GANADERÍAS DE AMÉRICA

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PLAZA MONUMENTAL DE MÉXICO
TEMPORADA GRANDE

Tarde del domingo, 23 de diciembre de 2001
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de de Santiago, desiguales de presentación y faltos de raza.

Diestros

Entrada: 20.000 espectadores de entrada.

Crónicas de la prensa: 


La Afición. ADIEL BODIO. Ayer en la plaza México Gutiérrez, en torero y Barrera, en suicida 12/24/01

La fecha difícil, la situación peor y con problemas en el entendido sobre los toreros mexicanos obliga todo eso, a que la plaza registrara apenas y menos de un tercio del coso más grande del mundo, ocupado. Ahora, que los que ahí estuvieron, pueden presumir de ser estupendos aficionados.

Y gran parte de ellos, en respuesta a ese llamado mal entendido, sobre la propuesta de que ya no se permitiera a los niños ir a los toros y a las peleas de gallos, no sé cómo no les prohibieron también entrar en las cantinas y los “Table Dance”, pese a que en el Distrito Federal no hay palenques, acudieron a ver la novena corrida de la temporada acompañados de sus hijos, como a mí me llevaba mi papá y a lo mejor a usted también, y esa manifestación más las otras que se escucharon en las voces populares a coro, que en diversas ocasiones emitieron las porras del tendido de sol, dirigidas a los legisladores en vías recordatorias.

Bien, pues esos buenos aficionados, en una tarde apacible con algo de vientecillo, vieron la lidia de seis toros justos de la dehesa potosina de De Santiago que fueron fáciles y toreables, con excepción del primero del lote de Miguel Espinosa “Armillita Chico”, que fue malo y sin nada, y regular su segundo que pudiéndosele torear, era a contra estilo del artífice aquicalidense.

Miguel Espinosa “Armillita Chico”, de negro y oro, en su primero, luego de bregar con el capote y ver que hiciera un quite por navarras Alfredo Gutiérrez en su turno respectivo, el toro en la muleta se vino a menos y optó por abreviar. En su segundo, tampoco nada hizo, en vista que aun y cuando el toro pudo haber sido toreado por otro tipo de torero, para el estilo artístico de Miguel el toro era a contra estilo y cortó el tiempo con una estocada honda.

Alfredo Gutiérrez, de azul marino y oro, desde su intervención en quites en el segundo astado dejó ver las ganas que tenía de triunfar. Y fue en su primero en el que nos dejó ver sus grandes adelantos, esa manera que en lo técnico y en lo artístico se ve una emancipación muy importante y la falta de emotividad que sacó “Peregrino”, no fue óbice para que toreara con buen ritmo y temple a la verónica. Cubrió con decoro el tercio de banderillas, intentando inclusive. Y con la muleta, sin tocar inteligentemente los lados del toro con doblones que lo hubieran molestado con base en sus antecedentes genéticos, se irguió con series de muletazos por el lado derecho pletóricos de ritmo, temple, suavidad y utilizando la sublimación del saber aprovechar el espacio conservando la distancia justa que debe siempre existir en el arte del toreo entre los pitones y el engaño convertido en muleta, que con su envite obliga a que el toro acuda a la cita y toda esa acción se convierta en un arte que mueve corazones y provoca la emoción, como lo realizó ese joven torero que es Alfredo Gutiérrez y si así lo hizo por el lado derecho, en los naturales también hizo invocaciones al arte, para convertir su obra en algo estrictamente triunfal, coronando su labor luego de adornarse con una buena estocada que le fue premiada con una oreja del socio.

En su segundo ejemplar, se superó en muchos aspectos, veroniqueó con arte y aseo, volvió a banderillear con dignidad y con la muleta realizó una faena diferente a la primera, este trasteo lo enmarcó en su talento torero, doblándose con suavidad y sin dañar, siguió con su toreo por delante, sometiendo con arte y sobre todo, conservando esa distancia y su rítmico torear que encendió el ánimo del público con series de derechazos y naturales, de largo trayecto, se adornó y despenó al burel de estocada en el sitio para cortar una oreja con petición de otra. Al final fue sacado en hombros de la plaza.

Antonio Barrera, originario de Sevilla, España, de azul marino y oro, en su primero de nombre “Pastor”, número 169 con 478 kilos, confirmó su doctorado. Inició su labor con una larga cambiada de hinojos cerrado en tablas y toreó por verónicas que ligó con un quite por tomasinas, arrimándose luego otro quitazo por gaoneras ceñidas. En el último tercio vino la ceremonia y con la muleta comenzó en los medios con un péndulo estrujante, luego un muletazo por alto y batallando consiguió otro ceñido pase por la espalda, ligando hasta siete pases de valor.

Con la muleta en la diestra, el sevillano fue corriendo la mano con largueza y temple, hilvanando series que le jaleó el público con calor y nervios, pues Barrera es de los toreros que tienen a los espectadores en el filo del asiento. Cambios de mano por delante y por la espalda, medios pases con la parte contraria del engaño y medios muletazos ligando el de pecho al estilo Capetillo.

Estructuró una faena de entrega, con exigencias mayores, que se difuminó por fallar con la espada, que le negaron un triunfo calculado, acabando con un pinchazo hondo y acertando al segundo intento de descabello, para dar la vuelta al ruedo con fuerza.

En su segundo, volvió a estar sensacional con el capote al dar verónicas conjugadas con arte y estoicismo, que ligó con las tomasinas y quitar enseguida con otro apretado quite por gaoneras.

Y con la muleta, nuevamente cambió por la espalda, pero esta vez con el engaño en la mano izquierda, y siguió con otros muletazos de inspiración dejando que los pitones materialmente acariciaran sus muslos retadores. Derechazos, naturales, cambios de mano por la espalda y adornos convertidos en pases de inspiración a la mínima distancia y siempre conservando la distancia retadora, macha y torera. Finalizó su actuación con un intento de matar recibiendo y acertando éste en el segundo viaje y en el primer intento de descabello, para cortar una oreja, cuando pudieron haber sido dos.


Novedades. ENRIQUE GUARNER. La valentía de Barrera es verdadera

Nunca debemos confundir el valor con la temeridad porque el primero constituye una cualidad natural que tiene su punto de partida en la conciencia y por lo tanto en el YO. Por el contrario, la actitud temeraria se deriva del inconsciente y no es otra cosa que un impulso ciego que parte de los institutos. En otras palabras, el valor se apoya en un elemento elevado del espíritu con la intención de superar al peligro que nos acecha, mientras lo temerario surge de un violento arrebato que suele caer en la brutalidad dentro de la evolución del ser humano.

En mi opinión fue el dramaturgo madrileño Gabriel Téllez, mejor conocido como Tirso de Molina, quien en "El Burlador de Sevilla" representado por primera vez en 1830, hace que don Juan exprese: "Os igualo o supero en valentía, aunque vos me excedéis en cuanto a la fuerza". Ayer en la plaza México el torero sevillano Antonio Barrera comprobó ante nosotros que el valor que había sido apreciado en los estados de la República es verdadero y realizó dos faenas emocionantísimas, las cuales pusieron a los espectadores de pie insistiendo en que no siguiera por esa ruta, ante la posibilidad de caer en la temeridad.

En la corrida también apreciamos el buen toreo de capa y dos espléndidas estocadas del joven Alfredo Gutiérrez, quien desafortunadamente no estuvo bien en banderillas a excepción de un par de Calafia en tablas. En relación a su toreo de muleta diré que produce cierta ambivalencia al utilizar en exceso el pico y por último, señalaré que Miguel Espinosa pasó desapercibido.

Juicio crítico

Ante una pobrísima entrada hicieron el paseo de cuadrillas Miguel Espinosa de berenjena, en tanto que Alfredo Gutiérrez y Antonio Barrera se ataviaron en azul marino. Los tres ternos van bordados en oro y se inicia la corrida.

El ganado

Se lidiaron astados que procedían de Santiago, cuyo propietario es José Antonio Garfias y pastan en la Villa de Arriaga en San Luis Potosí. En general podemos decir que estuvieron justos de presentación cuatro de ellos, siendo demasiado terciados tercero y quinto. No se entiende la forma como se verificó el sorteo dado que los dos más grandes correspondieron a Miguel Espinosa y los dos chicos anovillados a Alfredo Gutiérrez. En cuanto a pinta casi todos pertenecieron al cárdeno entrepelado.

En relación a su juego los dos primeros tomaron dos puyazos y los demás solamente uno. Describiéndolos, el que abrió plaza veleto se mostró algo tardo para después tomar cerca de los cincuenta muletazos. El segundo, un verdadero toro, fue bronco y áspero cabeceando sin cesar. El tercero era un novillo chaparro y fácil que arrastraba el hocico por la arena. Incierto grande y débil resultó el cuarto. El mejor fue el que ocupó el lugar de honor que embistió sin cesar. Cerró plaza un torito compacto al que se impuso Antonio Barrera pero terminó gazapón.

Miguel Espinosa

Tuvo una tarde sumamente aciaga en la que no le vimos casi nada. Su primero se llamó "Paisano" con 543 kilos y toreó poco de capa, en banderillas hubo dos buenos pares de Preciado y faena defensiva de Miguel terminada con pinchazo y entera trasera. El cuarto se denominó "Navideño" con 526 por peso y el torero simplemente intentó alguno que otro redondo, pero como el animal resultaba incierto lo finalizó con media en buen sitio.

Alfredo Gutiérrez

El cortar oreja en cada uno de sus enemigos puede ser contraproducente en la carrera de este torero que en el fondo emociona muy poco. Su primero se llamó "Peregrino" con 480 kilos y comenzó con excelentes verónicas avanzando con el burel. También fue lucida la forma de llevarlo ante el picador por medio de tapatías caminantes, quite al que Pepe Ortiz denominó "guadalupano". Alfredo también me gustó al combinar la chicuelina con la tafallera, pero al tomar las banderillas estuvo fatal con tres pares a cual más malo: uno pasadísimo, otro en el cuello y el tercero en el costillar. La faena de muleta con exceso de redondos, muchos de ellos con el pico y de lejecitos, me produjo poca reacción favorable, porque además el torero tendía al constante zapateado. Sin embargo, valieron la pena sus pases finales rodilla en tierra. Finalizó con estoconazo en buen sitio y recibió una orejita poco convincente.

Algo mejoró ante el quinto "Rey Mago" con 485 por peso, donde vimos buenas verónicas, así como un quite por caleserinas. En banderillas volvió a estar mal a excepción de un par de Calafia en tablas. La faena de muleta, un poco mas limpia que la anterior tampoco tuvo mucho temple. sin embargo, pegó otra buena estocada y el juez se mostró demasiado benévolo, concediéndole la segunda oreja.

Antonio Barrera

Cayó de pie y demostró claramente la razón por la que en las 30 corridas en que ha participado en la República ha obtenido 66 orejas, lo cual no resulta nada fácil porque muchas de ellas se otorgaron en ruedos donde existe cierta exigencia del público como San Luis Potosí, León, Guadalajara, etc. La labor de Barrera fue de entrega sin límite y triunfó en sus dos enemigos.

Su primero se llamó "Pastor" con 478 kilos y lo recibió con larga de rodillas para después instrumentar bonitos lances a pies juntos y hasta tres revoleras. Su quite por ceñidas gaoneras crisparon los nervios del público porque no había espacio para que pasara el burel. En banderillas vimos tres excelentes pares a cargo de José Antonio Contreras y Lupillo. Barrera tomó la muleta en los mismos medios, citando de largo y produjo cuatro vitolinas escalofriantes, de un arrojo inconcebible. A las mismas siguieron sin moverse los redondos espeluznantes, pero además toreando bien.

Valieron la pena los naturales templados y a pies juntos, así como los adornos incluyendo un pase de pecho terminado en afarolado, digno de Rafael "El Gallo". Hubo circulares a granel y alargó demasiado la faena por lo que pinchó en lo alto refrendando con descabello al segundo intento, dando la vuelta al ruedo.

La escena se repitió con "Romero" con 475 por peso, donde vimos lances a pies juntos, gaoneras impresionantes y una faena quietísima iniciada por alto y todo tipo de improvisaciones además de los redondos y naturales. Pinchó en lo alto en su primer intento de matar recibiendo, para enterrar la espada en el segundo, con la posible estocada de la temporada. Refrendó con descabello ganándose merecidísima oreja.

 

 

 

 
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