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RAFAEL SOTO MORENO,
"Rafael de Paula"
"El
toreo de arte está huérfano"
Apoderado
de Morante de la Puebla
Jerez de la Frontera (barrio de Santiago-Cádiz), el 11 de
febrero de
1940
Debut en público: 9 de mayo de 1957 en Ronda
(Málaga).
Debut con caballos: 2 de
mayo de 1958, en Jerez de la Frontera.
Debut en Las Ventas: 6 de setiembre de 1958, con
ganado de Antonio Pérez de San Fernando, junto a Curro Puya y Juan Vázquez.
Temporada 1960: 20
novilladas.
Alternativa: Ronda, en
corrida goyesca celebrada el 9 de setiembre de 1960. Padrino: Julio
Aparicio. Testigo: Antonio Ordóñez. Reses de Atanasio Fernández (2 orejas).
Confirmación en Madrid: 28 de mayo de 1974.
Padrino: José Luis Galloso. Testigo: Julio Robles. Reses de José Luis Osborne.
Temporada 1974: gran éxito en
Carabanchel, el 5
de octubre, lidiando junto a Antonio Bienvenida y Curro Romero.
Temporada 1979: gran
éxito el 17 de mayo en Jerez de la Frontera, lidiando con Curro
Romero y Emilio Muñoz (2 orejas y rabo, y colocación
de placa conmemorativa de la hazaña en el coso jerezano).
Temporada 1986: 9 festejos.
Temporada 1994: 3 tardes.
Temporada 1997: 9 tardes, 2 trofeos.
Temporada 1998: Lidia una solo corrida. El 4 de octubre lidia un
festival en Tijuana (México), recibiendo una gran paliza de un novillo (debidamente
despuntado para festival), que obligó a ser atendido a la enfermería a a abandonar la
lidia.
Temporada 2000: Lidia en la Feria del Caballo, en la
tarde del 18 de mayo, donde decide arrancarse la coleta y abandonar el
toreo. Al día siguiente se arrepiente y decide continuar.
Temporada 2002: el 15 de febrero es distinguido con la Medalla al Mérito
en las Bellas Artes en su categoría de oro, junto a otros artistas como el
actor Tony Leblanc o los directores de cine Ventura Pons y Narciso Ibáñez
Serrador. Más
información.
Apoderado: Andrés Luque Gago
Otros datos de interés: Soto Moreno nació en el barrio jerezano de
Santiago, en el seno de una humilde familia gitana. En la inmediata posguerra, llegar a
ser torero era una de las pocas salidas para los jóvenes de su condición. Comenzó de
maletilla y tanteando becerros en corridas clandestinas. No era un torero temerario, al
contrario, pero dibujaba de tanto en tanto pases magistrales que sugerían el esbozo de un
diestro del arte de la tauromaquia, como pareció intuir Bernardo Muñoz, «Carnicerito»,
torero veterano que decidió apadrinarlo.
Convertido en uno de los novilleros más
prometedores de la década de los cincuenta, el 9 de septiembre de 1960 tomó la
alternativa en Ronda de manos de Julio Aparicio; catorce años después, el 28 de mayo de
1974, José Luis Galloso se la confirmó en Madrid. Rafael De Paula, a pesar de sus
famosas espantás, fue una figura requerida y habitual en los cosos de España y América,
con tardes buenas, malas y mediocres, pero desprendiendo siempre un «algo» que lo
envolvía en el misterio y que Antonio Gala definió así: «En su toreo hay una sutil
música callada».(Notas al último párrafo).
Tras dos décadas de permanecer en una buena
posición en el escalafón de los diestros, en 1985 ocuparía las
primeras páginas de los medios de comunicación por haberse tomado la
venganza a raíz de una supuesta infidelidad de su esposa, Marina
Muñoz, con el ex futbolista del Cádiz, José Gómez Carrillo. El 14 de
junio de 1989, fue condenado a dos años de prisión menor por un
delito de inducción al allanamiento de morada, con intimidación.
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Rafael de Paula
Nació en Jerez y tomó la alternativa en Ronda. Torero de inspiración.
Cuando se siente a gusto ejecuta las suertes con inimitable gracia,
estética pura de arrebatadora... !!Ahora, a la venta, su primer
DVD!! Ampliar
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El
País, 22/02/2007. Por
José Suárez Inclán. "El
toreo de arte está huérfano"
Rafael de Paula (1940), el genial torero de Jerez, espera ya sentado en
una mesita esquinada de la terraza del hotel. La visera de franela
calada, el jersey azul de cuello alto, la elegante chaqueta reclaman un
invierno equivocado que se ha dejado el frío a saber dónde. No en
Jerez, donde el sol gaditano proyecta sombras blancas, y se mete sin
piedad por las palmeras. "Se torea como se es", decía
Belmonte, y Paula es como su toreo: despacioso en el habla, sorprendente
en sus respuestas, ensimismado en sus pensamientos.
Ha vuelto a los ruedos, ahora
desde el callejón y de apoderado (de Morante de la Puebla). ¿Cómo se
ve la corrida desde ahí? "A mí no me gusta el callejón, no ando
por él, no me gusta que me vean. No me gusta ser popular, quisiera
estar solo, desaparecer". "Independientemente de que la faena
fuera bien o mal, yo quería desaparecer... y no me dejaban. Para torear
hay que estar solo, sin distracción. A mí eso de que ahora entrevisten
a un torero recién clavada la espada, tras la faena no me parece bien.
Mejor no hablar. Morante, si puede, poco. Tomás, nada, se negaba. Y hacía
bien. Ahora la mayoría son cacatúas". Y lo de apoderado...
pues..., duda aquí Paula, entre la devoción y la obligación, y sale
con un recorte: "No me gustan los despachos, me sigue sin gustar ir
a un sorteo. Nunca he ido y, si puedo, no voy, pero tengo que cumplir
con mi deber".
Reafirma, en palabras de Morante,
su condición de apoderado especial "por admiración, amistad y
compañerismo", una especie de consejero. "No he visto a
Morante mucho. Casi dejé de ver toros. Es él quien me ha hecho volver
como aficionado. Y le encuentro un sinfín de defectos y un sinfín de
virtudes. Muchos, sólo yo los sé. Ni él mismo los sabe, pero ya los
descubrirá. Es parte de su personalidad. Es el único que marca la
diferencia. Porque no se trata de torear, se trata de la intención, del
concepto. Es romántico, artista, lo intenta de una forma clásica y artística.
Tiene corazón, carisma, emoción, transmisión". ¿Le da consejos?
"Estoy callao".
¿Cómo ve el toreo de arte? No
duda un segundo: "Está huérfano. Yo soy clásico y Morante lo
es".
"En los artistas el dolor es
casi necesario", escribe Jesús Soto en De negro y azabache, un
reciente libro sobre De Paula. ¿Es Morante un torero de dolor?
"Dolor y pena. Yo, cuando he conseguido torear bien es cuando he
toreao con pena. ¿Qué siento? Yo, pena, que es lo que me ha hecho
llorar toreando, embargao por la pena". Ya no habla de Morante. La
conversación se va metiendo por los caminos del toreo soñado, del
miedo, entra en la poesía, los grandes maestros; faenas del recuerdo,
vestidos de torear, toreros de antes y de ahora, romanticismo y
clasicismo, la gracia, el dinero... Y así pasan seis horas. "No me
gustan las horas completas. Por eso le he citado a y media. Las cosas
completas, no sé... nunca he querido saber la hora. Se pasa el tiempo.
Todo tiene un principio y un final". Pareciera que este gitano
bergsoniano, que tanto paró el tiempo toreando, hubiera intuido que en
la mitad está el acierto, parar al toro en mitad de la suerte, sin
principio, sin final, sin tiempo. ¿Por superstición? "Claro. A y
media. Como la barba". ¿También por superstición? "También".
Su paso por el toreo.
Meditaciones, añoranzas, pesadumbres, alegrías entretejen de luces y
sombras la mirada que se ilumina y se oscurece casi imperceptible.
"Yo, que he sido un torero sin facultades y con fama de medroso, he
matado por lo menos siete corridas de seis toros. Dos en Sevilla, dos en
Jerez, en Madrid, El Puerto... Sin facultades. Siete corridas. He podido
ser un torero más regular pero las dichosas rodillas..."; y se las
toca, se las aprieta; hará mucho este gesto; las rodillas de harina que
apenas le sostienen frente al toro. Rafael es un caso palmario de hombre
sostenido por la dignidad torera.
Tras la piscina vacía, delante de
las palmeras, unas columnas que sustentan las enredaderas bordean el perímetro.
"Qué ve ahí?", pregunta. "Palmeras". "No, lo
de mármol". "Ah, columnas". "Pues eso, eso es el
toreo: columnas. Cuatro o cinco. Columnas del toreo contadas con nombres
y apellidos. Paraíso bordeado. Joselito El Gallo. El más grande".
Luego, nombres legendarios: "Frascuelo, Bombita, Rafael el Gallo,
Cagancho, Chicuelo... Y eso que soy de Belmonte".
Habla largo y tendido de unos y
otros. Sobre Belmonte, su descubridor y mentor como torero, se podría
escribir un libro con lo que cuenta. Le imita, le describe: "El
color de la cara era verde y la piel como de aceite, la boca enorme y
siempre callado. ¡Qué personalidad! A mí me daba miedo...". Y va
desgranando historias con verdadera admiración: "Me mandaba el
coche desde Gómez Cardeña a casa, un coche jorobeta con un chófer
jorobeta". ¿Buena suerte? "Sí señor. En el salón oscuro,
con la mesa, una terraza al fondo que daba a la placita, yo me sentaba
donde el cuadro de Zuloaga. Aparecía don Juan a oscuras, de la siesta,
muy peinao patrás, con esa cara, una camisa blanca, siempre con el botón
abrochao. ¡Qué miedo! Había ocho o diez vacas para mí solo. Y nadie
más. El conocedor y el vaquero. 'Áaabrele' (simula su voz lenta,
cavernosa), y, claro, a mí me cogían una y otra vez y como no había
nadie, me quitaba las vacas el vaquero. Don Juan Belmonte", repite,
se vuelve a levantar (al final Joselito y Belmonte lo han puesto en pie)
y pasea despacio, dando caladas pausadas a un puro imaginario, imitándole.
"Un sábado, don Juan, con
Sebastián Miranda, Cossío y Conchita Cintrón, en su casa. Celebraban
algo. Nunca abría la boca. Yo, delante de la vaca. Era mediodía. Pero
le oí decir a sus amigos: 'Fijarse cómo pega el natural con el de
pecho". "Yo entonces toreaba muy bien. Aquel día pensaron en
ponerme nombre. Mi padre se llamaba Francisco de Paula, y Cossío decía:
pues Rafael de Paula. A lo que Belmonte respondía: no puede ser, porque
De Paula es Francisco. ¿Qué importa que no se llame Francisco?, insistía
Cossío. Y me pusieron Rafael de Paula".
Con Belmonte surgen temas
inevitables. "Eso de que trajo la quietud es un cuento. Lo que tenía
era brazos muy largos. Una columna entera es media verónica de
Belmonte. Pero la quietud la trajo Manuel Rodríguez Sánchez. Belmonte
trajo el temple. La quietud, Manolete. Y el más grande, Joselito el
Gallo. Belmonte era real, pero Joselito no pertenecía a la realidad.
Camará le dijo a Manolete: 'Si José volviera, tú no te vestirías hoy
de torero'. ¡Camará! ¡A Manolete! Los que mejor han toreao: Belmonte.
Chicuelo. Cagancho. Y los demás... -da un afarolado al aire -, a
aprender. Todos han bebido de ahí".
Y como si le aliviara -y le
alivia-, habla con sorna de la viñeta cómica en que los ratoncitos en
el calabozo están esperando a Cagancho. Se emociona, se agitana
hablando de Cagancho. "Yo también me he dejao algunos toros vivos.
Pero Cagancho, más. Y eso que mataba como nadie". Ahí se calla.
"Yo le copié un vestido negro y plata que saqué en Sevilla".
Qué natural más largo, más bajo dio ese día. Silencio. Aquel día
fue de Antoñete. "Muñeca como Rafael el Gallo, nadie. Sólo
Chicuelo". Se vuelve a poner de pie: "¿Recuerda a Dominguín?"
-su felicidad es total; acciona con la mano y le va quitando una
banderilla al toro en cada pase, una banderilla molesta que impide
torear, que fatiga al toro y molesta al torero-. "Pues El Gallo -y
aquí ya torea, la figura compuesta, el gesto airoso- con el toro
encunao, pin: una -vuelve a dar un pase-, pin: otra, y así hasta
seis" -las seis banderillas que le quita al toro imaginario.
Siempre se habla del temple, del
valor, de la quietud, del arte... ¿Y la gracia? ¿Hay toreros con
gracia? "La gracia torera de Morante. Toreros con gracia torera:
Pepe Luis Vázquez. El soplo. Se pueden contar con los dedos de la mano.
Soplo es todo aquello que emociona de pronto". "Ordóñez,
Puerta y Pepe Luis: media verónica. Eso se lo copié yo a Pepe Luis,
que unas veces ha tenido el soplo y otras no. El único que ha tenido
soplo es Caracol. Y Pavarotti. Ordóñez ha toreao con gracia, con
soplo... y con hondura. Aprendió el capote de Cagancho, y también,
como a mí, era torero de brazos, de muñeca, no se salía por los
pies".
Se queda absorto y susurra:
"Yo era la obsesión de Ordóñez". Sigue, rápido, como
borrando esa afirmación: "Yo, con el capote, ponía los toros a mi
ritmo". Y se lía en una larga explicación anatómico-mecánica
sobre la utilización de las partes del cuerpo en el toreo. "Las
piernas, luego la cadera, luego la cintura... que va unida al pecho...
Se torea con el pecho y con la cintura. Y los brazos... que son dos
muelles a ritmo, a impulsos del pecho. Hombros, antebrazos, brazos, muñecas,
manos... Y la cintura, y la cabeza: que unas las crea Dios toreras y
otras como saco de papas. La cabeza: si no se es inteligente, al menos
se ha de ser listo. Todo con un concepto clásico y puro. Así está
formao el torero en tipo de torero. Y luego está, sencillamente,
torear".
SENSIBILIDAD, ARTE Y PELLIZCO
Rafael de Paula nació en Jerez en 1940
Se retiró de los toros en 2000 y
regresa ahora como apoderado de Morante de la Puebla
Para muchos críticos y
aficionados fue el torero más personal, el de más sensibilidad y
pellizco
Durante 30 años ha toreado
superando su punto débil: unas rodillas operadas 10 veces
Noticias del torero
Rafael
de Paula recibe la medalla de oro de las Bellas Artes
Video:
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