La retirada del maestro
Textos sobre Curro Romero

Otras noticias de Curro Romero

Diario de Sevilla, Luis Nieto. 21/04/2006. «¿Volver? Nunca se puede decir de este agua no beberé. Quien sabe....» 

Cicatrices del cuerpo y del alma. Para alcanzar esas faenas mágicas de las que habla nuestro protagonista, para convertirse en mito, el torero también sufrió cornadas. De ellas, una docena graves. Pero Romero pasa por alto el dolor físico que le causaron. Y a lo largo de la entrevista, echa la mirada hacia otras cicatrices, esas que debió curarse solo, esas que le marcaron una y otra vez y de las que renació, como Ave Fénix, para alcanzar los momentos mágicos en los que llegó a transportarse, a sentirse fuera de sí mismo. 

Hace algo más de un lustro que El Faraón remontó ese Nilo andaluz que es el Guadalquivir y se marchó a vivir al Aljarafe. Y hace algo más de un lustro que Romero, en ese gran río templado que es su vida, volvió a sus orígenes en lo taurino. Porque aquí al lado, en la otra orilla del Río Grande, nació hace 72 años en Camas quien con el tiempo sería el dios de la armonía en el toreo y abrió su leyenda en la desaparecida Pañoleta. De allí salió para convencer al mundo de que el toreo es un arte mayor y muy cerca recaló en el recoleto coso de La Algaba en un adiós sorpresivo.

Había que acercarse al mito, a ese torero al que una legión de partidarios le convirtieron en su dalai lama, en su mesías, en su dios de la armonía. Porque Curro, de cerca, es eso: pura armonía.

No sé si con la primavera siente el latido del toreo con más fuerza. O si la llama de los sentimientos le arde con más intensidad en el otoño de su vida. No sé si las glicinias que cada mañana ve crecer en el jardín de su casa, donde coquetean con algunas matas de romero, le inspirarán futuras faenas mágicas. Tampoco sé si el miedo le asalta ahora en las noches o la soledad le mide como cuando rumiaba triunfos o fracasos. Todo esto y algo más quiero que me lo diga Curro cuando abril se abre con olor a azahar. 

Había que aproximarse a Curro y ha bastado abrir los ojos, escuchar con calma y adivinar silencios para meterme dentro de un hombre profundo y misterioso. Ha bastado atravesar la frontera del tópico para encontrarme con un genio ubicado más allá de un rosario de anécdotas graciosas con sus partidarios. Hoy, cuando la sangre le hierve sin encontrarse en los carteles de abril, cuando sus trajes de luces cuelgan en las vitrinas de su casa del Aljarafe, Curro torea con sus manos en respuestas con enjundia. Hoy, cuando sus nostalgias se vencen en aquellas evasiones misteriosas por esas ventas de fino y flamenco, Curro mece la palabra con suavidad; porque la mece, con la misma suavidad de su capote de seda. Hoy, con la sabiduría de los años de una vida plena, Curro nos abre su corazón. Estamos ante una gran leyenda del toreo.

–Curro, desde que se retiró, ¿qué siente cuando llega la Feria de Abril y no está anunciado?

–El toro ha marcado mi vida. Todavía cuesta pensar en ello. El primer año lo pasaba tan mal que comía tres o cuatro veces más de lo habitual. No me saciaba. Serían los nervios. Llegaba esta época y los nervios me ponían muy mal. Era todo muy especial. Es muy duro cuando llega el Domingo de Resurrección, que es el día más bonito para mí. Con todo lo que conlleva. Con ese respeto, que era un estímulo.

–¿Reaparecerá?

–Yo creo que será difícil. Pero nunca se puede decir de este agua no beberé. Quién sabe... las locuras; aunque de locuras tengo pocas. 

–(Irradia prestancia torera. Se acomoda tras estas primeras palabras que, como un par de lances de salida, han sido de tanteo. Mira sonriente y se relaja). ¿En qué ha cambiado sustancialmente su vida?

–En esa tensión de ponerte delante de un toro; de verte en los carteles, ya con una edad avanzada. El hombre, con la edad, se va haciendo más sabio. Pero en mi caso, la ilusión acababa con esa sabiduría. Yo he tenido siempre la ilusión de un novillero; parecía que el tiempo se me iba. He tenido la suerte de que esa ilusión también la han mantenido los aficionados conmigo. Ha sido recíproco. Yo me vaciaba y la gente se olvidaba de las preocupaciones del día a día. Por lo demás, me siento realizado. Económicamente tengo para vivir. Porque mucho dinero es malo, trae problemas. Me encuentro a gusto con Carmen –su esposa, Carmen Tello–, con mis amigos, mi dominó. Paseo. Pienso. Estoy lleno por dentro.

–Y desde que se retiró, ¿ha vuelto a torear en el campo?

–No he toreado en el campo, ni tan siquiera he toreado de salón. Eso sí, me cuido. Todos los días camino una hora.

–Por cierto, ¿cómo era su preparación cuando estaba en activo?

–Cuando comencé practicaba el frontón, el fútbol y algunos otros deportes. Pero me di cuenta de que lo bueno para un torero es caminar. Yo andaba todos los días dos horas. Siempre solo. Porque si vas con otro, hablas y no respiras bien. Para coger fondo, algunas veces, me daba una carrerita entre la caminata.

–¿Qué sensaciones le han quedado del sorpresivo adiós en La Algaba? (Se recuesta en su asiento y, con lentitud se enciende un pitillo. Una vaharada de humo envuelve la contestación)

–Me fui en silencio en un pueblecito en un momento en el que Dios me iluminó. Está feo que lo diga, pero me siento realizado. Me he ido porque he querido; no porque te echen. Me he ido con la grandeza de que el público iba a verme. ¡Qué bonito!

–En la respuesta hay empaque y a bote pronto me viene la pregunta. ¿Quién le invistió como Faraón?

–Pues mira, me lo puso Gonzalo Carvajal –crítico del diario Pueblo–. 

–En el idilio con Sevilla, ¿quién puso más: Romero o la afición?

–Las dos partes por igual.

–¿Leía las críticas?

–Si alguien me decía: "Mira qué cosas tan maravillosas han dicho", pues sí; de lo contrario, no.

–Curro, ¿qué le llevó a hacerse torero?

–Las fatigas. A los 12 años ya echaba peonás de persona mayor. La carne no la veíamos nunca. En aquella época se decía que en España los que más ganaban eran los toreros. Y me dije, pues voy a ver. En el campo trabajé dos años. Mi abuela me llevó a una farmacia de mandaero. Trabajé en una en La Pañoleta y en otra en Camas. Llevaba los recaos en una bicicleta, con la que me iba a los tentaderos. 

–¿Cómo vivió aquellos primeros tentaderos?

–Como era muy tímido, me orientaba a través de amigos. Cargaba con los avíos de todos a cambio de que me avisaran porque yo era incapaz de buscarlos, de pedir favores.

–¿Y qué dijeron sus padres cuando se enteraron?

–No querían que fuera torero. Mi padre era un aficionado extraordinario. Toreaba de salón de maravilla. Cuando le llevé un cartel del debut en La Pañoleta me dijo: "¡Chiquillo, no vayas a hacer el ridículo, por favor!". (Al torero le embarga una felicidad que se refleja en su rostro, una sonrisa de oreja a oreja, como rememorando que no traicionó a su padre).

–¿En una carrera tan larga, cómo alimentaba la ilusión? 

–Con la afición, con el entrenamiento, con la cabeza, con todo. A mí lo que más me apasionaba era torear de salón. Me tiraba el día entero toreando de salón.

–Y ahora, ¿le asalta el toreo en sus sueños? 

–Mira (sonríe). Yo, afortunadamente, nunca he tenido ni sueños ni pesadillas de toros en toda mi vida. Únicamente, hace tiempo, soñaba que me arrollaba una vaca y que me comía un pie. Y yo, ¡ayy, ayy...! No sé. Tuve ese sueño hace un montón de años.

–¿Qué faena de Sevilla recuerda con más cariño?

–Tengo la suerte de que hay varias. Hay una muy significativa, el debut con picadores. Fue una faena al novillo Radiador y aquello impactó mucho. De pronto nacieron curristas por todos lados. Cuando le preguntaron a Belmonte dijo: "Es muy difícil que toque la lotería. En algunas ocasiones, puedes conseguir la pedrea. Pero el gordo de Navidad, como hoy con Curro, es casi un milagro".

–El propio Belmonte dijo aquello de que "Se torea como se es". ¿Cómo es Francisco Romero López?

–Pues mira, yo soy muy templado. Me gusta que la gente no pierda el temple conmigo. No quiero el mal para nadie. Me alegro de que la gente triunfe. No soy envidioso de ninguna clase. En el toreo me ha pasado lo mismo. Yo sólo quería que me embistiera mi toro para satisfacerme a mí mismo. Porque si tú gozas en el ruedo, eso se transmite al público.

–¿Y usted qué buscaba en su toreo?

–Pureza.

–¿En quién se fijó en sus comienzos?

–En todos. Aquí, en Salomón Vargas, que toreaba con el capote como Cagancho. En Ordóñez, Paula, Pepe Luis (padre e hijo)... Todos, en todos, porque todos te enseñan algo. Lo que es bueno de los demás debes asumirlo con tu sentimiento; no copiarlo. 

–Hay una historia que me impactó mucho en su día. Un espectador saltó al ruedo en Madrid y le agredió. Usted tenía un estoque en la mano. Se dejó arrollar, prácticamente pegar por un individuo enloquecido.

–Bueno, es que yo soy como mi padre. Fue un hombre excepcional. Trabajaba como un animal. Cuidando cochinos. Hubo un tiempo que lo hizo como guarda en el Barranco, un mercado de pescao que había en La Pañoleta. Fue decisivo en mi vida. Yo jamás le vi pelearse con nadie. Tenía la grandeza de la nobleza. Y, claro, eso lo he llevado siempre a gala. Aquella tarde vi como aquel pobrecito loco me atacaba, pero no hice nada para pararle los golpes. Luego, los banderilleros lo sujetaron. Yo me fui de allí. A mí no me gustan las peleas, ni los barullos.

–Usted ha tenido que tragar lo suyo con exaltados.

–Claro. No era plato de buen gusto ver cómo algunos sacaban dos almohadillas, premeditadamente, para tirarme una. O esos que iban con rollos de papel higiénico. Era horrible. Yo soy de carne y hueso. Y tengo mi sensibilidad. Para mí todo aquello era muy triste. Porque eso no es ser aficionado. Eso de ir pensando que esperas un petardo... ¡Qué martirio!

–¿Cómo sentía, como vivía el miedo?

–El miedo es maravilloso.

–¡¿Cómo?!

–Tu cabeza te funciona a las mil maravillas. El torero tiene que ser muy buen psicólogo. La intuición en los toreros juega muchísimo. Porque el toro te coge con los ojos, no con los pitones. Es como las personas. Hay miradas con las que estás a gusto. Claro, con las personas, si te equivocas, pues dices ya no me equivoco más. Pero con el toro la equivocación la pagas muy cara. Delante de un toro, bravo y noble, estás más a gusto que delante de una mala persona. Con una persona que no me interesa, como con un toro malo, ya estoy ido.

–¿Qué le imponía más, el toro o el público?

–Al público siempre le he tenido un respeto. Pero miedo a quien hay que tenérselo es al toro, que es el que te puede cortar la cabeza.

–Y en su vida, ¿a qué ha tenido más miedo?

–A una mala enfermedad. Si hay que sacar a alguien a hombros ésos son los médicos.

–¿Qué es el valor?

–Es la cabeza. Saber dónde te metes.

–Otro de sus rasgos es la timidez...

Sí. Si me encuentro a gusto con una persona, estoy bien. Pero entre mucha gente lo paso mal. A lo mejor me viene de mi madre. Cuando triunfé y pude comprarle una casa en Los Remedios se sentía feliz. Me decía que así evitaba el trago de ser conocida, como le sucedió en Camas. Un día, después de muchísimos años, cuando compraba en una frutería, una mujer dijo al frutero: "¡¿Pero no sabe que esta señora es la madre de Curro Romero?!"... Mi madre ya no volvió a pisar aquella frutería.

–¿Cuál ha sido el trago más duro que ha vivido?

–Fuera de las heridas, de los porrazos, la cornada más grande que me ha dado la vida fue lo de mi hija Coral –se refiere a su muerte en accidente de tráfico–. (Hay un silencio cortante como una cuchilla y por primera y única vez mira para otro lado para retornar al diálogo con los ojos vidriosos).

–¿Qué piensa del triunfo y del fracaso?

–El triunfo es la respuesta a lo que tú haces; es agradable. Y el fracaso tiene que existir para aprender de él.

–¿Cómo ha vivido sus éxitos y sus fracasos?

–(Curro se pone serio. Me mira con intensidad). Siempre ha sido igual. A mí siempre me ha gustado la soledad. Yo he rumiado y he crecido en la soledad. Cuando estaba bien, no quería aduladores. Y cuando estaba mal no quería penas. En mis tardes negras quería reconstruirme solo. Curarme solo. A mí me entran sudores el abrirme. No me acostumbraré en la vida. La soledad es buena para muchísimas cosas. Para mí es la terapia más grande. A la fuerza debe ser lo más triste. Yo, en tardes bonitas, bonitas, he querido desaparecer, hacerme invisible.

–Y en los momentos duros, de reflexión, ¿pensaba en que se enfrentaba a la muerte?

–Ufff, la muerte, qué fea es. Hay que olvidarla. Qué duro es eso de si voy a volver o no a mi casa.

–Con el éxito había veces que desaparecía del mapa durante días, como hacían los toreros antaño...

–Bueno, me metía en una venta o en un tablao con Camarón, con Caracol, con unos flamencos. Nos tirábamos un día y al día siguiente. Se cantaba, se bailaba. Lo festejaban. Pero no hablábamos de toros. Llegaba Camarón, me miraba, se reía y yo sabía lo que me quería decir. Era una cosa misteriosa. No hablábamos de la faena; nada. Y todo aquello con una armonía extraordinaria. Nada de borracheras. Querías emborracharte y no podías de lo a gusto que estabas. 

–Dicen que usted canta muy bien...

–Canto grasioso. Una vez uno insistió a Caracol. Y le decía: "Manolo, no sabes lo bien que canta Curro". Y yo me quería morir. Y le decía: "¡Cállate!". Y le insistió tanto a Caracol, que me dijo: "Venga, canta un fandango". Escuchó con atención. Con uno no se hizo a la idea. Venga, otro. Y al cantar el segundo fandango, dijo Caracol: "¡Tú, a torear!".

–Su relación con Camarón fue algo especial. 

–La persona más buena que he conocido. Era un genio. Conocía todos los cantes. Era un músico. Con una voz tan dulce. No quería que lo conocieran. Siempre estaba escondido. Lo pasaba muy mal. Era muy tímido, muy inteligente y con mucho miedo a la popularidad.

–En una ocasión se fundieron en un espectáculo en Badajoz.

–Sí. Pero aquello no resultó. Porque el toreo siempre queda por encima. El toreo es algo muy fuerte.

–¿Y ha tenido alguna otra tentativa de unir el toreo con la música?

–Una vez me habló Monserrat Caballé y me dijo que estaba muy interesada en hacer una cosa en conjunto. Que podía salir una cosa bonita. Pero yo no lo veo. Ha sido con el flamenco, que es lo que más me gusta y no cuajó, figúrate con la ópera, que es algo precioso, pero que no entiendo. No me inspiraría lo suficiente.

–Por cierto, de los famosos, ¿quién ha sido su debilidad?

–Orson Welles. Fue recíproca. Cuando estaba en Europa, de pronto venía a verme a una plaza. Acudía desde Inglaterra o desde donde fuera. Era un tipo muy cariñoso, como un niño chico. Antes de que fuera a torear, él subía a la habitación. Se sentaba en una punta de la cama y como era un gigante, yo saltaba por el otro lado.

–¿Y hablaban de toros?, ¿de arte?

–No. Él era partidario mío. Se quedaba calladito y luego se marchaba sin más. Le dijo a otro norteamericano que tenía que venir a verme. Ese hombre me siguió por varias plazas un año y no debía haber suerte. El caso es que cuando hablaban, Orson le decía siempre: "Ten paciencia, ya llegará la faena y merecerá la pena". Era un gran artista en toda la dimensión de la palabra.

–¿Cuántas veces ha vivido faenas mágicas? 

–Habrá sido en una docena de ocasiones. Jerez, Málaga, en Sevilla en dos o tres ocasiones, Madrid, Cáceres, San Sebastián, en tu pueblo, Villacarrillo, y en Campo Pequeño, Lisboa. Allí, como premio, por cada oreja das una vuelta al ruedo. Pues me hicieron dar hasta cinco vueltas... que yo ya estaba cansao, estaba mareao. Y eso que no habían picado al toro, porque allí, como sabes, no se pica. Y luego me llevaron a hombros al hotel a dos kilómetros. Y pasado el tiempo apareció un banderillero en la habitación y me dijo que tenía que salir al balcón, que la plaza donde estaba el hotel estaba llena. Aquello fue tremendo.

–Y en esas faenas, ¿qué sintió? 

–(Curro mira al vacío y arrastra con lentitud las frases). En esas ocasiones, me transportaba de una manera increíble. No me pesaba el cuerpo. Era como si flotase. El cuerpo se me erizaba, se me ponían los pelos de punta. No sé. Algo extraño. Todo en erupción. Algunos banderilleros me decían que cuando llegaba a las tablas tenía la cara de una manera rara, especial. En el ruedo yo perdía el oído. De repente, dejaba de escuchar a la gente. Y cuando terminaba la faena, bumm, el ruido. (Sale del ensimismamiento y me mira con fijeza a los ojos, que le brillan de manera especial). Esos momentos han sido magníficos.

–También era mágico su toreo a la verónica. Su capote, el capotillo de Curro, ¿qué historia tiene?

–Yo me sentía más con el capote que con la muleta. Desde el principio me gustó que el capote fuera pequeño, para torear al toro con la pancita del capote y así gustarme más. (Con las dos manos dibuja una verónica en el aire) ...El primer capote lo compramos entre tres a un banderillero. Estaba pasaíto y era de seda natural. Toreábamos día y noche de salón... ¡Una afición!

–Para alcanzar ese grado de perfección, ¿qué precio ha tenido que pagar?

–Sufrir mucho. Yo tengo un sufrimiento que está ahí, escondido. Lo que pasa es que una tarde de esas que llamamos geniales yo nacía. Y me refugiaba en ellas para darme moral a mí mismo, para decirme "lo he hecho otra vez". Cuando me refugiaba así no lo hacía por cobardía, sino para buscar la felicidad yo solo. Para curarme yo solo.

–¿Cómo era ese proceso?

–Con capacidad de olvido de las tardes malas. Si te obsesionas con lo malo no sale nada bien. La cabeza es muy peligrosa.

–¿Eso lo puede vivir otro artista que no sea torero?

–No sé. Lo que sí sé es que hay algunos artistas que nacen con estrella. No te digo que sean estrellas; sino que nacen con estrella y pueden alcanzar ese tipo de cosas.

–¿Ha sentido algo parecido con otros artistas?

–A mí me han entrado escalofríos con cantaores flamencos. Una excitación y al mismo tiempo reírme. Pero no es lo mismo. La exposición en el toro es otra cosa. 

–¿Para usted, el toreo, como me decía hace poco Albert Boadella, es el arte por excelencia? 

–A mí me gusta mucho el flamenco y siento excitación cuando lo escucho a uno de los grandes. Pero es que en el toreo un hombre, elegido de Dios, llega y jugándose la vida transforma el dramatismo en un juego sedoso, en el que se acaricia. Y si eso lo siente el público así... eso es muy grande. Cuando un aficionado me dice que se acuerda de una faena que hice hace muchos años me admira. Y es que se queda en la retina. La faena desaparece, pero se queda ahí. Fíjate qué grandeza. ¡Que siempre está presente!

–¿Ha pensado en alguna ocasión en el público como "la auténtica fiera, la única", como lo definió Blasco Ibáñez en Sangre y arena?

–No. Sí que he visto que hay público muy ignorante. Fíjate, aquí en Andalucía no me ha pasado eso. Será por el clima, porque la gente es muy sufrida o porque Andalucía ha dado muchos toreros, por cierto, muy buenos, el caso es que aquí abajo he vivido menos esa ignorancia. Yo creo que las plazas que más gritan son las que menos saben.

–¿Qué han supuesto para usted las plazas de Sevilla y Madrid?

–Sevilla es la sabiduría, el sentimiento y la que me parió como torero. Me dio el pasaporte para viajar. Madrid, en los años 60 era una afición más exigente que la de Sevilla en el sentido de que cuando surgía un torero tocado con la varita se volvían loquitos, como sucedió conmigo, la verdad. Un amigo mío me decía: "Curro, a ti te riñen por lo que dejan de ver". Pobrecito de aquel al que no le exigen algo, será porque no hay nada que ver.

–Y de los toreros, ¿con quién se motivaba más?

–Mi competencia he sido yo mismo. 

–De la última época tengo entendido que le gustaba mucho el toreo de José Tomás?

–Sí. Muchísimo. Muchísimo. Además es un encanto de persona. Escucha. Tiene respeto. Es modesto. Tanto como persona como torero es coherente. 

–¿Está siguiendo a algún torero esta temporada?

–Sí. A Cayetano. Es un torero nuevo, pero que tiene en los genes mucho de su abuelo –Antonio Ordóñez–. Es al torero al que más se le parece.

–¿Y puede dar algún consejo para ese chaval que sueña ahora con ser torero, como hizo en su día Curro Romero cuando pisó la Pañoleta?

–Que haga lo que haga tiene que ser siempre él mismo. Que jamás debe traicionarse. Esto que digo que parece muy simple es muy difícil de cumplir.

Han pasado varias horas. Todo ha transcurrido con una placidez infinita, como el temple de su toreo. Curro, con su mirada limpia, me ha contado, nos ha contado, que en el otoño de su vida sus recuerdos del toreo son primavera que no le abandonan. Y le pido el último secreto. El anhelo de sus fieles. Le digo: 

–¿Curro, vuelves? 

Y contesta: 

–Eso, como cuando me marché, nadie lo sabe. 



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Desplante de Sebastián Santos.

El diestro Camas obtuvo el 22 de noviembre de 2001 el Premio Andaluz Gitano 2001. El maestro recibió este galardón pues su "estética supone la aleación preciosa e ilustre de una serie de caracteres propios de los andaluces gitanos y no gitanos. De ahí la pureza, la verdad y la belleza de su arte de torear".

Curro Romero
Nació en Camas (Sevilla) el 1 de diciembre de 1935. Su primer novillo lo toreó en la Pañoleta y tomó la alternativa en Valencia. "Lunito" se llamó el toro en Madrid... !!Ahora, a la venta, su primer DVD!!
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Diario de Sevilla, 29/04/2005. Curro Romero es multado con 12.000 euros por irse de la plaza 

El diestro Curro Romero ha sido condenado a pagar una multa de 12.020,24 euros por infracción grave a la normativa de espectáculos taurinos, después de que en 1999 abandonara la Real Maestranza de Caballería antes del inicio de la corrida de la Cruz Roja, sin solicitar la debida autorización al presidente del festejo.

Los hechos que han motivado la sanción al Faraón de Camas se remontan a la tarde del 12 de octubre de 1999 cuando debía compartir el paseíllo con los toreros Emilio Muñoz y Rivera Ordóñez, en la última corrida de toros de la temporada en el coso del Baratillo.

Durante la noche anterior y las horas previas al festejo había estado lloviendo incesantemente en Sevilla y en la Real Maestranza no se había colocado ninguna lona o sistema de protección del albero. Curro Romero llegó a la plaza, pisó el albero, miró al cielo y se marchó apresuradamente, sin consultar con la autoridad competente, como recuerda la crónica publicada por Diario de Sevilla al día siguiente. Su acción fue sancionada por la Consejería de Gobernación de la Junta como una infracción grave a la ley 10/1991, sobre potestades administrativas en materia de espectáculos taurinos, y se impuso al diestro la mencionada multa por estimar que el diestro no podía marcharse de la Maestranza sin autorización del presidente del festejo.

Curro Romero recurrió la multa ante la Sala de lo Contencioso-administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), que ha confirmado ahora que la sanción es ajustada a derecho, a pesar de que el diestro tuviera razón y la corrida de la Cruz Roja quedara finalmente suspendida como consecuencia del mal tiempo. El matador de toros había alegado que ejerció su derecho a no torear, amparado en el artículo 85 del Reglamento taurino, por cuando su negativa a participar en el festejo estaba más que justificada por el estado impracticable del ruedo. "Si bien ello es cierto, no deben olvidarse que las potestades que corresponden a la Administración Pública en la preparación y celebración de los festejos taurinos están justificadas en virtud de la necesidad de garantizar los derechos e intereses del público que asiste a ellos", recuerda la sentencia de la Sección Primera del Alto Tribunal andaluz, que precisa que sólo corresponde al presidente de la corrida "y no a los lidiadores la decisión de suspender el festejo" en supuestos excepcionales como los derivados de las condiciones climatológicas desfavorables.

El tribunal añade que la "decisión unilateral" del diestro de ausentarse de la plaza sin autorización del presidente supone una conducta antirreglamentaria porque, "aunque efectivamente el torero asistió a la plaza y la corrida no llegó a comenzar, no podía abandonar la misma sin autorización o permiso, y aunque efectivamente como más tarde demostraron los hechos estaba justificada su decisión de no torear, debió esperar la resolución del presidente y, en todo caso, solicitar y obtener autorización para abandonar la plaza como exige el reglamento".

En un primer momento y a pesar de la marcha del Faraón, la corrida no iba a ser suspendida, por lo que se llegó incluso a anunciar en una pizarra que, ante la retirada de Romero, "la corrida queda en un mano a mano" entre los otros dos lidiadores. Sin embargo, tras consultar con los otros dos espadas –como establece el artículo 85 del Reglamento taurino–, la autoridad decidió suspender finalmente el festejo, lo que posibilitaba que el público recuperara el dinero que habían pagado por sus localidades. La crónica de aquel día recuerda que en la cola de público ante las taquillas de la plaza para recuperar el dinero se escucharon algunos gritos del siguiente tenor: "Dejadlo, que este dinero es para la pensión de mi Curro". 


PortalTaurino. Sábado, 5 de enero´2002. Nuevos actos vandálicos contra el monumento de Curro Romero

El monumento de Curro Romero en Sevilla ha sido objeto de un nuevo acto vandálico, ya que le han arrojado un cubo de pintura de color blanco por encima. En las próximas horas técnicos del Ayuntamiento hispalense procederán a la reparación de los desperfectos producidos en la obra de Sebastián Santos..


PortalTaurino. RFL. Lunes, 3 de diciembre. Actos vandálicos contra el monumento de Curro Romero

El monumento de Curro Romero, inaugurado el sábado 1 de diciembre junto a la plaza de la Real Maestranza de Sevilla, ha sido objeto de un acto vandálico la pasada madrugada y ha aparecido esta mañana con una pintada en la que se puede leer la palabra "asesino".

Los agresores han dejado este rótulo con pintura en la base metálica del monumento, donde originalmente se leía la frase "Sevilla a Curro Romero". 

Por otra parte, esta mañana el Pleno del Ayuntamiento ha aprobado que la placita situada entre las calles Antonia Díaz y el Paseo de Colón, donde se ubica desde el sábado el monumento, reciba el nombre de Glorieta de Curro Romero.


PortalTaurino. Miércoles, 31 de octubre´2001.El Monumento de Curro Romero se inaugurará el 1 de diciembre

La Comisión encargada de levantar un monumento a Curro Romero en Sevilla tras una reunión en la Confederación de Empresarios de Andalucía, ha decidido que la escultura se inaugure el próximo 1 de diciembre, con motivo del cumpleaños del maestro.

La escultura del torero irá emplazada muy cerca de La Maestranza, en los jardines que hay de la calle Antonia Díaz y el Paseo de Colón.


PortalTaurino. Jueves, 25 de octubre´2001. Curro Romero cuenta con sello propio

Correos y Telégrafos ha presentado 1,2 millones de sellos con la imagen del diestro Curro Romero, con un valor postal de 1,56 euros (260 pesetas), en el Real Alcázar de Sevilla, bajo la presidencia del ministro de Fomento, Francisco Alvarez Cascos, acompañado del alcalde hispalense, Alfredo Sánchez Monteseirín, y con la asistencia del propio torero.

La sociedad estatal pretende así iniciar la serie Toros, con un reconocimiento al Faraón de Camas, “por la personalidad demostrada por el diestro dentro y fuera del ruedo” después de que el 22 de octubre de 2000 anunciara se retirara en la plaza sevillana de La Algaba.

El papel utilizado para este sello es estucado, engomado y fosforescente, con una estampación de huecograbado y un tamaño de 28,8x40,9 mm. (vertical) cada sello y de 105x78 mm. (horizontal) la hoja-bloque.

Inicialmente, estaba previsto que la presentación se celebrara en la plaza de toros de la Maestranza en el transcurso de la Feria de San Miguel, aunque finalmente se optó por el Real Alcázar.


ABC. Sábado, 7 de abril. ZABALA DE LA SERNA. Curro Romero: «No sé lo que haré el Domingo de Resurrección»

«No sé lo que haré el Domingo de Resurrección», declaraba Curro Romero a ABC en un tono nostálgico y añorante. Le preguntamos si acudirá a los tendidos de la Maestranza, y rápidamente contesta que no. «Otros años, desde febrero, ya estaba preparándome en el campo. Ahora estoy muy tranquilo, aunque es muy difícil olvidar tanto tiempo y tantos Domingos de Resurrección. Pero algún día tenía que llegar», concluye el Faraón sin perder la mirada verde y melancólica.

Ayer, en Madrid, la Escuela de Tauromaquia de la capital, y en su nombre su presidente, José María Álvarez del Manzano, rindió tributo al maestro de Camas durante el acto oficial de apertura del curso 2001. Juan Antonio Gómez-Angulo, secretario de Estado para el Deporte, ofreció el homenaje y justificó su presencia en una gran afición y «en una profunda admiración hacia Curro Romero». Gómez-Angulo disertó con brillantez sobre la figura de Romero, «un torero de leyenda, un mito vivo. Con sus luces y sus sombras —dijo—, es de una proyección inabarcable». Y continuó haciendo un repaso de la trayectoria del homenajeado, con especial detenimiento en las grandes fechas que Gómez-Angulo recordaba con nitidez por haber sido testigo directo. Habló también de la magia, del duende, del empaque de «un torero que todo lo ha hecho despacio», para concluir con una solicitud dirigida al alcalde: que Curro Romero reciba la Medalla de Oro de la ciudad de Madrid.

Álvarez del Manzano, por su parte, agradeció a Curro Romero los grandes momentos que ha creado e hizo una loa del trabajo realizado por la Escuela de Tauromaquia. A continuación, entregó «mano a mano» con Curro los diplomas que acreditan a los alumnos más destacados del pasado curso.

En la mesa presidencial se encontraban Simón Viñals, Gregorio Sánchez, Rafael Campos de España, José Pedro Gómez Ballesteros, Joaquín García Pontes y Adriano García Loygorri. Como si se tratara del Domingo de Resurrección, Curro puso un nuevo «no hay billetes».


PortalTaurino. Viernes, 16 de febrero´2001. Curro Romero acepta ser propuesto candidato al Príncipe de Asturias de las artes

Según recoge José Luis Montoya en el diario ABC, el presidente del Centro Asturiano de Sevilla, Joaquín Álvarez, se ha reunido recientemente con el torero Curro Romero para proponerle que acepte la candidatura del faraón como premio Príncipe de Asturias de las Artes que esta agrupación va a elevar a la Fundación Principado de Asturias. Pese a la reticencia del diestro, finalmente ha aceptado pues lo considera un hecho beneficioso para la Fiesta. De este modo se está preparando el currículum del diestro, que junto a la propuesta, deberán ser presentados a la Fundación antes del 19 de marzo, fecha límite para la entrega de documentación de los optantes a los galardones de la vigésima edición de los premios.


PortalTaurino. Jueves, 15 de febrero´2001. RFL. Movimiento popular para que Curro Romero opte a los premios Príncipe de Asturias

Según ha informado la Radio Televisión Andaluza, seguidores del "faraón de Camas" están promoviendo la posibilidad de que el diestro retirado opte a los Premios Príncipe de Asturias. De llevarse a efecto, este premio supondría un reconocimiento tanto al matador como al mundo del toreo en general. Ya en su día, el torero recibió la Medalla de las Bellas Artes.


El País, JOAQUÍN VIDAL. Edición del lunes, 22 de marzo´99. Curro, el mito vivo

El jueves día 18 de marzo se conmemoraba el 40º aniversario de la alternativa de Curro Romero; Faraón de Camas en la liturgia taurina, Francisco Romero López en el Registro Civil. Tiene 65 años, cumplidos el pasado 1 de diciembre.  

Curro Romero celebró la efemérides toreando en Valencia, plaza donde había recibido el doctorado, y la magnificó desplegando una muestra selecta de su arte excelso, premiada con una or ja que le supo a gloria y será histórica. También le supieron a gl ria el arte y la oreja a la afición, pues tiene puestas en Curro Romero todas sus complacencias.

El afecto de la afición hacia Curro no es caprichoso. El toreo, y el arte interpretativo de este singular ejercicio, han dado muchas vueltas, hasta llegar a desnaturalizarse, y ahora quedan muy escasas referencias prácticas del fundamento del arte de torear. Una de ellas es Curro.

El Faraón de Camas, ídolo del Baratillo, capricho de la naturaleza, ha mantenido durante 40 años su fidelidad absoluta al arte puro del toreo, a despecho de modas, de fracasos e incluso riesgos que numerosas veces se tradujeron en cornadas.

No podría hacerse una semblanza de Curro Romero -ni de nadie en la fiesta- sin tener en cuenta lo que es el arte de torea  según lo concibieron y asentaron en cánones los padres de la tauromaquia. Las reglas del arte están encaminadas a dominar a  toro, con garantías de seguridad para el torero pero sin que le sirvan de ventaja, pues ha de dar al toro su sitio y su opción. Lo cual requiere plantear el cite "dejándose ver", "ofrecer el medio pecho" -es decir, el torero de frente-, presentar el engaño  cargar la suerte cuando el toro entra en jurisdicción, templar su embestida llevándolo humillado y rematar el lance donde proceda para ligar el siguiente sin solución de continuidad.

Se tarda más en decirlo que en hacerlo, por supuesto, pero el toro tarda también menos en alcanzar al torero y pegarle la cornada. El propio Curro es prueba del riesgo que se corre toreando según los cánones porque ha sido uno de los diestros de la última mitad de siglo que ha sufrido más graves percances.

Cuando el torero carga la suerte o liga el pase según las reglas de arte está incrementando el peligro consustancial a cualquier modo de torear, y no todos se atreven. Ése es el secreto de Curro.

Torero de pellizco -que dicen los sevillanos-, de duendes y de aromas, el secreto de su fama es precisamente la pureza de su toreo. Curro Romero es un torero incapaz de torear mal. Podrá inhibirse -lo que sucede con frecuencia- pero si arrostra la tarea no traicionará jamás su fidelidad al arte de torear.

Nunca lo hizo en sus 40 años de matador de toros. Nunca se avino a fingir excentricidades para encandilar a la galería. Nunca tuvo la menor intención de imitar a aquellos de sus compañeros que hacían tremendismo y ganaban fama con esos triunfos que les elevaban a la categoría de figuras.

Por la época de su alternativa ya andaban de vuelta Litri y el espectacular litrazo; vinieron después y tuvieron gran auge nuevos tremendistas como Chicuelo II -muerto en un accidente de aviación-, Chamaco y sobre todo El Cordobés, que
mandó durante una década.

Ninguno de estos ejemplos asumió Curro Romero, aunque lo tenía fácil, y es cierto que tampoco le hubiese merecido la pena, pues lo último que hubiesen querido ver los aficionados a los toros es un Curro Romero haciendo el saltimbanqui.

Los verdaderos rivales artísticos de Curro Romero eran otros que también tenían consolidada su fama en la escrupulosa interpretación del arte de torear: Antonio Bienvenida, Julio Aparicio, Rafael Ortega, Antonio Ordóñez y, pasados muchos años, Rafael de Paula. Pocos más cabrían en esta baraja sublime, que pasa por ser pusilánime y sin embargo es admirable y hasta heroica.

Las modas del toreo puede que fueran reflejo de las múltiples e inciertas tendencias sociales. Así, El Cordobés -llamado El Melenas- asimiló la imagen de los Beatles y su hegemonía habría sido imposible sin la llegada masiva de turistas en la década de los años sesenta.

Es curioso que Curro Romeo tomara la alternativa precisamente el año en que se aprobó el Plan de Estabilización. Nada tiene que ver una cosa con otra, pero es lo cierto que ese ajuste de la economía, seguido después por el Plan de Desarrollo y lo que se llamó "el boom turístico", configuraron un estilo de vida en el que la fiesta de los toros tenía poco encaje.

Abandonada a su suerte por los poderes públicos, sin el necesario control de autenticidad, arrinconada y casi expulsada de los cosos la afición rigurosa, relevado el público por aquellas masas de turistas que dejaban su buen dinero en taquilla pero que no entendían absolutamente nada, entró el fraude en la fiesta de la mano de la corrupción y marcó su evolución -quizá será más exacto decir su decadencia- un juego de intereses en cuya cúspide estaban un reducido grupo de empresarios y la fuerza de El Cordobés.

Los toreros de arte tenían poco que decir en el pingüe negocio. Sin embargo, Curro Romero, con algunos componentes de la baraja de toreros selectos, consiguieron con su fidelidad a la tauromaquia que el arte de torear no se fuera al traste.

La década de los años sesenta estuvo marcada por la modernidad. La lucha de clases, tomada por antigualla, pasó al olvido, y se sustituyó por un consumismo revolucionario con el que buena parte de la juventud se sentía harto realizada. Chubby Checke   inventó el twist, Elvis Preisley entronizó el rock, Los Bravos batieron marcas de ventas con el Black is black, para los meno  radicales El Dúo Dinámico cantaba bonitas baladas, y éstos eran signos de cambio hacia una sociedad más moderna y liberada. O eso creían.

La propia sociedad civil cifraba sus ideales no se sabía dónde y poseía una aleatoria escala de valores difícil de definir. La televisión empezaba a entrar masivamente en los hogares y era allí donde las familias recibían la doctrina y unificaban sus opiniones. El año 1969 hubo acontecimientos de enorme importancia y proyección: Neil Amstrong y los restantes astronauta  del Apolo XI pisaron por primera vez la Luna, Juan Carlos de Borbón fue designado Príncipe y heredero a título de Rey, s  reconoció a Marruecos sus derechos sobre Ifni, entre otros muchos sucesos trascendentes. Llegadas las Navidades, la televisión hizo una de esas encuestas de calle típica de las fechas, y a la pregunta de cuál había sido la noticia más importante del año la mayoría contestó: "La fractura de clavícula de El Cordobés".

Efectivamente, aquel año El Cordobés se había lesionado, y la televisión, que no disimulaba su cordobesismo y retransmitía las actuaciones del fenómeno cada vez que se anunciaban movimientos de protesta contra el régimen de Franco para silenciarlos, había dado al percance más relevancia que nada en el mundo.

Curro Romero, que tuvo actuaciones sensacionales durante la década de los sesenta, con salidas por la puerta grande en Madrid y Sevilla, sufrió cornadas muy graves, tres de ellas en la temporada de 1962. A finales de ese año se casó con Conch  Márquez Piquer, hija de la tonadillera doña Concha Piquer y del matador de toros retirado Antonio Márquez, y acudió numeroso público a verles salir de la madrileña iglesia de los Jerónimos, donde se celebró la ceremonia nupcial.

Sucede esto hoy, por supuesto con otro torero, y lo televisan en directo. Pero Curro Romero siempre fue muy celoso custodio de su vida privada, contrario a este tipo de popularidad. Torea y ya no se le vuelve a ver en mentidero ni local alguno, salvo que haya cante jondo.

Ya en la década de los años setenta se aseguraba que Curro Romero tenía decidido retirarse definitivamente. La especie se difundía cuando terminaban sus actuaciones con bronca -es decir, casi siempre- y se acallaba las tardes memorables. Desd  entonces acá ha venido siendo así y han pasado casi 30 años. Desde entonces acá Curro Romero se ha convertido en un torero para la leyenda que bate marcas: ninguno en toda la historia de la fiesta ha estado en activo tantos años: 40 de alternativ  más los seis que anduvo de novillero; ninguno ha toreado a esa edad madura de los 65 años. Y lo que te rondaré, pues parece ser propósito de Curro seguir dando guerra en el tercer milenio.

Curro Romero es el diestro que más veces ha salido a hombros por la sevillana puerta del Príncipe, y casi alcanza la misma marca con la puerta grande de Las Ventas. Lo que no impidió que otras tardes aciagas le echaran toros al corral; que algún presidente le hiciera comparecer en la comisaría de policía después de la corrida sin darle tiempo siquiera a quitarse el traje de luces; que hubiera de salir de la plaza escoltado por los antidisturbios para que no fuera pasto de las iras del público y de un aluvión de almohadillas.

Los antidisturbios forman parte consustancial del mito de Curro Romero, aunque algo debe de haber entre ellos. El periodista  Luis Nieto cuenta que una tarde, en el patio de caballos de la madrileña plaza de Las Ventas, vio cómo los antidisturbios se abalanzaban a donde estaba Curro Romero, ya a punto de liarse el capote, y le rodeaban. Se acercó para averiguar qué sucedía y se encontró con que todos ellos le estaban pidiendo un autógrafo.


El País, JOAQUÍN VIDAL. Edición del 19 de marzo´99. 40 años después

Cuando Curro Romero tomó los trastos para lidiar el toro al que acabaría cortando la oreja, se cumplía el 40º aniversario de su alternativa. Que fue, tal día como ayer, precisamente en la plaza de Valencia, dentro de las corridas falleras (crónica de la corrida de ayer). Aquel 18 de marzo de 1959 Espartaco y Manuel Caballero, con quienes alternaba ayer, ni siquiera habían nacido. Y cuando abrazaron la  profesión taurina, Curro Romero ya era una gloria del toreo.

Una gloria especial, y exclusiva, pues en toda la historia de la fiesta no hubo nunca diestro que permaneciera de matador 40 años; ni nadie habría podido imaginar, en los cerca de tres siglos de existencia de la tauromaquia, que alguien fuera capaz de seguir en activo con 65 años, que es la edad recién cumplida de Curro Romero.

Gregorio Sánchez fue su padrino de alternativa; Jaime Ostos, el otro espada de la terna, y lidiaron toros del conde de la Corte. Se abría entonces para el toricantano un largo camino que estuvo marcado por las actuaciones sublimes, por los fracasos estruendosos y también por las cornadas, algunas de mucha gravedad. Y ahí sigue, aún, con las ilusiones del primer día, rejuvenecido y capaz de conmemorar con una oreja el aniversario de su alternativa.


Sentencia Judicial:
EL CURRISMO, UNA FORMA DE ENTENDER LA VIDA.-

Viernes, 12 de febreo´99. Diarios ABC y El País
Sábado, 13 de febrero´99. El Mundo, El Correo de Andalucía.
"Ser Currista es un sentimiento altruista, una forma de entender la vida". Este es el argumento de una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, en una resolución que desetima las pretensiones de una empresa frente a un trabajador cuyo despido por defender a Curro Romero había sido declarado improcedente.

El trabajador le replicó a un cliente de la empresa, que hizo un comentario acerca de las pocas corridas que el torero de Camas tenía previsto lidiar en esta temporada, diciendole que "quien tuviera cojones, le dijera eso en su cara". La discusión fue "chivateada" por un vigilante de la empresa que, al tener conocimiento de ello, decidió echar al trabajador currista.

El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía considera improcedente el despido, y además argumenta en su resolución que el currismo "es un sentimiento altruista, arraigado y profundo como el que más, creador de una ilusión permanente, de una esperanza incondicional y de una forma de entender la vida".

Según informa El Mundo , Curro Romero piensa invitar a comer con él al protagonista de la noticia, al que no conoce sino de lejos, y de quien ha dicho que "gracias a gente como esta es por lo que aún puedo torear".

El Correo de Andalucía, por su parte, publica que el magistrado Santiago Romero, ponente de la sentencia, resta trascendencia al caso. Ha dicho que un criterio similar ha sido recogido en muchas otras sentencias, y ha aclarado que su actitud se basa en el hecho de que el incidente se dio entre clientes amigos y conocidos de los trabajadores, que acudieron al enjuiciado para meterse con él porque sabían que podía responder coléricamente en defensa del diestro". Opiniones

"Curro Romero, eximente" (artículo de Antonio Burgos)


EL CURRISMO, UNA FORMA DE ENTENDER LA VIDA.- Opiniones recogidas

  • !Que sabia y que justa! es la justicia Andaluza. Echar a un hombre de su trabajo por ser currista (estado superior de la afición), sería como echarlo por ser cristiano, o por ser budista.  !Que sentencia! más hermosa y qué forma más verídica y poética de definir el currismo.  !Que sincero aficionado! debe ser el trabajador reivindicado.  Jorge Arturo Díaz Reyes (Cali - Colombia)
  • Esto que tiene Curro no lo tiene actualmente ningun torero, a pesar de sus multiples defectos Curro es UNICO. Jaime Dorich (Perú).
  • Debo discrepar de las opiniones sobre este asunto.  El trabajador no tenía por qué expresar esas opiniones, por muy currista que fuere, sabiendo que podía causar perjuicio a la empresa. Si el hecho hubiera sido por defender a un equipo de fútbol, la caza o la desaparición de las centrales nucleares ¿la sentencia hubiera sido la misma? Llevándolo a un caso extremo, si la discusión hubiese tenido lugar porque el trabajador expresara que no soporta a los negros (por ejemplo) ¿que hubiera pasado? El racismo, al fin y al cabo, también es "una forma de entender la vida" (ciertamente equivocada, pero lo es).  El juez, por otra parte, si es currista y dictó su sentencia con ese influjo perdió la principal facultad que debe tener  quien administra justicia: la imparcialidad. En esta ocasión la Ley se destapó la venda que le cubre los ojos. Por otra parte, ¿saben por qué la sentencia es del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía? Porque antes hubo otro juez de la Sala de lo Social que entendió el despido como procedente y el trabajador tuvo que recurrir a la instancia superior. Juan E. Domínguez

Carlos Crivell. Abril del 2000. Aficionados de Sevilla promueven un monumento a Curro Romero

Un grupo de aficionados de Sevilla (Esp.) se reunió el lunes para promover la instalación de un monumento al matador de toros Curro Romero. Este grupo, formado por más de veinte personas, acordó dirigirse al Ayuntamiento de Sevilla y a la Real Maestranza para solicitar su aprobación del proyecto.

La larga trayectoria del torero de Camas en Sevilla, sus triunfos sonados y su permanencia en los carteles de la Feria de Abril, se han considerado "excepcionales" por este grupo, "lo que exige que el monumento a Curro sea tambien algo excepcional".

Bajo la coordinación de Rafael Alvarez Colunga, presidente de la CEA, se reunieron Alfredo Flores, José Luis Montoya, Manuel Ramírez, Antonio Burgos, Luis García Caviedes, Luis Carlos Peris, Antonio Sivianes, Carlos Crivell, Gabriel Rojas, Amparo Rubiales, Ramón Valencia, Eduardo Canorea, Ramón Vila, Antonio Lorca, Santiago Sánchez Tráver, Santiago Herrero y Rosa Escobar.

Entre los acuerdos adoptados, se pedirá a la Real Maestranza que coloque, si es posible antes de la Feria de Abril, un azulejo en la plaza de toros en recuerdo del fallecido empresario Diodoro Canorea.

Sobre la ubicación del monumento a Curro, este grupo promotor ha considerado que "los jardines que están en la esquina del Paseo de Colón con Antonia Díaz, donde estuvo la clínica del doctor Alemán, es el sitio idóneo".

Están previstos los aspectos económicos y se consideró "fundamental" que la obra sea el fiel reflejo de una actitud clásica de Curro Romero, pero que además el torero sea fácilmente reconocible por todos. También se propondrá que el nombre de Curro sirva para crear una beca universitaria para que la Fundación Tagore la utilice para que jóvenes gitanos puedan estudiar en la Universidad.

 

Curro Romero
Nació en Camas (Sevilla) el 1 de diciembre de 1935. Su primer novillo lo toreó en la Pañoleta y tomó la alternativa en Valencia. "Lunito" se llamó el toro en Madrid... !!Ahora, a la venta, su primer DVD!!
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Curro Romero tiene sello propio

 

Curro Romero. Ficha técnica del torero

 

 
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