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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MALAGUETA

MÁLAGA
Tarde del sábado, 19 de agosto
 
Crónica de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Osborne, el 1º, sobrero; mal presentados, blandos y sin fuerza, tapándose sólo por la cara. 

Diestros:

  • Ricardo Ortiz, estocada (oreja); dos pinchazos y estocada desprendida (oreja protestada). 

  • José Tomás, estocada ligerísimamente trasera y desprendida (dos orejas); seis pinchazos -aviso- y estocada (ovación y saludos). 

  • Morante tres pinchazos (silencio); pinchazo y descabello (aplausos).

Entrada: más de tres cuartos de entrada.

Crónicas de la prensa: El Mundo, El País.


El Mundo. CARLOS CRIVELL. Una basura de toros 

Las cuatro orejas cortadas en la corrida de ayer no pueden servir de excusas para lo que fue una corrida impresentable y de juego lamentable. Este toro no puede seguir saliendo en Málaga, porque podría ocurrir que alguien se acordara de aquello del chanquete. Es el toro moderno que han impuesto las figuras.

José Tomás es un mago. Así al menos debe considerarse a quien es capaz de inventar a un toro, como hizo con los dos de su lote, sobre todo al cuarto. Se lo llevó al centro y allí fue estudiando al torillo. Sobre una loseta fue logrando tandas de pases de corto metraje, pero cargados de emoción. El final, con varios muletazos por alto y uno de pecho sin moverse fueron escalofriantes, así como las manoletinas. Cortó dos orejas tras estocada caída.

Un regalo fue la oreja que Ricardo Ortiz cortó al cuarto. El torero malagueño se entregó toda la tarde para buscar el triunfo. Se fue tres veces a portagayola, toreó bien con el capote, colocó banderillas con acierto y toreó con vistosidad y decisión de muleta. Al primero lo mató de una estocada tremenda, resultando prendido de mala manera. La oreja fue justa. Al cuarto, lo mató mal, por eso la oreja es un regalo.

Tomás repitió fanea en el quinto. Esta vez, el toro era tan inválido, que ni la magia del madrileño pudo lograr la transformación de una piltrafa en algo más llevadero. Estuvo bien, logró pases templados y ajustados, pero lo mató bastante mal.

El tercero, que era como sus hermanos -un toro de criadero-, se murió en dos varas tremendas. El culpable es Morante, que no debió consentir semejante castigo. El toro de fue muriendo en cada movimiento. Al sexto le dio verónicas de ensueño. Todo apuntaba a faena de cante grande. Faltaba que el toro quisiera ser, por lo menos, palmero de ocasión. Fue imposible.


El País. JUAN ORTEGA. El fabricante de sueños

José Tomás se fabricó el segundo toro a base de darle un solo picotazo en el primer tercio, abierto con solemnes verónicas a pies juntos y con un quite por chicuelinas de variada e irregular factura. Empezó la faena poquito a poco, aprovechando la media zancada, sacando algún pase aislado por uno u otro lado. De pronto sin que nadie sepa cómo, sacó cuatro derechazos largos, rematados con el de pecho; el toro tampoco se había enterado y se quedó descolgado, como preguntándose qué había pasado y por dónde. En vista de eso, acudió con rapidez al cite por manoletinas y se vio con una estocada de magnífica ejecución antes de saber que había ayudado a un triunfo de mérito. La verónica bien templada en el quinto, la chicuelina enrollándose al toro y el dominio para llevarlo al caballo; verónicas de la serie especial, de las que duran, en un quite que no llegó a cristalizar y nulo castigo al toro.

A partir de ahí, fue cuestión de temple; la mano izquierda mandaba siempre, primero desde cerca, fabricando las embestidas, después desde más lejos, para prolongarlas, cada vez más largas, interesando al toro que ya estaba hipnotizado y a sus órdenes. En la última serie el toro, obligado en redondo, se comía la muleta. Entró a matar en el centro del ruedo, pinchó y pinchó y nos despertamos del sueño, porque no sólo era el toro, sino que también nosotros sentimos y soñamos al ritmo que marcó José Tomás.

Ricardo Ortiz, que sustituía a Espartaco, dio la razón a la contrata. Recibió a porta gayola a los tres que toreó de capa, pero niqueó a pies juntos y cargando la suerte, banderilleó con oficio, al cuarto con brillantez, y en éste logró la mejor faena, con quietud, serenidad, cuajando las series que fueron a más hasta que el toro se agotó. Indudablemente, Ricardo Ortiz vino a demostrar que no es precisamente peor que muchos de los que torean un número considerable de veces en la temporada.

Morante de la Puebla mechó al primero en varas y lo malogró. Al último, lo toreó por sevillanas, hasta que, agotado también por un fuerte castigo, se quedó sin toro. La media faena que hizo Morante tuvo su enjundia, pero, desde luego, la base no puede ser la de castigar en demasía a un oponente que no puede con el rabo. Para ser torero importante, hace falta desarmarse de tanta prevención.

 

 

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