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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MALAGUETA
MÁLAGA
Tarde del martes, 15 de agosto
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Gabriel
Rojas, mal presentados y sin fuerza.
Diestros:
Entrada: tres cuartos de entrada.
Crónicas de la prensa:
El
Mundo, El País
El Mundo.
CARLOS CRIVELL. Dos
orejas de regalo
Si no hay toros en la plaza, si no tiene seriedad por su comportamiento, todo
lo que sucede tiene poco valor torero. En la corrida de Málaga de ayer, a pesar
de dos orejas de escaso relieve, faltó el toro serio, el que revaloriza a un
matador de toros.
No comenzó mal la tarde, porque Finito se mostró torero con un animal
noble, al que entendió mejor cuando se centró sobre la izquierda. Le regalaron
una oreja tras una buena estocada. La oreja que cortó Javier Conde fue un
regalo de sus paisanos. El conjunto tenía algún componente de toreo artista,
la compostura de Conde fue notable.
La segunda parte de la corrida fue un suplicio. Finito se enfrentó a un escuálido
cuarto. Mucho más deslucida fue la tarde de Manuel Caballero. El de Albacete
careció de recursos para lidiar al segundo. El quinto fue un toro muy hermoso
de hechuras. El animal, muy descastado, llegó con media arrancada a la muleta,
lo que fue motivo para que Manuel Caballero abreviara. Al final, en sexto lugar,
salió un toro que tenía algo de fuelle en sus embestidas. Conde estuvo siempre
al hilo, danto tirones y desplazando al animal, así era imposible. Fue el final
de una corrida mala por parte de toros y toreros.
El País.
JUAN ORTEGA. Con
toros o sin toros, no pasó nada
Los cuatro primeros
toros, por llamarles de alguna manera, fueron impresentablemente chicos y sin
fuerzas; además el primero y el tercero estaban tocados de los cuartos
traseros. Los dos últimos, sin ser horrendas fieras, tenían su seriedad y
hasta su trapío. Daba igual, podía haber toro o no, no ocurrió nada.
Al primer tapón,
zurrapa; Finito de Córdoba se colocó profesionalmente los manguitos, tal como
hacían los antiguos funcionarios, y se inhibió. Hubo en el trabajo de Finito
una cierta longitud en el pase, una dosis de buen gusto, sentido del temple y
cierta estética torera. ¿Quiere esto decir que toreó bien? No. El diestro se
cuidó de que el toro no repitiese, administró cicateramente la mano izquierda,
solamente dos naturales de dos series, y, sobre todo, jamás se comprometió, en
la mejor tradición funcionarial. Tampoco se pueden hacer las cosas del revés,
porque el toreo es de arriba hacia abajo y de fuera hacia dentro. Y si el toro
es una porquería, hacerle desplantes chulescos no viene al caso.
En la cuarta birria,
Finito perdió los papeles; una voz del público le señaló el tamaño del
animal y el diestro respondió con un manotazo al aire. A partir de ahí, medios
pases y otros de pitón a pitón. Se echó fuera y terminó su horario de
trabajo.
El primer torito de
Caballero tenía media arrancada, embestía rebrincado y se quedaba. Si pudiéramos
trasplantar la conducta del animal a la del humano, diríamos que Caballero no
se arrancó nunca y que se reservó lo que llevaba dentro. No es manera de salir
al ruedo el desentenderse del toro que hay enfrente. Si éste presenta
problemas, ahí está el torero para solucionarlo, y si se las da de figura, no
debe mostrar su incapacidad ni su indiferencia. El quinto toro tenía
apariencia; fue bien picado y banderilleado, todo estaba dispuesto para llevárselo
a los medios y sacarle lo que tuviera de forma avariciosa, con ansia de triunfo.
Nada de eso. Caballero le ahogó la embestida y el toro se paró. Tras dos
pinchazos, se echó; creo que de aburrimiento. Les juro que sí.
La corrida iba hacia
abajo, porque no había consistencia en toros ni en toreros, cuando salió el
tercero y se pegó dos costaladas. Tras el puyacito y los pares de compromiso,
tuvimos la alegría de ver a un Javier Conde serio, preocupado por torear. Lo
hizo a su manera, pero hay que resaltar que se cruzó en el primero de cada
serie, que consiguió un buen par de naturales dentro de dos series aceptables y
que gustó un pase de las flores y otro por bajo. Mató con buenas maneras.
El sexto era el de más
presencia, fuerza y codicia. Conde tuvo detalles con el capote que provocaron
buenos presagios. Sin embargo, nada de nada. Simplemente, el torero no aguantó
ni, mucho menos, tuvo arrestos para someter la embestida del morlaco.
La faena se fue al limbo
y una corrida en la que se han matado nada menos que seis toros, se puede
resumir en que no pasó nada. Ya es difícil.
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