GANADERÍAS DE AMÉRICA

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PLAZA MONUMENTAL DE MÉXICO
TEMPORADA GRANDE

Tarde del domingo, 12 de diciembre de 2004

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Cuatro toros de Julio Delgado (el 1º como sobrero), uno de De Santiago ( el 3º como sobrero) y uno de Vistahermosa (el 6º sustituyó a otro de Pepe Garfias) que resultaron desiguales de presentación y juego.

Diestros:

Entrada: Dos tercios de entrada.

Crónicas de la prensa: ABC, El País, Diario de Sevilla



ABC
. EFE.
 Por segundo domingo consecutivo, dicho esto con mucha pena, la Plaza México volvió a vivir un escándalo, cuando históricamente el juez de plaza devolvió cuatro toros que para el público no contaban con el trapío necesario para ser lidiados en la Monumental capitalina. Aquí el problema es que el juez de plaza, Ricardo Balderas, y su asesor aprobaron el martes pasado un encierro que a todas luces iba a tener problemas. Más aún cuando la inercia de lo sucedido el domingo anterior, tarde en la que también se devolvieron los toros, llevó al público de esta corrida a protestar más fácilmente lo que salía al ruedo.

Es una pena que el público, que llenó el tendido numerado y ocupó media entrada en el tendido general, consiguiendo llenar más de 35.000 butacas, llegara a la plaza con una gran emoción y saliera otra vez con una gran decepción, por la presencia del ganado. Lo del domingo tiene que ser un parteaguas para que las autoridades tomen cartas en el asunto y los jueces de plaza al reconocer los encierros rechacen todos los animalitos indignos de aparecer en La México, si es que no se la quiere convertir en una plaza de pueblo.

Aparecieron diez toros, siete de la ganadería titular de Julio Delgado, dos sustitutos de De Santiago y uno que fue lidiado en último lugar de la ganadería de Vistahermosa. Es una pena que en estas páginas tengamos que hablar así de una cruda realidad que a todas luces debe tener solución a partir de ya.

El contraste del bochornoso espectáculo lo dieron otra vez los toreros, como Miguel Espinosa «Armillita», quien dijo adiós a La México, realizando dos faenas en las que hubo detalles de clase como los que a lo largo de 27 años mostró en varias de las inolvidables actuaciones que realizara en este coso. Su primero fue débil y su segundo soso, por cierto dos astados que no fueron protestados. Terminó por cortar una oreja del toro de la despedida, de nombre «Tunero», con el que Miguel escuchó como hacía mucho no sucedía el grito de «¡torero, torero!».

El que está hecho un torero con letra mayúscula es Zotoluco, quien ayer con el toro bueno, como fue su primero, y el malo, como fue su segundo, dio muestras de que atraviesa por el mejor momento de su carrera. Realizó un par de faenas que le valieron cortar las dos orejas del segundo de la tarde y dejar las otras en el toro debido a sus fallos con la espada.

Enrique Ponce vino a torear dos toros de Julio Delgado y nada más los vio pasar, pues su primero fue sustituido por uno de De Santiago y el sexto fue cambiado hasta en dos ocasiones, primero por uno de De Santiago, que a su vez fue reemplazado por el de Vistahermosa. Ponce, contrariado, lo único que pudo mostrar fueron algunos destellos que el público aplaudió. Sin embargo, se quedó con las ganas de ver a quien es uno de los consentidos de la afición capitalina.

El País.  Cuatro toros devueltos

Qué poca seriedad del ganadero Julio Delgado al haber enviado un encierro sin trapío para la despedida de este coso de Miguel Espinosa Armillita y la presentación de Enrique Ponce. También qué falta de criterio del juez de plaza Ricardo Balderas de aprobar el encierro y sus reservas y después devolver tres ejemplares de Julio Delgado y uno de De Santiago. Además, el encierro tampoco debió ser aceptado por los espadas.

Al inválido que abrió plaza, Armillita lo lanceó limpiamente bajando las manos. En su trasteo no pudo ligar los pases que trazó a media altura, pues el oponente no se sostenía en pie. Pese al calamocheo del cuarto, el de la despedida, de nombre Tunero, Armillita le hizo una faena compuesta por series de suaves derechazos y señoriales naturales rematados con plásticos trincherazos mientras la banda tocaba Las golondrinas. La afición lo ovacionó y en la vuelta al ruedo le gritaban "torero, torero".

El cornigacho segundo se lo devolvieron por impresentable a Eulalio López, Zotoluco. Con el segundo bis, que era una hermana de la caridad por su nobleza, Zotoluco cuajó una poderosa faena, lástima que en la ejecución de sus naturales abusó del pico y descargaba la suerte. En cambio, por el derecho sí toreó con la muleta cuadrada. Pese a que su estocada fue caída, la generosidad del juez le concedió el segundo trofeo. Al manso quinto le dio un valiente trasteo de garra pero por fallar con el acero perdió el apéndice.

Como Enrique Ponce pidió que en su presentación se corriera un encierro de Julio Delgado, en el pecado cargó con la penitencia pues no sólo le devolvieron su lote sino también el sexto bis por chicos. Con el soso tercero bis no se acopló con el percal. En cambio, con la pañosa se esforzó por enhebrar sus pases pero no tuvo éxito; eso sí, a la hora de la verdad enseñó el pecho e hizo la cruz. Se la jugó con el áspero sustituto del sexto bis hasta que logró meterlo al engaño y trastearlo con mucha quietud. En sus series de naturales hubo mucho riesgo pero el valenciano quería a toda costa agradar a la afición, que lo considera su ídolo.


Diario de Sevilla. Zotoluco, dos orejas; Armillita, una y Ponce, de vacío

El diestro mexicano Eulalio López Zotoluco, que cortó dos orejas, tuvo una importante actuación en la Plaza México, festejo en que dijo adiós de este coso el también mexicano Miguel Espinosa Armillita, que cortó una oreja, y el valenciano Enrique Ponce, que se fue de vacío.

La labor de Zotoluco fue altamente destacada en un festejo en que cuatro toros fueron devueltos al corral por su no sólo escasa, sino paupérrima presencia. La gente se metió fuerte con la autoridad, la empresa y también con los toreros. De todos modos, todos estos incidentes, no restaron mérito a la soberbia actuación de Zotoluco.

Armillita, con el que abrió plaza, protestado, poco pudo hacer ante la debilidad del ejemplar. Con el cuarto, otro toro sin presencia, Miguel se mostró torero, tampoco era bueno el burel. Logró momentos brillantes en un cariñoso y emotivo adiós de esta plaza.

Zotoluco dio una lección de maestro. Seguro, tranquilo, sereno ante su lote y poniéndose en un terreno prohibido, donde huele a quirófano. Gritos de torero, torero. Y Enrique Ponce sacó el mayor partido a un pésimo lote.

En la segunda de Bucaramanga, Miguel Abellán sufrió un puntazo en el glúteo izquierdo. El madrileño salió a hombros junto al pacense Antonio Ferrera.

 

 

 

 
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