GANADERÍAS DE ANDALUCÍA
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TOROS EN MÁLAGA

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FERIA TAURINA DE AGOSTO 1999
Carteles, resultados y crónicas
otros festejos celebrados
Desierto el premio JUAN BREVA a la mejor ganadería.
José Tomás, prémio VICENTE ZABALA

Sábado, 14 de agosto.- Semifinal del II Ciclo de Novilladas con Picadores patrocinadas por la Consejería de Gobernación de la Junta de Andalucía y Canal Sur Televisión.. Utreros de Hermanos Rubio Martinez (desiguales de presentación, muy chico el primero y un becerro el sobrero que hizo sexto, justos de fuerzas, invalido el sexto que fue devuelto, bravucones en los caballos, alguno manso como el primero y cuarto, que llegaron al último tercio con picante y plantearon dificultades por encastados a los noveles chavales); para los novilleros de las escuelas tarinas de Andalucía Jesús Almería (escuela Municipal Taurina de Almeria)  (media, aviso, -vuelta-), Juan Miguel Montoya (Algeciras) (estocada delantera, aviso -oreja-), José Manuel Granados Ojedita (Jerez) ((estocada, aviso, dos descabellos, aviso, descabello, -palmas-), Salvador Cortés (Sevilla) (dos pinchazos, estocada perpendicular, cuatro descabellos, -silencio-), Eduardo Ortega (Jaén) (estocada caída, aviso, descabello, -oreja-) y David Arauz (Jaén) (estocada, -vuelta-). Crónica del festejo

Domingo, 15 de agosto.- Corrida de Rejones.Toros de Fermín Bohórquez (con cuajo y kilos, que en general colaboraron con los caballeros, más parado el cuarto y tardo el quinto. Aplaudidos en el arrastre, primero y tercero); para Moura (rejón, pinchazo, otro rejón, pinchazo, pie a tierra y descabello, -vuelta-), Fermín Bohórquez (rejón que descorda -oreja-), Luis Domecq (rejón, pinchazo, metisaca, pie a tierra, dos descabellos -palmitas-), Antonio Domecq  (rejón, pie a tierra, descabello -oreja-), González Porras (rejón, pinchazo, pie a tierra, descabello -oreja-) y Andy Cartagena ( (rejón trasero y caído -dos orejas-). Crónica de Agustín Herbás. Crónica de El País

Lunes, 16 de agosto.- Toros de Benitez Cubero para Tomas Campuzano (silencio y ovación), Fernando Cepeda (ovación y silencio) y Juan José Trujillo (ovación y oreja). Crónica de Agustín Hervás, Crónica de El País, , Crónica del Diario de Andalucía.

Martes, 17 de agosto.- Toros de Sayalero y Bándres, (descastados pero manejables. 1º, anovillado, y 2º, rajado). Lima de Estepona:(vuelta al ruedo; -silencio-). Ricardo Ortiz: (-oreja- ; saludos). José Luis Moreno: (saludos; -aplausos-).  Crónica de El País    Crónica de Agustín Herbás, , Crónica del Diario de Andalucía..

Miércoles, 18 de agosto.- Toros de Gabriel Rojas (peligrosos, uno, el 3º, de Mari Carmen Camacho, dió buen Juego).   Manzanares:(lesionado). Javier Conde:(pitos,pitos y -oreja-). Morante de la Puebla:(-oreja-, -ovación- tras aviso y -vuelta con petición- tras dos avisos)un toro de Fermín Bohórquez para el rejoneador Paco Ojeda.:(ovación) Crónica del El País    Crónica de Agustín Herbás, , Crónica del Diario de Andalcía..

Jueves, 19 de agosto.- Cuatro toros de Bernardino Piriz (flojos y descastados), dos, 4º y 6º, de Santiago Domecq (bien presentados). (El 6º fue devuelto y sustituido por uno de Sayalero y Bandrés). Manuel Díaz "El Cordobés":(saludos; -aviso- y-oreja-).  Javier Conde: (-aviso-, saludos; -pitos-). El Juli: (-saludos-; -saludos-). Crónica de El País    Crónica de Agustín Herbás, , Crónica del Diario de Andalucía.

Viernes, 20 de agosto.- Toros de Nuñez del Cuvillo (los tres primeros contrarios al decoro. El 3º fue sustituido por uno de Santiago Domecq que cumplió. Los tres últimos, mejor presentados, ayunos de casta y fuerza). Manuel Díaz "El Cordobés": (-silencio-; -saludos-). Rivera Ordoñez : (-silencio-; -saludos-). José Tomás.: (-oreja- y -dos vueltas-; -aplausos-). Crónica de El País    Crónica de Agustín Herbás Crónica del Diario de Andalucía.

Sábado, 21 de agosto.-Toros de Jiménez Pasquau (primero, quinto y sexto, blandos. El sexto fue devuelto y sustituido por otro de Gavira). Y tres de Torrestrella (segundo, tercero y cuarto, deficientes de presentación y encastados). Ponce: (saludos; -oreja- con petición de otra). Rivera Ordoñez: (saludos; -oreja-). El Juli: (-oreja-; aplausos). Crónica de El País, , Crónica del Diario de Andalucía.

Domingo, 22 de agosto.- Toros de José Luis Osborne (con más pitones que culata, tres anovillados y los tres segundos más presentables, flojos. El 5º fue sustituído por otro de la misma ganadería); para  Ponce (oreja; aviso y saludos), José Tomás (aviso y oreja; aviso y saludos); y Morante de la Puebla (oreja; aviso y  saludos). Más de tres cuartos de entrada. Crónica de El País, , Crónica del Diario de Andalucía.


PLAZA DE LA MALAGUETA
Feria de Agosto 1999
CRÓNICAS DE LOS FESTEJO

Agencias, octubre '99. El jurado del premio que anualmente concede la peña cultural flamenca JUAN BREVA, de Málaga a la mejor ganaderia en conjunto lidiada en la feria de 1999, ha considerado por unanimidad dejar desierto este premio al considerar que ninguna de las corridas lidiadas merecia tan alto honor, ni por la presentación ni por el juego.

Por otra parte el premio al mejor toreo de capote VICENTE ZABALA, ha sido otorgado por el jurado, unanimemente, a José Tomás

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diarioandalucia.jpg (22376 bytes) FRANCISCO MATEO. Edición del 23 de agosto de 1999Y se puso la guinda

Se llevaban tres toros estoqueados y cada uno de los tres espadas tenían una hoja de la puerta grande abierta. Ningún matador había logrado salir a hombros de La Malagueta y tampoco se logró ayer. Pero se vino a poner la guinda al pastel del abono malagueño. La empresa había logrado reunir un cartel interesantísimo, prácticamente el mejor. Los toros de Osborne, bien presentados, pasaron el examen a la primera. Los tres –Ponce, José Tomás y Morante– tenían previamente al festejo de ayer una corrida, y los tres habían cortado una oreja en esas primeras comparecencias, de modo que la expectación para la tarde de toros estaba asegurada. Más aún cuando se tiene la oportunidad de ver en un mismo cartel a Ponce midiéndose junto a José Tomás, y un pinturero Morante que da ese toque de exquisitez.

Cada uno le fue metiendo presión al otro, sabiendo que el triunfo era a cara de perro. Primero fue Ponce, el que ante un toro noble pero de justas fuerzas, hizo las cosas muy bien, dando la distancia y el sitio necesario para no asfixiar al animal. Duró lo justito, aunque lo templó bien al natural, ligando con los de pecho, todo ello de gran belleza. Aguantó más el toro por la izquierda. El valenciano midió bien la faena y no la alargó innecesariamente para que el buen tono logrado decayera. Ya con la espada buena, ligó unos derechazos abrochados con un doble de pecho que levantó una gran ovación. Estocada algo trasera y desprendida más un descabello que dio paso a la primera oreja.

José Tomás puso la diferencia en el segundo. Dos detalles tuvo el torero; hizo el paseíllo con el capote de paseo del ayuntamiento que se le entregó el viernes como el más completo de la Feria del 98, y brindó la faena a la banda, que ese mismo día, al dar la vuelta con la oreja que cortó, le dedicó las notas de Cumpleaños feliz, ya que cumplía 24. Aunque José Tomás sea tan seco y serio con sus propios compañeros, no es desconsiderado. En el saludo no pudo lucirse con un astado suelto, que manseó de salida. Tras la vara, quite ceñidísimo por chicuelinas, en los medios, con el toro galopando, cerrando con una extraordinaria media. Tras el comentado brindis a la banda, directamente a los medios, lugar en el que se desarrolló toda la faena. Sin probaturas alguna, estatuarios, erguido como un palo y rematando por bajo. Derechazos en las primeras tandas para comprobar la buena clase del toro y la mano zurda a continuación para cruzarse hasta donde parece imposible que el toro pueda llegar y girar en torno a su cuerpo. Es como esas rotondas modernas que ahora instalan en cualquier calle, ante las que el conductor –el toro– ha de girar media circunferencia alrededor de la fuente –el torero– y después salir en la misma dirección que traía. Ese es el único secreto de José Tomás para ser tan puro con la mano izquierda. Las tandas levantaron clamores, pero la pasión vino cuando, ya apagado el de Osborne, lo citó en naturales de frente, ofreciendo la muleta por delante, planchada, para tirar de él y rematarlo detrás de la cintura. Así, uno a uno, un buen puñado. Y en cada uno no hubo palmas, sino largas ovaciones. Tras la artística y pura obra, quiso cerrar con broche de oro y entró a matar en el platillo del ruedo. Hubo dos pinchazos y hasta la tercera no agarró una estocada atravesada y tendida, perdiendo por tal motivo el doble trofeo. En la apasionada vuelta, algunos aficionados alzaban y bajaban sus brazos en señal de reverencia, como de un dios del toreo.

Morante no quiso ser convidado de piedra y, pese a la presión introducida por sus compañeros, salió relajado para dejar un quite por chicuelinas con aires sevillanos. Como sevillano fue el comienzo del trasteo, con la muleta recogida con el cartuchito de pescao pepeluisista y soltándola cuando el toro se le venía. Hubo mucho toreo con la zurda, con la pinturería y el garbo fresco de su toreo, plasmado en los recortes de final de faena. Mató de estocada entrando muy derecho y también cortó la oreja.

Pero la segunda parte no fue igual. El sobrero que sustituyó al endeble titular, sin recorrido y defendiéndose, le ceró la puerta grande a un Ponce seguro. El quinto, parado, por más que lo intentó José Tomás, le hizo la misma faena. Y el último le duró poco a un entregado Morante. Lástima de segunda parte, porque la primera fue lo mejor del abono.

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El País. JUAN ORTEGA, Málaga. Edición del 23 de agostop´99. Cuatro naturales y uno de pecho

Le aplaudieron al citar porque principios requieren las cosas, jalearon el nudo porque el argumento era emocionante y enloquecieron en el desenlace porque no se podía creer lo visto. Fueron cuatro naturales abrochados con el de pecho en el centro del ruedo. De perfil, llevando la embestida prendida de la muleta que, al arrastrarse, se desflecaba. Los más largos y lentos, la serie más grande porque era la verdad misma sin ningún atributo. Hay elaboraciones que van del clásico al barroco, pero aquello no tenía estilo ni desviación porque era el concepto mismo del toreo, era más que la pureza, más que la perfección misma: era esencia y acto, verbo del toreo.

Había sido la última serie de una faena creciente en intensidad, precedida con el capote de verónicas a compás abierto y chicuelinas dejándose ser de largo. Comenzó la labor de muleta en el centro del ruedo, con ayudados del celeste imperio dejándose lamer por los pitones, perdiendo lentejuelas del bordado de la taleguilla. La geometría de José Tomás es muy fácil: de adelante hacia atrás, de arriba abajo y siempre hacia dentro. No hay más misterio que el de su propio ser. A la hora de matar, dos pinchazos arriba y estocada trasera atravesada.

Vaya por delante que los toros se defendían por los pitones, que los tres primeros fueron chicos y que el segundo trató de fugarse. Tuvieron poca fuerza y los tres más grandes, menos todavía y ninguna clase. Es el material de todos los días para todos los toreros, pero es diferente según qué manos, qué cabeza o qué sentimiento. José Tomás se expone siempre a lo peor para conseguir lo mejor.

En su segundo toro nada hubo, ya que el animal no se decidió a embestir, consumiéndose en su propia impotencia a la que el torero respondió sacando lo posible de uno en uno, porque la manguera de la bravura estaba seca y sólo goteaba.

Morante de la Puebla le pidió prestado el cartucho a don Pepe Luis y sacó de dentro cuatro naturales acompasados que abrieron de forma espléndida una faena que alcanzó cotas altas, tanto que no siempre las pudo mantener. Los momentos buenos o muy buenos alternaron con otros en los que predominaban chispeantes burbujas sobre posos añejos.

En el sexto volvió a dejar constancia de que estamos ante un torero cuajado, serio y valiente, con buena cabeza que se jugó el órdago al intentar recibir.

Enrique Ponce alternó cosas muy buenas, verticalidad, economía de movimientos y gusto con el inevitable conformismo, al que sacrificó su maestría y sapiencia continua.

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diarioandalucia.jpg (22376 bytes)  FRANCISCO MATEO. Edición del 21 de agosto de 1999. Desastre de espectáculo.

Con la llegada de las figuras están llegando los toros a modo para ellos. Si la del jueves fue desesperante, la de ayer no le fue a la zaga. Los de Cuvillo no sirvieron ni uno, sin fuerzas alguna, un desastre que debe hacer meditar al ganadero, porque no fue sólo la corrida de ayer. El presidente, además, sin la valentía de echar toros al corral. Los reconocimientos previos fueron muy ajetreados –como todos los de esta parte de corridas para figuras; la de Torrestrella de mañana también fue rechazada–. Tanto que los sobreros no se completaron hasta pasadas las tres de la tarde. Algunos corrillos apuntaban a esta escabechina en los corrales como el verdadero motivo de la fiebre de Rivera Ordoñez en la mañana de ayer, excusa con la que disculparon su esperada presencia en un acto por la mañana en el museo de la plaza de toros y que lleva el nombre de su abuelo, Antonio Ordóñez. Al final hubo arreglo en los corrales y todos acudieron al paseíllo...

La historia de los dos primeros toros fue muy similar. Chicos, sin trapío, anovillados, sin rematar... impresentables para una plaza como Málaga. Y eso que los que se lidiaron ayer fueron el resultado de una ardua selección de los veterinarios. Y los dos de mismo comportamiento. Inválidos completamente, que sólo la escasa entidad del señor que se subió ayer al palco –le tocaba turno a Rafael Porras– hizo posible que no fueran para los corrales. El de El Cordobés rodó por los suelos tras el primer muletazo, teniendo que coger la espada el rubio torero.

Algo más de suerte tuvo Rivera Ordóñez, que le aguantó medio muerto, pero en pie, algunas tandas, que el torero se empeñó en dar, aunque el público estaba deseando que cogiera el estoque de verdad para cerrar el agonizante espectáculo del semoviente. Quizá tardó tanto porque presumía su insistente fallo a espada y descabello. Total, que el comienzo del festejo no pudo ser más deprimente.

Salió el tercero de Cuvillo, que no es que fuera ni mejor ni peor que los otros dos, sino igual de inválido, al que ni tan siquiera se picó. Pero materialmente, porque sólo hubo un pequeño corte superficial de la piramide cortante, ya que la puya que llevaba El Legionario tras la minivara estaba impoluta, con las cuerdas blancas como la leche. Pues aún así, el presidente –se supone que defensor de los derechos de los espectadores– optó por cambiar el tercio. Al ponerlo en suerte para banderillas, con la plaza puesta en pie en protestas, el toro cayó al albero y fue el motivo in extremis para que el del palco por fin abriera los ojos y viera la invalidez del astado, sacando el apolillado pañuelo verde.

Salió un sobrero de Santiago Domecq, que anduvo suelto y manseando durante los primeros tercios pero que permitió un ceñidísimo quite por gaoneras de José Tomás que levantó clamores. Qué forma tan pura de pasarse al astado con el capote. Los primeros doblones por bajo, además de la propia belleza estética que tuvieron, sirvieron para que el diestro de Galapagar comenzara a fijar al astado, que fue haciéndolo bueno poco a poco. El torero lo llevó a media altura y progresivamente le fue bajando la mano, hasta hacerlo humillar sin que el de Santiago Domecq doblara las manos: Fue entonces el material necesario para la obra artista y profunda de José Tomás. Primero, mientras estaba en la parte técnica de la faena, tandas por el derecho, para una vez haberle ganado la partida al noble animal dejarse emborrachar de toreo al natural, con la mano no baja, sino bajísima, alargando la embestida. Mandando y templando. Y, ya con la espada de verdad en la mano, vino lo mejor, en una postrera tanda también con la zurda, a pies juntos y dando el pecho, ligando en un palmo de tereno. Inconmensurable. Mató de estocada y se pidieron dos orejas, quedando el balance presidencial en un trofeo. Tras el enfado del respetable, dio dos vueltas al ruedo con la oreja, en las que la banda interpretó Cumpleaños Feliz, porque ayer hacía ya 24 añitos.

Tras el oasis que supuso la lidia del toro de Santiago Domecq, otra vez de vuelta a la triste realidad. Cuarto, quinto y sexto fueron igualmente parecidos. Reservones, escasos de fuelle y cortando el viaje en el útimo tercio cuando ya no podían con su alma. El Cordobés y Rivera Ordóñez, voluntarisos y algo pesados, alargando en exceso algo que ni tenía sentido ni emoción, ni ná de ná. Tampoco pudo obrar el milagro José Tomás en el último. En menos de dos horas salieron siete toros, se devolvió uno y José Tomás dio dos vueltas al ruedo

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diarioandalucia.jpg (22376 bytes) FRANCISCO MATEO. Edición del 22 de agosto de 1999. Empatados a una oreja.

Otra corrida remendada en La Malagueta. De los de Torrestrella no pasaron más que tres el examen veterinario y se echó mano de otros tantos de Jiménez Pasquau, aunque uno de estos fue devuelto y se lidió un sobrero de un tercer hierro, Gavira. Al final, poco contenido con la plaza llena. Aunque tampoco ayer se abrió la puerta grande, el listón mínimo de exigencia marcado de forma correcta durante la semana se partió ayer, ya que las orejas de El Juli y Rivera fueron de menor entidad, por momentos muy puntuales; una certera estocada en el caso del primero y una voltereta al final del trasteo en el caso del segundo. La más justificada, la de Ponce.

Enrique Ponce fue el único de la terna de ayer que echó por delante al toro de Jiménez Pasquau que remendaba cada uno de los tres lotes de los anunciados de Torrestrella. De escasa fortaleza trasera, parado ya desde los intentos de lances con el capote. Prácticamente, antes de que el sevillano Antonio Saavedra metiera la pirámide cortante de la puya ya estaba picado. El pitón derecho del toro del jefe de los ganaderos era para verlo, heho un autético florón. En la muleta ofreció escasa clase; fue la técnica de Ponce lo que hizo que pareciera un poco mejor del parco contenido positivo que realmente tenía. Bien los muletazos, sobre todo los centrales de cada tanda, porque en los otros abusaba del toreo despegado, rematando para las afueras y uso del pico. La espada no jugó a su favor y hasta la cuarta agresión no dejó una estocada mortal.

Toro muy a modo de Ponce el cuarto, de Álvaro Domecq, que se desplazó con nobleza, aunque también fue toro al que hizo mejor la técnica del torero valenciano. Los muletazos por la diestra y al natural fueron templaditos, ligando mucho y rematando bien por alto con los de pecho. Introdujo la variedad con algún pase de las flores y circular. Mató de estocada de rapidos efectos y cortó una oreja, pidiéndose incluso la segunda.

El primero de Rivera Ordóñez, de Torrestrella, no fue fácil de banderillear, que estuvo en un tris de empitonar a Miguel Arcos –que está sustituyendo al herido Basilio Martín– a la salida del segundo par. El astado, de escaso trapío, fue bastante manejable en el engaño, pero el torero estuvo por debajo de sus potables posibilidades. Jugó los brazos con la muleta demasiado retrasada, con enganchones y rematando para las afueras. Hubo muchos muletazos, sonando incluso la banda y con el respaldo de un trunfalista público en tarde llena de expectación, pero el verdadero contenido artístico fue pobre. Alegró su quehacer con algún muletazo mirando al tendido. Volvió a fallar con la espada.

El segundo de su lote, de Jiménez Pasquau, tuvo escaso recorrido y ello le llevó a defenderse en la muleta, cortando el trazo del muletazo de Rivera Ordóñez y quedándose debajo, poniendo en apuros al torero, que solventó la papeleta con soltura, a base de un valor seco para aguantar coladas y parones. Al final, ya con la espada de verdad en la mano, sobrevino la voltereta del reservón y complicado animal, saliendo indemne de puro milagro, aunque con la taleguilla rasgada. Se puso en pie sin mirarse y, enrabietado, se desplantó cerca del toro. Montó la espada y la enterró. Esta última parte, con el impacto de la cogida, fue lo que motivó la petición de oreja, a la que se accedió.

Variado en el saludo capoteril El Juli, así como en el quite. Bien en banderillas, sobrado; los tres pares de nuevo por el pitón derecho. ¿Virtud –siempre encuentra toro por ese lado, sea como sea el astado– o defecto –no es tercio completo–? El burel, bastante manejable pero con las fuerzas limitadas, se presumía que no iba a tener más que unas quince arrancadas buenas y había que aprovecharlas. Julián bajó mucho de tono con la muleta. No terminó de centrarse y cuajar esas primeras tandas, a pesar de que su actuacón con capote y banderillas había lanzado al público hacia la julimanía y todo le parecía bueno; pero la intensidad de los aplausos iba decreciendo, al igual que la banda, que cesó la interpretación del pasodoble. Lo mejor de esta parte fue la estocada, factor determinante para la concesión de una oreja de menor entidad.

El sexto, de Pasquau, fue devuelto por uno de Gavira; toros más endebles se han mantenido en tardes anteriores. El Juli se esforzó con el sobrero, corto de recorrido. Irregular en banderillas. Fue una faena más de aficionado, en el que jugó un papel importantísimo el toque de las muñecas de Julián. Falló con la espada y tras dos tardes en La Malagueta, no abrió la puerta grande. Bueno, ni él ni ninguno.

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El País, JUAN ORTEGA, Málaga, edición del 22 de agosto '99   Toros en rosa

A la hora de relatar un festejo de estas características, hay algo indefinible que no cuadra: la plaza estaba llena, cada torero cortó una oreja y dio de sí lo que pudo; sin embargo, una vez traspasados los datos estadísticos, el espíritu se encontraba vacío, de vacaciones.

Los toros no son solamente números, tantos derechazos, ¡tantos!, tantos naturales (menos), tantos pinchazos (muchos). Tampoco se pueden percibir nada más que con la vista o el oído, mientras la razón queda coja para entender lo que pasa en el interior del círculo que dicen mágico.

La fiesta tiene que llegar a través de los sentidos, no en vano es metáfora de la vida. No hablo de sensiblería barata, sino de una percepción completa, que abarca el concepto de arte y la emoción que produce.

Ayer, el diálogo estaba escrito antes de comenzar el festejo. El público sabía a lo que venía y los toreros también; nadie preguntó a los toros.

Las revistas del corazón, a través de métodos de consulta, podrían ser las que concedieran los trofeos. No parece que los viejos criterios taurinos tengan vigencia. Por eso, a la hora de contar lo que pasó, hay una esquizofrenia entre visto y sentido que no tiene solución.

Emoción hasta el bostezo

La lidia de los dos primeros toros emocionó hasta el bostezo. Ni Ponce ni Rivera llegaron a atemperar el motor de sus oponentes, reduciendo sus desarrollos a tiempos toreros. Las series se sucedían, ya eléctricas, ya de uno en uno, hacia afuera, previsibles, aburridas...

Ponce, en el cuarto, hizo una faena desigual. Brilló la derecha y, por ese pitón, en ocasiones, salieron limpios los redondos, sin necesidad de recuperar la posición. Vimos al Ponce que liga, relajado, bien colocado, con gusto. La estocada fue de buena ejecución pero cayó algo desprendida.

Rivera, en el que cerraba una mala feria suya, se arrimó en dos largas ajustadas y media verónica rodillas en tierra. Con la muleta interpretó un solo de derechazos a distancia rematados con una voltereta espectacular de la que salió ileso afortunadamente.

El Juli hizo de todo. Torero de capa de repertorio, banderillas variadas e irregulares, series mejores entre otras irrelevantes, en línea recta y descolocado. La primera faena fue de más a menos mientras que la segunda no llegó a rematar el vuelo.

Todo pasó y nada se recordará mañana. Serán necesarias las revistas rosas para conocer los códigos de conducta.

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El País, JUAN ORTEGA, Málaga, edición del 21 de agosto '99   Cumpleaños feliz

Iba a decir que la fiesta tiene dos caras, pero creo que no: la fiesta está llena de caras, de caraduras. No puedo calificar al ganadero sin pasar por el juzgado de guardia, pero no puedo dejar de preguntarme por qué no ha pasado él, que ha cobrado a precio de corrida de toros una auténtica gusanera podrida, y ello en connivencia con la autoridad.

No obstante, tengo que apartar la indignación para decir que José Tomás celebró ayer sus 24 años. La banda tocó dos veces el Cumpleaños feliz, la primera, al recibir de manos de la alcaldesa el capote de paseo que lo acredita como triunfador de la feria pasada y la segunda, al pasear el anillo con una oreja de su primer oponente.

El verdadero regalo, que supo aprovechar, le vino cuando le cambiaron el toro; empezó ganándole terreno en cada gaonera del quite del baturro -chufla, chufla, que como no te apartes tú...-. El toro, que había salido suelto de dos picotazos, sintió de pronto que se partía, se oyó el crujir; el causante había sido José Tomás, que lo puso en suerte con un capotazo que lo curó de toda mansedumbre. A partir de ahí, embistió.

Empezó por bajo de verdad, siguió con dos series de redondo que nada tenían que ver con los derechazos al uso y al abuso: llevaba el toro toreado, hacia atrás, largo, rematando a bajo. José Tomás no será marciano, pero su toreo es de otra galaxia, o quizá de la galaxia eterna del toreo que se había apartado de nosotros. Vinieron luego los naturales: al toro le costaba tomar la muleta por el pitón izquierdo, pero los toques no iban al pitón contrario, sino hacia atrás, dados con la panza de la muleta, ligando un milagro torero tras otro, templando, a compás, sin un gesto de más. En una ocasión, el toro se le vino encima inopinadamente: José Tomás se defendió con un solo toque mágico hacia atrás, que empapó la tarascada. No hubo manoletinas y, a la hora de la verdad, recetó una estocada a ley. Felicidades, torero.

Los demás toros no existieron: los dos primeros se desinflaban como muñecos de plástico. Los tres últimos caían patas arriba, mientras el público insultaba a todo quisqui. En otros tiempos queman la plaza.

El Cordobés no hizo nada en su primero. En su segundo, después de lo de José Tomás, quiso torear por lo clásico: Mozart fue interpretado por la charanga del pueblo.

Rivera se puso digno para torear a una insignificancia y en su segundo, logró que la muleta estuviera todo el tiempo por los aires, en un puro enganchón. Se encaró con alguien del público, en vez de buscar al ganadero.

Nada pudo hacer José Tomás en el sexto: era de Núñez del Cubillo.


Viernes, 20 de agosto´99. Crónica de Agustín Hervás. ¡ PORRAS CON EL PORRAS!

El presidente Porras no es un aficionado, es un presidente amargado y rencoroso que pasa factura, sobretodo pasa las facturas de las mañanas en los reconocimientos. El presidente Porras no quiso conceder la oreja segunda a José Tomás y bastante que le importó a José Tomás, al buen aficionado y a un servidor, que no cree en esos peludos y traidores trofeos. La oreja segunda dice el reglamento que es suya y por tanto que se la guarde el señor presidente donde le quepa y no le haga daño, pero el señor presidente cantó la gallina y bien que su conciencia se lo hará pagar.

Es que el señor presidente se tuvo que tragar, allá él, la corrida peor presentada hasta la fecha. Allá él. Que se fastidie y sea consecuente, pero que no lo pague con José Tomás, porque el torero de Madrid, hizo el toreo, marcando las diferencias con quienes haya que marcarlas y yo no quiero señalar, porque cada uno es cada uno. El toreo lo hizo con un sobrero de Santiago Domecq que resultó bueno. Y explicar el toreo de José Tomás sería explicar toda la tauromaquia moderna y pura y para ello mejor que ustedes lo vean y luego hablamos.

De lo que sí podemos hablar es de que la tauromaquia que realiza el Cordobés y Rivera Ordoñez, no es la tauromaquia, sino que es el destoreo, el aburrimiento, el enganchón, el pasito atrás, el ahogo de las embestidas y el poco acoplamiento con las birrias de toros que salieron por chiqueros, incluido el último que fue de Tomás y con el que no se pudo ver la dimensión del buen toreo.

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diarioandalucia.jpg (22376 bytes) FRANCISCO MATEO. Edición del 20 de agosto de 1999. Cuando falta la emoción.

Corrida moderna, como les gusta a las figuras. Salvo el manso quinto, los demás, nobles, aborregados, sin fuelle, obedientes, justos de trapío, dejando estar,... pero sin emocón, claro. Sin la emoción del toro-toro, sino de ese medio toro que ayer no emocionó ni a la banda de música. Cómo sería la cosa que El Juli –cada vez más metido en este vicioso círculo– no dio ni una sola vuelta al ruedo.

Distraído, mansón y con pocas fuerzas el primero en los primeros tercios, astado que brindó El Cordobés al equipo de médicos de la plaza, que el año pasado le asistió de la grave cornada. En la muleta sacó nobleza pero sin terminar de rematar el viaje por la falta de fortaleza; era una media embestida que el torero tenía que alargar. Y lo hizo Manuel. Exprimió lo poco de transmisión que tenía dentro, con tandas de derechazos en los que se sintió a gusto. Apenas un molinete de rodillas final fue todo el recurso que se permitió. Mató de estocada corta y la gente pidió la oreja, enfadándose mucho con el presidente por no concederla. Tanto que se olvidó de aplaudir al torero para que diera la vuelta al ruedo. El torero, contrariado aunque respetuosamente con la decisión del usía, salió al tercio y pidió calma a los eufóricos y triunfalistas tendidos, que la línea marcada para la concesión de las orejas en la Feria de este año es buena. Pero qué lástima que el público no valore las vueltas al ruedo más que si es con un trofeo en la mano.

El cuarto, un remiendo de Santiago Domecq, fue de similar condición, noblón, dejándose, pero de escaso recorrido, aunque manejable para el torero, que dio tandas estimables hasta que se agotó, para después satisfacer las numerosas peticiones de su público de sol y llevarse al toro hasta las tablas de la solanera, en donde dio todo un amplio muestrario de desplantes, salto de la rana y demás fuegos de artificio que provocaron el delirio en la plaza. Mató de estocada de la que no cayó el animal y precisón de un golpe de descabello, con un aviso por medio. La gente, mosqueada con el del palco por no conceder la oreja en el toro anterior, demandó el trofeo con fuerza; incluso el segundo. Se otorgó, obviamente, uno.

Bien picado el primero del lote de Javier Conde, que actuaba por segunda tarde consecutiva. El de Píriz fue pronto, con recorrido y tuvo fijeza. En los dos primeros muletazos de probaturas por bajo el astado, como toda la corrida justita de motor, dobló las extremidades delanteras. Por eso no llego a entender cómo el torero no buscó lavertical y lo llevó a media altura para no quebrantar su escaso fuel, sino que siguió por bajo y obligándole. El torero, templadito, gustándose a veces, a media altura, sobresaliendo los de pecho. No obstante, no logró sacar todo el partido, quedando el toro por encima de él. Mató de estocada atravesada y seis descabellos, sonando un aviso.

El quinto, un manso que apretó en banderillas a la cuadrilla cuando veía cerca la presa. Demasiado para un estilista como Conde, sin recursos de lidiador para doblegar los arreones. Pasó un mal rato con la espada.

La historia de El Juli se repite una tarde más. La expectación en torno a su participación en una corrida –ayer debutaba en esta plaza– hace que el coso registre un lleno completo y el triunfalismo o julimanía preside cada una de sus actuaciones, algunas veces de forma justificada y otras no. Al chaval, por fin, con tanto ajetreo de corridas, le ha dado tiempo a pasarse por una peluquería, porque el abundante flequillo que lucía en sus últimas corridas parecía que hasta le incomodaba. A pesar de la escasez de fuerzas se pudo lucir en el quite. A petición del público puso banderillas, las tres por el pitón derecho como en él es norma y los dos últimos iguales, muy cerrado en tablas, por los adentros. Noble, obediente pero de corto recorrido. Tan bondadoso que se le paraba en la barriga y el animalito no hacía nada. Trasteo compuestito, mejor al natural, cruzándose mucho para provocar la embestida, pero faltó la emoción del toro, que incluso la propia banda cesó la interpretación del pasodoble.

El último fue un sobrero de Sayalero que sustituyó a un inválido de Santiago Domecq. Manso el astado, El Juli se inventó unas tandas en los terrenos de sol, de mérito, pero que no sirvió para triunfar.

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El País, JUAN ORTEGA, Málaga, edición del 20 de agosto '99  Material de desecho

La plaza se llena a reventar, las localidades, todas son caras. El sol, inclemente, se alía con la piedra que arde. En esta situación sí, además, el espectáculo no alcanza las cotas esperadas, pues ya me dirán.

El espectáculo tiene que quedarse chico por fuerza, ya que el material taurino es de desecho. No se trata de las puntas, que no todas son iguales, ni de la presentación, variable, sino del juego o, mejor, de la jugada: el primero careció de trapío, no tuvo clase ni fuerzas, ni siquiera comportamiento de toro, que debe ser fiero.

Los dos siguientes, otros que tal bailan. Salió el cuarto, de otra ganadería, y cundió la sensación de que había que cuidarlo. ¿Cuidar a un toro? Sí, no se vaya a caer.

A todo esto, los picadores, de adorno: un puyacito, un refinolazo, una regañeta. El quinto fue manso. El sexto fue devuelto porque la cuadrilla y el matador así lo quisieron. Lo tiraron al suelo sin piedad y lo hicieron corretear para que se viera no sé qué. Y se vio. En su lugar, salió un buey al que acababan de desuncir de la carreta. Vuelta a empezar.

Los toreros se prestaron de buen grado a la representación: era de ver al Cordobés administrando cuarto y mitad de derechazos a granel. Media desprendida y de oca a oca. En la siguiente oca, el Cordobés se fue a los tendidos de sol, visto que sus medios pases a distancia, alejando al toro, no tenían suficiente recompensa.

Ni se entregó el toro, ni el torero, ni el público. En la solanera ligó dos ranas de notable altura y alguna barbaridad más. Terminó de una estocada caída.

Javier Conde, en el segundo, ligó con lentitud y temple, si bien los pases se sucedían de abajo arriba y hacia afuera. Una estocada atravesada y seis descabellos dieron mala cuenta del toro. El quinto, manso, sólo sufrió un ligero refinolazo en el caballo. Era manso y apretó hacia los adentros como una condena.

Javier Conde no supo enfrentarse a tales problemas que se convirtieron en sainete, y menos mal que pudo acabar con los problemas y con el sainete mismo.

El Juli brilló a ráfagas; algún lance bien compuesto, dos quites de repertorio, dos pases por los adentros, una serie apañadita en la que no tuvo que rectificar los terrenos y poco más. Detalles y continuidad que acabaron en tres pinchazos y descabello.

En el sexto, menos detalles, más desplantes y peor planteamiento. Estocada y dos descabellos.


Jueves, 19 de agosto´99. Crónica de Agustín Hervás
. EL JULI SIGUE LLENANDO

Debutaba el Juli en Málaga y llenaba la plaza, porque la llenó él, no la llenó ni el Cordobés ni la repetición de Javier Conde. Pero el Juli no justificó el llenazo, destoreó al tercero al que no mató con pureza, ya que se limitó a pinchar y descabellar y para matar hay que herir con la espada. Y en el sexto, sobrero de Sayalero, nada pudo hacer con verdad ya que se paró. No obstante habrá que seguir insistiendo en que el Juli se aprovecha de los pares más arriesgados por dentro y no lo hace por el pitón izquierdo. Es muy difícil ver al madrileño hacer la suerte en los medios. El Juli es un torero largo, pero no es completo y a la postre los públicos se darán cuenta.

El Cordobés estuvo aseado en su lote sin mayores estridencias y coloquios internos.

Javier Conde no estuvo bien con el segundo y anduvo perdido con el manso quinto, con el que volvió a manifestar, aunque al no le importe, que es un torero cortito de valor, cortito de espíritu y ayuno de técnica y cabeza, y también esas carencias se pagan a la larga, o a la corta.

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diarioandalucia.jpg (22376 bytes) FRANCISCO MATEO. Edición del 19 de agosto de 1999. Morante, arte puro

Mucho habría que contar sobre la corrida de toros de ayer. Por orden cronológico habría que hacer referencia los aspectos previos. Estaba anunciado José María Manzanares, que no compareció y mandó parte médico con una lesión de muñeca. Esa misma causa provocó su baja recientemente en Alfaro. No obstante, la molestia de la empresa con el torero de Alicante está motivada porque hasta última hora no se recibió vía fax el parte médico y la consiguiente justificación para no hacer el paseíllo. Así, la empresa optó por la vía más rápida y anunció un mano a mano entre Conde y Morante –uno de la casa y el otro muy próximo a ella–. No hubiera sido mala fórmula anunciar de nuevo al local Juan José Trujillo. Al gerente de la empresa, José Luis Marca, no le ha hecho ni puñetera gracia el tema de Manzanares, y todo parece indicar que las corridas que estaban apalabradas para Lorca y Manzanares han quedado automáticamente rotas.

Otro aspecto fue el baile de corrales –más de uno piensa que es éste el motivo real de la baja de Manzanares–. Del primer envío de toros sevillanos de Gabriel Rojas, compuesto por ocho toros, sólo se aprobaron tres, rechazado uno por falta de peso. Un nuevo camión llegó al día siguiente con cinco más. Así, de los trece presentados sólo pasaron cinco. Se completó con una res de Camacho, de los que también hicieron falta reconocer un buen número. Y no parece que esto vaya a tener final, porque los veterinarios están escrupulosos. Para la corrida de mañana de Cuvillo sólo hay aprobados cuatro. Quizá el error sea haber abierto Feria con dos corridas demasiado bien presentadas para el desfile de figuras que se agolpan en la segunda mitad de la Feria...

Lo que pasa es que para el caso de ayer no podrán encontrar justificación los taurinos en que la autoridad –esa que siempre no tiene ni idea, según denuncian– rechazaron a los mejores, porque la de ayer puede ser una de las mejores corridas del ciclo. De los seis de lidia ordinaria, los cuatro últimos fueron nobles, con clase, repetidores, humillando y duraron lo suficiente; uno de ellos de Camacho, y los otros tres de Gabriel Rojas, que así recobra crédito. Incluso el primero de Conde quizá en otras manos hubiera dado otro balance.

Ojeda no tuvo un buen colaborador en el manso de Bohórquez. Fue de menos a más –demasiadas veces le topó la cabalgadura–, destacando en las banderillas finales.

Morante de la Puebla escribió una de las páginas más bellas del toreo en las últimas temporadas en la centenaria plaza de La Malagueta. Su primero le hizo dos extraños en el capote por el pitón derecho: el diestro sevillano hizo referencia a una posible lesión en la vista. En banderillas volvió a reproducirlo. No obstante, muy seguro, se puso muy firme desde el primer momento por el pitón complicado, el derecho, y le cuajó unas tandas bellas, con el mérito que ello tenía. También por el izquierdo le cogió el aire muy rápido, a pesar de que también le avisó. Firmísimo ante un toro que no admitía una sola duda, que transmitía la emoción del peligro cierto, y que a más de uno lo hubiera puesto en un compromiso. Valiente sin alaracas. Mató bien y cortó una oreja.

En su segundo mostró su clase en el manejo del capote. El astado, noble, obediente y con clase, fue la materia prima necesaria para dejar una faena de su gusto sevillano, metiendo la cintura, rematando por bajo con desparpajo y gustándose mucho. Se le fue la oreja al marrar con la espada; incluso intentó por dos veces la suerte de recibir.

Y en el último, más toreo, en una faena que quedará para el recuerdo de los que la vivimos. Fue faena de sentimiento, de exquisitez torera de un artista en plenitud. Pero otra vez la espada le privó del trofeo, aunque, después de dos avisos, el público demandó la oreja para el hispalense.

Javier Conde no quiso ver a sus dos primeros. El segundo de ellos, el de Camacho, fue un gran toro, en tipo, que la gente pudo ver –el primero tenía menos fuerzas y se tapó el torero algo más–. Dicen que estos toreros son de cara y cruz. Otros afirman que lo hacen queriendo para ganarse a la gente en el último, que es estrategia. Sea como fuere, el ánimo del torero parecía haber cambiado en quince minutos y a su tercero lo recibió con el capote muy diligente, aunque se le revolvió. Después, faena muy asentada, templada, clásica, sin tantas gesticulaciones como en otras ocasiones. Mató de estocada caída y se le concedió una oreja, aunque el torero pensó que la obra merecía más y, de forma ostensible, despreció el trofeo y echó la gente al presidente. Muy feo.

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El País, JUAN ORTEGA, Málaga, edición del 19 de agosto '99   Triunfo de Morante de la Puebla en la Feria de Málaga

En la tarde de ayer, con algo más de la mitad del aforo cubierto, La Malagueta presenció una auténtica explosión del mejor toreo de Morante de la Puebla, con reses de Gabriel Rojas.

Su primer toro fue muy peligroso, tirando cornadas a las hombreras durante los dos primeros tercios. Su segundo sacó un genio que había de ser dominado, y a ambos toros los aguantó Morante a pie firme, toreándolos con enorme seriedad y quietud, demostrando quién llevaba la batuta. En el primero cortó una oreja y en el segundo fue ovacionado tras recibir un aviso, pues pinchó varias veces, dos de ellas en la suerte de recibir, lo que malogró un triunfo legítimamente conseguido con capote y muleta.

La faena al último de su lote fue extraordinaria, de menos a más, barriendo la plaza con la panza de la muleta en varias series de naturales prodigiosos. Volvió a negarse el acero y perdió la puerta grande.

Paco Ojeda fue ovacionado y Javier Conde fue pitado en sus dos primeros y cortó una oreja del tercero de su lote.


Miércoles, 18 de agosto´99. Crónica de Agustín Hervás. EL ESPECTÁCULO COMPLETO

Una corrida de toros es un espectáculo y un espectáculo completo no es precisamente que todos los toros salgan bravos y que todos los toreros hagan faenas redondas. Un espectáculo completo es aquel donde hay toros bravos, mansos, toreros que cortan orejas, toreros que torean y llegan al alma con su toreo, broncas, silbidos. Un espectáculo completo es aquel en el que nada ni nadie, incluido el público, es indiferente.

En el espectáculo hubo una vulgaridad a caballo, llamada Paco Ojeda, hubo un torero abucheado y abroncado llamado Javier Conde, hubo un toro bravo de Mari Carmen Camacho, otro que se rajó y no quería embestir de Gabriel Rojas, un torero que se cayó del cartel que se llama Manzanares y un torero que entregó su alma en su actuación y con ello se la entregó al público, se llama Morante de la Puebla y hubo también en el espectáculo completo un publico dividido entre los que participaban por Javier Conde y amaban a Morante. Y hubo entre otras muchas cosas un exaltado y emocionado empresario – gerente – apoderado, llamado José Luis Marca.

En fin que Javier Conde fue abroncado en su primero porque no lo entendió, abroncado en su segundo porque no supo lidiar a un toro bravo, y recibió la oreja del que hizo quinto a pesar de una faena superficial, decorativa y ayuna de esencia. No obstante sus partidarios querían sacarlo a hombros y el presidente dijo que nones.

Morante de la puebla bordó el toreo, con su primero porque sacó faena de donde no había, en su segundo estuvo más fácil y menos entregado sin terminar de entenderlo y con el sexto, un extraordinario toro colorao hizo el toreo al natural, en redondo, en los adornos y en los desplantes. Morante de la Puebla me recordó al toreo del pepeluisismo, ¡ al del padre claro! y Morante llenó los corazones y el alma de los aficionados aunque los condistas no le pidieran la oreja para no sacarlo por la puerta grande sin la compañía de Javier. Y de capote lo bordó sobretodo en el segundo de la tarde.

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Martes, 17 de agosto´99. Crónica de Agustín Hervás. EL HOMBRO ROTO

Ricardo Ortíz, torero de Málaga tiene un hombro dislocado, tal que se le salía durante la lidia del quinto toro y había de acudir a las tablas a pegarse contra ellas para colocarlo en su lugar y así proseguir su faena. A los tendidos, que no encontraban explicación al asunto, no llegó con claridad la gravedad del problema físico del malagueño, pero él lo pasó mal. No obstante dio el tipo, cumplió y tal como el toro los dos fueron de más a menos. Pasó a la enfermería después de pasar el quinario para matarlo y a estas alturas de temporada ha decidido suspenderla, operarse y recuperarse para la próxima.

El Malagueño consiguió un trofeo del segundo de la tarde, muy merecido ya que su labor fue completa tanto en banderillas como en la muleta donde llegó a entenderlo y a aprovecharlo.

El torero Lima de Estepona no se encontró en toda la tarde, no entendió a su primero, estuvo muy mal en pares de banderillas, hizo un esfuerzo inútil por inoperante en el cuarto, y él que es un torero con sempiterna sonrisa, esta se le borró del rostro, porque sabe que no pudo, no supo y además no tuvo el santo de cara. Pero para que no nos engañemos nadie, fue más su culpa que la de los toros.

La faena de José Luis Moreno al tercero se le vino abajo, ahogó la embestida al acortarle distancias y nada se quedó grabado en la memoria de algunos buenos momentos al principio de la misma. El sexto se paró.

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diarioandalucia.jpg (22376 bytes) FRANCISCO MATEO. Edición del 18 de agosto de 1999Sin pena ni gloria.

Tampoco hubo ayer en La Malagueta suficientes ingredientes para hacer un buen guiso. Y eso que los astados de Sayalero –corrida que al empresa ya tenía apalabrada hace un par de semanas al causar baja la anunciada de Manolo González–, aunque mansitos, se dejaron; unos más sosos que otros, pero más de uno debió ser mejor aprovechado. Entre los toreros destacaron Ricardo Ortiz y José Luis Moreno. El malagueño le cortó una oreja a su primero por una faena entregada y no pudo redondear en el quinto. En cuanto al cordobés Moreno, bien en el tercero y se justificó en el deslucido último; no obstante, se le notó algo frío, como desmotivado o triste, quizá por las expectativas que había para este año y que, por diversas circunstancias, no las está viendo cumplidas. Lima de Estepona no dejó nada para el recuerdo; aunque para recuerdo la vuelta al ruedo que se llevó él del que abrió plaza.

Lima de Estepona recibió a portagayola a su primero en un intento de calentar al escaso público que ayer se dio cita en La Malagueta desde el mismo inicio del festejo; ya se sabe que abrir cartel le gusta muy poco a los toreros, porque dicen que la gente está muy fría. Puede que sea verdad, pero no deja de ser cierto que cuando se hace algo de calidad, auque sea al principio del festejo, la gente siempre responde. Pues tras la portagayola, de nuevo de rodillas para una larga en el tercio, aunque la gente apenas respondió. Puso banderillas con desparpajo y facilidad, con conocimiento de los terrenos. En la muleta, el astado tuvo bondad y nobleza, aunque con las fuerzas justas. Pero la calidad del burel no la aprovechó Lima de Estepona, que puso mucha voluntad y logró sacar algún natural que ratificó la buena condición del toro, pero los muchos pases que dio apenas tuvieron contenido, sin decir casi nada. El torero asfixió al animal aún más por empeñarse en citarle demasiado cerca. Abusó del toreo despegado y del pico.

Manso y rajado el cuarto, al que ya le costó trabajo ponerle banderillas a Lima de Estepona. La faena fue una continua lucha del torero por intentar que el toro no se le rajara y se le fuera a tablas. Tras cada muletazo tenía que rectificar la posición para cruzarse, ya que el animal siempre tendía a salirse para las aafueras.

Ricardo Ortiz demostró sus buenas cualidades banderilleras en el segundo tercio, en el que puso tres pares en distintos terrenos, los tres muy reunidos y arriba. El de Sayalero, mansito y rajado, sólo admitió la pelea en la zona cercana a tablas. Aceptó esa condición el malagueño y al abrigo de las tablas construyó una faena entonada, de mérito, exponiendo ante un astado reservón que en cualquier momento, en un derrote al verse ganado en el envite, podía alzarlo en alto. Se adornó con molinetes y muletazos de recursos para terminar con una estocada caída tras la que se concedió una oreja justita.

Hizo un esfuerzo importante para poner banderillas en el quinto, ya que tenía el hombro derecho maltrecho de un reciente golpe en una corrida en Francia. Aún con dicho obstáculo y salvando el primer par, los demás quedaron reunidos. Más conjuntada fue la faena a este manejable quinto, algo sosón, destacando las tandas de toreo al natural. Ortiz se templó más que en otras ocasiones y gustó a sus paisanos lo que hizo. En la primera entrada se dejó el brazo atrás y agarró un pinchazo, para dejar después una estocada defectuosa y un nuevo pinchazo, resintiéndose en el encontronazo de la lesión de hombro derecho. Al final, se lo quitó de encima como pudo y sus facultades le permitieron.

José Luis Moreno no pudo mover el capote de salida porque su advesario no se prestó; manejable el astado en la muleta, sobre todo con la virtud de la fijeza en el engaño. Moreno se fue encontrando poco a poco más a gusto con él, con tandas estimables por al diestra. Los muletazos del diestro cordobés sí tenían contenido y no pasaron indiferentes. Quizá alargó más de la cuenta el trasteo y el de Sayalero se vino abajo, muy apagado, aunque lo solventó José Luis con un toreo de cercanías, adornándose con desplantes y muletazos de recursos. Mató de pinchazo y estocada y, aunque se pidió la oreja, el presidente no la concedió, y el torero, tras saludar, desistió de la vuelta al ruedo.

El sexto se le apagó pronto, aunque en banderillas apretó, sobre todo para las tablas. Además, tenía escasa calidad en su parca embestida. De salida no siguió con fijeza el capote y en la faena de muleta todo quedó deslucido. No se confió con la espada.

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El País, JUAN ORTEGA, Málaga, edición del 18 de agosto '99.    CUAJAR EN TORERO.

Hoy salen pocos toros cuajados, a los que corresponden pocos toreros con cuajo. La carrera es muy difícil y está erizada de trampas, aunque, si así no fuera, estarían vacíos los andamios, que son de gran peligro y fatiga y, además, de escasa retribución.

Lo malo viene al bajar del andamio al que cada uno estamos atados y elegir el raro mundo del toro, nunca más a cuento lo de toro, porque ayer, en Málaga, fue grande el descastamiento de las fieras, mal nuestro de los últimos decenios.

Además de faltas de presentación, escasas de pecho y culata, unas con más pitones que otras, estaban perdidas de fuerza y ayunas de bravura y fijeza. Duro banco de prueba para tres toreros en tres fases distintas de cuajo.

Lima de Estepona lo intentó todo: largas a porta gayola en cada uno de sus oponentes, verónicas que comenzaban bien sin llegar al remate, banderillas y pases de todas las marcas en no importa qué terrenos. Gran voluntad con menor dosis de acierto, porque la muleta sólo embarcaba para despedir, sin marcar la curva hacia dentro. Hubo falta de habilidad a la hora de utilizar el estoque, por lo que del balance hay que salvar la voluntad, que no basta para cuajar en torero aunque sea condición necesaria.

Ricardo Ortiz tiene el problema de que torea poco y la virtud de no acusarlo. A la hora de la verdad hace las cosas con gusto y parsimonia: un par por los adentros, un quite por chicuelinas al segundo y la magnífica ejecución de la estocada al primero de su lote, se pueden apuntar como notables.

Siempre estuvo por encima de su rajado primero; parece mentira que, a un toro, haya que rogarle por favor que embista, pero la cera es poca y de mala calidad.

En el quinto sufrió una doble luxación en el hombro derecho, por lo que hizo demasiado con matarlo. De todas maneras, y a pesar de que va cuajando, no se lo van a poner fácil. Todo lo más, repetirán el favor.

Otro grado de entidad torera debía haber mostrado José Luis Moreno. Estaba próximo a romper y, de momento, lo ha roto todo. Fue ayer su espectro el que se paseó por La Malagueta, con las elegantes maneras de siempre pero vacío de sustancia, por lo que el cuajo no fue posible.

Tal vez se pueda recomponer el guiso, pues los mimbres están ahí, pero no fui capaz de entender una actuación desconcertante y sin criterio, acompañada de una frialdad helada. Esperemos que cambie el tiempo y que aumente el criterio, para que así se puedan mantener tanto las ideas como los terrenos.

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Lunes, 16 de agosto´99. Crónica de Agustín Hervás. LA OREJA DESPRECIADA.

Juan José Trujillo hizo una cosa buena y otra mala en la corrida de los cuberos. La buena le podría reportar algunos festejos más de los pocos que torea, la mala lo puede quitar de la circulación y convertirlo, si quiere seguir en esto, en banderillero. Sépanlo. Trujillo banderilleó al tercero bien y puso dos pares de banderillas en uno. Se lo explico: toma un par de banderillas normales y el otro lo parte convirtiéndolas en cortas, se coloca el par corto entre los dedos y el largo lo toma a la manera usual. Se va hacia la cara del animal en la distancia larga y coloca por el pitón derecho el par largo, cuando sale del embroque le anda hacia atrás al toro, se prepara el par corto y cuando lo tiene claro inicia el viaje nuevamente hacia la cara del toro, sin perder el ritmo ni un instante lo que le da vibración a la ejecución y vistosidad a la suerte que hemos visto por vez primera en un ruedo y que al parecer ya la practicó en Méjico. La otra cosa que han de saber es que no conforme por haber recibido la oreja del sexto, él esperaba otra, la tiró bajo del estribo. Aquí huelga el explicar el acto de arrojar la oreja bajo del estribo. Lo hizo y ya está y ustedes se lo imaginan perfectamente. Se ha jugado su carrera porque el personal taurino no olvida, retiene en la memoria. Y ciertamente que no se merecía la segunda oreja, mató bien pero ya está, tuvo el toro más potable del encierro, el que más se dejó y anduvo vulgar con el en la muleta y en los palos, y aunque no torea nada como ya hemos dicho, menos toreará por el gesto realizado. Porque los gestos de ira solo los deben hacer los toreros delante del toro y verdaderamente no fue así en este sexto; ni a decir verdad tampoco en el tercero aunque este por motivos del animal que terminó parándose.

Tarde de mala suerte para el menor de los Campuzano que lleva veinte años en los ruedos y que en esta tarde entre el viento y los mulos de toros no pudimos verlo en su dimensión verdadera.

Algunos detalles si le vimos a Fernando Cepeda con el capote y con la muleta, en dosis de gotitas de calidad buena que dentro del aburrimiento general supusieron un oasis de ilusión.

Los que verdaderamente defraudaron fueron los toros de Benítez Cubero, que a tenor de lo visto en La Malagueta y de que ya los lidian en corridas de rejones, como en Bilbao, están bajos de casta y pasan un bache impresionante que seguro, Pepe Benítez sabrá esquivar porque indudablemente estamos escribiendo de una ganadería con señera sangre de pura ascendencia Parladé.

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diarioandalucia.jpg (22376 bytes) FRANCISCO MATEO. Edición del 17 de agosto de 1999En la última campanada.

Qué lástima como anda lo de Benítez Cubero. Muy bien presentado el encierro, con nobleza algunos, pero con una endeblez que hace imposible que lleguen momentos buenos, apagándose muy pronto. Sólo el sexto, un mansito que rompió y se dejó en la muleta del local Trujillo, casi al borde de la última campanada, dejó que éste le diera fiesta y cortara el único trofeo de la tarde.

El primero de Benítez Cubero sacó descarada cara, remangado de pitones. Sin embargo, todo quedó en la fachada, porque, aunque noble, el motor que tenía dentro estaba bajo mínimos y no le permitía desarrollar tal nobleza en los engaños de Tomás Campuzano, que en la tarde de ayer se despedía de la afición malagueña. El astado ya dobló las manos antes de entrar al caballo. En el trasteo se quedó corto por ambos pitones; por el izquierdo siempre hubo de aydarse con la espada, entre otras cosas –porque también se tomó sus precauciones– para poder dejar planchadita la muleta, ya que el viento que reinó durante toda la tarde movía la franela más de lo deseable. Un desarme por este lado izquierdo abortó cualquier posibilidad de lucimiento; por el derecho, una tanda sin terminar de rematar –fruto del momento más esforzado de Tomás– y poco más. Mató de estocada y tres golpes de descabello.

Su actuación en el cuarto pasé entre la indiferencia del respetable. Los condicionantes para tan silenciosa labor fueron la extrema sosería del astado, la molestía del viento y las precauciones tomadas por el espada, que pareció venirse abajo de ánimo cuando observó que no había posiblidad de brillo alguno. Tras finiquitarlo el público le tributó unas palmas, más como reconocimiento a su trayectoria que por esta labor, correspondiendo el espada desde el tercio.

De lo mejor de la tarde en el terreno artístico –o quizá lo único– salió de las muñecas de Fernando Cepeda al lancear al segundo. Se gustó con la capa, bajando la mano, metiendo la cintura y dibujando verónicas de sabor bajo el dintel de la puerta grande. El astado fue perfectamente lidiado por Curro Molina. Le gustó el toro al sevillano y lo brindó al público. El comienzo del trasteo fue alentador, conmbinando derechazos y trincherillas mientras ganaba terreno. Tras una buena tanda de derechazos, le molestó el viento y el diestro se sintió molesto. Pasó entonces al izquierdo pero se le coló en el primer intento y el de Gines se pasó de nuevo a la mano diestra, aunque el astado no tenía las fuerzas necesarias para poder desarrollar en plenitud su nobleza y la buena condición de humillar. Una lástima. Todo se difuminó y mató de estocada corta y un golpe de descabello.

Demasiado tiempo estuvo Cepeda con el quinto, que no merecía el esfuerzo, sosón y sin clase. Mal con la espada.

El local Juan José Trujillo, sobre el que había ciertos rumores en la capital costasoleña sobre el posible apoderamiento por parte del empresario taurino Paco Dorado, recibió al tercero con un afarolado de rodillas, para proseguir con vibrantes lances, quizá con el compás demasiado abierto. Mucha emoción en el tercio de banderillas. El primero, de poder a poder, cuadrando en el centro, con la emoción de un toro venido arriba, con muchos pies. La sorpresa vino en el segundo y tercer par que puso al unísono. La emoción que le ha devuelto el novillero granadino El Fandi a este tercio, poniendo de actualidad el impactante par del violín, tiene su eco en toreros como este malagueño. Algunos ya bautizaron este par como el de las luces del coche, ya que Trujillo cogió un par de banderillas normales –la luz larga– y otro que partió por su mitad –la luz corta–, con un palo de cada clase en cada mano. Primero puso las normales al cuarteo y, cuando se iba de la cara, aprovechó para un quiebro y poner de inmediato las cortas; la plaza fue un clamor. En la faena le molestó el viento y, tras un desarme cuando cambiaba los terrenos, el toro cambió y se paró. Voluntad del torero y poco acierto con la espada.

El mansito sexto iba bien de lejos y le dio juego para su portentoso y espectacular tercio de banderillas. Rompió en la muleta y transmitió emoción. Aunque con altibajos, el torero –que derrochó entrega– lo aprovechó, molestado en ocasiones por rachas del viento. Mejores las tandas por el pitón derecho. Mató –esta vez no dejó escapar el triunfo– de buena estocada, ganándose una merecida oreja, que, en un feo gesto sin fundamento, lanzó al labero nada más recogerla, ya que opinaría el torero que merecía más.

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El País. JUAN ORTEGA, Málaga. Edición del 17 de agosto´99Málaga. Edición del 17 de agosto´99. El destino de ser torero
Dicen que se puede ver en bola de cristal, pero no hay bola en la que quepa tanta dificultad. Ninguna figura del toreo llega a través de un camino de rosas, pero hay quien, de la flor, sólo toca la espina. Es el caso de Juan José Trujillo, de profesión torero, por afición, por vocación, por necesidad, porque crees que la vida te ha señalado un camino y te aprestas a cumplirlo a pesar de los pesares.

Los modestos han de aprovechar cada día lo que parece el último tren, muchas veces con destino a la nada, y han de hacerlo en inferioridad de condiciones, porque no pueden estar puestos aunque tengan que poner todo lo que tienen.

No se trata de un examen: se trata de luchar por un destino, de enfrentarse a un juez temible que lleva la sentencia en los cuernos. Juzguen ustedes: sale el tercer toro a la arena, a los dos anteriores les han hecho fu por sus condiciones y a éste, que sale contrario, Trujillo lo recibe con un farol de rodillas en el que la res aprieta hacia los adentros.

Seguidamente, le administra unas verónicas ganándole terreno pase a pase y remata con la media. Toma una vara, se cambia el tercio y coloca un buen par de dentro afuera que se ovaciona. Toma en las manos cuatro banderillas, dos de ellas cortas, coloca un par al cuarteo y, acto continuo, andando hacia atrás, de salida, el segundo al quiebro. A partir de ahí, el duro destino de un toro de media arrancada que se lleva el triunfo por su condición de manso que no da la cara.

El sexto toro, de un salto leonino, le pone los pitones en el pecho nada más salir. El tercer par de banderillas, por los adentros, parecía de imposible salida y pone a la plaza en pie. El torero busca en el tendido a su madre y le brinda la lucha. Esta vez, la mano derecha fue poderosa, embebió las embestidas y las remató abajo. Lo toreó mientras pudo y quiso aprovechar más de lo que pudo antes de volcarse sobre el morrillo dispuesto a apuntillar el destino.

No se trata de una obra sublime, pero sí de valor, de honradez, de torería, de rebelarse contra la inanición taurina, de demostrar que uno quiere y dejar tarjeta de merecido respeto. Es el drama cotidiano de un torero que quiere dejar la modestia y que lucha con las armas que el director del teatro le ha proporcionado. Nada más, pero nada menos.

Tomás Campuzano, en tarde de viento imposible, recibió una ovación cariñosa en reconocimiento a su dilatada carrera. Fernando Cepeda empezó con cante grande, pero pronto se quedó afónico. Sobre la arena, un respeto imponente.

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Domingo, 15 de agosto´99. Crónica de Agustín Hervás. LLAMABAN AL ALGUACILILLO.

González Porras había conseguido cortar una oreja, que el alguacilillo, indumentaria tradicional, con medias negras y zapatos de la época, que no botas ni botines, le entregaba. El alguacilillo, cumplida su función se iba en busca del burladero cuando de repente se encoge como si de un dolor de estomago se tratara, se echa mano del bolsillo y entrando por la bocana del refugio, se lleva semejante aparato al oído. ¡Era un teléfono móvil!. Llamaban al alguacilillo y no sabemos si era al orden, o para poner orden o era la orden de su querida esposa. ¡Contrastes de la modernidad!. El hombre vestido y cumpliendo funciones de hace cuatrocientos años y en la mano el último grito de modelo de móvil.

En fin, quedose la oreja en manos del debutante Martín González Porras que había brillado en los quiebros realizados con un precioso caballo español, quiebros ejecutados con pureza de los que engañan al toro dándole la salida por el lado derecho cuando de inmediato el caballo tordo gira hacia la izquierda presentado la grupa como cebo, clavando el jinete banderilla y saliendo airoso de la suerte.

Esos quiebros no eran los que Moura hizo en el primero, porque Moura, más experto y pícaro, le marca la salida al toro y luego al ofrecerle el cebo de la grupa, antes, el caballo posiciona las cuatro patas en la arena, gana un tiempo y se toma ventaja en el embroque y en la salida de la suerte. Queda bien, pero menos puro que el otro quiebro.

En realidad la maestría de Moura se hizo notar en toda su actuación por el temple que le imprime a sus caballos y por el fino y clásico toreo que realmente no interpreta a la portuguesa sino más bien a la española, que tiene más garra. Lo de ambos toreos se nota porque el portugués es más señorial y respetuoso con el ritual y el español es más vibrante, tiene más carga de emotividad y para ello lo primero que hace Moura es quitarse el sombrero en las actuaciones en España, que no en su tierra. Ese tricornio a la federica no tiene barboquejo y después de un caballazo podría caérsele. El sombrero andaluz no, este tiene barboquejo y bien prieto no se cae por muchas piruetas y cabriolas que se hagan con las cabalgaduras.

González Porras gustó además de en los quiebros en las banderillas de rodillas con su caballo albino.

Andy Cartagena es un heterodoxo del rejoneo, que pega caballazos a diestro y siniestro y que fue muy aplaudido en el violín y piruetas a ambos lados.

Bohorquez no está bien, no se encuentra en buen momento y parece ser que ello se debe a que no tiene caballos bien preparados en su cuadra.

De los hermanos Domecq hay que decir varias cosas, la primera que Luis, que es el más clásico no imprimió ángel a su actuación y dejó tocar sus caballos en dos o tres ocasiones; la segunda, de Antonio, más efectista entonó su actuación en las piruetas, violín y con sus caballos de rodillas, pero de torero bueno, nada. Y la tercera, que no hay memoria en la empresa de Málaga ya que no se acuerda cuando estos hermanos se cayeron de un cartel de feria, porque había toros reglamentariamente despuntados y no desmochados y dejaron solo aquella tarde a Javier Buendia que como un valiente se quedó aunque pidió que le trajeran a alguien más y se trajeron a Pedro Cárdenas y a Luis Valdenebro, que por contra, nunca más volvieron a la Malagueta. No sé si será cuestión de memoria o de vergüenza empresarial.

Una ultima cosa, Moura se viste a la federica y como tal y según la época y tradición sus caballos van enjaezados con monturas, cabezales y aperos de la época. El detalle del sombrero debería tenerlo en cuenta. Pero en general bien. Lo que ocurre, que ya puestos a ser tradicionales y a guardar las formas en un espectáculo que va a más, como es este del rejoneo, en los rejoneadores españoles deberíamos pedir y exigir lo mismo, si van ataviados con la indumentaria campera, exíjase para los caballos, los cabezales con hierros vaqueros, y la montura vaquera pura, de perilla, concha y piel de cordero, azalea, que se llama. El buen caballista debe desterrar, ya que el rejoneo no es malabarismo, las monturas mixtas, los hierros extranjeros, los pechos Petrales, aunque estén reconocidos y sobre todo las gamarras, que obligan al caballo a recoger la cara artificialmente y que denotan una falta de doma o en todo caso una característica de la cabalgadura, echar la cara arriba, natural que debe aceptarse o en todo caso domarse bien.

Sobre todo deberemos tener en cuenta que el rejoneo, como el toreo a pie es un conjunto de costumbres y ritos que llevan aparejados unos aspectos externos consecuentes con la función a realizar que no es otra que crear arte ante un toro desde un animal, el caballo, susceptible de nuestra doma.

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El País. JUAN ORTEGA, Málaga. Edición del 16 de agosto´99 Un gran toro y un gran torero

De don Antonio Cañero, que debía tener sobra de valor, decían los cronistas contemporáneos que era un sportman . De João Moura, lo único que se puede decir es que se trata de un torero, de un gran torero. Un torero necesita un toro, y lo tuvo. Por encima de los 600 kilos y con un motor adecuado a tal romana. Hubo nobleza, bravura y galope para hacer una ganadería. A tal señor, Moura correspondió con todo honor. Toreó de salida desde y con el caballo, luciendo en los rejones de castigo y su labor estuvo presidida por el temple y la sobriedad.

Las demás reses de Bohórquez también sacaron bravura ejemplar, quizá demasiado para lo que se estila y algunas, cosa extraña en este tipo de función, estuvieron por encima del rejoneador que les tocó en el sorteo. Así ocurrió con las dos siguientes. Si lo bueno debe ser breve, lo malo es mejor que también lo sea. Breve estuvo Fermín Bohórquez afortunadamente, vociferante y atropellado.

Don Luis Domecq se aburrió y nos aburrió. Colocó rejones traseros, no midió las distancias y, cuando parecía que mejoraba el nivel con las farpas, se dejó trompicar de mala manera. Antonio Domecq dio una lección de doma, sólo que lo hacía cuando estaba a distancia del toro, aprovechando para que los caballos se arrodillaran de manos, se subieran al estribo, y lucieran múltiples habilidades circenses.

González Porras nos obsequió con un rejoneo eléctrico, siempre con el velocímetro a tope, distribuyendo los diversos hierros a lo largo y ancho de la res, de tal forma que a veces ofrecía bonitos dibujos equidistantes de la yema. Andy Cartagena apostó por la espectacularidad y el violín, todo muy a gusto del público, al que toreó mejor que a su enemigo natural.

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Sábado, 14 de agosto´99. Crónica de Agustín Hervás. SE VENDIÓ

Digamos que se vendió el genero y digamos que no nos quedó mucho para vender, quizá pensara esto el ganadero que puede estar satisfecho de sus productos aunque como siga así nadie se los va a comprar ya que la casta no está de moda. No es que los novillos de Macandro tuvieran casta de la buena como para decir, de bravo, sino todo lo contrario, para decir de manso, pero ese es el filo del precipicio donde hay que estar y si se trabaja y se acierta seguro que terminará la vacada rompiendo en bravo. Pero dicho queda, la casta hoy en día nadie la quiere, luego amigos ganaderos, a seguir siendo aficionados.

Pero digamos que también se vendió el genero al populacho andaluz a través de la televisión autonómica y según parece todo salió bien, que es lo que quieren sus gerifaltes. Es decir, que no se critique mucho, que se suavicen las cosas y que se cree fiesta de la fiesta y que no parezca que cada cual en esto de los toros es un sinvergüenza.

Pero se vendió. Se vendió el presidente Ruiz Toledo a las absurdas peticiones de oreja de la claqué venida a La Malagueta desde Algeciras y Jaén, y comprada con entradas de lo gratis que luego tuvieron que convertir en pañuelos para que el presidente con un criterio reglamentario pero poco ético, sacara los suyos propios para concederle míseros apéndices auriculares al tal Montoya (sin agarre) y al tal Ortega.

Ninguno de los dos debutantes hizo méritos para conseguir esos trofeos, es más solo el "jenero" hizo gala de mayor oficio, ya que el de Algeciras solo tuvo posecitas y remilgos amanerados ante la pujante codicia del burel.

Almería me defraudó, esperaba mucho más de un novillero que el pasado año puso listón muy alto en la feria de su ciudad. El de Jerez sacó los temores y secuelas de la fuerte cornada del pasado año que casi le deja sin cara. El sevillano pechó con el mansón de la tarde y se vislumbró oficio en su trasteo. Y el otro de Jaén David Arauz, que al parecer es familia próxima del ganadero de aquellas tierras del norte de Andalucía, está verde, habrá que esperarlo.


PLAZA DE LA MALAGUETA 1999
OTROS FESTEJOS CELEBRADOS

Domingo, 17 de octubre´99. Erales de Félix Hernández y José Escobar (desiguales de presentación y juego), para Rodrigo Rincón (ovación y oreja), Alejandro Sánchez (ovación y vuelta al ruedo) y David Galán (oreja y oreja). Floja entrada en tarde desapacible.

Domingo. 8 de agosto´99. Novillos de Atamasio Fernández (grandes, broncos y deslucidos), para Sanchez Parada (saludos y silencio tras aviso), Daniel Sánchez (palmitas tras aviso y palmas tras dos aviso) y Paquito Perlaza (vuelta con petición y oreja).

Domingo 11 de julio´99. Málaga. Seis toros de Buendía para El Pavero, Gitanillo de América y Otto Rodriguez.

Domingo, 4 de Julio´99. Plaza de La Malagueta (Malaga). Erales de Sánchez Ibargüen y Joaquín Buendía, para el rejoneador José Cañaveral,  y para los espadas Rodrigo Rincón, el holandes Nikkolai Norte (vuelta y vuelta) y Bejamín Gómez.

Domingo 27 de junio´99. Plaza de Málaga. Novillos de Soto de la Fuente, para Julio Pedro Saavedra (vuelta y vuelta), Sebastián Castella (ovación y vuelta tras aviso), y Felipe Palomares, que debutaba con caballos (ovación y ovación). Un cuarto de entrada.

Domingo, 20 de junio. Novillos de Escribano Martín, Martín Lorca y Luis Buendía (dos de cada hierro). Sebastián López, palmas y silencio. David Cano, oreja y vuelta. Víctor Varón, ovación y oreja. Un cuarto de entrada.

Domingo, 13 de junio´99. La Malagueta.4 becerros de Joaquín Buendia y 2 de Ortiz Hermanos, para: Miguel Angel Luque,( de Villanueva del Rosario), Jorge Vega (de la barriada del Palo), Antonio Vergara (que matará el tercero y el sexto), Nikkolai Norte, (de Holanda) y Rafael Salcedo "Falito" (de la barriada Parque del Sur). A las 7,15 de la tarde. 2000 pts (12 euros) tendido sombra, 1000 pts ( 6 euros) tendido sol.

Domingo, 6 de junio´99. Málaga. Novillada sin picadores. Cuatro becerros de la ganadería de Martín Lorca (buenos en lineas generales) y uno de Félix Hernandez (se dejó). Alejandro Sánchez (silencio y dos orejas). David Galán ( oreja y oreja) y Victoria Chamizo (aplausos). Comentario de Agustín Hervás.

Domingo, 23 de mayo. Plaza de la Malagueta. Cuatro erales y dos añojos de Felix Hernandez Barrera para los novilleros de la Escuela Taurina de Málaga  Israel Carra, Juan Pepe Guerrero, Rafael Salcedo "Falito", Avila Martín y los añojos para Alejandro Sánchez. A las 19 horas. Precios de sol 1000 pts. y de sombra 2000 pts. (6 y 12 euros respectivamente).

Domingo, 9 de mayo. Plaza de La Malagueta. Cuatro erales de Félix Hernández Barrera para los aspirantes Felipe Palomares (de Torre del Mar-Málaga), y para David Cano (de Marbella). Y dos añojos para David Galán. A las 18:30 horas.

Domingo, 11 de abril. Málaga. Novillada sin caballos. Erales de Joaquín Buendía, para Felipe Palomares, Joselito Ortega y Rafael Salcedo, Falito.

Domingo, 4 de abril.  Toros de Antonio Ordóñez, deslucidos y con muy poca fuerza, para Javier Conde (aviso y ovación; ovación; vuelta al ruedo) y Rivera Ordóñez (vuelta, ovación y ovación). Mano a mano. Algo más de media entrada. El picador José González Pepillo, de Málaga, sufrió una luxación de hombro al ser derribado su caballo por el primer toro de la tarde.

Sábado, 3 de abril. (Sábado de Gloria). Novillada de promoción. Erales de Buendía, para José Ortega, Israel Carra y José Manuel Collado.

Domingo, 28 de marzo (Domingo de Ramos). Plaza de La Malagueta (Málaga). Novillos de Fernández Gutierrez (manejables, pero faltos de fuerza), para Morita (vuelta y silencio), Juan Manuel Benítez, (vuelta y ovación tras petición de oreja)  y Sánchez Parada (aplausos y ovación).

Domingo, 21 de marzo. Festival. El rejoneador Martín González Porras (oreja) y los diestros César Rincón (ovación), Enrique Ponce (oreja), Ricardo Ortiz (dos orejas), Javier Conde (dos orejas) y Rivera Ordóñez (dos orejas), y el novillero David Vilariño (oreja). Ganado de Jandilla (buen juego).


JOSE LUIS MARCA CESA COMO GERENTE EN LA MALAGUETA

Redacción. 8 de septiembre´99. El  gerente de la Malagueta, ganadero, apoderado y empresario José Luis Marca ha sido cesado por el sistema de golpe de mano dado por sus actuales socios Puche, Camará, Miranda y Manuel Martín Gálvez, que vuelve así a cobrar el protagonismo del que había carecido durante los años que se vendió a la dictadura del maño. Martín Gálvez, actual empresario de la malagueta se enfrenta a primeros del año próximo con la disyuntiva de la prórroga del arrendamiento de la plaza que pertenece a la Diputación y que este año ha cambiado de signo político.

Según fuentes consultadas por esta redacción el contrato se prorrogará, habiendo sido este el primer paso por el que se ha llegado a dar el golpe de mano; el segundo las desavenencias en la confección de los carteles de la pasada feria con sus socios y el tercero discrepancias de criterio en cuanto a la sustitución o no de Manzanares por Trujillo, pupilo del rey de los barcos y presidente del Málaga Club de Futbol, Sr. Puche.

Con este desplazamiento de la gerencia, la empresa gana en imagen ya que José Luis Marca pasa en Málaga por ser el mayor gafe de toreros y a la vista está de carteles feriales. No obstante durante su labor la plaza de la Malagueta ha caido en el ostracismo, ya que la importancia de la que llegó a ser la segunda plaza de Andalucía, ha caido por los suelos. De todas formas no es el único culpable de esta constatación, ya que los tres equipos gubernativos que actuan en la misma, nombrados por uno de los mayores perjudicadores de la afición, Luciano Alonso, a la sazón Delegado de Gobernación, han tenido tanta culpa como el mañico. Información de Agustín Hervás


El pasado dia 4 de noviembre´99 la Diputación de Málaga en sesión plenaria, decidió por unanimidad de todos los grupos politicos representados, (PSOE,PP,IU,GIL,PA); denunciar el contrato que mantiene con la empresa Manuel Martín Gálvez y que expira el 3 de agosto del 2000. La denuncia se basa en la mala gestión de la plaza, los malos espectáculos ofrecidos en las últimas temporadas y el clamor de la afición en contra de un empresario que a pesar de ser malagueño no ha tenido la consideración ni la sensibilidad necesaria para elevar la plaza de toros de Málaga a la altura que le corresponde. Finalmente en el pleno se concluyó la necesidad de sacar a concurso la plaza mediante un pliego de condiciones que se ofrecerá próximamente por los servicios juridicos de la Diputación.

Información de Agustín Hervás.

 

 

 

 

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