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2004
Temporada 1998 en la
provincia de Málaga: 246 festejos taurinos
FERIA DE MÁLAGA
1998
José Tomás, triunfador
Festejos, resultados y crónicas
Sábado, 15 de agosto: Novillos de La
Plata, para David Vilariño (ovación y
oreja), López Cháves (oreja y ovacion) y Víctor
de la Serna (ovacion y ovacion)
Domingo, 16 de agosto: Reses de Arucci (de
juego muy desigual), para los rejoneadores Leonardo
Hernández (petición de oreja y dos vueltas al ruedo), Luis (ovación) y Antonio Domecq (ovacion), y Paco Ojeda (oreja y oreja por colleras. Salió a
hombros)
Lunes, 17 de agosto: Cinco
toros de Gabriel Rojas,
2º y 3º anovillados, sin fuerza ni casta y uno de Hermanos
Astolfi, manso, que sustituyó al 6º, del mismo hierro, inutilizado en el ruedo. Para Ricardo Ortíz (saludos y oreja), Morante de la Puebla.(saludos
y ovación) y José Antonio Iniesta (aplausos y oreja). Al entrar a matar al 6º, salió
prendido de forma impresionante y, al tratar de hacerle el quite, también fue cogido el
subalterno Alfredo Cervantes. Ver crónica de la prensa
Martes, 18 de agosto:
Toros de María Luisa Domínguez y Pérez
de Vargas (bien presentados y con trapío), para Juan José
Trujillo( petición de oreja y vuelta al ruedo; ovación; silencio),
José Luis Moreno(oreja; oreja; ovación) y Canales Rivera ( cogido
al torear de capa a su 1º, sufre una herida en la región submandibular izquierda que
secciona suelo de boca y base de la lengua, arrancando piezas dentarias del maxilar
superior, de pronóstico grave). Ver crónica de la prensa
Miércoles, 19 de agosto: Toros
del marqués de Domecq (los tres
primeros chicos y sin fuerza y el 5º manso), para Juan Mora (división y ovación),
El Cordobés (división y silencio) y Miguel Abellán
(ovación y silencio). Ver crónica de la prensa
Jueves, 20 de agosto: Toros de Mari Carmen Camacho (Cuatro toros, 1º y
4º inválidos), y dos, 3º y 5º, de José Luis Marca, con clase pero faltos de fuerza)
Para los diestros Joselito
(silencio y división), Javier
Conde (ovación y ovación), y Rivera Ordóñez (oreja y ovación).
Ver crónica de la prensa
Viernes, 21 de agosto: Cuatro
toros de Bernardino Píriz
(desiguales de presencia y de juego, aunque el lidiado en quinto lugar fue excelente) . Y
dos, 2º y 4º, de El Torero (con trapío, bravo
el primero y mansurrón el otro). Para Enrique Ponce (división y oreja tras
aviso), José Tomás
(oreja y oreja) y Morante de la
Puebla (oreja y vuelta). El peón Eustaquio Sierra fue asistido de un esguince
de tobillo con rotura de ligamentos y probable fractura de un hueso del pie izquierdo.
Pronóstico reservado. Ver crónicas de la prensa: El
Mundo, El País
Sábado, 22 de agosto: Toros de
Manolo González, (terciados y con poca
fuerza. 1º, 3º, 5º y 6º, mansurrones con dificultades; 2º codicioso y 4º con
picante). Para Enrique Ponce
(ovación, oreja y oreja); El Cordobés
(dos orejas. Fue atendido de dos cornadas, una en los gemelos con destrozo muscular y otra
en región perineal con rotura de fibras del
esfínter del ano. Pronóstico grave); y para Rivera Ordóñez (ovación y aplausos tras aviso).
Crónica de la prensa
Domingo, 23 de agosto: Toros de Los
Herederos de José Luis Osborne (1º sin fuerzas; 2º y 5º inéditos; 3º corretón y sin
fijeza; 4º manso, y en 6º lugar se lidió un sobrero de El Torero, con trapío, incierto y
probón). Para
Joselito (ovación y
ovación); Javier Conde
(bronca y bronca) y para José Tomás
(dos orejas y ovación. Salió a hombros). Crónica de la prensa
Crónicas de la prensa
El País. JUAN
ORTEGA, Málaga. Edición del 18 de agosto´98. Cogidas espeluznantes de
Iniesta y Cervantes
Un sobrero de Astolfi, que fue más aparente que real y bastante manso, hirió ayer de
gravedad a José Antonio Iniesta. Durante la faena, el torero puso de relieve sus deseos y
sus repetidas buenas maneras. Pero de pronto, sonó el miedo en los clarines. El manso
esperó a su matador, que le recetó una gran estocada pero salió cogido de forma
espeluznante. Al hacerle el quite angustioso, el subalterno Alfredo Cervantes salió
igualmente por los aires, y el pájaro negro de la tragedia revoloteó por La Malagueta.
Según el parte médico, Iniesta sufre tres heridas distintas por asta de toro. Una, en el
brazo izquierdo, de siete centímetros, con trayectoria hacia dentro de 10 centímetros
que causa rotura de fibras musculares. Otra en el tórax de dos centímetros, que afecta a
los músculos pectorales. Y una tercera en la cara posterior del muslo derecho, con dos
trayectorias: una de 7 centímetros y otra de 12 que secciona músculos. Calificado su
pronóstico como grave, fue trasladado a un hospital de Málaga.
Cervantes, por su parte, sufrió una herida inciso-contusa en la axila derecha con
trayecto descendente de unos 15 centímetros, que diseca paquete vásculo nervioso y
fibras del tríceps. Su estado es menos grave. Si juzgamos la primera parte de la
corrida, habrá que concluir que esto de los toros se va complicando: de tres reses
lidiadas, sólo un momento dio lugar a que sonaran los auténticos clarines del miedo:
Ricardo Ortiz, herido el día anterior y vuelto a operar en la mañana de ayer,
banderilleó por derecho y el toro le puso los pitones en el corbatín. Apenas una décima
de segundo, pero suficiente para que a la banda de música, al completo, le faltara el
aire y se quedara afónica, lo que compensó instantes después para jalear el siguiente
par.
Ricardo Ortiz se cansó de aguantar la corta embestida del primero, al que había recibido
con sobresalientes verónicas y al que, tras darle la vara, dejaron inútil para el
último tercio.
Iniesta y Morante vieron prolongadas sus recientes etapas como novilleros ante las pocas
hechuras de sus enemigos. Los picadores se limitaron a regañar y Morante a dar
zapatillazos, quizá para asustar.
Hace falta bien poco, o tal vez mucho, para recuperar la esperanza: la entrega de un
torero que quiso superar la adversidad. Ortiz toreó bien a la verónica, puso emoción en
las banderillas y se peleó con la muleta. Luego, cobró una estocada de torero macho.
El Pais. JUAN
ORTEGA, Málaga. Edición del 19 de agosto´98.
Cogida
grave de Canales Rivera
No es buen negocio pertenecer al grupo de los modestos, ya que te toca apechugar con
corridas como la de María Luisa Domínguez, seria como un luto antiguo.
No es que fuera descomunal de tamaño, andaban por la media tonelada, pero lo tenían todo
en su sitio y hacían menguar ánimos poco enteros. Encima, después de plantarle cara, te
llaman modesto, en contraposición a las figuras, que ven estos toros de Pascuas a Ramos.
No hay que caer en la demagogia, pues hay figuras de mármol y de barro, rectas y
torcidas, al igual que los modestos, que por el hecho de serlo no tienen por qué
pertenecer al batallón de los héroes, pero ayer era necesario echar una ración extra de
valor, porque se venían como trenes y no permitían ningún alivio.
Juan José Trujillo manejó el capote con solvencia en su primero y consiguió alborotar
la plaza en las verónicas que instrumentó a su tercero. Protagonizó dos grandes tercios
de banderillas con mucha técnica y abundantes dosis de valor sereno. Con la muleta trató
de robarle los pases al primero, hasta conseguir series con la izquierda que resultaron
muy meritorias. El toro que hirió a Canales fue a parar a la muleta de Trujillo, donde
cursó estudios de latín y aprobó la reválida. Con el quinto puso toda la voluntad del
mundo, pero faltó el necesario entendimiento para evitar que el toro se viniera abajo.
José Luis Moreno cuajó una gran actuación con la nota clave para poderle a los toros:
llevó siempre los engaños por debajo, obligando hasta con exageración. En su primero
llegó a forzar la figura para aumentar el mando que conjugó con una buena ligazón. En
el tercero tiró del toro y en el sexto tuvo la actuación más completa, que echó a
perder con los aceros.
El País. JUAN
ORTEGA, Málaga. Edición del 20 de agosto´98. Sólo Mora
Los dos primeros toros, por comportamiento, parecían hermanos, y los espectadores,
primos. Ambos toros eran bajitos y recortaditos, todo en diminutivo, al igual que la
fuerza, inexistente.
Se simuló la suerte de varas y llegaron a la muleta defendiéndose. Comenzó la faena del
segundo de rodillas -el torero- y a sus pies -el toro-, y ello tras monumental costalada.
Luego vino la repetida y afamada suerte del enganchón, que prodigaban Mora y El Cordobés
con singular entusiasmo. Menos mal que todo acaba, y Mora tiró por las vías bajas,
mientras El Cordobés se iba al chaleco, eso sí, previo cinco pinchazos.
Algo mejor presentado estuvo el tercero y algo más entonado Abellán, tanto en los lances
de recibo como en las chicuelinas del quite, después de una varita. En la muleta, la res
tenía algo más de recorrido y un pitón bueno, el izquierdo. Abellán lo intentó en
varias series que acabaron diluyéndose.
El cuarto no era una fiera, pero Juan Mora consiguió grabar en la retina de los
espectadores dos naturales de las dos primeras series y una tercera completa y bien
rematada. Acertó también con la derecha pero se pasó de faena; lástima de que matara
de lejos y muy mal.
El País. JUAN ORTEGA,
Málaga. Edición del viernes, 21 de agosto´98. Un toro, uno
La plaza estaba llena y la expectación, a tope, ya que llegaban las figuras. El público,
en su mayor parte, seguía el festejo por las revistas del corazón. Únicamente el sexto
toro tuvo hechos y hechuras de toro. Los otros no merecían la liturgia del traje de luces
y debían haber sido lidiados de corto.
Las largas cambiadas de Rivera Ordóñez en el único toro hicieron rugir la plaza, aunque
después no se mantuvo el tono más que a ráfagas, puesto que la sangre brava de Rivera
no terminó de convertirse en sabiduría que le permitiera acoplarse plenamente. El
tercero, terciadísimo de tamaño, no se cansó de repetir de largo, y de largo lo tomó
el torero, si bien su labor se hizo desde fuera. Mató de una estocada trasera y caída.
Javier Conde también destacó con la muleta ante una res de carril; la duda vino porque
sus series no llegaban a superar el pase único y porque el matador hacía la pausa más
larga que el acto. Para matar, necesitó de media baja, otra estocada baja y atravesada y
un descabello. El quinto, aunque sin fuerzas, intentó ir de largo a la muleta. Conde
lidió con gran mérito, sólo que de salón. Un sablazo chalequero seguido de estocada
corta muy defectuosa y descabello aguaron el festival.
El primer toro de Joselito, en vez de ir hacia adelante, iba hacia atrás, y cuando
cambiaba de marcha lo hacía rebrincado, cantando su poca fuerza. El cuarto era un
novillete que rodaba hecho una bola. La escandalera fue monumental, parte de la plaza
protestaba y la otra parte aplaudía no se sabía qué. El torero se puso triste, pero no
tenía por qué, ya que el delito era de menor cuantía. La responsabilidad fue del
presidente, que debía haberse alineado en el bando de los buenos, y no se sabe qué
interés le llevó a incumplir el reglamento.
El País. JUAN
ORTEGA, Málaga. Edición del sábado, 22 de agosto´98.
Tomás
y Ponce, a cara de perro
Cuando un toro y un torero se encuentran en la plaza y se desafían, surge la tauromaquia.
El segundo, con trapío y bien armado, fue protagonista de la pelea desde el principio. A
una vara tomada de largo siguió un quite por chicuelinas resbalando los pitones por los
muslos. El toro estaba algo crudo y Tomás lo hizo crujir en unos muletazos por bajo.
Puesto en la derechura de los pitones, desviaba la embestida cargando la suerte, sin
concederse más ventaja que su propia valentía. Ponce recibió el mensaje y no se quedó
atrás. Tras un primero inválido, pechó con otro incierto, aquerenciado y cobarde. Le
plantó cara de valor, dominio y ganas. Hubo calor de peligro y un deseo claro de defender
el puesto. Tomás durmió al quinto meciéndolo por verónicas, echándose todo el toro
por delante y ganando terreno. Después templó su tauromaquia con los pies fijos y la
cintura quebrada, jugando los brazos desde la inmovilidad. De ensueño.
Morante estuvo valiente ante un enemigo anovillado, bizco y feamente encornado, que se
comportó de manera incierta. Aguantó miradas y tarascadas, aunque con la espada cuidó
de echarse fuera. En el sexto se empleó con gusto aunque sin apretarse en exceso.
Gran tarde de banderilleros con mención especial a los hermanos Tejero, que cuajaron
cuatro espléndidos pares.
José Tomás prosigue su racha con un rotundo triunfo
El Mundo. ANTONIO
CEPEDELLO, Málaga. Edición del sábdo, 22 de agosto´98.
MALAGA.- La racha de José Tomás no se detuvo ayer en Málaga, puesto que el matador
madrileño aprovechó el mejor lote del encierro -el segundo de El Torero y el quinto de
Píriz- para exponer con rotundidad una tauromaquia honda, pulcra y de sentimiento,
especialmente con la muleta en la mano izquierda, que prodigó generosamente en la tarde
malagueña.
Advertido por el éxito de José Tomás, Enrique Ponce, discutido en su primero,
hizo un esfuerzo en el cuarto y consiguió muletazos de gran mérito y sabiduría,
premiados, finalmente, con un trofeo.
Otro más logró Morante de la Puebla al finalizar su labor frente al tercero, donde el
diestro sevillano pudo demostrar que también sabe dar la talla en condiciones de lidia
menos favorables. El valor y la entrega de la faena contrastaron con la calidad de los
muletazos al sexto.
El País. JUAN ORTEGA,
Málaga. Edición del 23 de agosto´98.
Grave cogida de El Cordobés
Quien da lo que tiene no está obligado a más, y El Cordobés lo dio todo. Hasta ahora,
su toreo no ha sido exquisito, pero es preciso reconocer que ayer gozó de las virtudes de
la quietud y del temple, además del valor. Toreó a la verónica con muy buenas maneras;
el toro tomó una vara larga y apuntó bien en banderillas, tan bien que El Cordobés lo
esperó de rodillas en el centro del ruedo y le instrumentó seis pases por alto.
Después, el toro fue aceptando un toreo parsimonioso y templado en redondo, que se
prolongó hasta el circular.
Precisamente fue en un circular invertido cuando, al cerrarse la res, levantó los pies
del torero. No obstante Manuel Díaz siguió toreando con el corbatín de Rivera como
torniquete, mientras que la mancha de sangre que regaba la media aumentaba de tamaño. A
partir de ahí subió el dramatismo y la vibración del público, aunque lógicamente el
toreo fue más superficial. Terminó de media estocada. Lo había dado todo.
En el cuarto, Ponce se vio otra vez espoleado y de nuevo respondió con la muleta sabia y
dominadora que requería una res con picante que tenía mucho que torear y a la que
dominó a base de un toreo entregado y valiente. Ponce puso conocimiento, inteligencia,
valor, entrega y torería. En el primero estuvo técnico, profesional y aburrido, mientras
que en el sexto aceptó la pelea. Se fajó con él y aceptó las alternativas, aunque por
fin ganó a los puntos.
Rivera Ordóñez tiene voluntad y valor, pero no tiene sitio. Lo intenta todo, consigue
poco y le cuesta mucho. No se puede dudar de sus virtudes, pero también son claras unas
carencias que le deben hacer reflexionar.
El País. JUAN ORTEGA,
Málaga. Edición del 24 de agosto´98.
Tomás coge la escoba y barre
Si José Tomás no entra a formar parte de espectáculos de canto o de película de
estafadores y se dedica a torear, va a poner a todo el escalafón mirando hacia Pamplona.
Por supuesto que algunos, con vergüenza torera, le van a disputar la etapa, pero se
habrá acabado la comodidad y la inmensa mayoría va a pasar de la escoba al recogedor y
de allí, a la basura.
El segundo toro correteaba sin fijeza. Tomás no pudo hacer mucho con la capa, pero lo
hizo muy bien. A un lance seguía otro y todos con una unidad de propósito: quedarse con
la res prendida en los vuelos de los engaños.
Comenzó en el platillo con ayudados por alto y, a la manera antigua, fue desgranando
rosarios de pases que limitaban el amplio radio de acción del toro, cosiéndolo a la
muleta. Le fue presentando batalla donde había guerra y acabó venciendo en toda la
línea a base de no moverse y de encelarlo en el trapo. Cuando acabó con las carreras sin
sentido de su oponente, cuando lo tuvo a su merced, volaron sombreros y pañuelos. Lo
mató de una estocada defectuosa, pero daba igual, la plaza no estaba de pie, estaba
saltando.
Joselito, a su primero le había propuesto un tratamiento poco agresivo, pero así y todo,
el toro se fue al suelo. En el cuarto salió con la rivalidad puesta y lo intentó de
todas las formas posibles; la mula que tenía delante ni se enteró. La fuerte
personalidad de Javier Conde, bronce y majestad, no lo libera de aplicar las más
elementales reglas del arte, como son torear de arriba hacia abajo, sometiendo desde la
quietud, o no matar en el chaleco. Todo esto fue en el quinto. En el segundo, bronce y
majestad salieron por piernas a dúo. El sexto gazapeaba listo para cazar al primer
descuido. Tomás aguantó los parones y trató de enhebrar las embestidas al paso, pero no
había argumento. Una estocada tendida y un descabello pusieron el final a una feria que
acabó con la salida a hombros del triunfador: José Tomás.
La feria ha dejado una enseñanza: que José Tomás y Enrique Ponce van los primeros,
abriendo un hueco inmenso que nadie parece tener interés en llenar. A pesar de haber sido
una feria sangrienta, no es una contradicción que se hubieran revisado los pitones.
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