Francis Evans Kelly

Un torero con flema británica      El adiós de un romántico

Salford (Inglaterra) el 18 de agosto 1948

Temporada 1963: llega a España y, tras presenciar una corrida, decide hacerse torero.

Temporada  1966: mata su primer novillo en Montpellier (Francia).

Alternativa el dia 16 de agosto 1991 (con casi 43 años de edad) en Chillon (Ciudad Real) con un toro de Sanchez Arjona y José Escobar. Padrino: su amigo Vicente Ruiz Soro 'El Soro', y el testigo de la ceremonia fue Antonio Ruiz Soro 'Soro II'.

Temporada 2000: 41 novilladas lidiadas (casi todas en Benalmádena) y quince orejas cortadas. Corta tres orejas en Benalmádena y sale por la puerta grande, en la tarde del 22 de octubre. 

Temporada 2001: Termina la temporada con 11 corridas toreadas (casi todas en
Benalmádena) y cortó 6 orejas. Lidia en Benalmádena, en la tarde del 25 de febrero. Corta oreja en Saint Laurent d´Aiogouze, en la tarde del 4 de marzo. Lidia en Benalmadena, en la tarde del 25 de marzo. Corta oreja en Benalmádena, en la tarde del 29 de abril. Corta dos orejas en Benalmádena, en la tarde del 27 de mayo. Lidia en Benalmádena, en la tarde del 24 de junio. Lidia en Benalmádena, en la tarde del 8 de julio. Lidia en Huescar (Granada), en la tarde del 18 de agosto.

Temporada 2002: corta dos orejas en Benalmádena, en la tarde del 1 de enero.

Temporada 2005: lidia novillo en Algeciras, en la tarde del 8 de enero. Con más de 50 corridas toreadas, una lesión de rodilla le puede obligar a retirarse. Torea por última vez en Benalmádena el 14 de agosto.

 

Otros datos: Peña Taurina de Manchester: Tim.Hardman@nnc.co.uk

 


El Mundo
, 5/05/05. LUCAS PEREZ.
Un torero con flema británica

Con el cuerpo castigado por la dureza de su profesión, Frank Evans, El Inglés en los carteles, puede verse obligado a poner fin a su larga experiencia como torero. Una lesión de ligamentos en su rodilla izquierda obligará al diestro a pasar próximamente por el quirófano. «Me tendrán que implantar una prótesis en la rodilla, con la que los médicos me han dicho que no podré seguir toreando», afirma el diestro.
Pese a ello, y a los 62 años de edad, el único matador de toros inglés de la actualidad se resiste a perder la esperanza. «No he tenido graves cornadas, pero la dura profesión que elegí ha ido desgastando mi cuerpo hasta el extremo de tener que dejarlo.Aun así sigo entrenando todos los días con la ilusión de poder torear alguna vez tras la operación. Sé que será difícil, pero el toreo es mi vida».
 
Influido por la afición a los toros de su padre y tras asistir a una corrida en su primera visita a España, El Inglés tomó la arriesgada decisión de convertirse en matador de toros, lo que resulta inusual en alguien llegado de un país donde la afición taurina era apenas existente. «Llegué a España en 1963 para asistir a una boda y me llevaron a presenciar una corrida en Granada.Aquello me dejó totalmente fascinado, por lo que anuncié poco después mi intención de hacerme torero».
 
Pero los comienzos no fueron fáciles para Frank Evans, que tuvo que adaptarse a una cultura desconocida para él. «Pasaron tres años desde mi llegada a España hasta que conseguí el carnet para poder torear y fue en ese mismo año, en 1966, cuando maté mi primer novillo en Montpellier (Francia). No había toreado ni siquiera una vaca en el campo y fui revolcado en numerosas ocasiones, recibiendo una gran paliza pero con la recompensa de que me anunciaran en la Feria de Arlés del año siguiente, un día antes de que actuaran El Cordobés y El Viti, las figuras de aquel momento», recuerda.
 
Sin embargo, y hasta 1970, actuó en tan sólo dos novilladas más, por lo que el sueño de la fama y el dinero se desvanecieron y le hicieron volver a Inglaterra. «Vi que mi sueño iba a resultar imposible y decidí regresar para dedicarme a mis negocios. Sin embargo, recapacité en 1978 y me di cuenta de que debía volver para demostrar que también un inglés podía llegar a ser un buen torero».
 
Tras 13 años luchando por ser un diestro reconocido, decide tomar la alternativa en 1991 «porque, con casi 50 años, me daba vergüenza hacer el paseíllo junto a chavales de 18», afirma El Inglés.
 
Pese a dar este paso adelante, sus actuaciones no aumentaron con el transcurso de las temporadas. No obstante, su carrera dio un giro inesperado hace cinco años, cuando el empresario de la plaza de Benalmádena decide darle una oportunidad. «Afortunadamente, ese día corté las orejas y, a raíz de ese triunfo, empezaron a salir muchas corridas de toros. Desde entonces, he toreado más de 40 festejos, actuando con éxito en plazas de España, México y Venezuela».
 
Cinco años después, las tardes de gloria de este declarado currista y admirador del toreo de Paco Ojeda se agotan, pero hasta entonces, seguirá dejándose la piel en los ruedos y continuar así disfrutando de aquello que un día decidió ser: torero.

EL PAÍS,8-05-2005. SERGIO MELLADO. El adiós de un romántico 

Cuenta Frank Evans (Manchester, 1943) que en la tarde del 28 de agosto de 1947 vivió su primer velatorio. Fue un velatorio a distancia, en el que las noticias y cuchicheos sobre el fallecido llegaban a través de la radio. Esa tarde de 1947, en la Plaza de Toros de Linares, el maestro Manolete perdió la vida en su pelea con Islero, un toro de 495 kilos, durante la corrida de feria en la que compartía cartel con otras dos grandes figuras del toreo: Gitanillo de Triana y Luis Miguel Dominguín. El duelo que esa calurosa tarde de canícula se apoderó de la España de la posguerra fue seguido al detalle desde Inglaterra por Frank Evans y su padre, un militar inglés que durante la II Guerra Mundial estuvo destinado en Gibraltar. "La muerte de Manolete fue todo un acontecimiento en mi casa. Mi padre era un enamorado de España y le fascinaba todo lo español, en especial la fiesta de los toros. Fue una tarde muy triste", recuerda Frank Evans, el único torero inglés en activo y al que una lesión en la rodilla le obliga a dejar el toreo en breve.

Evans nació en 1943 en Salford, una pequeña ciudad cercana a Manchester. Pese a no haber puesto nunca un pie en España, Evans mamó desde pequeño la cultura y tradiciones españolas, pues su padre se encargó de transmitírselas. "A mi padre le cautivó el mundo del toro. Me envenenó con su fascinación", recuerda Evans, cuyo apodo es -como no podía ser de otro forma- El Inglés. 

A los 20 años, Evans visitó por primera vez España. "Fui a Granada a la boda de una vecina mía en Salford cuyos padres eran inmigrantes andaluces. Allí asistí a mi primera corrida de toros y me aficioné aún más a ese mundo que hasta entonces sólo conocía por los relatos de mi padre", relata en un perfecto español teñido de andaluz. "Un año después cayó en mis manos la autobiografía del segundo torero inglés de la historia, Vicente Charles, El Inglés, Suit of Lights, y me empapé del toreo. Fue algo así como mi inspiración", explica Evans, que es el cuarto torero británico de la historia que ha paseado por las plazas de España, Francia, Venezuela y México el apodo de El Inglés. Tras esta revelación, Evans se decidió a probar fortuna. Dejó su trabajo en la carnicería familiar y el rugby, deporte en el que asegura que tenía futuro como profesional y al que le debe la lesión de rodilla que ahora le aparta de los ruedos. "En 1966, con 23 años, toreé mi primera novillada en Arles. Como no tenía a nadie que me apoyara sufrí un parón en mi carrera y me refugié en mis negocios. Hice dinero y en 1978 decidí volver a probar en el toreo", indica. En los 25 años siguientes, Evans participó con más pena que gloria en unas 30 novilladas y otros tantos festivales, con un saldo de dos cornadas graves en los muslos. Hasta que el 16 de agosto de 1991, ya con el respaldo de gente importante del mundo taurino, logró tomar la alternativa en Chillón (Ciudad Real). "Fue fantástico. Mi amigo y mentor Vicente Ruiz El Soro fue mi padrino y maté dos toros, uno de José Escobar y otro de Sánchez Arjona", recuerda risueño.

Tras su debú como matador, Evans dosificó sus apariciones. Casi nunca toreó más de dos festejos por temporada, aunque siguió ligado al mundo del toro. Esa dinámica se rompe en 2000, cuando a la llamada de Morenito de Jaén le sale el contrato de su vida. "El empresario de la Plaza de Benalmádena, Gaspar Jiménez, se interesa por mí y me contrata en gran parte por el reclamo que mi nacionalidad tiene para los turistas que visitan la Costa del Sol. Debuté bien, corté una oreja y metí a 100 personas más en la plaza...", cuenta Evans sobre el que ha sido el único contrato en exclusiva de su vida.

Ahora, a sus 62 años, El Inglés se prepara para las últimas tardes de luces de su carrera. La lesión en la rodilla le obligará a dejar los ruedos en breve. "Así me lo aconsejan los médicos, aunque aún no he fijado la corrida en la que me cortaré la coleta", explica este matador de toros sobre su retirada de los ruedos, festejo al que seguro que asistirán sus dos hijos treintañeros y su esposa, a la que ya conoció como novillero y poco dada a ver torear en vivo a su marido. Evans asegura que se va satisfecho pero con el resquemor de no haber podido hacer el paseíllo en Las Ventas, su sueño. "Tuve la oportunidad porque conozco a los empresarios, pero nunca pedí nada por respeto a la profesión. Sé que no soy ni José Tomás ni El Cid y allí, a Las Ventas, se tiene que ir a triunfar", afirma este torero que ya tiene planificada su vida de jovial jubilado. "Seguiré viviendo en Marbella y quizá me haga apoderado de gente joven y con ganas. Lo que es seguro es que no me iré de España, porque aquí la gente me ha dado mucho cariño. En estos años he comprobado que es cierto eso que dicen de que los españoles te dejan todo menos a su mujer", concluye entre carcajadas.




 

 

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