GREGORIO TEBAR, EL INCLUSERO

Albacete, 17 de marzo de 1946.

Debut de luces: 3 de agosto de 1963.

Debut con picadores: 11 de  agosto del 1963 en Alicante.

Presentación en Las Ventas de novillero: el 12 de junio de 1965, junto a Joaquín Camino y Francisco Pallarés. Novillos de Castillejo. 

Alternativa: 19 de marzo de 1966 en Valencia. Padrino: Antonio Ordóñez. Testigo: Pallarés. Toro: Jovenzuelo, de Domecq

Confirmación en Las Ventas: 18 de mayo de 1965. Padrino: Miguel Baéz Litri. Testigo: Andrés Vázquez. Toro: Cocedor de Domecq.

Temporada 1979: cinco festejos toreados.

Temporada 1980: lidia cinco corridas.

Temporada 1999: lidia en la localidad onubense de Cortegana.

Temporada 2001: actúa en 12 festivales. 

Temporada 2002: actúa en 8 festivales.

Temporada 2003: corta tres orejas en El Rebolledo (Alicante), en la tarde del 26 de abril.

Temporada 2006: torea en Alicante la tarde del 19 de junio.

Apoderado: Enrique Martínez. Tel (607988697).



MI CONFIRMACIÓN EN MÉXICO 
Por Gregorio Tébar "El Inclusero"

Parece que fue ayer y dentro de nada se cumplirán cuarenta años desde aquel día en que, el maestro Manuel Capetillo, el gran Capeto, como allí le conocen -y le siguen admirando- me confirmaba la alternativa en el Embudo de Insurgentes. Quiero pensar que, dada la monumentalidad de dicho coso, cualquier torero que sienta el arte en sus venas, desea, anhela, sueña torear en dicha plaza y, mucho más, en aquellos maravillosos años en que, en México, el toreo, era santo y seña, es decir, el rey de los espectáculos. Ciertamente, como pude comprobar, además del carácter gigantesco de dicha plaza, en dicho recinto, pude comprobar en mis carnes la sensibilidad de una afición tan apasionada como entendida. Han pasado los años y, como explico, vive en mi mente y en mi corazón, aquella fecha para mi persona y, por supuesto, para lo que sería mi carrera.

Ahora, cierro los ojos y, paso a paso, puedo recordar con toda claridad aquel día memorable en mi vida. La mañana del día anterior habíamos estado visitando el coso puesto que, desde España, los que habían actuado antes en dicha plaza, todos nos contaban de su monumentalidad y que, en honor a la verdad, su forma, es la más parecida a un gigantesco embudo; de ahí el mote de El Embudo de Insurgentes por aquello de estar enclavada en la avenida de dicho nombre. Corría el día 12 de marzo de 1.967 y, en aquella mañana, que por cierto encontramos entrenando a Pepe Luis Vázquez, el mexicano, claro está, al entrar y comprobar el coso vacío, por supuesto, no me atrevía a pensar que, unas horas más tarde, si aquella plaza se llenaba, aquello podría sonar a locura colectiva. 

A la hora del paseíllo, me estremecí. Al llegar a la puerta de cuadrillas y ver aquel coso repleto hasta la bandera, mi corazón, dio un brinco; sinceramente, aquello, llegó a asustarme. En un instante comprendí que, por segundos, adquiría una responsabilidad que jamás antes había sentido y, lo dice alguien que, antes de dicha actuación, entre otras muchas plazas, había toreado varias tardes en Madrid.

Pensar que, para mi confirmación, la empresa, había contado con el inigualable Manuel Capetillo, aquella acción, me llenó de gloria. Toros de Tequisquiapán para el maestro, Jaime Rangel y quien suscribe, Gregorio Tébar El Inclusero. Antes del paseíllo, los compañeros, Capeto y Rangel, me saludaron muy cariñosamente. La raza de aquellos hombres me estremeció. Lo digo porque, Manuel Capetillo, mi padrino, figura máxima de la torería mexicana en aquellos años, instantes antes de iniciar el paseíllo, se me acerca y, al oído, en tono bajito me dijo estas palabras: “No pienso dejarme ganar la pelea por usted, un peladito español” Y, sus palabras, me conmovieron; como me asombró su figura. Capetillo es un hombre muy alto, grande de cuerpo, de corazón y, todavía mucho más grande como torero. Su frase, me caló muy hondo y, cuando pensé que podía venirme abajo por tantas emociones, se me acercó el maestro Rangel y me dijo: “Voy a dejarme matar con tal de conseguir el triunfo”. Otro handicap para mi persona que, sinceramente, artísticamente, me sentía acorralado. ¿Dónde me he metido yo? Pensaba para mis adentros.

Al iniciar el paseíllo desaparecieron todas mis preocupaciones, cuando de repente la positiva afición mexicana inundo la puerta de cuadrillas de claveles a cual mas bonito y de un colorido maravilloso.

Este fue otro momento inolvidable de aquel ya lejano día.

Ya, en la arena, el primer ejemplar de la corrida y, sin pensarlo dos veces, lo sujeté con el capote y, tres segundos más tarde, le estaba enjaretando unos lances a la verónica que, en un instante, como pude comprobar, habían estremecido a la plaza. Las ovaciones eran constantes y, los estruendosos olés en cada lance, lograron motivarme como jamás antes nadie lo había logrado. Me sentía el hombre más dichoso del mundo. Tras la primera vara, de nuevo, cogí el capote y, una vez más, los aficionados, enloquecidos con mi toreo, pidieron que, tras ser picado el toro se le “sujetara” para que, quién les cuenta, diera una insólita vuelta al ruedo; vuelta que, me pareció tan rara como emotiva. 

Tras aquella apoteosis, me acerqué a la barrera y, el maestro, ceremonioso, salió al tercio para entregarme los trastos y, de su mano, confirmar mi alternativa. Capeto, asombrado, ante lo que había visto, apenas articulaba palabra; me deseó lo mejor, me felicitó y, para terminar, mientras me abrazaba me dijo: “Bien chamaquito, pero reirá mejor quien ría el último” Me fui hacia el toro previo brindis a tan magna afición y, en aquel ruedo y en dicho día, se gestó una actuación que, como explico, pasados los años, la llevo grabada en mi alma. Me sentí torero hasta la médula; definir con detalle mi actuación, me parecería un acto de soberbia que, por supuesto, no viene al caso; si se que, la plaza vibró y, quien les cuenta, se estremeció por completo. Manuel Capetillo estuvo grandioso, como era habitual en su carrera y en su obra; mató cuatro toros (uno de regalo) y otro por la cogida de Jaime Rangel que, como antes me había dicho, se dejó matar, antes que claudicar ante mi triunfo; y el del maestro, claro está. Al finalizar la corrida y, comprobar que, la gente me vitoreaba junto al gran Capeto, aquello, me tenía conmovido y asombrado; dos horas antes, jamás hubiera imaginado tan grande éxito. 

Al día siguiente, el maestro Capetillo, me invitó a su rancho y, además de su amistad y su cariño, me regaló un disco que, muchos años después, todavía conservo; era uno de los discos que había grabado Manuel Capetillo que, si como torero era excepcional, como cantor de corridos, no era de tono menor; Lola Beltrán, de estar en este mundo, seguro que nos lo confirmaría puesto que, ambos y juntos, actuaron por todos los teatros de México. Desde aquí y ahora, gracias a Tribuna Abierta, este espacio singular y único de Opinionytoros.com, le quiero mandar mi más entrañable abrazo al maestro Capetillo y a sus hijos, un primor de toreros, uno de ellos, Guillermo, fue capaz de emocionarme en una tarde inolvidable, en la plaza de Acho, en Lima, justamente con la misma intensidad que, años antes, su padre lo había logrado cuando me confirmaba mi alternativa.

¡Gracias, maestro Capeto! 

[ 07/02/2006 ] 

 

Madrid, 18 de Febrero´2003. El silencio del mundo taurino ante una guerra inminente

A la atención de todo el corporativo taurino 

Escribo estas líneas sintiendo vergüenza por todo el corporativo taurino, empresarios, matadores, banderilleros, picadores, mozos de espadas y asociaciones en general, por la pasividad con la que han actuado frente la inminente guerra contra Irak. 

Cualquier persona que tenga un mínimo de sensibilidad se opondría a esta guerra que no traerá más que muertos para el bando que todos sabemos, y más concretamente en la población civil, y para la que las autoridades no han encontrado justificación, exceptuando esas mentiras pueriles que se han inventado en los despachos de Washington-Bush. 

El dictador Sadam Husein pudo ser derrocado en su momento, pero ahora tendrán que morir miles de iraquíes, que llevan muchos años muriendo por el embargo y por culpa de su dictador. 

A mi si me importa lo que piense el inteligente y sensible pueblo español del corporativo taurino, que ya de por si cuenta con la leyenda de la España negra y la pandereta. 


Fdo. Gregorio Tébar Pérez (El Inclusero), torero

 

 
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