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PLAZA MONUMENTAL DE MÉXICO
TEMPORADA GRANDE

Tarde del domingo, 28 de octubre de 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de De Santiago, débiles y descastados.

Diestros: 

Entrada:  tarde nublada y gris en la que sopló constantemente el viento. 40.000 espectadores.

Crónicas de la prensa:  La Afición, La Jornada


La Afición. ADIEL BOLIO. Abre la México con triunfo de Hermoso

La enorme calidad que como torero de a caballo tiene el notable navarro Pablo Hermoso de Mendoza, quien cuenta con una casi inigualable cuadra de caballos toreros como “Cagancho”, “Chicuelo”, “Danubio”, “Albaicín”, “Labrit” y “Mariachi”, lo hacen que se ubique mundialmente como el mejor entre los de su clase.

Y si a eso aunamos que como primer espada estaba anunciado Eloy Cavazos, quien confirmaría la alternativa al diestro texcocano Leopoldo Casasola, todo en este cartel sui géneris resultaba atractivo, los toros para la lidia a pie, procedentes de la ganadería potosina de De Santiago y uno de Vistahermosa y otro de Bernaldo de Quirós para rejones. Lo que no se vale, es que si a un torero como Eloy Cavazos la gente lo recibe con una gran ovación en el tercio antes de comenzar el festejo, luego lo despida injustamente con denuestos, protestas y protervia estruendosa en voz de los mismos detractores que siempre ha tenido en la plaza México.

De la entrada, podemos decir que se hizo el lleno, pues los pequeños claros que se registraron en las cabeceras del tendido general de sombra, con el público que se sentó en las escaleras, se llenaban sobradamente. La tarde fría, con ráfagas de viento helado, que estoicamente resistieron los aficionados hasta el final. De los toros habrá que decir que los de De Santiago, el primero fue distraído, aunque cuando tomaba el engaño cumplía bien, el segundo dio la impresión de haberse congestionado, aunque mostró mansedumbre, el cuarto se reparó de la vista y se quedaba cortó y el sexto fue el manejable.

El de Vistahermosa tuvo calidad para el toreo a caballo, pero vino a menos y el de Bernaldo de Quirós pudo haber resultado mejor, pero el primer rejón le partió un pulmón y eso ya no lo dejó emplearse mejor.

Eloy Cavazos, de grana y oro, estuvo muy bien en su primero, pero al ser duramente castigado en varas por Luis Miguel González y agotarse pronto el astado, el público, que no todo, sólo ese grupito diseminado, que sólo va a reventar al torero guadalupense, empezó a alborotar y los que aplaudieron a Eloy al principio de la corrida, comenzaron a trocar las cañas en lanzas por lo que no tenía caso que Eloy se prodigara. En su segundo, que fue el peor del encierro, las cosas se pusieron peor y vaya que en este toro, astifino y cornivuelto, se la jugó Cavazos sin resultados, por lo que mató pronto saliendo rebotado por el pitón derecho, sin consecuencias.

Leopoldo Casasola, de blanco y oro con cabos negros, era prácticamente una incógnita para la clientela que sólo va a la plaza en temporada grande y desconoce el proceso que como torero ha llevado desde novillero el texcocano y resultó que todos lo aplaudieron a rabiar desde el toro de la ceremonia, que llevó por nombre “Bigotón”, marcado con el número 132, con 527 kilos de peso, que si bien tuvo algunos buenos momentos al embestir, es de justicia decir que también fue excelentemente bien aprovechado por Leopoldo.

Luego de la ceremonia a la que llegó con tremendo golpe que le dio ese astado cuando iba a darle su primer lance, en una colada inesperada, empezó su trasteo doblándose toreramente para seguir con derechazos y naturales muy toreros y aguantando leña. El toro vino a menos y decidió con estocada honda y un descabello para saludar en los medios.

En su segundo, que fue el más manejable, más asentado, lo toreó por verónicas muy bien y con la muleta su trasteo tuvo mucha calidad, la de un torero hecho, que nunca se amilanó y supo resolver con torerismo tanto por derechazos largos como por naturales y obligando, cuando apenas embestía a que tragara dos dosantinas cargadas de estamina. Emocionó a todos los presentes, mató pronto y fue premiado con una oreja muy merecida.

Pablo Hermoso de Mendoza, de casaquilla azul, calzona negra y zahónes de cuero, estuvo hablando en buen castellano, sensacional, admirable, portentoso, maravilloso, con sus caballos toreros. En su primero con “Labrit”, nos regaló momentos de increíble belleza torera a la jineta, colocando rejones de castigo y con “Cagancho” inflamó la plaza al torear a la mínima distancia, llevando casi en una vuelta al ruedo completa, prendido de la grupa de su genial cabalgadura al bravo toro de Vistahermosa.

Ambos, caballo y caballero, formaron la dupla perfecta que, como una sola pieza, recorrieron el ruedo ante el regocijo general, salvando el último momento en un cambio por dentro increíble que hizo explotar el gran coso y que emocionó al jinete sublime, primero arrojando su cordobés en arrebato y después abrazando con candor al increíble negro cuatralbo. Banderillas a una mano y tres cortas magistrales, además de la excelsa exhibición con “Danubio”, para terminar con el rejón de muerte, algo contrario y cobrar las dos orejas.

Y en el otro, de Bernaldo de Quirós, que se vino a menos por haber sido herido en un pulmón por el primer rejón, en los pocos momentos que tuvo lució con el hermano de “Cagancho”, “Chicuelo”, en sus giros sobre la carrera, que levantaron también ámpula, pero que no pudo redondear al pinchar en dos ocasiones, por lo que nada más saludó en el tercio.


La Jornada. JOSÉ CUELI. Don Pablo

Don Pablo Hermosa de Mendoza brindó con las primicias de un toreo propio, grato a una casta de temperamentos como el de los aficionados mexicanos en la inauguración de la temporada de toros en la Plaza México. El torero se engalanó con las luces y el valor de su torería, expuesta al recreo inefable de la emoción que puso el rejoneador navarro ante dos torillos parados de Vistahermosa y Bernaldo de Quirós.

Fue el toreo de don Pablo de intensa emoción genuina, al que ha querido darle mayor encanto, ungiéndolo del perfume de la señoril intimidad de una gran lotería. Ha oficiado la emoción del ser torero con sus caballos Cagancho, Chicuelo, Mariachi, creadores de esa intensidad torera que contemplábamos absortos los cabales. Actitud de gran señor que no necesitó de posturitas y trampas para darle verdad a su toreo.

Actitud, además, que permitió al aficionado completar su juicio acerca de su quehacer torero con el paisaje interior que expresa en sus quiebros, recortes y remates al traer a la México el pabellón prestigiante de su toreo: clasicismo puro, que perpetúa las glorias de la pureza y la verdad en el torear: parar, templar y mandar.

Afamado toda la tarde de ayer, por llegar al ideal, inquieto en todo momento por una emoción juvenil que nacía en cada recorte, vivamente atento a percibir todas las palpitaciones de la vida en torno de la plaza, representó el auténtico arte del toreo que nos permitió sentirnos sugeridos por reflexiones de las que se desprenden íntimos sentimientos admirativos.

Don Pablo no entiende el toreo de una manera esclerosada, sino que le infunde un espíritu actuante y dinámico. Espíritu de la más intensa vibración. La línea curva, ágil, palpitante de su inspiración creadora a caballo, contraria a la repetida machaconería de la mayoría de las faenas actuales, con la palpitación de sus maneras toreras. Por lo demás, una corridita descastada de Santiago con la que fracasó Eloy y Leopoldo Casasola fue una agradable sorpresa, especialmente en una tanda de pases naturales a su segundo enemigo. A pesar del frío y el viento salimos del coso calientes con la verdad del torear de don Pablo.

 

 

 

 
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