GANADERÍAS DE AMÉRICA

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PLAZA MONUMENTAL DE MÉXICO
TEMPORADA GRANDE

Tarde del domingo, 26 de enero de 2003

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Bernaldo Quirós (buenos). 

Diestros: 

  • Rafael Ortega (oreja en el único que mató. Resultó herido en la ingle derecha, al clavar el tercer par de banderillas, al segundo de la tarde. Al finalizar la vuelta al ruedo pasó a la enfermería, donde tras recibir una primera cura fue trasladado al hospital).
  • Federico Pizarro (silencio, silencio).
  • José María Luévano (dos orejas y oreja).

Entrada: un cuarto de entrada.

Crónicas de la prensa: ABC, El País


ABC. GUILLERMO LEAL. Triunfa Luévano y cae herido Rafael Ortega en La México

Hace una semana, el empresario de La México Rafael Herrerías se quejaba de los jóvenes toreros que, pese al gran apoyo que han recibido, no habían respondido a las expectativas. Sin embargo, fiel a su objetivo, volvió a programar a otro joven, y resulta que éste le respondió con fuerza, cortando tres merecidas orejas; se llama José María Luévano y es de Aguascalientes.

La tarde también tuvo tintes dramáticos, cuando Rafael Ortega sufrió una cornada grande, de dos trayectorias: una de ellas, de veintidós centímetros, que interesó la cavidad abdominal, y, otra, de quince.

Pese a estar herido, se quedó en el ruedo y, con una total valentía, mató al toro después de una seria faena que le valió una oreja.

Lo de Luévano es muy importante, pues el joven torero tenía ya algunos meses de estar toreando en provincias y triunfando casi todas las tardes. Este domingo, en La México, confirmó que gusta del toreo templado, que le llevó a construir dos faenas que, al ser bien rematadas con la espada, merecieron las dos orejas de su primero y la oreja de su segundo.

Actuó también Federico Pizarro, quien tuvo poca fortuna con sus tres astados, que mató, uno de ellos, en lugar de Rafael Ortega.


El País. R VILLALOBOS. Rafael Ortega, herido grave 

La oreja que cortó Rafael Ortega la pagó con su sangre. Al salir del último par de banderillas le infirió una grave cornada (dos trayectorias, una de ellas penetrante de vientre) en la entrepierna derecha el astado que abrió plaza.

Pidió que le pusieran un torniquete y con gran pundonor y vergüenza torera continuó en la lidia realizando una poderosa faena con limpias series por ambos lados que coronó con buena media.

Ortega no quiso privarse del gusto de dar la vuelta al ruedo con la oreja y la dio antes de ingresar a la enfermería.

José María Luévano tuvo un triunfal resurgimiento. Al noble tercero le cuajó un toreo con hondura y sentimiento. El éxito de la artística faena obedeció a que siempre citó al fijo ejemplar a la distancia adecuada y en sus pases cargó la suerte. Prevaleció el acoplamiento en los derechazos que dibujó en varias tandas y en los naturales bajó la mano corriéndola con suavidad. A la hora de la verdad hizo la cruz y dejó el acero hasta la empuñadura.

Con técnica, el hidrocálido a base de cruzarse, de consentir y aguantar al manso quinto, le obligó a que repitiera y que siguiera el engaño para ligarle largos redondos.

Federico Pizarro no le encontró la distancia al revoltoso segundo y su trasteo fue atropellado. Por la nula colaboración del inválido y manso cuarto que lidió en sustitución de Ortega, tuvo que abreviar.

Con el sexto, un bicho sin recorrido, nada pudo hacer. Quiso regalar el sobrero pero la autoridad no se lo permitió porque previamente no había consultado con la empresa ni con el juez de plaza.

 

 

 

 

 
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