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tiene una ganadería de reses bravas.
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Domingo 19 de enero de 2.003. Dámaso
González: “Yo creía que el único sano era yo y no es verdad”
La historia del toreo está cargada de idas y
venidas. La historia se repite con la vuelta a los ruedos de Dámaso
González. El veterano torero que demostró en las plazas de toros valor
a raudales, técnica depurada y exquisito temple, demuestra en la
entrevista seguridad absoluta en la decisión tomada. El diestro de
Albacete vuelve con todas las consecuencias.
Portal
Taurino: ¿Por qué se vuelve maestro?
Dámaso
González: Es una respuesta que siempre,
al final, intentas enterarte por los demás. Pero en mi caso puedo decir
que no lo sé. Quizá por la afición, y porque es lo que me gusta hacer
desde que tenía tres años. En cada barrio donde viví allí saqué la
muleta para torear en la
calle. Es increíble que ahora vuelva, pero siempre he dicho que nadie
sabe lo que le va a pasar en su camino, y a mí me ha pasado algo que
espero y creo que sea muy bonito: volver a torear otra vez, aunque sin
saber por qué lo hago. Sí se que me gusta y que tengo una gran ilusión
a pesar de la responsabilidad que adquiero y el gran esfuerzo que tengo
que hacer.
PT:
¿Es tan fuerte la necesidad que siente por estar delante de un toro
sabiendo que tiene que competir de nuevo en la plaza con todo lo que
ello significa?
DG:
No creo que sea tanta, aunque la verdad es que en el campo suelo torear
muy poco. Siempre me pasa lo mismo, preparo cuatro becerras para los
chavales y una para mí, y cuando veo en la tapia chavales con ilusión
me digo: yo que estoy retirado como voy a torear y estos chavales
mirando, y me quedo sin becerra. Pero luego toreas un festival y ves que
te obedece un novillo y que lo llevas pa’alante, y lo llevas enganchado y… te vienes arriba. Después
otro festival más, te animas y ves que el fuego siempre está vivo, está
ahí. Yo creía que el único sano era yo y no es verdad.
PT:
De todas formas le tiene que compensar mucho el disfrute en la plaza a
pesar de la responsabilidad y el esfuerzo.
DG:
Yo le puedo decir una cosa de corazón y de verdad. Mire, yo no sé lo
que voy a ganar ahora económicamente en el toro, pero sí le digo que
si en cualquier negocio ganara veinte veces más en un mes que toreando
cinco años y con el disgusto que le voy a dar a mi familia, le juro que
no haría el negocio, dejaría el dinero marchar. Con esto lo quiero
decir todo. Que le puedo decir más.
PT:
¿Y le podrá usted hacer al toro de hoy lo mismo que le hizo al toro de
hace diez años?
DG:
El toro de hoy lo he toreado hace unos años… no sé, pero yo pienso
realmente que voy a estar bien y
por eso vuelvo. Porque exponerse a una responsabilidad con el público y
la crítica, si después no se da bien ya puede imaginar lo que es para
uno, es fuerte. Pienso que si vuelvo es porque me encuentro bien para
poder disfrutar delante del toro.
PT:
Así, Dámaso, que lo positivo le gana siempre a lo negativo en esta
vuelta.
DG:
Sí. Es que vuelvo con mucha ilusión
y muchas ganas, aunque hacer balance no está bien, porque es
algo que te arrastra y te lleva muy ligeramente detrás de algo que te
gusta. Es verdad que siempre me ha gustado torear y he sido fiel a mi
forma de entender el toreo, y si no hubiera sido así
pues no hubiera disfrutado ni tampoco toreado. Nunca me he
salido, ni me saldré, de lo que me gusta hacerle al toro, y todo eso es
muy positivo para mí.
PT:
¿Tiene algo de culpa en esta vuelta la tarde triunfal de su último
festival en Quito?
DG:
No, porque no se trata de un solo festival sino de uno detrás de otro.
También la corrida de Asprona de Albacete tuvo algo que ver.
Este festejo lo toreé veinte veces, y cuando lo hice la última vez,
hace ya ocho o nueve años, dije que si alguna vez me necesitaban y podía
serles útil volvía y la toreaba. Van pasando los años y siempre la
dejo para el siguiente y
ya, el pasado año, pensé que me hacia viejo y no la iba a poder
torear. Quizás ha sido esto y los festivales lo que me han hecho tomar
la decisión de volver.
PT:
¿Y como tiene planteada la temporada?
DG:
Yo quiero ser muy respetuoso con mis compañeros y mi profesión y ser
uno más allá donde me contraten. No voy a decir nunca aquí no voy
porque es demasiada responsabilidad y allí sí. Quiero hacer una
temporada con todas las consecuencias hasta que pueda. Si toreo una, dos
tres corridas y no puedo más pues tendré que irme a casa, pero con
orgullo no escondido. Así que vuelvo con la idea de ser uno más en
cualquier plaza.
PT:
El público le exigirá su toreo, el que siempre le caracterizó durante
su larga profesión ¿no le defraudará?
DG:
Lo que más me gusta y me atrae para volver a torear es que el toro siga
la muleta, ponerme en ese sitio que tanto me gusta, y cuando estoy allí
delante estoy seguro que el toro va a pasar por ahí
y que lo voy a llevar donde yo quiero. Esto es lo que me ha hecho
volver. Se que me van a exigir, pero como a todos, ni más ni menos. Soy
consciente que vuelvo a torear como uno más, y con todo el esfuerzo que
pueda hacer.
PT:
Antes rivalizó con las figuras del toreo de la época, ahora tendrá
que hacerlo con los jóvenes encaramados en las alturas del escalafón
¿le preocupan?
DG:
No, aunque desde aquí mi máxima admiración para los toreros nuevos y
también para las figuras, que aunque son muy jóvenes tuve la
oportunidad de torear con ellos hace ocho o nueve años, caso de Enrique
Ponce o Joselito. Y con los nuevos seré a la hora de hacer el paseo
exactamente igual que ellos, después con el toro delante siempre voy a
intentarlo, no sé como estaré, pero creo que igual que cuando me retiré.
PT:
Pues que disfrute su vuelta y que no le falte la suerte.
DG:
Muchas gracias.
Diario de Sevilla. Jueves, 9 de
enero´2003. Dámaso González: “Iré a por todas en plazas como Madrid y Pamplona”
Matador de toros. Retorna a los 55 años, tras ocho temporadas sin vestirse de luces. Manchego, humilde, campechano, se hizo torero en las capeas, a base de terribles cornadas. Ahora, Damaso -sin acento, como le llaman los suyos-, rico, reconocido por su valor y su temple, vuelve a vestirse de luces. Fibroso como siempre y con más ilusión que nunca, hará su primer paseíllo en la próxima feria valenciana de Fallas.
-¿Qué supone y cómo está viviendo su reaparición?
-Me hace ilusión. Me ha costado mucho decidirme y soy consciente de lo duro, durísimo, que será. Voy a intentar esforzarme al máximo para disfrutar y triunfar. El hecho de torear festivales con regularidad me ha mantenido física y mentalmente. De hecho, lo he pensado estos años: “Si volviera, si volviera...”. Y éste es el momento. Lo veo claro. Espero no equivocarme. Tendré que esforzarme mucho porque la mentalidad para torear todos los días es especial.
-Rico, sin problemas, ¿cuál es la motivación esencial para reaparecer?
-Esa pregunta me la haré cuando deje el toreo. Realmente no sé lo que me hace volver porque es algo durísimo. Pero supongo, aunque el ejemplo no sea el más acertado, que es como quien es un tragón y no sabe contenerse. En mi caso no debería torear de luces, pero no puedo dejar de hacerlo. Durante estos años me he cuidado mucho y he toreado festivales, pensando en que podía volver en cualquier momento y lo que era una ilusión se convierte ahora en una realidad.
-¿Cuántos festivales ha toreado para matar el gusanillo?
-De media he toreado de ocho a diez cada año.
-¿Cómo ha encajado su familia la decisión?
-Por mi parte es una decisión egoísta. Aunque la he tomado cuando mis hijos son ya mayores.
-¿Qué condiciones se han dado para que esa ilusión, como dice, se convierta en realidad?
-Hablé con Manolo Lozano tras el festival que toreé en Quito. Me dijo que estaba para volver y que se encargaría de llamar a las empresas. De ahí partió todo.
-¿Y por qué Manolo Lozano?
-Siempre ha sido un buen amigo. Llevaba años queriéndome apoderar. Me dijo en Quito que así se podía retirar conmigo como apoderado.
-¿Arranca en Valencia?
-Toreo una tarde en las Fallas. Está por cerrarse el cartel y el día. La fecha que se baraja está entre los días 16, 17 y 18 de marzo. Son fechas buenas.
-¿Y asumirá una temporada en toda regla o es un número determinado de corridas?
-No quiero defraudarme a mí mismo, a mi conducta, porque respeto mucho a mi profesión. Vuelvo a lo máximo. Iré a por todas en plazas como Madrid, Pamplona y Bilbao. En todas las que me contraten. Por otro lado, vuelvo como uno más. Tampoco es que vaya a torear cien corridas.
-¿Ha pensado en Sevilla?
-Me gustaría volver. En Sevilla tuve buenos resultados las escasas veces que toreé. De novillero corté tres orejas. La última vez que toreé, a comienzos de los ochenta, corté una oreja a un toro de Miura.
-¿Se dejó algo en el camino?
-No. Conseguí todo lo que soñé desde mis comienzos. Y si he aportado algo no soy el más indicado para decirlo. Veremos ahora de lo que soy capaz.
-¿Cómo está el escalafón en relación a cuando se marchó?
-Muy bien. Con algunos toreros, como Joselito o Ponce, ya compartí cartel. Con los nuevos, como El Juli, El Fandi o Ferrera, no he toreado. Pero todos se arriman una barbaridad. Hay una gran competencia.
-¿Qué ha aportado Dámaso González a los toros?
-Yo intenté pisar un sitio cercano. Y luego, tal como lo sentía, con la muleta, hacía seguir la muleta al toro sin violencia.
-Con un temple, que fue una de sus principales armas. Dámaso, ¿qué es el temple?
-Va muy unido a la suavidad. Cuando tratas a los toros con mimo les sacas más partido que si lo haces con brusquedad. Y además de sacarles más partido también puedes tener más regularidad porque te sirven más toros.
-De los toreros que han retornado, muchos no han conseguido sus objetivos ¿Tiene temor a que las cosas no salgan redondas?
-Temor, no. Respeto. Respeto al público y al toro. Por mi parte lo intentaré todo, con un esfuerzo total y si las cosas no salen no me sentiré dolido.
-Durante muchos años el nombre de Dámaso González se asoció a ganaderías duras. ¿Cómo será en esta etapa?
-En ese sentido no tengo nada planteado. Intentaré lidiar corridas buenas, con las que se disfruta. Pero si hay que matar alguna dura, también lo haré. Desde mi vuelta en el 92 hasta la retirada en el 94 no me vi abocado a matar corridas de las denominadas duras.
-Desde entonces no se ha vestido de luces. ¿Qué recuerdo tiene de su última tarde?
-Muy grato. Fue el 14 de septiembre en Albacete. Toreé con Espartaco y Manzanares. Corté dos orejas. Me sacaron a hombros. Tuvieron el detalle bonito de quedarse en la plaza, al lado de las cuadrillas, mientras me paseaban a hombros. Cuando volvía la cabeza y los veía allí pensaba: “Esto se ha acabado. Ellos se quedan aquí”.
Casi una década después, Manzanares y Espartaco se han retirado. Dámaso, el manchego valiente, rey del temple, vuelve