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ANTONIO MEJÍAS, BIENVENIDA
Octubre de 2000: Veinticinco aniversario de
la muerte del maestro
Curiosidades
del diestro
Caracas, el 25 de junio de 1922. De pequeño viene a Sevilla, de donde procede
la familia. Después se traslada a Madrid.
Debut en público: 1936
Temporada 1941: el 18 de junio obtiene un resonante triunfo en Las
Ventas, alternando con Joselito de la Cal y Rafael Ortega.
Alternativa: el 5 de abril de 1942 en Las Ventas. Padrino: Pepe
Bienvenida.
Temporada 1942: el 26 de julio recibe una cornada en el vientre,
cuando lidiaba en la Monumental de Barcelona. Lo manteniene más de dos meses fuera de los
ruedos.
Temporada 1944: marcha a México, tras acabar la temporada española.
Temporada 1958: resultó cogido en Las Ventas el 17 de mayo, de
pronóstico muy grave.
Temporada 1966: se retira de los ruedos, despidiéndose en Las Ventas,
el 16 de octubre. Le corta la coleta su hermano Pepe, en presencia de su hermano Angel
Luis. Sigue actuando en festivales.
Temporada 1971: reaparece en Las Ventas, el 18 de mayo, para confirmar
la alternativa del mexicano Curro Rivera.
Temporada 1974: se retira definitivamente de los ruedos el 5 de
octubre, en la madrileña plaza de Vista Alegre, aunque siguió actuiando en tentaderos y
festivales.
Temporada 1975: el dia 4 de octubre, tentando unas vaquillas en la
finca escurialense de Amelia Pérez Tabernero, una vaquilla le voltea aparatosamente,
produciéndole gravísimas lesiones de vértebras, a consecuencia de las cuales muere en
Madrid tres días después.
Otros datos: Miembros de la dinastía de los Bienvenida, hijo de Manuel Mejías Rapela, Bienvenida. En 1948 se casa en Madrid con
María Luisa Gutiérrez Balbi. En 1956 ingresa en la Orden Civil de Beneficencia por la
labor altruista que llevó a cabo mientras presidió el Montepío de Toreros. Miembro de
la hermandad de la Esperanza Macarena.
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4.
Antonio Bienvenida (DVD) + Fascículo
Antonio Mejías Jiménez nació en Caracas (Venezuela), el 25 de
junio de 1922. Hace el número siete de los diestros de igual apodo.
En 1936 empieza ... !!Ahora, a la venta, su primer DVD!!
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información |
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El Mundo. Sábado, 7 de
octubre´2000. Un enemigo de la fiesta
Mañana se hará el paseíllo en Las Ventas sin música, recordando a Antonio
Bienvenida. He aquí quien fue tildado de enemigo de la Fiesta e insolidario con
los colegas: Antonio Bienvenida; dos veces el santóleo, el cuerpo cosido a
cornadas. Y, al fin, el mayor sarcasmo que puede castigar a un torero tantas
veces enfrentado con toros magníficos: muerto por una vaquilla resabiada y
traidora.
En 1952, cuando el afeitado estaba en su apogeo, Antonio Bienvenida alzó voz
y muleta contra el fraude. Y se quedó más solo que la una. Al denunciar el
afeitado y negarse a torear reses manipuladas, dejó al descubierto los
fundamentos, circunstanciales por supuesto, de la tauromaquia de unos cuantos
fenómenos: el utrero abecerrado y, además, afeitado. Antonio Ordóñez fue el
adalid de la conjuración. Pero no estuvo solo. Al veto del torero de Ronda,
indiscutible mandamás del momento, se unieron Antoñete, Jumillano, Pedrés y
Rafael Ortega, quizás el más grande y puro del último medio siglo, aunque
siempre sin mando. Fueron los más significativos. Julio Aparicio, beligerante
al principio contra Bienvenida, rompió el veto apuntándose a un ruidoso mano a
mano con el vetado. Sólo la ayuda de Pérez Tabernero, que había aportado seis
toros una semana antes para una corrida en solitario de Antonio en Las Ventas,
ayudó a Bienvenida en esos difíciles momentos.
Los recelos contra Bienvenida nunca se disiparon. Y fue acusado de «enemigo
de la Fiesta». El afeitado no desapareció entonces, aunque alguna disposición
se reflejó en el Reglamento. Y ahí sigue. ¿Quién podría hoy emular el gesto
de Antonio Bienvenida? Los aficionados esperan y la gloria está al alcance de
la mano. ¡De frente, ar! A ver si surge otro «enemigo de la Fiesta».

El País. Sábado, 7 de octubre´2000. JOAQUÍN
VIDAL. La quintaesencia del toreo
Tal día como hoy, a primera hora de la tarde, moría en el hospital madrileño
de La Paz el maestro Antonio Bienvenida, artífice de la quintaesencia del
toreo, como consecuencia de una fractura de cervicales que dos días antes le
había ocasionado la vaquilla Conocida en la ganadería de Amelia Pérez
Tabernero. La res, a la que ya se había dado puerta y galopó al campo,
inexplicablemente volvió grupas, entró en la placita de tientas y cogió
desprevenido a Bienvenida, al que derrotó por la espalda y le dio una voltereta
tremenda. Las lesiones que se produjo al caer fueron irreversibles. El hermano
del diestro, Ángel Luis, que le acompañaba en el tentadero, lo trasladó a
Madrid y dispuso la asistencia sanitaria, que no tuvo resultado.
La noticia de la muerte produjo una enorme conmoción en todos los ámbitos
sociales e institucionales pero sobre todo entre las clases populares, para
quienes Antonio Bienvenida era uno de los grandes personajes de la época. Al día
siguiente, antes del entierro, ante una emocionada multitud que abarrotaba la
plaza de Las Ventas, se dio una vuelta al ruedo al féretro.
Antonio Bienvenida, hijo del mítico Papa Negro, era el tercero de una
gloriosa dinastía. Pero la historia dice sobre todo que fue la quintaesencia
del arte de torear.
Ya lo comentaba la afición coetánea: "El día que se retire vendrá la
decadencia de la fiesta". Y este augurio, cuya certeza ha demostrado el
tiempo, se fundamentaba en las características de Antonio Bienvenida que no tenían
parangón: vocación total, respeto litúrgico por la profesión, entereza
asombrosa para superar los infortunios que le acarreó, conocimiento enciclopédico
de las suertes de la tauromaquia, una técnica acendrada para ejecutarlas, una
insuperable pureza interpretativa.
Se ha comentado que Antonio Bienvenida era el torero de las sonrisas, y para
desmerecer su arte lo han venido propalando algunos taurinos. A "dos
trincherazos y tres sonrisas" pretendieron reducir los merecimientos de sus
memorables actuaciones. Y es una falacia probablemente fruto de la ignorancia
que sobre la fiesta tienen la mayoría de los modernos taurinos y sus pupilos.
Bienvenida sonreía al torear, cierto, lo cual mostraba fácil lo que estaba
realizando con el peligro que entraña ejecutar la versión más pura de cuantas
suertes conforman la tauromaquia.
Fue torero de tardes memorables y de fracasos sonados. A Antonio Bienvenida,
ni en Madrid -que era su plaza- se le perdonaba movimiento mal hecho. Las más
encendidas broncas se le han dedicado a este torero. Ahora bien, nunca por
torear mal, porque no sabía torear mal. Sus malas tardes contenían secuencias
de inefable torería. Se doblaba con el toro ganándole terreno mediante unos
muletazos que ponían al público en pie, remataba en los medios, y allí, ya
dominado el toro, montaba la espada y entraba a matar. Naturalmente trocando los
olés en furibundas protestas.
Las tardes en que salía decidido a triunfar alcanzaba lo sublime. El toreo
al natural nadie lo ha interpretado con mayor autenticidad. En la corrida del
Montepío del año 1955, una de las históricas de su intensa carrera, lidió
seis toros con asombrosa perfección y les hizo seis faenas de muleta distintas.
Todo tipo de suertes iba desgranando según las condiciones de cada res. Hasta
en un derribo (entonces los toros no se caían, tomaban las tres varas, solían
derribar) sorprendió el quite que le hizo al picador caído al descubierto,
envolviendo la cara del toro con el capote para que no lo viera. La tarde iba
apoteósica y en el cuarto toro alcanzó la cumbre: ligó tres tandas de
naturales en un exiguo espacio de redondel que enloquecieron a la afición y
dejaron la muestra indeleble de lo que es torear.
La faena que años después hizo en San Sebastián de los Reyes a un toro de
Cembrano ha quedado como la mejor de su vida y es cierto. Sin embargo la afición
salía de la plaza comentando también el trasteo de pitón a pitón, pura
filigrana, con que ahormó el peligroso cabeceo del toro lidiado en primer
lugar.
El arte de Bienvenida no se limitaba al estilismo sino que era un lidiador
nato, con vastos conocimientos acerca de las características de los toros y un
amplio repertorio para dominarlos.
La corrida-concurso de Jerez del año 1965 constituye un revelador referente.
La toreaba Bienvenida mano a mano con Antonio Ordóñez y el quinto toro, de
nombre Cubanosito, pertenecía a la ganadería de este torero. Bienvenida
no permitió a Ordóñez que entrara a quites. Asumió la lidia, ordenó al
picador que se colocara en un determinado lugar y desarrolló un recital de
toreo de capa poniendo en suerte al toro, que se arrancaba presto al caballo,
desplegando un fastuoso surtido de lances ante el asombro de la afición
jerezana que disfrutaba con aquel espectáculo.
Llegado el turno de muleta, Bienvenida toreó por la derecha y por la
izquierda sin ayuda de estoque convirtiendo cada pase en un alarde destinado a
exhibir la nobleza del toro, que fue indultado. Todos pasaron a la historia por
aquello merecidamente; aunque a un servidor le pareció que el toro no era tan
bravo como demostró Bienvenida jugando con sus querencias.
Pasajes dramáticos marcaron la trayectoria profesional y humana de este
torero de leyenda. La cornada de Barcelona, el año 1942, al dar el pase
cambiado, que quizá no se le curó del todo en la vida; la del cuello en Madrid
el año 1956; otras muchas a lo largo de su trayectoria. Hay otras facetas
insoslayables en su biografía como la denuncia del afeitado, que puso en
evidencia a las muchas figuras que se aprovechaban entonces de aquella
corruptela. El recuerdo de Antonio Bienvenida, vivo para quienes conocimos su
toreo, requiere más perfiles pues mantuvo la esencia del arte de torear en muy
diversas épocas de la tauromaquia.
Por ejemplo, ya en tiempo de Manolete, que había cambiado el parar, templar
y mandar por el ventajista toreo de perfil; las etapas de Aparicio y Litri, de
Ordóñez y Manolo Vázquez -dos de los pocos diestros de escuela-, del Chamaco
con su pase del fusil, del arrojado Chicuelo II, de tantos como iban y venían
tomando la cabecera de los escalafones e imponiendo modas. Antonio Bienvenida
constituía la reserva, a veces única, del toreo verdadero. Hasta en aquella década
desgraciada de los años 60 en la que la fiesta se llenó de corrupción, del
arte de torear hicieron mofa, lo convirtieron en esperpento y dieron el mando
del toreo a un zafio caricato llamado El Cordobés.
Retirado El Cordobés aún quedaba Antonio Bienvenida, manteniendo vivos los
cánones de la tauromaquia eterna. Se retiró en octubre de 1974 y unos meses
después la vaca Conocida causaba la tragedia. "El día que falte
vendrá la decadencia de la fiesta..." Y el augurio acertó. No hay más
que mirar este yermo campizal de la moderna tauromaquia. El arte de torear, su
riqueza y su quintaesencia son pura entelequia. |
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