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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MALAGUETA
MÁLAGA
Tarde del miércoles, 16 de agosto
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Juan
Pedro Domecq (buenos y bien presentados) y de Parladé
(mal presentados y sin fuerza).
Diestros:
Entrada: tres cuartos de entrada.
Crónicas de la prensa:
El
Mundo, El País
El Mundo.
CARLOS CRIVELL. Toreo
de oro puro
Tres faenas para la historia particular de cada torero en una corrida plena
de emociones y de hermosos pasajes. El público salió toreando de la plaza, no
era para menos ante la sucesión de muletazos de infinita belleza que los tres
diestros regalaron a una plaza que en cada olé se rompía la garganta.
El comienzo fue un refulgor glorioso del mejor toreo de Curro Romero. Las
mejores esencias del toreo romerista explicadas al natural. En el centro del
ruedo, la muleta en la izquierda, citando con medio pecho por delante, Romero
barrió el albero de La Malagueta en un conjunto de una majestad y apostura nada
fáciles de describir. No lo mató. Después de doce descabellos, la ovación se
escuchó en Camas.
El segundo de la tarde fue un toro de bandera. Faena grande a toro
sensacional. El irregular comienzo dio paso a muletazos reposados y ligados. No
importó una estocada defectuosa para pedir las dos orejas.
Y para completar la tarde, una obra con la marca de José Tomás. También
fue histórica porque en un día de tantas emociones, faltaba la guinda final.
Las verónicas de José Tomás fueron tan lentas, que se podían medir en
segundos, los que transcurrían desde que adelantaba el capote hasta que
remataba detrás de la cadera. Es el toreo que no necesita explicación, que
cualquiera dotado de un mínimo de sensibilidad que lo presencia, estalla y
rompe a vitorear a su creador. Se llevó al toro al centro y allí le enseñó
el señuelo de su muleta para en un palmo de terreno levantar un monumento al
toreo ligado, valiente y solemne. La Malagueta se frotaba los ojos ante lo que
había podido ver como epílogo de una tarde para la historia.
El País.
JUAN ORTEGA. Tarde
de pasión y locura
El toreo es hijo de la pasión.
No se concibe sin sentimientos extremos. No existe ni en la tibieza, ni en la
comodidad. Por eso, Curro Romero, con DNI antiguo, sigue en preferente. Muchos
toros ha toreado el camero y otros muchos ha dejado de torear, pero nunca se
repite, porque su toreo es tan irreproducible como su madre la pasión, que sólo
se vive por vez primera y que por muchas veces que se haya experimentado, nunca
se podrá gozar otra vez más.
Y lo que digo de Curro,
aplíquese a José Tomas, que son dos formas de entender el mismo toreo con la
única diferencia que puede marcar la personalidad. Curro y José dibujaron verónicas
únicas, cargando la suerte, avanzando el pecho, jugando los brazos y ganando
terreno. Se las ve llegar, son difíciles de creer, pero se imponen y se gozan,
y, apenas se han diluido, se echan de menos, en balde, porque no pueden volver;
tal vez otro día, pero serán otras, otra vez, la primera eternamente.
Curro y Tomás torearon
al natural; dos series de cinco naturales y en ambas, presentaban la muleta
cuadrada, medían la distancia según el poder y los pies del toro, enfrentados
a él, hartándolo de trapo, girando la cintura según pasaba la res y avanzando
la pierna contraria para preparar el cite siguiente. Curro toreó por sevillanas,
arqueando el toreo, mientras que José Tomás repitió la verticalidad de El
Escorial, recogiendo al toro muy cerca de los muslos en cada pasada, aguantando
los extraños sin pestañear, clavado en el centro del ruedo.
Los remates del sevillano
fueron primorosos, siempre por bajo, pintureros. Los ayudados, que no se sabían
si por alto o por bajo, digo yo que serían a media altura, pero estaban llenos
de expresividad, porque estaban cargados de emoción. La faena fue larga,
alrededor de 26 pases, cada uno necesario para desembocar en el otro.
Lo de José Tomás fue
mucho más largo, la gente, de pie, enloquecía, no sabían si gritar, reír o
llorar, y todas esas impresiones bajaban en cascada a un ruedo en el que la
figura de José Tomás se agrandaba, posiblemente hasta coger el tamaño del
primer torero del siglo.
Joselito hizo en el
segundo la mejor faena de su vuelta; siempre fue a más en las series por la
derecha, y ganó poco a poco el pitón izquierdo; todo ello con el particular
desmayo de José Miguel Arroyo, que nos trajo el mejor tono de sus grandes
tardes. El único problema es que Joselito sólo es humano. El tercero, el
cuarto y el quinto no tuvieron historia, a pesar de que en el quinto se cortó
una oreja de tómbola. No fue posible que Curro se acoplara al del torero, ni
que José Tomás pasara de matar al rajado tercero.
El toreo de ayer en Málaga
fue muy difícil de digerir, se quedaba atravesado en la garganta y, como el
buen champaña, enseguida se subía a la cabeza y te hacía enloquecer. Momento
hubo en que toreros y público perdían la referencia de la luz, y conseguían,
a fuerza de tanto morir, la mejor expresión de la vida.
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