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Temporada 1997 Temporada 1998 Temporada 2000 Temporada 2001 Temporada 2002 Temporada 2003 Temporada
2004
FERIA TAURINA DE
AGOSTO 1999
Carteles, resultados y crónicas otros festejos
celebrados
Desierto el
premio JUAN BREVA a la mejor ganadería.
José Tomás, prémio VICENTE ZABALA
Sábado, 14 de agosto.- Semifinal del II
Ciclo de Novilladas con Picadores patrocinadas por la Consejería de Gobernación de la Junta de
Andalucía y Canal Sur Televisión.. Utreros de
Hermanos Rubio Martinez (desiguales de presentación, muy chico el primero y un becerro el
sobrero que hizo sexto, justos de fuerzas, invalido el sexto que fue devuelto, bravucones
en los caballos, alguno manso como el primero y cuarto, que llegaron al último tercio con
picante y plantearon dificultades por encastados a los noveles chavales); para los
novilleros de las escuelas tarinas de Andalucía Jesús Almería (escuela Municipal
Taurina de Almeria) (media, aviso, -vuelta-), Juan Miguel Montoya (Algeciras)
(estocada delantera, aviso -oreja-), José Manuel Granados Ojedita (Jerez)
((estocada, aviso, dos descabellos, aviso, descabello, -palmas-), Salvador Cortés
(Sevilla) (dos pinchazos, estocada perpendicular, cuatro descabellos, -silencio-), Eduardo
Ortega (Jaén) (estocada caída, aviso, descabello, -oreja-) y David Arauz (Jaén)
(estocada, -vuelta-). Crónica
del festejo
Domingo, 15 de agosto.- Corrida de
Rejones.Toros de Fermín Bohórquez (con
cuajo y kilos, que en general colaboraron con los caballeros, más parado el cuarto y
tardo el quinto. Aplaudidos en el arrastre, primero y tercero); para Moura (rejón, pinchazo, otro rejón, pinchazo,
pie a tierra y descabello, -vuelta-), Fermín
Bohórquez (rejón que descorda -oreja-), Luis
Domecq (rejón, pinchazo, metisaca, pie a tierra, dos descabellos -palmitas-), Antonio Domecq (rejón, pie a tierra,
descabello -oreja-), González Porras (rejón, pinchazo, pie a tierra, descabello -oreja-)
y Andy Cartagena ( (rejón trasero y
caído -dos orejas-). Crónica de Agustín Herbás.
Crónica
de El País
Lunes, 16 de agosto.- Toros de Benitez Cubero para Tomas Campuzano (silencio y ovación), Fernando Cepeda (ovación
y silencio) y Juan José Trujillo (ovación y oreja). Crónica de Agustín Hervás,
Crónica
de El País, , Crónica del Diario
de Andalucía.
Martes, 17 de agosto.- Toros de Sayalero
y Bándres, (descastados pero manejables. 1º, anovillado, y 2º, rajado). Lima de Estepona:(vuelta
al ruedo; -silencio-). Ricardo Ortiz: (-oreja- ; saludos). José Luis Moreno:
(saludos; -aplausos-). Crónica
de El País Crónica de Agustín Herbás, , Crónica del Diario de Andalucía..
Miércoles, 18 de agosto.- Toros de Gabriel Rojas (peligrosos, uno, el 3º, de Mari
Carmen Camacho, dió buen Juego). Manzanares:(lesionado).
Javier Conde:(pitos,pitos y -oreja-). Morante de la Puebla:(-oreja-, -ovación- tras
aviso y -vuelta con petición- tras dos avisos)un toro de Fermín Bohórquez para el rejoneador Paco Ojeda.:(ovación)
Crónica
del El País Crónica de Agustín
Herbás, , Crónica del Diario de
Andalcía..
Jueves, 19 de agosto.- Cuatro toros de Bernardino Piriz (flojos y descastados), dos, 4º y
6º, de Santiago Domecq (bien presentados). (El 6º fue devuelto y sustituido por
uno de Sayalero y Bandrés). Manuel Díaz "El Cordobés":(saludos;
-aviso- y-oreja-). Javier Conde:
(-aviso-, saludos; -pitos-). El Juli:
(-saludos-; -saludos-). Crónica
de El País Crónica
de Agustín Herbás, , Crónica
del Diario de Andalucía.
Viernes, 20 de agosto.- Toros de Nuñez del Cuvillo (los tres primeros
contrarios al decoro. El 3º fue sustituido por uno de Santiago Domecq que cumplió. Los
tres últimos, mejor presentados, ayunos de casta y fuerza). Manuel Díaz "El Cordobés": (-silencio-;
-saludos-). Rivera Ordoñez : (-silencio-;
-saludos-). José Tomás.: (-oreja- y
-dos vueltas-; -aplausos-). Crónica
de El País Crónica
de Agustín Herbás Crónica
del Diario de Andalucía.
Sábado, 21 de agosto.-Toros de Jiménez Pasquau (primero, quinto y sexto,
blandos. El sexto fue devuelto y sustituido por otro de Gavira). Y tres de Torrestrella (segundo, tercero y cuarto,
deficientes de presentación y encastados). Ponce: (saludos; -oreja- con petición de otra). Rivera Ordoñez: (saludos;
-oreja-). El Juli: (-oreja-;
aplausos). Crónica
de El País, , Crónica
del Diario de Andalucía.
Domingo, 22 de agosto.- Toros de José Luis Osborne (con más pitones
que culata, tres anovillados y los tres segundos más presentables, flojos. El 5º fue
sustituído por otro de la misma ganadería); para Ponce (oreja; aviso y saludos), José Tomás (aviso y oreja;
aviso y saludos); y Morante de la
Puebla (oreja; aviso y saludos). Más de tres cuartos de entrada.
Crónica
de El País, , Crónica
del Diario de Andalucía.
PLAZA DE LA MALAGUETA
Feria de Agosto 1999
CRÓNICAS DE LOS FESTEJO
Agencias, octubre
'99. El jurado del premio que anualmente concede la peña cultural
flamenca JUAN BREVA, de Málaga a la mejor ganaderia en conjunto lidiada en la feria de
1999, ha considerado por unanimidad dejar desierto este premio al
considerar que ninguna de las corridas lidiadas merecia tan alto honor, ni por la
presentación ni por el juego.
Por otra parte el premio al mejor toreo de capote VICENTE
ZABALA, ha sido otorgado por el jurado, unanimemente, a José Tomás
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FRANCISCO MATEO. Edición
del 23 de agosto de 1999. Y
se puso la guinda
Se llevaban tres toros estoqueados y cada uno de los tres espadas
tenían una hoja de la puerta grande abierta. Ningún matador había logrado salir a
hombros de La Malagueta y tampoco se logró ayer. Pero se vino a poner la guinda al pastel
del abono malagueño. La empresa había logrado reunir un cartel interesantísimo,
prácticamente el mejor. Los toros de Osborne, bien presentados, pasaron el examen a la
primera. Los tres –Ponce, José Tomás y Morante– tenían previamente al festejo
de ayer una corrida, y los tres habían cortado una oreja en esas primeras comparecencias,
de modo que la expectación para la tarde de toros estaba asegurada. Más aún cuando se
tiene la oportunidad de ver en un mismo cartel a Ponce midiéndose junto a José Tomás, y
un pinturero Morante que da ese toque de exquisitez.
Cada uno le fue metiendo presión al otro, sabiendo que el triunfo era
a cara de perro. Primero fue Ponce, el que ante un toro noble pero de justas fuerzas, hizo
las cosas muy bien, dando la distancia y el sitio necesario para no asfixiar al animal.
Duró lo justito, aunque lo templó bien al natural, ligando con los de pecho, todo ello
de gran belleza. Aguantó más el toro por la izquierda. El valenciano midió bien la
faena y no la alargó innecesariamente para que el buen tono logrado decayera. Ya con la
espada buena, ligó unos derechazos abrochados con un doble de pecho que levantó una gran
ovación. Estocada algo trasera y desprendida más un descabello que dio paso a la primera
oreja.
José Tomás puso la diferencia en el segundo. Dos detalles tuvo el
torero; hizo el paseíllo con el capote de paseo del ayuntamiento que se le entregó el
viernes como el más completo de la Feria del 98, y brindó la faena a la banda, que ese
mismo día, al dar la vuelta con la oreja que cortó, le dedicó las notas de Cumpleaños
feliz, ya que cumplía 24. Aunque José Tomás sea tan seco y serio con sus propios
compañeros, no es desconsiderado. En el saludo no pudo lucirse con un astado suelto, que
manseó de salida. Tras la vara, quite ceñidísimo por chicuelinas, en los medios, con el
toro galopando, cerrando con una extraordinaria media. Tras el comentado brindis a la
banda, directamente a los medios, lugar en el que se desarrolló toda la faena. Sin
probaturas alguna, estatuarios, erguido como un palo y rematando por bajo. Derechazos en
las primeras tandas para comprobar la buena clase del toro y la mano zurda a continuación
para cruzarse hasta donde parece imposible que el toro pueda llegar y girar en torno a su
cuerpo. Es como esas rotondas modernas que ahora instalan en cualquier calle, ante las que
el conductor –el toro– ha de girar media circunferencia alrededor de la fuente
–el torero– y después salir en la misma dirección que traía. Ese es el único
secreto de José Tomás para ser tan puro con la mano izquierda. Las tandas levantaron
clamores, pero la pasión vino cuando, ya apagado el de Osborne, lo citó en naturales de
frente, ofreciendo la muleta por delante, planchada, para tirar de él y rematarlo detrás
de la cintura. Así, uno a uno, un buen puñado. Y en cada uno no hubo palmas, sino largas
ovaciones. Tras la artística y pura obra, quiso cerrar con broche de oro y entró a matar
en el platillo del ruedo. Hubo dos pinchazos y hasta la tercera no agarró una estocada
atravesada y tendida, perdiendo por tal motivo el doble trofeo. En la apasionada vuelta,
algunos aficionados alzaban y bajaban sus brazos en señal de reverencia, como de un dios
del toreo.
Morante no quiso ser convidado
de piedra y, pese a la presión introducida por sus compañeros, salió
relajado para dejar un quite por chicuelinas con aires sevillanos.
Como sevillano fue el comienzo del trasteo, con la muleta recogida
con el cartuchito de pescao pepeluisista y soltándola cuando el toro
se le venía. Hubo mucho toreo con la zurda, con la pinturería y el
garbo fresco de su toreo, plasmado en los recortes de final de
faena. Mató de estocada entrando muy derecho y también cortó la
oreja.
Pero la segunda parte no fue igual. El sobrero que sustituyó al endeble titular, sin
recorrido y defendiéndose, le ceró la puerta grande a un Ponce seguro. El quinto,
parado, por más que lo intentó José Tomás, le hizo la misma faena. Y el último le
duró poco a un entregado Morante. Lástima de segunda parte, porque la primera fue lo
mejor del abono.
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El
País.
JUAN ORTEGA, Málaga. Edición del 23 de
agostop´99. Cuatro
naturales y uno de pecho
Le aplaudieron al citar porque principios
requieren las cosas, jalearon el nudo porque el argumento era
emocionante y enloquecieron en el desenlace porque no se podía creer
lo visto. Fueron cuatro naturales abrochados con el de pecho en el
centro del ruedo. De perfil, llevando la embestida prendida de la
muleta que, al arrastrarse, se desflecaba. Los más largos y lentos,
la serie más grande porque era la verdad misma sin ningún atributo.
Hay elaboraciones que van del clásico al barroco, pero aquello no
tenía estilo ni desviación porque era el concepto mismo del toreo,
era más que la pureza, más que la perfección misma: era esencia y
acto, verbo del toreo.
Había sido la última serie de una faena
creciente en intensidad, precedida con el capote de verónicas a
compás abierto y chicuelinas dejándose ser de largo. Comenzó la
labor de muleta en el centro del ruedo, con ayudados del celeste
imperio dejándose lamer por los pitones, perdiendo lentejuelas del
bordado de la taleguilla. La geometría de José Tomás es muy fácil:
de adelante hacia atrás, de arriba abajo y siempre hacia dentro. No
hay más misterio que el de su propio ser. A la hora de matar, dos
pinchazos arriba y estocada trasera atravesada.
Vaya por delante que los toros se defendían
por los pitones, que los tres primeros fueron chicos y que el
segundo trató de fugarse. Tuvieron poca fuerza y los tres más
grandes, menos todavía y ninguna clase. Es el material de todos los
días para todos los toreros, pero es diferente según qué manos, qué
cabeza o qué sentimiento. José Tomás se expone siempre a lo peor
para conseguir lo mejor.
En su segundo toro nada hubo, ya que el
animal no se decidió a embestir, consumiéndose en su propia
impotencia a la que el torero respondió sacando lo posible de uno en
uno, porque la manguera de la bravura estaba seca y sólo goteaba.
Morante de la Puebla le pidió prestado el
cartucho a don Pepe Luis y sacó de dentro cuatro naturales
acompasados que abrieron de forma espléndida una faena que alcanzó
cotas altas, tanto que no siempre las pudo mantener. Los momentos
buenos o muy buenos alternaron con otros en los que predominaban
chispeantes burbujas sobre posos añejos.
En el sexto volvió a dejar constancia de que
estamos ante un torero cuajado, serio y valiente, con buena cabeza
que se jugó el órdago al intentar recibir.
Enrique Ponce alternó cosas muy buenas,
verticalidad, economía de movimientos y gusto con el inevitable
conformismo, al que sacrificó su maestría y sapiencia continua.
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FRANCISCO MATEO. Edición del 21 de agosto de
1999. Desastre de
espectáculo.
Con la llegada de las figuras
están llegando los toros a modo para ellos. Si la del jueves fue
desesperante, la de ayer no le fue a la zaga. Los de Cuvillo no
sirvieron ni uno, sin fuerzas alguna, un desastre que debe hacer
meditar al ganadero, porque no fue sólo la corrida de ayer. El
presidente, además, sin la valentía de echar toros al corral. Los
reconocimientos previos fueron muy ajetreados –como todos los de
esta parte de corridas para figuras; la de Torrestrella de mañana
también fue rechazada–. Tanto que los sobreros no se completaron
hasta pasadas las tres de la tarde. Algunos corrillos apuntaban a
esta escabechina en los corrales como el verdadero motivo de la
fiebre de Rivera Ordoñez en la mañana de ayer, excusa con la que
disculparon su esperada presencia en un acto por la mañana en el
museo de la plaza de toros y que lleva el nombre de su abuelo,
Antonio Ordóñez. Al final hubo arreglo en los corrales y todos
acudieron al paseíllo...
La historia de los dos primeros
toros fue muy similar. Chicos, sin trapío, anovillados, sin
rematar... impresentables para una plaza como Málaga. Y eso que los
que se lidiaron ayer fueron el resultado de una ardua selección de
los veterinarios. Y los dos de mismo comportamiento. Inválidos
completamente, que sólo la escasa entidad del señor que se subió
ayer al palco –le tocaba turno a Rafael Porras– hizo posible que no
fueran para los corrales. El de El Cordobés rodó por los suelos tras
el primer muletazo, teniendo que coger la espada el rubio
torero.
Algo más de suerte tuvo Rivera
Ordóñez, que le aguantó medio muerto, pero en pie, algunas tandas,
que el torero se empeñó en dar, aunque el público estaba deseando
que cogiera el estoque de verdad para cerrar el agonizante
espectáculo del semoviente. Quizá tardó tanto porque presumía su
insistente fallo a espada y descabello. Total, que el comienzo del
festejo no pudo ser más deprimente.
Salió el tercero de Cuvillo,
que no es que fuera ni mejor ni peor que los otros dos, sino igual
de inválido, al que ni tan siquiera se picó. Pero materialmente,
porque sólo hubo un pequeño corte superficial de la piramide
cortante, ya que la puya que llevaba El Legionario tras la minivara
estaba impoluta, con las cuerdas blancas como la leche. Pues aún
así, el presidente –se supone que defensor de los derechos de los
espectadores– optó por cambiar el tercio. Al ponerlo en suerte para
banderillas, con la plaza puesta en pie en protestas, el toro cayó
al albero y fue el motivo in extremis para que el del palco por fin
abriera los ojos y viera la invalidez del astado, sacando el
apolillado pañuelo verde.
Salió un sobrero de Santiago
Domecq, que anduvo suelto y manseando durante los primeros tercios
pero que permitió un ceñidísimo quite por gaoneras de José Tomás que
levantó clamores. Qué forma tan pura de pasarse al astado con el
capote. Los primeros doblones por bajo, además de la propia belleza
estética que tuvieron, sirvieron para que el diestro de Galapagar
comenzara a fijar al astado, que fue haciéndolo bueno poco a poco.
El torero lo llevó a media altura y progresivamente le fue bajando
la mano, hasta hacerlo humillar sin que el de Santiago Domecq
doblara las manos: Fue entonces el material necesario para la obra
artista y profunda de José Tomás. Primero, mientras estaba en la
parte técnica de la faena, tandas por el derecho, para una vez
haberle ganado la partida al noble animal dejarse emborrachar de
toreo al natural, con la mano no baja, sino bajísima, alargando la
embestida. Mandando y templando. Y, ya con la espada de verdad en la
mano, vino lo mejor, en una postrera tanda también con la zurda, a
pies juntos y dando el pecho, ligando en un palmo de tereno.
Inconmensurable. Mató de estocada y se pidieron dos orejas, quedando
el balance presidencial en un trofeo. Tras el enfado del respetable,
dio dos vueltas al ruedo con la oreja, en las que la banda
interpretó Cumpleaños Feliz, porque ayer hacía ya 24 añitos.
Tras el oasis que supuso la lidia del toro de
Santiago Domecq, otra vez de vuelta a la triste realidad. Cuarto,
quinto y sexto fueron igualmente parecidos. Reservones, escasos de
fuelle y cortando el viaje en el útimo tercio cuando ya no podían
con su alma. El Cordobés y Rivera Ordóñez, voluntarisos y algo
pesados, alargando en exceso algo que ni tenía sentido ni emoción,
ni ná de ná. Tampoco pudo obrar el milagro José Tomás en el último.
En menos de dos horas salieron siete toros, se devolvió uno y José
Tomás dio dos vueltas al ruedo
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FRANCISCO MATEO. Edición del 22 de agosto de 1999. Empatados a una
oreja.
Otra corrida remendada en La
Malagueta. De los de Torrestrella no pasaron más que tres el examen
veterinario y se echó mano de otros tantos de Jiménez Pasquau,
aunque uno de estos fue devuelto y se lidió un sobrero de un tercer
hierro, Gavira. Al final, poco contenido con la plaza llena. Aunque
tampoco ayer se abrió la puerta grande, el listón mínimo de
exigencia marcado de forma correcta durante la semana se partió
ayer, ya que las orejas de El Juli y Rivera fueron de menor entidad,
por momentos muy puntuales; una certera estocada en el caso del
primero y una voltereta al final del trasteo en el caso del segundo.
La más justificada, la de Ponce.
Enrique Ponce fue el único de
la terna de ayer que echó por delante al toro de Jiménez Pasquau que
remendaba cada uno de los tres lotes de los anunciados de
Torrestrella. De escasa fortaleza trasera, parado ya desde los
intentos de lances con el capote. Prácticamente, antes de que el
sevillano Antonio Saavedra metiera la pirámide cortante de la puya
ya estaba picado. El pitón derecho del toro del jefe de los
ganaderos era para verlo, heho un autético florón. En la muleta
ofreció escasa clase; fue la técnica de Ponce lo que hizo que
pareciera un poco mejor del parco contenido positivo que realmente
tenía. Bien los muletazos, sobre todo los centrales de cada tanda,
porque en los otros abusaba del toreo despegado, rematando para las
afueras y uso del pico. La espada no jugó a su favor y hasta la
cuarta agresión no dejó una estocada mortal.
Toro muy a modo de Ponce el
cuarto, de Álvaro Domecq, que se desplazó con nobleza, aunque
también fue toro al que hizo mejor la técnica del torero valenciano.
Los muletazos por la diestra y al natural fueron templaditos,
ligando mucho y rematando bien por alto con los de pecho. Introdujo
la variedad con algún pase de las flores y circular. Mató de
estocada de rapidos efectos y cortó una oreja, pidiéndose incluso la
segunda.
El primero de Rivera Ordóñez,
de Torrestrella, no fue fácil de banderillear, que estuvo en un tris
de empitonar a Miguel Arcos –que está sustituyendo al herido Basilio
Martín– a la salida del segundo par. El astado, de escaso trapío,
fue bastante manejable en el engaño, pero el torero estuvo por
debajo de sus potables posibilidades. Jugó los brazos con la muleta
demasiado retrasada, con enganchones y rematando para las afueras.
Hubo muchos muletazos, sonando incluso la banda y con el respaldo de
un trunfalista público en tarde llena de expectación, pero el
verdadero contenido artístico fue pobre. Alegró su quehacer con
algún muletazo mirando al tendido. Volvió a fallar con la
espada.
El segundo de su lote, de
Jiménez Pasquau, tuvo escaso recorrido y ello le llevó a defenderse
en la muleta, cortando el trazo del muletazo de Rivera Ordóñez y
quedándose debajo, poniendo en apuros al torero, que solventó la
papeleta con soltura, a base de un valor seco para aguantar coladas
y parones. Al final, ya con la espada de verdad en la mano,
sobrevino la voltereta del reservón y complicado animal, saliendo
indemne de puro milagro, aunque con la taleguilla rasgada. Se puso
en pie sin mirarse y, enrabietado, se desplantó cerca del toro.
Montó la espada y la enterró. Esta última parte, con el impacto de
la cogida, fue lo que motivó la petición de oreja, a la que se
accedió.
Variado en el saludo capoteril
El Juli, así como en el quite. Bien en banderillas, sobrado; los
tres pares de nuevo por el pitón derecho. ¿Virtud –siempre encuentra
toro por ese lado, sea como sea el astado– o defecto –no es tercio
completo–? El burel, bastante manejable pero con las fuerzas
limitadas, se presumía que no iba a tener más que unas quince
arrancadas buenas y había que aprovecharlas. Julián bajó mucho de
tono con la muleta. No terminó de centrarse y cuajar esas primeras
tandas, a pesar de que su actuacón con capote y banderillas había
lanzado al público hacia la julimanía y todo le parecía bueno; pero
la intensidad de los aplausos iba decreciendo, al igual que la
banda, que cesó la interpretación del pasodoble. Lo mejor de esta
parte fue la estocada, factor determinante para la concesión de una
oreja de menor entidad.
El sexto, de Pasquau, fue devuelto por uno de
Gavira; toros más endebles se han mantenido en tardes anteriores. El
Juli se esforzó con el sobrero, corto de recorrido. Irregular en
banderillas. Fue una faena más de aficionado, en el que jugó un
papel importantísimo el toque de las muñecas de Julián. Falló con la
espada y tras dos tardes en La Malagueta, no abrió la puerta grande.
Bueno, ni él ni ninguno.
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El País, JUAN ORTEGA, Málaga, edición del 22 de agosto '99
Toros en
rosa
A la hora de relatar un festejo de estas
características, hay algo indefinible que no cuadra: la plaza estaba
llena, cada torero cortó una oreja y dio de sí lo que pudo; sin
embargo, una vez traspasados los datos estadísticos, el espíritu se
encontraba vacío, de vacaciones.
Los toros no son solamente números, tantos
derechazos, ¡tantos!, tantos naturales (menos), tantos pinchazos
(muchos). Tampoco se pueden percibir nada más que con la vista o el
oído, mientras la razón queda coja para entender lo que pasa en el
interior del círculo que dicen mágico.
La fiesta tiene que llegar a través de los
sentidos, no en vano es metáfora de la vida. No hablo de sensiblería
barata, sino de una percepción completa, que abarca el concepto de
arte y la emoción que produce.
Ayer, el diálogo estaba escrito antes de
comenzar el festejo. El público sabía a lo que venía y los toreros
también; nadie preguntó a los toros.
Las revistas del corazón, a través de métodos
de consulta, podrían ser las que concedieran los trofeos. No parece
que los viejos criterios taurinos tengan vigencia. Por eso, a la
hora de contar lo que pasó, hay una esquizofrenia entre visto y
sentido que no tiene solución.
Emoción hasta el bostezo
La lidia de los dos primeros toros emocionó
hasta el bostezo. Ni Ponce ni Rivera llegaron a atemperar el motor
de sus oponentes, reduciendo sus desarrollos a tiempos toreros. Las
series se sucedían, ya eléctricas, ya de uno en uno, hacia afuera,
previsibles, aburridas...
Ponce, en el cuarto, hizo una faena desigual.
Brilló la derecha y, por ese pitón, en ocasiones, salieron limpios
los redondos, sin necesidad de recuperar la posición. Vimos al Ponce
que liga, relajado, bien colocado, con gusto. La estocada fue de
buena ejecución pero cayó algo desprendida.
Rivera, en el que cerraba una mala feria
suya, se arrimó en dos largas ajustadas y media verónica rodillas en
tierra. Con la muleta interpretó un solo de derechazos a distancia
rematados con una voltereta espectacular de la que salió ileso
afortunadamente.
El Juli hizo de todo. Torero de capa de
repertorio, banderillas variadas e irregulares, series mejores entre
otras irrelevantes, en línea recta y descolocado. La primera faena
fue de más a menos mientras que la segunda no llegó a rematar el
vuelo.
Todo pasó y nada se recordará mañana. Serán
necesarias las revistas rosas para conocer los códigos de
conducta.
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El País, JUAN
ORTEGA, Málaga, edición del 21 de agosto '99 Cumpleaños feliz
Iba a decir que la fiesta tiene dos caras,
pero creo que no: la fiesta está llena de caras, de caraduras. No
puedo calificar al ganadero sin pasar por el juzgado de guardia,
pero no puedo dejar de preguntarme por qué no ha pasado él, que ha
cobrado a precio de corrida de toros una auténtica gusanera podrida,
y ello en connivencia con la autoridad.
No obstante, tengo que apartar la indignación
para decir que José Tomás celebró ayer sus 24 años. La banda tocó
dos veces el Cumpleaños feliz, la
primera, al recibir de manos de la alcaldesa el capote de paseo que
lo acredita como triunfador de la feria pasada y la segunda, al
pasear el anillo con una oreja de su primer oponente.
El verdadero regalo, que supo aprovechar, le
vino cuando le cambiaron el toro; empezó ganándole terreno en cada
gaonera del quite del baturro -chufla, chufla, que como no te
apartes tú...-. El toro, que había salido suelto de dos picotazos,
sintió de pronto que se partía, se oyó el crujir; el causante había
sido José Tomás, que lo puso en suerte con un capotazo que lo curó
de toda mansedumbre. A partir de ahí, embistió.
Empezó por bajo de verdad, siguió con dos
series de redondo que nada tenían que ver con los derechazos al uso
y al abuso: llevaba el toro toreado, hacia atrás, largo, rematando a
bajo. José Tomás no será marciano, pero su toreo es de otra galaxia,
o quizá de la galaxia eterna del toreo que se había apartado de
nosotros. Vinieron luego los naturales: al toro le costaba tomar la
muleta por el pitón izquierdo, pero los toques no iban al pitón
contrario, sino hacia atrás, dados con la panza de la muleta,
ligando un milagro torero tras otro, templando, a compás, sin un
gesto de más. En una ocasión, el toro se le vino encima
inopinadamente: José Tomás se defendió con un solo toque mágico
hacia atrás, que empapó la tarascada. No hubo manoletinas y, a la
hora de la verdad, recetó una estocada a ley. Felicidades, torero.
Los demás toros no existieron: los dos
primeros se desinflaban como muñecos de plástico. Los tres últimos
caían patas arriba, mientras el público insultaba a todo quisqui. En
otros tiempos queman la plaza.
El Cordobés no hizo nada en su primero. En su
segundo, después de lo de José Tomás, quiso torear por lo clásico:
Mozart fue interpretado por la charanga del pueblo.
Rivera se puso digno para torear a una
insignificancia y en su segundo, logró que la muleta estuviera todo
el tiempo por los aires, en un puro enganchón. Se encaró con alguien
del público, en vez de buscar al ganadero.
Nada pudo hacer José Tomás en el sexto: era
de Núñez del Cubillo.
Viernes, 20 de agosto´99. Crónica de Agustín
Hervás. ¡ PORRAS CON EL PORRAS!
El presidente Porras no es un aficionado, es
un presidente amargado y rencoroso que pasa factura, sobretodo pasa
las facturas de las mañanas en los reconocimientos. El presidente
Porras no quiso conceder la oreja segunda a José Tomás y bastante
que le importó a José Tomás, al buen aficionado y a un servidor, que
no cree en esos peludos y traidores trofeos. La oreja segunda dice
el reglamento que es suya y por tanto que se la guarde el señor
presidente donde le quepa y no le haga daño, pero el señor
presidente cantó la gallina y bien que su conciencia se lo hará
pagar.
Es que el señor presidente se tuvo que
tragar, allá él, la corrida peor presentada hasta la fecha. Allá él.
Que se fastidie y sea consecuente, pero que no lo pague con José
Tomás, porque el torero de Madrid, hizo el toreo, marcando las
diferencias con quienes haya que marcarlas y yo no quiero señalar,
porque cada uno es cada uno. El toreo lo hizo con un sobrero de
Santiago Domecq que resultó bueno. Y explicar el toreo de José Tomás
sería explicar toda la tauromaquia moderna y pura y para ello mejor
que ustedes lo vean y luego hablamos.
De lo que sí podemos hablar es de que la
tauromaquia que realiza el Cordobés y Rivera Ordoñez, no es la
tauromaquia, sino que es el destoreo, el aburrimiento, el enganchón,
el pasito atrás, el ahogo de las embestidas y el poco acoplamiento
con las birrias de toros que salieron por chiqueros, incluido el
último que fue de Tomás y con el que no se pudo ver la dimensión del
buen toreo.
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FRANCISCO MATEO. Edición del 20 de agosto de
1999. Cuando falta la
emoción.
Corrida moderna, como les gusta
a las figuras. Salvo el manso quinto, los demás, nobles,
aborregados, sin fuelle, obedientes, justos de trapío, dejando
estar,... pero sin emocón, claro. Sin la emoción del toro-toro, sino
de ese medio toro que ayer no emocionó ni a la banda de música. Cómo
sería la cosa que El Juli –cada vez más metido en este vicioso
círculo– no dio ni una sola vuelta al ruedo.
Distraído, mansón y con pocas
fuerzas el primero en los primeros tercios, astado que brindó El
Cordobés al equipo de médicos de la plaza, que el año pasado le
asistió de la grave cornada. En la muleta sacó nobleza pero sin
terminar de rematar el viaje por la falta de fortaleza; era una
media embestida que el torero tenía que alargar. Y lo hizo Manuel.
Exprimió lo poco de transmisión que tenía dentro, con tandas de
derechazos en los que se sintió a gusto. Apenas un molinete de
rodillas final fue todo el recurso que se permitió. Mató de estocada
corta y la gente pidió la oreja, enfadándose mucho con el presidente
por no concederla. Tanto que se olvidó de aplaudir al torero para
que diera la vuelta al ruedo. El torero, contrariado aunque
respetuosamente con la decisión del usía, salió al tercio y pidió
calma a los eufóricos y triunfalistas tendidos, que la línea marcada
para la concesión de las orejas en la Feria de este año es buena.
Pero qué lástima que el público no valore las vueltas al ruedo más
que si es con un trofeo en la mano.
El cuarto, un remiendo de
Santiago Domecq, fue de similar condición, noblón, dejándose, pero
de escaso recorrido, aunque manejable para el torero, que dio tandas
estimables hasta que se agotó, para después satisfacer las numerosas
peticiones de su público de sol y llevarse al toro hasta las tablas
de la solanera, en donde dio todo un amplio muestrario de
desplantes, salto de la rana y demás fuegos de artificio que
provocaron el delirio en la plaza. Mató de estocada de la que no
cayó el animal y precisón de un golpe de descabello, con un aviso
por medio. La gente, mosqueada con el del palco por no conceder la
oreja en el toro anterior, demandó el trofeo con fuerza; incluso el
segundo. Se otorgó, obviamente, uno.
Bien picado el primero del lote
de Javier Conde, que actuaba por segunda tarde consecutiva. El de
Píriz fue pronto, con recorrido y tuvo fijeza. En los dos primeros
muletazos de probaturas por bajo el astado, como toda la corrida
justita de motor, dobló las extremidades delanteras. Por eso no
llego a entender cómo el torero no buscó lavertical y lo llevó a
media altura para no quebrantar su escaso fuel, sino que siguió por
bajo y obligándole. El torero, templadito, gustándose a veces, a
media altura, sobresaliendo los de pecho. No obstante, no logró
sacar todo el partido, quedando el toro por encima de él. Mató de
estocada atravesada y seis descabellos, sonando un aviso.
El quinto, un manso que apretó
en banderillas a la cuadrilla cuando veía cerca la presa. Demasiado
para un estilista como Conde, sin recursos de lidiador para doblegar
los arreones. Pasó un mal rato con la espada.
La historia de El Juli se
repite una tarde más. La expectación en torno a su participación en
una corrida –ayer debutaba en esta plaza– hace que el coso registre
un lleno completo y el triunfalismo o julimanía preside cada una de
sus actuaciones, algunas veces de forma justificada y otras no. Al
chaval, por fin, con tanto ajetreo de corridas, le ha dado tiempo a
pasarse por una peluquería, porque el abundante flequillo que lucía
en sus últimas corridas parecía que hasta le incomodaba. A pesar de
la escasez de fuerzas se pudo lucir en el quite. A petición del
público puso banderillas, las tres por el pitón derecho como en él
es norma y los dos últimos iguales, muy cerrado en tablas, por los
adentros. Noble, obediente pero de corto recorrido. Tan bondadoso
que se le paraba en la barriga y el animalito no hacía nada. Trasteo
compuestito, mejor al natural, cruzándose mucho para provocar la
embestida, pero faltó la emoción del toro, que incluso la propia
banda cesó la interpretación del pasodoble.
El último fue un sobrero de Sayalero que
sustituyó a un inválido de Santiago Domecq. Manso el astado, El Juli
se inventó unas tandas en los terrenos de sol, de mérito, pero que
no sirvió para triunfar.
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El País, JUAN
ORTEGA, Málaga, edición del 20 de agosto '99 Material de desecho
La plaza se llena a reventar, las
localidades, todas son caras. El sol, inclemente, se alía con la
piedra que arde. En esta situación sí, además, el espectáculo no
alcanza las cotas esperadas, pues ya me dirán.
El espectáculo tiene que quedarse chico por
fuerza, ya que el material taurino es de desecho. No se trata de las
puntas, que no todas son iguales, ni de la presentación, variable,
sino del juego o, mejor, de la jugada: el primero careció de trapío,
no tuvo clase ni fuerzas, ni siquiera comportamiento de toro, que
debe ser fiero.
Los dos siguientes, otros que tal bailan.
Salió el cuarto, de otra ganadería, y cundió la sensación de que
había que cuidarlo. ¿Cuidar a un toro? Sí, no se vaya a caer.
A todo esto, los picadores, de adorno: un
puyacito, un refinolazo, una regañeta. El quinto fue manso. El sexto
fue devuelto porque la cuadrilla y el matador así lo quisieron. Lo
tiraron al suelo sin piedad y lo hicieron corretear para que se
viera no sé qué. Y se vio. En su lugar, salió un buey al que
acababan de desuncir de la carreta. Vuelta a empezar.
Los toreros se prestaron de buen grado a la
representación: era de ver al Cordobés administrando cuarto y mitad
de derechazos a granel. Media desprendida y de oca a oca. En la
siguiente oca, el Cordobés se fue a los tendidos de sol, visto que
sus medios pases a distancia, alejando al toro, no tenían suficiente
recompensa.
Ni se entregó el toro, ni el torero, ni el
público. En la solanera ligó dos ranas de notable altura y alguna
barbaridad más. Terminó de una estocada caída.
Javier Conde, en el segundo, ligó con
lentitud y temple, si bien los pases se sucedían de abajo arriba y
hacia afuera. Una estocada atravesada y seis descabellos dieron mala
cuenta del toro. El quinto, manso, sólo sufrió un ligero refinolazo
en el caballo. Era manso y apretó hacia los adentros como una
condena.
Javier Conde no supo enfrentarse a tales
problemas que se convirtieron en sainete, y menos mal que pudo
acabar con los problemas y con el sainete mismo.
El Juli brilló a ráfagas; algún lance bien
compuesto, dos quites de repertorio, dos pases por los adentros, una
serie apañadita en la que no tuvo que rectificar los terrenos y poco
más. Detalles y continuidad que acabaron en tres pinchazos y
descabello.
En el sexto, menos detalles, más desplantes y
peor planteamiento. Estocada y dos descabellos.
Jueves, 19 de agosto´99. Crónica de Agustín
Hervás. EL JULI SIGUE LLENANDO
Debutaba el Juli en Málaga y llenaba la
plaza, porque la llenó él, no la llenó ni el Cordobés ni la
repetición de Javier Conde. Pero el Juli no justificó el llenazo,
destoreó al tercero al que no mató con pureza, ya que se limitó a
pinchar y descabellar y para matar hay que herir con la espada. Y en
el sexto, sobrero de Sayalero, nada pudo hacer con verdad ya que se
paró. No obstante habrá que seguir insistiendo en que el Juli se
aprovecha de los pares más arriesgados por dentro y no lo hace por
el pitón izquierdo. Es muy difícil ver al madrileño hacer la suerte
en los medios. El Juli es un torero largo, pero no es completo y a
la postre los públicos se darán cuenta.
El Cordobés estuvo aseado en su lote sin
mayores estridencias y coloquios internos.
Javier Conde no estuvo bien con el segundo y
anduvo perdido con el manso quinto, con el que volvió a manifestar,
aunque al no le importe, que es un torero cortito de valor, cortito
de espíritu y ayuno de técnica y cabeza, y también esas carencias se
pagan a la larga, o a la corta.
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FRANCISCO MATEO. Edición del 19 de agosto de
1999. Morante, arte
puro
Mucho habría que contar sobre
la corrida de toros de ayer. Por orden cronológico habría que hacer
referencia los aspectos previos. Estaba anunciado José María
Manzanares, que no compareció y mandó parte médico con una lesión de
muñeca. Esa misma causa provocó su baja recientemente en Alfaro. No
obstante, la molestia de la empresa con el torero de Alicante está
motivada porque hasta última hora no se recibió vía fax el parte
médico y la consiguiente justificación para no hacer el paseíllo.
Así, la empresa optó por la vía más rápida y anunció un mano a mano
entre Conde y Morante –uno de la casa y el otro muy próximo a ella–.
No hubiera sido mala fórmula anunciar de nuevo al local Juan José
Trujillo. Al gerente de la empresa, José Luis Marca, no le ha hecho
ni puñetera gracia el tema de Manzanares, y todo parece indicar que
las corridas que estaban apalabradas para Lorca y Manzanares han
quedado automáticamente rotas.
Otro aspecto fue el baile de
corrales –más de uno piensa que es éste el motivo real de la baja de
Manzanares–. Del primer envío de toros sevillanos de Gabriel Rojas,
compuesto por ocho toros, sólo se aprobaron tres, rechazado uno por
falta de peso. Un nuevo camión llegó al día siguiente con cinco más.
Así, de los trece presentados sólo pasaron cinco. Se completó con
una res de Camacho, de los que también hicieron falta reconocer un
buen número. Y no parece que esto vaya a tener final, porque los
veterinarios están escrupulosos. Para la corrida de mañana de
Cuvillo sólo hay aprobados cuatro. Quizá el error sea haber abierto
Feria con dos corridas demasiado bien presentadas para el desfile de
figuras que se agolpan en la segunda mitad de la Feria...
Lo que pasa es que para el caso
de ayer no podrán encontrar justificación los taurinos en que la
autoridad –esa que siempre no tiene ni idea, según denuncian–
rechazaron a los mejores, porque la de ayer puede ser una de las
mejores corridas del ciclo. De los seis de lidia ordinaria, los
cuatro últimos fueron nobles, con clase, repetidores, humillando y
duraron lo suficiente; uno de ellos de Camacho, y los otros tres de
Gabriel Rojas, que así recobra crédito. Incluso el primero de Conde
quizá en otras manos hubiera dado otro balance.
Ojeda no tuvo un buen
colaborador en el manso de Bohórquez. Fue de menos a más –demasiadas
veces le topó la cabalgadura–, destacando en las banderillas
finales.
Morante de la Puebla escribió
una de las páginas más bellas del toreo en las últimas temporadas en
la centenaria plaza de La Malagueta. Su primero le hizo dos extraños
en el capote por el pitón derecho: el diestro sevillano hizo
referencia a una posible lesión en la vista. En banderillas volvió a
reproducirlo. No obstante, muy seguro, se puso muy firme desde el
primer momento por el pitón complicado, el derecho, y le cuajó unas
tandas bellas, con el mérito que ello tenía. También por el
izquierdo le cogió el aire muy rápido, a pesar de que también le
avisó. Firmísimo ante un toro que no admitía una sola duda, que
transmitía la emoción del peligro cierto, y que a más de uno lo
hubiera puesto en un compromiso. Valiente sin alaracas. Mató bien y
cortó una oreja.
En su segundo mostró su clase
en el manejo del capote. El astado, noble, obediente y con clase,
fue la materia prima necesaria para dejar una faena de su gusto
sevillano, metiendo la cintura, rematando por bajo con desparpajo y
gustándose mucho. Se le fue la oreja al marrar con la espada;
incluso intentó por dos veces la suerte de recibir.
Y en el último, más toreo, en
una faena que quedará para el recuerdo de los que la vivimos. Fue
faena de sentimiento, de exquisitez torera de un artista en
plenitud. Pero otra vez la espada le privó del trofeo, aunque,
después de dos avisos, el público demandó la oreja para el
hispalense.
Javier Conde no quiso ver a sus dos primeros.
El segundo de ellos, el de Camacho, fue un gran toro, en tipo, que
la gente pudo ver –el primero tenía menos fuerzas y se tapó el
torero algo más–. Dicen que estos toreros son de cara y cruz. Otros
afirman que lo hacen queriendo para ganarse a la gente en el último,
que es estrategia. Sea como fuere, el ánimo del torero parecía haber
cambiado en quince minutos y a su tercero lo recibió con el capote
muy diligente, aunque se le revolvió. Después, faena muy asentada,
templada, clásica, sin tantas gesticulaciones como en otras
ocasiones. Mató de estocada caída y se le concedió una oreja, aunque
el torero pensó que la obra merecía más y, de forma ostensible,
despreció el trofeo y echó la gente al presidente. Muy
feo.
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El País, JUAN
ORTEGA, Málaga, edición del 19 de agosto '99
Triunfo de Morante de la
Puebla en la Feria de Málaga
En la tarde de ayer, con algo más de la mitad
del aforo cubierto, La Malagueta presenció una auténtica explosión
del mejor toreo de Morante de la Puebla, con reses de Gabriel Rojas.
Su primer toro fue muy peligroso, tirando
cornadas a las hombreras durante los dos primeros tercios. Su
segundo sacó un genio que había de ser dominado, y a ambos toros los
aguantó Morante a pie firme, toreándolos con enorme seriedad y
quietud, demostrando quién llevaba la batuta. En el primero cortó
una oreja y en el segundo fue ovacionado tras recibir un aviso, pues
pinchó varias veces, dos de ellas en la suerte de recibir, lo que
malogró un triunfo legítimamente conseguido con capote y muleta.
La faena al último de su lote fue
extraordinaria, de menos a más, barriendo la plaza con la panza de
la muleta en varias series de naturales prodigiosos. Volvió a
negarse el acero y perdió la puerta grande.
Paco Ojeda fue ovacionado y Javier Conde fue
pitado en sus dos primeros y cortó una oreja del tercero de su lote.
Miércoles, 18 de agosto´99. Crónica de Agustín
Hervás. EL ESPECTÁCULO COMPLETO
Una corrida de toros es un espectáculo y un
espectáculo completo no es precisamente que todos los toros salgan
bravos y que todos los toreros hagan faenas redondas. Un espectáculo
completo es aquel donde hay toros bravos, mansos, toreros que cortan
orejas, toreros que torean y llegan al alma con su toreo, broncas,
silbidos. Un espectáculo completo es aquel en el que nada ni nadie,
incluido el público, es indiferente.
En el espectáculo hubo una vulgaridad a
caballo, llamada Paco Ojeda, hubo un torero abucheado y abroncado
llamado Javier Conde, hubo un toro bravo de Mari Carmen Camacho,
otro que se rajó y no quería embestir de Gabriel Rojas, un torero
que se cayó del cartel que se llama Manzanares y un torero que
entregó su alma en su actuación y con ello se la entregó al público,
se llama Morante de la Puebla y hubo también en el espectáculo
completo un publico dividido entre los que participaban por Javier
Conde y amaban a Morante. Y hubo entre otras muchas cosas un
exaltado y emocionado empresario – gerente – apoderado, llamado José
Luis Marca.
En fin que Javier Conde fue abroncado en su
primero porque no lo entendió, abroncado en su segundo porque no
supo lidiar a un toro bravo, y recibió la oreja del que hizo quinto
a pesar de una faena superficial, decorativa y ayuna de esencia. No
obstante sus partidarios querían sacarlo a hombros y el presidente
dijo que nones.
Morante de la puebla bordó el toreo, con su
primero porque sacó faena de donde no había, en su segundo estuvo
más fácil y menos entregado sin terminar de entenderlo y con el
sexto, un extraordinario toro colorao hizo el toreo al natural, en
redondo, en los adornos y en los desplantes. Morante de la Puebla me
recordó al toreo del pepeluisismo, ¡ al del padre claro! y Morante
llenó los corazones y el alma de los aficionados aunque los
condistas no le pidieran la oreja para no sacarlo por la puerta
grande sin la compañía de Javier. Y de capote lo bordó sobretodo en
el segundo de la tarde.
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Martes, 17 de agosto´99. Crónica de Agustín
Hervás. EL HOMBRO ROTO
Ricardo Ortíz, torero de Málaga tiene un
hombro dislocado, tal que se le salía durante la lidia del quinto
toro y había de acudir a las tablas a pegarse contra ellas para
colocarlo en su lugar y así proseguir su faena. A los tendidos, que
no encontraban explicación al asunto, no llegó con claridad la
gravedad del problema físico del malagueño, pero él lo pasó mal. No
obstante dio el tipo, cumplió y tal como el toro los dos fueron de
más a menos. Pasó a la enfermería después de pasar el quinario para
matarlo y a estas alturas de temporada ha decidido suspenderla,
operarse y recuperarse para la próxima.
El Malagueño consiguió un trofeo del segundo
de la tarde, muy merecido ya que su labor fue completa tanto en
banderillas como en la muleta donde llegó a entenderlo y a
aprovecharlo.
El torero Lima de Estepona no se encontró en
toda la tarde, no entendió a su primero, estuvo muy mal en pares de
banderillas, hizo un esfuerzo inútil por inoperante en el cuarto, y
él que es un torero con sempiterna sonrisa, esta se le borró del
rostro, porque sabe que no pudo, no supo y además no tuvo el santo
de cara. Pero para que no nos engañemos nadie, fue más su culpa que
la de los toros.
La faena de José Luis Moreno al tercero se le
vino abajo, ahogó la embestida al acortarle distancias y nada se
quedó grabado en la memoria de algunos buenos momentos al principio
de la misma. El sexto se paró.
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FRANCISCO MATEO. Edición del 18 de agosto de
1999. Sin pena ni
gloria.
Tampoco hubo ayer en La
Malagueta suficientes ingredientes para hacer un buen guiso. Y eso
que los astados de Sayalero –corrida que al empresa ya tenía
apalabrada hace un par de semanas al causar baja la anunciada de
Manolo González–, aunque mansitos, se dejaron; unos más sosos que
otros, pero más de uno debió ser mejor aprovechado. Entre los
toreros destacaron Ricardo Ortiz y José Luis Moreno. El malagueño le
cortó una oreja a su primero por una faena entregada y no pudo
redondear en el quinto. En cuanto al cordobés Moreno, bien en el
tercero y se justificó en el deslucido último; no obstante, se le
notó algo frío, como desmotivado o triste, quizá por las
expectativas que había para este año y que, por diversas
circunstancias, no las está viendo cumplidas. Lima de Estepona no
dejó nada para el recuerdo; aunque para recuerdo la vuelta al ruedo
que se llevó él del que abrió plaza.
Lima de Estepona recibió a
portagayola a su primero en un intento de calentar al escaso público
que ayer se dio cita en La Malagueta desde el mismo inicio del
festejo; ya se sabe que abrir cartel le gusta muy poco a los
toreros, porque dicen que la gente está muy fría. Puede que sea
verdad, pero no deja de ser cierto que cuando se hace algo de
calidad, auque sea al principio del festejo, la gente siempre
responde. Pues tras la portagayola, de nuevo de rodillas para una
larga en el tercio, aunque la gente apenas respondió. Puso
banderillas con desparpajo y facilidad, con conocimiento de los
terrenos. En la muleta, el astado tuvo bondad y nobleza, aunque con
las fuerzas justas. Pero la calidad del burel no la aprovechó Lima
de Estepona, que puso mucha voluntad y logró sacar algún natural que
ratificó la buena condición del toro, pero los muchos pases que dio
apenas tuvieron contenido, sin decir casi nada. El torero asfixió al
animal aún más por empeñarse en citarle demasiado cerca. Abusó del
toreo despegado y del pico.
Manso y rajado el cuarto, al
que ya le costó trabajo ponerle banderillas a Lima de Estepona. La
faena fue una continua lucha del torero por intentar que el toro no
se le rajara y se le fuera a tablas. Tras cada muletazo tenía que
rectificar la posición para cruzarse, ya que el animal siempre
tendía a salirse para las aafueras.
Ricardo Ortiz demostró sus
buenas cualidades banderilleras en el segundo tercio, en el que puso
tres pares en distintos terrenos, los tres muy reunidos y arriba. El
de Sayalero, mansito y rajado, sólo admitió la pelea en la zona
cercana a tablas. Aceptó esa condición el malagueño y al abrigo de
las tablas construyó una faena entonada, de mérito, exponiendo ante
un astado reservón que en cualquier momento, en un derrote al verse
ganado en el envite, podía alzarlo en alto. Se adornó con molinetes
y muletazos de recursos para terminar con una estocada caída tras la
que se concedió una oreja justita.
Hizo un esfuerzo importante
para poner banderillas en el quinto, ya que tenía el hombro derecho
maltrecho de un reciente golpe en una corrida en Francia. Aún con
dicho obstáculo y salvando el primer par, los demás quedaron
reunidos. Más conjuntada fue la faena a este manejable quinto, algo
sosón, destacando las tandas de toreo al natural. Ortiz se templó
más que en otras ocasiones y gustó a sus paisanos lo que hizo. En la
primera entrada se dejó el brazo atrás y agarró un pinchazo, para
dejar después una estocada defectuosa y un nuevo pinchazo,
resintiéndose en el encontronazo de la lesión de hombro derecho. Al
final, se lo quitó de encima como pudo y sus facultades le
permitieron.
José Luis Moreno no pudo mover
el capote de salida porque su advesario no se prestó; manejable el
astado en la muleta, sobre todo con la virtud de la fijeza en el
engaño. Moreno se fue encontrando poco a poco más a gusto con él,
con tandas estimables por al diestra. Los muletazos del diestro
cordobés sí tenían contenido y no pasaron indiferentes. Quizá alargó
más de la cuenta el trasteo y el de Sayalero se vino abajo, muy
apagado, aunque lo solventó José Luis con un toreo de cercanías,
adornándose con desplantes y muletazos de recursos. Mató de pinchazo
y estocada y, aunque se pidió la oreja, el presidente no la
concedió, y el torero, tras saludar, desistió de la vuelta al
ruedo.
El sexto se le apagó pronto, aunque en
banderillas apretó, sobre todo para las tablas. Además, tenía escasa
calidad en su parca embestida. De salida no siguió con fijeza el
capote y en la faena de muleta todo quedó deslucido. No se confió
con la espada.
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El País, JUAN
ORTEGA, Málaga, edición del 18 de agosto '99.
CUAJAR EN TORERO.
Hoy salen pocos toros cuajados, a los que
corresponden pocos toreros con cuajo. La carrera es muy difícil y
está erizada de trampas, aunque, si así no fuera, estarían vacíos
los andamios, que son de gran peligro y fatiga y, además, de escasa
retribución.
Lo malo viene al bajar del andamio al que
cada uno estamos atados y elegir el raro mundo del toro, nunca más a
cuento lo de toro, porque ayer, en Málaga, fue grande el
descastamiento de las fieras, mal nuestro de los últimos decenios.
Además de faltas de presentación, escasas de
pecho y culata, unas con más pitones que otras, estaban perdidas de
fuerza y ayunas de bravura y fijeza. Duro banco de prueba para tres
toreros en tres fases distintas de cuajo.
Lima de Estepona lo intentó todo: largas a
porta gayola en cada uno de sus oponentes, verónicas que comenzaban
bien sin llegar al remate, banderillas y pases de todas las marcas
en no importa qué terrenos. Gran voluntad con menor dosis de
acierto, porque la muleta sólo embarcaba para despedir, sin marcar
la curva hacia dentro. Hubo falta de habilidad a la hora de utilizar
el estoque, por lo que del balance hay que salvar la voluntad, que
no basta para cuajar en torero aunque sea condición necesaria.
Ricardo Ortiz tiene el problema de que torea
poco y la virtud de no acusarlo. A la hora de la verdad hace las
cosas con gusto y parsimonia: un par por los adentros, un quite por
chicuelinas al segundo y la magnífica ejecución de la estocada al
primero de su lote, se pueden apuntar como notables.
Siempre estuvo por encima de su rajado
primero; parece mentira que, a un toro, haya que rogarle por favor
que embista, pero la cera es poca y de mala calidad.
En el quinto sufrió una doble luxación en el
hombro derecho, por lo que hizo demasiado con matarlo. De todas
maneras, y a pesar de que va cuajando, no se lo van a poner fácil.
Todo lo más, repetirán el favor.
Otro grado de entidad torera debía haber
mostrado José Luis Moreno. Estaba próximo a romper y, de momento, lo
ha roto todo. Fue ayer su espectro el que se paseó por La Malagueta,
con las elegantes maneras de siempre pero vacío de sustancia, por lo
que el cuajo no fue posible.
Tal vez se pueda recomponer el guiso, pues
los mimbres están ahí, pero no fui capaz de entender una actuación
desconcertante y sin criterio, acompañada de una frialdad helada.
Esperemos que cambie el tiempo y que aumente el criterio, para que
así se puedan mantener tanto las ideas como los terrenos.
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Lunes, 16 de agosto´99. Crónica de
Agustín
Hervás. LA OREJA
DESPRECIADA.
Juan José Trujillo hizo una cosa buena y otra
mala en la corrida de los cuberos. La buena le podría reportar
algunos festejos más de los pocos que torea, la mala lo puede quitar
de la circulación y convertirlo, si quiere seguir en esto, en
banderillero. Sépanlo. Trujillo banderilleó al tercero bien y puso
dos pares de banderillas en uno. Se lo explico: toma un par de
banderillas normales y el otro lo parte convirtiéndolas en cortas,
se coloca el par corto entre los dedos y el largo lo toma a la
manera usual. Se va hacia la cara del animal en la distancia larga y
coloca por el pitón derecho el par largo, cuando sale del embroque
le anda hacia atrás al toro, se prepara el par corto y cuando lo
tiene claro inicia el viaje nuevamente hacia la cara del toro, sin
perder el ritmo ni un instante lo que le da vibración a la ejecución
y vistosidad a la suerte que hemos visto por vez primera en un ruedo
y que al parecer ya la practicó en Méjico. La otra cosa que han de
saber es que no conforme por haber recibido la oreja del sexto, él
esperaba otra, la tiró bajo del estribo. Aquí huelga el explicar el
acto de arrojar la oreja bajo del estribo. Lo hizo y ya está y
ustedes se lo imaginan perfectamente. Se ha jugado su carrera porque
el personal taurino no olvida, retiene en la memoria. Y ciertamente
que no se merecía la segunda oreja, mató bien pero ya está, tuvo el
toro más potable del encierro, el que más se dejó y anduvo vulgar
con el en la muleta y en los palos, y aunque no torea nada como ya
hemos dicho, menos toreará por el gesto realizado. Porque los gestos
de ira solo los deben hacer los toreros delante del toro y
verdaderamente no fue así en este sexto; ni a decir verdad tampoco
en el tercero aunque este por motivos del animal que terminó
parándose.
Tarde de mala suerte para el menor de los
Campuzano que lleva veinte años en los ruedos y que en esta tarde
entre el viento y los mulos de toros no pudimos verlo en su
dimensión verdadera.
Algunos detalles si le vimos a Fernando
Cepeda con el capote y con la muleta, en dosis de gotitas de calidad
buena que dentro del aburrimiento general supusieron un oasis de
ilusión.
Los que verdaderamente defraudaron fueron los
toros de Benítez Cubero, que a tenor de lo visto en La Malagueta y
de que ya los lidian en corridas de rejones, como en Bilbao, están
bajos de casta y pasan un bache impresionante que seguro, Pepe
Benítez sabrá esquivar porque indudablemente estamos escribiendo de
una ganadería con señera sangre de pura ascendencia
Parladé.
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FRANCISCO MATEO. Edición del 17 de agosto de
1999. En la última
campanada.
Qué lástima como anda lo de
Benítez Cubero. Muy bien presentado el encierro, con nobleza
algunos, pero con una endeblez que hace imposible que lleguen
momentos buenos, apagándose muy pronto. Sólo el sexto, un mansito
que rompió y se dejó en la muleta del local Trujillo, casi al borde
de la última campanada, dejó que éste le diera fiesta y cortara el
único trofeo de la tarde.
El primero de Benítez Cubero
sacó descarada cara, remangado de pitones. Sin embargo, todo quedó
en la fachada, porque, aunque noble, el motor que tenía dentro
estaba bajo mínimos y no le permitía desarrollar tal nobleza en los
engaños de Tomás Campuzano, que en la tarde de ayer se despedía de
la afición malagueña. El astado ya dobló las manos antes de entrar
al caballo. En el trasteo se quedó corto por ambos pitones; por el
izquierdo siempre hubo de aydarse con la espada, entre otras cosas
–porque también se tomó sus precauciones– para poder dejar
planchadita la muleta, ya que el viento que reinó durante toda la
tarde movía la franela más de lo deseable. Un desarme por este lado
izquierdo abortó cualquier posibilidad de lucimiento; por el
derecho, una tanda sin terminar de rematar –fruto del momento más
esforzado de Tomás– y poco más. Mató de estocada y tres golpes de
descabello.
Su actuación en el cuarto pasé
entre la indiferencia del respetable. Los condicionantes para tan
silenciosa labor fueron la extrema sosería del astado, la molestía
del viento y las precauciones tomadas por el espada, que pareció
venirse abajo de ánimo cuando observó que no había posiblidad de
brillo alguno. Tras finiquitarlo el público le tributó unas palmas,
más como reconocimiento a su trayectoria que por esta labor,
correspondiendo el espada desde el tercio.
De lo mejor de la tarde en el
terreno artístico –o quizá lo único– salió de las muñecas de
Fernando Cepeda al lancear al segundo. Se gustó con la capa, bajando
la mano, metiendo la cintura y dibujando verónicas de sabor bajo el
dintel de la puerta grande. El astado fue perfectamente lidiado por
Curro Molina. Le gustó el toro al sevillano y lo brindó al público.
El comienzo del trasteo fue alentador, conmbinando derechazos y
trincherillas mientras ganaba terreno. Tras una buena tanda de
derechazos, le molestó el viento y el diestro se sintió molesto.
Pasó entonces al izquierdo pero se le coló en el primer intento y el
de Gines se pasó de nuevo a la mano diestra, aunque el astado no
tenía las fuerzas necesarias para poder desarrollar en plenitud su
nobleza y la buena condición de humillar. Una lástima. Todo se
difuminó y mató de estocada corta y un golpe de descabello.
Demasiado tiempo estuvo Cepeda
con el quinto, que no merecía el esfuerzo, sosón y sin clase. Mal
con la espada.
El local Juan José Trujillo,
sobre el que había ciertos rumores en la capital costasoleña sobre
el posible apoderamiento por parte del empresario taurino Paco
Dorado, recibió al tercero con un afarolado de rodillas, para
proseguir con vibrantes lances, quizá con el compás demasiado
abierto. Mucha emoción en el tercio de banderillas. El primero, de
poder a poder, cuadrando en el centro, con la emoción de un toro
venido arriba, con muchos pies. La sorpresa vino en el segundo y
tercer par que puso al unísono. La emoción que le ha devuelto el
novillero granadino El Fandi a este tercio, poniendo de actualidad
el impactante par del violín, tiene su eco en toreros como este
malagueño. Algunos ya bautizaron este par como el de las luces del
coche, ya que Trujillo cogió un par de banderillas normales –la luz
larga– y otro que partió por su mitad –la luz corta–, con un palo de
cada clase en cada mano. Primero puso las normales al cuarteo y,
cuando se iba de la cara, aprovechó para un quiebro y poner de
inmediato las cortas; la plaza fue un clamor. En la faena le molestó
el viento y, tras un desarme cuando cambiaba los terrenos, el toro
cambió y se paró. Voluntad del torero y poco acierto con la
espada.
El mansito sexto iba bien de
lejos y le dio juego para su portentoso y espectacular tercio de
banderillas. Rompió en la muleta y transmitió emoción. Aunque con
altibajos, el torero –que derrochó entrega– lo aprovechó, molestado
en ocasiones por rachas del viento. Mejores las tandas por el pitón
derecho. Mató –esta vez no dejó escapar el triunfo– de buena
estocada, ganándose una merecida oreja, que, en un feo gesto sin
fundamento, lanzó al labero nada más recogerla, ya que opinaría el
torero que merecía más.
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El País. JUAN ORTEGA, Málaga. Edición del 17 de
agosto´99Málaga.
Edición del 17 de agosto´99. El
destino de ser torero Dicen que se puede ver en bola de
cristal, pero no hay bola en la que quepa tanta dificultad. Ninguna
figura del toreo llega a través de un camino de rosas, pero hay
quien, de la flor, sólo toca la espina. Es el caso de Juan José
Trujillo, de profesión torero, por afición, por vocación, por
necesidad, porque crees que la vida te ha señalado un camino y te
aprestas a cumplirlo a pesar de los pesares.
Los modestos
han de aprovechar cada día lo que parece el último tren, muchas
veces con destino a la nada, y han de hacerlo en inferioridad de
condiciones, porque no pueden estar puestos aunque tengan que poner
todo lo que tienen.
No se trata
de un examen: se trata de luchar por un destino, de enfrentarse a un
juez temible que lleva la sentencia en los cuernos. Juzguen ustedes:
sale el tercer toro a la arena, a los dos anteriores les han hecho
fu por sus condiciones y a éste, que sale
contrario, Trujillo lo recibe con un farol de rodillas en el que la
res aprieta hacia los adentros.
Seguidamente, le administra unas verónicas
ganándole terreno pase a pase y remata con la media. Toma una vara,
se cambia el tercio y coloca un buen par de dentro afuera que se
ovaciona. Toma en las manos cuatro banderillas, dos de ellas cortas,
coloca un par al cuarteo y, acto continuo, andando hacia atrás, de
salida, el segundo al quiebro. A partir de ahí, el duro destino de
un toro de media arrancada que se lleva el triunfo por su condición
de manso que no da la cara.
El sexto
toro, de un salto leonino, le pone los pitones en el pecho nada más
salir. El tercer par de banderillas, por los adentros, parecía de
imposible salida y pone a la plaza en pie. El torero busca en el
tendido a su madre y le brinda la lucha. Esta vez, la mano derecha
fue poderosa, embebió las embestidas y las remató abajo. Lo toreó
mientras pudo y quiso aprovechar más de lo que pudo antes de
volcarse sobre el morrillo dispuesto a apuntillar el destino.
No se trata
de una obra sublime, pero sí de valor, de honradez, de torería, de
rebelarse contra la inanición taurina, de demostrar que uno quiere y
dejar tarjeta de merecido respeto. Es el drama cotidiano de un
torero que quiere dejar la modestia y que lucha con las armas que el
director del teatro le ha proporcionado. Nada más, pero nada
menos.
Tomás
Campuzano, en tarde de viento imposible, recibió una ovación
cariñosa en reconocimiento a su dilatada carrera. Fernando Cepeda
empezó con cante grande, pero pronto se quedó afónico. Sobre la
arena, un respeto imponente.
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Domingo, 15 de agosto´99. Crónica de
Agustín
Hervás. LLAMABAN AL ALGUACILILLO.
González Porras había conseguido cortar una
oreja, que el alguacilillo, indumentaria tradicional, con medias
negras y zapatos de la época, que no botas ni botines, le entregaba.
El alguacilillo, cumplida su función se iba en busca del burladero
cuando de repente se encoge como si de un dolor de estomago se
tratara, se echa mano del bolsillo y entrando por la bocana del
refugio, se lleva semejante aparato al oído. ¡Era un teléfono
móvil!. Llamaban al alguacilillo y no sabemos si era al orden, o
para poner orden o era la orden de su querida esposa. ¡Contrastes de
la modernidad!. El hombre vestido y cumpliendo funciones de hace
cuatrocientos años y en la mano el último grito de modelo de
móvil.
En fin, quedose la oreja en manos del
debutante Martín González Porras que había brillado en los quiebros
realizados con un precioso caballo español, quiebros ejecutados con
pureza de los que engañan al toro dándole la salida por el lado
derecho cuando de inmediato el caballo tordo gira hacia la izquierda
presentado la grupa como cebo, clavando el jinete banderilla y
saliendo airoso de la suerte.
Esos quiebros no eran los que Moura hizo en
el primero, porque Moura, más experto y pícaro, le marca la salida
al toro y luego al ofrecerle el cebo de la grupa, antes, el caballo
posiciona las cuatro patas en la arena, gana un tiempo y se toma
ventaja en el embroque y en la salida de la suerte. Queda bien, pero
menos puro que el otro quiebro.
En realidad la maestría de Moura se hizo
notar en toda su actuación por el temple que le imprime a sus
caballos y por el fino y clásico toreo que realmente no interpreta a
la portuguesa sino más bien a la española, que tiene más garra. Lo
de ambos toreos se nota porque el portugués es más señorial y
respetuoso con el ritual y el español es más vibrante, tiene más
carga de emotividad y para ello lo primero que hace Moura es
quitarse el sombrero en las actuaciones en España, que no en su
tierra. Ese tricornio a la federica no tiene barboquejo y después de
un caballazo podría caérsele. El sombrero andaluz no, este tiene
barboquejo y bien prieto no se cae por muchas piruetas y cabriolas
que se hagan con las cabalgaduras.
González Porras gustó además de en los
quiebros en las banderillas de rodillas con su caballo albino.
Andy Cartagena es un heterodoxo del rejoneo,
que pega caballazos a diestro y siniestro y que fue muy aplaudido en
el violín y piruetas a ambos lados.
Bohorquez no está bien, no se encuentra en
buen momento y parece ser que ello se debe a que no tiene caballos
bien preparados en su cuadra.
De los hermanos Domecq hay que decir varias
cosas, la primera que Luis, que es el más clásico no imprimió ángel
a su actuación y dejó tocar sus caballos en dos o tres ocasiones; la
segunda, de Antonio, más efectista entonó su actuación en las
piruetas, violín y con sus caballos de rodillas, pero de torero
bueno, nada. Y la tercera, que no hay memoria en la empresa de
Málaga ya que no se acuerda cuando estos hermanos se cayeron de un
cartel de feria, porque había toros reglamentariamente despuntados y
no desmochados y dejaron solo aquella tarde a Javier Buendia que
como un valiente se quedó aunque pidió que le trajeran a alguien más
y se trajeron a Pedro Cárdenas y a Luis Valdenebro, que por contra,
nunca más volvieron a la Malagueta. No sé si será cuestión de
memoria o de vergüenza empresarial.
Una ultima cosa, Moura se viste a la federica
y como tal y según la época y tradición sus caballos van enjaezados
con monturas, cabezales y aperos de la época. El detalle del
sombrero debería tenerlo en cuenta. Pero en general bien. Lo que
ocurre, que ya puestos a ser tradicionales y a guardar las formas en
un espectáculo que va a más, como es este del rejoneo, en los
rejoneadores españoles deberíamos pedir y exigir lo mismo, si van
ataviados con la indumentaria campera, exíjase para los caballos,
los cabezales con hierros vaqueros, y la montura vaquera pura, de
perilla, concha y piel de cordero, azalea, que se llama. El buen
caballista debe desterrar, ya que el rejoneo no es malabarismo, las
monturas mixtas, los hierros extranjeros, los pechos Petrales,
aunque estén reconocidos y sobre todo las gamarras, que obligan al
caballo a recoger la cara artificialmente y que denotan una falta de
doma o en todo caso una característica de la cabalgadura, echar la
cara arriba, natural que debe aceptarse o en todo caso domarse
bien.
Sobre todo deberemos tener en cuenta que el
rejoneo, como el toreo a pie es un conjunto de costumbres y ritos
que llevan aparejados unos aspectos externos consecuentes con la
función a realizar que no es otra que crear arte ante un toro desde
un animal, el caballo, susceptible de nuestra doma.
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El País. JUAN ORTEGA, Málaga. Edición del 16 de agosto´99 Un gran toro y un gran torero
De don Antonio Cañero, que debía tener sobra
de valor, decían los cronistas contemporáneos que era un sportman . De João Moura, lo único que se
puede decir es que se trata de un torero, de un gran torero. Un
torero necesita un toro, y lo tuvo. Por encima de los 600 kilos y
con un motor adecuado a tal romana. Hubo nobleza, bravura y galope
para hacer una ganadería. A tal señor, Moura correspondió con todo
honor. Toreó de salida desde y con el caballo, luciendo en los
rejones de castigo y su labor estuvo presidida por el temple y la
sobriedad.
Las demás reses de Bohórquez también sacaron
bravura ejemplar, quizá demasiado para lo que se estila y algunas,
cosa extraña en este tipo de función, estuvieron por encima del
rejoneador que les tocó en el sorteo. Así ocurrió con las dos
siguientes. Si lo bueno debe ser breve, lo malo es mejor que también
lo sea. Breve estuvo Fermín Bohórquez afortunadamente, vociferante y
atropellado.
Don Luis Domecq se aburrió y nos aburrió.
Colocó rejones traseros, no midió las distancias y, cuando parecía
que mejoraba el nivel con las farpas, se dejó trompicar de mala
manera. Antonio Domecq dio una lección de doma, sólo que lo hacía
cuando estaba a distancia del toro, aprovechando para que los
caballos se arrodillaran de manos, se subieran al estribo, y
lucieran múltiples habilidades circenses.
González Porras nos obsequió con un rejoneo
eléctrico, siempre con el velocímetro a tope, distribuyendo los
diversos hierros a lo largo y ancho de la res, de tal forma que a
veces ofrecía bonitos dibujos equidistantes de la yema. Andy
Cartagena apostó por la espectacularidad y el violín, todo muy a
gusto del público, al que toreó mejor que a su enemigo natural.
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Sábado, 14 de
agosto´99. Crónica de Agustín
Hervás. SE VENDIÓ
Digamos que se vendió el genero y digamos que
no nos quedó mucho para vender, quizá pensara esto el ganadero que
puede estar satisfecho de sus productos aunque como siga así nadie
se los va a comprar ya que la casta no está de moda. No es que los
novillos de Macandro tuvieran casta de la buena como para decir, de
bravo, sino todo lo contrario, para decir de manso, pero ese es el
filo del precipicio donde hay que estar y si se trabaja y se acierta
seguro que terminará la vacada rompiendo en bravo. Pero dicho queda,
la casta hoy en día nadie la quiere, luego amigos ganaderos, a
seguir siendo aficionados.
Pero digamos que también se vendió el genero
al populacho andaluz a través de la televisión autonómica y según
parece todo salió bien, que es lo que quieren sus gerifaltes. Es
decir, que no se critique mucho, que se suavicen las cosas y que se
cree fiesta de la fiesta y que no parezca que cada cual en esto de
los toros es un sinvergüenza.
Pero se vendió. Se vendió el presidente Ruiz
Toledo a las absurdas peticiones de oreja de la claqué venida a La
Malagueta desde Algeciras y Jaén, y comprada con entradas de lo
gratis que luego tuvieron que convertir en pañuelos para que el
presidente con un criterio reglamentario pero poco ético, sacara los
suyos propios para concederle míseros apéndices auriculares al tal
Montoya (sin agarre) y al tal Ortega.
Ninguno de los dos debutantes hizo méritos
para conseguir esos trofeos, es más solo el "jenero" hizo gala de
mayor oficio, ya que el de Algeciras solo tuvo posecitas y remilgos
amanerados ante la pujante codicia del burel.
Almería me defraudó, esperaba mucho más de un
novillero que el pasado año puso listón muy alto en la feria de su
ciudad. El de Jerez sacó los temores y secuelas de la fuerte cornada
del pasado año que casi le deja sin cara. El sevillano pechó con el
mansón de la tarde y se vislumbró oficio en su trasteo. Y el otro de
Jaén David Arauz, que al parecer es familia próxima del ganadero de
aquellas tierras del norte de Andalucía, está verde, habrá que
esperarlo.
PLAZA DE LA MALAGUETA 1999 OTROS
FESTEJOS CELEBRADOS
Domingo, 17 de
octubre´99. Erales de Félix Hernández y José Escobar (desiguales
de presentación y juego), para Rodrigo Rincón (ovación y oreja),
Alejandro Sánchez (ovación y vuelta al ruedo) y David Galán (oreja y
oreja). Floja entrada en tarde desapacible.
Domingo. 8 de
agosto´99. Novillos de Atamasio Fernández (grandes, broncos y
deslucidos), para Sanchez Parada (saludos y silencio tras aviso),
Daniel Sánchez (palmitas tras aviso y palmas tras dos aviso) y
Paquito Perlaza (vuelta con petición y oreja).
Domingo 11 de
julio´99. Málaga. Seis toros de Buendía para El Pavero,
Gitanillo de América y Otto Rodriguez.
Domingo, 4 de
Julio´99. Plaza de La Malagueta (Malaga). Erales de Sánchez
Ibargüen y Joaquín Buendía, para el rejoneador José
Cañaveral, y para los espadas Rodrigo Rincón, el holandes
Nikkolai Norte (vuelta y vuelta) y Bejamín Gómez.
Domingo 27 de junio´99. Plaza de Málaga.
Novillos de Soto de la Fuente, para Julio Pedro Saavedra (vuelta y
vuelta), Sebastián
Castella (ovación y vuelta tras aviso), y Felipe Palomares, que
debutaba con caballos (ovación y ovación). Un cuarto de
entrada.
Domingo, 20 de junio. Novillos de Escribano
Martín, Martín Lorca y Luis Buendía (dos de cada hierro). Sebastián
López, palmas y silencio. David Cano, oreja y vuelta. Víctor Varón,
ovación y oreja. Un cuarto de entrada.
Domingo, 13 de
junio´99. La Malagueta.4 becerros de Joaquín Buendia y 2 de
Ortiz Hermanos, para: Miguel Angel Luque,( de Villanueva del
Rosario), Jorge Vega (de la barriada del Palo), Antonio Vergara (que
matará el tercero y el sexto), Nikkolai Norte, (de Holanda) y Rafael
Salcedo "Falito" (de la barriada Parque del Sur). A las 7,15 de la
tarde. 2000 pts (12 euros) tendido sombra, 1000 pts ( 6 euros)
tendido sol.
Domingo, 6 de
junio´99. Málaga. Novillada sin picadores. Cuatro becerros de la ganadería de Martín Lorca
(buenos en lineas generales) y uno de Félix Hernandez (se dejó).
Alejandro Sánchez (silencio y dos orejas). David Galán ( oreja y
oreja) y Victoria Chamizo (aplausos). Comentario de Agustín
Hervás.
Domingo, 23 de mayo.
Plaza de la Malagueta. Cuatro erales y dos añojos de Felix
Hernandez Barrera para los novilleros de la Escuela Taurina de
Málaga Israel Carra, Juan Pepe Guerrero, Rafael Salcedo
"Falito", Avila Martín y los añojos para Alejandro Sánchez. A las 19
horas. Precios
de sol 1000 pts. y de sombra 2000 pts. (6 y 12 euros
respectivamente).
Domingo, 9 de mayo. Plaza de La Malagueta.
Cuatro erales de Félix Hernández Barrera para los aspirantes Felipe
Palomares (de Torre del Mar-Málaga), y para David Cano (de
Marbella). Y dos añojos para David Galán. A las 18:30 horas.
Domingo, 11 de abril. Málaga. Novillada sin
caballos. Erales de Joaquín
Buendía, para Felipe Palomares, Joselito Ortega y Rafael
Salcedo, Falito.
Domingo, 4 de abril. Toros de Antonio
Ordóñez, deslucidos y con muy poca fuerza, para Javier Conde (aviso y ovación;
ovación; vuelta al ruedo) y Rivera Ordóñez
(vuelta, ovación y ovación). Mano a mano. Algo más de media entrada.
El picador José González Pepillo, de Málaga, sufrió una luxación de
hombro al ser derribado su caballo por el primer toro de la
tarde.
Sábado, 3 de abril. (Sábado de Gloria).
Novillada de promoción. Erales de Buendía, para
José Ortega, Israel Carra y José Manuel
Collado.
Domingo, 28 de marzo
(Domingo de Ramos). Plaza de La Malagueta (Málaga). Novillos de
Fernández Gutierrez (manejables, pero faltos de fuerza), para Morita
(vuelta y silencio), Juan
Manuel Benítez, (vuelta y ovación tras petición de oreja)
y Sánchez Parada (aplausos y ovación).
Domingo, 21 de marzo. Festival. El
rejoneador Martín González Porras (oreja) y los diestros César Rincón
(ovación), Enrique
Ponce (oreja), Ricardo
Ortiz (dos orejas), Javier Conde (dos
orejas) y Rivera Ordóñez (dos
orejas), y el novillero David Vilariño
(oreja). Ganado de Jandilla (buen
juego).
JOSE LUIS MARCA CESA COMO GERENTE EN LA
MALAGUETA
Redacción. 8 de
septiembre´99. El gerente de la Malagueta, ganadero,
apoderado y empresario José Luis Marca ha sido cesado por el sistema
de golpe de mano dado por sus actuales socios Puche, Camará, Miranda y
Manuel Martín Gálvez, que vuelve así a cobrar el protagonismo del
que había carecido durante los años que se vendió a la dictadura del
maño. Martín Gálvez, actual empresario de la malagueta se enfrenta a
primeros del año próximo con la disyuntiva de la prórroga del
arrendamiento de la plaza que pertenece a la Diputación y que este
año ha cambiado de signo político.
Según fuentes consultadas por esta redacción el
contrato se prorrogará, habiendo sido este el primer paso por el que
se ha llegado a dar el golpe de mano; el segundo las desavenencias
en la confección de los carteles de la pasada feria con sus socios y
el tercero discrepancias de criterio en cuanto a la sustitución o no
de Manzanares por Trujillo, pupilo del rey de los barcos y
presidente del Málaga Club de Futbol, Sr. Puche.
Con este desplazamiento de la gerencia, la
empresa gana en imagen ya que José Luis Marca pasa en Málaga por ser
el mayor gafe de toreros y a la vista está de carteles feriales. No
obstante durante su labor la plaza de la Malagueta ha caido en el
ostracismo, ya que la importancia de la que llegó a ser la segunda
plaza de Andalucía, ha caido por los suelos. De todas formas no es
el único culpable de esta constatación, ya que los tres equipos
gubernativos que actuan en la misma, nombrados por uno de los
mayores perjudicadores de la afición, Luciano Alonso, a la sazón
Delegado de Gobernación, han tenido tanta culpa como el mañico.
Información de
Agustín Hervás
El pasado dia 4 de noviembre´99 la Diputación de Málaga
en sesión plenaria, decidió por unanimidad de todos los grupos
politicos representados, (PSOE,PP,IU,GIL,PA); denunciar el contrato
que mantiene con la empresa Manuel Martín Gálvez y que expira el 3
de agosto del 2000. La denuncia se basa en la mala gestión de la
plaza, los malos espectáculos ofrecidos en las últimas temporadas y
el clamor de la afición en contra de un empresario que a pesar de
ser malagueño no ha tenido la consideración ni la sensibilidad
necesaria para elevar la plaza de toros de Málaga a la altura que le
corresponde. Finalmente en el pleno se concluyó la necesidad de
sacar a concurso la plaza mediante un pliego de condiciones que se
ofrecerá próximamente por los servicios juridicos de la
Diputación.
Información de Agustín
Hervás.
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