió un achuchón sin consecuencias. Con exposición, le ligó seis naturales al burel, al que despenó al cuarto viaje. Un aviso y palmas.

El primer enemigo de Ortega saltó al callejón; el diestro, lo lanceó con garbo a la verónica y remató de media. Lo llevó por chicuelinas al caballo y posteriormente cubrió el segundo tercio dándole todas las ventajas al toro, errando sólo en el último par de garapullos.

En el tercio de muerte, el toro reculaba y Ortega, al ir por él, pasó angustiosos momentos en los pitones del astado, que lanzándolo al aire le rompió la taleguilla y le causó un rayón en el glúteo izquierdo, que quedó al descubierto. El astado embestía descompuesto, pero el capitalino se entregó hasta terminar lidiándolo de pitón a pitón. Mató de entera en buen sitio. Oreja.


La Crónica de Hoy.  Toros malos y fuerte viento deslucieron la tarde

Tarde luminosa que presagiaba faenas artísticas debido al carácter juvenil de los diestros, se vio malograda por el constante y fuerte viento que durante todo el festejo impidió a los diestros mostrar sus tamaños, sus avances y su decisión. 
El encierro de Cuatro Caminos, con simiente de Rancho Seco, salió con mucha casta complicando el quehacer de los toreros que poco pudieron hacer para aprovechar las características de tales bureles, algunos de los cuales se denunciaron descaradamente como malos.

Salvo la voluntad y el esfuerzo que rayó en lo suicida de Christian Ortega, pudieron poner la nota bravía y alegre ante un desfile de toros complicados que, sólo el cuarto de la tarde se salvó de la silbatina popular. 
Ataviado con elegancia de obispo y oro, el capitalino Ortega lanceó con limpieza a su primer astado y con una enorme voluntad se enfrentó a este Registrador que, en un momento de la lidia le echó mano aparatosamente, por fortuna sin consecuencias graves.

El torero se estiró, impávido, en una tanda de naturales ceñidos que despertaron las palmas fuertes y que el público prodigó de manera unánime. Asimismo, el joven diestro cuajó una serie de derechazos bien templados y de vuelta entera que concitaron la entusiasta aprobación de los tendidos. Mató bien y rápido lo que le valió cortar la única oreja de la accidentada tarde. 
Leopoldo Casasola y César Castañeda, que confirmaba su doctorado, no lograron erigirse como triunfadores por las complicadas condiciones de sus bureles y porque de manera intermitente el viento descompuso sus afanes.

Sin embargo, quedó manifiesta la voluntad de ambos diestros, su determinación y las buenas aunque escasas cualidades que mostraron a lo largo de la tarde, donde al igual que Ortega, sufrieron espectaculares volteretas que por suerte no fue necesario que visitaran la enfermería.


La Jornada.  Christian Ortega triunfó al cortar una riñonuda y merecida oreja

Para evitar que el mayor número de espectadores entrara ayer en la Monumental Plaza Muerta (antes México), el "empresario" Rafael Herrerías buscó al torero más desconocido del país y encontró al valiente y simpático César Castañeda, un muchacho de Tijuana que tomó la alternativa hace nueve años, para terciar el cartel de la decimoctava pachanga de la temporada alta 2004-2005, en la que alternaron asimismo dos jóvenes pero abandonadas promesas: Leopoldo Casasola y Christian Ortega.

Herrerías los contrató para matar un encierro de la ganadería de Cuatro Caminos, formado por dos novillos y cuatro toros de verdad, que resultaron ser una punta de mansos, peligrosos, inciertos, descompuestos y llorones, a uno de los cuales Ortega le cortó a pulso una merecida y riñonuda oreja, que el juez Eduardo Delgado se negaba virtuosamente a otorgar, hasta que la presión popular se la arrancó con base en chiflidos y pañuelos.

Lo más notable del resto de la tarde fue el cielo, un cielo azul atigrado de nubes rápidas que pasaban con vértigo sobre las redondas azoteas del pozo de cemento, pero como dijo alguien, ¡al toro, al toro! Y pasadas las cuatro de la tarde, saltó a la arena Vida Nueva, un novillote de dizque 477, negro bragado, cornicorto y rabilargo, que tomó una vara sin recargar y se quedó parado hasta su último minuto. Revolviéndose, defendiéndose con medias embestidas, fue un enigma para Castañeda, que cubrió el segundo tercio voluntariosamente, asomándose al balcón al clavar el tercer par. Tras el ritual intercambio de trastos con Casasola, que lo apadrinó en su confirmación, Castañeda se lleva al bicho a trapazos a los medios y a trapazos lo regresa a las tablas, mientras se desata el viento con furia. Luego de más trapazos y desarmes, el de Tijuana lo mata de soberbio volapié y la gente lo saca a saludar al tercio.

Con Fogonero, cárdeno bragado de dizque 473, bien armado y astifino pero de escaso trapío, que no pelea con el caballo, Casasola quita por apretadas gaoneras y con la muleta le pega una hermosa trincherilla a guisa de bienvenida, antes de llevarlo al centro del redondel donde el marrajo se le adelanta a la mitad de un desplante y se lo echa al lomo empapándolo de sangre de la oreja a la rodilla derecha. Con la negra cabellera teñida de rubio por la arena, Casasola mata de pinchazo, bajonazo y descabello y se retira entre aplausitos.

Registrador, negro zaino y cornicorto, de 525 (aquí no cabe el "dizque"), es el tercero de la tarde y el primero de Christian Ortega, pero se paraliza bajo el peto del picador, y deja de embestir en el segundo tercio, que el matador cubre con alegría pero relativo lucimiento. Después de brindar a su abuelito en el segundo tendido de sombra, el muchacho inicia la faena en los medios pero el matalote lo ataca por sorpresa, lo zarandea en el aire instantes que parecen minutos, y le arranca la taleguilla del glúteo izquierdo. Sin mirarse la ropa, Christián comprende la situación y conduce al animal a la zona de tablas donde lo torea como lo que es: un manso perdido, al que obliga a pasar por la izquierda, desengañándolo con la franela y con la pierna, en una labor llena de valor, afición y entrega, que culmina de un estoconazo de efectos retardados pero letales, para cortar la única oreja de la tarde.

Con Leguleyo, de 555, negro entrepelado, cornidelantero y débil de remos, tan manso y deleznable como sus hermanos, Castañeda vuelve a intentarlo todo pero no tiene nada que hacer. Después de tomar una única vara, el toro se petrifica y se dedica a llorar sin consuelo hasta el final de su vida. El de Tijuana lo banderillea sin éxito y lo trapea empeñosamente hasta que todos, incluso él, nos aburrimos. Entonces el toro aúlla al recibir el espadazo en buen sitio que lo matará.

Casasola regresa con Apóstol, negro zaino, enorme, de 570, pero manso y problemático, y el muchacho vuelve a cometer el error de confiarse en un desplante muleteril y el bovino lo empitona y lo golpea, mientras la policía privada de la plazota intenta sacar a un majadero borracho que abofeteó a su propia esposa. Pardal, negro zaino y cornalón de 497, es el último del encierro y Ortega lo adorna en el segundo tercio con una novedosa ejecución del violín al cuarteo, no al quiebro como se estila, y eso es todo cuanto se puede contar de lo acontecido ayer en el reino de la miseria taurina, y ahora no se sabe si el festejo del domingo próximo será el último o el penúltimo del invierno que se acerca a su fin.


Diario de México.  Christian Ortega, único triunfador

Christian Ortega fue el único triunfador al cortar una oreja, en la décimo octava corrida de la temporada grande de la Plaza México, en la que los toros de la ganadería de Cuatro Caminos y el viento no colaboraron para que hubiera más trofeos. 

El festejo sirvió para la confirmación de César castañeda, de manos de Leopoldo Casasola, en una tarde de mucho viento, en el que hubo 3 cogidas, 2 para Casasola y 1 para Ortega, en la que hubo nula colaboración de los astados y el mejor (o menos peor) fue el rodado en cuarto turno, que lidió Castañeda, sin mucho éxito. 

El banderillero Gustavo Campos salió al tercio, después de dejar un excelente par al quinto de la tarde y es la quinta ocasión en la presente campaña en la que recibe este homenaje. 

Castañeda, quien confirmó su alternativa, inició bien con el primero de la tarde, con buenos pases con el capote, le dejó bien los tres pares de banderillas, pero pasó apuros con la muleta, ya que el toro fue de embestida brusca, corto en su recorrido y poco pudo sacarle, le dejó una estocada tendida y salió al tercio. 

Con su segundo, quizá el menos complicado de la tarde, tuvo un poco más de recorrido, pero fue muy peligroso, por lo brusco de sus derrotes, que fueron un peligro constante, pero Castañeda poco le pudo sacar y le dejó una estocada tendida, le tuvo que dar 3 golpes de descabello antes de pasaportarlo, recibió un aviso y le brindaron aplausos. 

Casasola mostró valor en sus dos rivales, su primero lo prendió, sin mayores consecuencia, pero fue un toro rajado y el viento no le ayudó a una labor aseada con la muleta, le dejó una estocada caída y desprendida, le dio un golpe de descabello y salió al tercio. 

Con su segundo tampoco pudo hacer mucho, difícil por lo corto de su embestida, también lo prendió, después de cuatro pinchazos le dio muerte y recibió aplausos. 

Ortega mostró valor y entrega, con su primero que saltó al callejón, arriesgó mucho, ya que lo prendió, pero sin mayores consecuencias, lo que el público le premió con la oreja, después de una gran estocada. 

Con el último de la tarde, poco pudo hacer, ya que era un toro sólo, mirón, sin recorrido, que por poco lo prende, lo pinchó y le dejó media estocada, para llevarse palmas.


Toros en México

 

 

 

 
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