GANADERÍAS DE AMÉRICA

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PLAZA MONUMENTAL DE MÉXICO
TEMPORADA GRANDE

Tarde del domingo, 3 de marzo de 2002
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Barralva (de juego desigual)

Diestros: 

Entrada: un cuarto de entrada.

Crónicas de la prensa: La Afición, El País


La Afición. Addiel Bolio. Rafael Ortega se consagró; 3 orejas 

Con la corrida de ayer, que evidentemente pasará a la historia por varias razones, que fue la número 19 de la temporada, en la que el coso más grande del mundo cumplió 56 años desde su inauguración y que se anotará como la corrida número 902 en ese maravilloso historial, que tiene el increíble monolito, visionado por el gran hombre de empresa yucateco don Neguib Simón, y erigido por el intrépido ingeniero Modesto C. Rolland, sépalo usted amigo aficionado, fue la última corrida de este serial del binomio 2001-2002. Corrida en la que la primera vuelta al ruedo la dio la cola del diablo con fuerte ráfaga de viento arrastrando arena, que bañó a todos los que estábamos en el callejón.
¿Cuándo volverá a abrir sus puertas la gran plaza?, pues eso, será según nos hacen suponer los planes de la empresa, hasta finales del mes de mayo o mediados de junio, sobre todo se mediará la posibilidad, hasta después de la final del Campeonato Mundial de Futbol en el oriente.
Con la corrida de ayer, con toros españoles del encaste de Perladé-Conde de la Corte, vía Atanasio Fernández lidiados con el nombre de la ganadería queretana de Barralva, se cumplió aquel viejo y taurino adagio de “Corrida de expectación, corrida de decepción”, pues seguramente que toda esa ilusión que tenían los hispanófilos de que nuestro campo se poblara con ganado español por el buen juego que dieran los que ayer ocuparon el ruedo más importante de América, pues no se les cumplió. Y quedó muy claro, que para el bien de la fiesta brava al menos en México y para todos los toreros del orbe, gracias a Dios, que existe el toro mexicano, ese que se desprendió de la rama originalmente española del Marqués del Saltillo y que gracias a la sapiencia de don Antonio Llaguno González y de su hermano Julián, se logró una raza que con el tiempo tomó cartas de naturalización y se desparramó en nuestro país, y ha permitido, que muchos toreros extranjeros, hablen del toro mexicano con singular expresión que ha llegado, como en Ortega Cano, a decir que el toro mexicano, es un toro artista.
Los de Barralva, que estuvieron bien presentados y con cabeza, cumplieron en caballos cuatro de ellos y los dos reservas, los otros dos fueron devueltos por mansos y causaron tremendo problema, a seis cabestros, veinte personas y tras de una hora con diez minutos, desde que salió al ruedo, el número diez se le pudo meter por otra puerta, la que va al destazadero. En el quinto ejemplar, el número tres repitió la historia por su tremenda mansedumbre, el operativo para lograr su expulsión del terreno de los toros bravos tardó 35 minutos. La locura. De los que embistieron, destacamos nada más al jugado en tercer lugar y el reserva que sustituyó al quinto.
Antonio Urrutia, de paja y oro con cabos negros, desde que salió su primero de mala manera se notó lo que sería y ante su miedo a los capotes, cuantimás a las cabalgaduras se devolvió. Su lugar lo ocupó el segundo reserva, que daba unos arreones tremendos y en uno de esos cuando intentaba Urrutia el toreo al natural, lo empaló por la pierna derecha y le dio tremendo golpe, salvándose de la cornada en el derrote artero final. Sin embargo y quedando con fuerte dolor en el brazo derecho, volvió al toro, toreó por ambos lados aguantando tremendamente, entre viento y oleadas de arena. Lo mató de cuatro pinchazos, media estocada trasera y dos descabellos escuchando dos avisos.
En su segundo, otro garavito, que además fue soso, instrumentó toreras chicuelinas, para con la muleta, realizar emotivas series por ambos lados. El toro terminó de descomponerse al clavar uno de los pitones en la arena y dar casi una maroma. Ya la luz eléctrica dominaba la escena y toreando por la cara y nadando contra la corriente, terminó con estocada ligeramente caída.
Rafael Ortega, de azul eléctrico y oro, empezó en su primero con un vistoso y apretado quite por chicuelinas. Cubrió el tercio de banderillas, y colocó primero un cuarteo por el derecho y segundo y tercer pares al sesgo por afuera con habilidad y destreza. Con la muleta estableció un toreo depurado, primero por delante y luego, talentoso y resolutivo, que tuvo como principal ingrediente, el aprovechar el corto espacio del recorrido del toro, a base de no quitarle la muleta de la cara, ligando con suavidad la encastada embestida atanasia. Derechazo en series cortas, a la española y los de pecho y naturales con más complicaciones porque el lado del toro fue el derecho. Lo mató de estocada en buen sitio y cortó la primera oreja.
En su segundo, que fue el sustituto del segundo manso, veroniqueó con aseo sujetando, quitó por navarras lucidas y nuevamente en banderillas dejó ver su gran calidad, adornando lo alto del toro con otro cuarteo por el derecho y dos al sesgo por afuera exponiendo, sobre todo con este que sacó un sombrero de charro serio. Con la muleta, tras doblarse por los dos pitones, el trasteo fue similar al anterior, haciendo el toreo a la española, con series cortas, pero muy toreras por los dos perfiles del astado, aguantando y jugándosela. Despenó al animal con estocada ligeramente caída y el público pidió las orejas que le fueron concedidas para salir en hombros del coso.
Pepín Liria de malva y oro, originario de Cehegin, Murcia, España, confirmó su alternativa, quizás algo tarde, pero no tanto, como para no darnos cuenta que este torero, desde que lo vimos en España, y después en la plaza El Toreo de Cuatro Caminos, supimos siempre, que es un torero que encaja muy bien con el gusto de los aficionados mexicanos. Y así fue, en su primero, que se quedaba corto y fue mirón, toreó con el capote en lances básico, hasta el aplauso sincero y con la muleta luego de la ceremonia con el toro marcado con el número siete de nombre “Gironito” con 490 kilos, toreo por derechazos aguantando con ese valor equilibrado que siempre ha tenido, pese a que el socio se colaba peligrosamente, desarmándolo inclusive en una ocasión. Pues a pesar de todo eso, se vio muy torero y estuvo en la tesitura de haber podido cortar un apéndice, quedando todo en saludo en el tercio.
En su segundo, las condiciones se dieron menos, pero Pepín estuvo en todo momento muy torero, cubriendo su posición de estupendo torero con toda la dignidad, en un esfuerzo muy de entrega torera, por cierto a este toro le pegó muy bien, aunque duramente, el gran picador Antonio López Zotoluco y el toro llegó a la muleta muy diezmado en su facultades. Pepín Liria es uno de los toreros que deberemos ver durante la próxima temporada. Otros picadores que tuvieron una gran tarde fueron Luis Miguel González y Efrén Acosta Baray. 


El País. R VAZQUEZ VILLALOBOS. Tres orejas para Rafael Ortega

Se premió con tres orejas, que podían haber sido cuatro, a Rafael Ortega, por dos emotivas y completas faenas. Al incierto tercero lo capoteó con valor y exponiendo mucho se asomó al balcón con los palitroques. Estructuró series de cristalinos redondos y dejó la toledana hasta el pomo. Al ser devuelto el quinto por manso, lanceó al suave segundo sobrero con elegancia y lo banderilleó soberbiamente. Ligó con temples sus lentos y bellos derechazos y al dejar el acero en la yema, el oponente rodó patas arriba.

Antonio Urrutia lidió al brusco primer sobrero al devolverse el segundo por manso. Al dar un pase, el viento lo descubrió y el adversario lo levantó prendiéndolo en la entrepierna, resultando con posibles fracturas de dos costillas y del brazo derecho. Repuesto de la paliza, continuó en el ruedo y con enjundia lo toreó por el lado derecho. Por más voluntad en su desempeño que puso con el cuarto, que cabeceaba y no humillaba, poco pudo hacer.

Al peligroso primero, Pepín Liria, con hombría y aguante, le bajó la mano corriéndosela en dramáticas y estrujantes series de derechazos y naturales. Con el tardo y rebrincón sexto mostró sus dotes de lidiador y cargó la suerte en los naturales.

El encierro corrido procede de vacas y sementales de Atanasio Fernández importados a México en 1997. Increíble pero cierto. La corrida duró cuatro horas 15 minutos debido a dos interrupciones para echar a los corrales a los dos mansos. En la primera ocasión se suspendió una hora porque los cabestros no arropaban a la res y tuvo que ser devuelto por la puerta de picadores y en el túnel fue apuntillado; en la segunda ocasión tardaron 30 minutos por los mismos motivos.

 

 

 

 

 
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