GANADERÍAS DE AMÉRICA

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PLAZA MONUMENTAL DE MÉXICO
TEMPORADA GRANDE

Tarde del domingo, 2 de diciembre de 2001
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de San Mateo, bien presentados.

Diestros: 

Entrada: 10.000 espectadores de entrada.

Crónicas de la prensa: Pepe Mata, Esto, Reforma, Novedades


Pepe Mata.  Morante ensayó el toreo con un bovino insignificante

El pasado domingo 2 de diciembre, en el redondel de la Monumental Plaza de Toros México, ha quedado escrito que José Antonio Camacho Morante de la Puebla, con el insignificante animalito que procedió de la ganadería de don Julio Delgado... ¡ensayó el toreo!

¡Así es! Si ya el panorama escandalosamente se anunciaba que se trataba de un ventajoso burel de regalo, lo que enseñaba la desigualdad con sus alternantes, porque pudo haber sido escogido con antelación; al final la pequeñez del bovino, restó toda grandeza a su propuesta, lo que podría significar que en la realidad, Morante, vino a disfrutar de unas maravillosas vacaciones a México, y de paso, tomó unos días para prepararse mirando hacia su próxima campaña española, cobrando en las plazas de toros mexicanas, tras escribir faenas que más parecen de tienta, aunque se tenga la osadía de bautizarlas con el hilarante nombre de corridas formales.

Ha sido una auténtica pena observar, cómo un torero que en la reciente Feria de San Isidro en Madrid, a quien le vimos crear dos excelsas obras de arte taurino... con dos auténticos toros, recreaba su inspiración en la Plaza México con un animalito, que ni remotamente tenía la esplendorosa presencia del cuatreño.

Muy a pesar de que toda esa cauda de plumíferos hablantines, traten de justificar el hecho, la contundente verdad hace notar que aquellos bien trazados naturales, perfumados de grandilocuente toreo, sólo quedan en efímeros bocetos, al no haber acudido a la cita con Morante de la Puebla... el auténtico toro íntegro.

Porque además... si a la ostensible falta de presencia en el burel se adiciona que el bovino carecía de la encastada bravura, al haber sido sustituida por la asfixiante mansedumbre hábilmente mezclada en el empadre con la avasallante bobería de tontuela docilidad, todo queda en el bonito intento... ¡en el esbozo de lo que pudo ser grande! y que fue negado para la tauromaquia, por la necedad de un ganadero que se resiste a presentar la encastada bravura del toro íntegro; porque los veedores del torero, sólo escogieron la comodidad en lugar de la contundencia del toro bravo.

¡Porque en definitiva!... el torero vino más en busca del veleidoso divertimento taurino, que por la trascendencia del espíritu para enfrentar la verdad.

Porque el arte... señor Morante de la Puebla, presupone verdad en la aportación, y al no haberse conjuntado esa mágica verdad del toro bravo, su bonita faena en el redondel del coso mayor del mundo... quedó en el intento. Por lo menos, para el que esto escribe, que no se conforma con eso que llaman verdades a medias, que al final ni siquiera son piadosas mentiras, sino la forma más reprobable del engaño a la buena fe del respetable, y eso, señor toreador... ¡no se vale!


Esto. HORACIO SOTO CASTRO. Faenón de Morante; Ochoa y Garibay, en toreros

Cuando el festejo -sexto de la temporada- realizado ayer en la plaza México (que registró un tercio de entrada) ya había tocado fondo por el pésimo juego que dieron los astados de la legendaria ganadería de San Mateo, el diestro español José Antonio Morante "Morante de la Puebla" decidió regalar un astado a condición que fuera el tercer reserva pues la primera y segunda procedían de la misma ganadería y, se supone, no quisieron arriesgar viendo que no había garantía de triunfar.

El tercer sustituto pertenecía al hierro de Julio Delgado. Ya puestos de acuerdo con la empresa para el obsequio, el juez, el matador de toros en el retiro Ricardo Balderas y el asesor, el también matador Gilberto Ruiz Torres, aceptaron que se jugara el tercer reserva, a pesar de que se iba a violar el Reglamento Taurino del Distrito Federal (artículos 52 y 76), donde se asienta que tienen que salir en el orden establecido..GANADO.

El festejo terminó con un final feliz porque la gente se divirtió al presenciar la gran faena que tejió "Morante de la Puebla", con Charrito, después de soportar la moruchada que resultó el encierro de San Mateo, propiedad del Arquitecto Ignacio García Villaseñor, y además de salvar el festejo le dio la puntilla a la divisa rosa y blanco que hizo su reaparición en plaza México brindando un pobrísimo espectáculo que mancilló el prestigio y el brillante historial de la ganadería madre. En favor de los sanmateínos se puede decir que estuvieron muy bien presentados, con edad y peso, así como todos cumplieron decorosamente en la reunión con la caballería. Después del tercio de varas los astados sacaron genio, se anclaron en el ruedo, fueron probones, algunos débiles y tirando cornadas. Fueron inciertos, indefinidos en el juego que dieron no permitiendo el lucimiento a los espadas actuantes, aunque sí los puso a prueba y se pudo apreciar la disposición con que salieron para triunfar. Sudaron el terno, pero sus actuaciones fueron bien apreciadas y dejaron ver que pueden dar más. Estuvieron muy por encima de los astados, muy toreros. El astado que se dejó meter mano y tuvo calidad fue el que abrió plaza, que aunque es de la misma procedencia, traía el hierro de San Marcos. Los otros cinco fueron pitados, otros abucheados sonoramente en el arrastre.

El mismo criador jalisciense reconoció que sus pupilos no dieron el juego que se esperaba y estaba triste.

MORANTE

El matador José Antonio Morante "Morante de la Puebla" con el de Julio Delgado (411, Charrito, con 480 kilos) castaño, bien armado que salió muy abanto y se dolió en varas, llegó al tercio final mostrando debilidad, pero iba y venía y con claridad meridiana. El diestro peninsular se hizo del astado y se dio a torear básicamente por naturales tersos, con temple y arte, rematando con el de pecho. También se dio a torear por ayudados con los mismos ingredientes que entusiasmaron al público. Tandas cortas pero con sabor, sentimiento y mucho arte. Adornos de buen gusto en los momentos indicados. Una gran faena en que se vio los alcances del sevillano. Desafortunadamente lo ganado lo perdió al pinchar en dos ocasiones, escuchó un aviso por alargar la faena y terminó al segundo golpe de descabello. Grandes ovaciones y sonoros aplausos y le hicieron dar la vuelta entre gritos de torero. Aplausos al toro en el arrastre. En los toros de su lote tuvo buenos momentos, pero poco pudo hacer y no estuvo certero a la hora de matar.

OCHOA

Con su primero, Fernando Ochoa se lució al torear de capa y logró una bonita faena, muy torera con pases de calidad por ambos lados cuando repetía la res. Mató de pinchazo hondo y estocada para saludar en el tercio. En su segundo estuvo tesonero y valiente ante una embestida áspera, frenándose, pero aún así le aguantó y le sacó uno que otro buen muletazo. Terminó lidiándolo adecuadamente. Dejó media para volver a saludar en el tercio.

GARIBAY

Por su parte, Ignacio Garibay también se enfrentó a dos astados que presentaron muchas dificultades, sobre todo muy aplomados, no repetían, se quedaban cortos y tiraban las cornadas. Tuvo una destacada actuación y en los dos se jugó la piel. Estuvo muy valiente y con verdaderos deseos de triunfar. Nunca se desdibujó y siempre obligó a sus astados a embestir, sobre todo a su segundo que lo hizo en puerta de chiqueros. A su primero lo mató de estocada tendida y al primer golpe de descabello tras un aviso, pero le hicieron salir al tercio. Al otro le dejó tres cuartos de acero, rodando sin puntilla la res y nuevamente lo hicieron salir al tercio.


Reforma. GUILLERMO LEAL. Regala Morante y salva la tarde 

Ciudad de México (2 diciembre 2001).- El diestro español Morante de la Puebla realizó en la México una de las faenas más bellas y artísticas que se han logrado en los últimos años, ante un emotivo y noble toro de regalo de la ganadería de Julio Delgado con la que borró una desastrosa tarde propiciada por el pésimo juego que dio el encierro de San Mateo. 

Si no hubo orejas para el español porque falló al matar, sinceramente es lo de menos, el reconocimiento popular del poco público que asistió a la tarde hizo más íntimo e intenso el momento cuando le exigieron que diera una vuelta al ruedo clamorosa, con mucha fuerza, de esas que saben a triunfo rotundo.

Y es que difícilmente se igualará la faena, en la que la suavidad del toreo, la clase, el manejo de las muñecas y el caminarle al toro entre los muletazos lograron que los aficionados, puestos de pie, le gritaran torero, torero.

Cuando se llevó la muleta a la mano izquierda para torear al natural, el diestro andaluz detuvo el tiempo. Muletazos de largo trazo, de profundidad, de temple y gusto, bien rematados con pintureros adornos que le daban una estructura especial a la faena.

El sentimiento de Morante afloró en cada uno de los pases, disfrutaba en el ruedo, mientras que en los tendidos el público permanecía sorprendido de la perfección de la faena.

Una sonrisa del diestro cuando remató una tanda con un pase de pecho, citando a la espalda y rematando con los pitones debajo del brazo fue el momento culminante, el que esperaba el propio torero conseguir en la México.

"Gracias por la faena Morante", le gritaron los aficionados que, cambiaron, de un momento a otro, su estado de ánimo, muy de capa caída por el mal juego que dio el encierro de San Mateo, toros bien presentados, que pelearon con los caballos, pero que al final resultaron inciertos, agarrados al piso y sosos.

Ante ellos naufragaron los tres toreros, Fernando Ochoa quien tuvo detalles toreros en su primero, Ignacio Garibay que sacó el valor y el propio Morante de la Puebla quien con su segundo anduvo muy precabido.

El público que asistió a la México jugó un papel muy importante, aficionados, verdaderos aficionados que valoraron perfectamente la tarde, con silencio respetuoso, aplaudiendo a los tres toreros cuando salieron al tercio cada uno en su primero y abucheando el arrastre de los últimos toros. Un público que solamente en contadas ocasiones se ve en una plaza de toros.


Novedades. ENRIQUE GUARNER. Fascinante faena de Morante

Dentro de las tauromaquias conocidas se denomina pase regular al natural y nunca se menciona el hoy famoso derechazo. La razón se deriva de un principio normativo, puesto que en la antigüedad el lado izquierdo fue el de torear y el derecho se usaba exclusivamente para matar. La palabra natural tiende a tomar su apogeo con posterioridad a los textos clásicos de Pepe Hillo, Paquiro o Sánchez de Neira y siempre, cuando se refiere uno al natural, se específica la presencia de la naturalidad libre de la menor afectación. Para practicarlo el diestro debe colocarse en rectitud al terreno del toro, teniendo la muleta cuadrada en la mano izquierda y tomada por el centro del estaquillador. En el momento de citar se adelanta la pierna contraria y al arrancar el astado se le engancha tirando de él con suavidad en el recorrido y despidiéndolo, templándolo en todo momento.

La tarde de ayer José Antonio "Morante de la Puebla" nos regaló, con burel de obsequio, varias series de naturales que pueden quedar como ejemplo y modelo de este muletazo, porque todas ellas tenían un sabor clásico y gracia que produjeron la fascinación de los espectadores. Como se sabe el término fascinar constituye una especie de alucinación de los sentidos, ejerciendo un hechizo que nos atrae dejándonos encadenados a lo que vemos. Sin embargo, Morante de la Puebla tuvo en su toreo una variedad infinita con pases ayudados, otros cambiándose la muleta de mano, molinetes y fantásticos pases de pecho de una longitud inenarrable.

Todo ello fue una recompensa a una tarde aciaga en que se lidiaron bureles imposibles procedentes de San Mateo.

Juicio Crítico

Ante una entrada que apenas alcanza un cuarto de plaza, hicieron el paseo de cuadrillas Fernando Ochoa de Blanco, José Antonio "Morante de la Puebla" en verde pistache e Ignacio Garibay de Rosa. Los tres ternos van bordados en oro y se suelta el primero.

El Ganado

Se lidió una pésima corrida que procedía de San Mateo cuyo propietario es don Ignacio García Villaseñor y que pasta en el municipio del Valle de Guadalupe en Jalisco. Los seis astados tenían una presencia aceptable aunque fueran bastos. Casi todos contaban con su cornamenta desarrollada y varios fueron enmorrillados. En cuanto a pinta predominó el negro entrepelado y algunos de los bureles contaban con bragas.

En relación a su juego los de San Mateo resultaron decepcionantes, puesto todos después de una salida codiciosa y tomar una o dos varas, comenzaban al llegar al último tercio, a regatear las embestidas, frenarse en el recorrido y volverse distraídos y peligrosos. Tal vez se salvó a medias el que abrió plaza, pero aún éste no se prestó a faena ligada alguna. No vale la pena detallarlos puesto que todos, a excepción del primero, fueron pitados en el arrastre.

Salvó la corrida un bovino anovillado, cornicorto y débil de Julio Delgado traído expresamente por Morante de la Puebla.

Fernando Ochoa

Estuvo bien con el primero de nombre "Apolo" y con 468 kilos, al que recibió con buenas verónicas y revoleras en serie. Ochoa llevó al burel ante el picador valiéndose de bonitos mandiles. Su quite por chicuelinas resultó atropellado, aunque remató con excelente media. La faena de muleta tuvo calidad en pases aislados que nunca se conjuntaron. No me gustó el exceso de gritos para llamar la atención de su enemigo que resultan innecesarios en una plaza de toros. Mató de pinchazo y trasera desprendida saludando en el tercio.

Nada logró Fernando Ochoa con "Zeus" con 485 por peso, donde vimos lances defensivos e inútiles intentos de faena. Mató de media caída retirándose en silencio.

José Antonio "Morante de la Puebla"

Parecía que se nos iba a ir inédito este extraordinario artista, que no pudo lucir con sus dos enemigos. Su primero se llamó "Hércules" con 490 kilos y lo único importante de su labor con la muleta fueron cuatro portentosos pases cambiados rodilla en tierra. Su faena insistente no lo llevó a nada, por lo que finalizó con dos pinchazos y cuatro descabellos. Tampoco pudo sacarle partido al renuente "Atlas" con 481 por peso, que retrocedía sin cesar ante los cites del torero. Lo liquidó con media en buen sitio y dos descabellos.

Sin embargo, Morante quería a toda costa un triunfo y regaló a "Charrito" de Julio Delgado, un castaño con 480 kilos. Los recibió con bellos lances rodilla en tierra, pero el burel abanto recorría el ruedo sin parar, por lo que terminó recogiéndolo e instrumentando un par de bonitas verónicas. El andaluz se lució en un precioso quite por lancecillos que hubiera firmado Pepe Luis Vázquez, calentando el ambiente. La faena de muleta resultó increíble desde el primer momento con cuatro naturales portentosos rematados con fascinante adorno que era una especie de lasernista girando. Las siguientes tres series de naturales convirtieron la plaza en un volcán y todas ellas se remataron con larguísimos pases de pecho. También fueron excelentes los redondos con la derecha, los medios pases o los kikirikies. Toda la faena resultó un verdadero juego artístico de inusitada belleza. Morante no mató bien puesto que requirió de dos pinchazos en lo alto y dos descabellos, pero la obra allí quedó grabada y difícilmente será superada. Hubo una vuelta al ruedo final y expectación por volverlo a ver.

Ignacio Garibay

Como siempre se mostró voluntarioso, pero mientras no abandone el encimismo que parece ser su carta de presentación, difícilmente será un buen torero. Su primero se llamó "Poseidón" con 485 kilos y vimos verónicas tropezadas, pero buenos doblones al iniciar su toreo de muleta. Después siguió la vulgaridad del encimismo con un burel quedado. Finalizó con entera caída trasera y descabello.

La misma escena se repitió con "Odiseo", con 495 por peso, al que toreó en toriles en el terreno de tablas, pasando por delante mucho más el diestro que el astado. Lo mató con tres cuartos habilidosos y se le aplaudió por apoyarlo, pero no por lo realizado en el ruedo que no valió nada. 

 

 

 

 

 
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